Dark Chat

martes, 18 de enero de 2011

Mascara de Odio

Capitulo 23. Isabella Swan

Agosto, Septiembre, Octubre.

Parecía que después de que le había escrito aquella nota decisiva a Alice, el tiempo comenzó a correr más de prisa que lo normal, en un momento estaba empezando terapia con la Dra. Hale mientras le comunicaba que había tomado la decisión de irme, por otro recibía visitas periódicas de Alice y su novio y de quien luego mi mente trajo recuerdos, de Jacob.

El se mostraba más reservado que nadie pero cuando se lo pregunte me dijo, en un muy buen tono, que mi salud mejoraría bastante si comenzaba a recordar las cosas por mí misma.

También había comenzado a hacer un uso más frecuente de mi voz, parecía alguna especie de rehabilitación porque al final del mes podía hablar normalmente, aunque mi interior me decía que a quien no quería hablar era a él, a Edward.

Solo se me dificultaba el escribir porque las manos me dolían y mover los dedos también, el Dr. Brandon me dijo de que debido a la profundidad de las heridas que me había causado, algunos nervios y tejidos que habían sido reparados aun debían adaptarse a sus curaciones.

Así que en mis tiempos libres, aparte de ponerme a escribir, me dedicaba a excavar en mi memoria en busca de la información de la que él hablaba la cual encontré aproximadamente una semana antes de que me dieran salida del Hospital y fuera remitida a la clínica psiquiátrica Saint Thomas, era, según la Dra. Hale, la mejor clínica psiquiátrica y de reposo que había, me pregunte esporádicamente como haría mi seguro médico para cubrir una clínica como esa pero la Dra. Me dijo que no me preocupara, y al menos ahora, le iba a hacer caso, de nada servía preocuparme cuando podía usar mi tiempo para recordar.

También hacia terapia en las manos y en las piernas pero más que todo en las primeras por lo anteriormente mencionado.

Pero no era una sensación agradable darme cuenta de que Jacob había tenido trascendencia en mi vida a raíz de mi relación con Edward y mas saber que había sido la causa de al menos el treinta por ciento de todo lo que había acontecido después, sin embargo recordaba también que el había sido mi amigo y que no podía odiarlo por eso, jamás podría odiar a alguien que me hubiera dado su amistad.

Lo que nos llevaba a Edward, a él si podía odiarlo porque su amistad y su amor habían sido solo mentiras. Aun me anegaba en lágrimas con el recuerdo de ese suceso, todo lo que me había marcado, y todo lo que aun me faltaba por recorrer.

Desde el día del incidente con el matón no había vuelto a verlo, cada día que pasaba me venían a la cabeza más imágenes y hechos que había vivido con él inclusive la detestable sensación de que aun después de todo podía seguir amándolo sin importarme nada más.

Si, era vergonzoso de admitir, después de todo lo que había pasado, de lo que me había hecho y de la marca que me había dejado aun podía sentir amor por él, pero era algo definitivo que no íbamos a estar juntos nunca, principalmente porque no había amor de parte de él y segundo, porque si daba mi brazo a torcer me estaría mostrando incluso más débil que antes y eso no lo podría consentir. Tercero, por que tenia bastas razones para creer que Edward se había olvidado de mi desde que dije que no quería volver a verlo… ¡que tan rápido se había dado por vencido!, seguramente la culpa que debía sentir había sido eximida cuando supo que deseaba tenerlo lejos de mi. Pero vaya si comenzaba a extrañarlo. Me obligaba a no pensar en el, pero en algún momento siempre acudía a mi memoria, inevitablemente.

Recordaba también retazos de hechos relacionados con mis hijos, pero aun no podía esclarecerlos y esperaba que me sirviera de algo la ida a esa clínica para esa y muchas otras cosas más.

Trataba de pensar en eso más que en nada pero mi mente siempre me llevaba a ellos y estaba comenzando a desesperarme.

El día indicado llego, con la ayuda de Alice empaque las cosas que había ido recopilando a la largo de mi hospitalización, en una pañalera aparte empaque, con todo el cuidado que requería, la ropa que supuse que había comprado para los niños, aunque no me embargaba el entusiasmo que debería, lo cual me daba cierta idea de que era lo que había pasado, aun me negaba a aceptar algo malo a pesar de que todo mi ser así lo dictaba pero armándome de una fuerza que salía de no sabía dónde, seguí respirando y haciendo uso de mi memoria.

En el momento en que estaba sentada en mi cama doblando un babero minúsculo la puerta se abrió y entro la Dra. Hale, tenía una sonrisa tenue en los labios y parecía sonrojada.

- ¿como amaneció hoy?- me pregunto tomando la silla en donde habitualmente se sentaba Alice a leerme.

- no lo sé – dije secamente, no por incomodidad sino porque tenía una sed terrible que no se me pasaba con nada, pero sabía que era por los medicamentos que había tenido que ingerir para dormir, ya que había sido presa de un insomnio bastante anormal de un mes para acá. – creo que…con deseos de conocer lo que será mi hogar por un tiempo.

- me alegra que piense en el sitio de esa manera, de ningún modo queremos que se vaya a sentir presionada o intimidadada por internarse en un sitio que puede hacerle bien.

- eso espero- asentí cerrando la cremallera de la pañalera.

- ¿es la ropa de los niños? – pregunto ella mirando lo que hace unos segundos tenía en la mano.

Su pregunta me callo como un dardo en el alma, especialmente por el tono de comparecencia que parecía haber en el, ella también sabia pero no quería decírmelo. En ese segundo dude mil y una veces antes de poder abrir mi boca, pero la desesperación de la que fui presa y mencione antes pudo más que mi débil voluntad. Todos los instintos que poseía me decían que no debía tener esta conversación.

-¿puedo preguntarle algo? - le dije mirándola a los ojos, me devolvió la mirada con creces-

- adelante – asintió.

- como psiquiatra que es, ¿cree que es sano para la mente de un paciente mentirle para recuperar su salud? - ella se turbo un poco pero debía darle el crédito de que se recupero en menos de dos segundos.

- ya veo a donde quiere ir con su pregunta – la suspicacia mezclada con algo más tiñeron sus rasgos.

- es solo que la incertidumbre me está matando… y quiero saber con qué cuento para recuperarme. – explique intentando no sonar desesperada y fallando estrepitosamente.

-¿y qué hará si se lo digo? – me sondeo lentamente, me puse a pensar en mis posibilidades pero solo había una salida, morir cada día con mi dolor e irme a esa clínica a hallar el poco de paz que siempre añore.

- si se refiere a que algo me hará cambiar de opinión sobre ir a la clínica pierda cuidado, creo que nada podría evitar que fuera allá, aunque me enterara de que están muertos…-

Iba a seguir hablando pero fui consciente de cuanta verdad había en mi frase no acabada, y como mi memoria, que había jugado conmigo desde que fui consiente nuevamente, atraía a mi boca la verdad no mencionada.

Finalmente en medio segundo descubrí lo que en un mes fui incapaz de recordar, más que todo, incapaz de aceptar, lo que mi mente me había estado diciendo desde que recupere la conciencia.

Ellos se habían ido…para siempre.

El conocido golpe de dolor invadió cada célula de mi cuerpo.

Baje la mirada mientras las insoportables lagrimas inundaban mis ojos y mi mente continuaba haciéndose más clara.

Pero no solloce infernalmente como cualquiera en mi lugar habría hecho, no lo hice, por que recordaba ya haber pasado por esta emoción vacía e infame, ya había vivido el dolor de esa noticia de una manera trágica… ellos habían sido la razón de mi intento de suicidio, eso junto con Edward.

La soledad y el dolor que sentía al enterarme por fin eran algo con lo que ya me encontraba familiarizada.

Quería volver a llorar, quería hacerlo, pero parecía haberme quedado seca y fría, tomaba esta noticia con tanto estoicismo que me pregunte si yo sería la misma persona de entonces… si algo había cambiado en mi.

- lo siento mucho - murmuro la Dra. Hale conmovida con mi reacción – en la mayoría de casos negar los hechos hace más llevadera la situación cuando la verdad llega…y queríamos que fuera usted misma quien lo descubriera y se diera valor para continuar.

Quise pensar que estaba equivocada, casi lo creía, valor para continuar… quise reírme de su ingenuidad y de la mía…quise hacer tantas cosas, pero por unos momentos me había quedado en blanco…seca…fría…rota.

- ¿podría decirme que paso? – le pregunte esperando que su concepto medicinal no me hiciera tanto más daño.

- sufrió lo que se llama Ruptura Prematura de Membranas, lo cual provoco que el liquido en donde sus gemelos estaban flotando saliera de su cuerpo, antes del tiempo debido conduciéndola a una cesárea como procedimiento de urgencia… pero eran unos bebes muy pequeños así que las probabilidades de vida no eran muchas.

Así, tan técnico y a la vez tan exacto…

- ¿fue…mi culpa? - le dije en un hilo de voz mirándola nuevamente a los ojos, los míos debían estar rojos por las lagrimas contenidas y no lloradas.

- no señora,- afirmo ella con tal seguridad que no tuvo que repetírmelo dos veces - los casos no son comunes pero tampoco son extraños… en el 20 % de los embarazos suele presentarse y la mayoría de ellos con deceso del bebe.

Respire hondo, me sentía aliviada y al mismo tiempo sin fuerzas para seguir… solo tenia una frase en mi cabeza que empezaba a repetirse constantemente "tu estas destinada a una persona".

No recordaba habérsela escuchado a nadie y sin embargo permanecía dentro de mi cerebro haciéndome rechinar los dientes.

Mire hacia la pañalera que había estado alistando como si perteneciera a una extraña, con cuanto amor había esperado su nacimiento, con cuanto fervor había intentado negarme a mi misma lo que en el fondo siempre estuvo más claro que el agua.

La aparte de mi cama como si estuviera despidiéndome de un recuerdo amargo, pero no podía despedirlo, no, porque a pesar de todo el tiempo que pasara, a pesar de que existía la posibilidad de recuperarme siempre iba a tener este dolor en el alma y parecía no haber nada en el mundo capaz de hacerlo soportable o llevadero.

Volví a pensar en que cualquiera en mi situación actuaria diferente pero ya estaba llena de ciega resignación, ya había leído sobre esto, primero llegaba el golpe, luego la etapa de negación, en la que nos cerrábamos a todo menos a lo que nosotros mismos creíamos, ahora venia lo demás… aprender a vivir con ello.

Seque las únicas dos e involuntarias lagrimas que brotaron de mis ojos por que caí en cuenta que de nada me serviría llorar, ya lo que tenia perdido lo estaba para siempre y si quería seguir luchando tenía que armarme de valor, tal vez lo que paso con los bebes fuera culpa de Edward o mía, tal vez no, eso no importaba ya, lo único que quería era sentarme a divagar por un buen tiempo, sola.

¿Que mejor terapia que quedarme en una clínica de reposo?

- ¿puedo pedirle un favor? – mi voz, por unos momentos, volvió a escucharse como cuando desperté.

- por supuesto- dijo ella apoyando su mano en la mía.

- ¿podría pedirle a la ambulancia que me va a trasladar que me lleve primero a una floristería, y luego hacia donde mis bebes…- no podía pronunciar una palabra que fuera coherente así que solo se me ocurrió – reposan…?

- creo que podemos arreglarlo…-

Ella se quedo callada un momento, como si hubiera hecho un comentario imprudente, pero no quise ahondar, una vez viera a mis hijos iba a tener paz.

Alice entro después de unos minutos cuando la Dra. Se marcho, supuse que le había contado que ya sabía lo que había pasado con mis hijos y por eso no se venía tan entusiasta como antes. Solo se acerco a mí como dudando, yo temí desmoronarme nuevamente así que solo la deje que me abrazara y le devolví el abrazo sin fuerzas, porque así me sentía después del nuevo golpe.

Alice saco una foto del bolsillo de su bolso.

- estaba esperando que…te enteraras-

Así que ella lo sabia… no pude enfadarme con Alice por habérmelo ocultado. Después de todo sabia que ella lo había hecho por mi bien, recibí la foto de sus dedos mientras le daba la vuelta y veía una fotografía de una tumba.

Solo que, a diferencia de cualquier tumba que hubiera visto, esta se asemejaba más a la fuente de un hermoso jardín de algún edén. Estaba blanca y reluciente y tenía a dos ángeles tomados de la mano…

Hice un esfuerzo enorme por volver a tragarme las lagrimas cuando recordé que, transida y rota del dolor, cuando me entere de que habían muerto la primera vez, había hecho entre sollozos este pedido a Alice, invirtiendo en ellos todo lo que había ahorrado, para darle al sitio de su ultimo descanso lo mejor que ellos se merecían, un sitio donde ese par de ángeles pudieran acercarse a jugar… a saltar.

- Gracias Alice – dije apretando la foto contra mi pecho – seguiste mis indicaciones muy bien…no tengo palabras…

- Todas las semanas Ed.…es decir… se le cambian las flores para que permanezca así, y dos hermosas plantas de azucenas comenzaron a crecer alrededor.

Azucenas… las flores me sonaban de algo pero no podía recordar de que, aunque no importaba demasiado, el simbolismo de que creciera algo alrededor de la fuente me daba el suficiente consuelo de saber que, fuera donde estuvieran, se encontraban muy bien… tal vez mucho mejor que la vida que yo hubiera podido darles.

Horas más tarde, finalmente, había llegado mi turno de partir, la Dra. Hale me dijo que lo de la ambulancia había quedado arreglado así que pedí a Alice prestado algo de dinero y subimos a la ambulancia, ella en la silla y yo en una camilla.

Paramos en una de las tiendas de flores más colorida que jamás había visto. Mi mano se arrastro como si tuviera voluntad propia, hacia un ramo precioso de azucenas, que pensé que serian perfectas para completar el hermoso cuadro de los dos Ángeles de la lapida y lo que crecía a los bordes de esta.

Me trasladaron en una silla de ruedas aun dentro de la ambulancia aunque después de advirtieron que a la clínica debía llegar acostada y posiblemente sedada, no me opuse porque tal vez en la sedación podía encontrar descanso, no era que planeara volverme adicta a los medicamentos que podían sacarme de la realidad, solo quería olvidarme por unos días o unos años de todo lo que tenía a mi alrededor, cosas malas, buenas, no importaba.

A la ambulancia solo le fue permitido entrar al estacionamiento del cementerio, de ahí tuvieron que bajarme en la silla de ruedas, Alice venia a mi lado mientras uno de los enfermeros me llevaba por detrás, el ambiente olía a un sueño que tuve una vez, a muerte y a tierra, pero en medio de todo casi podía sentir los susurros de las muchas personas que nos rodeaban, las que no se encontraban en otra forma que de manera espiritual.

Alice nos condujo hacia el camino correcto.

En el momento en que llegamos se me oprimió el pecho con fría anticipación, pero luego al tenerlos frente a mí, solo pude dejarme llevar por la asombrosa mezcla de emociones entre las que se colaban la felicidad y la tristeza combinadas, al fin me encontraba con ellos fuera de mi vientre, y aunque era muy diferente al encuentro que una vez me había imaginado me producía la misma nostalgia y la mis desazón, había tal sensación de paz en el ambiente que no pude sino dejarme contagiar por ella.

No supe si tenía tiempo de espera o si ellos se impacientaron por mi demora, nadie me dijo nada y si por mi hubiera sido me hubiera plantado como esas matas al lado de esa lapida sin mayor dilación, pero algo, ellos quizá, sus espíritus me decían que todo estaba bien y que debía continuar adelante así no supiera que me deparaba el destino.

Otra vez.

Me puse de pie luego de estar todo el tiempo mirando la lapida sentada, Alice me ayudo a estabilizar mi pobre equilibrio y tuve que mirar un poco alrededor para orientarme, solo que cuando enfoque mi vista hacia la derecha, cerca de un monumento a lo que supuse que sería un personaje importante había parada una figura masculina, tenia gafas oscuras y estaba algo alejado por lo que no pude identificar bien quién era, aunque su pelo se me hacia conocido prefería no sacar conclusiones, pero me sentía intensamente observada por él, así estuviera a bastante distancia.

Preferí hacer caso omiso de mi incomodidad y me senté con la ayuda de Alice en la silla de ruedas, los dedos de ella tocaron las cicatrices que tenía en ambas muñecas y aun alejada de mi pude sentir como se estremeció, las mire. Era la primera vez que analizaba detenidamente mis cicatrices que se extendían hasta un cuarto de la mitad de mi brazo, eran dos líneas gruesas y blancas, pero no desagradables a la vista, aunque poco me importaba, no estaba en mi eso de exhibirme y no me iba a acobardar por unas simples cicatrices físicas cuando las que tenia por dentro estaban en riesgo de desangrar.

Alice me llevo supervisada por el enfermero hacia la ambulancia nuevamente, ninguno objetó cuando tuvieron que cargarme de vuelta a la camilla.

Uno de los enfermeros me dio un vaso con agua antes de acostarme, sabia raro pero no hice ningún comentario.

Mas adelante caí en cuenta de que debía ser el sedante, por que así debía ingresar a la clínica

Quince minutos después, o bien pudieron ser quince horas, la ambulancia se detuvo, mantuve mis ojos cerrados en todo momento aunque no habría tenido mucho que ver ya que todo lo que me rodeaba era equipo médico y Alice, y a ella ya la conocía demasiado bien.

Baje de la camilla sintiéndome tan adormecida que me pregunte si el lugar no tendria algo así como sedación en el aire, aun consiente podía respirar el aire que circundaba, el silencio roto solamente por el sonido de los pájaros cantando.

Escuche muchos buenas tardes, luego seguidos de adelante y finalmente cuando volví a abrir mis ojos, vi que aun acostada en la camilla estaba siendo conducida hacia mi nueva habitación.

Extendí mi mano en un gesto silencioso para que Alice la tomara y ella se adelanto a sujetarla a raíz de mi gesto.

-Tranquila, Bella, todo va a estar bien.

Sinceramente así lo esperaba, después de todo no era que hubiera tomado ninguna decisión enteramente correcta en toda mi vida.

Mire a mi alrededor, había mas enfermeros que en la ambulancia y todos parecían bastante preocupados porque me sintiera bien y cómoda, aunque me sorprendió cuando llegamos a mi habitación, grande, aireada y con una primorosa vista del jardín exterior.

-Señorita Swan, si es tan amable…-

Uno de los enfermeros se acerco a la camilla y me sujeto en sus brazos para llevarme, con todo el cuidado del mundo, hacia la espaciosa cama, la cual desprendía un ligero olor a madera y ropa de cama nueva.

- En unos momentos vendrá el personal de admisiones para hacerle su ingreso y posteriormente vendrá la coordinadora de la clínica para darle las indicaciones y normas de la institución.

- Muchas Gracias – respondió Alice por ella y por mí, cuando cerraron la puerta Alice miro todo alrededor como si no pudiera creer que existiera tanta comodidad.

-no pensé que este lugar…es decir… ¿crees que el seguro medico cubrirá algo como esto? – le pregunte desprendiéndome de los últimos retazos de la sedación.

Alice se quedo callada unos segundos, como si dudara en contestarme, luego hablo pero había tal inseguridad en su tono que me hizo plantearme seriamente la posibilidad de que me estuviera mintiendo.

- no te preocupes, ya hicieron todos los arreglos…-

-pero mi seguro medico…no creo que…- insistí con terquedad, pero ella me interrumpió.

-no te preocupes, Bella, todo estará bien.

Parecía querer convencerse y convencerme pero como antes, decidí no ahondar en el asunto.

Alguien toco la puerta en ese momento, Alice dio permiso para el paso.

Se trataba de una mujercita enjuta de y de cabellos rojos que tenía en su mano una tabla con lo que parecía ser un formulario.

- Buenas Tardes, me llamo Shelly Cope y necesito tomar todos sus datos para hacer su ingreso a la base de datos de la clínica.

Deje que Alice hablara por mí, a la señora Cope pareció no molestarle así que ella respondió todas sus preguntas y los datos míos.

Cuando salió Alice me sonrió y me dijo.

- Debo irme, Bella, pero vendré a verte en la noche antes de que se acabe el horario de visitas.

Asentí por que no me sentía con fuerzas para mayores entusiasmos, correspondí a su beso en la mejilla y ella salió.

Mire hacia el atardecer que se erigía hacia la noche en todo su esplendor, tampoco supe cuanto tiempo paso solo lleve mi mirada hacia la puerta por donde en ese momento entro la Dra. Hale.

- pero…- dije sin comprender porque suponía que ella estaría en el Hospital Estatal haciendo su consulta.

-, si…creo que olvide mencionárselo…- dijo ella permitiéndose sonrojarse por habérmelo ocultado - yo soy la coordinadora de esta clínica psiquiátrica. Reemplace a mi mama cuando falleció…

La Observe bastante sorprendida de que alguien tan joven tuviera un cargo que parecía ser tan importante e interesante, además ella no había mencionado nada en el Hospital Estatal.

- por regla recomiendo el sitio, pero está en cada paciente y familiares el escogerlo, aunque me alegra que haya venido aquí, se que se encontrara a gusto, o al menos lo espero.

- Gracias, Dra. Hale – dije mirándola.

Luego las preguntas comenzaron por parte de ella, me dijo antes de eso que iba a ser mi psiquiatra de cabecera y que las terapias iban a ser con ella y con alguien llamado Dra. Denali, que ambas iban a tomar mi caso y que en el momento en que yo lo decidiera podía retirarme de la clínica ya que había decido voluntariamente acudir allá.

– le pregunte en el momento en que estaba a punto de irse.

- por supuesto, creo que podemos arreglar algunas visitas programadas. – dijo sin darse la vuelta.

- Gracias. – musite

Cuando se marcho me puse de pie, precariamente claro, aun tenía que volver a acostumbrarme a usar mis pies.

En el momento en que salía Alice entro. Venia cargada con unas flores en las manos, las que puso en la cama rápidamente para acudir a ayudarme.

- ¿pero... que estás haciendo? – dijo cuando me acomodo en la cama nuevamente.

- evitando que me dé una cistitis – le conteste sonriendo levemente ella me devolvió la sonrisa. – ¿y esas flores? –

- son de parte de Jasper, dijo que las encontró fascinantes y que pensó en ti, para alegrarte el día, le pediré a una enfermera que nos consiga un florero.

- son muy hermosas, debes decirle a Jasper que se lo agradezco un montón- dije observando sus colores y matices como si pensara hacer un cuadro con ellas.

- no hay problema, también tengo algo…

Otra vez se daba el mismo incomodo silencio que había con la Dra. Hale, cuando ambas hablaban, al parecer sin pensar, sentía que algo muy grande volvía a estar siéndome ocultado y no era una sensación agradable, porque tenía el ligero presentimiento de que no me iba a gustar saber la verdad.

Ella saco de su bolso una bolsita pequeña de color rojo, parecía bastante fina.

- creo que te va a gustar – dijo acercándola a mí.

La mire sin comprender porque me daba un regalo, pero me miraba de una manera tan ansiosa que no tuve más remedio que abrir la bolsita y extraer la cajilla de tela que había en el interior.

-¿que es esto? - le pregunte señalándola

- es para ti…es un regalo…- su voz estaba teñida de mucha, mucha emoción.

- ¿de quién? - le pregunté sin comprender y sin abrir la caja.

-de… de mi, Bella por favor ábrelo. – rogo.

Así lo hice, bastante confundida, cuando vi lo que guardaba en el interior me quede muy sorprendida. Era una joya, una que a leguas se podía notar que era exquisita, se trataba de un rosario de oro, la cadena era delgada y cada gema, las que representaban los ave maría, era una perla también pequeña, una cruz dorada adornaba la punta del rosario y brillaba tenuemente con piedrecillas incrustadas en ellas asemejando la forma de un Cristo. Era una joya sencilla pero al mismo tiempo magnánima, no supe que decir excepto lo normal que esperaba en mí:

- Alice… no puedo aceptarlo...

- ay por favor – dijo ella cerrándome la mano en la cajilla – se que vas a rezar mucho en estos días, y me pareció un regalo perfecto para ti, te hará compañía y quizá, solo quizá me hará presente en tus pensamientos – la voz de ella sonaba, de alguna extraña manera, ensayada, como si hubiera oído esas palabras antes y las estuviera repitiendo, - es como un pequeño suvenir, algo con lo que alguien se hace presente…así no sea de manera real.

Asentí aun sin comprender su lógica tome el rosario entre mis dedos, de alguna manera se sentía cálido y reconfortante pero había algo en el que no me recordaba a Alice en absoluto... el dorado de la cadena entre las que estaban las perlas tenía un color casi cobrizo… y en vez de pensar en Alice, irremediablemente comencé a pensar en Edward…

Sacudí mi cabeza un poco y mis manos por voluntad propia aferraron la primera perla.

- iré a hablar con una de las enfermeras para que me consiga una cobija, si quieres que me quede…- dijo ella mirándome con los ojos acuosos y grandes (háganse una imagen de Alice con los ojos de Gato, el de Shrek)

- eso no necesitas preguntarlo - le dije lentamente.

En cuando salió me puse lentamente de pie, no debía hacerme dependiente a la entera ayuda de Alice si quería recuperar algo de mi normalidad, camine hacia la maleta y saque de allí una pijama que ella me había comprado, una de pantalón blanca y de osos azules y conejos grises, de premamá…

Me la puse encima despachando la anterior y fui al baño que la habitación tenía incorporado a lavarme los dientes. Cuando volví a salir de baño Alice aun no había vuelto, así que me quite las pantuflas, me recosté en la cómoda cama y mire hacia fuera dejando que la noche siguiera cayendo sobre la habitación oscura.

Mi mano viajo a la mesa de noche, allí mis dedos se cerraron sobre el rosario cálido, y sin más comencé a rezar uno tras otro los avemarías y padrenuestros mientras algo de la paz que buscaba se colaba por entre el silencio que me rodeaba. Mientras oraba comencé a llorar sin proponérmelo, porque aun sin terminar de abrir la puerta a mis pedidos, sabia por quienes y por qué iba a pedir…

Cuando la última avemaría salió por entre mis labios, susurrado, comencé a recitar en mi mente.

"Querido señor, sé que no he sido una hija ejemplar, y vaya que no lo he sido, pero aun así quiero pedirte algo, no dejes que mis pecados afecten a lo que más quise y quiero en el mundo así no estén aquí, no dejes que por mis culpas, temores y malas acciones, mis dos ángeles sucumban en el infierno que debí padecer, admite su entrada al cielo y dame un poco de serenidad, de calma para admitir cada error que he cometido, para poder comenzar a enmendarlos sin caer en el proceso, para comenzar a vivir la vida que nunca me he atrevido a conocer, sin la interferencia del dolor, del daño, de los hombres…de ese hombre. Ya que no morí, permiteme conocer un modo de existir diferente al otro. No me condenes, sabes que he sido condenada desde el momento en que nací, ayúdame a sobrevivir con este dolor que me está carcomiendo el alma, ayúdame a salir adelante, si por cosas del destino, tuyas o del mismo infierno no pude abandonar este mundo, ayúdame a que el hecho de quedarme signifique algo. Ayuda a Jasper y Alice, para que encuentren la felicidad uno en el amor del otro, ayuda a Jacob, para que también puedas ser feliz al lado de la mujer que escogió. Ayuda a todos los que me rodean. Ayuda a Edward…ayúdalo a encontrar su verdadero camino…no dejes… no dejes que sufra – mis pensamientos boquearon con dolor al mencionarlo a él en mis oraciones, pero como había dicho antes no podía guardarle rencor…sencillamente no podía, no estaba en mi naturaleza odiar, a pesar de que bien tenía motivos para hacerlo, debía ser ruda, fría y sin sentimientos, pero aun por el contrario, oraba por él, oraba por la salvación de nuestras almas, por la condena a la que ambos nos sometimos, el por traicionarme y hacerme lo que me hizo, y yo por caer en su juego y tratar de matarme, por eso debía ponerme la máscara de odio, porque tal vez así pudiera hacer esto mucho más soportable. – solo mantenlo alejado de mí, no soy nadie para pedir tu voluntad, pero no creo que pueda soportar mirarlo sin recordar todo lo que perdí por él, lo que siento por él. O por lo que haya sido, por la naturaleza, por el destino, por tu voluntad…Te respeto, y sé que siempre tienes algo planeado para tus hijos, si no debí morir por designio tuyo muéstrame solo una señal, una sola señal que me haga ver lo que está siendo planeado para mi…"

Me quede dormida con el rosario en mis manos, Alice aun no volvía y me sentía tan cansada que casi alucine cuando sentí pasos en el interior de la habitación.

Unos labios cálidos me besaron en la frente, pero no se trataba de Alice, era una esencia masculina que conocía demasiado bien, pero que debía ser producto de mi imaginación. Tenia que serlo.

No sabía si esa podía ser la señal. Pero de algo estaba segura, y me prometía a mi misma estarlo, cuando volviera a cruzar esas puertas de la clínica, viva o muerta, no volvería a ser la Isabella Swan de antes.

Así que esta nueva vida comenzó, al día siguiente con la ayuda de Alice me bañe me vestí y seguí ejercitando mis dedos, los pájaros hacían una esplendorosa serenata en mi ventana y ya que no sabía cuánto tiempo iba a estar ahí, le pedí a Alice que cuando saliera me trajera algo de comida para ellos. Me puse otra de los pijamas de premamá y recibí la primera visita de la otra psicóloga colega de la Dra. Hale.

-Buenos Dias…- dijo entrando en la habitación, me encogí un poco ya que si bien no era tan hermosa como la Dra. Hale, era con mucho muy bella, tenía el pelo rojizo y los ojos asombrosamente azules.

-Debo irme Bella, - dijo Alice besándome la frente – como le va- saludo alegremente a la Dra., como Alice sabia que las terapias era algo que debía pasar entre la Dra. y yo supo que era su momento de no estar.

En cuanto Alice cerró la puerta la mujer dio unos pasos hacia la cama, en donde me hallaba sentada escribiendo en mis piernas.

- me llamo Kate Denali, y seré la segunda al mando en su tratamiento.

Le sonreí para que entendiera que no debía tener reservas conmigo, y vi en ella a una potencial amiga, casi como a la Dra. Hale.

Ella comenzó con unos ejercicios de reposo mental, luego comenzó a trabajar con mi memoria haciéndome preguntas al azar y otras relacionadas con episodios de mi vida.

Cuando termino me sentía tan agotada que la cabeza comenzó a dolerme, nunca me había preciado de ser una quejica, pero parecía que estas eran las consecuencias de los actos prohibidos que cometí. Ella se despidió y partió.

Cuando salió me di cuenta de que no había algo parecido a un reloj en toda la habitación, luego me percate de que estar pendiente del tiempo no ayudaba a relajarse en absoluto.

Los días que prosiguieron a este fueron casi iguales solo que la terapia cambiaba constantemente y aunque me agotaba luego de un tiempo comencé a apreciarlas, y a sentirme bien…bien conmigo misma.

Como nunca había hecho.

Justo como había prometido visitaba la tumba de mis hijos cada semana, orando con el rosario de Alice sobre sus tumbas y llenándolos de más y más azucenas.

Salía a caminar todos los días por los alrededores de la clínica y alimentaba a los pájaros que parecían quererme más que a otros pacientes.

Ninguno congenio mucho conmigo, pero no era porque yo o ellos no quisieran, se debía a que las patologías de ellos diferían de la mía en un campo bastante abierto que incluía el ensimismamiento y las vidas en otros mundos paralelos que no eran compatibles con la realidad.

Aun así ayudaba a unos a pasear en sus sillas, particular cariño por un hombre que de alguna manera me recordaba a algo… estaba en silla de ruedas y una profunda cicatriz, de lo que parecía ser una operación impedía que creciera pelo en su cabeza dándola la extraña sensación de que estaba usando una diadema de color piel, su cabello se parecía al mío de muchas maneras y curiosamente se apellidaba Swan.

Indague a la Dra. Hale por él y me dijo que su familia venia a visitarlo constantemente, había tenido un muy serio accidente de tránsito con su esposa Renee después de que la hija de ambos, un bebe recién nacido, fuera robada de la clínica donde su madre la dio a luz. Su esposa había muerto y el había quedado invalido y con una contusión cerebral que tenía como secuelas alteraciones constantes de su estado de conciencia, también me dijo que se llamaba Charlie y tenía 44 años.

Así que sorprendentemente en este sitio hice mi amistad…Charlie me contaba muchas cosas de las cuales aun recordaba, pero en ocasiones dejaba de hablar y se perdía en ensoñaciones imaginarias a las que lo seguía por ayudarlo. Aunque me hacían reír bastante.

Gane peso, comía muy bien y cuando menos me di cuenta, en la última terapia de la Dra. Denali , la cual consistía en mirarme de cuerpo entero en un espejo y comenzar a enumerar en voz alta las cosas que me gustaban de mi, vi que había ganado curvas que no tenía antes, tenía el pecho ligeramente más redondeado, la cintura se me veía mucho mas angosta a causa de mis caderas las cuales estaban también mas redondeadas.

Me quede mirando mi imagen comparándola a como recordaba que me veía antes, era la primera vez que me miraba en un espejo sin sentirme mal…la única vez que me había mirado en un espejo y había disfrutado con ello había sido…el día siguiente a mi luna de miel.

Cuando la terapia acabo le pedí a la Dra. Denali que dejara el espejo en mi habitación. Cuando salió me dirigí al guardarropa quien estaba incorporado en el cuarto y saque al azar algo de la ropa que me había traído Alice.

La mayoría eran pijamas, aun así rebusque hasta que mis manos encontraron un vestido negro, al tocarlo inmediatamente recordé que era Emmerald quien me lo había dado y que lo había usado una vez, hacia ya mucho tiempo, cuando soñaba con tener una vida diferente.

Me lo puse y cierta satisfacción femenina comenzó a asaltarme cuando me mire al espejo, lo que me había hecho falta la primera vez que lo use ahora se veía compensado, me quedaba como un guante y mi vanidad, la que casi nunca salía a flote hizo de las suyas en todo su esplendor en ese momento.

En esas estaba, recordando cómo me veía con maquillaje encima cuando la puerta de la habitación se abrió lentamente… y cruzo por el umbral de la habitación la persona que nunca había esperando volver a ver.

Temblé al sentir su mirada sobre mí, un fiero impulso de salir corriendo, de esconderme en un sitio donde no me pudiera encontrar, asalto mi voluntad, pero me quede patéticamente quieta, en estado de shock, como si, malditamente, el aun gobernara mis emociones.

Estaba más atractivo que antes, aunque algo más delgado y con muchas ojeras…pero parecía, como siempre había creído, un príncipe salido de cuento…solo que los cuentos no podían relatar el calor que emanaba de sus ojos cuando deslizo la mirada lentamente por mi cuerpo, y luego ascendió para posarse sobre mis ojos, que a su vez lo contemplaban a él, quise usar mi mascara de odio en ese momento…quise hacerlo, pero la impasibilidad y muchos sentimientos más me gobernaron en ese momento.

Laxa, quieta, como una gelatina en la nevera…solo que el calor de su mirada podía derretir cualquier hielo, quise hacer de cuenta que conocía esa mirada, que sabia cuan cargada de mentira podía estar…pero ¿podían unos ojos mentir tan bien?

¿Qué hacia el ahí?

Edward Cullen

Agosto, Septiembre

Durante las siguientes horas me quede esperando a que la Dra. Hale terminara de hacer sus consultas, estuvo con Bella nuevamente una gran cantidad de tiempo luego salió de su habitación y me informo que ya podía pasar a verla.

Cuando entre al consultorio, me senté en la silla, ella me miro intensamente, como si estuviera evaluándome, me sentí incomodo pero preferí no decir nada, la mirada de esa mujer era muy intensa y por un segundo pude comprender la fascinación que tenía el Dr. Emmet por ella.

- ¿quería hablar conmigo? - dijo ella abriendo un cajón y sacando de él una computadora portátil.

-si…yo...- no sabía como abordarla, ni tampoco estaba seguro de hacerlo con ese tema en particular. – quería saber…que debía hacer, cual era la mejor forma de hablar a Bella sin…repercusiones.

La mirada de ella era compasiva, pero a la vez dura.

- ella necesita estar tranquila, para pensar, aceptar lo que le ha pasado y aprender a vivir con ello, creo que su presencia entorpecería bastante estos procesos.

Me sentí bastante descompuesto porque sabía que tenía mucha razón, después de todo, y aunque tal vez estuviera siendo egocentrista, yo era una de las causas por las que Bella había actuado como lo había hecho. Y suponía también que estaba esperando demasiado si quería que ella aceptara mis disculpas.

-no voy a mentirle señor Cullen, la situación de su esposa es bastante critica desde el punto de vista psicológico, cualquier cosa que pase alrededor de ella la puede alentar a hacer lo mismo que hizo antes, y dado que con lo anterior no tuvo éxito, puede confiar en mi si le digo que si ella decide atentar contra su propia vida nuevamente no podremos hacer nada para ayudarla.

El solo pensamiento de que Bella muriera hacia que mi cabeza comenzara a dar vueltas, era cierto que había tenido esa horrenda sensación los primeros días que estuvo en la UCI, pero estaba tan psicoceado acerca de que ella había vivido, que no tomaba en cuenta la nata fragilidad que la rodeaba y pensaba que ya iba a estar a salvo, por lo que decía la Dra. Hale, el hecho de que Bella pudiera intentar un suicidio acarrearía su muerte sin más preámbulos. Me sentía miserable al pensar que incluso verme podría ser el aliciente para desencadenar otra crisis como la que tuvo.

- Alice me dijo que ella… no sabe que los bebes murieron.

- tiene razón, aunque yo no diría que no es que no lo sepa, ella aun no lo ha aceptado, se encuentra en un lapso que comúnmente llamamos negación, ante noticias de tal magnitud solemos entrar primero en la etapa de negación intentando hacerlo más llevadero, pero en la superficie aun somos incapaces de aceptarlo.

- ¿y que pasara cuando se dé cuenta? –

- tendremos que tener cuidado cuando hablemos con ella, si ella lo descubre por sí sola el impacto va a ser menor que si se lo dijera alguien más.

Asentí pensando en cuando tiempo tendría que pasar antes de poder sentir a Bella enterrada en mis brazos, cuánto tiempo tendría que transcurrir antes de poder confesarle la verdad de mis sentimientos, y más aun cuanto tiempo tendría que pasar antes de que me creyera.

- su esposa tiene temple, aun cuando lo esconda tras esa barrera de fragilidad. Ella sabrá salir adelante. – dijo ella reclinándose un poco en su sillón.

- ¿qué me aconseja? – pedí tras un momento de silencio.

- paciencia…mucha paciencia y comprensión, no puede esperar que en medio de nada ella recupere los sentimientos hacia usted, o cualquier otra emoción distinta al dolor y la tristeza.

- eso lo entiendo – dije tercamente – quiero decir…- ahora me sentía como un mariquita confesándole mis sentimientos a una desconcordia, mis preocupaciones, pero no pude evitarlo, no tenía a nadie que me guiara y aunque esta mujer era una desconocida, podría pronostica que pasaría tiempo con Bella, tal vez ella pudiera ayudarme. – cree que algún día ella pueda… ¿perdonarme? –

El silencio que siguió me dio casi toda la respuesta que necesitaba.

- eso depende total y absolutamente de ella –

Estuvo en la punta de mi lengua pedirle que intercediera por mí, pero luego me percate de que, siendo una profesional, y siendo medico de Bella, no podría hacer algo como eso. Y de nada valía el dinero, aunque había prometido jugar sucio si era necesario, no podía hacerlo, al menos no por ese lado, no quería presionar a Bella, aunque así me diera una ventaja.

- ha tomado la decisión de internarse en la clínica psiquiátrica que me heredo mi madre.

La contemple en silencio pensando en que podría hacer Bella en un sitio semejante.

- ¿por qué? –

- porque yo se lo sugerí –

Eso no respondía mi pregunta, ¿acaso ella había enloquecido, o sentía que lo había hecho? ¿Podría haber llegado mi maldad a tanto?

- ¿hay algo en lo que pueda ayudarla?, lo que sea y ella no tiene por que enterarse.

Ella sonrió tenuemente.

- aunque quisiera atender a todos mis pacientes de manera gratuita debo velar por la subsistencia de la institución que fundó mi madre. la internación de su esposa no alcanza a ser cubierta por el seguro medico que posee.

- le pagare lo que sea, dígame usted a que banco se debe girar y la cantidad que requiera.

- por el momento veremos hasta que punto cubrirá su seguro medico, posteriormente le hare una inmediata notificación con los requerimientos.

- y cuáles son las condiciones del traslado.

Ella comenzó a explicarme que para preservar la salud de Bella y para prevenir cualquier tipo de eventualidad ella debía ser trasladada en un transporte ambulatorio medico, una ambulancia para mayores entendimientos, le dije que la pagaría y volví a ofrecerme para cualquier cosa que necesitara. Ella me dijo que más o menos en un mes, cuando la salud de Bella hubiera terminado de estabilizarse del todo tendríamos todo listo.

Los días pasaron, me parecían a mi tan lentos y faltos de vida, tan vacios y tan poco atractivos que me hacían preguntarme si no estaría yo también listo para irme a un psiquiátrico convencional.

Entre esos días visite la clínica de la Dra. Hale, allí un guía me mostro las instalaciones y me dije que si Bella buscaba un poco de descanso este sería el mejor lugar para proveérselo. Pague por adelantado la cuenta de ella en el Saint Thomas para que tuviera todas las comodidades y demás, esto no solo se lo debía sino que me correspondía hacerlo como su esposo, así ella pensara que yo había dejado de serlo hacía mucho tiempo, ahora mis días se dividían entre visitas regulares a mi empresa, cuyo último proyecto conjunto, por el que jugué con la vida de Bella, sarcásticamente iba viento en popa, abrí una cuenta personal a nombre de ella, siendo su esposo y por los malditos papeles que me había firmado, tenia patria potestad sobre cualquier bien material que ella tuviera, el dinero de este fue recaudado en la cuenta de ella, cada ganancia iba a parar allá y ella podría disponer de él en cuanto quisiera hacerlo.

En conjunto con James solventamos las ligeras deudas que tenia la empresa a raíz de mi ensimismamiento en el cuidado de Bella, luego aparte de contratarlo nuevamente como mi abogado James se convirtió en mi asistente personal y su hija Sheila en mi secretaria.

Ese mes que menciono la Dra. Hale llego después de lo que para mí, como decía antes, fue mucho tiempo, pedí a James que se hiciera cargo de todo y vigile de cerca los preparativos para la partida de Bella, para ello conté con la discreción de Alice, Jasper, Jacob y los doctores Hale y Brandon. Ninguno de ellos mencionaba mi nombre ante ella y aunque me dolía terriblemente no mencione nada, si esto era por el bien de la mujer que amaba no podían quejarme de nada.

Con la ayuda de James contratamos un servicio de ambulancia Premium cuyo modo era "lo que el paciente requiera"

Un día antes tuve una conversación con la Dra. Hale. Parecía compungida y temí lo peor, me acerque a preguntarle, obviando con mucha dificultad el impulso de ir a la habitación de Bella y ver como estaba, impulso que había obrado en mi desde que me diera cuenta de que cuando estaba dormida eran las únicas ocasiones en las que podía acercarme a ella,

- ha averiguado lo de los pequeños – dijo ella apretando los labios.

- maldita sea…- dije antes de poder contener mi lengua, me pase la mano por los cabellos empezando a preocuparme enormemente por Bella y casi corriendo a reunirme con ella sin importarme nada.

- lo está tomando bastante….con mucha resignación, creo que en el fondo y tal como muchos, lo sabía, solo que se negaba a aceptar la verdad.

-¿ha afectado esto su decisión? – pregunte

- eso es exactamente lo que se me ocurrió pensar, y créame, se lo pregunte, pero no debe preocuparse, ella piensa que alejarse de todo un poco la ayudara a sobreponerse.

Quería alejarse de todo, de mí principalmente, cada día la sentía más lejos a pesar de que trataba de hacer todo para acercarme, silenciosamente pero acercarme, ayudarla. Enterré las manos en la cara y comencé a meterme de lleno en una crisis de no sabía qué. Otra vez volvía con la odiosa sensación de estar atado de mano sin saber qué hacer. Nunca había pasado algo semejante.

- no puedo estar alejado de ella, usted lo sabe –

-créame, si no lo expresara usted tan profunda y abiertamente ya le hubiera dado un bofetón y le hubiera escupido en lacara.

Su lenguaje en esa oportunidad fue rudo, tal vez se tratara de una feminista aunque bien sabía yo que feminista o no me hubiera merecido eso y más.

Ella se despidió y se fue, luego Alice se apareció en mi campo de visión.

- saldrá en una hora, será mejor que no estés por acá para ese entonces.

Se la veía triste, parecía que había hablado con Bella, yo estaba muriendo por ir a ofrecerle consuelo pero sabía que podía lanzarlo a mi cara, y verla haciendo eso estaba mas allá de lo que podía soportar.

Así que mientras Alice se devolvía a la habitación para terminar de ver a Bella, yo baje por el ascensor hacia el parqueadero y me estacione dos autos mas allá de donde se encontraba la ambulancia que habíamos contratado.

Media hora mas adelante la ambulancia dejo el estacionamiento y se ubico en la parte frontal del hospital, la seguí a prudente distancia mientras mis ojos supervisaban la valiosa carga que ellos iban a trasladar.

En cuanto partieron mis nervios se pusieron de punta por cualquier cosa que pasara, parecía una mujer demasiado preocupada por su hijo, solo que no había nada de fraternal en la preocupación infernal que sentía hacia Bella. Aun a lo lejos pude ver su rostro delgado y con ojeras de cansancio y preocupación, su salud aun no estaba recuperada, pero ella había tomado la decisión, y aunque no estuviera totalmente de acuerdo, aun así debía apoyarla.

Conocía el camino hacia la clínica desde el hospital así que cuando la ambulancia se desvió un millón de razones `por las cuales podía haberlo hecho me asaltaron la precaria tranquilidad, no era suficiente consuelo que Alice fuera con ella cuando deseaba hacerlo yo, y cuando estuve a punto de enterrar el pie en el acelerador y obligarlos a detenerse, vi que se estacionaban al frente de una floristería que me hizo recordar la que había visitado la semana pasada para llevar flores a los niños.

Bella bajo de la ambulancia en una silla de ruedas, su aspecto cansado pareció atenuarse mas, contuve el impulso de saltar del auto e ir tras ella pero al parecer solo estaba seleccionando flores, cuando vi de lejos en su mano el ramo que había seleccionado, una emoción clandestina y agradable recorrió todo mi cuerpo y alma, recordaba bien esas flores ya que el día de nuestra boda, así en ese momento no me sintiera de la misma forma, ella había llevado un ramo similar, lleno de azucenas y hermosamente decorado. Tal vez ella no las seleccionara en particular, pero se habían convertido en las flores favoritas, las que ponía cada semana en la tumba de mis hijos, excusándome una y otra vez por todo lo sucedido.

Bella regreso a la ambulancia, las flores cerca de su rostro la hacían parecer un angele hermoso, enfermo, frágil, como una palomilla de la paz. Solo que aun a esa distancia podía ver que aun no había paz en esos ojos antes brillantes y ahora turbios. Yo era el causante, me sentía lo suficientemente culpable como para desear estar muerto, pero no etaba muerto, estaba vivo y aguantándome lo que me merecía…

En verdad esperaba que todas mis plegarias, la costumbre de visitar a la capilla lo cual hacia más seguido que nunca en mi vida, esperaba que todo hubiera sido escuchado, que ella encontrara la felicidad, conmigo a su lado o sin mí, ya nada de eso importaba, pero como había dicho antes, no me iba a dar por vencido tan fácilmente, podía ser que aun tuviera tiempo.

Subí a mi auto rápidamente cuando la ambulancia siguió su camino, continuaba desviándose del camino normal, y solamente cuando vi la familiar senda para llegar al cementerio me di cuenta a donde quería ir ella.

Y volví a sentirme como un pedazo de suela, yo debería estar ahí con ella, lamentando ambos la perdida que habíamos sufrido, peri al tiempo sintiéndonos felices de poder estar juntos, uno apoyando al otro y viceversa.

Dolía, cuando dolía.

Me hice bajo la estatua de un libertador antiguo en cuyo honor se había hecho el monumento, desde ahí podía contemplar la escena que más dolor me había causado alguna vez, aparte de verla a ella en el estado en que la encontré cuando la fui a buscar a su casa. Me puse unas gafas de sol sobre los ojos por si acaso.

A leguas pude ver sus lagrimas, su dolor, la resignación de la que la Dra. Hale había hablado, todo combinado en sus dedos rozando la fría piedra. Me preguntaba en esos momentos si ella encontraba que sus dedos deseaban acariciar la piel suave y lozana de los bebes, si ansiaba tenerlos en sus brazos como yo, si pensaba en mi en ese momento y solo podía recordar todo lo malo que le había dicho.

Era una indagación tonta, claro que hacia todo eso, ella los había tenido dentro de ella varios meses, había conocido de ellos un poco, yo no tuve la oportunidad así me sintiera más cercano a ellos cuando visitaba su tumba. Quería estar al lado de ella, quería que ella me consolara y quería consolarla a ella, quería apretarla entre mis brazos, besarla en el rostro y respirar en su boca, decirle cuanto lo sentía y cuanto la amaba, prometerle el cielo mil veces y cumplírselo cada día.

Paso hora y media antes de que Bella tuviera el suficiente valor para retirarse, había demorado casi exactamente el mismo tiempo que había hecho yo la primera vez que los visite.

En cuanto se puso de pie no tuve tiempo de esconderme detrás el ídolo y sus ojos conectaron con los míos de una manera profunda.

Casi podía apreciar la confusión en sus ojos, pareció no reconocerme pero aunque las distancias nos separaban, en ese momento, con esa mirada, me sentí más cerca de ella de lo que me había sentido desde el día en que hice la falsa conclusión sobre ella y Jacob.

"Adiós por ahora, mi amor" le dije con el pensamiento mientras ambos dejábamos de mirarnos, ella siguió hasta la silla de ruedas y una vez allí se devolvió a la ambulancia, yo camine hacia mi carro y lo encendí, al ser pequeño podía transitar por el cementerio sin problema, pero supuse que la ambulancia seria otra cosa.

En cuanto la subieron, esta vez se tuvo que recostar en la camilla, supe que estaba en buenas manos si algo malo le pasaba pero eso no evito que siguiera preocupándome.

Finalmente retomaron la carretera que conducía hacia la clínica.

Al llegar allí permanecí rezagado hasta que la ingresaron, solo en ese momento me permití bajar del auto y caminar por los alrededores antes de entrar. Cuando iba doblando una esquina, por donde supuse que habían conducido a Bella me encontré con la Dra. Hale.

- señor Cullen, es un gusto tenerlo acá, asumo que s su esposa acaba de llegar.

- así es - dije solemnemente.

- ¿tuvo algún inconveniente?

- fue a visitar a los niños –

-ah sí, ella menciono haber tomado esa decisión.

- no fue algo…muy alegre de ver…- dije aunque era más que obvio que ver a tus hijos enterrados era algo que iba mas allá de cualquier alegría o tristeza.

- ya verá que pronto estará bien, si ella pone de su parte la vida…va a ser mucho mas fácil para ella.

Pero no para mi, si permitía que Isabella se olvidara de mi estaba perdido para siempre, volvía a la dependencia de ella solo que esta vez alababa a esa dependencia, me ahogaba en ella y algunas veces me anticipaba a los hechos, cuando volviera a sentirla a mi lado, amándome como solía hacerlo y como yo la amaba ahora.

Me despedí de la Dra. Hale y salí hacia mi auto dispuesto a darme una vuelta por la casa a ver como estaba todo antes de volver y ver a Bella una última vez, ahora que iba a permanecer despierta más seguido me seria imposible seguir al lado de ella de la manera en que lo hacía antes.

Cuando iba camino a la casa detuve el auto de repente cuando vi lo que tenían en exhibición, especialmente mi mirada se perdio, de manera inexplicable, en un rosario perlado que estaba al frente.

El oro que lo rodeaba se parecía tanto al color de mi cabello que casi me sentí cursi, era el mismo tono que había heredado de mi madre, cobre, fino. La blancura y suavidad de las pequeñas perlas me recordaban a las lagrimas que Bella había derramado por su sufrimiento, supe que tenía que ser de ella, algo me decía que parte de la redención que Bella deseaba seria buscada en la oración, y porque quería que ella tuviera algo mío así no supiera que provenía de mi. Antes de que la dependienta me diera el precio o algo más le dije que me lo llevaba.

Me lo empaco a modo de regalo y pague la cantidad de la joya.

Alice me iba a ayudar a dárselo a ella.

Cuando llegue a la casa ya casi había oscurecido del todo, Victoria me recibió con una sonrisa tenue en los labios a la que respondí sin saber exactamente por que, luego me dijo que debía cenar antes de salir otra vez y no la contradije por lo que me ofreció, bien sabía que no tendría éxito. Vi el puesto vacio de James y pregunte si no había llamado.

- dijo que iba a cenar fuera con su hija.

Me había acostumbrado a la presencia de James en la mesa así que sin pensarlo realmente le pedí a Victoria que se sentara conmigo.

Ella permaneció reacia en un principio pero la convencí de que la echaría si no obedecía.

- siendo así – dijo con un tono ligeramente gélido. Trajo su plato de comida y lo puso en uno de los puestos de comida.

- ¿y por qué no te sientas aquí? – dije señalando la silla a mi izquierda-

- porque es el sitio de la señora – respondió ella rápidamente concentrando su atención en la comida, yo sonreí ante su sutileza y comí un poco alegando que me sentía un poco indispuesto.

Luego salí rumbo a la clínica, por la Dra. Hale sabía que no podía quedarme con ella, así que la visitaría una última vez. Y aprovecharía para dar a Alice el regalo para Bella.

Cuando estacione en la entrada de la clínica, precisamente me tope con Alice, llevaba en las manos un ramo de flores muy hermoso y llamativo.

- Buenas Noches Alice – dije mirándola a travez de las flores.

- ah Edward…lo siento…-

- ¿que es esto? – dije señalando las aromatizadas plantas.

-ah….es un ramo para Bella, para adornar la primorosa habitación que pagas para ella – cerro la boca de repente ante la imprudencia de su comentario – lo siento….- dijo después de un segundo

- desde que no mencione algo así frente a Bella todo está bien…creo que mencionarme la perturba – la sonrisa de Alice se apago.

- debes comprenderla –

- si lo hago….- dije pensativamente, luego recordé el regalo en mi bolsillo – ¿ya que vas de regalos con Bella podrías darle esto? –

Ella soltó uno de los lados del ramo cuyas flores oscilaron casi peligrosamente sobre su coronilla.

- ¿qué es? - pregunto mirando la cajilla que había seleccionado para él,

- Un regalo, de mi parte…no debes decirle de quien viene.

- no lo hare, pero no creo que Bella lo acepte…es bastante quisquillosa con que le regalen cosas.

Si, Alice tenía razón, Bella era la sencillez en pasta, sabía que era porque había tenido tan poco en su vida que no tenía nada que anhelar, no deseaba anhelar nada porque debía creer que no serviría de nada desearlo-

- Haz que lo acepte, es un regalo mío, quiero que ella lo tenga….creo que va a rezar mucho en estos días y esta joya podría hacerle la compañía que ella desea mientras lo hace….tal vez incluso, si tengo suerte piense en mi – las mejillas de Alice se sonrojaron primorosamente cuando dije esto. –

- estoy segura de que lo hace - comento en voz baja.

- peor no como yo quisiera….no piensa en mí con amor….piensa en mí como la sabandija que arruino su vida.

- te repito que no puedes culparla.

- no lo hago, solo me auto castigo como un maldito mártir, aunque no sirva tecnicamente de nada… quiero hacerme presente con Bella, así sea con esto.- señale la caja. – entrégaselo por favor.

- Así lo hare, descuida Edward –

- Gracias, pasare a hablar un momento con la Dra. Hale.

Alice siguió su camino, pero yo no iba a hablar con la Dra., yo quería espera a que Bella estuviera dormida para despedirme de ella.

Estuve vagando por la clínica hasta que se hizo entrada la noche, era aun temprano pero supuse que era tarde para un sitio en donde los pacientes acostumbraban a dormir a las nueve de la noche.

Después de una o dos vueltas más me dirigí hacia la que la Dra. Hale me dijo que sería la habitación de Bella, bajo mis ordenes había quedado acordado que sería la más amplia, en donde ella tuviera libertad de movimiento y no se sintiera atrapada. La Dra. Hale había seguido mis indicaciones al pie de la letra, le pedí que no dijera nada de esto a Bella y ella estivo de acuerdo.

Esperaba que ella ya se hubiera dormido y cuando cruce el umbral confirme mi sospecha. Estaba arropada hasta la mitad y en su mano derecha, aun dormida, apretaba el rosario que había comprado para ella unas horas antes, aun con esos pocos hechos me sentí muy tranquilo y extrañamente feliz, gracias a Alice ahora Bella tenía algo mío, aunque técnicamente no supiera que provenía de mí, eso no importaba, si yo lo sabía era suficiente, no mucho pero lo era.

Me acerque con sigilo hacia la cama, admirando el envés de su rostro sumido en el sueño, quería besarla, moría por hacerlo, pero corría el riesgo de despertar así que en lugar de plantar en su boca el beso que anhelaba, cargado de toda la pasión que había guardado por ella y para ella, deposite un suave beso en la frente percibiendo el aroma jamás olvidado que desprendía su tersa piel, ahora combinado con el de las azucenas…

"Gracias, Dios Mío"- pude decir en mi mente, finalmente y solo gracias a él Bella estaba viva y si él lo permitía estaría recuperada en poco tiempo.

No sabía cuando mas debía esperar

lunes, 17 de enero de 2011

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 22: Sentencia

Tanya POV

— ¡Eres un idiota! — grité en cuanto entre al departamento de James, ahí estaba el estúpido mirándome sorprendido.

— Tanya, querida pensé que saldrías mucho después — su sonrisa engreída me provocaba golpearlo.

— ¿Por qué demonios no me sacaste de ese lugar asqueroso?

— Por que salí corriendo del juzgado antes de que el juez me acusara de sobornar al médico — contestó caminando hacia la recamara, se acercó a su closet y sacó una maleta.

— ¿Sigue en pie el viaje a Europa? — le pregunté acercándome a él dispuesta a olvidar el infierno que había pasado la noche anterior y usar a James para irme de este país donde había sido humillada por el idiota de Edward y su estúpida chiquilla.

— Por supuesto, el avión sale por la noche.

— Eso suena maravilloso, pero James… — aunque me daba asco acercarme a él, lo hice, lo besé despacio mientras acariciaba su pecho por encima de la camisa. No era el hecho de que James fuera mal parecido, al contrario, pero su contacto me causaba asco, incluso con Edward era más soportable el que me besara, sin embargo con Félix jamás me había sentido así, con el jamás sentí las ganas de rechazar su contacto, al contrario no quería que dejara de tocarme — necesito pagar mil dólares antes del viernes o me arrestaran tres meses, deberías pagar la multa antes de irnos al aeropuerto.

— ¿Irnos? — me apartó y siguió empacando su ropa — no querida, me voy con mi esposa.

— ¿Tu esposa? Me dijiste que se estaban separando — le reclamé.

— Sí, bueno estábamos separados, pero estar lejos de ella me hizo ver cuánto amo a Victoria, así que nos iremos juntos a Europa.

— ¿Y yo?

— No, tu no vienes — me sonrió y yo solo quería golpearlo.

— Bien, antes de que te largues paga la multa o le diré a Victoria lo que hay entre nosotros.

— Lo siento, Victoria salió ayer a Europa y no pensamos regresar, viviremos allá permanentemente. Si algún día logras saber dónde estamos y logras juntar dinero para ir podrás decirle. Aunque quizás lo logres, no faltara un tonto como tu ex marido que caiga ante esos ojos dorados.

— Me prometiste que la dejarías, que tu y yo nos iríamos juntos — quise llorar, no porque me había engañado, sino porque no tenía ni un peso, ni siquiera para pasar la noche en un hotel decente.

James cerró su maleta, sacó su billetera y me dejo sobre la cama un par de billetes.

— Querida, no todos somos como tu ex marido, no todos dejamos a la esposa por la amante. El departamento ya no es mío así que procura irte antes de que te corran.

Sin más tomó su maleta y salió del cuarto, me acerqué a la cama y vi veinte dólares sobre la cama. ¿Qué demonios iba a hacer con veinte dólares? ¿Qué iba a hacer ahora?

Bella POV

Me encontraba frente a mi casa, con el viento gélido congelando mi rostro. Sabía que debía entrar, pero no sabía si me quedaría. Simplemente no podía posponer esto más tiempo, así que tomé la pequeña maleta que había llevado a Nueva York, subí las escaleras del pequeño porche y abrí lentamente la puerta. Adentro el olor a pizza llegaba desde la cocina y el sonido del televisor me indicaba que era la hora de las noticias, y en efecto yo tenía una noticia que dar y los nervios me estaban matando.

— ¿Bella? — preguntó mi padre desde la sala.

— Si papá, soy yo — inhalé profundamente y entré en la sala, mi hermano estaba sentado al lado de mi padre mientras veían la sección deportiva del noticiero, Emmett sonrió de forma picara, sin embrago mi padre miraba fijamente la televisión.

— ¿Por qué hasta ahora? — preguntó Charlie aun sin mirarme, Emmett luchó con las ganas de reír.

— Porque… — ¿qué le podía decir? ¿Qué me había quedado en el departamento de mi novio, que aun seguía casado y que la habíamos pasado de maravilla, olvidándonos del mundo por un instante? No, definitivamente eso no — necesito hablar contigo papá.

Por fin me miró, quizás fue el tono de mi voz lo que le preocupó.

— ¿Qué pasa? — me senté en el sofá pequeño, sintiéndome como una niña pequeña que está a punto de confesar una travesura muy mala. Quería a Edward junto a mí, pero eso probablemente empeoraría las cosas, y no quería a Charlie en la cárcel, y a Edward muerto.

— Tengo que ir por mi ropa a la cabaña de Esme pero, papá antes quiero saber si aun podré vivir aquí o seguiré viviendo allá.

— Yo te dije en Nueva York que podías regresar Bells, ¿Por qué dices eso?

— Bien, antes que nada quiero que sepas que Edward quería estar aquí para decírtelo los dos, pero tú no lo quieres ver aquí así que lo haré sola, solo quiero que quede claro que el me apoya y no es un cobarde — estaba nerviosa, y Emmett notó eso, así que a falta de Edward, vino y se sentó en el brazo del sofá, mi padre puso mala cara en cuanto nombre a Edward, pero seguía teniendo su atención completamente.

— ¿Estás embarazada? — me quedé pasmada por su pregunta. ¿Cómo lo sabía? Miré a Emmett y él me negó con la cabeza. Miré de nuevo a mi papá, confundida. El tono de su pregunta era entre ira y resignación — estás embarazada ¿verdad? Lo sabía.

— Un poco. Quiero decir bastante. O sea poco comparada en como estaré en unos meses pero bastante comparada en cómo estaba dos meses atrás — mi hermano se rió detrás de mí y Charlie se quedó callado, mirando al suelo pensativo, y yo me quedé esperando que estallara la bomba. Pero no fue así.

— Ya lo sabía — dijo después de un par de minutos.

— ¿Cómo? — pregunté.

— Intuición de padre, es obvio que el tal Edward no sabe hacer nada bien, primero se casa con otra, luego te enamora, después te embaraza, más adelante se divorcia, así no es como deben ser las cosas — empezó a hablar maldiciones en voz baja mientras caminaba a la cocina a tomar una cerveza, o al menos eso entendí.

— ¿Qué le pasa? — le pregunté a Emmett.

— Déjalo, debe asimilar que su niña consentida va a ser mamá del hijo de un hombre casado, que apenas tienes diecinueve años, que eres algo inmadura y que él ya está viejo y pronto lo llamaran "abue".

— No eres gracioso — le contesté — crees que lo eres, pero no.

— No, no — dijo mi padre regresando de la cocina — tiene razón en todo, ¿ya lo pensaste bien? Vas en tu primer año de universidad, es una responsabilidad muy grande.

— Sé que es una gran responsabilidad, que detendrá por lo menos un año mis estudios, que un bebé no es un juguete, que come, necesita comida y todo eso pero… es mi hijo, mío y de Edward y él me apoya, no sabes lo feliz que está. Juntos vamos a salir adelante, su familia nos apoya, Emmett nos apoya, el divorcio no tardará en llegarle, solamente falta que su abuelo acepte que me enamoré de ese hombre y que él me ama a mí, y que aunque suene cursi, y aunque yo no lo soy para nada, sé que esto será eterno, así que dime ¿puedes perdonarme de nuevo? ¿Puedes aceptarme en esta casa con todo y mi hijo y con Edward incluido? ¿O me regreso a la cabaña de Esme?

Sentí las lagrimas correr por mis mejillas, Charlie miraba fijamente su lata de cerveza, por un momento me sentí ignorada pero sabía perfectamente que había escuchado todas y cada una de mis palabras. Me mordí el labio esperando una respuesta, quería que hablara de una vez, que me dijera si podía seguir siendo su hija, o si lo había defraudado de nuevo.

— Al diablo, eres mi hija — dejó la lata de cerveza en la mesita de centro, se levantó y me abrió los brazos. Sonreí ampliamente y me levanté para abrazarlo también, sollocé contra su pecho mientras él me besaba la frente, pero eran lágrimas de felicidad, porque al final todo iba a estar bien, y quizás también porque mis hormonas empezaban a jugarme malas pasadas.

— Aw que lindo cuadro — dijo Emmett — yo también quiero.

Emmett nos abrazó a los dos, apretándome en medio de ambos. Quise salir corriendo a casa de Edward para decirle lo que había pasado, pero Charlie no me dejo, dijo que era ya muy tarde para que anduviera sola, y cuando Emmett se ofreció a llevarme, argumentó que no era tanta la urgencia de ver a "ese tipo". Sabía que tendría que lidiar con el hecho de que mi padre odiara a mi novio, pero estaba segura que con el tiempo Charlie se daría cuenta de que no había en este planeta un hombre mejor para mí que Edward Cullen.

o.O.o.O.o.O.o

— Edward por favor — suplicaba Alice por enésima vez.

— Ya te dije que no Alice.

Estábamos en casa de Edward estudiando para los exámenes finales, antes de dar paso a las vacaciones de invierno. Después de haber estado unos días fuera, habíamos regresado a terminar el semestre. Edward seguía siendo mi maestro, y a pesar de lo que había entre nosotros dos, jamás permití que me ayudara en ningún tipo de trabajo o examen. No es que me lo hubiera ofrecido, pero a veces lo veía titubear cuando hablábamos del infernal examen que nos pondría. Mi embarazo iba de maravilla, tenía mes y medio y aun no se me notaba nada, pero sabía que cuando regresara se me empezaría a notar, y entonces las habladurías empezarían sobre quién era el padre de mi hijo. Pero nadie lo sabría al menos hasta que decidiéramos si mudarnos o quedarnos y enfrentarnos al pueblo de Forks.

— ¿Qué te cuesta? No es nada difícil — protestó Alice de nuevo.

— No es lo difícil que sea, es que no quiero hacerlo.

— Pero ¿Por qué no? — Alice hizo un puchero — soy tu hermana ¿no?

— Desgraciadamente — bromeó Edward.

— ¿Me quieres?

— Digamos que te aprecio.

— Entonces ¿Por qué no?

— No Alice, y no insistas, no lo voy a hacer.

Yo solo era una espectadora en su pelea, vi como Alice le pegó al piso con uno de sus zapatos y luego desapareció escaleras arriba. Mientras por la puerta Esme y Carlisle venían llegando.

— ¿Qué le pasa a tu hermana?

— ¡Pasa que tengo un hermano incompetente! — gritó desde arriba.

— ¿Qué le hiciste? — preguntó Carlisle.

— No ayudarle a hacer trampa en el examen de español — respondió Edward — quiere que le robe el examen al profesor y se lo preste.

— ¡Alice! — la llamó Carlisle, ella apareció en lo alto de las escaleras — ¿es eso verdad?

— ¡Chismoso! — gritó y luego desapareció, una idea loca vino a mi mente y comencé a reírme, Esme, Carlisle y Edward me miraron, así que les expliqué.

— Es que, en mi situación he estado algo bipolar, en un momento estoy triste, y luego me rió para después enojarme y luego volver a llorar, y me imaginé a Alice en un futuro en mi estado.

— Compadezco al padre de sus hijos — dijo Edward.

— ¡Te escuché! — se oyó desde arriba la voz de Alice.

— ¿Y cómo lo estas manejando querida? — preguntó Esme sentándose junto a mí.

— Bien, creo, a fin de cuentas mi hermano y mi padre son los que me soportan — reí, recordando la almohada que había estampado en el rostro de Emmett cuando se burlo de mi, parecía que el embarazo me daba más fuerza — lo molesto son las nauseas matutinas y los antojos.

— Oh recuerdo los antojos de Esme — dijo Carlisle — con Edward se le antojaba lo picoso, un día le preparé apio crudo con salga picante, y con Alice era lo dulce, una noche salí al mini súper a las tres de la mañana a traerle un panque con chocolate.

— Ahora comprendo porque soy una dulzura y Edward tan amargado — Alice bajó las escaleras y se unió a la plática, el único que estaba como ido era Edward.

— Bueno pues yo mande a Emmett por una cerveza sin alcohol a las once de la noche, es lo más tarde que me ha dado un antojo… hasta ahora.

Edward suspiró y se levantó del sofá para irse al ventanal trasero.

— ¿Ya pensaron en un nombre? — preguntó Alice.

— No, es muy pronto, Edward y yo no hemos pensado en eso aun.

— ¿Quieres saber qué será? — pregunto de nuevo mi cuñada.

— No lo sé, supongo que cuando llegue el momento querré saberlo.

— Yo ya lo sé. ¿Quieres saber? — abrí la boca y Edward volteó a ver a su hermana.

— ¡No! — dijimos los dos al mismo tiempo.

— Está bien, pero antes de que vayas al médico para que te lo diga déjame decírtelo ¿sí? — me sonrió y puso esos ojitos a los cuales no les puedes negar nada.

— Claro — fue todo lo que dije, miré a Edward pero este ya había salido al patio trasero. Me disculpe con mi nueva familia y seguí a Edward, estaba sentado en un tronco y recargado sobre un árbol, caminé hasta el con mucho cuidado, ahora más que nada debía cuidar mi equilibrio y no caer.

— ¿Qué te pasa Edward? — pregunté sentándome junto a él y tomando su mano.

— No es justo — contestó con un suspiro, no entendí a que se refería, pero no necesite volver a preguntar para tener su respuesta — yo debería ser el que vaya a buscarte lo antojos por las noches, no Emmett, también debería sostenerte el cabello cuando vomites o agarrarte cuando te marees. Hasta Alice sabe más de mi hijo que yo.

Suspiré, tenía razón, yo también quería que él fuera el que estuviera junto a mi todo ese tiempo. Así es como debería ser.

— ¿Qué pasará cuando tengas más tiempo y el bebé empiece a patear? — suspiré — solo espero la maldita sentencia para hacerlo todo bien.

— ¿Todo bien? ¿A qué te refieres? — pregunté temiendo lo peor, bien, tal vez no lo peor, pero si sabia más o menos por donde iban sus intenciones.

— Ya con la sentencia de divorcio en mano, podré pedirle a tu padre tu mano en matrimonio — sonrió, sus ojos brillaban mientras me miraba, y yo quedé pasmada.

— ¿Matrimonio? — Y si, era lo que me temía, no me quedaba muy claro porque si estaba saliendo de uno, ya estaba pensando en otro tan pronto — ¿es necesario?

— ¿No te quieres casar conmigo? — preguntó un tanto ofendido.

— No — contesté.

— Oh, ya veo — respondió mirando al suelo.

— Quiero decir, en los dos matrimonios en lo que he estado involucrada no han salido muy bien — me miró sorprendido, así que le aclaré — me refiero al tuyo y al de mis padres.

Asintió despacio. — Pero tú y yo no somos como tus padres, y definitivamente tú no eres como Tanya.

— No lo puedes asegurar, quizás en cuanto nos casamos te exija una mansión en Hawái — dije tratando de persuadirlo de su absurda idea.

— Te la daría — me dijo bromeando, él se tomaba esto como una broma — todo lo que me pidas, te lo daré.

— No me estás comprendiendo, le tengo un pavor al matrimonio, no a ti o a pasar el resto de mi vida a tu lado, eso es lo que más quiero pero…

— Harías conmigo un compromiso para toda la vida de palabra, pero firmado ante un juez o ante Dios no ¿cierto?

— Sí, bien ya nos entendimos — sonreí satisfecha.

— ¿No hay manera de hacerte cambiar de opinión?

— No creo que haya nada que me haga caminar por un pasillo vestida de blanco — me estremecí de solo pensarlo.

— Ya veremos — sonrió y me asusté, Edward tenía un increíble poder sobre mí, parecía hipnotizarme, cada que me miraba me perdía en sus ojos verdes y quizás era capaz de persuadirme sobre este absurdo tema del matrimonio. Pero yo estaba segura que no.

o.O.o.O.o.O.o

La navidad llegó antes de lo que imaginamos, la nieve comenzó a cubrir Forks desde antes de terminar con los exámenes finales, en los cuales Alice no necesitó que su hermano se robara ningún examen. Yo por supuesto no le había seguido la corriente a Rosalie en cuanto a lo de las porristas, mi embarazo era el pretexto perfecto para quitármela de encima con ese asunto. Emmett, Jasper, Rose y yo la pasábamos la mayor parte del tiempo en casa de Edward, así fue como, bajo las ordenes de Alice terminamos adornando la casa.

— No, no, Edward entiende, verde, rojo y blanco, no rojo, blanco y verde — le dijo a mi novio que acomodaba las esferas en la línea de luces que colgaba de la chimenea.

— ¿Qué tiene de malo rojo, blanco y verde? — Edward alzó una ceja.

— No combina, el blanco en medio se ve mal, hazlo como yo te digo o no lo hagas.

— Alice, deja que tu hermano decore como él quiera — le dijo Carlisle quien acomodaba las Nochebuenas en el pasamanos de la escalera.

— Es que papi — Alice hizo un puchero, pero cuando la puerta sonó anunciando la llegada de los Hale, se le olvido la decoración y corrió a abrir. Regresó a la sala tomando la mano de Jasper.

Sentí el olor a galletas recién orneadas desde la cocina, y no pude evitar ir al encuentro de Esme.

— Pasa cariño — me dijo una vez que me paré en la puerta — ¿quieres una?

— Definitivamente — contesté tomando un vaso y sirviéndome un poco de leche, Esme me sirvió un par de enormes galletas en forma de pino de navidad. Comí mientras Esme seguía decorando las demás galletas.

— Están deliciosas — halagué las habilidades de Esme con las galletas.

— Gracias cariño, Edward me ha dicho que cocinas delicioso, quizás algún día las podamos hacer juntas.

— Claro que si — respondí encantada.

— ¿Cómo la están pasando allá afuera?

— Alice nos tortura — me quejé — pero es agradable, solo falta que mi padre aceptara la invitación para Nochebuena y podría decir que mi familia está completa.

— Pues me encargaré de invitarlo personalmente, no podrá decirme a mí que no, es necesario que los consuegros se conozcan.

— Si bueno, quizás no acepte eso todavía, aun quiere asesinar a Edward.

— Lo comprendo, pero solo el tiempo ayudara a Charlie a entender que ustedes se aman.

Carlisle apareció por la puerta de la cocina, a espaldas de Esme intentó tomar una galleta, pero Esme volteo y le pegó en la mano.

— Aun no están — regañó.

— Me dolió — se quejó Carlisle, con el abrazo por atrás, poniendo su cabeza sobre el hombro de Esme — a ella le diste.

— Sí, ella está embarazada y se le antoja, tu puedes esperar — Esme depositó un beso en la mejilla de su marido pero el busco sus labios, retiré la mirada del par de enamorados para darles un poco de privacidad y me concentré de nuevo en mis galletas.

— Discúlpalo — dijo Esme, cuando la miré noté que Carlisle ya se había ido.

— ¿Cómo supiste que estaba detrás de ti?

— Después de tantos años de matrimonio conozco hasta la forma en que camina de puntitas — el rostro de Esme estaba sonrojado, y sus rostro se ilumino mientras hablaba de Carlisle.

Me di cuenta entonces que yo quería esto, en el futuro quería una relación estable como la de los padres de Edward, donde a pesar de los años y la convivencia, Edward me siguiera viendo como Carlisle miraba a Esme, donde nos reuniéramos con nuestro hijo alrededor del árbol navideño, con sus abuelos, incluido Charlie. Quería una familia.

Edward entró en la cocina con un folder amarillo, mirándome fijamente mientras mordía mi galleta.

— Jason Jenks acaba de llegar — tragué rápidamente el trozo de galleta y me puse de pie, se suponía que eso eran buenas noticias ¿o no?

— ¿Qué paso? — pregunté incapaz de preguntar algo más.

— Me trajo la sentencia de divorcio — Edward sonrió, y sentí que mi alma dejaba mi cuerpo, pero cuando sentí sus brazos alrededor de mi cintura sentí que regreso de inmediato — oficialmente, estoy divorciado de Tanya.

Susurró en mi oído, me besó despacio, como una señal de alivio después de todo lo que habíamos pasado, sentí sus labios dulces y cálidos contra los míos, su lengua me pidió permiso para entrar y se lo concedí totalmente, hundí mis dedos en su cabello acercándolo más a mí. Era increíble que después de tantos besos, aun fuera capaz de hacer que mi corazón latiera tan rápido y al mismo tiempo casi se detuviera.

Cuando nos separamos para tomar aire, me di cuenta de que Esme no estaba en la cocina, nos había dado algo de privacidad.

— Ahora si puedo hacer las cosas bien — sonrió, recordándome aquella conversación en el patio trasero.

— Claro, Edward hablando de eso… — tomé aire, los nervios de pronto me invadieron.

— ¿Si?

— ¿Quieres casarte conmigo?

domingo, 16 de enero de 2011

Guerrero del Desierto

Capitulo II

Edward no podía controlar el deseo acuciante, primitivo, de probar el sabor de Bella. Ni siquiera saber que la estaba haciendo sentir abrumada con su presencia y atrapada sin salida podía detenerlo. Trató de ser tierno con su posesión, pero el ansia era demasiada para detenerlo. Entonces las pequeñas y femeninas manos de Bella lo tomaron por la nuca acercándolo hacia ella, incitándolo. El ardiente y doloroso deseo que había sentido dentro durante años escapaba a su control, rogaba ser liberado. Quería comérsela, saborearla.

Pero decidió que no era el momento.

Cuando la tomara, quería que el regocijo durara horas, días, semanas. Pero el deseo tanto tiempo reprimido tenía que ser satisfecho con algo, o explotaría rompiendo las ataduras que él mismo se había impuesto. La ira amenazaba con salir a la luz y fue consciente de ello en el momento en que puso sus labios sobre los de ella. Mataría a cualquier hombre que se hubiera atrevido a tocarla. Nunca la perdonaría si se enterara de que había permitido a otro acariciarla.

Bella era suya.

Y esa vez, no la dejaría escapar.

En sus brazos, Bella temblaba. Recorrió el perfil de sus labios con la lengua y Bella se abrió al instante. Su sabor era como un elixir para Edward, una droga de la que había carecido durante años. Sus sentimientos hacia ella eran salvajes y caóticos como una tormenta del desierto. No se explicaba por qué lo había abandonado ni cómo se atrevía a regresar cuatro años después. En un momento en que Bella dio un grito ahogado en señal de que necesitaba recuperar el aliento, Edward exhaló dentro de su boca, alimentándola al tiempo que la tomaba.

-Nadie te ha tocado -dijo Edward y encontró algo de alivio en ello. No demasiado, pero suficiente para refrenar a la bestia que tenía dentro.

-Y -respondió Bella sorprendida-, nadie te ha tocado a ti.

-Tengo hambre de ti, Mina -dijo Edward sonriendo como un depredador otra vez.

Bella sintió que su cuerpo comenzaba a reaccionar como siempre lo había hecho ante la inquietante sensualidad de Edward.

-¿Hambre?

-Mucha -contestó él al tiempo que le acariciaba el cuello con el pulgar de forma inconsciente, sintiendo la vibración de las cuerdas vocales de Bella cuando esta hablaba.

-Necesito tiempo -dijo ella.

No estaba preparada para enfrentarse al hombre en que se había convertido Edward. Reservado. Hermoso. Magnífico. Furioso.

El levantó la vista hacia ella.

-No. No estoy dispuesto a ser más indulgente contigo.

Bella no tenía respuesta para tan estricta afirmación. Cuatro años antes, Edward se había mostrado gustoso de dejarla hacer a su forma. Ella nunca había tenido que luchar con semejante guerrero. En el pasado, él siempre había sido muy cuidadoso con la inocencia de ella, pero cuando la había tocado, Bella no se había sentido como una libertina. Se había sentido amada. Edward se movió ligeramente dejándola libre pero se quedó a su lado en el coche, con un brazo extendido por el respaldo del asiento.

-Así que has estado estudiando diseño de modas.

-Sí.

-¿Quieres ser una diseñadora famosa? -preguntó él mirándola divertido.

Bella sintió que se le erizaba el cuerpo. Estaba acostumbrada a que su familia se burlase de sus sueños, pero nunca lo habría esperado de Edward.

-¿Te parece divertido? -dijo Bella tratando de fruncir el ceño ante los rasgos salvajemente masculinos de Edward.

-Guarda tus uñas, Mina. Simplemente no puedo verte diseñando esas cosas ridículas que se ven en las pasarelas. ¿Tus vestidos no serían transparentes, de esos que muestran al mundo tesoros femeninos que sólo un esposo debería ver?

Bella se ruborizó ante la mirada ardiente de él, ridículamente complacida porque no se estuviera riendo de ella.

-Dime -ordenó a continuación.

-Quiero diseñar modelos femeninos -dijo ella-. En estos tiempos, los diseñadores parecen tener una macabra idea de la forma de la mujer. Sus modelos parecen simples sayas que no muestran las curvas femeninas.

-Ah -dijo él emitiendo un típico sonido masculino.

-Ah, ¿qué? -preguntó ella alzando la vista para mirarlo.

Edward pasó una mano en actitud posesiva sobre el abdomen de Bella y esta dio un grito ahogado.

-Tú tienes muchas curvas, Mina.

-Nunca dije que fuera una sílfide.

El tibio aliento de Edward junto a su oreja la sobresaltó.

-Me has entendido mal, A mí me encantan esas curvas. Será muy cómodo para mí apoyarme en ellas.

El dolor incisivo dio paso a una turbación extrema y después a un deseo arrebatador. Ciega por el anhelo apenas si pudo terminar de decir lo que estaba explicándole sobre la moda.

-Quiero diseñar prendas hermosas para mujeres de carne y hueso.

Edward la observaba con expresión contemplativa.

-Te permitiré continuar con ello.

-¿Me permitirás continuar con mi trabajo?

-Necesitarás hacer algo cuando yo no esté contigo.

Bella emitió un pequeño grito de frustración y se agitó inquieta hasta que finalmente su espalda quedó pegada a la puerta y desde allí le lanzó una mirada fulminante.

-¡Tú no tienes ningún derecho a permitirme hacer nada! -dijo ella señalándolo con el dedo índice.

-Al contrario -dijo él cazando al vuelo su mano-, tengo todo el derecho -finalizó y el tono helado de su voz la detuvo-. Ahora eres mi posesión. Me perteneces. Y eso significa que tengo derecho a hacer contigo lo que me plazca.

Esa vez no había humor en su expresión; aquel hombre no era ni la sombra del que ella había conocido años atrás.

-Y harías bien en no provocarme. No tengo intención de ser cruel, pero tampoco seré tu muñeco por segunda vez -añadió.

Tras un momento de estupor, Edward la soltó y volvió a sentarse frente a ella. Bella entonces trató de recuperar la compostura y se giró hacia la ventana. No dejaba de preguntarse si habría sido ella la culpable de tan horrible cambio. Espontáneamente recordó la forma en que él le había ofrecido refugio en sus brazos cuando ella había corrido hacia él asustada por el ambiente sofocante de su casa.

"Ven a casa conmigo, mi Bella. Ven a Zulheil». «¡No puedo! Mis padres...».

«Ellos solo quieren capturarte. Yo te haría libre». Era una terrible ironía que ese mismo hombre que una vez le prometiera la libertad quisiera en ese momento encerrarla.

-Tenía solo dieciocho años -exclamó Bella de pronto.

-Pero ya no los tienes -dijo él con tono peligroso.

-¿No puedes entender lo que tuve que soportar? -preguntó Bella en tono suplicante-. Se trataba de mis padres y hacía solo seis meses que te había conocido.

-Entonces por qué... -se detuvo-. Sí... ¿por qué jugaste conmigo? Acaso te divertía tener a un miembro de la realeza árabe a tu entera disposición?

Ella nunca lo había tenido a su entera disposición. Con dieciocho años tenía aún menos confianza que sí misma que en esos momentos, pero él siempre la había hecho sentir... importante.

-¡No! ¡No! No fue así...

-Es suficiente -interrumpió él con una voz afilada como una navaja-. Lo cierto es que cuando tu familia te pidió que eligieras, tú no me elegiste a mí. Y ni siquiera me lo dijiste para que pudiera luchar por nosotros. No hay nada más que hablar.

Bella guardaba silencio. Sí, todo eso era cierto. ¿Cómo podría hacer que un hombre como él comprendiera lo que había sido para ella? Nacido entre un halo de poder, Edward nunca había sabido lo que era que alguien lo aplastara y lo menospreciara hasta hacerle perder la propia voluntad. Su padre le había prohibido ver a Edward, incluso la había amenazado con desheredarla. Ella le había suplicado de rodillas pero él la había hecho elegir.

"El árabe o tu familia».

Su padre siempre había llamado a Edward «el árabe", No era una cuestión de racismo sino algo mucho más profundo. El motivo era que sus padres querían que Edward se casara con Jesica.

La hermosa Jesica siempre había deseado ser una princesa, y todo el mundo había dado por hecho que ocurriría. Excepto que, cuando Edward apareció en su casa, se fijó en Bella, la hija que no era más que causa de vergüenza para su familia.

-¿Habéis implantado ese sistema de riego? -dijo ella con un tono debilitado por el dolor. Se habían conocido en una visita de Edward a Nueva Zelanda para aprender el funcionamiento de un revolucionario sistema de riego descubierto por una familia vecina de la de ella.

-Lleva tres años funcionando perfectamente.

Ella asintió con la cabeza y la apoyó después en el respaldo del asiento. Con dieciocho años había hecho la elección incorrecta asustada ante la idea de perder a las únicas personas que podrían aceptarla con todas sus imperfecciones. En ese momento pensaba que, una semana antes, había vuelto la espalda a esas mismas personas para aventurarse a la recuperación del amor verdadero que había sentido por Edward.

Lo único que Bella poseía en el mundo eran su determinación y un profundo amor que nunca había muerto, pero que no podía decir lo mismo de Edward. Que este sintiera lástima sería aún peor que su furia.

-Estamos llegando a Zulheina, si quieres mirar.

Bella apretó el botón elevalunas con el codo y la ventanilla bajó. El aire cálido penetró en el coche acariciando sus mejillas heladas.

-Dios mío –susurró Bella ante el paisaje que la alejó por completo de su agonía.

Zulheina era una ciudad de leyenda. Muy pocos extranjeros habían tenido la oportunidad de penetrar en el santuario de Zulheil. Los negocios normalmente se desarrollaban en una ciudad mayor situada al norte llamada Abraz. Bella se dio cuenta en ese momento por qué la gente de Zulheil guardaba ese lugar con tanto celo. Era absolutamente grandioso.

Innumerables minaretes de aspecto frágil apuntaban a los cielos hasta casi rozar el azul con la punta. El río que atravesaba Zulheil llegaba a Zulheina en forma de cascada de espuma. Los mármoles blancos de los edificios de la ciudad reflejaban la belleza cristalina del agua.

-Parece salido de un cuento de hadas -comentó Bella fascinada por la forma en que el agua fluía bajo ellos mientras atravesaban el puente que daba acceso a la ciudad.

-A partir de ahora será tu hogar -dijo Edward y sus palabras sonaron como una orden.

Los olores más extraños y maravillosos mezclados con la cálida brisa invadieron sus sentidos. Los sonidos flotaban también en el ambiente vagando entre los colores intensos del mercado que iban atravesando.

De pronto, unos dedos le apresaron el brazo. Sorprendida, Bella miró a Edward. Sus ojos verdes le ocultaban toda emoción que pudiera sentir.

-Te acabo de decir que este es ahora tu hogar. ¿No tienes nada que decir al respecto?

Bella pensó en sus palabras. Su nuevo hogar. Nunca antes había tenido uno. Entonces lo miró con luminosa sonrisa.

-No tendría ningún problema en llamar a este lugar mi hogar -contestó Bella y creyó ver que la pantera se relajaba un poco. En ese momento vio algo por el rabillo del ojo que la hizo dar un grito ahogado-. No puedo creerlo. No puede ser cierto -exclamó Bella ignorando la mano que la apresaba aunque sin hacerle daño, y sacó la cabeza por la ventana para ver mejor.

Ante sus ojos se alzaba una edificación de apariencia frágil como nunca antes había visto. Parecía estar hecha de jirones de niebla y gotas de agua, hasta tal punto llegaba la perfección de las paredes talladas. La roca de un blanco transparente de las paredes refulgía con una luminiscencia de un tono rosa pálido que la dejó petrificada. Se volvió hacia Edward con los ojos desmesuradamente abiertos olvidando que este estaba furioso con ella.

-Juraría que ese edificio está construido con Rosa de Zulheil! -exclamó Bella asombrada.

Aunque Zulheil era un pequeño país del desierto era una tierra rica que producía no solamente petróleo sino un tipo de roca de gran hermosura llamada Rosa de Zulheil. Una roca cristalina asombrosa que escondía en su interior una llama de color rojo fuego la convertía en la gema más rara del planeta, y solo podía encontrarse en Zulheil.

-Si sigues abriendo los ojos de esa manera, mi Bella le harán la competencia al mismo cielo -bromeó Edward.

Bella olvidó el asombroso edificio al oír el tono humorístico pero sereno de Edward. Parecía que había decidido hacer a un lado su furia, de momento.

-Este es tu nuevo hogar -añadió.

-¿Qué? -preguntó ella perdiendo la compostura que tanto le había costado controlar.

Edward miró el rostro exaltado de Bella con un interés divertido.

-El palacio está, efectivamente, construido con Rosa de Zulheil. Ahora ya ves por qué no dejamos que los extranjeros entren en la ciudad.

-No me extraña -contestó ella y diciéndolo se inclinó hacia delante. Al hacerlo, puso, de forma inconsciente, las manos en las rodillas de él para guardar el equilibrio-. Sé que esa roca es más dura que el diamante e impenetrable, pero ¿no tienta a los habitantes a llevarse pequeños trozos?

-Los habitantes de Zulheil son felices y se sienten cuidados. No tienen la necesidad de perder su lugar dentro de nuestra sociedad por una cuestión de dinero -contestó él con voz dura-. Y el palacio se considera un lugar sagrado. El fundador de Zulheil lo talló en ese mismo sitio a partir de una única roca. Nunca en la historia de nuestra tierra se ha vuelto a descubrir un yacimiento igual. Se cree que mientras el palacio permanezca en pie, Zulheil será próspera.

Los poderosos músculos del hombre se flexionaron bajo los dedos de Bella y esta alzó de golpe la cabeza. La sangre corrió veloz por sus venas tintando sus mejillas de un rojo brillante. Avergonzada, retiró las manos y volvió a su sitio.

-Eso, Mina -dijo Edward al detenerse en el patio interior del palacio-, puedes hacerlo siempre que quieras.

La mezcla de turbación y deseo la hizo murmurar:

-¿A qué te refieres?

-Tocarme.

Bella quedó sin aliento. Cuando tenía dieciocho años, Edward había sabido que tenía que esperar a tener intimidad con ella, pero ya no iba a ser tan paciente.

Salieron del coche en el corazón mismo del complejo palaciego, un jardín exuberante protegido del exterior por unos altos muros de Rosa de Zulheil. Desde donde se encontraba, Bella pudo ver un granado cargado de frutos en un extremo del jardín. En el otro, dominaba una enorme higuera. Vibrantes de color y brillo las flores se extendían cubriéndolo todo como una alfombra viviente.

-Es como una página de las Mil y una noches hecha realidad -dijo Bella que esperaba la aparición, de un momento a otro, de un pavo real.

-Abrimos estos jardines al pueblo todos los viernes. Aprovecho ese momento para ver a aquellos que quieran hablar conmigo.

-¿Así sin más? -preguntó ella sorprendida.

Edward estaba junto a Bella tomándola fuertemente de la mano, pero en ese momento cambió ligeramente de posición y se puso enfrente hasta cubrirle casi todo el campo de visión.

-¿Acaso no apruebas que quiera hablar con mi pueblo? -preguntó Edward. La luz brillante del sol hacía relucir su pelo cobrizo como si fuera de diamante.

-No es eso. Según he leído, tu pueblo te adora -dijo ella y se detuvo girando un poco la cabeza para no enfrentarse a los ojos verdes-. Estaba pensando en tu seguridad.

-¿Me echarías de menos, mi Bella, si me ocurriera algo? -la pregunta escapó al férreo control de Edward, traicionando unas emociones que no quería reconocer que sentía.

-¡Vaya una pregunta! Pues claro que te echaría de menos.

Aun así, cuatro años antes ella se había alejado de él sin mirar atrás mientras su corazón sangraba sin control.

-Siempre se ha hecho así. Zulheil es pequeño pero próspero y solo seguirá siendo así si su pueblo está contento. Nadie me haría daño porque saben que siempre los escucharé.

-¿Y qué pasa con los extranjeros? -preguntó ella. Edward fue incapaz de evitar una sonrisa al ver en la expresión resuelta de Bella a la jovencita que le había robado el corazón.

-Si algún foráneo entrara en nuestra tierra lo sabríamos al momento.

-El chófer trató de convencerme de que esta limusina era un taxi -dijo ella lanzando una risa suave, ligera como el amanecer del desierto.

Al escuchar el cálido sonido, algo en el interior de Edward comenzó a despertar. El alma le había dolido por ella durante mucho tiempo. Pero él aplastó el intento con una determinación férrea. Esta vez no le daría a Bella ni su confianza ni su corazón. No cuando las cicatrices de las heridas que le había infligido en el pasado aún no habían cerrado.

-Tyler es un buen chófer, pero no el mejor de los actores -dijo él alzando la vista al oír pasos que se acercaban.

-Su Alteza.

Unos familiares ojos azules lo miraban con desaprobación aparente. Edward no parecía preocupado. Jasper podía mostrarle su ira a veces, pero acallaría sus dudas debido a la gran lealtad que le profesaba.

-Recordarás a Jasper -dijo Edward al tiempo que hacía un gesto de asentimiento con la cabeza hacia el jefe de sus consejeros, y su mejor amigo, haciendo que la mujer se volviera hacia este.

-Claro. Me alegra volver a verte, Jasper.

Jasper hizo una pequeña reverencia sin abandonar su postura rígida y formal.

-Señora.

-Por favor, llámame Bella.

Edward sintió que la espalda de Bella era muy frágil bajo su contacto. No luchó contra el fiero deseo protector que lo invadió. Por muy furioso que estuviera con ella, Bella era suya y la tenía que proteger. Suya.

-Jasper no aprueba mis planes en lo que respecta a tu persona, Mina -dijo él y sus palabras fueron como una sutil advertencia.

-Su Alteza, me gustaría hablar con usted -Jasper parpadeó en señal de entendimiento con Edward pero no abandonó su postura rígida-. Su tío y su séquito han llegado, así como el resto de los invitados.

-Y solo me llama «Su Alteza» para molestarme -murmuró Edward-. No es así cómo me llama mi pueblo.

Le costaba esfuerzo mantener el tono tranquilo después de escuchar el mensaje de Edward. La llegada de los invitados a la ceremonia que tendría lugar esa misma noche le recordaba que sus planes estaban un paso más cerca de hacerse realidad.

Jasper suspiró y se relajó, incapaz de continuar comportándose de forma tan extraña.

-Así que finalmente lo has hecho -dijo clavando los ojos en Bella-. ¿Sabes que lo que tiene intención de hacer?

-Sabe lo suficiente -dijo Edward a modo de seca advertencia.

Jasper no hizo sino alzar una ceja y se retiró. Se quedó un paso por detrás de ellos dos mientras que entraban en el palacio.

-¿Qué es lo que has planeado? -preguntó Bella.

-Te lo contaré más tarde.

-¿Cuándo?

-Bella -su tono tranquilo pero implacable siempre ordenaba obediencia.

-Edward -escuchar su nombre fue del todo inesperado para este y al detenerse y volver la mirada se encontró con Bella, que lo miraba con el ceño fruncido.

La risa entre dientes de Jasper suavizó la situación y tuvo que Bella ya no era la frágil niña que recordaba.

-Veo que ha crecido. Bien. No será fácil controlarla. Tú solo podrías dominarla si fuera débil.

-Hará lo que yo diga.

Bella quiso protestar por la forma en que hablaban de ella como si no estuviera presente, pero la expresión sombría de Edward la hizo desistir de su idea. Había gastado bromas con ella en la última parte del trayecto, pero el hombre que estaba delante de ella era el Jeque de Zulheil y, para ella, un total desconocido.

El interior del palacio era sorprendentemente cómodo, sin excesos. La luz penetraba a través de cientos de pequeñas ventanas horadadas en la piedra, bañando de claridad las estancias. A pesar de ser una maravilla, verdaderamente parecía un hogar. Bella seguía observando anonadada la maravilla que la rodeaba cuando una mujer vestida con un vestido largo hasta los pies y un velo verde claro apareció junto a ella.

-Ahora irás con Alice –decretó Edward al tiempo que le soltaba la mano y le daba un beso en la muñeca, sin dejar de mirarla a los ojos.

Bella sintió que la sangre corría frenética por sus venas ante el efecto de aquella sencilla caricia.

-Te veré dentro de dos horas –añadió antes de marcharse por el pasillo con Jasper.

viernes, 14 de enero de 2011

Phonography

Reclamos de Paternidad

Nunca me iba a acostumbrar a ver su fotografía en las revistas. Era horrible y la sensación de —lo arruinaste todo por una calentura —no me abandonaba. Habían pasado dos años desde que ella me había dejado en la mitad del garaje de la que había o sería nuestra casa. Pero era como si fuera ayer, la sensación de vacío que nos inundaba era tremenda y si bien ella había desistido de atacarme cada vez que iba por Cameron tampoco era mejor verla en brazos de otro. ¡Tu te lo buscaste! Me dije cuando por fin apareció como recuerdos del pasado una fotografía de ellos dos juntos y de él con mi hijo en brazos.

Recuerdo que perdí el juicio y mi arrebato de celos tanto de pareja como de padre había puesto en jaque a Bella y su nuevo romance.

— ¡Somos solo amigos! —insistió al verme decidido a llevarme a Cameron a las tres de la madrugada.

— ¿Amigos? ¿Quién te crees que soy? ¿¡Qué nací ayer! ¡A otro con ese cuento! —reclamé como si yo no tuviera tejado de vidrio pero en ese minuto no me importó. Bella me miró asustada y preocupada, estábamos dando un espectáculo frente a la cuna de Cameron.

Nuestro pequeño milagro asustado miraba a sus padres de un lado a otro y cuando finalmente y en su infantilidad capto la idea se largo a llorar amargamente.

— Edward, porque no te calmas… estas viendo cosas donde no las hay…—insistió con voz calmada y suave aunque preocupada.

— No dejaré a mi hijo con él, eso si que no, sí tú quieres enredarte con Jacob de nuevo es tu problema pero Cameron se irá conmigo —resolví y entonces lo tomé de la cuna.

— No puedes llevártelo… soy yo quién tiene la custodia legal —protesto pero no me importó. Lo mecí en los brazos tratando de calmar el llanto pero era imposible principalmente porque nos veía a Bella y a mí demasiado exaltados. — ¡Dámelo! —Demandó pero retrocedí — Hablo en serio Edward, si no me entregas a mi hijo ahora juro que llamo a la policía —y tomó entre sus manos temblorosas el teléfono mirándome expectante ante mi decisión.

— Cameron es MI hijo no de él —exclamé cada silaba separada y con una fuerza impresionante. Bella me miró desconcertada.

— ¡Estas asustándolo! —y de pronto se acercó hasta donde estábamos sin importarle en lo absoluto que yo estaba completamente descontrolado. Automáticamente Cameron giró su pequeño cuerpecito y reclamo a su madre. ¡Maldición! Me miró con esos ojos chocolates desesperado porque lo soltara. Y entonces dimensioné mi castigo, el único culpable de todo lo que sucedía era yo mismo y ahora no tenía razón de reclamar nada.

Se lo entregué a regañadientes siendo testigo de cómo mi hijo se enterraba en el cuello de su madre sollozando producto del arrebato de celos de su padre. Bella acariciaba la espalda de nuestro pequeño retoño no sin fulminarme con la mirada por mi falta de sensatez y porque no decirlo de madurez.

— ¡No lo quiero cerca de Cameron! —decreté

— No eres el dueño de mi vida —me recordó

— Para tu desgracia soy el padre de tu único hijo —espeté saliendo de la habitación.

En realidad ese día me había comportado como un completo idiota. ¿Desde cuando tenía que actuar como un cavernícola con el temita del padrastro? Luego de barajar mis posibilidades de volver y pedir perdón finalmente me resigne a que la batalle la había perdido absolutamente y hacía mucho tiempo atrás, aquel día me fui.

Recordar aquel día fue demasiado penoso, estacioné el auto a las afueras de la nueva casa de Bella y miré a mí alrededor. El panorama no era muy alentador, millones de autos y como odiaba que Jacob se hubiera convertido en uno de los productores mejor pagados de todo Hollywood. ¡Genial! Pensé frustrado. Me bajé del automóvil pensando en que esta vez me comportaría, después de todo ellos dos eran solo "Buenos amigos" y mientras Jacob no viviera bajo el mismo techo que Cameron no podía reclamar nada. ¿Autos? ¡Yo podría tener millones si quisiera! Dije pasando por el frente de uno ultimo modelo y al cual golpee levemente en la rueda. Me reí era el colmo que ese hombre sacara a mi niño interior y las ganas de golpearlo en el rostro me invadían.

Me acerque hasta la puerta principal y luego de suspirar un par de veces toque el timbre. Debía hablar seriamente con Bella para poder conseguir ver a Cameron no solo los fines de semana, era demasiado poco tiempo incluso él tenía la posibilidad de verlo entre semana y no que yo era el padre ¡Absurdo!

Mientras esperaba que me abrieran la puerta me arregle un poco mirando mi reflejo en el vidrio de la puerta principal, estaba en eso, ordenándome el cabello cuando la niñera de Bella —una mujer mayor que bien podría ser nuestra abuela —me abrió y sonrió amablemente.

— Vengo por Cameron —le anuncié y prefería no toparme con Bella pero a juzgar por el vehiculo estacionado en el frontis era una certeza que ella estaba en la casa junto a él.

— Pase, están en el jardín —me indicó la mujer y entonces comencé a tragar aire desesperado. ¿Qué haría si los encontraba besándose? ¿Podría contenerme? Cuando divisé la puerta que daba hacía la terraza abierta de par en par me estremecí. Camine dudoso hasta llegar al umbral y justo allí el panorama fue devastador.

No estaban besándose, de hecho Bella estaba a metros de distancia de él pero no estaba preparado para ver a mi pequeño campeón en brazos del enemigo. Jugaba con mi hijo animosamente simulando un avión y a Cameron parecía divertirle, se reía como nunca antes yo había visto que él se riera ni siquiera conmigo se reía de esa manera. Los celos otra vez me invadieron y quise correr a arrebatárselo de los brazos pero me contuve. ¡Tú te lo buscaste! Me dijo mi voz interior.

Entonces cuando iba hablar a Bella, mi hijo me interrumpió.

— ¡Papi! —gritó estruendorosamente luchando por que Jacob lo soltará lo que agradecí. Una risa embargó mi rostro y me agache para quedar a su altura cuando por fin corrió hasta mí.

Lo estreche en mis brazos fundiéndonos en un abrazo desesperado yo también lo había hecho de menos tanto o mas que él.

Como era de esperarse Bella se levantó de inmediato y Jacob, bueno… nos miramos yo casi asesinándolo con la mirada y él, sonriendo con esa estúpida sonrisa de victoria. ¡Arg!

— Pensé que vendrías a buscarlo más tarde —exclamó Bella interrumpiendo el tenso momento.

— Me desocupé antes —expliqué y al segundo la ironía me inundó — ¿Acaso interrumpo algo? —le pregunté burlonamente y entonces Jacob emitió un bufido. ¡Voy a matar a este hombre! Me dije en el interior alzando a Cameron en mis brazos. Esté parecía ajeno a todo, estaba con sus deditos en mi mejilla fascinado pasando las yemas por la barba incipiente que tenía.

No era un secreto me molestaba sobre manera que Jacob rondará a mi familia pero ¿qué podía hacer? Bella lo sabía y había defendido muy fehacientemente su "amistad" con Jake y francamente yo no podía hacer nada respecto a sus "amistades".

— No claro que no —replicó Bella visiblemente nerviosa. Noté como oculto magistralmente sus manos lejos del alcance exhaustivo de mis ojos. Me sonreí con suficiencia pero no le dije nada. Simplemente me resigné a que entre ella y yo todo había terminado y hoy solo compartíamos a Cameron. Un pedazo de nosotros dos, lo mejor de ambos en realidad. El tenso minuto que estaba formándose entre nosotros se veía interrumpido por la respiración de Cameron y por sus sonidos mientras jugaba absorto con mi rostro. Entonces decidí hablar. No había objeto para quedarme más tiempo del necesario en aquel lugar.

— Lo pasaré a dejar el lunes al colegio, no creo que te moleste —le dije mirando a Jacob que permanecía como perro guardián detrás de Bella. ¿Pero quién se cree que es? Me pregunté mirando la escena frente a mí. Noté como los músculos del rostro de Jacob se contrajeron y noté como empuño su mano. ¿Rabia? ¿Había dicho algo malo? Reí.

— No me molesta, en eso habíamos quedado —contestó ella de lo más sonriente restándole importancia a mi indirecta. Suspiré y esquive la mirada de ambos dirigiéndola hacía Cameron. ¡Vamos Edward tú única razón para estar allí es él! ¡Tu hijo! ¡Nada más!

— ¿Estas listo para irnos? —le pregunté ignorando por completo al par de "amigos" y mi pequeño campeón asintió con su cabecita. Le besé la frente y ordene sus cabellos — Ven vamos a buscar tus cosas —dije tiernamente mientras le daba una sonrisa. Este me la devolvió. Sin más entre de vuelta a la casa y conduje mis pasos hasta la escalera para subir al segundo piso donde se encontraba la habitación de mi hijo.

La empleada estaba ordenando la ropa, cuando me vio salio de inmediato dejándome solo en aquella gran habitación. Deje a Cameron en el suelo y cuando iba a tomar el bolso que ya estaba preparado mi vista reparó en un exuberante juguete, que no tenía la semana pasada y al cual mi hijo se acercó como un imán, estaba completamente embelesado por el.

— Mira… mira papi —alzo el juguete en el aire y luego me sonrió — Me lo trajo el tío Jak de Autalia —y el país fue casi ininteligible. ¿Ahora le compraba regalos? ¿Qué sería después? ¡El colmo! Quise bajar a gritarle a Bella pero en cambio, decidí que era bueno que mi hijo ahora hablará… de hecho había estado frenético pensando en como saber si era verdad lo de la "amistad" que no había reparado en que tenía al mejor espía de todos frente a mis narices. ¡Maravilloso! Una sonrisa torcida salio de improviso. Me acerque a mi duende favorito y tomé entre mis manos el juguete, luego lo miré a él.

— ¿Qué más te trajo el tío Jake? —le pregunté amorosamente y claro, me mostró todo. Estaba apunto de preguntarle por cuan seguido los visitaba el dichoso tío Jake cuando Bella entró en la habitación interrumpiéndonos.

Entonces la furia me volvió a invadir ¿Qué parte de no lo quiero en la vida de mi hijo no había entendido? Pensé al minuto.

— ¿En que habíamos quedado? —reclamé contiendo la ira principalmente por Cameron quién, a pesar que jugaba, estaba muy pendiente de nosotros.

— No se de que hablas —contestó con timidez. Entonces me acerque a la cama de autito de mi hijo y tomé uno de los tantos juguetes que el bondadoso de Jake había traído para él. Lo alce en el aire y lo moví con ironía. ¡Quería matarla en ese mismo instante!

Bella tragó saliva y sonrió nerviosa.

— Es solo un juguete —se defendió enseguida dándome una mirada culpable.

— Mi hijo no necesita de sus regalos… ¡Cuantas veces tengo que repetirlo!... de hecho, ni siquiera necesita de él… para eso estoy yo —aseguré ya con los dientes apretados y la mandíbula tensa.

— No tienes que recordarme que eres el padre, lo tengo demasiado claro pero ¿Qué quieres que haga? ¡Fue un regalo! ¿Ahora al señor se le antoja que les prohíba a mis amigos que le regalen cosas a mi hijo? —espetó alzando un poco la voz.

Entonces Cameron se acerco a ella, enterró su rostro entre sus piernas y cruzo sus brazos alrededor de estas. Bella le acarició el cabello. Torcí los labios en una mueca de evidente disgusto y displicencia.

— No se trata de eso pero pensé que teníamos un acuerdo —refuté

— Edward es un simple y tonto juguete que se romperá en cuestión de días ¿Qué más da? —replicó pero la expresión de disgusto y desacuerdo no se quito de mi rostro, me crucé de brazos y Bella suspiró frustrada.

— Perfecto, lo botaré si es lo que quieres —acepto y entonces mi pequeño angelito abrió sus ojos aterrado. Su chillido no se dejo esperar.

— ¡No mami! ¡Noooo! —gritó desesperado.

¡Genial ahora sería el malo de la película! ¡No eso si que no! Me adelante y la detuve en seco, la sujete del brazo con fuerza.

— Muy astuto… cariño —y eso último se lo dije lleno de rabia e ira ¿qué acaso nunca iba a dejar de castigarme?

— Tu provocas que me ponga en este plano —exclamó tratando de soltarse de mi agarre.

— Cuantas veces tengo que repetirte que no quiero que ese tipo este cerca de mi hijo, que este cerca de ti es tu problema pero lo quiero lejos de la vida de Cameron, primero serán juguetes y después querrá intervenir en su vida y eso no lo voy a permitir, Cameron ya tiene un padre no necesita otro —expliqué mejor mi disgustó.

Esta vez no pude contenerme de apretar su mano con fuerza para que soltará el juguete en las manos de Cameron que esperaba ansioso por la resolución de sus progenitores respecto al regalo.

En realidad me moría de celos pero ¿Qué iba a hacer? No podía controlar que ella no volviera a rehacer su vida ¿O sí?

— ¡Cuidado! ¡Me haces daño! —reclamó en un murmullo disimulado.

— ¡Qué bueno! Porque tú me lo haces a cada rato —anuncié tomando a Cameron en mi regazo, tomé el bolso para irnos. No había objeto que me quedará un minuto más en aquella habitación. Además la idea de que subiera en cualquier minuto me revolvía las tripas y francamente no estaba seguro de poder mantener la compostura. Sí lo veía allí finalmente iba a estallar y no quería que mi hijo presenciara una pelea. Entonces cuando estaba por irme ella me llamó.

—- Edward espera —y su voz sonaba demasiado ansiosa, demasiado nerviosa ¿qué más tendría que decirme? Me giré a mirarla intrigado — tengo algo más que decirte —aclaró y su voz se apagó.

Sus labios se abrieron para hablar pero luego se volvieron a juntar. Tomó aire y miró inquieta a Cameron que estaba en mi regazo con su cabeza apoyada contra mi pecho, luego su vista se desvió a la nada como pensando o más bien resolviendo o tal vez eligiendo las palabras correctas, un extraño presentimiento embargó mi mente y era mejor que no dijera lo que yo pensaba.

— Y bien, ¿qué te traes? —le pregunté a ver que seguía muda ya habían pasado unos minutos. Finalmente habló con timidez y un tanto de miedo.

— Necesito que me autorices a salir con Cameron fuera del país —y fue como un balde de agua fría ¿Salir? ¿Fuera del país? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con quién? No alcance hablar cuando parte de la explicación a todas mis interrogantes salio atropelladamente de sus labios.

— Serán solo diez días… y regresaremos —justificó y seguro aquello fue motivado por mi rostro. ¡No eso sí que no! ¿Sacarlo fuera? ¿Me creía tonto? ¿Quién me iba a segurar que lo traería de regreso? ¡Nadie! ¡Por ningún motivo… donde mis ojos lo vieran… allí era él único lugar donde Cameron iría…

— No —fue la respuesta que no se dejo esperar.

— También es mi hijo —me recordó y sonó a puchero de niña malcriada.

— No —insistí — punto final de la historia —resolví y camine hasta la puerta. Entonces me detuvo.

— Conseguiré esa autorización aun cuando tu te opongas… quería hacerlo de manera fácil pero si me obligas lo haré por las malas —amenazó lo que me sorprendió ¿Bella amenizándome? ¡Extraño!

Usualmente Bella no era así en cuanto a temas de Cameron se refería ella siempre era dulce y demasiado contenida. De hecho siempre se mostraba consensuada y dispuesta a encontrarme en parte el beneficio en todo entonces ¿Qué pasaba ahora que estaba tan decidida a torcerme la voluntad?

— ¿Por qué quieres sacar a Cameron del país? —le pregunté intrigado por su comportamiento me olía a gato encerrado y a verdad a medias…

— Porque la invité a vacacionar conmigo —contestó una voz ronca por detrás.

jueves, 13 de enero de 2011

Pecados Carnales

Capítulo 17. Nadie Gana

Bella

Exclamó sereno pero tajante y su voz me era desconocida, todo el lugar donde estaba no era familiar para mí.

Bella

Llamó por segunda vez y noté frente a mis ojos una forma borrosa, lo suficientemente borrosa para comprender que mis ojos estaban llenos de lágrimas que me impedían enfocar correctamente la mirada.

Parpadeé y sentí como escurrían estás por la comisura de mis ojos y rodaban por mis mejillas hasta dar finalmente al suelo.

Aquí estoy… ahora todo estará bien

Susurró la voz otra vez y sentí la tibieza de un cuerpo estrechar el mío entre sus brazos. Alce mi vista y me perdí en aquellos ojos negros, tan negros que me absorbieron por completo.

Abrí mis ojos y estaba recostada en una sala de hospital – brillante ironía –pensé recordando el sueño que siempre tenía en momentos de stress. Ese sueño era recurrente y extrañamente había comenzado a tenerlo incluso cuando él solo era mi psiquiatra cuatro veces por semana, era extraña la sensación que proyectaba Jake en aquel sueño, lo sentía como mi protector, y esa sensación no había cambiado incluso ahora. Me quede mirando al vacío pensando en que jamás había hablado con él respecto a ese sueño en particular, ni siquiera cuando finalmente dejo de ser mi psiquiatra, ni siquiera cuando me dio de alta. Me giré para levantarme y el dolor punzante en mi cabeza me hizo patente lo que había pasado hace un rato atrás.

Me enderece cuidadosamente y miré a mi alrededor. Por el silencio reinante conjeturé que la habitación estaba completamente vacía, y lo estuvo hasta que las voces de Emmett y Edward se sintieron junto al sonido de las bisagras de la puerta cuando la abrieron.

- ¡En que estabas pensando!. Mira que agarrarse a golpes en la sala de un hospital. Tienes suerte que solo sea un corte en el labio y que yo haya intervenido para que no los corrieran.

Lo regaño Emmett y sentí como se quejo, me levanté y corrí la cortina para mirarlos. Me quede clavada en sus labios, tenía un golpe en la comisura, su barbilla estaba hinchada y había sangre brotando de sus labios que manchaban sus dientes.

- ¿Qué paso?

Balbucee acercándome mis recuerdos eran un tanto vagos de lo que había pasado en realidad, en ese minuto Edward se paró y me sujeto por el brazo fuertemente.

- Cuidado Edward, no la jales… quieres comportarte como un adulto por favor.

Pidió Emmett acercándose a nosotros. Lo tomó del brazo tratando de que me soltará.

- ¿Qué es lo que te traes, quieres vengarte?

Me preguntó furioso y yo sentí un vacío cuando me jaloneo. Me mareé a tal punto que estuve a punto de vomitarle encima y caerme al suelo frente a sus narices. Perdí el color y mis manos se pusieron frías. Me sentía completamente desorientada, miré su rostro, su entrecejo estaba arrugado y jamás le había visto esa expresión.

- Edward me lastimas

Le susurré mirándolo a los ojos, estaba colérico y fuera de sus cabales, no tenía claro que era lo que lo enfurecía más si haberme visto besándolo, el que se haya enterado que yo también podía tener a alguien más o el hecho de que eso implicará que había estado con alguien aparte de él de manera intima. Me quede mirándolo hasta que él volvió a hablar.

- ¿Vas a responderme o ahora también tengo que esperar?

Insistió sarcástico. Ahí caí en cuenta que su rabia no era por su profuso amor sino porque estaba doliéndole que le hicieran los mismo que él había hecho una vez - te pellizcaron la fruta -pensé mirándolo desafiante.

- ¡Bueno a ti eso que te importa! ¡Si mal no recuerdo tu estas por casarte, que descarado eres! ¡Ya le contaste a tu noviecita que te acostaste ayer conmigo o tendré que darle la noticia yo!

Le grité empujándolo un poco para que me soltará y me a sujete en la camilla que estaba detrás de él. Emmett se acerco y me ayudo a sentarme.

- Bueno ya basta de recriminaciones… dejen eso para después. ¿Te sientes bien?

Me pregunto preocupado sujetándome mientras que yo tomé aire para hablar.

- Estoy mareada eso es todo

Le contesté cerrando mis ojos y respirando para evitar las nauseas. El golpe en la cabeza se acrecentó y el dolor se hizo intenso, escocía. En eso entro una enfermera que nos miró a los tres sorprendida.

- Srta. Swan, necesito que se vuelva a recostarse, tengo que terminar de suturarla.

Me pidió y Edward se apartó para dejarme pasar. Me miró fijo mientras la enfermera terminaba de curarme y mientras hacían lo propio con él.

- Ya estoy bien, gracias

Gruño entre dientes a Emmett quien se sonrió al ver el arrebato de celos que carcomía a su ex mejor amigo.

Para mi suerte yo salí primero que él hacía la sala de espera y se debió principalmente a que Emmett insistió en tomarle una radiografía. Cuando cruce la puerta hasta la sala de espera Ángela fue la primera en acercarse hasta mí tenía en sus brazos a Anthony, que tenía una expresión de susto en el rostro, así que pude imaginarme lo que había sucedido. No alcance a hablar a mi hermana cuando también advertí la presencia de la madre de Edward y la "novia" de Edward. Ambas me sonrieron y yo no pude ocultar un poco de celos respecto de la última. Traté de parecer amable pero aún así ella noto que estaba incomoda. Esme se paró y se acerco a mí

- Siento que Edward haya actuado así, pero tienes que entenderlo

Me pidió y yo asentí. Claro que lo entendía el problema era que me sentía responsable por haber causado la pelea, aunque pensándolo bien él no estaba solo. No dije nada pero ella continuo.

- Me alegro que estés bien y que no haya sido nada.

Me comentó sonriendo aliviada al verme intacta.

- Solo fue un corte pequeño, nada grave.

Respondí restándole importancia a mi estado al tiempo que tomaba en brazos a mi hijo que me estiro sus manos. A pesar que aún estaba media atontada, no pude evitar mirar a todos lados, buscando a Jake. Mi hermana me hizo una seña con los ojos y advertí que también estaban curándolo.

Nos quedamos en un incomodo silencio hasta que la vista de Esme se cristalizo incomoda, cambio su expresión y me giré. Jake venía caminando en dirección de nosotras. Quise decirle algo pero él habló primero su expresión era bastante seria y con un tejo de molestia reflejada en sus facciones.

- Será mejor que nos vayamos, no quiero toparme con él, creo que con una pelea es suficiente por hoy.

Me dijo y yo abrace a Anthony, ahora estaba dividida. Mi hermana y Jacob esperaban que me fuera con ellos, pero por otro lado, estaba Anthony y… él. Me quede pensando y Esme se me acerco.

- Ve con ellos, yo esperaré a Edward –me dijo y luego agrego – tranquila.

Me susurró cómplicemente y yo sentí un alivio por tener al menos a alguien de mi parte en esa familia. Besé a mi hijo en la frente y se lo entregue. Me dolió separarme de él pero si me llevaba al niño sería peor. Esme adivinó mi preocupación y se adelanto.

- Podrás seguir viéndolo, no te preocupes, no permitiré que se comporte como un malcriado. Además pasarás con nosotros Navidad ¿cierto?

Me preguntó y Jacob resopló enojado - ¡Perfecto, la guinda de la torta! -pensé para mis adentros. Sonreí incomoda y asentí lentamente. Oficialmente estaba dividida en dos.

Nos fuimos en el auto de Ángela, Emmett se llevaría el de Jacob cuando saliera del turno. No nos hablamos en todo el trayecto, me ayudo a bajarme porque aún seguía mareada y cuando mi hermana nos dejo solos se vino la tormenta.

- Dormí con Anthony, te lo juro, bien tapada –exclamó imitando mi voz -¿Desde cuándo te volviste mentirosa Bella? O es un efecto Cullen.

Recriminó y yo tomé aire para respirar.

- Está bien, tienes razón en estar furioso conmigo pero solo porque te mentí, yo que sepa lo nuestro no es nada serio ni oficial.

Le contesté nerviosa porque ya de plano mi corazón estaba dividido, cuando lo vi pelear por mí con Edward algo en mi interior se despertó. Me sentí bien en cierta medida mi ego se había alimentado como un gran monstruo.

- Quieres que te proponga matrimonio o te de un anillo para hacerlo oficial, ¿a qué estás jugando?

Volvió a espetar pero esta vez estaba un poco más calmado. Me sonreí y me acerque, traté de ocultar la risa pero era inevitable.

- ¿qué es lo tan cómico? porque yo no le veo la gracia —concluyó

Me acerque pero él rehuyó mi contacto

- Pensé que habías salido peor pero al mirarte veo que el que se llevo la peor parte fue él.

Contesté pensando en que haría esa mandíbula hinchada a la carrera de Edward.

- Siempre le he ganado, no veo porque hoy no

Me contestó orgulloso pero guardando la compostura su expresión aun era de enfado. Me remonté a la preparatoria y me imagine la pelea por la otra chica y lo mal herido que debió quedar Edward también en esa oportunidad.

- Ahora que me acuerdo, ¿cuándo ibas a contarme lo de tu novia?

Le pregunté ahora volteando la situación. Después de todo eso era un punto en su contra.

- Quise hacerlo muchas veces pero no sabía cómo ibas a tomarlo. Me había enterado de toda tu vida y no sabía si confiarías en mi como tu terapeuta si sabías que tu ex era mi amigo que se había metido con mi novia. No por el hecho que me lo hiciera a mí, sino por tema del resentimiento que estabas experimentando. Eso podría haber nublado tu juicio respecto de él.

Me respondió y me sorprendió. Jake no me había contado que Edward era un mujeriego solo para lograr que finalmente lo perdonara, eso no me lo esperaba.

- No me interesa mantener el perfil de buen chico de Edward, sino que me interesaba sacarte a ti de esa depresión y oscuridad en la que te habías metido, eso es todo. Un paso importante era que te reconciliaras con tu pasado, incluso con él.

Agrego sentándose en un sillón. Lo acompañe sentándome a su lado. Puse mi cabeza en su hombro y comencé a jugar con sus dedos.

- ¿Irás a pasar la Navidad con él? –preguntó molesto

- Pasaré la Navidad con mi hijo, no con él –le contesté

- Pero estarás en su casa -protestó

- Puedes ir conmigo si quieres, no creo que Esme diga que no

Le ofrecí y él me miró. Dudo por unos momentos y luego continuó.

- Creo que es suficiente con lo que paso hoy, tu hijo se asusto demasiado al ver a su padre descontrolado. No quiero crear un trauma. Además eso sería ahondar en la herida y tampoco soy cruel –concluyó

- Pero le dejaste creer que tú y yo nos habíamos acostado.

Contraataque y él se rió.

- Cosa que tu no desmentiste

Me hizo ver divertido ahora por mi respuesta. Si era verdad, yo no había desmentido ese hecho ¿Por qué? no lo sabía, tal vez me gusto ver la reacción de macho que había tenido Edward defendiendo lo que él creía suyo y que hasta ahora era suyo, porque él era y había sido el único hombre en mi vida.