Dark Chat

martes, 25 de enero de 2011

Mascara De Odio

Cap. 24 Edward Cullen


Mes subsiguiente

El tiempo… cosa misteriosa y a la vez llena de muchas cosas, positivas negativas…cosas al fin y al cabo.

Transcurría como una bruma lacerante que abría con cada segundo mis heridas más y más profundamente. Me cegaba a actividades cotidianas como trabajar, comer…vivir. La vida seguía pasando y lo mejor de mucho… Bella seguía progresando.

Como familiar incognito, para ser más preciso, como legitimo esposo de Bella, pude obtener legalmente, por medio de la Dra. Hale, información de primera mano de Bella y su tratamiento.

Creía que le había empezado a caer mejor, ya no parecía tan fría conmigo. Ella también parecía haber encontrando parte de su felicidad y lo decía porque cierto día había visto a el Dr. Brandon visitando la clínica. El no me vio, quería preguntarle si había seguido mi concejo pero por lo que veía, por la expresión de regocijo en su rostro, en el de ella, fácilmente podía concluir que las cosas iban viento en popa.

Todas las noches, cuando venía de visita, y antes de irme a mi casa veía a Bella en su habitación mientras dormía. Todos los días besaba su frente mientras ardía en deseos de hablarle y de besar otras partes menos inocentes pero igual de tersas de su rostro, de su cuerpo…

Casi nunca podía verla caminando por que la Dra. Hale insistía en que aun era demasiado riesgoso, pero por lo que podía leer de su rostro en las noches, las cosas estaban marchando mejor, y eso me hacía más feliz.

Mi vida empresarial seguía su curso como hasta el momento, saliendo adelante en su proyecto y la cuenta personal de Bella aumentando sus ingresos.

Si, la vida seguía, pero había algo que marcaba la diferencia y que, como rara cosa, estaba comenzando a pasarme a mí. A ella no podía afectarla nada de lo que me pasaba aunque se viera profundamente involucrada en todo a lo que me refería. Mis pasados deseos…esos que estaban comenzando a resurgir con el paso de los días. Ahora comenzaban a crear ese tipo acuciante de necesidad que solo había experimentado con ella, para ella, y por ella. Cada día este amor, combinado con la pasión, el deseo frustrado y la obsesión parecía crecer más con cada minuto de esos días que pasaban. Yo era hombre y para mi propia tortura y regocijo ella era la única mujer para mí. De nada servía que intentara mirar a otras si la única que despertaba lo mejor y lo peor de mi era ella. Isabella Swan…mi mujer aunque no lo supiera y no quisiera serlo. Y ni siquiera tenía necesidad de mirarla, bastaba con evocar un pensamiento sobre ella, lo cual pasaba todo el tiempo, para que todo mi cuerpo se incendiara y añorara a Bella más que a nada en el mundo.

Era curioso, si alguien me hubiera dicho hace ocho meses que mi vida iba a cambiar rotundamente, que me iba a arrodillar por amor ante una mujer, que planearía rogar por perdón a esa mujer, y ardería de dolor y deseo por ella, habría pensando que me estaban jugando una muy poco sutil broma. Ahora, debido a que todo eso se había hecho realidad no tenia más remedio que terminar de adaptarme a la situación.

Todas las noches, después de grabar en mi memoria la sensación de su frente en mis labios me recostaba en mi cama y seguía recordando.

Solo que los de ese día fueron mucho más poderosos que nunca, pero no eran memorias, anquen casi podía recordar todo, era solo un sueño, una fantasía más, pero se sentía tan real, como si de verdad estuviera ahí, como si ella estuviera de verdad llamándome.

"Edward"

Cerré los ojos, o tal vez ya los tenia cerrados, sin darme cuenta, todo lo que hice fue volverlos a abrir pero en el sueño.

Ella estaba de pie, de espaldas a mí, como la mayoría de las veces, solo que, a diferencia de los sueños anteriores, en este tenía la bendición de poder tocarla y olerla.

Era el mismo sueño de siempre, es decir, el escenario era el mismo, ella en el balcón de mi habitación, su oloroso y avainillado cabello caía en ondas sobre su espalda. Seguí caminando hacia ella porque me parecía imposible detenerme, por que había anhelado que este sueño se hiciera realidad desde que ella se fue de mi lado y, aunque era la primera vez que se manifestaba de esta forma, tenía la intención de aprovecharme de la deliciosa fantasía para hacerme menos dolorosa mi espera por ella.

Mis manos viajaron por vo9luntad propia hacia su estrecha cintura, allí, durante casi siete meses se había gestado la vida que ambos habíamos creado y a la que yo había dado la espalda por comportarme como un rematado celoso e imbécil. La abrace y casi pude sentir que me transmitía el calor de su cuerpo. Mi mentón se apoyo en su cabeza mientras mi nariz inhalaba ávidamente el aroma, tan familiar y apreciado.

Ella se quedo quieta y grite para mis adentros rogando para que este hermoso sueño no se convirtiera en las pesadillas que me atormentaban con frecuencia.

Cerré los ojos y seguí respirándola, tan real y etérea cultivando aun más el amor que le tenía. Unos dedos pequeños y suaves rozaron mis antebrazos, los que la rodeaban como si nunca quisieran dejarla ir, como era en realidad. Luego las manos se apoyaron en ellos y comenzaron a acariciarlos rítmicamente.

El corazón comenzó a golpearme con fuerza en el pecho mientras la lumbre del deseo se encendía de manera súbita pero no inesperada.

Mis labios pugnaron por abrirse y pedirle permiso para poder besarla, pero antes siquiera de poder pensar en la orden para que mi cerebro la transmitiera a mi boca ella, lentamente, se dio la vuelta entre mis brazos y se quedo mirándome de una manera fijamente antinatural.

Luego sus manos se enredaron en mi pelo y murmuro algo sobre mi boca mientras se empinaba para alcanzar mi estatura.

-Edward… - el soplo de su aliento envió ondas de placer desde mi boca hasta el resto de mi cuerpo – Edward…-

Mis brazos le sirvieron de apoyo así que en las puntas de los pies con sus manos entre mi pelo y rozando el cuero cabelludo una y otra vez sentía que estaba cayendo en el abismo oscuro al que ella podía arrojarme con solo una mirada.

Me acerque a su boca aun con todas mis dudas metrallandome el cerebro, pero non podía dejar de acercarme aun a riesgo de que esta ilusión se desvaneciera y ella me rechazara. No podía y estaba completamente perdido cuando finalmente, aun cuando no fuera real, y después de mucho tiempo de desearlo, mis labios probaban los de ella.

Un estremecimiento nada propio de un ente masculino me sacudió mientras la boca d ella comenzaba a moverse sinuosamente contra la mía, deslizo la lengua aterciopelada entre mis labios y la acogí gustoso pensando en cuando había echado de menos este placer, la abrace con fuerza empujándola contra mi deseo, acrecentando la tortura y los ruegos por que este sueño se volviera realidad, cuando mis manos aferraron la tela del vestido que la cubría sintiendo a través de la tela su piel ardiente el sueño termino.

Abrí los ojos y me tope con el dosel de la cama devolviéndome la mirada, estaba sudando y el resto de mi cuerpo no se encontraba mejo, lo único que había similar al sueño y a la realidad en la que acababa de caer era la presión del deseo en el centro del mi pecho, presión que me avisaba, que me gritaba que si no reaccionaba en ese momento y hacia mi primer intento por hablarle a Bella, me iba a arrepentir. Tal vez no estuviera preparada, tal vez la lengua se me secara y no pudiera hablarle, tal vez me quedaría en silencio esperando que ella socavara su ira conmigo, tal como lo merecía, pero si no la veía en estos momentos, no iba a ser el mismo de siempre. Tal vez que me estuviera quemando de deseo y quisiera verla para constatar una vez más que, aunque había estado a punto de hacerlo, no se había ido, aun vivía, y aun podía recuperarla sin dar mi brazo a torcer.

Me vestí rápidamente escogiendo ropa al azar, combinaban todos los colores así que no había ningún problema, saque las llaves del auto y baje corriendo las escaleras hacia el garaje. Mire mi reloj, no era demasiado temprano así que no estaría, técnicamente, transgrediendo las reglas de la Dra. Hale. Esperaba no encontrarme con ella ni que tratar de persuadirme de que no viera a Bella, a estas alturas del día no era dueño de mi voluntad, apague el móvil y lo deje sobre la mesa al pasar por la sala rumbo al garaje.

Salte al auto y lo encendí pisando el acelerador a fondo, este acto me recordó misteriosa y a la vez dolorosamente al día en que la encontré en la bañera, era algún tipo de emoción y ansia similar solo que esta vez tenía la certeza de encontrarla y encontrarla bien.

Suertudamente no me tope con ningún agente de tránsito en mis voladas de los semáforos, solamente conducía como un loco mientras la presión en el pecho no hacía sino aumentar. Parecía sufrir del capricho de un imberbe obsesionado pero esto ya se había salido de mis manos.

Cuando llegue a la entrada de la clínica no tuve más remedio que parar y conducir con mesura, por que el ruido de los neumáticos podía alterar la paz del lugar y no iba a hacerle eso a los demás pacientes que se encontraban ahí.

Baje del auto cuando lo estacione y mostré mi identificación al celador, el me conocía, sabía que venía aquí todos los días.

- vengo a hablar con la Dra. Hale – mentí solamente para que no me hiciera indagaciones tontas. Cuando entre subí corriendo las escaleras pasando de largo el piso en donde estaba situada la oficina de la psiquiatra y subí directamente a la habitación de Bella.

Cuando estuve frente a ella me quede parado unos segundos planteando la situación en la que había pensado desde que supe que algún día tendría que confrontarla.

Al demonio, que fuera lo que el destino y… Dios quisiera. Si, Dios, en sus manos ponía todo lo que pasara de aquí en adelante.

Accione el picaporte de la puerta y empuje para entrar lentamente esperando que no estuviera dormida.

Pero no estaba dormida en absoluto y estaba haciendo algo que me dejo helado y al mismo tiempo termino por encender cada parte de mi cuerpo que aun se resistía a la fantasía anteriormente soñada.

Finalmente estaba frente a ella, cara a cara, mirando como había pasado ese tiempo sobre ella, dándome cuenta de que al menos de salud se encontraba bien…mas que bien.

Mis ojos viajaron por la extensión de su cuerpo, que inexplicablemente en esos momentos estaba cubierto por ese vestido infernal que me había enseñado a desearla cuando lo uso en la visita a ese restaurante, parecía que eso había sido en alguna especie de vida pasada, por que la mujer que lo portaba, aunque parecida, no podía ser la misma que hacía unos meses. Un millón de sucesos brillaban en sus ojos, su cuerpo era maduro y de proporciones preciosas… ella estaba preciosa, arrebatadora…y mía.

La convicción hizo retroceder a la inquietud inicial, aunque ella no lo supiera seguía siendo mía, cada centímetro de ese cuerpo que ahora me devolvía la mirada era mío, cada pensamiento que ella tenía debía ser mío.

Mis ojos hicieron por fin el esperando contacto con los de ella, pero esta vez sus ojos eran ilegibles, había demasiado bruma y dolor escondidos en ellos y mi habilidad para leer la en sus ojos estaba perdida para siempre.

Me miraba fijamente, podía interpretarse como que estaba sorprendida de verme, amilanada o temerosa. Cerré mi boca antes de que hiciera algo y espere que ella tomara la iniciativa de cualquier cosa a partir de aquí, pero no podía quitarle los ojos de encima mientras volvía a admirar en la mujer en la que se había convertido, en una mujer sana que había vivido demasiado en la vida, y de la que me ocuparía yo de resarcir con mis sentimientos hacia ella. Ahora restaba ver que quería ella hacer.

Los minutos pasaban y la tensión seguía haciéndose palpable, mis pies reaccionaron por instinto buscando el calor del que había sido parte en el sueño dando tres pasos en su dirección, ella no se movió mas pude ver el latido rápido de su corazón en su cuello, pero esta vez no sabía si era provocado por mi o por la aversión a mí.

- que…- ella hablo, lo hizo, escuchar su voz fue como algún tipo de calmante, saber que hablaba, constatar, una vez más, que estaba viva, quemo mi pecho de emoción. – ¿qué haces tú aquí? –

Súbitamente sus ojos se tiñeron de una pena que si pude leer, era el único y amargo sentimiento que se podía apreciar, no había amor, odio, nada… solo pena…

La había dañado, podía verlo ahora de cerca, podía constatarlo ahora que estaba parada a pocos pasos de mí, pero tan intocable e inamovible como una estatua de diosa.

- vine a hablar contigo….necesito hablar contigo…- necesitaba que me escuchara, que me dejara decir todo lo que tenía guardado en mi pecho para ella.

-debes marcharte – dijo ella retrocediendo dos pasos sin darme la espalda, tal vez pensando que si lo hacia podía atraparla. – tú no tienes nada que hacer aquí –

Había implicación de dureza en su voz, una que ni siquiera tenía cuando hablamos la ultima vez, aquel fatídico día.

Su pecho comenzó a subir y a bajar a más velocidad conforme sentía que la miraba.

- te equivocas… tengo mucho que hacer…tengo que hablarte…

-no voy a hablar ni hacer nada contigo….no tengo nada que decirte…no tengo…-

Parecía de repente asfixiada por sus propias palabras, pero se contuvo y volvió a respirar con normalidad, quise acercarme, preocupado por que mi comportamiento volviera a afectara, pensando que era más fuerte ahora y fallando estrepitosamente en mis suposiciones.

- Bella… por favor –

- cállate…no menciones mi nombre... no – negó con la cabeza y se paso las manos por la cara desesperadamente. En desespero me encontraba yo, tal vez finalmente si hubiera cometido un error y ella nunca volvería a estar lista para escucharme.

- tengo que hacerlo, mencionar tu nombre en mi boca, en mis pensamientos, es lo único que me ha mantenido cuerdo desde que…

No sabía que tan sensato podría ser revelarle el hecho de que había sido yo quien la había encontrado medio muerta, ahora caía en cuenta que nadie debía habérselo dicho pues no recordaba habérselo oído mencionar a la Dra. Hale.

- tú solo sabes decir mentiras, ahora mismo mientes…yo no debo ni tengo por qué escucharte, escuche suficiente de ti el día en que me mandaste a la basura, nunca jamás desee escuchar el sonido de tu voz otra vez, y aunque me torturo en mi mente estoy haciendo lo posible por olvidarlo…si en algo valoras mi cordura... no vuelvas a venir aquí.

Respire hondo tratando de serenarme, tratando d calmar todo el dolor y las heridas que sus palabras me causaban, aquí estaba, el tazón de mi propia medicina, solo que yo no había usado palabras tan claras, tan transparentes y educadas. Yo la había mandado al diablo sin contemplaciones hiriéndola y rebajándola una y otra vez.

- no me voy a dar por vencido…hasta que me escuches – insistí.

Su mirada se tiño del más sincero odio…jamás había podido pensar que los ojos de ella podrían transmitir tal emoción, pero ahí estaba, ahí podía leerla, como antaño leía el amor que me profesaba ahora solo leía el odio.

-¿que voy a escuchar? , ¿acaso la culpa no te deja dormir?, ¿esperas que te compadezca cuando mataste cada cosa positiva que alguna vez llegue a sentir por ti?, lo siento Edward, pero ya te dije que no voy a escucharte nunca más. – comenzó a caminar lentamente al rededor de la habitación con los brazos cruzados sobre el pecho en actitud de auto conservación, las ondas del vestido acariciaban sus piernas dándome una vista demasiado tentadora.

Tenía que concentrarme, aunque la seguía deseando ardientemente, y más después de ese sueño había llegado la hora de poner las cosas un poco en orden.

Mis oportunidades se estaban agotando, ella me estaba atacando y sabia que me lo merecía, sabía que cada palabra era dicha con fiera justificación.

- aun no comprendo que haces aquí, si te sientes culpable te libero de cualquier obligación que sientas por mí, eres libre de hacer tu vida como te plazca, solo te pido que me dejes en paz, no voy a incomodarte, no soy tu esposa y no voy a pedirte ningún dinero, con esto claro creo que puedes irte…-

La austeridad la rodeaba, parecía una reina que no se dejaba vencer, la vulnerabilidad que había en ella estaba presente pero muy bien disimulada, yo quería esa vulnerabilidad aunque ella me gustara de todas las maneras en que era.

- no siento culpa, aunque si remordimiento, no vine aquí a que me eximieras de nada sino a que me escuches. – mi voz se endureció, quería hacerla entender y que me escuchara pero esto se iba a ir de mas palabras.

- tú no me escuchaste cuando más lo necesitaba, simplemente te sentaste en tu trono y blandiste t látigo contra mi sin importarte nada. Tu solo piensas en dinero, en fraguas para manipular a los demás, no voy a escuchar nada que venga de tu boca. – finalmente dejo que le mirara la espalda al volverse para intentar ignorarme. Así me parecía un más hermosa y deseable.

- lo siento – solté sin saber que decir, ella se volvió a mirarme lentamente – por todo lo que dije, lo que hice, por nuestros hijos…por todo… - sin mediarlo mi voz se quebró pero ella no cambio de expresión simplemente se quedo mirándome.

Su semblante se volvió aun mas frio, dio tres pasos hasta acercarse a mí, hasta que solo nos separo un palmo de distancia, así podía verla desde arriba y aun así me parecía que era incluso más alta que yo, la palidez de su rostro contrastaba con su oscuro cabello, la piel resaltaba contra el negro del vestido…mire a sus ojos…vacios de toda emoción, me vi reflejado en ellos y la imagen era por demás abrumadora…

- un lo siento no va a traer a mis hijos de vuelta – puntualizo cada frase en mi cara, la sensación de placer de tenerla tan cerca comenzó a nublar todo lo que era cuerdo en mi cabeza.- un lo siento no hará que olvide que me usaste como a una vil prostituta para tus propósitos malignos y luego de desechaste sin dejarme decirte que estaba esperando hijos tuyos…un lo siento no va borrar esto de mi piel ni de mi alma – hizo un leve gesto hacia sus manos y cruzo el paso que nos separaba – un lo siento no va a hacer que deje de odiarte como te odio en estos momentos –

Levanto una mano para abofetearme y la deje hacerlo, pero cuando dio un paso atrás para alejarse la tome del brazo sin poder pensar en nada más que su espíritu de fuego, su olor de vainillas y ese odio que decía sentir por mí. Una persona que amaba tan profundamente como Bella Swan no podía dejar de hacerlo tan fácilmente y estaba dispuesto a demostrarlo-

Me olvide de todo, me olvide por unos momentos de que ella decía odiarme, de que la deseaba con locura a pesar de que mis actos se impulsaran por ese mismo deseo, me olvide de que estos actos que cometía podían volver a dañar nuevamente su mente, de lo único que no podía olvidarme era de sus besos, de sus caricias y del amor que una vez sintió por mí.

Hale de su brazo con fuerza hasta que no tuvo más remedio que apoyarse en mí, la mire a los ojos nuevamente y le comunique en silencio cuales eran mis intenciones. Encerré un brazo en su cintura y la abrace contra mi besándola con la fuerza que la pasión me hacia impulsar.

Fue el cielo y en infierno a la vez porque el sabor nunca olvidado de sus labios invadió cada sentido, cada neurona que poseía, cada célula de mi cuerpo se concentraba en este hondo placer de tenerla nuevamente en donde pertenecía, en mis brazos, a mi lado, fría su actitud cálido su cuerpo.

Penetre en su boca una y otra vez tragándome la angustia que parecía manar de ella, nuevamente volvía a ser el animal en el que ella me convertía, nuevamente quería poseerla para demostrarle que era mía.

Sus lágrimas humedecieron mis mejillas, así que no tuve más remedio que separarme de ella. Sus ojos, esos que antes vibraban con odio estaban llenos de algo mas, algo que podía ver en mi mismo, desesperación. Tome su rostro entre mis manos aun sin apartarme de ella y murmure contra su boca.

- te amo…siempre te ame…nunca lo supe…nunca caí en cuenta de que todo lo que sentía me llevaba al centro de ese sentimiento…yo te amo…no puedo vivir sin ti…

Las lágrimas seguían manando de sus ojos mientras los cerraba y negaba con la cabeza. No me creía, nunca lo haría, de repente eso era un poco claro. Las palabras no eran ni serian nunca suficiente…

Deposite otro beso violento en su boca perdiéndome en la emoción mientras ella lentamente correspondía… Si, Dios, estaba correspondiendo a mi beso, de manera lenta, negándose a aceptarme…negándose a todo pero cediendo…cediendo…

El cielo volvía a abrirse para mí, el infierno en el que se había convertido mi vida parecía retroceder un poco ante la admisión de ella.

Volví a apretarla contra mí sintiendo la extensión de su cuerpo con cada parte del mío. Sus brazos y manos, temblando, con algún sentimiento sin nombre rodearon mi cuello mientras se dejaba llevar por el beso.

Pero luego, súbitamente, se quedo rígida y en vez de empujarme hacia ella comenzó a tratar de alejarse. No estaba preparado para dejarla ir, pero solo ahora, solo ese día, pude controlar mi instinto de posesión hacia ella. Me empujo lejos y retrocedió trémulamente dos, tres pasos, hasta quedar en una esquina de la habitación. Se toco la boca con los dedos mientras yo seguía parado en mitad de la habitación devorándola con mi mirada. Había logrado muy poco, pero algo de esto me daba aliciente para salir adelante…por qué después de esto, mucho menos me iba a dar por vencido.

- te lo ruego…vete…- dijo entre sus dedos que atrapaban su boca – no vuelvas mas… no vuelvas…

Di un paso hacia ella pero por la manera en que retrocedió supe que no me dejaría acercarme sin resquebrajarse, y aunque lo deseaba no podía hacerle eso a ella. Esto, estar en esta clínica, pretendía hacerla fuerte…

Era un estúpido, todo esto, presionarla, besarla, sentirla, había estado mal, me basto solo con ver la expresión torturada de sus ojos para entenderlo.

Quería abrazarla, moría por hacerlo, por volver a hacerlo, había cumplido parte de mis sueños y había vuelto a mis brazos, fría pero había vuelto. Algo me decía que debía presionarla pero mi recién descubierto sentido común me dictaba más y mas ordenes todas ellas incoherentes y brutalmente relacionadas con convertirme en un hombre de las cavernas y llevármela en hombros a mi hogar y nunca dejarla marchar.

-está bien, me iré, pero no olvides lo que te dije –

- porque tendría que recordarlo…no sabes que mas quitarme…no tengo nada para ti…- un sollozo desgarro su alma – te di todo lo que tenia para dar, a mi misma, a mis sentimientos enterrados y tu…tu solamente querías dinero…lo siento Edward… ya no valgo nada para nadie, solo para mi… no tengo nada más que puedas quitarme. – volvió a repetir.

- siento contradecirte, pero hay algo que tienes y que no me cansare hasta que vuelvas a dármelo.

- cualquiera te serviría….déjame en paz… te lo ruego…

Cuando suplicaba de esa manera, despedazaba mi sentido común, quería darle todo, quería cumplir cada deseo, pero no podía alejarme…no podía perderla…

- me iré ahora…pero voy a volver - ella cerró los ojos y negó con la cabeza. – no voy a perderte otra vez…

Sus ojos me miraron por largo tiempo, como si estuviera tratando de descubrir lo que quería decirle… pero luego volvió a ser el mismo rostro desencajado. El contraste con el rostro que tenía cuando llegue era demasiado desolador.

Sabía que pagaría por esto a la Dra. Hale, sabía que me ganaría una bronca con Alice y con los demás, pero no me importaba…no me importaba haber saciado parte de mi deseo como un monstruo, no me importaba seguir diciéndome a mi mismo que era mía.

No sabía cómo actuar…

Di media vuelta y Salí de la habitación, cerré la puerta tras de mi controlando el impulso de echarla abajo y sacarla para llevármela conmigo, pero contrario a eso di tres pasos y vi que La Dra. Hale estaba apoyada en una de las columnas del piso, negaba con la cabeza y parecía estar conmovida pero enfadada.

- le dije que debía esperar - murmuro

-¿sabe usted lo que es despertar amando a alguien tan profundamente que si no lo ve aunque sea unos segundos siente que se va a morir?, ¿sabe usted lo que se siente amar a alguien de tal manera que no le importaría arrasar con todos y con todo con tal de estar al lao de la persona amada? , ¿sabe usted que me estoy muriendo de desesperación, de amor, de locura, de deseo por esa mujer que está ahí y a la que casi mato por mi estupidez? -

Ella me miro fijamente mientras mi propio desasosiego se transmutaba en mi voz.

- sí, lo sé, al menos lo supe – la mire por largo tiempo, pero parecía sincera. – Le pedí que la comprendiera, aun está confundida, consigo misma, su autoestima y usted, acaba de retroceder dos pasos de los uno y medio que había avanzado, no debió venir.

Ella tenía razón, debía haberme contenido hasta que las barreras de Bella estuvieran erigidas y pudiera mantenerme a ralla, pero no había podido hacerlo, mi débil voluntad había primado nuevamente sobre mí.

- yo la amo…no puedo dejar que se olvide de mí, no puedo dejar que deje de amarme, porque siento….siento que voy a morir si ella decide no estar a mi lado.

- están de por medio las vidas de dos hijos perdidos, y aunque nada se pueda hacer, ella nunca lo olvidara.

- usted dijo que le diera tiempo, puedo ser paciente si me lo propongo.

- eso no es lo que acaba de demostrar –

- esto es…- ¿que era esto?, un ataque de pasión, un ataque de sobredosis de amor hacia Bella – yo la amo – fue lo único que pude decir antes de desplomarme en una silla.

La Dra. Hale se marcho sin decirme nada mas, parecía querer comprender que quería estar solo, así estar solo implicara estar a sendos pasos de la habitación de ella.

-Bella… no voy a renunciar a ti.

Isabella Swan

¿Que hacia el aquí? Volvía a preguntarme una y otra vez mientras una emoción desconocida comenzaba a invadirme, una mezcla de muerte…el amor que aun le profesaba y el dolor que su sola vista me producía.

Sus ojos seguían recorriéndome como si en verdad me anhelara, me necesitara, pero yo conocía, o creía conocer esa parte de la actuación, el tenía que estar aquí por algo…no por alguien

- que…- la voz se me escapo ya que lo único que quería era volverme insensible, de piedra, ni siquiera hablarle para no comprometer mi nueva resolución de no mostrar nada de mis sentimientos a nadie que pudiera aprovecharse de ellos. - ¿que haces tú aquí? – era la única pregunta coherente que se me ocurría, aunque muchas más vinieran a hacer de las suyas con mi cerebro.

Recordé la penúltima vez que lo había visto y las palabras indelebles que permanecían en mi y que él me había dicho, sentí que mi propio ser transmitía parte de ese dolor, y curiosamente la expresión de él también cambio, de una manera alarmantemente diferente.

- vine a hablar contigo….necesito hablar contigo…- ¿de qué podíamos hablar el y yo?, me preguntaba mientras una ira desconocida comenzaba a invadirme, ira conmigo misma por sentirme de esta manera tan estúpida frente a él, por ser una tonta por dejar que aun se afectara aunque hiciera lo posible por qué no se me notara.

-debes marcharte – y yo debía protegerme a toda costa de todo el daño que con una sola palabra el podía hacerme, debía recordar todo lo malo para que me sirviera de armadura para soportarlo todo. Por instinto me aleje de su leonina mirada. – tú no tienes nada que hacer aquí – y era cierto no se me podía ocurrir una razón excepto que tal vez hubiera venido para decirme algo mas, algo que se hubiese olvidado decirme el fatídico día en que todo acabo.

Mi respiración se hizo pesada por lo que me obligue a tragar aire más rápidamente, su sola presencia alteraba todo lo que no debía ser alterado, todo lo que hasta hace unos momentos había estado tranquilo, ¿porque él tenía que hacerme esto?, ¿acaso no había tenido yo suficiente?, finalmente esta era la señal que había estado esperando, pero ¿la señal me indicaba que tenía que sufrir aun mas?

- te equivocas… - dijo volviéndome a taladrar con la mirada, le tenía miedo pero era esencial que no lo demostrara, no podía mostrarme débil ante el - tengo mucho que hacer…tengo que hablarte…- y volvía con lo mismo y seguía yo igual de perdida sin saber de que hablaba.

-no voy a hablar ni hacer nada contigo….no tengo nada que decirte…no tengo…- ¿que podían decirle?, si era cierto que no tenía nada que hablar con él, no quería hablar con él, no deseaba que mi cuerpo despertara nuevamente ante su presencia, no deseaba…tantas cosas….

- Bella… por favor – oh Dios, ese tono volvía hacer que todo en mi se erizara inevitableme4nte, ¿de nada habían servido estos meses tratando de olvidar que alguna vez el existió en mi vida? Odio, mi mascara debía continuar puesta, no podía dejarme caer en ese momento. No importaba si mencionaba min nombre como si estuviera envolviéndolo en fina seda.

- cállate…no menciones mi nombre... no – Pero por más que intentaba evitarlo la sensación no se iba, sentía el estomago vacio y dolorido de emoción, que tonta era, parecía que no había logrado aprender nada. Le pedía que se callara, porque sabía que si seguiría hablando nada podría protegerme del nuevo daño que podía hacerme. Negué mas para mí que para él, mi negativa se transmitió en el meneo de mi cabeza, y la desesperación con que mis manos se aferraron a mi rostro tratando de ocultarlo de emociones a él.

- tengo que hacerlo - su voz se hizo aun mas profunda como si con eso pudiera constatar un hecho - mencionar tu nombre en mi boca, en mis pensamientos, es lo único que me ha mantenido cuerdo desde que…-

Se cayó, ya no sabía que mentira inventar, y aun me encontraba en la incertidumbre, no saber que se proponía era un golpe bajo para mí.

- tú solo sabes decir mentiras, ahora mismo mientes… - quería jurarlo, quería creer que lo hacía pero él se veía diferente…fuerza, por favor, dame fuerzas - yo no debo ni tengo por qué escucharte, escuche suficiente de ti el día en que me mandaste a la basura, nunca jamás desee escuchar el sonido de tu voz otra vez, y aunque me torturo en mi mente estoy haciendo lo posible por olvidarlo…si en algo valoras mi cordura... no vuelvas a venir aquí. – internamente estaba rogando por que tuviera en cuenta mis débiles palabras…no no débiles, esa palabra no debía existir en mi vocablo, tenía que eliminarla, ser débil me había llevado hasta el límite al que había llegado, ser débil había terminado por arruinar mi vida pasada, no iba a dejar que pasara lo mismo con esta.

- no me voy a dar por vencido…hasta que me escuches –que terco y cínico era, hasta en eso lo era, aun creía tener poder sobre mí, puede que si lo tuviera, pero a diferencia de antes yo debía encararlo y lo iba a hacer, mi dignidad rota no iba a ser pisoteada de nuevo.

Trate de trasmitir mi desconcierto y enfado en una mirada que pudiera intimidarlo, luego comencé a escupir veneno rogando por que se apartara de mí para siempre...

-¿qué voy a escuchar? , ¿acaso la culpa no te deja dormir?, ¿esperas que te compadezca cuando mataste cada cosa positiva que alguna vez llegue a sentir por ti?, lo siento Edward, pero ya te dije que no voy a escucharte nunca más. – en acto reflejo me cubrí el pecho con los dedos tratando así de ocultar que la respiración comenzaba a fallarme de lo rápido que iba, aun me preguntaba de donde estaba sacando fuerzas para hablar, camine para distraerlo y distraerme mientras hacia lo posible con controlarme un poco.

Sentía sus ojos sobre mí, recorriéndome, evaluándome y no sabía su veredicto, tal vez ahora podía ser un poco menos deseable para él, ya había visto todo lo que había que ver de mí.

- aun no comprendo que haces aquí, si te sientes culpable te libero de cualquier obligación que sientas por mí, eres libre de hacer tu vida como te plazca, solo te pido que me dejes en paz, no voy a incomodarte, no soy tu esposa y no voy a pedirte ningún dinero, con eso claro creo que puedes irte…- agarre la válvula de escape que primero se me ocurrió esperaba que fuera la correcta.

- no siento culpa,- respondió el - aunque si remordimiento, no vine aquí a que me eximieras de nada sino a que me escuches. – me sentía atada de manos, ¿qué podía hacer?, si lo escuchaba estaba en riesgo de creerle, tal vez aparentara ser fuerte pero no sabía hasta que punto podía detenerlo.

- tú no me escuchaste cuando más lo necesitaba – le replique sacándome poco a poco la espina que sentía clavada en todo el corazón - simplemente te sentaste en tu trono y blandiste t látigo contra mi sin importarte nada. Tu solo piensas en dinero, en fraguas para manipular a los demás, no voy a escuchar nada que venga de tu boca. –

Me di la vuelta sintiéndome un poco incapaz de soportar que me mirara de la manera en que lo hacía, mire hacia fuera deseando poder teletransportarme hacia el jardín, lejos de él, donde no pudiera alcanzarme

- lo siento – escuche en voz baja. Era una disculpa cargada de sentimiento pero me negaba a creerla, me negaba porque si no lo hacía estaba en fatal riesgo de caer en la red nuevamente. Lo mire esperando que me explicara qué era lo que sentía, y si sentía estar acá dándome la lata ¿porque lo hacía? – por todo lo que dije, lo que hice, por nuestros hijos…por todo… - no fue hasta que menciono a mis ángeles que todo mi muro se resquebrajo sin dejar a nada más que a mí misma tratando de proteger mis defensas, maldito animal sin corazón, como se atrevía siquiera a mencionarlos como podía creerse digno siquiera de lanzar un pensamiento sobre ellos cuando el mismo los había rechazado sin consideración

Tuve la necesidad de acercarme y escupir en su atractivo rostro cada uno de los sentimientos que me estaban devorando el ama. Me acerque consciente de que podía caer en cualquier comento pero llena de una ira renovada que parecía darme el valor que antes me había fallado. Su estatura no me permitió avanzar más, pero para lo que tenía que decirle no importaba si se lo gritaba desde lejos.

- un lo siento no va a traer a mis hijos de vuelta – mencionarlos abría cada puntada con la que había cosido mi alma, partida en mil pedazos, tratando de recuperar un poco de lo que había perdido, el no tenía derecho a nada - un lo siento no hará que olvide que me usaste como a una vil prostituta para tus propósitos malignos y luego de desechaste sin dejarme decirte que estaba esperando hijos tuyos… - escuchar sus sucias palabras en mi cabeza me alentaron aun mas a seguir despotricando - un lo siento no va borrar esto de mi piel ni de mi alma – señale las cortadas aunque técnicamente el no tuviera que ver realmente con ellas, pero había sido parte de todo el artífice, la gota que había colmado mi vaso. Ahora venia en lo que debía ser más convincente, debía apartarlo de mi vida a como diera lugar. Si quería compasión no se la iba a dar, solo quería que me dejara en paz, inconscientemente me acerque más a él para intentar que entendiera – un lo siento no va a hacer que deje de odiarte como te odio en estos momentos –

Si, ya estaba dicho, el valor volvía a galope mientras en un gesto inconsciente, algo que interiormente había querido hacer desde que me trato tan mal, mi mano se alzo contra su rostro y se dejo caer con su débil fuerza sobre su mejilla derecha, no fui yo misma en ese momento pero poco me importo, quería que sufriera al menos una pequeña parte de lo que yo sufrí.

Después de que mi mano empalmo su mejilla mi instinto me dijo que retrocediera, por que él era dañino, el podía herirme todavía de muchas maneras más, antes de que pudiera dar un paso, su mirada volvió a teñirse de esa lujuria que había sentido sobre mí la segunda vez que estuvimos juntos y que justo en ese momento decidió aparecer para hacer flaquear con seguro pie de quiebra toda la voluntad que me había llevado a encararlo.

Su mano de acero se cerró sobre mi muñeca cuando el paso estuvo dado completamente, pensé que bien podía pegarme lanzarme contra el piso u otra cosa peor, pero luego empujo su mano hacia atrás haciéndome trastabillar contra él, luego su otro brazo termino por apresarme en un abrazo de desesperación que me traía dolorosos recuerdos pero que al mismo tiempo encendió todo lo que creí que había muerto en mi respecto a él, si sabía que iba a besarme, sabía que quería hacerlo para demostrar algo, lo que no sabía, ni imaginaba, era el porqué. Sentí sus labios poderosos sobre los míos, más débiles y traidores y por un segundo estuve a punto de ceder, todo en mi gritaba perdón hacia el pero una pequeña parte de mi cerebro, la que me incitaba a la fuerza, me decía que esto debía parar aquí, antes de que terminara por cometer la locura de caer a sus pies nuevamente.

La fuerza salida de desconocidos lugares inundo mi cerebro terminando por convencerme de que esto estaba más que mal, que el calor que sentía dentro de mi debía ser congelado con indiferencia, llore, llore de rabia y desenfreno por no aprender de mis errores, que sabía yo de sus intenciones? Bien, no importaba, no importaba porque todo lo que viniera de él era maligno, solloce contra su boca y él se aparto de mi sin liberarme del todo, cuando me miro a los ojos hice auge de todo lo que me estaba carcomiendo sin importarme lo que mis ojos pudieran revelarle o como podría interpretarlo, sus manos me dejaron libre pero ni aun así tuve la suficiente entereza para apartarme. Sentí su voz en cada limite de mi cuerpo, susurrando con esa cadencia especial que solo la voz de el podía producir

- te amo…siempre te ame…nunca lo supe…nunca caí en cuenta de que todo lo que sentía me llevaba al centro de ese sentimiento…yo te amo…no puedo vivir sin ti…

Una y otra vez, cada punta de esa lanza de mentira perforo mi corazón arruinando la coraza que creía haber levantado en dos segundos, lloraba, pero ahora ya no con sentimientos hacia mí, sino hacia él, me negué a mi misma y a él cualquier verdad que pudieran tener sus palabras, cerré los ojos para no seguir calendo, para no seguir desfalleciendo y esta vez cuando presiono mi boca contra la suya no pude detenerlo o pintarme del disfraz de desprecio, solo podía mover mi boca contra la de el llenándome de recuerdos, esos que te4nia de cuando creía que podía llegar a ser feliz, que podía llegar a hacer que el amara mi sencillez sin saber lo que el tenia en el interior de su alma, nada.

Me permití, por unos segundos recordad y vivir de nuevo como era esa sensación de sentirme apreciada, amada, deseada y volvía a lo mismo, cuando cedía a él y solo a él, al único hombre al que nunca temí, al único hombre al que entregue mi corazón ciegamente, mis manos volaron a su cuello mientras me abrazaba contra él y me levantaba del suelo.

Pero ya nunca sería lo mismo, podía, por unos segundos olvidarme de todo, pero siempre íbamos a volver a lo mismo, porque ya nunca me parecería que alguien me besaría a cambio de nada, ya nunca creería en mi misma así hubiera recuperado una parte de mi autoestima, ya nada volvería a ser igual, porque no podía creer en sus sentimientos, por que el había arruinado mi vida, porque seguía amándolo y no podía dejar que se aprovechara de eso para terminar de destruirme.

Obligue a mis brazos, mis manos, mi debilidad retroceder nuevamente, luchando a brazo casi partido con todo lo que sentía. Comencé a empujarlo recordando brevemente su fuerza y su tamaño y como estos habían doblegado todo en mí la primera vez que estuvimos juntos. Temblé rudamente y como si esto fuera alguna especie de catalizador el me soltó y retrocedí inmediatamente hasta donde mis pies me llevaran. Me toque la boca sintiendo el sabor del quería limpiarlo, no darle la satisfacción de saber que me había vencido pero no `pude hacerlo, solo pude tocarlos y sentirlos calientes e hinchados por la pasión.

- te lo ruego…vete…- caso no pude encontrar las palabras para hablar pero estas parecieron salir solas de mi boca manifestando mis sentimientos encontrados en esas palabras – no vuelvas mas… no vuelvas…

Avanzo hacia mí y yo salte lejos de cualquier distancia que pudiera cortar entre nosotros, la cabeza había comenzado a darme vueltas y solo quería tener un sitio donde tenderme para dejarme ir. Tal vez pidiera un sedante a la Dra. Hale, tal vez eso me convencería de que esto no era nada más que un sueño y que nunca, jamás, volvería a ver a Edward Cullen de nuevo.

-está bien, me iré, pero no olvides lo que te dije –

Ahí iba de nuevo, porque no podía solo… ¿dejarlo estar? Volví a mis argumentos iníciales esperando que estos me sirvieran para hacer un poco de diferencia.

- porque tendría que recordarlo…no sabes que mas quitarme…no tengo nada para ti…- sorbí sonoramente sin poder evitarlo. – te di todo lo que tenia para dar, a mi misma, a mis sentimientos enterrados y tu…tu solamente querías dinero…lo siento Edward… ya no valgo nada para nadie, solo para mi… no tengo nada más que puedas quitarme. – debía, y tenía que entenderlo, puede que no sonara con toda la convicción que quería darle, pero estaba comenzando a tener suficiente de todo esto, la cabeza comenzaba a dolerme terriblemente y sabía que era por el stress que este encuentro estaba produciendo en mi, finalmente el estaba acabando también con lo poco que me quedaba de salud.

- siento contradecirte, pero hay algo que tienes y que no me cansare hasta que vuelvas a dármelo. – ¿de qué demonios podía estar hablando? Sexo…lujuria…deseo… ¿por qué tenía que buscarme a mi cuando sabía perfectamente que nunca fui su tipo de mujer?

- cualquiera te serviría….déjame en paz… te lo ruego…- le pedí una vez más, sintiendo en lo profundo de mi ser que estaba echando mis ruegos en saco roto.

- me iré ahora…pero voy a volver - había olvidad que tan terco podía llegar a ser y ahí nada mas, a diez pasos de mi, podía ver que no iba a ceder. El agua podía corroer el hierro, pero tenía por delante un largo camino antes de que el cediera. ¿Así seriamos nosotros? Volví a cerrar los ojos y a negarnos a ambos cualquier posibilidad, creía que ya cada uno había tenido suficiente del otro. O ¿podía estar equivocada?

Después lo mire grabándome otra vez su imagen, y tratando de enterrar en mi cualquier sentimiento positivo que pudiera tener hacia él, pero no lo lograba y eso era lo más degradante. Finalmente se dio la vuelta para irse y tal como cuando lo conocí, algo dentro de mí me dijo que no sería la última vez que lo vería...

Pero no podía permitírselo, no podía cuando acababa de darme cuenta de que siempre seria igual, el iba ser el único siempre al cual me doblegaría, el siempre iba a dominar en mi sin importar lo que hiciera…

Y no podía permitirlo, planee confrontarlo y me salió el tiro por la culata. Si lo único que podía hacer para conseguir una vida tranquila era no verlo más, huir, aunque no quisiera hacerlo, era la única opción que tenia.

Corrí al baño a retirarme el vestido y a doblarlo como recuerdo de Emmerald, Luego camine rápidamente al guardarropa y comencé a empacar alocadamente todo lo que tenia ahí, sabía que debía mucho dinero a la clínica pero después de esto no podía arriesgarme ni quedarme un minuto más aquí.

Lo sentía por Alice, por mis amigos, y por la Dra. Hale y sus intentos por hacer que me recuperara, pero si debía huir como una convicta de esta clínica para volver a mi alterada paz, mas valía intentarlo pronto.

La maleta estuvo cargada media hora después, esperaba que Alice no llegara para que intentara persuadirme de lo demás, no sabía que tan poderoso era Edward en esta clínica, ni como había logrado entrar. Debía tener poder u no podía arriesgarme a que me tuviera en sus manos nuevamente.

Salí lentamente de mi habitación con la maleta al hombro y vestida con una sudadera, tenía el rosario de perlas debajo de la blusa para que me protegiera como lo había hecho hasta hacia dos horas, mi cerebro corría a velocidades pensando en cómo demonios iba a salirme de este sitio, como podía pasar a seguridad y como podría…

- ¿a dónde vas, hija? –

La voz de mi mejor amigo Charlie interrumpió mi huida, estaba en el estar con su silla de ruedas y me miraba fijamente y con tristeza.

No sabía que decirle, no quería que se alterara por que pensara que lo dejaría, bien sabía yo que Charlie odiaba sentirse solo.

Pero debía pensar en algo rápido. No podía quedarme aquí un minuto más.


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Recuerden sus comentarios son el motor q nos impulsa a seguir  adelante
asi q sean buenas y comenten!!!
MIl besitos a todas
Angel of the dark

lunes, 24 de enero de 2011

Te presento a mi amante

Hello mis ángeles hermosos , buen inicio de semana , aquí les dejo el final de este maravilloso fic ; espero lo hallan disfrutado tanto como yo , también quiero agradecer a mi querida Cinthia Swan por permitirme compartir con ustedes su trabajo , muchas gracias te mando mil besitos 
en fin , no les hecho mas rollo y a disfrutar 
Por fiss dejen sus comentarios al final
Mil besitos a todas
Angel of the dark

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Capitulo 23: Vivieron felices… 


Edward POV

Me quedé sorprendido cuando escuché su propuesta, apenas unos días atrás Bella me había rechazado y ahora de repente me pedía que me casara con ella, algo antinatural en ella, además obviamente estábamos en una época moderna, pero ¿no se seguía usando que fuera el hombre el que propusiera matrimonio? No era machista ni nada por el estilo, solo un poco anticuado.

— No, Bella, digo no es lo que tu quieres, hace días me dijiste que no te quieres casar, seguro Alice habló contigo, ¿o fue mi mamá? — solo eso explicaba su repentina proposición.

— Nadie habló conmigo, solo soy yo, quiero ser tu esposa, que mas da si hay o no un papel firmado — contestó, sus ojos se pusieron vidriosos a causa de las lagrimas — no necesitamos casarnos pero… quiero casarme contigo, quiero envejecer a tu lado y definitivamente quiero caminar por ese pasillo vestida de blanco y que tu me esperes al final y todo ese cuento cursi y ridículo.

— Bella, amor ¿en verdad quieres eso? — con mi mano levanté su rostro para que me mirara a los ojos — yo quiero que tu seas feliz, y no quiero que esto lo hagas ni por mi, ni por mi hermana o mi madre, quiero que tu hagas lo que tu quieras, lo que te haga feliz.

— Que hubieras dicho que si, me habría puesto feliz, te amo y en verdad quería casarme contigo — un par de lagrimas cayeron de sus ojos.

— ¡Oh mi amor!, no llores — la abracé y comenzó a sollozar mas fuerte contra mi pecho, me odié por ser tan estúpido — dije que no por que pensé que alguien te estaba obligando a tomar esta decisión.

— No importa — dijo entre sollozos — olvida lo que dije.

— No, no, pregúntamelo de nuevo — sonreí y la separé para verla a los ojos — esta vez diré que si.

— No te voy a proponer matrimonio dos veces — contestó molesta y se separó de mi — olvida que hice el ridículo de esta forma.

Salió de la cocina y estuve tentado a golpearme la cabeza contra la pared. Pero ¿Cómo demonios iba yo a saber? Había cambiado de opinión tan rápido, y me había propuesto matrimonio. Bien, era un idiota, debí decir que si de inmediato, eso era lo que yo también quería.

Salí de la cocina, pero en la sala solo estaban mis padres y los Hale.

— ¿Dónde esta Bella? — pregunté a todos.

— Ya se fue — contestó Carlisle — ¿pasó algo?

— Soy un idiota — contesté — será mejor que vaya a verla.

— Charlie te correrá pistola en mano — me dijo Alice — además lo que hiciste fue algo realmente estúpido, dale hasta mañana para hablar con ella.

— ¿Lo sabias? — Alice asintió — ¿Por qué no me lo dijiste? No habría hecho tal cosa.

— No vi tu respuesta, solo la pregunta, sé que parece que soy grandiosa, pero a veces no lo puedo acaparar todo, intentaba ver que me regalarías y entonces se me cruzo la visión de ustedes, por cierto Edward no veo mi Porsche en mi futuro.

Rodé los ojos y subí a mi cuarto agarré el teléfono, ignorando la sugerencia de Alice y llamé a Bella al celular, sin embargo no contestó, lo intenté de nuevo pero obtuve la misma respuesta. Me resigné después de tres llamadas más. Quizás Alice tenia razón y debía darle a Bella su espacio. Además estaba el hecho de su embarazo, apenas eran dos meses y medio y las hormonas estaban jugando con Bella de una manera peligrosa.

— Te dije que no la llamaras — Alice estaba de pie en la puerta de mi cuarto, odiaba que hiciera eso, podía deslizarse sin que nadie la escuchara — mañana las cosas serán diferentes.

— ¿Por qué le dije eso? — pregunté mientras me acostaba bocarriba sobre mi cama, mi hermana me imitó, acostándose a mi lado.

— Por que eres medio tonto — sentí la cama moverse junto con su risa burlona — pero aun así ella te ama.

— Increíblemente así es — suspiré — ¿Cómo lo haces?

— ¿Qué?

— Ver las cosas que pasaran.

— No lo sé, desde que tengo memoria se me cruzan esas visiones, siempre sobre la gente que conozco — Alice se quedo callada un momento al igual que yo, solo se escuchaba el viento gélido que chocaba contra los árboles y las ventanas — a veces me da miedo.

Me sorprendió esa confesión, así que dejé de mirar el techo y miré a mi hermana.

— ¿Por qué?

—Tengo miedo de ver algo que no me guste, alguna muerte, no sé, algún día tú, mis papás, mis amigos morirán, si es que no lo hago yo primero, yo los veré morir antes de que suceda — su voz se quebró, así que me senté y la abracé.

— No pienses en eso, piensa en que aun nos queda mucho por vivir, a todos, y mira el lado bueno, moriremos de causa natural algún día, pero si es un accidente nos podrás prevenir — le sonreí y pareció gustarle esa idea — mientras divierte espiando en la vida de los demás.

— Por cierto — dijo sonriendo y limpiando un par de lágrimas de su mejilla — sigo sin ver el Porsche en mi futuro.

— Probablemente por que no te lo voy a regalar.

— Oh, entonces debo vigilar a mi papá — el rostro se le iluminó — si tú no me lo vas a dar, seguro será él.

Dio un par de saltitos, y se levantó de la cama, no sin antes darme un beso en la mejilla.

— Por cierto, el regalo de Bella es grandioso, y… será la mejor manera — me guiñó un ojo y salió del cuarto, dejándome una vez mas sin saber de que estaba hablando. Hasta ahora no había pensado en regalarle nada a Bella, odiaba los regalos y las atenciones. Entonces vino a mi mente algo que podía regalarle y estaba seguro que no podría negarse a recibir. Así que hice un par de llamadas y finalmente llamé a Emmett para mi último regalo de navidad que me faltaba comprar.

— Edward, hermano ¿Qué le hiciste a Bella? Está furiosa y lo he pagado yo con sus cambios de humor, me ha aventado hasta con las cucharas.

— Lo siento Emmett, a pesar de eso… quiero pedirte un favor.

Bella POV

¿Qué tan humillante puede se que le propongas matrimonio a tu novio y te diga que no?

Así de humillada me sentía yo. Claro también me sentía triste, enojada y feliz. Si, feliz de que me haya dicho que no. Por supuesto que quería una vida larga y feliz al lado de Edward y nuestro bebé, y al ver a Esme y Carlisle ser tan felices después de tantos años pensé que lo nuestro podría ser igual. Por otro lado, ahora que pensaba más claramente las cosas, la idea de casarme por todas las leyes era escalofriante. Sin embrago ya no quería estar sin Edward, ya no. Así que decidida a que probablemente Charlie ahora si me corriera de la casa, me levanté de la cama y bajé las escaleras, entré en la cocina y ahí estaba mi hermano hablando por teléfono mientras comía, mi padre leía el periódico.

— Buenos días papá — saludé y abrí el refrigerador para sacar la leche, pero solo verla me dio asco.

— ¿Cómo dormiste Bells? — Charlie preguntó sin despegar los ojos del periódico.

— He tenido mejores noches — Emmett colgó el teléfono y volvió a marcar con desesperación, después salió de la cocina — ¿Qué hace?

— No lo sé — admitió Charlie, tomó un sorbo de su jugo y me miró por encima del diario — ¿qué te pasa?

— Necesito hablar contigo papá — me senté en la silla que mi hermano había desocupado, frente a Charlie.

— Esto no será bueno — dejo el periódico al lado y me prestó atención — la ultima vez que me dijiste eso supe que seria abuelo.

La última palabra la soltó entre dientes, yo inhalé y exhalé varias veces pensando en la mejor manera de comenzar.

— Ayer llegó la sentencia de divorcio de Edward — comencé pero él me interrumpió.

— Vaya, fascinante — rodó los ojos.

— Si, así es — estuve de acuerdo — lo que te quiero decir es… papá quiero vivir con Edward.

Ahí está, lo había dicho, y Charlie me miraba fijamente, la vena en su frente estaba hinchada, pero no había explotado aun, eso era bueno ¿no?

— ¿Sin boda? — su voz fue apenas un susurró molesto.

— Claro que no — exclamé — suficiente tuvimos con su matrimonio como para echarnos otro encima tan rápido, además ninguno de los dos quiere matrimonio — o al menos en el momento en que yo lo quise, me rechazaron, pero eso no se lo iba a decir.

— Ajá, entonces solo vivirán juntos.

— Y tendremos un hijo — continué.

— Y tendrán un hijo — repitió con sarcasmo.

— Y nos amamos — completé — ¿no es eso mas que suficiente? Además Edward se está perdiendo parte de mi embarazo, él quiere estar conmigo en todo momento.

— Pues no estoy de acuerdo.

— ¡Pues no te estoy pidiendo permiso! — malditas hormonas, me hacían gritar cuando no debía. — lo siento papá, lo que quise decir es que aunque no estés de acuerdo iré a vivir con Edward. Cuando aceptaste lo mío con Edward, aceptaste que lo amo y que haré todo lo posible por estar con él, casada o no.

— Quiero hablar con ese muchacho — dijo terminando su jugo y poniéndose de pie.

— Claro — mi voz sonó demasiado animada y lo seguí por el pasillo — en un par de días es navidad, ¿Esme no te ha invitado?

— Lo hizo anoche, supongo entonces que allá lo veré — se enfundó su pistola mientras decía eso.

— Papá por favor, ¿podrías esa noche, no comportarte como el padre celoso?

— No prometo nada — besó mi frente y salió rumbo a su trabajo.

— ¡Maldita sea! — gritó Emmett desde la sala.

— ¿Qué haces? — le pregunté mientras marcaba de nuevo.

— Un favor para tu novio, por cierto ¿ya le compraste regalo?

— ¿Regalo? — Alcé la voz — ¿regalo? ¿No tiene suficiente con el hijo que le voy a dar que además tengo que comprarle regalo?

No le di tiempo de contestar, me di la media vuelta y subí a mi cuarto, era increíble que pensara en un regalo más que tener a un niño dentro de mi siete meses más. De hecho la navidad era absurda, solo era un pretexto para regalar a diestra y siniestra cosas materiales que de nada servían. Oh no. Edward me regalaría algo. ¿Algo costoso? ¿O excesivamente vistoso? Agarré mi celular y marqué el número de Edward. Su voz sonó alegre del otro lado de la línea.

— ¡Bella! Que bueno que me llamas amor, perdón por lo de ayer…

— Te perdono, pero no me regalaras nada esta navidad ¿de acuerdo?

— ¿Es una petición o una orden, amor? — sonaba excesivamente burlón del otro lado de la línea.

— Es… una sugerencia — maldije el que no pudiera enojarme demasiado con él, tanto que la sugerencia se convirtió en súplica — por favor, no quiero nada que te cueste mas de dos dólares.

— Bien — fue su respuesta.

— ¿Bien? ¿Eso es todo? — ¿así de fácil seria?

— Sabes que haré lo que tú me pidas ¿no?

— ¿Lo que yo te pida? — una idea pícara cruzó por mi mente — por que estoy teniendo un antojo de ti en este momento.

o.O.o.O.o.O.o.

Navidad llegó con un manto blanco de nieve que cubrió a Forks. Estaba sentada en el jeep de Emmett rumbo a casa de los Cullen, con un par de maletas en la parte trasera, Edward y yo habíamos decidido, después de que cumpliera mis antojos, comenzar una vida juntos a partir de este día, y Charlie iba enfurruñado en el asiento trasero por esta decisión, afortunadamente había visto la pistola colgar del cinturón junto a su placa, en la sala, lejos de Edward.

La enorme casa blanca se distinguió a varios metros de distancia, las luces decoraban la casa como si fuera una mas de Villaquién de la película de "El Grinch" cada serie de luces perfectamente puesta en su lugar, y dentro era un más linda. El enorme pino estaba lleno de luces, esferas y nieve que parecía natural y por lo que no dude que la misma Alice hubiera recogido nieve del patio para ponérsela al pino. El barandal de las escaleras estaba lleno de Nochebuenas así como el resto de la casa; sobre las puertas, lámparas y cualquier cosa que colgara, había muérdago, seguramente también obra de Alice.

— Bienvenidos — saludó Esme desde la puerta, junto con Carlisle — feliz navidad.

— Igual para ti Esme — la abracé e inmediatamente me sentí en casa, y agradecí por que mi suegra fuera tan dulce, esta seria mi casa los próximos seis o siete meses, según Edward, Carlisle quería monitorear mi embarazo de cerca, pero estaba segura que era el paranoico y exagerado de Edward quien quería tenerme con cuatro pares de ojos sobre mi, evitando que me cayera, y pensándolo bien… era mejor así.

— Pasen y siéntanse como en casa — Carlisle también nos abrazó — Charlie, me gustaría hablar contigo.

— Por supuesto — mi padre saludó a mi suegro y juntos desaparecieron por la sala, era al menos buena señal que Charlie se llevara bien con los suegros, no así con el yerno.

Emmett rápidamente fue a la cocina en busca de algo que saciara su hambre de oso, mientras llegaba Rosalie; yo me senté en el sillón más cercano a la chimenea, no vi rastro de Alice o de Edward en ningún lado.

— Alice está terminando sus regalos — Esme me ofreció una taza de chocolate — y Edward, no tarda en llegar.

— Gracias — sorbí un poco de chocolate, calentando mi garganta — está delicioso.

La puerta principal se abrió y apareció mi regalo echo persona, Edward se sacudió la nieve que había caído sobre su cabello, me miró y sonrió, sin embargo no se acercó a mi, saludó a Emmett quien le dio algo que no pude distinguir y subió por las escaleras. Eso por supuesto me molesto, primero por que no había venido a saludarme como se debía, pero sobre todo por que algo tramaba y no me gustaba nada. Minutos después Alice bajó, se acercó a mi y me abrazó, conversamos de todo un poco, pero yo estaba mas preocupada por Edward que aun no bajaba que por Alice.

Los Hale llegaron con montañas de regalos y me sentí aun peor, yo apenas había comprado uno para cada uno de ellos, y temía por lo que pudiera haber ahí para mi.

Finalmente Edward bajo, y saludó a todos incluido mi padre quien solo asintió como saludo y vino a sentarse junto a mi.

— Feliz navidad amor — puso mi sonrisa favorita, esa traviesa de lado que hacia que dejara de respirar por un segundo.

— ¿Qué hacías? — fue mi respuesta, él se rió de mi molestia y besó mi frente, después mi mejilla y finalmente mis labios, no pude resistir, o evadir su beso por mi "intenso" disgusto. En vez de eso, me dediqué a saborear sus labios, y sus brazos alrededor de mí, que hacían que mi cuerpo temblara y esta vez, ya no a causa del frío.

— Preparaba el regalo de Alice — me dijo mientras intentaba recuperar el aliento.

— Bien —dije suspirando — ahora vuelve a besarme.

Sonrió con un poco de prepotencia, sabia que le gustaba sentirse con ese poder sobre mí y a mí no me importaba, mientras toda la vida me besara de esa forma.

— Tu padre habrá dejado la pistola en casa — dijo divertido — pero su mirada es más que suficiente para asesinarme.

Charlie estaba al fondo de la sala, platicando con Carlisle, pero con su atención puesta en nosotros, rodé los ojos y me hundí en los brazos de Edward, intentando demostrarle a Charlie que no importaba que tan mal mirara a Edward, no dejaría de estar con él.

Cenamos en medio de risas y anécdotas, Alice intentaba ridiculizar a Edward con sus historias de cuando eran pequeños y Edward hacia lo mismo, son embrago Carlisle se encargo de ridiculizarlos a los dos. Emmett por su parte contó infinidad de situaciones en las que había terminado yo en el piso, o embarrada en mí pastel de cumpleaños numero siete. Hasta Edward se rió con esa anécdota, pero calló cuando lo miré con desagrado.

— Abramos los regalos — salto Alice de la mesa en cuanto terminamos de cenar.

— Antes, vamos a brindar — Carlisle se puso de pie y tomó su copa y como buen patriarca hizo el brindis — brindo por mi familia, y con mi familia me refiero a todos aquí presentes, espero que esta sea la primera de muchas navidades que pasemos juntos. Brindo también por mi primer nieto que viene en camino y la eterna felicidad de los padres — le devolví la sonrisa e instintivamente puse la mano sobre mi vientre un poco abultado — y brindo por Esme, mi mujer, por que a largo de veinticinco años me ha hecho el hombre mas feliz de este planeta. ¡Salud!

— ¡Salud! — coreamos todos, Alice tomó su copa de un solo trago y después salió corriendo a la sala.

— ¡Los regalos! — no nos dio tiempo a nadie de saborear nuestra bebida, aunque a la mía no había mucho que saborearle, tomaba agua, simple agua. Todos la acompañamos a la sala, ya estaba sentada junto al árbol con un regalo en las manos.

— Este primero — se lo ofreció a Edward y este tomó la larga caja envuelta y se la ofreció a Charlie.

— Jefe Swan, espero que sea de su agrado, feliz navidad.

— Si crees que con un simple regalo se me olvidara todo estas muy equivocado — Charlie rasgó el papel y saco una caña de pescar de lo mas moderna — gracias.

El tono de la voz de Charlie se suavizó, e intentó contener el entusiasmo ante la caña de pescar más moderna en el mercado, jamás iba a admitir que Edward había acertado en el regalo, y sobre todo que le había encantado.

— De nada jefe Swan — Edward continuo con su tono respetuoso, y mi padre asintió, aunque esta vez de manera no tan hosca.

— Ahora este — Alice le entregó a Carlisle un regalo pequeño.

— Mi amor — abrazó a Esme y le entrego el regalo, junto con un pequeño beso en los labios — espero que este pequeño detalle te agrade.

Esme sonrió y abrió el papel, era un sobre amarillo y mi suegra lo miró extrañada y sacó del sobre varios papeles. Leyó despacio y palideció de pronto.

— ¡Oh Dios! — Exclamó — ¿una isla?

— Así es amor, una pequeña isla en el Caribe… "Isla Esme"

¿Qué? ¿Una isla de regalo? Eso era demasiado, sabia que los Cullen eran una familia adinerada, pero jamás me imaginé cuanto.

— Esconde el regalo de Esme de mi parte — le susurré a Edward.

— ¿Por que? — se notaba extrañado por mi petición.

— Es un saco, ¡un saco! No puedo darle eso después de que tu padre le regalara una isla. ¡Una isla! ¿Quién regala una isla?

— Un hombre enamorado — sonrió y me temí lo peor de su regalo, aunque me relajé luego de recordar que seria de no más de dos dólares, y una isla, o por lo menos, una casa, costaba bastante mas — además a mi madre le encantará tu regalo.

Entonces, Edward tomó una caja pequeña y se la entregó a su hermana.

— Cuando lo vi, me pregunté quien seria tan tacaño para regalar algo tan pequeño — Alice frunció en entrecejo y le arrebató el regalo a mi novio.

— Feliz navidad para ti también Alice — Edward vio emocionado como su hermana abría la envoltura y se encontró con un llavero con la insignia de la marca Porsche. Alice abrió los ojos y miró a su hermano.

— Nunca lo vi, traté y no lo vi — exclamó poniéndose de pie y abrazando a su hermano — ¿cómo lo hiciste?

— Cuando me dijiste que vigilarías a mi padre, supuse que estarías tan concentrada en él que no fisgonearías en mi futuro, y menos en el de Emmett.

— Así es pequeño duende, yo te lo conseguí.

— ¡Ow! ¿Es amarillo?

— Alice primero agradece — regaño Esme.

— Ah claro — Alice rió y abrazó a Emmett — gracias a los dos, en verdad muchas gracias. ¿Es amarillo?

— Es amarillo — confirmó mi novio.

— ¡Quiero verlo! — Alice salió disparada a la puerta principal, seguida por todos nosotros, llegamos a la cochera y ahí en el fondo, estaba un auto amarillo con un enorme moño rojo.

— Eres el mejor hermano del mundo — Alice subió a su auto nuevo y lo encendió — ¿quién quiere venir?

Miré a Edward, sabia que amaba los coches y la velocidad, pero el negó con la cabeza y fue Rosalie la que subió junto con Alice. Esta arrancó el auto y salieron a dar una vuelta.

— ¡Mucho cuidado! — les grito Esme, pero dudaba que la hubieran escuchado.

— ¿Por qué no fuiste con ella? — pregunté a mi novio mientras entrábamos de nuevo a la casa.

— Por que prefiero darte tu regalo.

— Solo prométeme que no es algún país que compraste y que se llamara "Bella".

El rió con fuerza — Creo que es mejor que eso.

Gemí en voz baja, tomó mi mano y me guío escaleras arriba, en la sala los demás se acomodaron de nuevo junto al árbol para seguir con los regalos. Me llevó hasta el tercer piso, y luego a su recamara, donde había estado una sola vez, y al recordarlo me sonrojé por la forma tan peculiar de haberlo hecho. Edward cerró la puerta y le puso seguro y mi corazón comenzó a palpitar demasiado deprisa.

— ¡Wow! ¿En serio tú serás mi regalo? — me acerqué a él y le quité con desesperación el suéter, lo besé con pasión, hundiendo mis dedos en su pelo, sintiendo su cálido aliento en mis labios, sin embargo él hacia lo posible por no reír.

— Bella — me apartó con delicadeza — eso no es tu regalo, al menos aun no.

Me sonrió de lado y sentí que me ruborizaba de nuevo.

— Hormonas — me justifiqué.

— Y me encantan, amor, pero antes… — me abrazó y me llevo hasta el reproductor de discos — reproduce el CD que está dentro.

Hice lo que me dijo, y una suave melodía comenzó a sonar, era solo música de piano, pero tan hermosa y tranquila, Edward tarareaba en mi oreja, haciendo que la piel se me enchinara de sentirlo tan cerca. A pesar de mi mal gusto por bailar, lo rodeé con los brazos y comenzamos a movernos al ritmo de la lenta melodía. Recosté la cabeza en su pecho, sentí el latir de su corazón, algo acelerado, pero que combinaba con la música.

— Es hermosa — dije en un susurro, sin querer romper el encanto del momento — ¿de quien es?

— Es tuya — me dijo besando mi pelo.

— ¿Mía? — Me reí, entonces este era mi regalo — quiero decir ¿Quién es el artista?

— Oh, bueno no es un artista, es más bien alguien que le gusta tocar el piano como pasatiempo, y que la compuso el primer día que te conoció, mientras pensaba en tus hermosos ojos.

Levanté la mirada para verlo a los ojos, los cuales brillaban con la tenue luz de un par de velas.

— ¿Tu… la compusiste? ¿Para mí? — sentí que el pecho se me hinchaba, que el corazón estaba a punto de explotarme de alegría. Nunca había sido el tipo de persona que se muriera con un detalle como una flor, o por que alguien me dedicara una canción. No era tan… romántica. Pero Edward no me había dedicado una canción. No. Él me había compuesto una melodía tan hermosa, solo para mí. Pensando en mí. Edward se limitó a asentir, mientras la música terminaba armoniosamente.

— Hubiera preferido tocarla en vez de reproducirla, pero hay mucha gente allá abajo.

— Edward, eso es tan… — me mordí el labio, en busca de alguna palabra que describiera lo que me hacia sentir.

— Te amo Bella, eres lo más hermoso que me ha pasado y no me arrepiento de nada de lo que he hecho. Sé que no hice las cosas como debían desde que te conocí, que te di un lugar que no te merecías — su cálida mano trazaba caricias en mi cuello y ascendía por mi mejilla, mientras con el pulgar jugaba con mis labios, mis ojos estaban hipnotizados con los suyos, y yo estaba totalmente seducida por su aterciopelada voz que susurraba las palabras de una forma tan llena de amor — pero a pesar de todo aquí estas, amándome, dispuesta a pasar el resto de tu vida conmigo, me darás un hijo y yo no encuentro la forma de agradecértelo.

Me besó, fue un beso lento que me inundo de él, de su calor, su sabor y sobre todo, su amor. Sus labios de movían perfectamente sobre los míos y me perdí completamente, el mundo solo dejo de girar, y ya no importaba nada, mas que sentirlo de esta manera. Ya no existía Tanya, ni Charlie, ni nadie. Solo él y yo.

— Algo debí haber echo en otra vida, para merecerte — susurró contra mi cuello, yo solo gemí, me besó de nuevo en los labios y después se separo, unió su frente con la mía, levantó su mano y ahí estaba un hermoso anillo de raso negro — Isabella Swan, prometo hacerte feliz el resto de mi vida, y juro que todos los días te amaré mas ¿quieres casarte conmigo?

Esta vez no pensé en nada mas, solo estábamos nosotros tres, si, tres. Ahora éramos una familia, seriamos una familia.

— Si Edward, quiero casarme contigo — respondí casi sin aliento, el sonrió ampliamente y puso el anillo en mi dedo para después besarme mientras me recostaba lentamente sobre la cama, con él tiernamente sobre mi.

Así, comenzamos con la primera noche… del resto de nuestras vidas.

FIN