Dark Chat

martes, 4 de enero de 2011

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 20: El juicio II

Bella POV

La cara de Tanya no tenia precio, era una mezcla de confusión, sorpresa, enojo y frustración. Quise sonreír, pero no lo hice, sin embargo Edward si lo hizo.

Expliqué con lujo de detalles, lo sucedido entre Edward y yo, desde como nos conocimos, hasta como terminamos por no poder estar el uno sin el otro. Y aunque delante del juez y de los dos abogados me daba pena, a fin de cuentas era la amante, estaba feliz por fin de poder decir lo que sentía, y así Charlie no tendría nada que hacer aquí, si Tanya lo quería para que dijera que me acostaba con su marido, pues aquí estaba yo para demostrarle que no era necesario.

También nos evitábamos el mal trago de ver a la señora Stanley a su hija y a Lauren, quienes contarían la historia a su manera. El abogado rubio de Tanya se levantó y aun con cara de desconcierto y se acercó a mi pensativo.

— ¿Usted admite haber tenido una relación amorosa con el esposo de mi cliente?

— Si, lo he dicho como diez veces — respondí cansada, en verdad quería que ya terminara, sino el juicio al menos mi turno, no quería seguir mas en el ojo del huracán, además aun había muchas cosas por decir.

— ¿Sabiendo que era casado?

— Lo supe desde que lo conocí, así que cuando empecé una relación con él, era obvio que lo sabia.

— Eres una descarada Isabella, no, ¡eres una zorra! — Gritó Tanya desde su lugar — destruiste mi matrimonio.

— Guarde silencio señora Cullen — ordenó de nuevo el juez.

— No tengo mas preguntas señor juez — el abogado de Tanya se sentó junto a ella y la regañó con la mirada.

— Esta corte entra en sesión treinta minutos, y espero que la señora Cullen se calme — el juez asesinó con la mirada a Tanya, yo me puse de pie y junto con la familia de Edward y mi hermano, salimos a tomar algo de agua.

— Será mejor que te traiga algo de comer — dijo Esme con esa forma tan cariñosa de hablar.

— La verdad Esme, no tengo hambre, tengo el estomago revuelto.

— Hija debes comer, recuérdalo.

— Claro, es cierto, entonces te acompaño — aun me era un poco difícil hacerme a la idea de que estaba embarazada, ahora lo que hiciera o comiera no solo era para mi, también era para él o ella.

Me imaginé su carita, independientemente de si era un niño o niña, tenía que parecerse a Edward, me emocionaba la idea de verme reflejada en unos ojos como lo de él, verdes y llenos de inocencia. Claro si todo salía como lo teníamos planeado. Aun había una cosa por la cual preocuparnos y que Tanya pudiera usar, pudiera que no en el juicio, pero si en Forks, en la universidad, además de mi hermano y mis amigos nadie sabia lo que ocurría, pero si se enteraban, a Edward seguramente lo correrían y posiblemente a mi me pasaría lo mismo, aunque yo podría entrar a cualquier otra, él posiblemente no.

— ¿Vieron la cara de Tanya? — Preguntó Alice detrás de nosotras — no tenia precio, lo que hubiera dado por poder sacar mi celular y tomarle una foto.

— Alice ¿qué te he dicho sobre burlarte de las demás personas? — regaño Esme.

— Que no debo hacerlo, pero Tanya no es una persona, es una…

— Como sea Alice, por favor.

— Está bien mamá, ¿cómo te sientes Bella?

— Parecerá extraño, pero me siento bien, creí que iba a desmayarme o a vomitar enfrente de todos, pero creo que esto puedo funcionar.

Tanya POV

— No tiene caso Tanya — me dijo por tercera vez el estúpido de James.

— De algo nos tiene que servir.

— Esos testigos eran para comprobar que tu marido tiene una relación con esa mujer, y ella misma lo ha puesto en evidencia, no es necesario que el señor Swan suba a declarar.

— No importa, quiero ver a esa humillada — no soportaba la idea de tener que desperdiciar esta oportunidad.

— ¿Por qué te importa tanto? — Me preguntó James tocándome la pierna, alejé su mano con un manotazo y él se rió — en verdad lo que quieres es dinero, con esa declaración tu marido tendrá que pagarte mucho, que mas da si esa chiquilla es humillada o no.

— Pero, ¿por qué demonios declaró en contra de Edward?

— ¿A quien le importa?

— A mi — le contesté furiosa.

— Tal ves es igual de interesada que tu, y le quiso quitar unos cuantos dólares por declarar lo contrario y como el tacaño de tu marido no quiso, pues lo hundió.

— ¿Me dices interesada a mi? — Me reí — eres un cínico, si esperas que le saqué mucho a Edward para poder irnos a Europa juntos.

— Bueno mi amor, si además de tu excelente compañía puedo disfrutar del dinero de tu ex marido, bienvenido sea.

Quiso meter su mano debajo de mi falda, pero no lo deje, ese no era el momento de ninguna demostración de cariño con ningún hombre, mucho menos con mi abogado.

Se me hizo eterna la espera del dichoso receso, quería regresar a la sala y terminar con esto, seguía Edward por declarar y ¿qué podía decir? Si ya la zorra de Isabella lo había dicho todo. Lo de mi embarazo, bueno eso ya no me preocupaba, James se había encargado de sobornar al medico que me había practicado el aborto y de haber quemado, el mismo mi expediente. ¿Qué podía salir mal? La respuesta era fácil: NADA. Probablemente mañana, y si tenia suerte, hoy mismo tendría la sentencia del juez, donde mi querido esposo tendría que pagarme una multa multimillonaria por el daño moral que su infidelidad me había causado, y en unos días, estaría en Europa, probablemente Paris o Milán, comprando todo lo que estuviera a mi alcance, y ¿por qué no? Buscando un hombre mejor que James, quien solo era mi vía de escape de este desastroso matrimonio y mi pase de abordar hacia una mejor vida, con un mejor hombre, con una mejor cuenta de banco.

Bella POV

Ahí estábamos, de nuevo en la sala, sentados en el mismo lugar, a excepción de Edward, quien ahora estaba en el banquillo de los testigos, esta vez las manos me sudaban y mi corazón latía con demasiada fuerza, afortunadamente Carlisle era doctor, si me daba un paro cardiaco sabia que al menos haría algo por salvarme. El abogado de Tanya se puso de pie y comenzó a interrogar a Edward.

— Señor Cullen ¿es verdad lo que dijo la señorita Swan acerca de ustedes dos?

— Si, es verdad — declaró con firmeza, podría decir que hasta orgulloso.

— Así que mientras mi cliente estaba de viaje, usted sostenía un romance extramarital, ¿sabe las consecuencias de eso?

— Si, las tengo muy claras y estoy dispuesto a enfrentarlas.

— No tengo mas preguntas — el abogado, que hasta antes de mi declaración parecía arrogante, ahora estaba confundido, parecía que no tenia nada más que preguntar, así que rápidamente J.J tomo el control del interrogatorio.

— Señor Cullen, ¿qué paso exactamente en estos siete u ocho meses de matrimonio con su esposa?

— Nos casamos y al los días ella se fue de luna de miel, no pude acompañarla por que tenia asuntos que atender en mi universidad, acababa de graduarme, además me ofrecían trabajo como profesor y tenia que arreglar ese aspecto de mi vida — Edward tomó aire y continuó — después de que regreso se volvió a ir, y otras dos veces después de esa, en esta ultima fue cuando comencé a dar clases y ahí conocí a Isabella.

— ¿Y cuando la señora Cullen regresó? — preguntó J.J.

— Claramente se dio cuenta de lo que pasaba y yo tampoco se lo negué, así que me confeso que en su viaje me había sido infiel y estaba embarazada.

La cara de Tanya era de odio, lo miraba como si quisiera atravesarle la cabeza, y agradecí a Dios que eso no fuera posible, vi a su abogado poner su mano sobre la pierna de ella, en un gesto tranquilizador para que no se levantara y gritara y por consecuencia, la sacaran, pero había algo mas en ese gesto, me estremecí. Era increíble que, de ser cierto lo que pensaba, ella estuviera involucrada con su abogado. Aunque, ¿quién era yo para juzgar? Si me había metido con un hombre casado, ese me convertía en una especie de "zorra" como me llamaba Tanya, por que había sido por amor, si, pero eso no quitaba que todo en esta sala, y mi padre afuera en algún lugar, incluso yo misma, me viera como la otra.

— Entonces ¿qué paso? — prosiguió J.J.

— Me pidió hacerme cargo del bebé a cambio de que ella no dijera nada sobre lo mío con Isabella, yo no quería que el pueblo se enterara, sobre todo por ella, así que accedí, nos vinimos a Nueva York y con ella embarazada pensé en poner la demanda de divorcio, pero como verá, se me adelanto — el rostro de Edward era indescriptible, había infinidad de emociones en ese ceño fruncido, mientras miraba a Tanya.

— ¿Y que pasó con el bebé?

— Lo abortó.

— Objeción señor juez, esas con conjeturas que el propio señor Cullen se esta haciendo, por no decir que es mentira.

— Ha lugar — dijo el juez — sin pruebas, son conjeturas.

— Bien, no tengo mas preguntas para el señor Cullen, pero me gustaría llamar a mi ultimo testigo, Eleazar Buring.

Y ahí estaba yo, a punto de sonreír como nunca antes, este era nuestro as bajo la manga. Me pregunté si estaría mal alegrarme por que el matrimonio en el que me había metido estuviera a punto de terminar, pero decidí que me respondería más tarde, y ahora disfrutaría la cara de Tanya.

La puerta de la sala se abrió y entró un hombre, que por obvias razones no había estado presente en todo el juicio, debía tener unos treinta y pocos años, de cabello castaño, caminó con seguridad por el pasillo y tomó asiento en el lugar donde antes había estado Edward. No lo pude evitar así que miré a Tanya quien tenia los ojos sumamente abiertos y miraba a su abogado como exigiéndole una explicación. Pero no la tenia, así que J.J tomó la palabra.

— Doctor Buring, ¿conoce a la señora Cullen?

— Si, la semana pasada acudió a mi consultorio.

— ¿Cuál es su especialidad?

— Obstetricia.

— ¿Y puede decirnos para que lo visito la señora Cullen?

— Objeción señor juez — se levantó el rubio — lo que pasó entre mi cliente y el medico es confidencial.

— No ha lugar — dijo el juez — aquí nos interesa saber para que fue la señora Cullen a ver al doctor, responda señor Buring.

— Fue a pedirme que le practicara un aborto.

— ¿Y lo hizo? — preguntó J.J ante la mirada de terror de Tanya.

— Si, específicamente fue el miércoles de la semana pasada, le pedí que se quedara en el hospital la noche para que descansara pero ella se negó.

— Tengo en mis manos — dijo J.J al tomar de su escritorio un folder amarillo — el expediente de la señor Cullen, si me hace favor señor juez — se lo entregó y el juez comenzó a hojearlo — como verá la señora Cullen tenia nueve semanas de embarazo, lo que nos da mas de dos meses de embarazo, y en esas fechas la señora estaba en las playas de España y mi cliente aquí en el país, por lo tanto ese hijo no podría ser del señor Cullen. Por lo tanto la señora acudió al legrado para desparecer la evidencia de su infidelidad, sin contar con que trató de sobornar al medico ¿no es así doctor Buring?

— Así es, el viernes por la tarde el abogado de la señora me visitó con esto — del bolsillo interior del saco, extrajo un sobre amarillo — una fuerte cantidad en efectivo para que le diera el expediente y no dijera nada si los tribunales me citaban a declarar. Licenciado Branner, le regresó su dinero, no tomé ni un dólar.

Tengo que decir que la palidez del abogado ya no era natural, pero si era impagable el rostro de derrota, en el de Tanya simplemente era… espectacular.

— ¿Y por que no aceptó el dinero? — pregunto J.J, en realidad yo también quería saberlo, si bien Edward me había dicho parte del plan de su abogado, no me lo había contado con lujo de detalles.

— Por que no soy ese tipo de personas, además el nombre de la señora se me hacia conocido, y claro, es la nuera de quien alguna vez fue mi profesor, el señor Carlisle Cullen, de hecho asistí a la pequeña boda, pero parece que la señora Cullen no me reconoció, mi deber como medico era la confidencialidad de mi paciente, pero cuando el abogado fue a sobornarme supe que algo andaba mal, así que me puse en contacto con el doctor Cullen.

— No tengo mas preguntas — dijo J.J y tomó asiento.

— ¿Licenciado Branner? — lo llamó el juez cuando el rubio no se levantó de su asiento.

— No tengo preguntas señor juez — dijo en voz baja.

— ¿Cómo demonios no tienes preguntas? — Gritó Tanya y se puso de pie — eso que esta diciendo es mentira, que no ve que es amigo de mi suegro, seguramente él le dio una cantidad más grande de la que nosotros le dimos.

Y ahí, la misma Tanya cavó su tumba.

— Te quieres callar de una vez por todas — le gritó su abogado.

— Silencio los dos — ordenó el juez — señora Cullen, gracias por su declaración. Entraremos en un receso de quince minutos para dar la sentencia del caso.

El juez le pegó al escritorio con ese pequeño martillo que solo había visto por televisión y todos nos pusimos de pie. Alice comenzó a dar saltitos a mi lado, emocionada y quise hacer lo mismo pero me contuve, aun debía tener un poco de respeto por la aun señora Cullen.

— Esto salió de maravilla — mi hermano me tomó en sus enormes brazos y me levantó en el aire — y lo mejor es que Charlie no tendrá que venir, tal como lo queríamos.

— De hecho debe estar afuera junto con los otros testigos — dijo Carlisle — será mejor que vaya a ver.

— Yo te acompaño — dijo Esme.

— Mejor voy yo — dije, todos me miraron — tal vez sea mi única oportunidad de hablar con él.

— Si, si ve — dijo Alice — pero procura estar aquí para ver como la arpía es pisoteada.

— Eres una maldita enana insoportable — le gritó Tanya desde su lugar, pensé por un momento que se habían ido pero no fue así, ahí estaban los dos, molestos, aunque el abogado salió y le dejó sola.

— Lo se — dijo Alice sin caer en las provocaciones de su cuñada.

— Voy a ver a Charlie.

— ¿Quieres que te acompañe? — pregunto Edward.

— No, lo haré sola.

Respiré hondo y salí de la sala, ahí estaba la señora Stanley, su hija y Lauren con el abogado de Tanya, y alejado, sentado en una banca, estaba mi padre. Se me hizo un nudo en el estomago y otro en la garganta, me armé de valor y caminé hasta él, a unos pasos de distancia se percató de mi presencia y levantó la mirada.

— Papá — dije, él se puso de pie.

— ¿Ya me toca? — preguntó nervioso, al igual que yo, no le gustaba ser el centro de atención.

— No, no será necesaria tu declaración, te querían solo para que… bueno para que confirmaras que soy la amante de Edward pero yo sola lo hice.

— ¿Lo hiciste? — preguntó sorprendido.

— Si, papá sé que estas enojado pero, aunque hice las cosas mal, lo amo, y él me ama por eso estamos aquí, es un error del que tal vez algún día me voy a arrepentir pero, tu no tienes por que cargar con el.

— Estoy enojado — dijo Charlie.

— Lo se, y se que tal vez pasará mucho tiempo antes de que ese enojo se borre de tu mirada, pero… — no dije nada mas, en nudo en mi garganta no me dejó, las lágrimas rápidamente se acumularon en mis ojos y no tardaron en desbordarse por mis mejillas. Cerré los ojos, pues las lágrimas borraban mi vista, pero sorprendentemente los abrí al sentir los brazos de Charlie rodeándome.

— Eres una tonta Bella, una tonta por meterte con ese hombre, pero también eres valiente, y aunque no apruebo que te hayas involucrado con él, sé que lo amas, y quiero que sepas que hoy vine dispuesto a mentir por ti — me limpié las lagrimas y me separé para verlo a los ojos — pero no fue necesario por que mi niña afronto la situación sola.

Sus ojos brillaban, aun estaba ese enojo, que como le había dicho no iba a desaparecer tan pronto, pero ya no había decepción, había amor, cariño y un poco de comprensión.

— Eso significa…

— Que puedes volver a la casa, que te quiero; pero con una condición.

— La que quieras papá — le dije sin dudarlo.

— No veras a ese chico hasta que este divorciado, al menos no en mi casa, a ti te perdono por que eres mi hija, pero a él le podría meter un tiro entre ceja y ceja.

— Está bien, no lo veré en la casa — dije, podría sonar a broma su amenaza, pero podía también ser muy cierta.

Charlie me acompañó de regreso a la sala y se sentó junto a mi, a mi otro costado estaba mi hermano, y frente a mi mis futuros suegros y Alice, ella independientemente de todo ya era de mi familia. Las manos comenzaron a sudarme cuando el juez apareció, junto con él venia la decisión de todo este embrollo, en realidad confiaba en que el divorcio se llevaría a cabo, pero ¿a favor de quien fallaría el juez? Tanya y Edward junto con sus abogados se pusieron de pie.

— Bien, esta claro que lo que vi aquí no es un matrimonio feliz, así que la demanda de divorcio se la concedo a la señora Cullen.

— ¡Si! — gritó Tanya, mientras el juez la mandó callar con la mirada.

— Sin embargo, no hay hijos de por medio, están casados en sociedad conyugal, por lo cual debería dividir los bienes que hayan adquirido mientras estaban casados pero no hubo ninguno, así que el señor Cullen no esta obligado a pagarle nada a la señora. Ahora el estado de Nueva York sanciona el acto de la infidelidad, por lo tanto el señor Cullen tendría que pagarle una indemnización a la señora Cullen por ochocientos mil dólares.

— Eso es muy poco señor juez, debería darme mínimo ocho millones.

— Si me dejara terminar, sabría que la multa también le aplica a usted puesto que también hubo infidelidad de su parte por lo que anulo la sanción. Esa es mi sentencia.

— ¿Qué? — Gritó Tanya— ¡esta usted loco, me esta diciendo que mi marido será libre y además podrá revolcarse con esta zorra, y a mi no me va a dar ni un centavo, es usted un idiota, seguro lo compró!

Tanya estaba totalmente fuera de si, pero poco me importaba, la sonrisa de mi rostro no la podía borrar nada ni nadie. Todo había salido bien, bueno eso no aplicaba para Tanya.

— Oficial, arreste a la señora Cullen por insultar a la autoridad y sáquela de aquí por el amor de Dios.

— Quíteme las manos de encima — se necesitaron dos guardias para sacar a Tanya de la sala, ya que pataleaba y arañaba — ¡James! ¡Ayúdame idiota!

Sus gritos, solo se calmaron cuando la sacaron de la sala, el juez también salió y por fin me levante y corrí a los brazos de Edward. Me tomó en sus brazos y me levantó para después besarme como nunca lo había echo, seria quizás que ya no había peligro de que alguien nos viera, que mi padre parecía estar algo de acuerdo con esta relación, que aunque estaba casado, el proceso de divorcio se estaba llevando a cabo y que no habría problemas para que él, nuestro hijo y yo estuviéramos juntos. Me aferré a él, a ese beso tan lleno de libertad, de amor y de pasión, sus manos se aferraban a mi cintura acercándome mas a él. Hasta que mi hermano carraspeó detrás de nosotros.

Nos separamos y tomamos aire, miré a mi familia, Emmett sonreía junto con Alice quien daba saltitos de alegría, Esme y Carlisle estaba abrazados y también sonreían, detrás de ellos estaba Charlie, quien era el único que me miraba serio, pero él había dicho que no me quería ver con Edward en la casa, y aquí no estábamos en casa, sin embrago me guiñó un ojo y una sonrisa fugaz cruzó por sus labios, entonces supe que todo estaba bien y que por fin todo encajaba donde debía.

viernes, 31 de diciembre de 2010

¡¡¡Feliz Añoo Nuevo Angeles!!!

Mis niñas hermosaas les deseoo que pasen un feliz año nuevoo, que este año que va iniciaar sea maravilloso, que dios las colme de bendiciones, de amor y prosperidad. Que cumplan todos sus sueños y propositoos.

Le agradezco a dios formar parte de esta hermosa familia TWILIGHT porque a pesar de que todaas vivimos en diferentes lugares, países e inclusive continentes estamos unidaas por un lazo muy fuerte que estoy segura que aunque paseen muchaas añoos seguirá igual de fuerte.

Graciaas hermosaas por visitaar el blog porque gracias a ustedes existee... las quieroo nenaas besitooss y un gran abrazooo (K)

La primera fotitoo es de parte de vane y miaa esperoo les gustee y la segundaa va dedicadaa a Vanee, esta niñaa hermosaa que nos mantiene enviciadas dia a dia jajajja graciaas siss permitirmee estar contigoo un año mas y dejarme formar parte de este blog, y sobretodo graciaas por hacermee sentir parte de tu vidaa, por compartir conmigoo el regalo mas grande que te ha dado dios que es tu bebé, que aunque no nos une ningun lazo de sangree si me une a ustedes uno mas grande y fuerte que es el del corazón.

Dios te bendigaa hermosaaa te quierooo muchisimoooo y espero te gustee la fotoo, los puse a ti y a Leo porque quise plasmaar lo importantee que son paraa mii

Te mandoo un abrazotee y muchoos besoss (K)

Que este año este lleno de amoor, si tienen parejaa que sigan muy unidos y si no tienen que este año conozcan al amor de su vidaa..



Toda la familia Cullen les deseaa feliz añoo.. brindemos por el amoor y la amistaad .. SALUD..

Phonography

Causa y Efecto

Hacía tres meses desde el día en que había decidido darle una segunda oportunidad. Tres meses en donde me tuve que tragar el orgullo y ocultar mi tristeza. Tres meses en donde tuve que pretender que nada había ocurrido, tres meses de agonía ¿Realmente podría perdonarlo?

No lo sabía, aún dolía su engaño. Y dolía principalmente porque yo lo amaba con locura. Con la misma que había comenzado en aquel juego de las llamadas. Suspiré, tenía que distraerme de pensar en él, en ella, en ellos y no me estaba ayudando para nada el hecho que siempre me topara con titulares, con preguntas, con las típicas risitas de pasillo. Sí yo había decidido afrontar la batahola que se desató los días después pero merecía los murmullos. Era cierto que yo había decidido guardar silencio, no emitir comentario más que: Estoy bien, estamos bien, cuando más de algún periodista metiche hundían más el dedo en la yaga. Sin embargo los comentarios se mantenían. Tenía que haber algún merito en lo que yo había hecho, después de todo yo me había parado digna y había enfrentado todo y a todos incluida a mi propia madre, todo por él.

Y a pesar que tenía un temple de acero frente al mundo de afuera por dentro estaba destrozada. ¿Cómo se supone que se reconstruye una relación, ¿cuándo en verdad no puedes olvidar? ¿Cuándo la imagen mental te acompaña todos los días, a cada segundo, a cada minuto? ¿Cómo confiar en él cuando cada vez que salía por la noche yo no podía evitar pensar en que se escapaba con la otra?

Como todos los malditos viernes estaba con mi hijo en brazos y ansiosa mirando el reloj. Ya faltaban diez minutos para las siete de la tarde y mi corazón se disparaba con el latir frenético, tenía las tripas enrolladas con cada minuto que pasaba y la ansiedad me carcomía. La risa profusa y automática de mi hijo me trajo de regreso de mi mundo de ensueño y lo mecí jugando con él. Me acerque a la cama y lo puse sobre esta, tomé sus pequeñas patitas y comencé a besarlas mientras sus risas se sentían alegrando el tortuoso silencio de la habitación.

— ¿Dónde está mi príncipe azul? —murmuré contra sus deditos mordiéndolos suavemente y él soltó una risotada divertidísimo. — Me comeré esa guatita —susurré enterrando mi cara contra su cuerpecito y él alzo sus manitos emocionado mientras se reía divertido. Estaba absorta jugando con él mientras le hacía cariño que no sentí que Edward estaba parado en el umbral de la puerta sino hasta que tosió. Alce mi vista y él tenía sus ojos verdes clavados en mí. Tenía una mano en su bolsillo y la otra estaba aún rozando su boca. Me medio sonrió y la sonrisa de mi rostro se desvaneció, me puse nuevamente en guardia como diría él. Acerque más a mi cuerpo a nuestro pequeño hijo, mientras lo besaba y mecía entre mis brazos le hablé.

— ¿Cenaste ya? —le pregunté y aunque traté que no sonará a indirecta irremediablemente fue así. Su sonrisa se apagó, el brillo de sus ojos se quitó.

— No, pensé que cenaríamos juntos —me respondió un tanto incomodo.

Deje de mirarlo y miré a nuestro hijo. Entonces suspiré, sabía que el camino elegido sería difícil. La confianza no vuelve de buenas a primera y era peor para nosotros. No ayudaba en nada que nuestras vidas aparecieran en cada revista, en cada noticiario a cada segundo sin tregua. Al final exhalé el aire y di el paso necesario para ponerme a su lado.

— Me llamaron hace un par de horas, mañana debo viajar a Nueva York —exclamé entregándole a nuestro hijo. Edward rozo mis dedos apropósito pero no pude evitar quitar mi mano de manera autómata. Retrocedí volviendo a instaurar aquel espacio tan frío y e incomodo que se había instalado entre nosotros — Distancia —era ahora el tercero en nuestra relación.

Nos quedamos mirando por unos segundos y como odiaba estos momentos sentí que quiso acercarse pero se contuvo. Era como si ambos agonizáramos yo por la rabia y él por el arrepentimiento. De pronto ya no éramos dos jóvenes sino dos ancianos recriminándonos la vida. ¿Dónde había quedado la magia?

— No te preocupes… lo cuidaré ¿Verdad que vamos a divertirnos juntos? —dijo repente alzando a Cameron en el aire. — Estaremos bien, lo cuidaré mucho —aseguró y mi hijo estalló en risas. De pronto lo compungido que se encontraba mi corazón se disipó y por medio segundo quise acercarme y besarlo. Realmente lo amaba tanto que su traición me desgarraba en lo más profundo de mí ser.

— Más te vale si le pasará algo te mataría —comenté en un murmullo y sentí como mis labios adquirían un leve sopor. Traté de contar la rabia pero el comentario ya se me había escapado sin control. Nunca había dudado que lo cuidaría, después de todo Cameron era su sangre y del amor que le tenía a su hijo era de lo único que yo podía estar completamente segura.

Salí de habitación dejándolos solos y me dirigí a la sala de estar recriminándome no solo mi actitud sino la actitud de él. ¿Se cansaría Edward de perseguir el perdón? Era una de las constantes preguntas que me había hecho todo este tiempo, hasta ahora tenía paciencia y aceptaba cada una de mis malas caras o incluso malos comentarios pero ¿lo haría siempre? ¿Qué sucedería cuando la culpa se extinguiera de su corazón, mi rabia también se extinguiría a tiempo para volver a empezar?

Decidí distraer mi mente en algo, caminé hasta la cocina. Abrí el refrigerador y me dispuse a calentar la comida que estaba guardada. Estaba en eso cuando pensando en algo más no me percaté y al tratar de abrir una lata me rebané el dedo. La sangre escurrió sin control, el olor a metal y azufre me invadió por completo. Pensé que me desmallaría pero sin embargó algo se activo en mi interior sin conciencia estaba a un lado del lavaplatos.

— ¡Maldición! —magullé acercándome para abrir la llave. Di el agua y puse la mano bajo el chorro. Pasaron algunos minutos y la sangre seguía escurriendo sin control, y mi cara no era mejor, era como si el azufre me invadiera por completo, sentía nauseas de solo sentir ese olor a metal tan característico.

¡Vamos Bella, solo es sangre!

Me dije y miré a todos lados. En verdad no tenía muchas alternativas diferentes a la sal y el limón. Estaba decidiendo si hacerlo o no cuando sentí la voz de Edward que entró a la cocina interrumpiendo, como siempre, mi proceso mental.

— Ya se durmió —anunció y entonces apreté más la mano tratando de evitar que se diera cuenta de lo que había sucedido, me volví de espaldas a él ocultando lo inocultable. Se quedo en silencio unos segundos — ¿Bella? ¿Qué sucedió? —preguntó y entonces de reojo noté que había sangre en el mostrador, se dio cuenta, era obvio. ¡Maldición! Y el orgullo lo tenía a tope, no quería reconocer que era un desastre en la cocina, mi torpeza se venía acrecentada cada vez que trataba de dármelas de dueña de casa, por suerte, no eran muchas las ocasiones en que tenía que hacerlo.

— Nada, fue un corte sin importancia —exclame restándole importancia al tiempo que cortaba el agua girando la llave. En el minuto en que se acercó quite las manos del agua y justo cuando iba a escapar otra vez me detuvo. Me acorraló contra el lavamanos, su cuerpo se puse interponiéndose en mi huida y sus labios se torcieron en una sonrisa. Automáticamente me puse el paño de cocina en la mano y la apreté mirando al suelo. Sus ojos verdes se clavaron en los míos. ¿Por qué tenía que ser un libro abierto para él?

— Déjame ver —pidió con esa voz aterciopeladamente sexy y sentí como mi corazón respondió a aquello. Comenzó a latir furioso en la mitad de mi pecho, mis entrañas se apretujaron apenas sentí su perfume en mi rostro. En segundos aquella esencia mesclada a testosterona invadió todos mis sentidos. ¡Tienes que ser fuerte! Me dije recordando en primer lugar porque estaba enojada con él.

— No es nada, es un corte sin importancia —insistí y traté de cambiar de tema — ¿Quieres comer en el comedor o lo harás en tu habitación? —le pregunté sin mirarlo, en realidad miraba la mano y el paño que estaba comenzando a teñirse levemente de un rosado. ¡Perfecto! Lo que me faltaba una seudahemorragia y Edward estaba allí para ¿Salvarme?

— ¿Ya cenaste? —preguntó despacio investigándome con su mirada. Podía sentir como respiraba lentamente y la tibieza de su hálito choco contra mi rostro.

— No tengo hambre —le contesté a duras penas con la vista fija en el paño de cocina, de pronto pude ver que ese color rosado ya era rojo claramente.

— ¿Porque eres tan terca? —me preguntó de repente y sin darme cuenta tiró del paño de entre mis manos revelando que mi corte no era un simple corte sino que había sido un poco más profundo. Me tomó la mano por la muñeca y la puso de vuelta en el agua. — Es demasiado profundo te llevaré al hospital a que te suturen —exclamo examinando mi dedo cerca de su rostro, y tenerlo tan cerca, me estaba haciendo mi indiferencia un tanto más difícil de lo habitual. Sentí la tibieza de su mano sujetar la mía y me imagine tantas cosas que por un segundo mi alma reclamó por él. Era tanto que sentía como la temperatura de todo mi cuerpo comenzaba a elevarse en cuestión de segundos. Sentía fluir la sangre por cada uno de mis extremidades como en sus mejores momentos de excitación. Estaba tan eufórica, y solo por su toque, que incluso creí percibir la tibieza de su respiración contra las yemas de mis dedos cuando habló en el segundo exacto que mi cuerpo hizo real aquello, sentí otra vez mi corazón latir descontrolado.

— Es un corte, no voy a ir al hospital por una cortadura en el dedo —reclamé tirando la mano pero él la sujeto con fuerza impidiendo cualquier movimiento de mi parte.

— ¿Cuándo vas a dejar de ser tan terca? —preguntó retóricamente suspiró resignado al segundo de hacerla — Nunca —y esa respuesta tal vez no era la correcta. — Veamos —balbuceo mirando a todos lados, entonces divisó algo que yo no y me miró confiado — sí la princesa insiste… siempre está la alternativa dolorosa —replicó en respuesta sonriendo un tanto malévolo me obligó a caminar junto a él.

Llegamos hasta la estufa de la cocina, apenas divise el objeto a un costado de esta lo miré en pánico pero no alcancé a protestar cuando metió mi dedo en la sal.

— Genial, acabas de contaminar la sal con mi sangre… Maravilloso —dije irónica aguándome el escozor que podía sentir en el dedo. Él parecía bastante divertido como esperando algo, claramente algo que yo no había visto venir

¿Acaso quiere que le dé un beso en respuesta por haber sido mi héroe personal? ¡Por favor! Cualquiera podría haber puesto el dedo en la sal, no había merito a aquello. Lo miré confundida.

— ¿qué? —pregunté al cabo de unos minutos observando mi dedo cubierto por un montículo de sal.

— ¿Cómo te sientes? —preguntó examinándome con la mirada. Era como si estuviera viendo algo que yo no, lo miré aturdida y un tanto confusa.

— Bien —contesté mirando el gran cerro de sal y mi dedo al medio, podía ver como la sustancia alrededor del dedo rebosaba en un rojo profundo y vistoso.

— ¿Segura? —preguntó otra vez y sentí como paso sus manos tibias y varoniles por mis mejillas hasta llegar a mi frente, luego quitó unos mechones tercos que colgaban por mi rostro y se acercó un poco más. ¿Qué se traía Edward?

— Sí ¿Por qué habría de sentirme mal? —le pregunté y lo siguiente que ví fue como sus labios se torcían en una sonrisa cautivadora.

¿Por qué Edward estaba sonriendo al revés?

Para cuando desperté y sentí el almohadón blando de mi cama bajo mi cuello, y la suavidad de mis sabanas rozarme la piel, entendí que me había desmayado. Abrí mis ojos automáticamente y lo siguiente que noté fue mi dedo completamente blanco… tenía una venda demasiado exagerada para que la hubiera hecho un profesional, así que cuando me alce y divise esos ojos verdes enfocar su atención desde el libro en sus manos hasta mí entendí que, había sido él quien me había curado.

— ¡Y estaba viva! —exclamó tratando de parecer divertido. Dejo a un lado lo que supuse era un libreto y luego se acercó a mí.

— ¿Cuánto he…estado…

— inconsciente —completó mi frase sin que yo pudiera hacerlo.

— Sí

— Un par de horas, es pasado media noche —me respondió sentándose en el borde de la cama, otra vez sus manos gentiles, grandes y níveas tocaron la piel de mi rostro, me estremecí y no pude controlar el sonrojo natural que sus caricias provocaban. Rió entre dientes, yo bajé la vista avergonzada y me tape más de lo habitual con la colcha.

— ¿Tienes hambre? —me preguntó como todo un amoroso esposo. Entonces lo quede mirando sin entender ese sentimiento tan grande que me invadió por completo. Sin poder controlarme, sin proveerlo, sin reflexionarlo me acerque hasta sus labios y lo besé.

Con la necesidad contenida de todos esos meses en donde había sido un tira y afloja, de su parte había estado insistiendo en nosotros todo este tiempo y yo todo estos días, semanas y meses lo había rechazado hasta hoy. En donde por primera vez no estaba en mi mente el recuerdo de ella.

Edward correspondió al beso tanto o más animoso que yo, de hecho, sentí como me jaló hasta su cuerpo. También sentí claramente como sus manos comenzaban a buscar mi cuerpo en aquella manera tan exquisita que me volvía loca. Edward era una droga para mí y todos estos meses habían sido una agonía.

Deslice mis manos por su barbilla bien definida, tenía una barba incipiente de dos días y el rose áspero y tosco con ella me incitó a querer sentir la tibieza de su cuerpo cerca del mío. No supe cómo pero lo acosté en la mitad de la cama, de mi cama, de nuestra cama.

Como poseía le quité la polera que aún traía puesta y contemple aquel dorso tan perfecto y que en estricto rigor era mío. Porque él era el padre de mi hijo, era mí hombre.

¿Quién se creía ella? ¿La dueña de Edward? ¿No podía conseguirse otro hombre que no fuera el mío? ¿El que hubiera sido de ella un par de noches le daba el derecho a reclamarlo como suyo?

. Esta noche éramos yo y Edward. Besé cada parte de aquel dorso desnudo, intoxicándome de su aroma, de su tibieza, de su suavidad. Sentir como escapaban pequeños gruñidos de sus labios cuando llegaba con mis labios húmedos hasta el ombligo me incitó más. Justo cuando creí que podría dar vuelta la página, el recuerdo tortuoso de Ángela me invadió. Sentir su voz distorsionada por la excitación me hizo transportarme lejos de allí. Una nauseas me invadieron y comprendí que un engaño no puede olvidarse. Un engaño hay que sanarlo y muchas veces eso significa que hay que dejar ir. No era una cuestión de orgullo, de quién era más mujer. Era una cuestión de sentimientos, de fidelidad, de amor. Edward no me amaba tanto si había buscado consuelo en otro cuerpo.

Entonces cuando estaba así adolorida por las imágenes de su engaño, intoxicada por los recuerdos, una imagen bastante más nítida y diferente se presentó ante mis ojos. Era Edward, estábamos en la mitad de mi habitación pero no era media noche, sino que era de día. Era ese día… era aquel día.

— ¿Dónde está Cameron? —y aquellas palabras yo las había oído antes.

— Con mi madre —contesté magnificando el sufrimiento de aquella decisión que mi mente había fraguado hacía cuestión de segundos como una completa verdad paralela.

No, no podría perdonar jamás. Y olvidar sería demasiado difícil, demasiado doloroso, demasiado triste. Yo no era tan noble.

— Bells… —y su voz se apagó. Principalmente porque yo lo interrumpí en el segundo exacto que dimensione que la confianza es una, y cuando se rompe no hay nada que hacer para tomarla otra vez.

— No… —murmuré tranquila con mi conciencia, tranquila con todo. Iba a tomar la decisión correcta. Una decisión que no era egoísta pero tampoco era altruista simplemente era racional.

— Al menos déjame explicarte —balbuceo asustado. Él ya había adivinado cual sería el final de aquel día. Se acercó a mí pero rehuí.

— No te esperé para pedirte explicaciones, te esperé para despedirme —y la última silaba caló hondo en el fondo de mi corazón destrozado. Yo le amaba, pero por ahora ese amor no era suficiente para curar su engaño. — Podrás verlos los fines de semana —y jamás le quitaría el derecho que le correspondía por ser el padre biológico de mi hijo pero yo no estaría a su lado como la incondicional.

La mirada confusa y atontada de Edward ante mis palabras serias y directas me confirmó que no estaba preparado para mi actitud. Tal vez esperaba gritos y llantos pero ¿Para qué? ¿Conseguiría componer el jarrón llorando histérica y dolida por su engaño? ¿Acaso servirían las lágrimas para volver a ser una pareja? No. Un tenso silencio se embargó entre nosotros.

Entonces ante el silencio mis labios se curvaron en una sonrisa irónica. ¿Tan poco había valido para él qué aún en una circunstancia como esta él se había dado por vencido? De pronto agradecí el que esto hubiera sucedido ahora y no veinte años después cuando ambos nos recrimináramos el estar juntos solo por apariencias.

— Puedes llamarme cuando quieras verlos, adiós Edward —susurré.

— Se que no hay justificación para lo que sucedió pero se terminó lo juro —espetó desesperado tratando de seguirme. Estaba bajando las escaleras y sintiendo como nuestra relación se terminaba por romper.

¿Por qué tenía que creerle ahora? ¿Por qué tenía yo que darle la segunda oportunidad? ¿Por qué? ¿Acaso había una razón diferente a una que respiraba? ¡Mi hijo podría tener a su padre y no era necesario que yo estuviera sufriendo a su lado! ¡No señor, prefería guardar el recuerdo de Edward en ni corazón como el hombre que ame y no como el que odiará porque me había engañado en mi propias narices!

Justo cuando iba a subirme a mi auto me sujetó por el brazo con fuerza, girándome en mi posición. Nuestros cuerpo se quedaron uno frente a él otro.

— No lo hagas Bella, se terminó… se terminó —me aseguró

— Deberías haberlo pensado antes —y solté cada palabra con un rencor impensado.

Tiré de mi brazo para soltarme de su agarré, sin cavilación abrí la puerta del vehículo para subirme pero me la cerró de tropezón.

— Las cosas no son como tú piensas… por favor

— ¿Te acóstate con ella si o no? —pregunté sabiendo de antemano la repuesta. Mi corazón sangro porque esta vez la escucharía de sus propios labios. ¿Podría soportarlo?

Guardó silencio ¡Tan cobarde que no puedes admitirlo! Le grité furiosa en mi interior sin quitarle la mirada de encima esperando por su respuesta.

— Sí —confesó

— Entonces, son exactamente a como me las imagino —le contesté subiéndome al auto. Lo encendí con ira contenida. La ventanilla estaba abajo, para mi desgracia.

— Yo te amo —exclamó

— Vaya manera de demostrarlo —aquella confesión me enfureció más ¿Desde cuándo alguien engaña por amar?

Aceleré y saque al vehículo del garaje sin importarme que estuviera con la mitad del cuerpo metido en la ventanilla.

— Bella, ella no significo nada —gritó separándose del vehículo.

— Tampoco tú —grité perdiéndome calle abajo.

Sentí como mi corazón se contrajo en la mitad de mi pecho. Esa frase no era verdad, nisiquiera era una mentira a medias. Era una mentira completa. Claro que él significaba todo para mí. El problema era que yo le amaba y lo quería todo, o era el cien o no era nada. Y ahora, luego de su engaño era evidente que Edward quería algo más de la vida que quedarse a criar a un bebe, y a cuidar de una esposa.

Éramos jóvenes, nadie podía culparlo de aquello. No condenaría mi vida a una existencia junto a un hombre que no estaba seguro de quererme por siempre. ¿Qué pasaría cuando yo volviera a embarazarme? ¿Tendría que soportar cada vez un engaño?

No, no era algo que yo pudiera transar. Me dolía como un demonio, sentí que mi alma se había partido en dos. Con él había conocido el amor de verdad, yo estaba realmente enamorado de él pero mis elecciones de vida hoy eran otras. Tenía un hijo, un pequeño milagro y un pedacito de Edward, contrario a lo que todos pensaran nosotros tendríamos un vinculo de por vida pero no por eso tendríamos que estar unidos en una relación sin amor motiva por el compromiso. En todo orden de cosas hay una causa y un efecto, lamentablemente para mí, su engaño hoy tenía un efecto que me destrozaba el alma pero que era el correcto.



Feliz año Mis angeles hermosos!!!!!

Hello!!!

Mis ángeles hermosos, primero q todo les quiero agradecer por pasar un año más aquí de con nosotras de viciosas, muchas gracias a todas el sitio son ustedes

En fin un año más q se nos va este año para mí fue el mejor ya q nació mi bebe, si ya se van a decir como ps creo q sabemos todas como, ja si no la pasamos leyendo puro lemmon. También fue un año lleno de emociones, día a día aquí compartiendo un pedacito de su tiempo y de su vida con nosotras este espacio fue creado y seguirá siendo una especie de escape, por q no me lo van a negar a cuantas de nosotras nos gusta después de un día de escuela, de trabajo o por q no después de ser amas de casa, sentarte a leer y olvidarte un rato del mundo q nos rodea y sumergirnos en este mundo tan maravilloso de twilight

Este sitio fue creado para eso, precisamente para ser felices en nuestro mundo de fantasía así que chicas muchas gracias a todas por estar un año más aquí compartiendo con nosotras

Que tengan todas un feliz y hermoso año, q les llegue el amor, el dinero y por q no un Edward, aunque sea humano, pero capaz de darnos tanto amor y pasión (ok esto fue para las q estamos mayorcitas, niñas peques pórtense bien) siss se olvidaba te quiero mucho y a todas nuestras autoras muchas gracias por dejarme compartir sus hermosas historias en este espacio mil besitos a todas ustedes q sin su creatividad esto no seria posible

Les mando mil besitos a todas y q empiece la fiesta!!!!!!

Angel of the dark

jueves, 30 de diciembre de 2010

Pecados Carnales

Capítulo 15: Culpas no resueltas


Entre a la casa de mi hermana Ángela por la puerta trasera y tratando de no meter ruidos, no quería que se enterara de mi desliz y no estaba preparada para la sarta de preguntas que seguro me haría si se percataba que yo no había dormido en su casa. Estaba a punto de pasar la puerta de la cocina para subir por la escalera y lograr salir airosa cuando su voz me hizo detenerme en seco.

- ¡Buenos días cenicienta!

Exclamo con la picardía en la voz y me acordé de cuando éramos unas niñas y me descubría haciendo algo malo, alzo la cabeza dejando ver su cuerpo tapado por la puerta del refrigerador que estaba abierta, entre sus manos traía leche y frutas.

- ¿Disfrutaste de tu noche?

Inquirió sarcástica y en sus labios se dibujo una risa perversa, se acercó a la cocina y la encendió puso sobre la cocinilla la tetera para luego girarse hacía mí. Se quedo mirándome unos segundos, examinando mi apariencia, al cabo de unos segundos tomó entre sus dedos un vaso de jugo y estaba claro que esperaba mi confesión, la que no llego, a cambio sólo la miré de la misma forma que ella, examinando sus gestos y me encogí de hombros sutilmente.

- ¿No vas a contarme?

Presionó a la espera de mi cambio de opinión, fue entonces, cuando me acerque resignada y me senté en unos pisos detrás de la barra de la cocina justo frente a ella y tenía claro que no iba a importar que dijera o que hiciera ella no me dejaría en paz hasta que le contara la verdad, el problema era que contar la verdad era complicado — ¿O tal vez yo lo estaba haciendo complicado? —tomé el jarro de leche que estaba puesto en la mesalina y me serví.

- ¿Contar qué?

Respondí finalmente evadiendo directamente su pregunta y lo hice principalmente por que no quería que se enterara que había pasado la noche con Edward, menos de esa manera en particular, ya bastante tenía con haberme confundido yo para sumar los reproches que con justa razón me haría Ángela y además no sabía que decir exactamente porque ni yo tenía claro en que términos habíamos quedado finalmente.

- No te hagas, fuiste a dejar a tu hijo anoche a las siete de la tarde y vienes llegando a las once y media de la mañana del día siguiente ¿Te lo dibujo con monitos? –reclamó irónica con una sonrisa fingida.

- Para tu tranquilidad no paso nada si es eso lo que quieres saber —le contesté quitando mi vista de sus penetrantes ojos negros.

- ¿Segura?, ese brillo que tienes en los ojos solo lo he visto hace muchos años atrás, te recuerdo ¿por quién? -cuestionó dándome esa mirada inquisitiva que tanto odiaba en las personas.

- ¡Ya esta bien! – concedí —pase la noche en el departamento de Edward, satisfecha —solté exasperada por el interrogatorio al cual estaba sometiéndome.

- Sabía que esto iba a pasar ¿Qué no podías simplemente mantener tus piernas cerradas? —grito enojada y la furia se apoderó de mí, me levanté de la silla irreflexivamente me quede estatica mirandola a los ojos

- No me faltes al respeto —gruñí conteniendo mi instinto porque en parte ella tenía razón, acostarme con él no iba a sanar las heridas sino que todo lo contrarío, lo complicaría todo mucho más.

- ¡No paso nada! —insistí y casi me lo creí yo misma.

- ¿Piensas que voy a creerte? —me contesto de vuelta ahora un poco molesta por mi actitud para con ella y los secretismos.

- Puedes creer lo que mejor te plazca —contesté en un suspiro frustrado y camine hasta la puerta.

- Eso es lo mejor que haces, evadir, porque pensé que ahora sería distinto —reclamó y me detuve en el umbral de la puerta, no quería terminar enojada con mi única familia en vísperas de navidad.

- Él no se lo merece, si quieres volver con tu ex al menos hazlo de frente sin mentiras.

- ¿De que estas hablando? —le pregunté curiosa y confundida pero aún no entendía la metáfora de clarar mi vida, que más podía aclararla de lo que ya estaba.

- De esto – me dijo alzando la voz, tomó mis hombros y me giró en mi posición.

Lo siguiente que noté me dejo helada, sentí un balde de agua fría recorrer mi cuerpo cuando advertí frente a mi aquellos ojos negros contemplándome, fueron como un puñal partiendo mi corazón en dos.

- Jacob – articule en un susurro.

El hombre frente a mí me sonrió con una dulzura que mi seuda traición cayo de plano como un peso en mis hombros.

- Ahora si te quiero ver evadir esto - Me susurró Ángela molesta. Nos miró a ambos que seguíamos impávidos, él mirándome como si nada y yo mirándolo aterrada.

- Bueno los dejo, que pasen una bonita mañana. ¿Mi marido Jake?

Le preguntó mi hermana antes de salir para dejarnos solos.

- Acaba de subir

Le respondió esté sin quitarme la vista de encima. Tenía sus ojos clavados en los míos y yo sentía mis mejillas arder en furia por el rubor que seguro las inundaba - Qué iba a hacer ahora -pensé frenética.

- Te espere anoche… pero tu…

Comenzó a decirme Jake y de pronto recordé la cita que habíamos acordado - Maldición debo anotar las cosas sino más tarde que pronto quedará la crema -pensé mientras seguía sin poder articular palabra alguna. Respiré buscando que decir pero simplemente nada coherente se me ocurría distinto a la verdad absoluta.

- Lo sé, disculpa. Se me hizo tarde, Anthony no quería dormirse

Balbucee sin sentido al cabo de unos segundos apartándome unos centímetros de su cuerpo.

- ¿Se despertó?

Me preguntó confundido y aquí estaba otra vez descubierta - ¡Oops! De verás que estaba con él cuando Anthony se quedo dormido y decidí ir a dejarlo al departamento de Edward. ¡Eres una muy mala mentirosa!, ¡Rápido piensa! -me dije a mi misma aún perdida en esa mirada hipnotizadora.

- Sí… tu sabes el movimiento del auto –concluí vagamente mientras él me acorralaba contra la mesa de la cocina, puso cada uno de sus brazos a cada costado mío y se acerco con su cuerpo, tenía su rostro a escasos centímetros de los míos. Trague saliva y traté de alejarme pero era francamente imposible.

- No tienes que mentirme Bella, se que tienes un lazo con él – comentó divertido por mi expresión, como odiaba que me psicoanalizará.

- No te estoy mintiendo, es la verdad -Argüí tratando de convencerme a mi misma que estaba diciendo la verdad.

- ¿Segura? -Insistió ahora más cerca de mis labios.

- Aja -Conteste con un hilo de voz, sus labios estaban rozando los míos y de pronto el rostro frente a mi no era de él, sino de Edward, sus ojos negros se tornaron verdes, entre en pánico, una tos furiosa me inundo y lo empuje para salir de su prisión.

Él no presiono pero estaba realmente divertido por mi actitud. Cómo odiaba caer siempre en su juego perverso de ponerme nerviosa.

- Entonces… aclaro el tema Cullen, no te negarás a desayunar conmigo

Me dijo y yo lo miré aún tosiendo, mi mente estaba con Edward y la noche anterior.

- ¿Ahora?

Pregunté al fin conteniendo el aire para evitar toser.

- Me lo debes considerando que anoche me dejaste plantado. Eso si alcanzamos a llegar antes que sea medio día, sino creo que será un almuerzo.

Río divertido mientras yo aún tenía el corazón en la garganta. Sacudí mi cabeza. Jake tenía un extraño sentido del humor, bastante satírico por decir algo.

- Claro, desayunar – contesté y lo miré – dame diez minutos para hacer cosas de chicas y nos vamos ¿Te parece?

Le propuse un tanto incomoda ante el hecho que ahora iba a estar con él, justo después de lo que pasó la noche anterior. Necesitaba aclararme y estaba, con esto, justamente haciendo lo contrario. Sólo lograría confundir más las cosas haciendo un lío de mi vida. Me quede esperando su respuesta pero a cambio llego otra observación que me confundió.

- Los estoy contando

Exclamó mirando su reloj de pulsera y una sonrisa se dibujo en su rostro, miré alrededor dudando pero luego me percaté que debía irme a donde yo misma había dicho que iría – mi habitación -enarque una ceja incrédula y luego salí de la cocina un poco confundida por el intercambio de palabras que habíamos tenido.

- Como tan tonta, no haberte acordado de él, de tu compromiso para ir a cenar. Maldición.

Me dije al espejo y luego volví a cepillarme el pelo - Bueno técnicamente yo no le había dicho a Edward si estaba o no con alguien, por otro lado Jacob solo era un amigo, un buen amigo – me decía y tratar de bajarle el perfil al asunto hacía que todo se tornará más oscuro aún, lejos de parecer cuerdo estaba de nuevo complicándolo - ¡No juegues con fuego! -me grito una vocecilla interna.

Y era cierto, tenía súper claro que Jacob sentía algo por mí y lo había dejado más que claro hace un par de meses, cuando había decido volver y no aceptar ese trabajo fuera de Londres - ¡Qué complicado! -pensé mientras me miraba al espejo - Tienes que terminar las cosas, dejar en claro que tu amas a Edward – murmuré sin sentido pero luego me detuve en la ultima frase – ¿de verdad lo amas? – me auto pregunte al espejo y algo en mi corazón dudo.

El punto a favor de Jacob era que me había aceptado como era, sin tratar de cambiarme, sin juzgarme, sabía todo lo que había pasado y aún así no le importaba.

- ¡Bella baja ya, este hombre echará raíces!

Grito mi hermana sacándome de mis pensamientos, me puse el labial y salí. Baje la escalera rauda solo para darme cuenta que al final de estas me estaba esperando mi "nuevo salvador" como lo había hecho siempre, desde hacía dos años. Al verlo parado frente a mi con sus labios curvados en una sonrisa cómplice, esa mirada de enamorado me hizo recriminarme algo - ¡Jamás debiste involucrarte con tu psiquiatra! -comprobé mirando a mi hermana y a Emmett, quien era amigo de esté.

- ¿Lista?

Me preguntó Jake tendiéndome su mano.

- Claro

Conteste tomándola.

- Que disfruten el almuerzo

Aportillo mordazmente mi hermana desde la entrada. Me despedí con una sonrisa de suficiencia. Una vez dentro del auto la sesión de análisis comenzó. Ese era el único defecto que hasta ahora le había descubierto, siempre era como un libro abierto para él, simplemente no podía ocultar nada sin que lo supiera o al menos lo sospechara. Ni siquiera mentir podía, así que ahora restringiría la información que no era lo mismo que mentir.

- No vas a contarme ¿cómo te fue anoche?

Me preguntó con la mirada al frente.

- No hay nada que contar

Respondí mirando por la ventana, de pronto los árboles y las calles se hicieron mucho más interesantes que mirarlo a él. De reojo advertí como me dio una breve mirada.

- Bella

Conminó y utilizó el mismo tono con el que me había conocido aquella vez.

- ¿Qué quieres que te diga?

Le pregunté directa mirándolo.

- La verdad, antes que todo sigo siendo tu psiquiatra.

Me contestó mirándome también.

- ¿Seguro que puedes separar la parte profesional de la personal?

Insistí no muy convencida de contarle.

- Qué piensas que voy a hacerte un arrebato de celos

Se defendió y parecía molesto por mi insinuación de poco profesionalismo.

- No, pero podrías querer visitar repentinamente a alguien

Agregué dándole un toque más humorístico al asunto. Sabía que él jamás haría algo así.

- Eso se llama paranoia, cuidado porque eso si es grave

Agrego serio, más serio de lo que estaba cuando le toque la sensibilidad profesional. Puse mis ojos en blanco y miré al frente.

- Nada, ya te dije, lo fui a dejar, el niño se despertó y luego no quiso que me fuera, estuve leyendo cuentos y cuando me di cuenta me había quedado dormida con él – hice una pausa al ver que ese pronombre podría mal interpretarse – con Anthony – aclaré dudosa porque mis palabras las tomara en el sentido literal, como no rebatió continué - Era de madrugada, y Edward me sugirió que me quedará – concluí tratando de hilar la mentira creíble.

- Tendré que creerte entonces

Concluyó con el seño fruncido y con las cejas enarcadas. La situación se volvió tensa de pronto y me sentí una mentirosa de primera. Por qué simplemente no contaba la verdad, yo sabía mejor que nadie que las mentiras a la larga se saben y tienen resultados funestos. Pero la verdad era que no quería contarla. Un impulso desesperado me inundo y lo siguiente que agregue fue totalmente innecesario.

- Te lo juro, dormí con Anthony en su cama, bajo las colchas, bien tapada, tiene una pieza bastante grande, bonita, color rojo.

Estaba ahondando la mentira cuando él me interrumpió.

- ¿Tú hijo tiene su pieza pintada roja?

Me preguntó casi en pánico. Y yo me pregunté que había hecho de mal pero claro con un psiquiatra todo podía ser usado en mi contra, como no había aprendido la lección.

- Bueno es un rojo apagado, casi un violeta.

Dije tratando de suavizar el comentario - ¡Estúpida, estúpida! -me recriminé en mi interior.

- ¿Es roja o violeta?

Me preguntó interesado y yo me quede pensando - ¿Había acaso alguna diferencia si era de uno o cual color? -pensé buscando la lógica a la pregunta.

- Violeta oscuro

Finalmente respondí y él se quedo pensando. Luego se relajó.

- No sabía que Edward tuviera problemas psiquiátricos

Me comentó y yo me giré a mirarlo anonadada por su conclusión.

- ¡Ah! – exclame sorprendida - ¿de veras? – inquirí incredula pero no obtuve respuesta, luego traté de arreglar la impresión que estaba teniendo del padre de mi hijo, gracias a mí – Yo creo que lo eligió porque es el color del dibujo animado ese Barney, a los niños les gusta – y me sentí estúpida dando explicación a algo tan irrelevante como el color de una pieza, que en verdad era blanca. No me di cuenta además que ya habíamos llegado a nuestro destino sino hasta que él me hablo.

- Bella – me dijo estacionando el automóvil, giro su rostro y me sonrió – te creo, relájate.

Me pidió ahora ya un poco más relajado él mismo. Se acerco y me beso en los labios. Y los problemas seguían me acorde de la invitación de la madre de Edward. - ¡Como demonios lo voy a encarar ahora, para decirle que pasaré la navidad con él! -pensé mientras me alejaba rompiendo el corto beso.

- Entremos sino de verdad va a ser un almuerzo

Exclame abriendo la puerta del vehiculo. Tome aire y me mire en el espejo retrovisor.

Era un restaurante bastante quitado de bulla, apenas entre, mire a todos lados buscando un lugar privado. Me acerque hasta unas mesas a la mitad del recinto.

- ¿Desean ordenar?

Nos pregunto el mozo mirándonos a ambos

- Café con panecillos

Dijimos simultáneamente los dos. Nos reímos, al menos había pasado la tormenta, su semblante era mucho mejor que hasta hace unos momentos. La muchacha se fue y él comenzó a contarme sobre sus turnos médicos y sobre sus pacientes. Tomamos desayuno y nos quedamos conversando, él me contó que tendría que trabajar para navidad lo que igual me convenía - no tendría que mentirle después de todo -pensé alegre, no quería mentirle, ni tampoco quería herirlo, siempre se había portado bien conmigo y había sido un gran apoyo en esos momentos de dolor y flaqueza. Hice mi mejor cara de puchero por la noticia pero por dentro era un peso menos que me quitaba de encima. Aún me faltaban unos sorbos para terminar mi café cuando él volvió a aproximarse peligrosamente a mi cara.

- Dime algo ¿Tus sentimientos por él no son los mismo de hace unos años atrás verdad?

Me pregunto serio y supe que estaba hablando el hombre y no el médico.

- ¿A donde quieres llegar?

Le pregunté seria yo también.

- A saber que lugar ocupo en tu vida, entiendo el vinculo con el padre de tu hijo pero no quiero estar al medio si tu de verdad lo amas

Me dijo y yo me quede helada, comencé a jugar con mi dedo sobre la taza del café y no sabía que decirle, él se había portado demasiado bien conmigo y me había sanado con su ayuda había vuelto a ser yo misma, me había recibido cuando de verdad pensé que no iba a poder superar lo de mi hijo y me ayudo con eso, también con el resentimiento que le tenía a Edward en un comienzo. Luego la relación se hizo más cercana y cuando me dio de alta finalmente accedimos a salir, no era mi novio oficialmente pero habíamos salido un par de veces y aunque nuestra relación era, hasta el momento, solo de besos, sabía que él estaba enganchándose de una manera que tal vez yo no podía corresponderle, menos después de lo que había pasado la noche anterior. Pero aún así mi corazón estaba confuso, demasiadas emociones juntas. Esta vez no rehuí el beso y creo que fue peor, porque sentí el grito de Edward que me comprobó que no todas las culpas estaban resueltas.

- ¿Esto es lo que necesitas pensar?