Dark Chat

jueves, 20 de enero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 18. Quédate Conmigo

No te puedo comprender

Corazón loco

Yo no me puedo explicar

Como los puedes amar

Yo no puedo comprender

Como se pueden querer dos hombres a la vez

Sin estar loca

Como me chocaba esa canción y mi hermana parecía disfrutarla, le subió el volumen todo el trayecto a la casa de los padres de Edward, y la cantaba a todo pulmón. Emmett me miraba de reojo por el espejo retrovisor y cuando notó que la expresión de mi rostro se iba convirtiendo en un enojo fulminante cambio la estación de radio dándole una mirada de regaño a su esposa.

- ¿Qué… no he dicho nada que no sea verdad? –se defendió mi hermana con un tono inocentón y él puso sus ojos en blanco, estaba bastante molesto por la actitud que había adoptado mi hermana.

- ¡Ya basta! –reprendió enojado - no pasarán la navidad enojadas.

Agregó mientras doblaba para tomar la calle donde se ubicaba la casa a la que íbamos. Estaciono el auto a un par de metros, nos bajamos y yo seguía que quería ahorcar a Ángela.

- ¿Te comportarás? —me preguntó de refilón cuando coincidimos al bajarnos, la mire un tanto sorprendida ¡pero qué demonios se imaginaba! — al menos que la Navidad no la pasemos en un hospital — agregó y di un pequeño grito en frustración. La miré con furia y luego cruce la calle sin esperarla para tocar el timbre de la casa de los Cullen.

- ¡Oye espéranos! —Grito Ángela, tomando de la mano a Emmett para alcanzarme.

Justo cuando apreté el timbre ellos ya estaban parados a un costado de mí. Me arreglé la ropa y la puerta se abrió solo para encontrarme con esos ojos verdes que tantos estragos habían causado en mi vida.

- ¿Tú? — preguntó desconcertado — ¿Qué haces aquí? — balbuceo y mi hijo que estaba detrás de él se abalanzó a mis brazos interrumpiéndolo con un grito de alegría.

Su madre que venía caminando por el pasillo lo adelantó para saludar a Emmett.

- ¡Qué bueno que ya llegaron, ahora si estamos listos para cenar! –exclamó contenta mientras saludaba - Pasen, pasen. Emmett tanto tiempo sin verte, como has crecido ó Esme haciendo pasar a mi hermana con su marido.

Yo me quede en la puerta con mi hijo en brazos y con los ojos verdes clavados en mí, sin decir nada, nos estábamos contemplando, en realidad Edward estaba examinándome con la mirada, logró su objetivo, ponerme nerviosa, sin mirarlo directamente le hablé.

- ¿No vas hacerme pasar? —pregunté temerosa de su reacción.

Miré el rostro de mi pequeño angelito, y entonces frente al silencio me atreví a mirarlo a él, en ese minuto me percaté que, estaba mirando hacia atrás mío, cómo buscando algo.

- No lo sé, dímelo tú, ¿Tu novio te dio permiso para entrar a mi casa? —preguntó sarcástico.

Me pillo de sorpresa, me quede muda, sintiendo los deditos de Anthony enrollarse en mi cabello, estaba jugando divertido, ajeno a la conversación que sosteníamos su padre y yo. Cavilé por unos segundos mientras pensaba que decirle, cuando Alice que se había acercado fue la que contesto por mí.

- No seas payaso y córrete o ahora quieres provocarle un resfrió, ¿que no te basto con la contusión? –soltó mordaz.

- Tienes razón — convino él sonriendo burlesco — hoy no contamos con la presencia de Super Jake para que salve el día ¿no? —concluyó su voz estaba cargada de rabia e ira contenida, se hizo a un lado desafiante haciéndome un gesto con la cabeza para que entrará.

- No es necesario ser soberbio —murmuré entre dientes, él cerró la puerta de un portazo que llamó la atención de todos, incluido, mi hijo que me miró un tanto asustado.

Esme desvió su mirada dulce hacía su hijo, reprendiéndolo mientras él se abría paso entre nosotros sin decir ni media palabra. Alice sacudió su rostro dándome una pequeña palmadita en el hombro.

— Se le pasará… es su berrinche anual —exclamó tratando de hacerme sentir bien.

Edward subió las escaleras ofuscado, no había que adivinar aquello, su rostro lo decía todo. Nos dejo en la mitad del pasillo, mirándonos confundidos por su actitud, su madre con una mirada incomoda trato de persuadir los ánimos para volver a poner el tono alegre a la celebración. Miró al resto de los presentes y fue allí que me percaté que estaba la otra hermana de Edward junto a su novio al parecer.

- Bueno – señaló Esme sonriéndose nerviosa - ¿Alguien quiere ponche? – preguntó tratando de suavizar el ambiente. Nos miramos todos hasta que un señor, casi de la misma edad que ella y de unos impresionantes ojos turquesas se aproximo a mí.

- ¿Anthony no vas a presentarme a la bella dama que te acompaña esta noche? — inquirió en un susurró cariñoso a mi hijo acariciando sus cabellos dorados, esté se rió avergonzado y yo me sonreí nerviosa sentí mis mejillas ardientes producto de la timidez. El hombre, que a esta altura, me imaginé era el padre de Edward concentró su vista en mí, su mirada era tan profunda como la de él — Al fin conozco a la causante de tanto embrollo familiar, soy Carlisle el padre de Edward –expresó cálidamente extendiendo su mano hacía mí a modo de saludo, yo la estreche y me acerco hasta su mejilla – Debes disculpar a mi hijo, desafortunadamente heredo un rasgo de mí un tanto indeseado, lo impulsivo es uno de mis peores defectos, los Cullen defendemos lo que es nuestro —agregó dándome una sonrisa ladina, idéntica a la que me había cautivado.

Estuvimos en la sala de la casa de los Cullen platicando mientras Esme y Rosalie, la otra hermana de Edward preparaban los detalles en el gran comedor. Alice me contaba de su vida estos cuatro años que nos habíamos perdido hasta que sentí la voz de Esme llamar a Edward para que se dignara a bajar al tiempo que nos invitaba a pasar a la mesa.

Volvimos a coincidir justo a la entrada del comedor, como dos verdaderos imanes unidos incapaces de sobrevivir el uno sin el otro, Edward llevaba de la mano a mi hijo cuando me vio lo alzo en brazos, sin decir nada se adentro a la mesa y sentó a Anthony en una silla para bebes que estaba puesta cerca de está al costado izquierdo de la habitación, cerca de unos enormes ventanales. Se sentó a su lado, Esme nos indico nuestros puestos, a mí y a mi familia en el lado contrario; yo estaba por sentarme frente a la posición de ellos, y Alice al lado opuesto de Edward, en el lado vacio junto a mi hijo cuando esté comenzó a chillar.

- ¡Noooo! — gritó furioso, igual que Edward hacía un rato atrás — ¡Tú nooo! –gruñó poniendo sus manos para detener a su tía - Mami –exclamó extendiendo sus manos hacía mí, sus ojos brillaban de la ansiedad que tenía, se me contrajo el estomago un tanto nerviosa.

Edward quiso poner un pequeño plato en la mesa de la silla, para distraerlo, pero mi hijo con el entrecejo fruncido, lo corrió gruñendo, hizo una mueca, y se sintió un gemido ahogado, se venía el berrinche inevitable.

- Hijo… compórtate… estoy aquí a tu lado —le susurré pero Alice se paró extrañamente entusiasmada por la reacción que estaba teniendo su sobrino.

- ¡No por favor! llevo años haciendo esto. Encantada te cambio el puesto — exclamó ya a mi lado, me obligo a caminar hasta el otro extremo de la mesa, sonreí a todos un tanto incomoda, Edward puso sus ojos en blanco tomando un sorbo de agua de la copa que tenía enfrente – tú no sabes lo que te espera –informó riéndose entre dientes mi "cuñada" – hasta ahora has conocido el lado positivo de tu hijo, el que heredo de ti por supuesto, ahora vas a conocer el lado que heredo de mi familia — aclaró divertida por la actitud de su pequeño sobrino.

Miré a Ángela, que enarco una ceja y Emmett sacudió su cabeza como sabiendo a lo que se refería Alice. Todos los demás tomaron sus puestos alrededor de la mesa mientras yo me resignaba a mi nueva ubicación, a un lado de mi hijo, a un cuerpo de distancia de él.

Yo evitaba mirar a Edward pero era inevitable hacerlo al mirar a mi hijo, pues Edward estaba a su lado. De repente contestaba preguntas que me hacía Carlisle entusiasmado por mi conocimiento sobre teología. Estaba contestando las preguntas cuando de pronto mi hijo se levanto de la sillita donde se encontraba y tomó entre sus manos mi copa de agua que estaba sobre la mesa.

En una reacción refleja tanto Edward como yo tratamos de tomar la copa que mi pequeño hijo pasó a llevar cuando arrastro la mía hacía él. Este gesto provoco la risa de Rosalie y Alice, nuestras manos chocaron torpemente, nos miramos, yo me sonroje y él tosió incomodo, la risa furtiva de sus hermanas fue apagada por la mirada molesta del padre de familia. Alice carraspeo tratando de contenerse y yo suspiré alejando mi mano de las de Edward, que siguió comiendo como si nada. Mi romeo personal permaneció en un silencio sepulcral durante toda la velada.

- Ufff... tanto silencio, parece que a alguien le comieron la lengua, o debo decir la mandíbula.

Intervino Rosalie burlesca mientras le pasaba la canasta de pan a Ángela. Ambas se rieron y fui yo la que acalló la risa de mi hermana con la mirada fulminante que le propine. Esme me miró y se sonrió sacudiendo levemente su cabeza. Tomé aire pensando que tal vez no había sido tan buena idea haber ido después de todo. Estaba distraída mirando hacía el ventanal frente a mí, cuando Anthony por quinta vez se levantó de la silla para agarrar ahora la copa de su abuela que estaba a la mitad de la mesa, se empino apoyando una rodilla en el borde de la mesa y con la otra mano iba a agarrar su objetivo cuando Edward perdió la paciencia frente a nuestro inquieto retoño.

- ¡Anthony, ya basta! —le gritó enérgico un tanto desesperado y frenético, lo tomó entre sus brazos sacudiéndolo para volver a sentarlo en la silla de golpe. Lo miré asustada al igual que mi hijo y no supe si decirle algo o quedarme callada pero el llanto de Anthony rompió el tenso momento. Lo tomé entre mis brazos para hacerlo callar. En ese minuto Carlisle se levanto de la mesa con una extraña mirada.

- Eso si que no — amenazó mientras dejaba la servilleta sobre la mesa dirigiéndose directamente a Edward que lo miró — no toleraré arrebatos en mi casa contra quién no tiene la culpa de tus errores — le advirtió su padre y yo me quede de una pieza.

- Dame, yo lo haré callar, sigue cenando — me sugirió pero para mi fue como una orden, así que sin chistar me senté nuevamente entregándole a mi hijo.

Noté como Carlisle le seco las lágrimas a Anthony miró a su esposa y luego salió con mi hijo en brazos hacía la sala de estar, Edward se sentó sin decir nada de hecho nadie más dijo nada al menos, durante algunos minutos. Una tímida conversación comenzó al cabo de unos minutos de silencio entre Emmett y Esme como para distender los ánimos.

Terminamos de cenar y pasamos de vuelta a la sala, Anthony ya estaba calmado y risueño como antes, Edward con una cara de dos metros, su padre divertido con nosotros y hablándome otra vez sobre teología, estaba sentada en el sillón cuando mi pequeño hombrecito cansado de jugar se me acerco.

- ¿Cuándo vendrá Santa Claus? —me preguntó ya bostezando, lo subí a mi regazo y le susurré al oído.

- No vendrá hasta que te duermas, visita las casas cuando los niños están dormidos —le comenté y no parecía tan convencido de ese hecho.

Me di cuenta que contrario a su edad, mi pequeño gran hombre, era demasiado perceptivo y no se dejaba engañar fácilmente, estuve platicándole de cómo llegaba Santa Claus y dejaba los regalos, haciéndole cariño en la espalda hasta que se durmió apoyado en mi pecho con su carita en mi hombro. Estuvo así largo rato, porque yo seguía conversando con Carlisle. Por su parte Edward me miraba fulminante desde el otro lado de la habitación, estaba sentado en un sillón alejado de las conversaciones, retraído observando la interacción de ambas familias.

- Creo que será mejor que lo vayas a acostar —me sugirió Carlisle, al cabo de unos largos minutos y yo coincidí. Apenas me incorporé en el asiento para levantarme, Anthony se despertó y comenzó a protestar somnoliento.

- No… Mami –dijo en un murmullo abriendo sus ojitos lo miré con ternura — yo quiero ver a Santa Claus — gruñó mientras se pasaba la mano por los ojos. Me sonreí al ver que era tan terco como su padre.

- Lo verás mañana, lo prometo —le traté de engañar pero él estaba muy decidido a que no fuera así.

Me volví a sentar para que volviera a quedarse dormido. Esta vez el padre de Edward no me atosigo con preguntas sino que ataco a Emmett. Al parecer Medicina era otra de sus ramas favoritas. Estaba sentada cantándole a mi hijo al oído, mientras mi mirada estaba fija en Edward que permanecía sentado en el sillón del otro lado, retraído sin decir nada. Nos miraba a ambos. Iba a ser la una y media de la madrugada cuando Ángela se levanto de donde estaba y se acercó a mí.

- Creo que es hora de irnos —anunció acariciando los cabellos de mi hijo y yo me entendí el mensaje. Tenía que llevar a Anthony arriba para acostarlo e irme con ellos. Me levanté pero de nuevo mi pequeño retoño se despertó cuando estaba a punto de poner un pie en las escaleras para subir al segundo piso.

- ¡No mami, no! — suplicó sollozando y a mi se me partía el alma pero no podía llevármelo ni quedarme con él.

- Anthony, hijo tienes que dormir -insistí

- Tu mamá tiene que irse, no seas fastidioso — le reprendió Alice, tratando de tomarlo pero mi pequeño se enterró en mi cuello, largándose a llorar de plano, estaba hasta ahogado con el llanto profuso que estaba dando.

- No te vayas —exclamaba entre sollozos — duerme conmigo — pidió y como me hubiera gustado complacerlo pero considerando la situación y el rostro desfigurado de Edward por el comportamiento de su hijo, entendí que no era bueno tentar al destino nuevamente, no era buena idea ni siquiera pensarlo.

- Vendré mañana y abriremos los regalos juntos —le prometí haciendo que me mirará pero él rehuyó y el llanto fue mayor.

- ¡Noooo! Yo quiero que duermas conmigo —protesto y se largo a llorar desconsoladamente. En eso Esme intervino.

- Ya no lo hagan llorar que terminaremos navidad devuelta en un hospital ahora por el tercer integrante de la familia — anunció disparando mi ansiedad — Bella si tú quieres puedes quedarte, ocupas el cuarto de Edward para que duermas con Anthony y estoy segura que Alice cederá su cuarto gustosa para su hermano —sugirió ella mirando a su esposo que asintió con una sonrisa en el rostro, la que no estuvo tan de acuerdo fue Alice que miró a su madre un tanto horrorizada.

- ¿Por qué el mío y no el de Rosalie?. Ella tampoco dormirá aquí —protesto ella y yo intervine

- Muchas gracias Esme pero no es necesario —exclamé mirando a Alice — Me quedaré con él hasta que se vuelva a dormir y luego me iré. Tomaré un taxi — concluí desviando mi mirada ahora a mi hermana

- ¿Segura? — me preguntó esta con los ojos que se le cerraban.

Pero no tenía alternativa. No podía dejarlo en ese estado, ya le había hecho daño en el pasado, no quería hacerlo ahora quería en parte compensar mi ausencia con recuerdos felices no amargos, tampoco podía quedarme bajo el mismo techo que Edward, así que era buena alternativa permanecer hasta que mi pequeño hijo se durmiendo y luego me iría. Sonaba como un buen plan. Asentí y finalmente mi hermana y su marido se fueron. Subí las escaleras conducida por Alice que me indicó cual era el cuarto de Edward, abrió la puerta y me quede impresionada con lo que vi.

Era una mezcla de un cuarto de un soltero con una cuna como broche de oro al medio. En realidad estaba al costado de la cama de dos plazas pero aún así me sorprendió, mirar su cama me hizo acordarme de la mujer con la que lo había visto en las fotografías y se me revolvió el estomago al imaginármelo con ella en la cama.

Ahogue ese fantasma, desviando mi atención en el rostro de mi hijo. Entre y senté a Anthony en el borde de la cama, estaba que se caía del sueño pero aún así no daba su brazo a torcer y luchaba fieramente por permanecer despierto, no despegaba sus ojitos de mí como si tuviera miedo a que me desapareciera. Le saque la ropa y le puse el pijamas, y abrí la cama de Edward para acostarlo ahí. Sería más fácil hacerlo dormir en esa cama que en la cuna. Luego él lo pasaría a la cuna por si no quería dormir con el niño. Me quede cantándole, recostada a su lado y haciéndole cariño en el pelo hasta que se durmió. Pero no era fácil de roer porque cada vez que me levantaba de la cama y me separaba de su lado se despertaba mirándome temeroso.

- Duérmete mi niño no voy a irme —susurré mientras el entrelazaba sus deditos en mi pelo, confiando en mis palabras.

Se acomodo pegado a mi cuerpo, yo cerré mis ojos porque me comenzó a vencer el sueño. Desperté asustada por el sollozo de alguien y pensé que era Anthony, pero al tocar la cama a mi costado, donde se supone estaba él, me di cuenta que no había nada, excepto un lado vacio y frío. Estaba el lugar que había ocupado mi hijo pero estaba helado. Levanté mi vista presurosa y divise su cuerpo en la cuna, estaba durmiendo de espaldas y se podía ver su pequeño y frágil cuerpo alzar y descender con cada respiro que daba, fue mi turno de respirar aliviada, la aprehensión se difuminó en segundos pero fue ahí que me percaté que el sollozo provenía del suelo.

Gatee por la cama y le advertí, sentado en el suelo a un costado de la cuna, apoyado contra el faldón de su cama. Cuando se percató que había despertado se paró huyendo de mí.

- No quise despertarte —murmuró y era evidente que estaba llorando. Me quede anonadada. Edward estaba llorando, ¿por mí?.

- ¿Estás llorando? —le pregunté con un hilo de voz, sorprendida, él se puso a la defensiva como era de esperarse.

- Estoy resfriado, es romadizo —contestó esquivando el haz de luz que se colaba por la ventana de su habitación, y que iluminaba tenuemente el lugar.

- Edward yo — intenté hablar pensando en que, después de todo teníamos una conversación pendiente, producto del incidente, y ahora que las cosas estaban un tanto más calmadas, pensé que era el momento para hacerlo, iba a disculparme pero él me interrumpió.

- Me lo merezco, yo fui quien te orillé a esto —dijo echándose la culpa y se me apretó el corazón al recordar su huida con mi hijo recién nacido aquel día— Merezco que tu no me ames, que hayas rehecho tu vida — continuó y su voz se quebró, tomó aire ladeando su rostro hacía un costado, quise correr hasta él pero me contuve — ¿Como pude pensar que me esperarías eternamente?, que estarías sola después de cuatro años —cuestionó ahogado acercándose hasta el haz de luz, su voz era ronca, cuando su rostro se iluminó, noté como las lágrimas corrían por sus mejillas haciendo que un pequeño y sutil brillo iluminará su rostro en la oscuridad.

- Tú también rehiciste tu vida —discutí y él se rió con tristeza.

- Tanya es la madrina de Anthony, no es mi novia ni mi prometida ni vamos a casarnos como piensas —desmintió en un susurró.

- Salio publicado en los diarios — rebatí

- En los diarios salen muchas cosas y no todas son verdad –aclaró él.

Y a mí se me seco la boca, me quede pensando en lo que estaba diciendo, mi corazón comenzó a latir fieramente, desbocado, una ilusión se clavo en mi corazón y en mi alma. Se sentó en el borde de la cama con un aire derrotado y otro tanto cansado, Edward estaba cediendo, estaba dándose por vencido, estaba diciendo hasta aquí lo que me provoco una tristeza incomparable, él ya no lucharía por mí. Yo estaba hincada a unos centímetros de su posición, tratando de decidir qué hacer, si acercarme o permanecer donde estaba. Miré a mi hijo y luego a él. Y opte permanecer donde estaba, a pesar que tenía el corazón en la mano producto de su actitud.

- Esto no es sano para ninguno —exclamó en la penumbra pero antes que pudiera continuar yo lo interrumpí.

- Con Jacob nunca ha pasado lo que tú piensas, él y yo —exclamé para aclararle la verdad pero mi voz se silencio producto del miedo, tomé aíre para continuar – es… era mi psiquiatra, así lo conocí, fue quién me recibió el día que…. – mi voz se apago en contra de mi voluntad, sin poder terminar la frase ¿el día qué que?… un recuerdo que no sabía tenía inundó mi mente, como recuerdos borrosos que de pronto, se hicieron claros y fuertes horrorizándome… mi mirada se perdió en el vacío.

— ¡Te odio! — grité con ira y rabia.

Sentía la adrenalina fluía por mis venas y en cuestión de segundos mi vida giró por completo, cambio para nunca más volver a ser igual.

Mi mente estaba enceguecida por todos los sentimientos que confluían en mi pecho y por la verdad que había escuchado hacía cuestión de segundos, de la boca de mi sangre, de quién me había dado la vida, de quién ahora me la había quitado.

Mi propia madre había confabulado en mi contra, y había entregado en bandeja de plata a mi hijo a su padre, ahora entendía muchas cosas, ahora por fin había entendido su actuar.

— No Bella, no — exclamó el padre Alfonso y sentí como mi cuerpo comenzó a temblar sin control, por mi mente comenzaron a desfilar todos los recuerdos de mis momentos más felices con Edward.

Recordé aquel día en mi dormitorio cuando me había enterado que estaba embarazada, aquel día cuando había tomado una nefasta decisión, aquel día cuando salí del baño tras haber cometiendo la estupidez más grande que jamás podría haber hecho en toda mi vida.

Algo de lo cual me arrepentía con cada respiro que daba, yo había tomado una mala decisión pero ¿Pagaría el precio toda mi vida?.

Así parecía, a manos de mi madre y con su ayuda, Edward, el hombre que supuestamente me amaría por siempre había cobrado venganza.

— ¡¿Bella? — exclamaron dos personas, o ¿eran tres? Pero una voz se apago.

— ¡Mírame! — conminó una voz de las tres, ronca, era de un hombre, alce mi mirada perdida en el horror de la confusión — Todo va a estar bien… mi pequeña mírame! —me pidió y la voz conformó un rostro, uno dulce y sereno, era el padre Alfonso pero su voz era lejana, en primer plano estaba el grito y el llanto de alguien más que no era yo.

Este recuerdo yo lo tenía pero era distinto, no era igual al que estaba conformándose ahora, ¿Cómo no me di cuenta?, me pregunté mentalmente examinando aquel recuerdo, aquellos sentimientos vividos.

Aquella noche, asustada como estaba, giré mi rostro hacía un lado y miré el rostro de mi hermana que se abalanzaba hacía donde yo estaba con la cara desdibujada por el susto y la sorpresa, su carrera era lenta, extrañamente distorsionada por mi percepción.

— ¿Bella? —me llamó por segunda vez y mi rostro se fijo en los ojos de aquel hombre sensato y que había ocupado en parte, el lugar de mi verdadero padre, como extrañaba a Charlie, cómo deseaba hubiera estado allí. Esto jamás hubiera pasado, si él hubiera estado aquí.

— No — dije y miré mis manos, entre ellas tenía un marco antiguo, siempre estaba puesto en una mesa de arrimo, era de metal, pesado, viejo, tenía colocada la fotografía de mi familia: mi hermana, mi madre, Charlie y yo.

Los cuatro sonriendo, nosotras dos pequeñas, una realidad lejana, una que hubiera deseado con todas mis fuerzas que hoy estuviera real.

— Yo no quise hacerlo —me defendí soltando el pesado objeto de mis manos, enterrando mi rostro entre mis delgadas y temblorosas manos.

— Lo siento… lo siento — agregué alejándome de donde estaba parada, cubrí mi cuerpo contra la pared, me agache apoyándome en el suelo, un gran peso cubrió mi pecho, era un hueco, que punzaba en el medio de mi pecho y que no me dejaba respirar, desvié mi vista por el suelo, y con horror entendí que mi destino había sido marcado por el ruina al ver el cuerpo de mi madre tirado en la mitad de la sala de estar de nuestra casa

— Lo siento — balbucee y perdí la noción de la realidad.

— ¿Bella?

Sentí las manos tibias y tersas, un suspiro ahogado se escapó de mis labios entreabiertos. Cuando volví a la realidad, dos orbes escarlatas, ansiosas y un tanto temerosas estaban esperando…

— ¿Bella? —me llamó y cerré mis ojos, un par de lágrimas corrieron por mi rostro sin control — ¿El día que qué? —insistió aferrando sus manos a mis brazos, sentí una ligera presión de sus dedos contra mi piel. Se acomodó frente a mí. Su rostro estaba cercano al mío. Desvié mi mirada hacía un costado, miré hacía la cuna, donde se encontraba mi pequeño hijo, durmiendo de manera angelical, mi estomago se contrajo, mis tripas se hicieron un nudo. Me quede pensando en cómo hablar, en que decirle, hacía segundos atrás mi versión de los hechos era otra, una distinta, una mentira creada por mi mente, ahora había recordado algo que siempre había estado allí, algo de lo cual hoy me arrepentía profundamente, pero con cierto dejo de nostalgia también agradecía, suspiré tomando aire.

- ¿Él día qué? — preguntó acercándose aún más, su ansiedad lo traicionó — ¿qué hiciste? —inquirió con pánico en la voz.

- Nada — contesté saliendo del transe — no hice nada… fue el día que decidí irme al convento — agregué diciendo una mentira que había repetido por muchas veces, que yo creía verdad hasta hacía unos segundos — El padre Alfonso insistió en que me evaluará un psiquiatra para aceptarme —le contesté esquivando la pregunta.

Nos quedamos quietos, él bajo la mirada, aun sosteniéndome por los brazos, al cabo de unos segundos me soltó y nos quedamos mirando de nuevo, había un silencio y el único sonido que lo interrumpía era la respiración de nuestro hijo.

- ¿Tú lo amas? — me preguntó de repente con temor. Dudé, aún tenía el recuerdo encontrado en mi mente, y me era difícil coordinar mi verdad, era cierto que yo no lo amaba como lo había amado a él pero si había un sentimiento profundo hacía Jacob.

No sabía si era amor, gratitud o cariño, pero había algo. En el fondo de mi corazón había algo que crecía a cada minuto, que hoy había adquirido otra connotación. Guardé silencio y deslice mis dedos por la colcha escapando de aquella realidad, en ese minuto miré mi reloj y me percaté que ya eran casi las cinco de la madrugada.

- Será mejor que me vaya — anuncié parándome, un tanto confundida, de la cama pero él me detuvo.

- Quédate por favor ya es tarde y hace frío —pronunció sin quitarme sus ojos de encima, baje la mirada un tanto avergonzada y nerviosa — mi madre jamás me perdonará que te deje ir a esta hora — continuó con la voz aterciopelada y dulce, cargada de cierta emoción y sentimiento — Dormiré en el cuarto de Rosalie si es lo que te preocupa —concluyó en un susurró soltándome la mano, nuestros dedos se rozaron y en ese minuto fui yo la que la sostuvo impidiendo que nuestras pieles se separaran, me miró confundido por mi actitud.

- Podrías… simplemente… abrazarme mientras duermo —le pedí en un susurró y el asintió, quería sentir sus brazos sosteniéndome contra su cuerpo una última vez, para empaparme de él y calmar a mi corazón desecho por este amor maldito que estaba destinado a no ser. Vestidos nos recostamos en la cama y me tapo con la colcha como siempre lo había hecho, de manera caballerosa y cuidadosa, me aferró a su cuerpo como lo había hecho la noche anterior y nos quedamos así, durmiendo abrazados, sin decirnos nada.

Mi corazón estaba en paz, pero cuando a mi mente vino el recuerdo del hombre que me había ayudado cuando más lo había necesitado, se apretó: Jacob susurré en mi mente. No sabía por quien decidir.

miércoles, 19 de enero de 2011

Conquistando tu Amor

CAPÍTULO VII

EDWARD POV

Estaba en la cocina pensando en las cosas ocurridas, o sea la chiquilla está definitivamente loca, es decir yo la encontré casi muerta, le di los primeros auxilios y volvió a respirar antes de que llegara la ambulancia y el médico, después la cuidé mientras dormía y era simplemente hermosa y angelical cuando lo hacía, no podía entender cómo una niña podía ser angelical y tan fiera al mismo tiempo. Mientras descansaba me atreví a tocarle la cara y era tan jodidamente suave y tersa, me quedé observándola detenidamente, mientras nana trataba de comunicarse con Charlie y Renne, pero se enteró que habían tenidos unos problemas en una de las sucursales de la empresa y habían tenido que viajar urgentemente y llevaban los celulares apagados. Lo que me sorprendió bastante fue que a la hora de estar cuidando a Bella llegó desesperado su amigo Quil, lloraba, gritaba y cayó al piso con dolor, mientras nana le explicaba lo sucedido con Bella, mmm “ amigo” JA, este niñito era algo más que amigo de la fiera, por eso cuando entró a la habitación y me vio ahí se puso de todos colores claramente incómodo por mi presencia, así que decidí dejarlo cuidando a Bella, además tenía mucho que pensar, definitivamente esta niñita tenía algo especial que hacía que las personas a su alrededor giraran en torno a ella, si, porque todos los empleados estaban tan preocupados y preocupados de verdad, cosa extraña ya que el comportamiento que ella tenía dejaba mucho que desear, bueno hasta donde he podido ver, por lo menos a mi me ha tratado pésimo y no creo que sea distinto el trato con los demás.

Pasaron casi tres horas y al parecer aún no despertaba Bella, así que decidí ir a ver si se encontraba bien y menudo panorama que me encuentro, ella en ropa interior tan sexy que me puse duro al instante, además tenía un sexy tatuaje en la baja espalda, al darse cuenta que la estaba mirando con cara de estúpido me empezó a gritar y las cosas se salieron de control y cuando la sostuve en mis brazos para que no cayera, oh, por dios fue la mismísima gloria. Pero cómo no, tuvo que llegar el chiquillo ese y ella corrió a sus brazos, así como estaba semidesnuda y tratándose mutuamente de “cariño”, yo estaba en lo cierto éstos dos tienen algo y hacen creer a todos que son amigos, imbécil y doblemente imbécil, yo suspirando y poniéndome duro con una niñita consentida que más encima tiene novio, Ja, Cullen, eres un IDIOTA.

Cuando salí de la habitación recosté mi pesado cuerpo en la puerta y claramente pude escuchas la conversación que se desarrolló adentro, fue doloroso escuchar como ese niño halagaba el cuerpo de mi diosa y por lo que escuché él ya estaba acostumbrado a verla de esa manera, casi me pongo a llorar cuando él le dice juguetonamente si ella va a dejar que él la toque. Ahhhhh que coraje y ella osa llamarme a mi pervertido, cuando ella es la que le contestó que dejaría que la tocara si él pasaba con ella toda la noche.

Decidí salir a dar un paseo para poder calmarme y quitarme esta rabia que me carcomía el cerebro y el corazón, si el corazón, porque aunque parezca raro Bella Swan con sólo haberla conocido anoche se había ganado una parte importante de mi corazón, ella era especial de eso no había duda, pero no era para mi, ella tenía dueño y seguramente ahora estaban haciendo el amor, yo lo haría sin parar si ella fuera mía.

Estaba perdido en mis pensamientos tomando un gaseosa cuando siento pasos acelerados y cuando se abre la puerta de la cocina y levanto la vista la veo, era ella, mi ángel, se quedó paralizada mirándome y yo tampoco le quité la vista de encima. Ella lucía acalorada y sudada, nerviosa. AGGGGRR, seguramente estaba así por la sesión de sexo. Ella se acercó temblorosa al refrigerador buscando algo de comer, claro después del sexo da hambre. Notaba que me miraba de reojo y se sonrojaba y las manos le temblaban cada vez más, yo la seguía mirando intensamente, sin perderme ningún detalle de lo que hacía. En ese momento entro nana y Bella corrió a sus brazos y nana la consolaba como si fuera su hija.

- Mi niña ¿qué te pasa, por qué estás así? Le dijo nana tocando sus mejillas y notando el temblor de su cuerpo.
- Mamá Sue, he tenido una pesadilla, eso es todo, no te preocupes
- Niña, otra vez pesadillas, pero hacía tanto tiempo que no las tenías
- Si, mamá Sue, pero me encuentro bien. Si ella supiera la clase de pesadilla
- Y Quil
- Ah, ese tonto está durmiendo como tronco, ni cuenta se dio que estaba soñando feo.
- Jajaja, ese niño siempre igual, pone la cabeza en la almohada y se duerme.
- Mmmm, desde niño que es así Mamá Sue, nunca va a cambiar, cuando se case ni cuenta se va a dar cuando su mujer se escabulla para irse con otro jajaja.
- Ay niña que eres mala, la mujer que él elija va a ser sumamente afortunada, él es tan bueno, sólo basta ver como es contigo, estaba tan preocupado que hasta lloró.
- Ay nana él llora por todo, es una nena, llora hasta con las películas cursis jajaja.
Notaba que Edward estaba pendiente de la conversación, no me quitaba los ojos de encima, incluso estando de espalda sentía su penetrante mirada, y si no me equivoco mamá Sue se dio cuenta porque su mirada iba desde Edward hasta mi. Sus ojitos se empezaron a estrechar con sospecha, ella era muy suspicaz y me conocía demasiado, seguro ya estaba sospechando la fuerte tensión a nuestro alrededor.
- Qué feo que estés criticando a tu novio, él realmente estaba muy preocupado, no deberías ser tan mala persona. Dijo Edward y me sacó totalmente de quicio, o sea quién mierda se cree él que es.
- Mira profe, lo que yo diga o haga no es tu problema, además yo trato a MI NOVIO como me parezca.
- Chao mamá Sue voy a darle a MI NOVIO las gracias como sólo yo se darlas, no me molesten en un buen rato.
Sacó unos pasteles del refrigerador y salió echa una furia de la cocina dejándonos a Sue y a mi perplejos.
- Grrrr, qué niña más pesada y descarada Sue, cómo le permiten esas libertades con su noviecito, digo no es mi problema lo que ella haga, pero debería respetar su casa.
- ¿Sus padres saben de esta relación?, ella es menor de edad, además la intimidad de una pareja no se ventila así, ella simplemente es bipolar. Dije todo esto apretando los puños de la rabia que sentía en estos momentos, mi respiración era entrecortada y sentía mi cara arder.
- Joven Edward, dijo Sue – Tanto le importa mi niña para que esté en ese estado
- ¿Qué?, no, no, no, Sue no se confunda por supuesto que no me importa Bella, ella es dueña de hacer lo que le plazca, pero insisto que no es correcto. Eso ni yo mismo me lo creía, yo mismo la había besado y acariciado en la piscina, pero por lo mismo ella era una descarada, por haberlo permitido si tiene novio.
- Edward disculpe lo que le voy a decir, pero soy lo bastante vieja y conozco muy bien a mi niña y se muy bien la fascinación que causa en los hombres, siempre ha sido así, incluso cuando era más pequeña siempre llamó la atención incluso sin proponérselo – Y a usted se le nota mucho que ella lo deslumbró y por lo visto usted igual a ella, lo que encuentro extraño es que ustedes se conocieron apenas hoy y ya parecen enamorados celosos y peleando por tonterías.
- Sue, no es así, a mi ella no me interesa, es una niña caprichosa, además tiene novio
- Ay joven, yo conozco a Quil desde que era un crío y siempre ha sido el mejor amigo de mi niña, siempre hacen piyamadas y duermen juntos, pero se quieren como hermanos, eso siempre ha sido y va a seguir siendo así, ellos siempre se burlan de los demás diciendo que son novios, pero acá en la casa sabemos perfectamente que no es así. Jajaja
- Quil le ha sacado un montón de pretendientes molestos a mi niña, además la protege, aunque ella no lo necesite, ella es muy fuerte y dura, pero es muy buena amiga, siempre preocupada de sus amigos y pendiente de su entorno aunque ella lo trate de ocultar en su coraza de fiera, pero como le dije yo la conozco y ella es una niña maravillosa, sólo que le han pasado cosas malas muy malas.
Esto último lo dijo más para ella que para mi, me dejó totalmente intrigado y no pude preguntar nada más porque Sue se puso a tararear una canción y me miraba de reojo constantemente, me sentía cohibido con su mirada y decidí que mejor me iba de ahí antes de que terminara confesando que Bella me traía loco. Cuando me dirigía hacia mi habitación me acerqué a la puerta de Bella y ella reía a carcajada limpia con Quil.
- Quil, no seas bruto, no me hagas más cosquillas, suéltame antes de que te muerda y sabes muy bien que muerdo fuerte
- Oh si señorita fiera, todavía tengo marcado el brazo de cuando me mordiste cuando te quise emparejar con aquel tipo que te pretendía y mandaba flores ¿te acuerdas?
- Cómo no me voy a acordar si el tipo era un asqueroso, sólo tú pensabas que era un tipo bueno para mi, y las flores wuaack, ya sabes que las odio, detesto toda cursilería.
- No todas, te gustan las margaritas y a mi no me engañas te gustan las cursilerías admìtelo
- Bueno las margaritas son preciosas y sencillas y lo único cursi que me gusta es…nada, olvídalo
- Yo se, te derretiría que un tipo te cantara y te tocara el piano.
- Grrr, cómo puedes acordarte de eso, te lo dije cuando tenía como diez años.
- Para eso somos los mejores amigos del mundo, yo te conozco como nadie, al igual que tú a mi.
Confirmado, ellos sólo son amigos, la alegría inundó mi corazón y pude respirar más tranquilo. Me fui a mi cuarto, ahora sabía algo más de esta niña : le gustan las margaritas… interesante, por lo general a las mujeres les gustan las rosas, además a mi me encanta el piano y si ella bajara la guardia yo encantado le tocaría el piano.

BELLA POV

Quil se fue alrededor de las 9 de la noche, yo estaba completamente exhausta, pero estar con Quil siempre me hacía bien, él me relajaba y me hacía reír como nadie. Salí de mi habitación y empecé a recorrer la casa esperanzada en encontrarme con Edward, la verdad es que el muy imbécil era atrevido, pero no se por qué pero me gustaba pelearme con él, era divertido y aunque no lo demostrara me hacía reír, era el único que se atrevía a enfrentarme y no acababa con un puñetazo de mi parte. No lo encontraba pufff, que pena, bueno mañana será otro día y nos pelearemos a muerte otra vez jajaja. Me estaba riendo sola y a carcajada limpia cuando me encontré a mamá Sue. La forma en que me miró me dio vergüenza, capaz que piense que ya me volví loca.

- Niña ¿qué haces riéndote sola?, hace tanto tiempo que no te veía así, hasta pareces feliz
- Nana yo soy feliz, y ¿qué tiene de malo que me ría? Me estaba acordando de algo que dijo Quil
- Yo se que no eres completamente feliz y no me discutas, y no te creo que te rías de Quil, me parece que te estabas acordando de cierto joven extremadamente apuesto que llegó a vivir acá y que te pone los nervios de punta te acelera el pulso y el corazón.
- ¡¡¡¡¡Mamá Sue!!!!! Qué cosas dices, eso no es verdad, ese tipo es un dolor al hígado, lo detesto de verdad y él jamás me acelerará el pulso y mucho menos el corazón
- Si tú lo dices niña, pero en la tarde después que te fuiste al cuarto con Quil, él estaba tan triste porque pensaba que Quil era tu novio, se le nota tanto como a ti que se atraen y mucho.
- Estás viendo cosas donde no las hay nana, yo jamás me voy a enamorar y menos de un viejo y amargado como él.
- Ay por dios Bella él no es viejo ni amargado, apenas tiene 24 años y tiene la personalidad apropiada para domar a esta fiera, además está que se cae de bueno.
- ¡¡¡NANA!!!, pero qué cosas dices, él no está bueno, es feísimo, no es mi tipo y a mi nadie me va a domar.
- Bueno, si no te interesa seguro que más de alguna mujer hermosa lo va a querer conquistar, él es muy guapo, además es nuevo en la ciudad y va a llamar bastante la atención.
- Él puede hacer con su maldita vida lo que le plazca y si quiere se puede buscar 100 zorras, a mi no me interesa
- Jajaja, si no te interesa porque estás verde de celosa porque nombré a las mujeres que lo pueden conquistar jajaja, a mi no me engañas niña, te conozco como la palma de mi mano y deja de engañarte a ti te gusta y si no lo quieres perder antes de tenerlo baja la guardia con él.
- Mira nana, es la última vez que vamos a tener este tipo de conversación y no me discutas, él no me interesa y te lo voy a demostrar, ya verás, ya verás.

Ja, claro que lo voy a demostrar, grrrr por qué tenía que ser tan complicada, a veces ni yo misma me entendía, por qué tenía que ser tan complicada la adolescencia, dando un gruñido me fui a la sala de música. Había dejado mi música por demasiado tiempo, y aunque a veces intentaba retomarla, me dolía mucho, pero ahora era una necesidad, el lunes entraba a clases y Quil me había informado que para este semestre habían agregado clase de música y canto y era obligatorio y yo simplemente tendría que tragarme mi dolor y volver a cantar, porque no pensaba bajar el promedio académico por nada, simplemente porque soy la mejor en todo lo que me propongo y soy la mejor alumna en cuanto a promedio se refiere, ya que me esfuerzo bastante por serlo y no es fácil, sobretodo por que me arranco de clases continuamente o porque simplemente me cae mal algún profesor y no le presto nada de atención y me dedico a escuchar música en clases, cuando me quitan el pión, bueno me largo de clases, total después Quil me trae los apuntes y me dedico de lleno a estudiar. Ja siempre he dido la mejor y si me tengo que tragar la pena, me la trago y punto, aunque no sea fácil.

Cuando entro en la sala de música trato de hacer lo que me recomendó Quil, que me enfocara en lo que me había impuesto a mi misma para empezar a sacar un poco la rabia. Si eso iba a hacer, prendí el equipo de música y busqué la pista de la canción que me recordaba lo que tenía que hacer, esa canción era mi mantra desde que supe que él había pedido una transferencia en la universidad y ahora iba a estudiar acá. Cuando encontré la pista agarré el micrófono y empecé a cantar, llevaba unos segundos cantando…mierda grito con todas mis fuerzas, esto era complicado, Bella concéntrate, concéntrate en el imbécil que tienes que destruir, vuelvo a poner la pista de la canción, doy unas cuantas respiraciones y empiezo de nuevo.

EDWARD POV

Había salido a dar un recorrido por la ciudad, pero algo no iba bien, me sentía raro, extrañaba estar en la casa esperando a que Bella me diera guerra, jajaja, estás bien loco Cullen, la chiquilla te trae baboso. Me voy a la casa a ver a mi pesadilla de ojos amarillos, oh si por que sus ojos son casi amarillos, parece una linda gatita.

Iba a subir la escalera cuando Sue me detiene, la miro y estaba tan emocionada y yo no entiendo nada.
- Sue ¿qué pasa?
- Ay Edward, presta atención, mi niña está en la sala de música, hace dos años que no canta
- Bueno Sue, anoche no podía dormir y sin querer la vi en la sala y estaba tocando el chello, pero no terminó de tocar y estaba llorando.
- ¿En serio?, a mi niña algo bueno debe haberle pasado anoche para que tratara de tocar otra vez, como dije hace dos años que no lo hacía y menos cantar.
- Anda sube Edward, que si mi niña canta no vas a querer perderte el canto de un ángel, porque la voz de mi niña es preciosa y cuando cantaba era inspiradora.
- Pero Sue, me va a echar de allí como un perro.
- Ah no, yo se como puedes verla y escucharla sin que te vea. – La sala de gimnasia tiene una puerta que conecta directamente con la sala de música.
Casi llegaba a la sala de ejercicios cuando escuché claramente que gritó mierda. Abrí lentamente la puerta que me había indicado Sue y la vi de costado, respiraba agitadamente y parece que trataba de calmarse, puso nuevamente la pista y la música era de Muse y era el tema Butterflies and hurricanes ( mariposas y huracanes) mmm, me gustaba ese grupo, las letras muy profundas y el sonido espectacular.

Mi Bella empezó a cantar y quedé con la boca abierta, ella simplemente cantaba espectacular, dios, su voz era como la de un ángel, Sue tenía razón esta niña era fascinante, me quedé embobado mirándola cantar, se veía maravillosa.


CHANGE EVERYTHING YOU ARE CAMBIA TODO LO QUE ERES
AND EVERYTHING YOU WERE Y TODO LO QUE HAS SIDO
YOUR NUMBER HAS BEEN CALLED TU NÚMERO HA SIDO LLAMADO

FIGHTS AND BATTLES HAVE BEGUN LAS PELEAS Y LAS BATALLAS HAN EMPEZAD
REVENGE WILL SURELY COME LA VENGANZA VENDRÁ DE SEGURO
YOUR HARD TIMES ARE AHEAD TUS MOMENTOS MÁS DIFÍCILES ESTÁN AL FRENTE

BEST, YOUVE GOT TO BE THE BEST MEJOR, TENDRÁS QUE SER EL MEJOR
YOUVE GOT TO CHANGE THE WORLD TIENES QUE CAMBIAR EL MUN DO
AND USE THIS CHANCE TO BE HEARD Y USAR ESTA OPORTUNIDAD PARA SER OÍDO
YOUR TIME IS NOW TU MOMENTO ES AHORA

CHANGE EVERYTHING YOU ARE CAMBIA TODO LO QUE ERES
AND EVERYTHING YOU WERE Y TODO LO QUE HAS SIDO
YOUR NUMBER HAS BEEN CALLED TU NÚMERO HA SIDO LLAMADO

FIGHTS AND BATTLES HAVE BEGUN LAS PELEAS Y LAS BATALLAS HAN EMPEZADO
REVENGE WILL SURELY COME LA VENGANZA VENDRÁ SEGURO
YOUR HARD TIMES ARE AHEAD TUS MOMENTOS MÁS DIFÍCILES ESTÁN AL FRENTE

BEST, YOUVE GOT TO BE THE BEST MEJOR, TENDRÁS QUE SER EL MEJOR
YOUVE GOT TO CHANGE THE WORLD TIENES QUE CAMBIAR EL MUNDO
AND USE THIS CHANCE TO BE HEARD Y USAR ESTA OPORTUNIDAD PARA SER OÍDO
YOUR TIME IS NOW TU MOMENTO ES AHORA

DON’T LET YOURSELF DOWN NO TE DERRUMBES A TI MISMO
AND DON’T LET YOURSELF GO Y NO TE DEJES IR
YOUR LAST CHANCE HAS ARRIVED TU ÚLTIMA OPORTUNIDAD HA LLEGADO

BEST, YOUVE GOT TO BE THE BEST MEJOR, TENDRÁS QUE SER EL MEJOR
YOUVE GOT TO CHANGE THE WORLD TIENES QUE CAMBIAR EL MUNDO
AND USE THIS CHANCE TO BE HEARD Y USAR ESTA OPORTUNIDAD PARA SER OÍDO
YOUR TIME IS NOW TU MOMENTO ES AHORA


Seguía mirándola, no perdía detalle de su cara y algo no iba bien, esta no era simplemente una niña cantando una canción, la expresión de su cara gritaba a leguas que la canción le llegaba al corazón. ¿qué significaba?, para quien iba dirigido tanto odio, porque eso reflejaba su rostro un odio desmesurado, como si le estuviera cantando a alguien en especial, alguien a quien odiaba profundamente, pero después trataría de averiguar que pasaba, por el momento me dejé llevar por la melodiosa voz y nada más. Cuando terminó de cantar calló sobre sus rodillas y lloró amargamente, tenía unas ganas locas de acercarme y consolarla y protegerla de lo que le estuviera haciendo tanto daño, pero no podía, se suponía que yo no había escuchado nada y revelarlo podría distanciarme más de Bella, ella era complicada y se molestaría hasta la muerte si sabía que estaba espiándola.

martes, 18 de enero de 2011

Mascara de Odio

Capitulo 23. Isabella Swan

Agosto, Septiembre, Octubre.

Parecía que después de que le había escrito aquella nota decisiva a Alice, el tiempo comenzó a correr más de prisa que lo normal, en un momento estaba empezando terapia con la Dra. Hale mientras le comunicaba que había tomado la decisión de irme, por otro recibía visitas periódicas de Alice y su novio y de quien luego mi mente trajo recuerdos, de Jacob.

El se mostraba más reservado que nadie pero cuando se lo pregunte me dijo, en un muy buen tono, que mi salud mejoraría bastante si comenzaba a recordar las cosas por mí misma.

También había comenzado a hacer un uso más frecuente de mi voz, parecía alguna especie de rehabilitación porque al final del mes podía hablar normalmente, aunque mi interior me decía que a quien no quería hablar era a él, a Edward.

Solo se me dificultaba el escribir porque las manos me dolían y mover los dedos también, el Dr. Brandon me dijo de que debido a la profundidad de las heridas que me había causado, algunos nervios y tejidos que habían sido reparados aun debían adaptarse a sus curaciones.

Así que en mis tiempos libres, aparte de ponerme a escribir, me dedicaba a excavar en mi memoria en busca de la información de la que él hablaba la cual encontré aproximadamente una semana antes de que me dieran salida del Hospital y fuera remitida a la clínica psiquiátrica Saint Thomas, era, según la Dra. Hale, la mejor clínica psiquiátrica y de reposo que había, me pregunte esporádicamente como haría mi seguro médico para cubrir una clínica como esa pero la Dra. Me dijo que no me preocupara, y al menos ahora, le iba a hacer caso, de nada servía preocuparme cuando podía usar mi tiempo para recordar.

También hacia terapia en las manos y en las piernas pero más que todo en las primeras por lo anteriormente mencionado.

Pero no era una sensación agradable darme cuenta de que Jacob había tenido trascendencia en mi vida a raíz de mi relación con Edward y mas saber que había sido la causa de al menos el treinta por ciento de todo lo que había acontecido después, sin embargo recordaba también que el había sido mi amigo y que no podía odiarlo por eso, jamás podría odiar a alguien que me hubiera dado su amistad.

Lo que nos llevaba a Edward, a él si podía odiarlo porque su amistad y su amor habían sido solo mentiras. Aun me anegaba en lágrimas con el recuerdo de ese suceso, todo lo que me había marcado, y todo lo que aun me faltaba por recorrer.

Desde el día del incidente con el matón no había vuelto a verlo, cada día que pasaba me venían a la cabeza más imágenes y hechos que había vivido con él inclusive la detestable sensación de que aun después de todo podía seguir amándolo sin importarme nada más.

Si, era vergonzoso de admitir, después de todo lo que había pasado, de lo que me había hecho y de la marca que me había dejado aun podía sentir amor por él, pero era algo definitivo que no íbamos a estar juntos nunca, principalmente porque no había amor de parte de él y segundo, porque si daba mi brazo a torcer me estaría mostrando incluso más débil que antes y eso no lo podría consentir. Tercero, por que tenia bastas razones para creer que Edward se había olvidado de mi desde que dije que no quería volver a verlo… ¡que tan rápido se había dado por vencido!, seguramente la culpa que debía sentir había sido eximida cuando supo que deseaba tenerlo lejos de mi. Pero vaya si comenzaba a extrañarlo. Me obligaba a no pensar en el, pero en algún momento siempre acudía a mi memoria, inevitablemente.

Recordaba también retazos de hechos relacionados con mis hijos, pero aun no podía esclarecerlos y esperaba que me sirviera de algo la ida a esa clínica para esa y muchas otras cosas más.

Trataba de pensar en eso más que en nada pero mi mente siempre me llevaba a ellos y estaba comenzando a desesperarme.

El día indicado llego, con la ayuda de Alice empaque las cosas que había ido recopilando a la largo de mi hospitalización, en una pañalera aparte empaque, con todo el cuidado que requería, la ropa que supuse que había comprado para los niños, aunque no me embargaba el entusiasmo que debería, lo cual me daba cierta idea de que era lo que había pasado, aun me negaba a aceptar algo malo a pesar de que todo mi ser así lo dictaba pero armándome de una fuerza que salía de no sabía dónde, seguí respirando y haciendo uso de mi memoria.

En el momento en que estaba sentada en mi cama doblando un babero minúsculo la puerta se abrió y entro la Dra. Hale, tenía una sonrisa tenue en los labios y parecía sonrojada.

- ¿como amaneció hoy?- me pregunto tomando la silla en donde habitualmente se sentaba Alice a leerme.

- no lo sé – dije secamente, no por incomodidad sino porque tenía una sed terrible que no se me pasaba con nada, pero sabía que era por los medicamentos que había tenido que ingerir para dormir, ya que había sido presa de un insomnio bastante anormal de un mes para acá. – creo que…con deseos de conocer lo que será mi hogar por un tiempo.

- me alegra que piense en el sitio de esa manera, de ningún modo queremos que se vaya a sentir presionada o intimidadada por internarse en un sitio que puede hacerle bien.

- eso espero- asentí cerrando la cremallera de la pañalera.

- ¿es la ropa de los niños? – pregunto ella mirando lo que hace unos segundos tenía en la mano.

Su pregunta me callo como un dardo en el alma, especialmente por el tono de comparecencia que parecía haber en el, ella también sabia pero no quería decírmelo. En ese segundo dude mil y una veces antes de poder abrir mi boca, pero la desesperación de la que fui presa y mencione antes pudo más que mi débil voluntad. Todos los instintos que poseía me decían que no debía tener esta conversación.

-¿puedo preguntarle algo? - le dije mirándola a los ojos, me devolvió la mirada con creces-

- adelante – asintió.

- como psiquiatra que es, ¿cree que es sano para la mente de un paciente mentirle para recuperar su salud? - ella se turbo un poco pero debía darle el crédito de que se recupero en menos de dos segundos.

- ya veo a donde quiere ir con su pregunta – la suspicacia mezclada con algo más tiñeron sus rasgos.

- es solo que la incertidumbre me está matando… y quiero saber con qué cuento para recuperarme. – explique intentando no sonar desesperada y fallando estrepitosamente.

-¿y qué hará si se lo digo? – me sondeo lentamente, me puse a pensar en mis posibilidades pero solo había una salida, morir cada día con mi dolor e irme a esa clínica a hallar el poco de paz que siempre añore.

- si se refiere a que algo me hará cambiar de opinión sobre ir a la clínica pierda cuidado, creo que nada podría evitar que fuera allá, aunque me enterara de que están muertos…-

Iba a seguir hablando pero fui consciente de cuanta verdad había en mi frase no acabada, y como mi memoria, que había jugado conmigo desde que fui consiente nuevamente, atraía a mi boca la verdad no mencionada.

Finalmente en medio segundo descubrí lo que en un mes fui incapaz de recordar, más que todo, incapaz de aceptar, lo que mi mente me había estado diciendo desde que recupere la conciencia.

Ellos se habían ido…para siempre.

El conocido golpe de dolor invadió cada célula de mi cuerpo.

Baje la mirada mientras las insoportables lagrimas inundaban mis ojos y mi mente continuaba haciéndose más clara.

Pero no solloce infernalmente como cualquiera en mi lugar habría hecho, no lo hice, por que recordaba ya haber pasado por esta emoción vacía e infame, ya había vivido el dolor de esa noticia de una manera trágica… ellos habían sido la razón de mi intento de suicidio, eso junto con Edward.

La soledad y el dolor que sentía al enterarme por fin eran algo con lo que ya me encontraba familiarizada.

Quería volver a llorar, quería hacerlo, pero parecía haberme quedado seca y fría, tomaba esta noticia con tanto estoicismo que me pregunte si yo sería la misma persona de entonces… si algo había cambiado en mi.

- lo siento mucho - murmuro la Dra. Hale conmovida con mi reacción – en la mayoría de casos negar los hechos hace más llevadera la situación cuando la verdad llega…y queríamos que fuera usted misma quien lo descubriera y se diera valor para continuar.

Quise pensar que estaba equivocada, casi lo creía, valor para continuar… quise reírme de su ingenuidad y de la mía…quise hacer tantas cosas, pero por unos momentos me había quedado en blanco…seca…fría…rota.

- ¿podría decirme que paso? – le pregunte esperando que su concepto medicinal no me hiciera tanto más daño.

- sufrió lo que se llama Ruptura Prematura de Membranas, lo cual provoco que el liquido en donde sus gemelos estaban flotando saliera de su cuerpo, antes del tiempo debido conduciéndola a una cesárea como procedimiento de urgencia… pero eran unos bebes muy pequeños así que las probabilidades de vida no eran muchas.

Así, tan técnico y a la vez tan exacto…

- ¿fue…mi culpa? - le dije en un hilo de voz mirándola nuevamente a los ojos, los míos debían estar rojos por las lagrimas contenidas y no lloradas.

- no señora,- afirmo ella con tal seguridad que no tuvo que repetírmelo dos veces - los casos no son comunes pero tampoco son extraños… en el 20 % de los embarazos suele presentarse y la mayoría de ellos con deceso del bebe.

Respire hondo, me sentía aliviada y al mismo tiempo sin fuerzas para seguir… solo tenia una frase en mi cabeza que empezaba a repetirse constantemente "tu estas destinada a una persona".

No recordaba habérsela escuchado a nadie y sin embargo permanecía dentro de mi cerebro haciéndome rechinar los dientes.

Mire hacia la pañalera que había estado alistando como si perteneciera a una extraña, con cuanto amor había esperado su nacimiento, con cuanto fervor había intentado negarme a mi misma lo que en el fondo siempre estuvo más claro que el agua.

La aparte de mi cama como si estuviera despidiéndome de un recuerdo amargo, pero no podía despedirlo, no, porque a pesar de todo el tiempo que pasara, a pesar de que existía la posibilidad de recuperarme siempre iba a tener este dolor en el alma y parecía no haber nada en el mundo capaz de hacerlo soportable o llevadero.

Volví a pensar en que cualquiera en mi situación actuaria diferente pero ya estaba llena de ciega resignación, ya había leído sobre esto, primero llegaba el golpe, luego la etapa de negación, en la que nos cerrábamos a todo menos a lo que nosotros mismos creíamos, ahora venia lo demás… aprender a vivir con ello.

Seque las únicas dos e involuntarias lagrimas que brotaron de mis ojos por que caí en cuenta que de nada me serviría llorar, ya lo que tenia perdido lo estaba para siempre y si quería seguir luchando tenía que armarme de valor, tal vez lo que paso con los bebes fuera culpa de Edward o mía, tal vez no, eso no importaba ya, lo único que quería era sentarme a divagar por un buen tiempo, sola.

¿Que mejor terapia que quedarme en una clínica de reposo?

- ¿puedo pedirle un favor? – mi voz, por unos momentos, volvió a escucharse como cuando desperté.

- por supuesto- dijo ella apoyando su mano en la mía.

- ¿podría pedirle a la ambulancia que me va a trasladar que me lleve primero a una floristería, y luego hacia donde mis bebes…- no podía pronunciar una palabra que fuera coherente así que solo se me ocurrió – reposan…?

- creo que podemos arreglarlo…-

Ella se quedo callada un momento, como si hubiera hecho un comentario imprudente, pero no quise ahondar, una vez viera a mis hijos iba a tener paz.

Alice entro después de unos minutos cuando la Dra. Se marcho, supuse que le había contado que ya sabía lo que había pasado con mis hijos y por eso no se venía tan entusiasta como antes. Solo se acerco a mí como dudando, yo temí desmoronarme nuevamente así que solo la deje que me abrazara y le devolví el abrazo sin fuerzas, porque así me sentía después del nuevo golpe.

Alice saco una foto del bolsillo de su bolso.

- estaba esperando que…te enteraras-

Así que ella lo sabia… no pude enfadarme con Alice por habérmelo ocultado. Después de todo sabia que ella lo había hecho por mi bien, recibí la foto de sus dedos mientras le daba la vuelta y veía una fotografía de una tumba.

Solo que, a diferencia de cualquier tumba que hubiera visto, esta se asemejaba más a la fuente de un hermoso jardín de algún edén. Estaba blanca y reluciente y tenía a dos ángeles tomados de la mano…

Hice un esfuerzo enorme por volver a tragarme las lagrimas cuando recordé que, transida y rota del dolor, cuando me entere de que habían muerto la primera vez, había hecho entre sollozos este pedido a Alice, invirtiendo en ellos todo lo que había ahorrado, para darle al sitio de su ultimo descanso lo mejor que ellos se merecían, un sitio donde ese par de ángeles pudieran acercarse a jugar… a saltar.

- Gracias Alice – dije apretando la foto contra mi pecho – seguiste mis indicaciones muy bien…no tengo palabras…

- Todas las semanas Ed.…es decir… se le cambian las flores para que permanezca así, y dos hermosas plantas de azucenas comenzaron a crecer alrededor.

Azucenas… las flores me sonaban de algo pero no podía recordar de que, aunque no importaba demasiado, el simbolismo de que creciera algo alrededor de la fuente me daba el suficiente consuelo de saber que, fuera donde estuvieran, se encontraban muy bien… tal vez mucho mejor que la vida que yo hubiera podido darles.

Horas más tarde, finalmente, había llegado mi turno de partir, la Dra. Hale me dijo que lo de la ambulancia había quedado arreglado así que pedí a Alice prestado algo de dinero y subimos a la ambulancia, ella en la silla y yo en una camilla.

Paramos en una de las tiendas de flores más colorida que jamás había visto. Mi mano se arrastro como si tuviera voluntad propia, hacia un ramo precioso de azucenas, que pensé que serian perfectas para completar el hermoso cuadro de los dos Ángeles de la lapida y lo que crecía a los bordes de esta.

Me trasladaron en una silla de ruedas aun dentro de la ambulancia aunque después de advirtieron que a la clínica debía llegar acostada y posiblemente sedada, no me opuse porque tal vez en la sedación podía encontrar descanso, no era que planeara volverme adicta a los medicamentos que podían sacarme de la realidad, solo quería olvidarme por unos días o unos años de todo lo que tenía a mi alrededor, cosas malas, buenas, no importaba.

A la ambulancia solo le fue permitido entrar al estacionamiento del cementerio, de ahí tuvieron que bajarme en la silla de ruedas, Alice venia a mi lado mientras uno de los enfermeros me llevaba por detrás, el ambiente olía a un sueño que tuve una vez, a muerte y a tierra, pero en medio de todo casi podía sentir los susurros de las muchas personas que nos rodeaban, las que no se encontraban en otra forma que de manera espiritual.

Alice nos condujo hacia el camino correcto.

En el momento en que llegamos se me oprimió el pecho con fría anticipación, pero luego al tenerlos frente a mí, solo pude dejarme llevar por la asombrosa mezcla de emociones entre las que se colaban la felicidad y la tristeza combinadas, al fin me encontraba con ellos fuera de mi vientre, y aunque era muy diferente al encuentro que una vez me había imaginado me producía la misma nostalgia y la mis desazón, había tal sensación de paz en el ambiente que no pude sino dejarme contagiar por ella.

No supe si tenía tiempo de espera o si ellos se impacientaron por mi demora, nadie me dijo nada y si por mi hubiera sido me hubiera plantado como esas matas al lado de esa lapida sin mayor dilación, pero algo, ellos quizá, sus espíritus me decían que todo estaba bien y que debía continuar adelante así no supiera que me deparaba el destino.

Otra vez.

Me puse de pie luego de estar todo el tiempo mirando la lapida sentada, Alice me ayudo a estabilizar mi pobre equilibrio y tuve que mirar un poco alrededor para orientarme, solo que cuando enfoque mi vista hacia la derecha, cerca de un monumento a lo que supuse que sería un personaje importante había parada una figura masculina, tenia gafas oscuras y estaba algo alejado por lo que no pude identificar bien quién era, aunque su pelo se me hacia conocido prefería no sacar conclusiones, pero me sentía intensamente observada por él, así estuviera a bastante distancia.

Preferí hacer caso omiso de mi incomodidad y me senté con la ayuda de Alice en la silla de ruedas, los dedos de ella tocaron las cicatrices que tenía en ambas muñecas y aun alejada de mi pude sentir como se estremeció, las mire. Era la primera vez que analizaba detenidamente mis cicatrices que se extendían hasta un cuarto de la mitad de mi brazo, eran dos líneas gruesas y blancas, pero no desagradables a la vista, aunque poco me importaba, no estaba en mi eso de exhibirme y no me iba a acobardar por unas simples cicatrices físicas cuando las que tenia por dentro estaban en riesgo de desangrar.

Alice me llevo supervisada por el enfermero hacia la ambulancia nuevamente, ninguno objetó cuando tuvieron que cargarme de vuelta a la camilla.

Uno de los enfermeros me dio un vaso con agua antes de acostarme, sabia raro pero no hice ningún comentario.

Mas adelante caí en cuenta de que debía ser el sedante, por que así debía ingresar a la clínica

Quince minutos después, o bien pudieron ser quince horas, la ambulancia se detuvo, mantuve mis ojos cerrados en todo momento aunque no habría tenido mucho que ver ya que todo lo que me rodeaba era equipo médico y Alice, y a ella ya la conocía demasiado bien.

Baje de la camilla sintiéndome tan adormecida que me pregunte si el lugar no tendria algo así como sedación en el aire, aun consiente podía respirar el aire que circundaba, el silencio roto solamente por el sonido de los pájaros cantando.

Escuche muchos buenas tardes, luego seguidos de adelante y finalmente cuando volví a abrir mis ojos, vi que aun acostada en la camilla estaba siendo conducida hacia mi nueva habitación.

Extendí mi mano en un gesto silencioso para que Alice la tomara y ella se adelanto a sujetarla a raíz de mi gesto.

-Tranquila, Bella, todo va a estar bien.

Sinceramente así lo esperaba, después de todo no era que hubiera tomado ninguna decisión enteramente correcta en toda mi vida.

Mire a mi alrededor, había mas enfermeros que en la ambulancia y todos parecían bastante preocupados porque me sintiera bien y cómoda, aunque me sorprendió cuando llegamos a mi habitación, grande, aireada y con una primorosa vista del jardín exterior.

-Señorita Swan, si es tan amable…-

Uno de los enfermeros se acerco a la camilla y me sujeto en sus brazos para llevarme, con todo el cuidado del mundo, hacia la espaciosa cama, la cual desprendía un ligero olor a madera y ropa de cama nueva.

- En unos momentos vendrá el personal de admisiones para hacerle su ingreso y posteriormente vendrá la coordinadora de la clínica para darle las indicaciones y normas de la institución.

- Muchas Gracias – respondió Alice por ella y por mí, cuando cerraron la puerta Alice miro todo alrededor como si no pudiera creer que existiera tanta comodidad.

-no pensé que este lugar…es decir… ¿crees que el seguro medico cubrirá algo como esto? – le pregunte desprendiéndome de los últimos retazos de la sedación.

Alice se quedo callada unos segundos, como si dudara en contestarme, luego hablo pero había tal inseguridad en su tono que me hizo plantearme seriamente la posibilidad de que me estuviera mintiendo.

- no te preocupes, ya hicieron todos los arreglos…-

-pero mi seguro medico…no creo que…- insistí con terquedad, pero ella me interrumpió.

-no te preocupes, Bella, todo estará bien.

Parecía querer convencerse y convencerme pero como antes, decidí no ahondar en el asunto.

Alguien toco la puerta en ese momento, Alice dio permiso para el paso.

Se trataba de una mujercita enjuta de y de cabellos rojos que tenía en su mano una tabla con lo que parecía ser un formulario.

- Buenas Tardes, me llamo Shelly Cope y necesito tomar todos sus datos para hacer su ingreso a la base de datos de la clínica.

Deje que Alice hablara por mí, a la señora Cope pareció no molestarle así que ella respondió todas sus preguntas y los datos míos.

Cuando salió Alice me sonrió y me dijo.

- Debo irme, Bella, pero vendré a verte en la noche antes de que se acabe el horario de visitas.

Asentí por que no me sentía con fuerzas para mayores entusiasmos, correspondí a su beso en la mejilla y ella salió.

Mire hacia el atardecer que se erigía hacia la noche en todo su esplendor, tampoco supe cuanto tiempo paso solo lleve mi mirada hacia la puerta por donde en ese momento entro la Dra. Hale.

- pero…- dije sin comprender porque suponía que ella estaría en el Hospital Estatal haciendo su consulta.

-, si…creo que olvide mencionárselo…- dijo ella permitiéndose sonrojarse por habérmelo ocultado - yo soy la coordinadora de esta clínica psiquiátrica. Reemplace a mi mama cuando falleció…

La Observe bastante sorprendida de que alguien tan joven tuviera un cargo que parecía ser tan importante e interesante, además ella no había mencionado nada en el Hospital Estatal.

- por regla recomiendo el sitio, pero está en cada paciente y familiares el escogerlo, aunque me alegra que haya venido aquí, se que se encontrara a gusto, o al menos lo espero.

- Gracias, Dra. Hale – dije mirándola.

Luego las preguntas comenzaron por parte de ella, me dijo antes de eso que iba a ser mi psiquiatra de cabecera y que las terapias iban a ser con ella y con alguien llamado Dra. Denali, que ambas iban a tomar mi caso y que en el momento en que yo lo decidiera podía retirarme de la clínica ya que había decido voluntariamente acudir allá.

– le pregunte en el momento en que estaba a punto de irse.

- por supuesto, creo que podemos arreglar algunas visitas programadas. – dijo sin darse la vuelta.

- Gracias. – musite

Cuando se marcho me puse de pie, precariamente claro, aun tenía que volver a acostumbrarme a usar mis pies.

En el momento en que salía Alice entro. Venia cargada con unas flores en las manos, las que puso en la cama rápidamente para acudir a ayudarme.

- ¿pero... que estás haciendo? – dijo cuando me acomodo en la cama nuevamente.

- evitando que me dé una cistitis – le conteste sonriendo levemente ella me devolvió la sonrisa. – ¿y esas flores? –

- son de parte de Jasper, dijo que las encontró fascinantes y que pensó en ti, para alegrarte el día, le pediré a una enfermera que nos consiga un florero.

- son muy hermosas, debes decirle a Jasper que se lo agradezco un montón- dije observando sus colores y matices como si pensara hacer un cuadro con ellas.

- no hay problema, también tengo algo…

Otra vez se daba el mismo incomodo silencio que había con la Dra. Hale, cuando ambas hablaban, al parecer sin pensar, sentía que algo muy grande volvía a estar siéndome ocultado y no era una sensación agradable, porque tenía el ligero presentimiento de que no me iba a gustar saber la verdad.

Ella saco de su bolso una bolsita pequeña de color rojo, parecía bastante fina.

- creo que te va a gustar – dijo acercándola a mí.

La mire sin comprender porque me daba un regalo, pero me miraba de una manera tan ansiosa que no tuve más remedio que abrir la bolsita y extraer la cajilla de tela que había en el interior.

-¿que es esto? - le pregunte señalándola

- es para ti…es un regalo…- su voz estaba teñida de mucha, mucha emoción.

- ¿de quién? - le pregunté sin comprender y sin abrir la caja.

-de… de mi, Bella por favor ábrelo. – rogo.

Así lo hice, bastante confundida, cuando vi lo que guardaba en el interior me quede muy sorprendida. Era una joya, una que a leguas se podía notar que era exquisita, se trataba de un rosario de oro, la cadena era delgada y cada gema, las que representaban los ave maría, era una perla también pequeña, una cruz dorada adornaba la punta del rosario y brillaba tenuemente con piedrecillas incrustadas en ellas asemejando la forma de un Cristo. Era una joya sencilla pero al mismo tiempo magnánima, no supe que decir excepto lo normal que esperaba en mí:

- Alice… no puedo aceptarlo...

- ay por favor – dijo ella cerrándome la mano en la cajilla – se que vas a rezar mucho en estos días, y me pareció un regalo perfecto para ti, te hará compañía y quizá, solo quizá me hará presente en tus pensamientos – la voz de ella sonaba, de alguna extraña manera, ensayada, como si hubiera oído esas palabras antes y las estuviera repitiendo, - es como un pequeño suvenir, algo con lo que alguien se hace presente…así no sea de manera real.

Asentí aun sin comprender su lógica tome el rosario entre mis dedos, de alguna manera se sentía cálido y reconfortante pero había algo en el que no me recordaba a Alice en absoluto... el dorado de la cadena entre las que estaban las perlas tenía un color casi cobrizo… y en vez de pensar en Alice, irremediablemente comencé a pensar en Edward…

Sacudí mi cabeza un poco y mis manos por voluntad propia aferraron la primera perla.

- iré a hablar con una de las enfermeras para que me consiga una cobija, si quieres que me quede…- dijo ella mirándome con los ojos acuosos y grandes (háganse una imagen de Alice con los ojos de Gato, el de Shrek)

- eso no necesitas preguntarlo - le dije lentamente.

En cuando salió me puse lentamente de pie, no debía hacerme dependiente a la entera ayuda de Alice si quería recuperar algo de mi normalidad, camine hacia la maleta y saque de allí una pijama que ella me había comprado, una de pantalón blanca y de osos azules y conejos grises, de premamá…

Me la puse encima despachando la anterior y fui al baño que la habitación tenía incorporado a lavarme los dientes. Cuando volví a salir de baño Alice aun no había vuelto, así que me quite las pantuflas, me recosté en la cómoda cama y mire hacia fuera dejando que la noche siguiera cayendo sobre la habitación oscura.

Mi mano viajo a la mesa de noche, allí mis dedos se cerraron sobre el rosario cálido, y sin más comencé a rezar uno tras otro los avemarías y padrenuestros mientras algo de la paz que buscaba se colaba por entre el silencio que me rodeaba. Mientras oraba comencé a llorar sin proponérmelo, porque aun sin terminar de abrir la puerta a mis pedidos, sabia por quienes y por qué iba a pedir…

Cuando la última avemaría salió por entre mis labios, susurrado, comencé a recitar en mi mente.

"Querido señor, sé que no he sido una hija ejemplar, y vaya que no lo he sido, pero aun así quiero pedirte algo, no dejes que mis pecados afecten a lo que más quise y quiero en el mundo así no estén aquí, no dejes que por mis culpas, temores y malas acciones, mis dos ángeles sucumban en el infierno que debí padecer, admite su entrada al cielo y dame un poco de serenidad, de calma para admitir cada error que he cometido, para poder comenzar a enmendarlos sin caer en el proceso, para comenzar a vivir la vida que nunca me he atrevido a conocer, sin la interferencia del dolor, del daño, de los hombres…de ese hombre. Ya que no morí, permiteme conocer un modo de existir diferente al otro. No me condenes, sabes que he sido condenada desde el momento en que nací, ayúdame a sobrevivir con este dolor que me está carcomiendo el alma, ayúdame a salir adelante, si por cosas del destino, tuyas o del mismo infierno no pude abandonar este mundo, ayúdame a que el hecho de quedarme signifique algo. Ayuda a Jasper y Alice, para que encuentren la felicidad uno en el amor del otro, ayuda a Jacob, para que también puedas ser feliz al lado de la mujer que escogió. Ayuda a todos los que me rodean. Ayuda a Edward…ayúdalo a encontrar su verdadero camino…no dejes… no dejes que sufra – mis pensamientos boquearon con dolor al mencionarlo a él en mis oraciones, pero como había dicho antes no podía guardarle rencor…sencillamente no podía, no estaba en mi naturaleza odiar, a pesar de que bien tenía motivos para hacerlo, debía ser ruda, fría y sin sentimientos, pero aun por el contrario, oraba por él, oraba por la salvación de nuestras almas, por la condena a la que ambos nos sometimos, el por traicionarme y hacerme lo que me hizo, y yo por caer en su juego y tratar de matarme, por eso debía ponerme la máscara de odio, porque tal vez así pudiera hacer esto mucho más soportable. – solo mantenlo alejado de mí, no soy nadie para pedir tu voluntad, pero no creo que pueda soportar mirarlo sin recordar todo lo que perdí por él, lo que siento por él. O por lo que haya sido, por la naturaleza, por el destino, por tu voluntad…Te respeto, y sé que siempre tienes algo planeado para tus hijos, si no debí morir por designio tuyo muéstrame solo una señal, una sola señal que me haga ver lo que está siendo planeado para mi…"

Me quede dormida con el rosario en mis manos, Alice aun no volvía y me sentía tan cansada que casi alucine cuando sentí pasos en el interior de la habitación.

Unos labios cálidos me besaron en la frente, pero no se trataba de Alice, era una esencia masculina que conocía demasiado bien, pero que debía ser producto de mi imaginación. Tenia que serlo.

No sabía si esa podía ser la señal. Pero de algo estaba segura, y me prometía a mi misma estarlo, cuando volviera a cruzar esas puertas de la clínica, viva o muerta, no volvería a ser la Isabella Swan de antes.

Así que esta nueva vida comenzó, al día siguiente con la ayuda de Alice me bañe me vestí y seguí ejercitando mis dedos, los pájaros hacían una esplendorosa serenata en mi ventana y ya que no sabía cuánto tiempo iba a estar ahí, le pedí a Alice que cuando saliera me trajera algo de comida para ellos. Me puse otra de los pijamas de premamá y recibí la primera visita de la otra psicóloga colega de la Dra. Hale.

-Buenos Dias…- dijo entrando en la habitación, me encogí un poco ya que si bien no era tan hermosa como la Dra. Hale, era con mucho muy bella, tenía el pelo rojizo y los ojos asombrosamente azules.

-Debo irme Bella, - dijo Alice besándome la frente – como le va- saludo alegremente a la Dra., como Alice sabia que las terapias era algo que debía pasar entre la Dra. y yo supo que era su momento de no estar.

En cuanto Alice cerró la puerta la mujer dio unos pasos hacia la cama, en donde me hallaba sentada escribiendo en mis piernas.

- me llamo Kate Denali, y seré la segunda al mando en su tratamiento.

Le sonreí para que entendiera que no debía tener reservas conmigo, y vi en ella a una potencial amiga, casi como a la Dra. Hale.

Ella comenzó con unos ejercicios de reposo mental, luego comenzó a trabajar con mi memoria haciéndome preguntas al azar y otras relacionadas con episodios de mi vida.

Cuando termino me sentía tan agotada que la cabeza comenzó a dolerme, nunca me había preciado de ser una quejica, pero parecía que estas eran las consecuencias de los actos prohibidos que cometí. Ella se despidió y partió.

Cuando salió me di cuenta de que no había algo parecido a un reloj en toda la habitación, luego me percate de que estar pendiente del tiempo no ayudaba a relajarse en absoluto.

Los días que prosiguieron a este fueron casi iguales solo que la terapia cambiaba constantemente y aunque me agotaba luego de un tiempo comencé a apreciarlas, y a sentirme bien…bien conmigo misma.

Como nunca había hecho.

Justo como había prometido visitaba la tumba de mis hijos cada semana, orando con el rosario de Alice sobre sus tumbas y llenándolos de más y más azucenas.

Salía a caminar todos los días por los alrededores de la clínica y alimentaba a los pájaros que parecían quererme más que a otros pacientes.

Ninguno congenio mucho conmigo, pero no era porque yo o ellos no quisieran, se debía a que las patologías de ellos diferían de la mía en un campo bastante abierto que incluía el ensimismamiento y las vidas en otros mundos paralelos que no eran compatibles con la realidad.

Aun así ayudaba a unos a pasear en sus sillas, particular cariño por un hombre que de alguna manera me recordaba a algo… estaba en silla de ruedas y una profunda cicatriz, de lo que parecía ser una operación impedía que creciera pelo en su cabeza dándola la extraña sensación de que estaba usando una diadema de color piel, su cabello se parecía al mío de muchas maneras y curiosamente se apellidaba Swan.

Indague a la Dra. Hale por él y me dijo que su familia venia a visitarlo constantemente, había tenido un muy serio accidente de tránsito con su esposa Renee después de que la hija de ambos, un bebe recién nacido, fuera robada de la clínica donde su madre la dio a luz. Su esposa había muerto y el había quedado invalido y con una contusión cerebral que tenía como secuelas alteraciones constantes de su estado de conciencia, también me dijo que se llamaba Charlie y tenía 44 años.

Así que sorprendentemente en este sitio hice mi amistad…Charlie me contaba muchas cosas de las cuales aun recordaba, pero en ocasiones dejaba de hablar y se perdía en ensoñaciones imaginarias a las que lo seguía por ayudarlo. Aunque me hacían reír bastante.

Gane peso, comía muy bien y cuando menos me di cuenta, en la última terapia de la Dra. Denali , la cual consistía en mirarme de cuerpo entero en un espejo y comenzar a enumerar en voz alta las cosas que me gustaban de mi, vi que había ganado curvas que no tenía antes, tenía el pecho ligeramente más redondeado, la cintura se me veía mucho mas angosta a causa de mis caderas las cuales estaban también mas redondeadas.

Me quede mirando mi imagen comparándola a como recordaba que me veía antes, era la primera vez que me miraba en un espejo sin sentirme mal…la única vez que me había mirado en un espejo y había disfrutado con ello había sido…el día siguiente a mi luna de miel.

Cuando la terapia acabo le pedí a la Dra. Denali que dejara el espejo en mi habitación. Cuando salió me dirigí al guardarropa quien estaba incorporado en el cuarto y saque al azar algo de la ropa que me había traído Alice.

La mayoría eran pijamas, aun así rebusque hasta que mis manos encontraron un vestido negro, al tocarlo inmediatamente recordé que era Emmerald quien me lo había dado y que lo había usado una vez, hacia ya mucho tiempo, cuando soñaba con tener una vida diferente.

Me lo puse y cierta satisfacción femenina comenzó a asaltarme cuando me mire al espejo, lo que me había hecho falta la primera vez que lo use ahora se veía compensado, me quedaba como un guante y mi vanidad, la que casi nunca salía a flote hizo de las suyas en todo su esplendor en ese momento.

En esas estaba, recordando cómo me veía con maquillaje encima cuando la puerta de la habitación se abrió lentamente… y cruzo por el umbral de la habitación la persona que nunca había esperando volver a ver.

Temblé al sentir su mirada sobre mí, un fiero impulso de salir corriendo, de esconderme en un sitio donde no me pudiera encontrar, asalto mi voluntad, pero me quede patéticamente quieta, en estado de shock, como si, malditamente, el aun gobernara mis emociones.

Estaba más atractivo que antes, aunque algo más delgado y con muchas ojeras…pero parecía, como siempre había creído, un príncipe salido de cuento…solo que los cuentos no podían relatar el calor que emanaba de sus ojos cuando deslizo la mirada lentamente por mi cuerpo, y luego ascendió para posarse sobre mis ojos, que a su vez lo contemplaban a él, quise usar mi mascara de odio en ese momento…quise hacerlo, pero la impasibilidad y muchos sentimientos más me gobernaron en ese momento.

Laxa, quieta, como una gelatina en la nevera…solo que el calor de su mirada podía derretir cualquier hielo, quise hacer de cuenta que conocía esa mirada, que sabia cuan cargada de mentira podía estar…pero ¿podían unos ojos mentir tan bien?

¿Qué hacia el ahí?

Edward Cullen

Agosto, Septiembre

Durante las siguientes horas me quede esperando a que la Dra. Hale terminara de hacer sus consultas, estuvo con Bella nuevamente una gran cantidad de tiempo luego salió de su habitación y me informo que ya podía pasar a verla.

Cuando entre al consultorio, me senté en la silla, ella me miro intensamente, como si estuviera evaluándome, me sentí incomodo pero preferí no decir nada, la mirada de esa mujer era muy intensa y por un segundo pude comprender la fascinación que tenía el Dr. Emmet por ella.

- ¿quería hablar conmigo? - dijo ella abriendo un cajón y sacando de él una computadora portátil.

-si…yo...- no sabía como abordarla, ni tampoco estaba seguro de hacerlo con ese tema en particular. – quería saber…que debía hacer, cual era la mejor forma de hablar a Bella sin…repercusiones.

La mirada de ella era compasiva, pero a la vez dura.

- ella necesita estar tranquila, para pensar, aceptar lo que le ha pasado y aprender a vivir con ello, creo que su presencia entorpecería bastante estos procesos.

Me sentí bastante descompuesto porque sabía que tenía mucha razón, después de todo, y aunque tal vez estuviera siendo egocentrista, yo era una de las causas por las que Bella había actuado como lo había hecho. Y suponía también que estaba esperando demasiado si quería que ella aceptara mis disculpas.

-no voy a mentirle señor Cullen, la situación de su esposa es bastante critica desde el punto de vista psicológico, cualquier cosa que pase alrededor de ella la puede alentar a hacer lo mismo que hizo antes, y dado que con lo anterior no tuvo éxito, puede confiar en mi si le digo que si ella decide atentar contra su propia vida nuevamente no podremos hacer nada para ayudarla.

El solo pensamiento de que Bella muriera hacia que mi cabeza comenzara a dar vueltas, era cierto que había tenido esa horrenda sensación los primeros días que estuvo en la UCI, pero estaba tan psicoceado acerca de que ella había vivido, que no tomaba en cuenta la nata fragilidad que la rodeaba y pensaba que ya iba a estar a salvo, por lo que decía la Dra. Hale, el hecho de que Bella pudiera intentar un suicidio acarrearía su muerte sin más preámbulos. Me sentía miserable al pensar que incluso verme podría ser el aliciente para desencadenar otra crisis como la que tuvo.

- Alice me dijo que ella… no sabe que los bebes murieron.

- tiene razón, aunque yo no diría que no es que no lo sepa, ella aun no lo ha aceptado, se encuentra en un lapso que comúnmente llamamos negación, ante noticias de tal magnitud solemos entrar primero en la etapa de negación intentando hacerlo más llevadero, pero en la superficie aun somos incapaces de aceptarlo.

- ¿y que pasara cuando se dé cuenta? –

- tendremos que tener cuidado cuando hablemos con ella, si ella lo descubre por sí sola el impacto va a ser menor que si se lo dijera alguien más.

Asentí pensando en cuando tiempo tendría que pasar antes de poder sentir a Bella enterrada en mis brazos, cuánto tiempo tendría que transcurrir antes de poder confesarle la verdad de mis sentimientos, y más aun cuanto tiempo tendría que pasar antes de que me creyera.

- su esposa tiene temple, aun cuando lo esconda tras esa barrera de fragilidad. Ella sabrá salir adelante. – dijo ella reclinándose un poco en su sillón.

- ¿qué me aconseja? – pedí tras un momento de silencio.

- paciencia…mucha paciencia y comprensión, no puede esperar que en medio de nada ella recupere los sentimientos hacia usted, o cualquier otra emoción distinta al dolor y la tristeza.

- eso lo entiendo – dije tercamente – quiero decir…- ahora me sentía como un mariquita confesándole mis sentimientos a una desconcordia, mis preocupaciones, pero no pude evitarlo, no tenía a nadie que me guiara y aunque esta mujer era una desconocida, podría pronostica que pasaría tiempo con Bella, tal vez ella pudiera ayudarme. – cree que algún día ella pueda… ¿perdonarme? –

El silencio que siguió me dio casi toda la respuesta que necesitaba.

- eso depende total y absolutamente de ella –

Estuvo en la punta de mi lengua pedirle que intercediera por mí, pero luego me percate de que, siendo una profesional, y siendo medico de Bella, no podría hacer algo como eso. Y de nada valía el dinero, aunque había prometido jugar sucio si era necesario, no podía hacerlo, al menos no por ese lado, no quería presionar a Bella, aunque así me diera una ventaja.

- ha tomado la decisión de internarse en la clínica psiquiátrica que me heredo mi madre.

La contemple en silencio pensando en que podría hacer Bella en un sitio semejante.

- ¿por qué? –

- porque yo se lo sugerí –

Eso no respondía mi pregunta, ¿acaso ella había enloquecido, o sentía que lo había hecho? ¿Podría haber llegado mi maldad a tanto?

- ¿hay algo en lo que pueda ayudarla?, lo que sea y ella no tiene por que enterarse.

Ella sonrió tenuemente.

- aunque quisiera atender a todos mis pacientes de manera gratuita debo velar por la subsistencia de la institución que fundó mi madre. la internación de su esposa no alcanza a ser cubierta por el seguro medico que posee.

- le pagare lo que sea, dígame usted a que banco se debe girar y la cantidad que requiera.

- por el momento veremos hasta que punto cubrirá su seguro medico, posteriormente le hare una inmediata notificación con los requerimientos.

- y cuáles son las condiciones del traslado.

Ella comenzó a explicarme que para preservar la salud de Bella y para prevenir cualquier tipo de eventualidad ella debía ser trasladada en un transporte ambulatorio medico, una ambulancia para mayores entendimientos, le dije que la pagaría y volví a ofrecerme para cualquier cosa que necesitara. Ella me dijo que más o menos en un mes, cuando la salud de Bella hubiera terminado de estabilizarse del todo tendríamos todo listo.

Los días pasaron, me parecían a mi tan lentos y faltos de vida, tan vacios y tan poco atractivos que me hacían preguntarme si no estaría yo también listo para irme a un psiquiátrico convencional.

Entre esos días visite la clínica de la Dra. Hale, allí un guía me mostro las instalaciones y me dije que si Bella buscaba un poco de descanso este sería el mejor lugar para proveérselo. Pague por adelantado la cuenta de ella en el Saint Thomas para que tuviera todas las comodidades y demás, esto no solo se lo debía sino que me correspondía hacerlo como su esposo, así ella pensara que yo había dejado de serlo hacía mucho tiempo, ahora mis días se dividían entre visitas regulares a mi empresa, cuyo último proyecto conjunto, por el que jugué con la vida de Bella, sarcásticamente iba viento en popa, abrí una cuenta personal a nombre de ella, siendo su esposo y por los malditos papeles que me había firmado, tenia patria potestad sobre cualquier bien material que ella tuviera, el dinero de este fue recaudado en la cuenta de ella, cada ganancia iba a parar allá y ella podría disponer de él en cuanto quisiera hacerlo.

En conjunto con James solventamos las ligeras deudas que tenia la empresa a raíz de mi ensimismamiento en el cuidado de Bella, luego aparte de contratarlo nuevamente como mi abogado James se convirtió en mi asistente personal y su hija Sheila en mi secretaria.

Ese mes que menciono la Dra. Hale llego después de lo que para mí, como decía antes, fue mucho tiempo, pedí a James que se hiciera cargo de todo y vigile de cerca los preparativos para la partida de Bella, para ello conté con la discreción de Alice, Jasper, Jacob y los doctores Hale y Brandon. Ninguno de ellos mencionaba mi nombre ante ella y aunque me dolía terriblemente no mencione nada, si esto era por el bien de la mujer que amaba no podían quejarme de nada.

Con la ayuda de James contratamos un servicio de ambulancia Premium cuyo modo era "lo que el paciente requiera"

Un día antes tuve una conversación con la Dra. Hale. Parecía compungida y temí lo peor, me acerque a preguntarle, obviando con mucha dificultad el impulso de ir a la habitación de Bella y ver como estaba, impulso que había obrado en mi desde que me diera cuenta de que cuando estaba dormida eran las únicas ocasiones en las que podía acercarme a ella,

- ha averiguado lo de los pequeños – dijo ella apretando los labios.

- maldita sea…- dije antes de poder contener mi lengua, me pase la mano por los cabellos empezando a preocuparme enormemente por Bella y casi corriendo a reunirme con ella sin importarme nada.

- lo está tomando bastante….con mucha resignación, creo que en el fondo y tal como muchos, lo sabía, solo que se negaba a aceptar la verdad.

-¿ha afectado esto su decisión? – pregunte

- eso es exactamente lo que se me ocurrió pensar, y créame, se lo pregunte, pero no debe preocuparse, ella piensa que alejarse de todo un poco la ayudara a sobreponerse.

Quería alejarse de todo, de mí principalmente, cada día la sentía más lejos a pesar de que trataba de hacer todo para acercarme, silenciosamente pero acercarme, ayudarla. Enterré las manos en la cara y comencé a meterme de lleno en una crisis de no sabía qué. Otra vez volvía con la odiosa sensación de estar atado de mano sin saber qué hacer. Nunca había pasado algo semejante.

- no puedo estar alejado de ella, usted lo sabe –

-créame, si no lo expresara usted tan profunda y abiertamente ya le hubiera dado un bofetón y le hubiera escupido en lacara.

Su lenguaje en esa oportunidad fue rudo, tal vez se tratara de una feminista aunque bien sabía yo que feminista o no me hubiera merecido eso y más.

Ella se despidió y se fue, luego Alice se apareció en mi campo de visión.

- saldrá en una hora, será mejor que no estés por acá para ese entonces.

Se la veía triste, parecía que había hablado con Bella, yo estaba muriendo por ir a ofrecerle consuelo pero sabía que podía lanzarlo a mi cara, y verla haciendo eso estaba mas allá de lo que podía soportar.

Así que mientras Alice se devolvía a la habitación para terminar de ver a Bella, yo baje por el ascensor hacia el parqueadero y me estacione dos autos mas allá de donde se encontraba la ambulancia que habíamos contratado.

Media hora mas adelante la ambulancia dejo el estacionamiento y se ubico en la parte frontal del hospital, la seguí a prudente distancia mientras mis ojos supervisaban la valiosa carga que ellos iban a trasladar.

En cuanto partieron mis nervios se pusieron de punta por cualquier cosa que pasara, parecía una mujer demasiado preocupada por su hijo, solo que no había nada de fraternal en la preocupación infernal que sentía hacia Bella. Aun a lo lejos pude ver su rostro delgado y con ojeras de cansancio y preocupación, su salud aun no estaba recuperada, pero ella había tomado la decisión, y aunque no estuviera totalmente de acuerdo, aun así debía apoyarla.

Conocía el camino hacia la clínica desde el hospital así que cuando la ambulancia se desvió un millón de razones `por las cuales podía haberlo hecho me asaltaron la precaria tranquilidad, no era suficiente consuelo que Alice fuera con ella cuando deseaba hacerlo yo, y cuando estuve a punto de enterrar el pie en el acelerador y obligarlos a detenerse, vi que se estacionaban al frente de una floristería que me hizo recordar la que había visitado la semana pasada para llevar flores a los niños.

Bella bajo de la ambulancia en una silla de ruedas, su aspecto cansado pareció atenuarse mas, contuve el impulso de saltar del auto e ir tras ella pero al parecer solo estaba seleccionando flores, cuando vi de lejos en su mano el ramo que había seleccionado, una emoción clandestina y agradable recorrió todo mi cuerpo y alma, recordaba bien esas flores ya que el día de nuestra boda, así en ese momento no me sintiera de la misma forma, ella había llevado un ramo similar, lleno de azucenas y hermosamente decorado. Tal vez ella no las seleccionara en particular, pero se habían convertido en las flores favoritas, las que ponía cada semana en la tumba de mis hijos, excusándome una y otra vez por todo lo sucedido.

Bella regreso a la ambulancia, las flores cerca de su rostro la hacían parecer un angele hermoso, enfermo, frágil, como una palomilla de la paz. Solo que aun a esa distancia podía ver que aun no había paz en esos ojos antes brillantes y ahora turbios. Yo era el causante, me sentía lo suficientemente culpable como para desear estar muerto, pero no etaba muerto, estaba vivo y aguantándome lo que me merecía…

En verdad esperaba que todas mis plegarias, la costumbre de visitar a la capilla lo cual hacia más seguido que nunca en mi vida, esperaba que todo hubiera sido escuchado, que ella encontrara la felicidad, conmigo a su lado o sin mí, ya nada de eso importaba, pero como había dicho antes, no me iba a dar por vencido tan fácilmente, podía ser que aun tuviera tiempo.

Subí a mi auto rápidamente cuando la ambulancia siguió su camino, continuaba desviándose del camino normal, y solamente cuando vi la familiar senda para llegar al cementerio me di cuenta a donde quería ir ella.

Y volví a sentirme como un pedazo de suela, yo debería estar ahí con ella, lamentando ambos la perdida que habíamos sufrido, peri al tiempo sintiéndonos felices de poder estar juntos, uno apoyando al otro y viceversa.

Dolía, cuando dolía.

Me hice bajo la estatua de un libertador antiguo en cuyo honor se había hecho el monumento, desde ahí podía contemplar la escena que más dolor me había causado alguna vez, aparte de verla a ella en el estado en que la encontré cuando la fui a buscar a su casa. Me puse unas gafas de sol sobre los ojos por si acaso.

A leguas pude ver sus lagrimas, su dolor, la resignación de la que la Dra. Hale había hablado, todo combinado en sus dedos rozando la fría piedra. Me preguntaba en esos momentos si ella encontraba que sus dedos deseaban acariciar la piel suave y lozana de los bebes, si ansiaba tenerlos en sus brazos como yo, si pensaba en mi en ese momento y solo podía recordar todo lo malo que le había dicho.

Era una indagación tonta, claro que hacia todo eso, ella los había tenido dentro de ella varios meses, había conocido de ellos un poco, yo no tuve la oportunidad así me sintiera más cercano a ellos cuando visitaba su tumba. Quería estar al lado de ella, quería que ella me consolara y quería consolarla a ella, quería apretarla entre mis brazos, besarla en el rostro y respirar en su boca, decirle cuanto lo sentía y cuanto la amaba, prometerle el cielo mil veces y cumplírselo cada día.

Paso hora y media antes de que Bella tuviera el suficiente valor para retirarse, había demorado casi exactamente el mismo tiempo que había hecho yo la primera vez que los visite.

En cuanto se puso de pie no tuve tiempo de esconderme detrás el ídolo y sus ojos conectaron con los míos de una manera profunda.

Casi podía apreciar la confusión en sus ojos, pareció no reconocerme pero aunque las distancias nos separaban, en ese momento, con esa mirada, me sentí más cerca de ella de lo que me había sentido desde el día en que hice la falsa conclusión sobre ella y Jacob.

"Adiós por ahora, mi amor" le dije con el pensamiento mientras ambos dejábamos de mirarnos, ella siguió hasta la silla de ruedas y una vez allí se devolvió a la ambulancia, yo camine hacia mi carro y lo encendí, al ser pequeño podía transitar por el cementerio sin problema, pero supuse que la ambulancia seria otra cosa.

En cuanto la subieron, esta vez se tuvo que recostar en la camilla, supe que estaba en buenas manos si algo malo le pasaba pero eso no evito que siguiera preocupándome.

Finalmente retomaron la carretera que conducía hacia la clínica.

Al llegar allí permanecí rezagado hasta que la ingresaron, solo en ese momento me permití bajar del auto y caminar por los alrededores antes de entrar. Cuando iba doblando una esquina, por donde supuse que habían conducido a Bella me encontré con la Dra. Hale.

- señor Cullen, es un gusto tenerlo acá, asumo que s su esposa acaba de llegar.

- así es - dije solemnemente.

- ¿tuvo algún inconveniente?

- fue a visitar a los niños –

-ah sí, ella menciono haber tomado esa decisión.

- no fue algo…muy alegre de ver…- dije aunque era más que obvio que ver a tus hijos enterrados era algo que iba mas allá de cualquier alegría o tristeza.

- ya verá que pronto estará bien, si ella pone de su parte la vida…va a ser mucho mas fácil para ella.

Pero no para mi, si permitía que Isabella se olvidara de mi estaba perdido para siempre, volvía a la dependencia de ella solo que esta vez alababa a esa dependencia, me ahogaba en ella y algunas veces me anticipaba a los hechos, cuando volviera a sentirla a mi lado, amándome como solía hacerlo y como yo la amaba ahora.

Me despedí de la Dra. Hale y salí hacia mi auto dispuesto a darme una vuelta por la casa a ver como estaba todo antes de volver y ver a Bella una última vez, ahora que iba a permanecer despierta más seguido me seria imposible seguir al lado de ella de la manera en que lo hacía antes.

Cuando iba camino a la casa detuve el auto de repente cuando vi lo que tenían en exhibición, especialmente mi mirada se perdio, de manera inexplicable, en un rosario perlado que estaba al frente.

El oro que lo rodeaba se parecía tanto al color de mi cabello que casi me sentí cursi, era el mismo tono que había heredado de mi madre, cobre, fino. La blancura y suavidad de las pequeñas perlas me recordaban a las lagrimas que Bella había derramado por su sufrimiento, supe que tenía que ser de ella, algo me decía que parte de la redención que Bella deseaba seria buscada en la oración, y porque quería que ella tuviera algo mío así no supiera que provenía de mi. Antes de que la dependienta me diera el precio o algo más le dije que me lo llevaba.

Me lo empaco a modo de regalo y pague la cantidad de la joya.

Alice me iba a ayudar a dárselo a ella.

Cuando llegue a la casa ya casi había oscurecido del todo, Victoria me recibió con una sonrisa tenue en los labios a la que respondí sin saber exactamente por que, luego me dijo que debía cenar antes de salir otra vez y no la contradije por lo que me ofreció, bien sabía que no tendría éxito. Vi el puesto vacio de James y pregunte si no había llamado.

- dijo que iba a cenar fuera con su hija.

Me había acostumbrado a la presencia de James en la mesa así que sin pensarlo realmente le pedí a Victoria que se sentara conmigo.

Ella permaneció reacia en un principio pero la convencí de que la echaría si no obedecía.

- siendo así – dijo con un tono ligeramente gélido. Trajo su plato de comida y lo puso en uno de los puestos de comida.

- ¿y por qué no te sientas aquí? – dije señalando la silla a mi izquierda-

- porque es el sitio de la señora – respondió ella rápidamente concentrando su atención en la comida, yo sonreí ante su sutileza y comí un poco alegando que me sentía un poco indispuesto.

Luego salí rumbo a la clínica, por la Dra. Hale sabía que no podía quedarme con ella, así que la visitaría una última vez. Y aprovecharía para dar a Alice el regalo para Bella.

Cuando estacione en la entrada de la clínica, precisamente me tope con Alice, llevaba en las manos un ramo de flores muy hermoso y llamativo.

- Buenas Noches Alice – dije mirándola a travez de las flores.

- ah Edward…lo siento…-

- ¿que es esto? – dije señalando las aromatizadas plantas.

-ah….es un ramo para Bella, para adornar la primorosa habitación que pagas para ella – cerro la boca de repente ante la imprudencia de su comentario – lo siento….- dijo después de un segundo

- desde que no mencione algo así frente a Bella todo está bien…creo que mencionarme la perturba – la sonrisa de Alice se apago.

- debes comprenderla –

- si lo hago….- dije pensativamente, luego recordé el regalo en mi bolsillo – ¿ya que vas de regalos con Bella podrías darle esto? –

Ella soltó uno de los lados del ramo cuyas flores oscilaron casi peligrosamente sobre su coronilla.

- ¿qué es? - pregunto mirando la cajilla que había seleccionado para él,

- Un regalo, de mi parte…no debes decirle de quien viene.

- no lo hare, pero no creo que Bella lo acepte…es bastante quisquillosa con que le regalen cosas.

Si, Alice tenía razón, Bella era la sencillez en pasta, sabía que era porque había tenido tan poco en su vida que no tenía nada que anhelar, no deseaba anhelar nada porque debía creer que no serviría de nada desearlo-

- Haz que lo acepte, es un regalo mío, quiero que ella lo tenga….creo que va a rezar mucho en estos días y esta joya podría hacerle la compañía que ella desea mientras lo hace….tal vez incluso, si tengo suerte piense en mi – las mejillas de Alice se sonrojaron primorosamente cuando dije esto. –

- estoy segura de que lo hace - comento en voz baja.

- peor no como yo quisiera….no piensa en mí con amor….piensa en mí como la sabandija que arruino su vida.

- te repito que no puedes culparla.

- no lo hago, solo me auto castigo como un maldito mártir, aunque no sirva tecnicamente de nada… quiero hacerme presente con Bella, así sea con esto.- señale la caja. – entrégaselo por favor.

- Así lo hare, descuida Edward –

- Gracias, pasare a hablar un momento con la Dra. Hale.

Alice siguió su camino, pero yo no iba a hablar con la Dra., yo quería espera a que Bella estuviera dormida para despedirme de ella.

Estuve vagando por la clínica hasta que se hizo entrada la noche, era aun temprano pero supuse que era tarde para un sitio en donde los pacientes acostumbraban a dormir a las nueve de la noche.

Después de una o dos vueltas más me dirigí hacia la que la Dra. Hale me dijo que sería la habitación de Bella, bajo mis ordenes había quedado acordado que sería la más amplia, en donde ella tuviera libertad de movimiento y no se sintiera atrapada. La Dra. Hale había seguido mis indicaciones al pie de la letra, le pedí que no dijera nada de esto a Bella y ella estivo de acuerdo.

Esperaba que ella ya se hubiera dormido y cuando cruce el umbral confirme mi sospecha. Estaba arropada hasta la mitad y en su mano derecha, aun dormida, apretaba el rosario que había comprado para ella unas horas antes, aun con esos pocos hechos me sentí muy tranquilo y extrañamente feliz, gracias a Alice ahora Bella tenía algo mío, aunque técnicamente no supiera que provenía de mí, eso no importaba, si yo lo sabía era suficiente, no mucho pero lo era.

Me acerque con sigilo hacia la cama, admirando el envés de su rostro sumido en el sueño, quería besarla, moría por hacerlo, pero corría el riesgo de despertar así que en lugar de plantar en su boca el beso que anhelaba, cargado de toda la pasión que había guardado por ella y para ella, deposite un suave beso en la frente percibiendo el aroma jamás olvidado que desprendía su tersa piel, ahora combinado con el de las azucenas…

"Gracias, Dios Mío"- pude decir en mi mente, finalmente y solo gracias a él Bella estaba viva y si él lo permitía estaría recuperada en poco tiempo.

No sabía cuando mas debía esperar