Dark Chat

martes, 9 de noviembre de 2010

Mascara De Odio

Cap. 13 Isabella Swan

25 de Agosto de 2007

Después de estar un rato en la ventana con Edward el me pidió que lo dejara solo, accedí con la condición de que me llamara en caso de que necesitara algo a lo cual no se opuso, antes de salir hizo llamar a Laurent para que me mostrara la que iba a ser mi habitación y para que acomodara mis cosas en ella, también le dijo que debía ir conmigo en la mañana a recoger el resto de mis pertenencias.

No había exagerado cuando me imagine el tamaño de la habitación que sería asignada para mí cuando la vi.

Seguramente cabrían diez Isabellas y tal vez más en un dormitorio de ese tamaño de manera cómoda, pero preferí no hacer ningún comentario. Mis cosas, lo cual implicaba el pequeño morral que había llevado a la clínica, se encontraba encima de la cama, recordé el pedido de Edward a Laurent pero pensé que mis cosas apenas serian suficientes para siquiera llenar un rincón de esa habitación. Intente razonar un poco acerca de esa imposición por parte de Edward, la mayoría de esos pensamientos estaban relacionados con lo poco que estaba quedando de esa independencia que había disfrutado por un tiempo. Prácticamente me estaba llevando a vivir con él, quería que me instalara en su casa y por cómo me lo había dicho quería que fuera de manera permanente. Me daba la ligerísima impresión de que no estaba tomando en cuenta mis decisiones pero mirara por donde lo mirara no había decisiones que tomar, los temidos cambios estaban comenzando a darse y no podía objetarlos ya que, muy aparte de la paga y de vivir sin pagar una renta, me gustaban, principalmente porque podía estar cerca de ese hombre que se había robado mi corazón y que, si no me equivocaba, me iba a robar muchas cosas más.

Nunca había habido algo como esto en mi vida y aunque me costara acostumbrarme era algo que iba a aprovechar al máximo. Laurent cerró la puerta de la habitación y yo camine lentamente hacia la cama. La habitación tenía el mismo espacio y diseño que la de Edward, solo que sin escritorio mi computadora. El guardarropa era esencialmente el mismo y la cama estaba centrada con los mismos doseles que la del, la diferencia radicaba en el color de la pintura, exclusivamente femenina de color rosa pastel y blanco.

Saque la poca ropa que había conseguido llevar y el neceser. Acomode la ropa el gigantesco guardarropa igual de grande y más alto que yo. Olía a madera de bosque y me hizo pensar en jardines gigantescos. Cuando termine, lo cual no me llevo ni diez minutos, lleve el neceser, que contenía todos mis objetos de aseo, hacia el baño cuya puerta se perfilaba en el fondo entreabierto. Cuando traspase la puerta el tamaño del baño me abrumo, había una ventana mediana con un vidrio opaco para que pudiera entrar la luz pero nadie pudiera ver lo que había dentro, la pared era de azulejos, conservados , como pude darme cuenta cuando los vi de cerca y con colores exuberantemente combinados. Darse un baño relajante en ese cuarto de baño debía ser excepcional especialmente cuando pude ver el tamaño de la bañera. Le pediría a Edward que me dejara usarlo de esa manera alguna vez. Deje el neceser sobre el amplio mesón que se extendía desde el lavamanos y mire hacia las labradas llaves de la bañera, eran simplemente exquisitas de formas elegantes y de color bronce. Me acerque a ellas y alargue la mano consciente de que nunca había tocado algo como eso en mi vida. Me devolví a la habitación y me senté en la cómoda cama que se hundió suavemente contra mi peso, no me quedo nada más que admirar el entorno que me rodeaba.

Mis pensamientos me llevaron tan lejos que cuando fui consciente del tiempo la luz solar había comenzado a desvanecerse en la ventana.

No podía quedarme esperando que llegara la noche ya que se suponía que había ido allá a ser parte de la cocina y de cuidadora de Edward. Me puse de pie y salí de la habitación en busca de las escaleras. Me guie por lo que recordaba pero no sabía en donde estaba la cocina. Camine sigilosamente procurando no alterar a nadie con mi presencia. Finalmente la encontré, había una puerta en la esquina derecha del comedor, una puerta tan labrada como todas las de la casa. La abrí lentamente para no asustar a quien se hallara ahí, había una mujer vestida de negro, la misma que había recibido mi maletín y la maleta de Edward cuando habíamos llegado. Ella se dio la vuelta y me miro sorprendida, estaba frente a la estufa y parecía estar removiendo algo, había algo de frustración en su rostro.

- -¿si señorita?, en que puedo servirle… -

Su mirada tenia pintas amables a pesar de la frustración que había descubierto antes, la impresión que me había dado al principio, de que era algo severa, parecía ser incorrecta.

- -eh...- no sabía cómo ofrecerle mi ayuda en la cocina ya que nunca lo había hecho, lo de ofrecer ayuda, sentía que tal vez se pudiera sentir ofendida por mi petición, podía llegar a pensar que estaba interfiriendo en su trabajo o tal vez en robárselo, había aprendido a ser un poco precavida con los pensamientos de la gente especialmente teniendo a una compañera de trabajo como Jessica por tanto tiempo, pero me obligue a hablarle ya que , de ninguna manera me iba a quedar con los brazos cruzados mientras ella lo hacía todo. – vengo… ¿puedo ayudarle con la cena? -

La mujer se quedo mirándome como si no me hubiera entendido bien, pero cuando me respondió me di cuenta de que había sido clara.

- - no se preocupe señorita, se hacer esto - ahí estaba, un deje de irritación. Maldición.

- - no tengo la menor duda, pero…- bueno aquí iba – pero una de las razones por las que estoy aquí es para… participar en la cocina siempre que sea posible, aparte de cuidar a Ed.…al señor Cullen. Se de cocina, me he pasado la mitad de mi vida en ellas y podría ayudarle con lo que usted necesitara, lo que sea – me referí a Edward de esa manera porque no quería granjearme algún tipo de prejuicio por parte de esta mujer, entre mas aliados encontrara era mejor para mi estado mental.

- - ¿sabe de repostería?- me pregunto exceptiva – yo no sé nada…

- - sí, se de repostería – afirme

- - ¿y de cremas?- volvió a preguntarme solo que el escepticismo desapareció de su voz

- - si señora – respondí sin molestarme.

La mujer dejo lo que estaba removiendo y señalo un libro que parecía ser de cocina y que estaba en el mesón del centro. Lo reconocí dado que era una edición que Esmerar había tenido que adquirir en sus clases de cocina.

- - no logro hacer que la crema de tomates se vuelva consistente.

Sonreí un poco procurando no mostrar nada en mi expresión, aun desconfiaba de lo que la mujer pudiera pensar de mi.

Me acerque a ella y muy lentamente, sin mirar el libro dado que me lo sabía de memoria, le dije cual era la cantidad de tomate que debía aplicar, también le dije que podio espesara o bien usando harina de trigo o con papas hervidas y vueltas papilla, también le di los concejos que no estaban en el libro sobre el numero de especias y la sazón especial que se podía llevar a cabo con esa preparación. Muy pronto comenzamos a congeniar y de un momento a otro comenzó a pedirme instrucciones para el resto de los platos de una manera muy amable, se las di encantada de poder ser útil, estaba demasiado acostumbrada a la patanería de Jessica y este cambio me aliviaba demasiado. En medio de la animada charla me dijo que se llamaba Victoria y era la esposa de Laurent.

Juntas terminamos de preparar los restantes alimentos que conformaban la cena, empanadas de salmón con salsa tártara, ensalada cesar, crema de tomate y hiervas y un delicioso coctel de naranja y fresa.

Ella suspiro cuando terminamos mirándome sorprendida, estábamos vigilando el tiempo de cocción de las empanadas que estaban en el horno.

- - no sabía que fuera tan experta, señorita, a su edad no pareciera ser alguien versado en el asunto.

- - la juventud no tiene que ver cuando se usa la inteligencia – no me consideraba inteligente en muchos campos pero en los de la cocina podía incluso darme aires de chef.

En ese momento el teléfono color beis que estaba plegado al lado de la gigantesca nevera sonó suavemente, Victoria se adelanto a levantarlo.

- - señor…- miro en mi dirección y dijo – si, se encuentra conmigo…claro señor, enseguida se lo comunicare- colgó el teléfono y se volvió hacia mi - el señor quiere verla, se encuentra en su habitación.

Asentí quitándome el delantal que había tomado en préstamo y lo colgué en donde estaban los demás

- -debe dejarlas diez minutos mas – le dije antes de irme, ella asintió sonriendo – luego estarán listas para servir.

Salí de la cocina y me direccione hacia la habitación de Edward recordando nuevamente el camino por donde Laurent nos había llevado, fuera de la cocina me sentí un poco fría, lo que interprete por el tamaño de la casa, una mansión de ese tamaño habitada por solo tres personas debía tener tendencia a la frialdad, no debía albergar mucho del calor de un hogar. No era que alguna vez hubiera sentido algo así, pero había leído libros y podía hacerme una idea ligera.

Cuando ubique la puerta de la habitación golpee suavemente y abrí esperando no interrumpirlo en nada, se hallaba sentando frente al ordenador, escribiendo rápidamente y al mismo tiempo ojeando algo en el ordenador. Parecía lo que era, un ocupado y elegante hombre de negocios, me pregunte brevemente si estaba tan ocupado por que había querido verme.

- - Bella… - dijo suavemente levantando la vista del ordenador, un repentino estremecimiento recorrió mi cuerpo ante la ronca tonalidad de su voz, la luz del ordenador le daba en la cara dándome la impresión de estar contemplando una preciosa cara de mármol.

- - hola – salude torpemente mientras daba unos pasos hacia el escritorio

- - esperaba que no te hubieras encerrado en tu habitación hasta que cayó la noche, podrías haber pedido un libro o lo que fuera.

- - no lo hice – conteste rápidamente - estuve en la cocina preparando la cena con Vic…con la señora Victoria.

- - se suponía que hasta el día de mañana intervendrías en la cocina.- dijo seriamente accionando un lapicero retráctil.

- - no podía quedarme mirándome la punta de los pies – respondí pensando en que se había molestado por lo que había hecho o dicho.

- - ¿participaste en la preparación de la cena de esta noche?-

Asentí brevemente intuyéndolo enfadado pero luego dijo.

- - entonces valdrá la pena dejar el trabajo para bajar a cenar.

Arrugue el ceño ante sus humos cuando uso las palabras bajar escaleras.

- - todavía no puedes realizar ese tipo de movimientos – dije pensando en que podría lesionarse la otra puerta andando en solamente en una. – yo te lo traeré -

Se quedo callado unos momentos y luego comenzó a fulminarme con la mirada.

- - no eres mi médico, Bella - murmuro letalmente

- - no, no lo soy – dije, mientras algo demasiado triste se deslizaba por mi pecho ante la reprobación en su mirada, intentando soportarla – pero soy quien sigue las indicaciones de él y, si mal no recuerdo informo que no debías moverte hasta que las terapias comenzaran.

El silencio volvió a reinar, después de unos segundos el suspiro como resignado y con un movimiento de su mano señalo su cama. Me volví a mirar algo insegura vi que sobre ella había un paquete envuelto en papel verde oscuro.

- - es para ti – dijo el

Yo me volví a mirarlo insegura, ¿por qué tenía que darme regalos?-

- - lo vi el otro día en una tienda y mande a adquirirlo para ti - repuso él, mientras tanto yo, sin poder mirarlo ahora y con la curiosidad matándome, camine hacia la cama y levante lo que parecía ser un libro de gran tamaño. Nadie jamás me había hecho un regalo excepto por Emmerald y por él, cuando me dio dinero el primer día que nos conocimos y lo que subsiguió después, aun si se tratara de un trozo de basura lo acogería ansiosa con el conocimiento de que había sido él quien me lo había dado.

Retire suavemente la envoltura, y ahí, efectivamente, había algo parecido a un libro, de cubiertas rojas y con una cerradura dorada muy delicada, tarde dos segundos en darme cuenta de que era un diario.

Lo mire asombrada, y luego, por algún extraño motivo, los ojos se me llenaron de lagrimas, no era que escribiera mucho, pero había deseado algo parecido a eso desde tiempo atrás, como un amigo inanimado al que se le podía contar todo sin temor a que lo revelara, y sin temor a ser juzgado. Acunándolo en mi pecho me di la vuelta y me acerque al escritorio, me quede ahí parada sin atreverme a hacer nada más.

- Es precioso. Muchas gracias – conseguí decir en medio de mi emoción.

Quería besarlo. Demasiado. Me quede mirándolo a los ojos como una tonta sin atreverme a pedirle permiso dado que parecía enfadado aun. El se dio cuenta que lo miraba, no sabía que conclusión había podido sacar de mi atolondramiento pero luego extendió una mano, como hacía cada vez que quería que me acercara a él.

Lo hice sin dudarlo esta vez, así que cuando la tome el me acerco a su silla para besarme, no me negué en absoluto porque lo deseaba locamente. Cuando nos separamos ambos respiramos agitados. Fui la primera en levantarme, aunque bien sabe Dios que lo que quería era sentarme en su regazo y seguirle besando. Esta vez no tenía la intención de huir, sino de responder a su regalo de la manera que mejor sabia y la que el parecía apreciar bastante, mi habilidad para la cocina.

- -traeré la cena – murmure reclinándome y poniéndome derecha

El asintió acomodándose un poco la camisa que yo, en medio de la pasión de nuestro beso, había sacado de los `pantalones, se volvió al ordenador segundos después.

Mientras salía de la habitación una tonta sonrisa pareció plantarse en mi rostro mientras iba a mi habitación y deja el diario en una de las mesas de noche puestas a ambos lados de la cama.

Luego baje y, con la ayuda de Victoria arreglamos una bandeja para Edward.

Se la subí y el decidió tomarla sobre la cama, por lo que, aun cuando no lo quisiera, tuvo que apoyarse en mi.

- - huele delicioso – dijo aspirando lentamente sobre el plato de comida humeante, la expresión de su rostro se había tornado a una emocionada, como si esos alimentos pudieran hacerlo casi feliz.

- - espero que te guste – dije dándome la vuelta dispuesta a marcharme y dejarlo en privado.

- - no te vayas – exclamo cuando cedió cuenta de mis propósitos.

Así que me quede viéndolo cenar, admirando el envés de sus manos mientras comía, con cada bocado cerraba los ojos y parecía no importarle que yo estuviera ahí mientras lo hacía. Comió con verdadera avidez, recordé lo que opinaba de las comidas de los hospitales y pensé que después de alimentarse de eso se merecía esa cena que, en cualquier otro sitio, se consideraba especial para eventos.

Cuando termino dio un sorbo al coctel, el cual había preparado yo.

- - hacia mucho que no probaba algo así.- dijo mientras continuaba bebiendo. Cuando termino se dedico a contemplarme con demasiada intensidad. Recogí la bandeja creyendo que ese era el motivo de su mirada pero no la retiro de mí ni siquiera cuando la tome y organice los platos para que no se me cayera nada. Cuando volví a darme la vuelta escuche su voz como un ladrido – deja esa bandeja ahí y ven aquí -

Su tono subyacía a orden y por más que pensé que podía molestarme no lo hizo, deje la bandeja y me acerque a él consiente superficialmente de lo que quería, parecía que lo que yo preparaba producía una emoción que lo inducia a mostrarse cariñoso conmigo, pero no me atreví a preguntárselo ni siquiera cuando en un segundo pase de estar de pie a estar entre sus brazos sobre la cama. Su beso sabia a naranja y a fresas y bebí de su boca como una mujer sedienta sin importarme parecer una puta. Deje que me tocara el cuello y los senos sin importarme nada más que la sensación que ese toque producía, luego él se separo de mis labios murmurando una maldición.

- -será mejor que te vayas antes de que haga algo que ambos deseamos.

Comprendí brevemente a que se refería, mi conciencia volvió lentamente al mismo tiempo que volvía mi respiración. Me levante algo aturdida y tome la bandeja.

- - buenas noches – me despedí mientras él respondía con un gruñido frustrado.

Camine con la bandeja con excesivo cuidado esperando no romper nada por el estado de torpeza en el que había quedado.

Lo que ambos deseábamos.

Parecía que se había dado cuenta de que, en el fondo de mi corazón deseaba que me hiciera suya. Pensé por un momento en lo que eso implicaba pero nada amas que imágenes oscuras se manifestaban ante mí. Si él quería eso de mi podía intentar dárselo, pero mucho me temía que siempre albergaría ese profundo temor por los hombres y las partes que los diferenciaban de las mujeres.

Cene y luego me retire a mi habitación con la cabeza aun dándome vueltas.

Seis semanas después. 10 de Octubre de 2007

Era increíble la rapidez con la que el tiempo estaba trascurriendo, después de afianzarme y adaptarme al tamaño de mi nueva habitación.

Había ido con Laurent y había desocupado el resto de mi apartamento poniéndolo a disposición de sus reales dueños, y había traído todas mis cosas para esa mansión en la que vivía Edward, todas mis cosas implicaban ropa por que los utensilios de cocina, y los electrodomésticos estaban incluidos en el alquiler del apartamento.

Aun me costaba trabajo creer que vivía bajo su mismo techo especialmente cuando cada parte de mi ser y de mi cuerpo ansiaba ser suya.

Había empezado a llenar el diario con notas aledañas a lo que transcurría en el día, pero a veces en las noches me dedicaba a escribir todas las sensaciones que me atenazaba estar cerca de él y como ansiaba que de verdad él se enamorara de mi, parecía que el diario era como lo había intuido cuando me lo dio, una persona invisible con la que hablaba y que escucha en silencio mis escritos sin juzgarme ni hacerme reclamos por las diferencias palpables y existentes entre el mundo de Edward y el mío.

El abogado que había visto en el hospital venia todos los días a trabajar con Edward. Cada vez que me cruzaba con él me saludaba, pero tenía esa expresión indescifrable en los ojos cuando me miraba, como si de alguna manera se compadeciera de mi.

Había entablado una sincera amistad con la esposa de Laurent, Victoria, era el ama de llaves y encargada de la cocina.

Mi relación con Edward había avanzado a cierto grado, ahora era prácticamente su novia y cuando estábamos solos dejaba que me besara hasta que perdía el aliento, el se aventuraba a tocarme pero nunca llegamos tan lejos como el día del hospital cuando ambos perdimos el control, parecía que él se estaba conteniendo por alguna razón, tal vez le molestaba ver que conmigo podría conseguir lo que buscaba sin luchar demasiado, yo ya no podía detenerlo cada vez que me besaba y me tocaba, pero cada día que pasaba sentía que él quería mas y mas de mí, no era grosero en ningún modo, era demasiado erótico y estimulante, cada charla que manteníamos tenía un matiz sexual que solo él era capaz de transmitir sin llegar demasiado lejos pero haciéndome ansiar que lo hiciera. Compartía con él la cena, ese era el momento en el que creía que perdería por completo toda la dignidad que creía poseer. Lastimosamente para mi orgullo el me había embrujado el cuerpo desde que me tocara tan íntimamente, el traidor me hacia añorar las manos de Edward sobre el pero siempre me detenía mentalmente al pensar en lo demás, aunque físicamente le respondiera. Parecía ser que él se había dado cuenta de eso.

Mi vida, debía admitirlo, se había convertido en un idilio en el que no estaba segura de ser parte, pero sin embargo vivía cada día sin importarme nada.

Edward había progresado maravillosamente aunque aun tenía que caminar con un bastón, eso, para mi propia vergüenza no lo hacía ver menos atractivo para mi, estaba locamente obsesionada y enamorada de él y ya que lo había aceptado mi propio ser se perdía en los encuentros que teníamos, el me felicitaba todos los días, porque con Victoria hacíamos del menú algo especial con cada comida.

Pero en las noches, cuando ella se retiraba y ambos cenábamos a solas era presa de todos los dardos de sensualidad que él me tiraba. Había insinuaciones prohibidas en sus labios cada vez que me hablaba y yo las soportan estoicamente pero sabía que cada una de ellas me marcaba interiormente.

Un mes y medio después había hecho mi propio lugar en la casa y había encontrando mi distracción en el jardín de la madre de Edward. Una vez que él se recupero le pedí que me dejara hacerme cargo personalmente del jardín, en ese día temía por que, ahora que se había recuperado del todo decidiera prescindir de mi, pero con cada día que pasaba el me demostraba algo totalmente diferente. Tal vez la que estaba equivocada con ilusas esperanzas.

Ese día estaba en el jardín arreglando unas rosas, tenía las manos manchadas de tierra húmeda y unas tijeras colgaban de mis holgados vaqueros.

- - buenos días – escuche la voz de Edward detrás de mí y me di la vuelta rápidamente mientras el corazón comenzaba su rutinaria diatriba palpitando como si estuviera en medio de una carrera.

- - buenos días – respondí en una especie de chillido mientras el caminaba hacia mí con las manos en los bolsillos. Parecía abatido y la sonrisa con la que lo recibí resbalo rápidamente de mi rostro- ¿sucede algo?- le pregunte antes de poder retractarme, era una pregunta estupi8da porque era más que evidente que algo le pasaba, vi que sonrió de lado

- - ¿cómo lo sabes?- el tono de su voz hizo que la piel se me erizara, deje las tijeras a un lado y me lave las manos en un cubo de agua limpia destinado a regar las matas.

- - no lo sé…- dije sinceramente, felicitándome por haber aprendido a medio leerlo a él.

Se quedo mirándome por largos segundos, parecía analizarme y sus ojos ardían como siempre que tenía la mirada sobre mí, esa expresión en ellos si había aprendido a leerla porque eran sus ojos de lo que más estaba pendiente cuando se acercaba para besarme y acariciarme.

- - estoy pensando en ti…y en mi –

Un miedo oscuro trepo por mi cuerpo cuando hizo referencia a los dos, p0or un terrible segundo hice una imagen de lo que podía decirme referente a los dos, la mayor parte de esta tenía que ver con el hecho de que me mandara a freír espárragos. Baje la mirada dispuesta a soportar lo que fuera que me fuera a decir. Dio unos pasos hacia mí, caminando con ese andar de tigre que me hacia hervir la sangre, cuando estuvo a dos pasos de mi tomo mi rostro en sus manos y me hizo mirarlo.

Estúpidas lagrimas se anegaron en mis ojos sin poder evitarlo pero al mirarlo y ver los de él acercarse toda mi mente se quedo en blanco

- - ¿lloras…por qué?- susurro contra mis labios entreabiertos mientras yo hacia lo posible por respirar con normalidad.

- - ¿que…vas a decirme?- le pregunte a velocidad de rayo sintiendo que me estaba partiendo en mil pedazos.

- -no sé cómo hacerlo…- volvió a susurrarme - antes de decírtelo debes prometerme que me dirás que sí.

Era, hasta el momento, el pedido más extraño que había recibido de él, cada neurona de mi cerebro se accionaba esperando la frase con la que terminaría para siempre nuestra relación y por consiguiente conmigo. Si él decía que si el pedido podía tratarse de que lo dejara en paz…Dios ayúdame…pensé en medio de todo antes de caer en la bruma en la que me zambullían sus ojos.

- -yo…- ¿que debía hacer? – si…

Mire su boca que en ese momento se abrió sobre la mía para llenarla con un beso caliente y lleno de necesidad, aunque este parecía ser mas diferente de todos cuanto me había dado antes. Respondí a él aunque por dentro me estaba muriendo al pensar en que se trataba del beso de la despedida. Me agarro con fuerza de la nuca y de la cintura y me acerco más a él hasta que quede pegada contra su duro cuerpo. Rodee su cuello con mis brazos y él me levanto del suelo con un gruñido profundo.

Nos besamos por demasiado tiempo, a esas alturas no me importaba respirar así que le di todo de mí esperando que si su plan era terminar conmigo al menos se llevara un recuerdo medianamente agradable.

El se separo de mi boca con un sensual sonido de succión, yo tenía la mente obnubilada y no pensaba o veía con claridad, todas mis defensas habían caído y se mi decía que lo dejara seguramente moriría a sus pies.

- - cásate conmigo – soplo sobre la humedad de mis labios acariciándome lentamente la espalda con una mano…

Sus palabras cayeron al vacío por unos momentos, mientras me adaptaba a ellas y las asimilaba lentamente. No podían estar hablando en serio pero sus ojos y la expresión ardiente de su rostro decía lo contrario. El silencio peso solo roto por el sonido de los pájaros y los de nuestras respiraciones agitadas. No sabía que responder a eso. No sabía que pensar de eso, había estado tan convencida de que me diría otra cosa que apenas podía hacerme a la idea de que nada de eso estaba siendo un sueño.

- -me…- se me habían borrado las palabras que tenía en el cerebro como si hubiera retrocedido mentalmente en el tiempo y volviera a tener el lenguaje de una bebe, todo balbuceos y lloriqueos. – me…- no, seguramente as rosas tenían algún tipo de sedante o psicoactivo y nada de eso estaba en realidad pasando…- ¿acabas…de pedirme que…me case contigo?- le pregunte tratando de asegurarme mientras sus brazos se apretaban mas y mas en torno a mí y sonreía de lado sensualmente.

- - así es...- confirmo besándome las mejillas y retirando sus labios y su cabeza hacia mi oído…- quiero que seas mi esposa… mi mujer –

Su mujer…La sola idea me sobrecogió intensamente cuando imágenes prohibidas comenzaron a inundar mi mente.

No, no era un sueño, el abatimiento que él tenía era acerca de pedirme que me casara con él, y lo que no sabía cómo decirme era como proponerme matrimonio.

Apenas era una adolecente que se había permitido soñar con ese hombre mayor que hacía que su cuerpo reaccionara y al que amaba con locura y no solo porque lo asociara a un sent8imiento de transferencia. Jamás había estado más segura de mis sentimientos como en ese momento.

- -yo…no lo sé – admití temblando cuando sentí sus labios en mi oído –

- - no sabes… ¿si decirme que si? – murmuro enviando ondas de placer de mi oído a todo mi cuerpo- ¿o si decirme que no?-

- - no sé que responder – admití acariciando su nuca y esperando que no se decepcionara de mi inseguridad, aquella que a esas alturas de nuestros encuentros, contactos y todo lo demás debería haberse menguado al menos un poco.

No sabía que diría si le pedía tiempo para pensarlo, pero en medio de la bruma de confusión que me producía su cercanía, yo era demasiado manipulable bajo la vista de sus ojos y a pesar de que la mayor parte de mi le hubiera dado el sí sin dudarlo, la pequeña me exigía considerar siquiera una idea semejante. Antes de que el corazón me estallara en el pecho le dije acercándome a su boca.

- -te amo – su expresión se torno un poco más ardiente de lo que ya era – y lo sabes… pero yo…debo pensar en esto…

La presión de sus brazos se volvió suave abruptamente, como si estuviera negándose a aceptar esa respuesta, la expresión de su rostro se volvió seria y casi corrupta, comenzó a apartarse de mí.

- -¡Por favor!- le rogué tratando de retenerlo entre mis brazos- no estoy negándolo, no te estoy rechazando, es solo….solo dame un poco de tiempo.

La fijeza de su mirada casi me estaba gritando que no quería tiempo. Quería su respuesta ya, pero a pesar de lo mucho que lo quisiera, no podía aceptarlo así como así, aun había demasiadas cosas que se interponían entre nosotros y una de esas era mi genial razonamiento referente a que los hombres como el no pedían matrimonio a chicas como yo, había leído algunas novelas de harlequín, y estaba también completamente segura de que ninguna de ellas era mi caso. Ese tipo de realidad jamás podría ser parte de mi vida.

Pero se estaba dando en ese momento, contra todo pronóstico por mi parte, un hombre maravilloso me quería a su lado por toda la vida, o al menos por el tiempo que durara. Pero no pude darle el sí, al menos no en ese momento.

- - dame tiempo para pensarlo – le pedí consciente de que él podía cambiar de idea en cualquier momento que quisiera y podría cambiar mi vida con solo una respuesta…

Se aparto definitivamente de mí y se dio la vuelta pasándose las manos por el cabello, parecía desesperado y no sabía qué hacer para calmar la ansiedad que parecía gobernarlo.

Me removí los parpados con ansiedad, nada de esto estaba saliendo bien, yo había cometido demasiados errores como para dejarme llevar mucho más. Antes de poder detener a mi ahora voluntariosa voluntad me acerque con pasos lentos hasta que roce su brazo con mi mano.

- -Edward…- lo llame para que se diera la vuelta, había tensión en ese musculoso brazo, pero fue solamente su cabeza la que dio la vuelta p0ara mirarme, se veía tan alto, magnánimo y sin piedad desde esa estatura.- yo… no tengo nada para ti... no soy nada a tu lado…- sentí las lagrimas llenar las cuencas de mis ojos y sentí el estremecimiento de los sollozos copar mi pecho –y aun así tu…yo…

Antes de poder preverlo él se dio la vuelta hasta mí y me tomo en sus brazos, me beso violentamente alzándome de las caderas al encuentro de su cuerpo con un ansia arrolladora, gemí entrecortadamente en su garganta cuando las emociones sobrepasaron mis limites, tire de sus cabellos y el gruño en mi boca. Cuando nuestros labios se separaron en otro sensual y lento sonido de succión el murmuro.

- -es la primera vez que le pido a una mujer que se case conmigo, quiero tenerte para mi, por eso quiero que nos casemos, así estaré seguro de que no desaparecerás en cualquier momento. Sabes, como yo sé que me amas, que te necesito, te has convertido en parte de mi vida y…- su voz volvía a sonar desesperada, era como si fuera un secuestrado rogando por su vida a la persona que lo quería matar.

- -me casare contigo- respire agitadamente y lo interrumpí antes de que pudiera seguir diciendo esas cosas que parecían tan absurdas pero que en el sonaban tan…ciertas tratando de controlar el palpito en mi pecho y la sensación de desmayo por la falta de aire. Contra mi mejilla sentí la piel de la mejilla de Edward retraerse formando una sonrisa, pero no estaba nada preparada para lo que dijo a continuación.

- - no puedo esperar para que seas completamente mía –

Mi cuerpo se estremeció con anticipación ante lo que sus palabras implicaban, no intente retroceder aunque esa hubiera sido la reacción más común ante tal sugerencia al menos para mí. Sosegarme no iba a servir de nada porque sus palabras se me habían grabado con fuego en la mente.

Volvió a besarme solo que menos ardor pero de todas maneras vi estrellas tras mis parpados.

- - debo irme ahora – dijo esta vez besándome en la frente y bajándome de sus brazos, entre los que había estado levantada, con los pies colgando. Volví a tierra lentamente mientras lo veía alejarse y empezaba a comprender el alcance de la decisión que acaba de tomar.

Tampoco me había dicho en cuanto se iba a producir ese acontecimiento, estuve a punto de llamarle y preguntarle pero la voz no me salía, aun estaba conmocionada.

Cuando estuve en mi habitación hice una anotación inusualmente larga en mi diario, quise transmitir en la escritura todo lo que había pasado en ese sencillo encuentro y como este iba a cambiarme para siempre. Para bien.

No tuve que esperar mucho para conocer la respuesta acerca de la boda, al día siguiente después del desayuno, en el cual Edward se mostro inusualmente feliz me informo de cómo iba a ser el proceso. Esperaba que todo fuera tan fácil como fácilmente salían esas palabras de su boca. No tenía idea de cómo iba a ser el desenlace de esto.

Accedí a que se hiciera cargo de todo mientras terminaba con la reparación del jardín y continuaba siendo parte de la cocina con Victoria. Casi no lo vi en esos días que siguieron, quería hablarle, decirle cuanto me apenaba no poder participar en esa boda que era de los dos, pero nunca podía encontrarlo cuando estaba desocupado.

Me sentí brevemente en una red de manipulación, y en el afán que el parecía tener por que nos casáramos. Casi no había tenido encuentros de índole sensual con el después de ese día. Debía aceptar que extrañaba que me besara y me tocara pero no me atrevía a buscarlo temerosa de muchas cosas.

Trascurrió una semana y media más en la cual la victima de el matrimonio fui yo. Madame René se presento en la casa, hasta ese momento no me di cuenta de que aparte de arreglar la apariencia de la gente, madame también era diseñadora y modista. Fui víctima del proceso de medición de mis planas formas. Ella era quien iba a diseñar mi vestido y quien parecía feliz por la noticia de que me iba a casar con él. Selecciono las telas para el vestido y me dijo que yo iba a quedar tres belle, une enchanteuse (muy hermosa y arrebatadora).

- -el señog Edwagd se tegminaga de enamogag de usted, ma belle petite fille –

La duda de si Edward me amaba o si solo me deseaba no dejaba de darme vueltas en la cabeza, por eso cuando madame menciono la palabra amor, en su acento, la cabeza casi me exploto pensando en cómo podía darme cuenta de eso, jamás, hasta ese momento, había estado enamorada y no tenía experiencia en saber cómo un hombre si lo estaba. Pero después de meditarlo por casi dos horas me di cuenta de que no me importaba lo que Edward sintiera por mí siempre que sintiera algo. Tal vez con tanto deseo, como parecía sentirlo, o odía hacer que se enamorara de mi, inconscientemente pero podía.

Y los días seguían pasando, y la hora de mi boda se iba acercando. Yo seguía preguntándome si había tomado la decisión correcta, especialmente cuando una picada ligera de presentimiento comenzó a molestarme en el pecho, decidí ignorarla a fin de poder dormir en paz, sin hacer caso tampoco a los espantosos sueños en los que me veía envuelta y los cuales escribía en el diario cuando eran demasiado aterradores, cuando en ellos se incluían los ataúdes.

Edward.

25 de Agosto de 2007

Bella se retiro a su habitación tan pronto se lo pedí, contra mi voluntad debía admitir que perfectamente me hubiera podido quedar con ella detrás de mí por mucho más tiempo pero debía ponerme al corriente de mis asuntos y debía ordenar lo que, mientras estuve hospitalizado y mientras estuviera en rehabilitación, era mi empresa y la redacción de los documentos que Bella iba a firmar traspasándome su fortuna.

Antes de meterme en toda la materia saque el diario que James había comprado para Bella y lo puse en su envoltura sobre mi cama para dárselo más adelante.

Trabaje duro hasta que todo quedo en orden, al menos de mi empresa hablando, James me informo que la redacción de los documentos se haría pero que se demoraría un poco de tiempo por que debía redactarlo de manera que no implicara ninguna ilegalidad.

Estaba terminando de revisar los documentos cuando un olor leve penetro por mi nariz. Comida. Era un olor delicioso que flotaba por el pasillo como me acerque a comprobar. Me pregunte de cuando acá Victoria se había vuelto una cocinera que pudiera producir ese tipo de olores con los alimentos, pero cuando me acerque a la habitación de Bella y comprobé que no se encontraba ahí me di cuenta de mi error, seguramente ella estaba abajo con Victoria, admire su valor y sus ganas de trabajar ya que, aunque parecía cansada, no cejaba en hacer su trabajo. Volví a mi habitacion y use el teléfono interno para llamar a la cocina.

- - buenas noches, Victoria – dije apenas levanto el teléfono.

- -Señor – contesto ella

- - ¿está contigo la muchacha con la que llegue en la tarde?-

- - si, se encuentra conmigo

- - por favor dile que necesito verla en mi habitación

- -claro señor, enseguida se lo comunicare-

Deje el teléfono en su sitio y seguir repasando mis informes. Después de unos momentos escuche unos golpes leves, luego la puerta se abrió lentamente y ella entro. Era la misma Bella que había visto en la tarde, sin embargo una emoción que no tenia nombre me pico brevemente en el pecho al verla.

- - Bella… - su nombre escapo de mis labios y, sin poder evitarlo, con un matiz de deseo, deseo que seguramente debió manifestarse en mi rostro también

- - hola – respondió ella con la voz temblorosa, a metros podía notar eso que notaba en ella siempre que estaba cerca, su miedo.

- - esperaba que no te hubieras encerrado en tu habitación hasta que cayó la noche, podrías haber pedido un libro o lo que fuera. – le dije pensando precisamente en eso en ese momento, por el olor a comida sabia que ella no se había quedado en su habitación pero no quise que supiera que tenía una manera de identificarla.

- - no lo hice – respondió ella de un tirón, por supuesto sabía que no lo había hecho - estuve en la cocina preparando la cena con Vic…con la señora Victoria.- añadió confirmando mis acercadas sospechas.

- - se suponía que hasta el día de mañana intervendrías en la cocina.- dije aunque no me sentía contrariado de que hubiera pasado allá la tarde, estaba ansioso de comer comida de verdad desde hacía demasiado tiempo.

- - no podía quedarme mirándome la punta de los pies – fraseo confirmando mis suposiciones acerca de que no era para nada perezosa. Me hubiera gustado que lo fuera, así hubiera tenido un motivo valido para sentir fastidio hacia ella, pero no, ahí estaban además de buena persona, hacendosa y con deseos de ayudar.

- - ¿participaste en la preparación de la cena de esta noche?- pregunte para variar

Ella meneo la cabeza en señal afirmativa.

- - entonces valdrá la pena dejar el trabajo para bajar a cenar.- dije pensando en cómo rayos iba a bajar las escaleras apoyándome solo en una pierna y en Laurent. Súbitamente me llene de rabia ante eso, después de todo el accidente había sido por culpa de ella, no directamente pero el solo hecho de haber pensado en ella desencadeno el resto de mis pensamientos desembocando todo en el accidente que me había desprovisto de mis habilidades corporales, afortunadamente nada era permanente y debía adaptarme a hacer las terapias.

- - todavía no puedes realizar ese tipo de movimientos – comunico ella en un tono de regañina que me recordó imposiblemente a mi madre, ahí estaba otra vez ella, completamente culpable de hacerme recordar a mi madre y sus cuidados, por su culpa…– yo te lo traeré -

No pude hablar por unos momentos mientras esos pensamientos torvos me rondaban la cabeza, quería tener a algo más que culpar por mi situación actual que a mi propia y débil carne, pero todo la apuntaba a ella, quien arrepentida quería servirme, aunque lo hiciera inconscientemente. No se lo permitiría, bastante tenía con volverme un estúpido sentimental con sus pequeños detalles que me recordaban lo que había perdido como para que ahora quisiera pasarse de lista haciéndose necesaria para mi, más necesaria de lo que ya lo era.

- - no eres mi médico, Bella - respondí toscamente mientras el rostro de ella se retraía imperceptiblemente en una mueca de dolor.

- - no, no lo soy – me contesto – pero soy quien sigue las indicaciones de él y, si mal no recuerdo informo que no debías moverte hasta que las terapias comenzaran.

Bueno, debía alabar su memoria excesiva, casi había creído que podía persuadirla de que el médico recomendaba el movimiento, no había contado con que encima de todo tuviera una memoria fotográfica. Así que me iba a confinar en la maldita habitación hasta que la terapia comenzara…maravilloso.

Solté un sonoro suspiro aceptando mi cruel destino de quietud, luego incapaz de soportar alfo mas moví mi mano en dirección al diario sobre mi cama. Ella lo miro impasible y me di cuenta de que no había entendido que era para ella.

- - es para ti – aclare pensando en por qué no lo había tomado inmediatamente.

Ella volvió a mirarme, la expresión de dolor había sido reemplazada por una de inquietud.

- - lo vi el otro día en una tienda y mande a adquirirlo para ti - relate a fin de que, en medio de la explicación, quedara como si yo lo hubiera comprado pensando en ella. Una mentira no le iba a hacer daño a nadie, y de todas maneras yo iba a llenar la carpeta que correspondía a Bella Swan de mentiras mucho más creíble que esa. Ella se dio la vuelta lentamente y camino hasta la cama, observe sus pasos dándome cuenta, no por primera vez, que su andar era demasiado elegante para su procedencia. Ella se inclino y tomo el diario abriéndolo delicadamente, luego lo sostuvo en sus manos como si se tratara de un objeto demasiado delicado. Ella volvió su delgado cuello hacia mi mirándome con incredulidad, sus ojos brillaban húmedos pero acalle al poderoso impulso de ir y secar personalmente sus ojos ante sus volátiles emociones, era un regalo simplemente.

Tomo el diario en su pecho como si fuera su hijo y camino hacia mí.

- A medida que se acercaba mi enfado iba retrocediendo como si estuviera siendo arrastrado por una locomotora. Cuando más se acercaba más era consciente de su olor y de su figura cerca de la mía. Definitivamente la abstinencia iba a dejarme una marca poderosa.

- Es precioso. Muchas gracias – dijo ella balbuceante mirándome con sus preciosos ojitos brillantes

Ojitos inofensivos que de un momento a otro se tiñeron de oscuro con… ¡santa mierda! Con deseo virgen.

El enfado desapareció del todo tanda paso a sentimientos más primarios, esos que siempre me abordaban cuando ella estaba cerca y que yo asociaba al estado de abstinencia sexual y al hecho de que ella fuera la única mujer que debiera conseguir a mi disposición. Levante mi mano recordando en ella el calor de sus partes intimas, ese calor que parecía haber quemado mi mano literalmente, el calor que cosquilleaba en la punta de mis dedos ante la sola idea de tocarla otra vez, levante mi mano hacia ella esperando que entendiera mi petición, y dándome cuenta de que siempre la atraía así hacia mí.

Ella camino hacia mi mano con una seguridad que no esperaba hasta que la tuve en la mía, la hice inclinarse y aspirando su efímero olor acanillado bese su boca que parecía estar gritándole a la mía. Deguste el sabor dulce de su piel por unos momentos mientras el deseo me empalmaba otra vez. No debía ser así, no de esta manera, pero no tenia control alguno sobre ello. Pero no podía darme el lujo de abandonarme a mis deseos carnales especialmente cuando la maldita pierna lesionada estaba en medio. Solté sus labios antes que ella y vi que se irguió lentamente.

- -traeré la cena – dijo en voz baja mientras yo tocaba mi camisa la cual descubrí por fuera de mis pantalones, había estado tan concentrado en degustar su boca que no me habida Ado cuenta de cuando lo había hecho. Decidí no mirarla más por quién podía bien levantarme de esa silla sin importarme nada más que penetrar en su cuerpo.

Aunque no parecía darse cuenta del peligro que corría ella opto por irse de la habitación a traerme la cena, me concentre en mirar la pantalla del computador y no a ella esperando que me llegara algo de sosiego

Unos momentos después escuche que sus pasos volvían a acercarse, había traquido la cena. Mire hacia la puerta mientras ella la abría con cuidado cargando una bandeja con platos en ella. El olor o invadió mi habitación ahora si haciéndome casi relinchar. Trate de calmar a mi cerebro que, solo en esta ocasión la enfoco a ella y no a mi madre en los recuerdos. Ella, la primera vez que la vi. Ella se acerco mas, parecía pensar que iba a tomar la cena en el escritorio y aunque no me hubiera molestado que fuera así preferí tomarla en la comodidad de mi cama.

- -espera….la tomare en la cama.

Ella no dijo nada mas espero mientras yo rodaba la silla hasta la cama. Sin embargo no pude prescindir de su ayuda la cual me ofreció rápidamente, para apoyarme y poder sentarme en la cama sin caerme. Luego me arrope, ella tomo la silla y la plegó dejándola a los pies de la cama, luego, cuando estuve acomodado, puso la bandeja sobre mis piernas.

- - huele delicioso – comente sin poder evitarlo, ahora mi madre volvió a hacerse presente en mi mente al lado de la imagen de Bella

- - espero que te guste – dijo ella, luego se dio la vuelta dispuesta a marcharse, sin saber de plano que necesitaba su olor de vainillas para sentirme cómodo comiendo esa comida que tan y dolorosamente me recordaba a mi madre…y a ella.

- - no te vayas – le pedí cuando dio el primer paso. Parecía pensar que su presencia podía incomodarme, yo hubiera pensado lo mismo si las cosas no se me hubieran salido de las manos en el hospital y no le hubiera dado su primer clímax.

Ella se sentó a los pies de la cama y se quedo en silencio mientras engullí la cena, con el primer bocado se dotado mi hambre, la que había tratado de ignorar mientras estaba en el hospital recibiendo los disque alimentos que allí proveían. Cuando se termino, aunque estaba repleto y pletórico, ansié más y más de lo mismo. Me contuve antes de volverme del tamaño del profesor chiflado.

- - hacia mucho que no probaba algo así.- admití, una cena de verdad, que me hiciera sentir cómodo y verdaderamente satisfecho, por eso debía darle las gracias a ella. Seguí con la bebida que era de color rojo claro. Apenas la probé se deslizo por mi lengua como el más delicioso licor, esto si no lo había probado nunca y estaba seguro que en cuanto lo volviera a probar solo podría tener en mi mente a Isabela Swan.

El ligero toque de alcohol que tenía el coctel encendió las pocas partes de mi cuerpo que ayún no lo estaban, cuando lo termine y ella se iba a ir no pude dejar de pensar en darle un beso al menos por hacerme esto. Cuando se dio la vuelta solo pude ordenarle…

- – deja esa bandeja ahí y ven aquí –

Por un instante rogué que algo, lo que fuera, me diera la sensatez en el momento en que la besara.

Antes de que diera otro paso más hacia mi aferre su cintura y la hice tumbarse sobre mi pecho antes de comenzar a besarla con ansia explosiva, como si jamás la hubiera besado antes. Ella abrió la boca totalmente y dejo que la degustara con mi lengua sin apararse por un momento, caso hubiera deseado que lo hiciera, así me daría una excusa para detenerme, pero al contrario se dedico a lamerme y chuparme como yo a ella sin ningún tipo de inhibición. Mis manos cobraron vida y aferraron su dulce cuello y luego sus pechos pequeños que se clavaron en mis palmas lanzándole más fuego a mi "leño". Así solo podía meditar en cuan suave era, y en cuanto deseaba comprobar esa misma suavidad en todo su pequeño cuerpo. No era partidario de la imaginación pero observar en mi cabeza esos suaves muslos y brazos acariciándome, tomándome, recibiéndome en lo más profundo de su cuerpo basto para hacerme saber que el control pendía de un hilo, me aparte antes de sucumbir al deseo y le dije esperando que me entendiera.

- -será mejor que te vayas antes de que haga algo que ambos deseamos.

Ella se aparto con bastante más reticencia que lo que solía hacer. Si antes no estaba seguro de tenerla en mis manos ahora lo estaba, no solo la tenía en mis manos, la tendría en todo mi cuerpo antes de que la lujuria me pusiera como un cencerro y tuviera que internarme en una clínica de locos.

- - buenas noches – musito ella roncamente, no fui capaz de responderle con algo más que un carraspeo ya que si abría mi boca escupiría el profundo desespero que tenia de hundirme en su cuerpo y envestirla hasta la locura.

Cuando cerró la puerta solté un resoplido exasperado, riñéndome por ser tan débil. Ahí estaba otra vez, esa cosita haciéndome desearla sin saber por qué en el fondo. Yo lo atribuía a mi frustración, pero después de esta cena sabía que había algo mas, algo mas allá del hecho de que ella re recordara constantemente a mi madre, algo mas allá del hecho de necesitarla para una transacción monetaria. Aun no podía definir nada, algo como eso jamás me había pasado, nunca una mujer había demorado tanto conmigo sin que al menos la hubiera tenido en mi cama dos veces, no me había acostado con Bella Swan, y aunque no era para nada mi tipo de mujer la deseaba con ansia. Tal vez cuando la tuviera pudiera exorcizarme de eso que ella tenía que yo quería poseer.

Me cambie sin pedir ayuda a nadie y me puse los pantalones de pijama luego me recosté a dormir esperando tener sueños más alentadores que la frustrante realidad a mi alrededor.

Seis semanas después

Durante el tiempo que siguió alterne el trabajo en mi casa con las terapias físicas que un joven médico, asignado desde uno de los mejores hospitales de fisiatría del país, realizaba conmigo, debía admitir que pese a su edad (parecía ser menor que yo) se notaba que era un experto y aunque terminaba con el cuerpo como si me hubieran dado una zurra recuperaba rápidamente la movilidad de mi pierna, más rápidamente de lo que me hubiera imaginado.

Al mismo tiempo la carrera contra el reloj había comenzado a correr. Me dedique a tener en mi palma todo lo que fuera referente a Isabela y a los documentos que ella debía firmar para cederme el control de sus posesiones, las que había heredado. James los tuvo listos casi un mes después de que sostuvimos la última conversación aledaña a ese tema, durante ese tiempo maneje una relación con Bella Swan como nunca lo había hecho con ninguna mujer, las diferencias radicaban en que no me había acostado con ella lo cual implicaba gran parte de la diferencia ya que normalmente lo más largo que había tenido que esperar por meter a una mujer en mi cama había sido una semana, las otras diferencias constaban del aspecto que presentaba ella, demasiado sencillo, su inocencia, la que parecía brotar de cada uno de los poros de su piel, tanto la que dejaba al descubierto como la que no.

Había algo que si había cambiado en ella y era lo que me mantenía a raya cada vez que el deseo de poseer su cuerpo se encimaba por lo alto de mis instintos, ella dejaba que la tocara, había memorizado en la punta de mis dedos varios centímetros de su piel blanca, desde el día del hospital no me aventura a tocarla de la misma manera y debía aceptar que era por miedo, no al miedo en sí de tocarla, sino al miedo que tenia de ser presa de esas emociones primarias que se llevaban por delante todos mis principios, tenía miedo de convertirme en el animal lascivo y dañar para siempre todo lo que había conseguido con ella, lo que me había costado sangre y abstinencia sexual. Cada día parecía más enamorada de mí y me agradaba mucho que así fuera, más que sobremanera.

Por eso, un mes y unos dias después de que saliera del hospital, y una semana después de que los papeles estuvieran listos había llegado la hora de saber hasta qué punto había calado en ella, era hora de saber si estaba tan dispuesta a darlo todo por mí como parecía estarlo, además solo me quedaba un mes para poder disponer de sus acciones si ella me las daba voluntariamente, el solo pensar en que podía perderlo todo me hizo enfadar. Enfadado y pensando en quedarme sin nada era una persona sumamente manipuladora y eso era lo que iba a usar, mi habilidad para manipularla a ella.

Baje del despacho que había convertido en algo parecido a una oficina casera y me dirigí al jardín, donde estaba seguro que ella se encontraba, después de que fui autosuficiente le permití, por pedido de ella, hacer las veces de jardinera del olvidado jardín de mi madre, aparte de poner su parte en el menú de todas las comidas de el día. Debía admitir, pensé mientras me acercaba, que había hecho un trabajo admirable, recordándome una vez más a mi madre y el ahincó que solía poner ella en el cuidado de sus flores, aquellas a las que yo llama colorinches.

Efectivamente se encontraba arrodillada frente a lo que parecía ser un rosal y tan concentrada que no escucho mis pasos llegar.

- buenos días – anuncie mi llegada y tuve la satisfacción de ver el cambio total en su actitud, permitiéndome observar cuanto la alteraba mi presencia.

- buenos días – dijo ella con la voz curiosamente aguda, se puso de pie, tenia machada la camisa y los vaqueros de tierra, absurdamente la veía atractiva incluso así. El curso de mis pensamientos me hizo enfadarme aun más de lo que ya estaba, pero procure disfrazar la expresión enojada de mi rostro con una de tristeza, o eso esperaba. Ella estaba sonriendo pero cuando transforme mi rostro esa sonrisa se descompuso, casi me sentí un criminal, un jodido y estúpido criminal. – ¿sucede algo?- me pregunto tiñéndose toda de una preocupación, se veía tontamente encantadora.

Sonreí levemente ante mi propia estupidez y mi visión romántica de ella, y también porque me sorprendía realmente el hecho de que fuera perceptiva cuando yo me hacía ver abatido.

- ¿cómo lo sabes?- jugué un poco con ella.

- no lo sé - admitió aunque no parecía sincera, aun así me sentía sorprendido.

La metí entre mis ojos observándola con demasiado detenimiento, tal vez podía hacer de ella una experta en el arte de leerme, sabía que era inteligente, no era tan inteligente en el campo de los hombres pero lo era en lo demás, tal vez incluso podría vivir con sus maternales características un poco más de tiempo del que tenía planeado antes de terminar con la farsa absurda. Recordé la manera en que respondía a mis caricias. Si, definitivamente podría decidir conservarla un poco más.

-estoy pensando en ti…y en mí…- esa era una de las pocas veces en que era sincero con ella, era tan transparente que en seguida me di cuenta de que, a diferencia de mí, los pensamientos de ella se dibujaban hacia un entorno negativo. Aparto sus ojos de mi para mirarse los zapatos como una niña regañada, camine hacia ella hasta que tuve su olor en mi nariz, la vainilla olía a cálido acentuando aun mas esa esencia que me enloquecía, alargue mis manos y acune su pequeña carita en ellas, la suavidad de su piel, como siempre, volvió a traspasar mis barreras, levante su rostro hasta que su mentón no pudo retroceder mas y pude lograr que volviera a mirarme. Rojos, sus ojos estaban como irritados y tarde un poco de tiempo en darme cuenta de que estaba a punto de llorar. Había tal abismo de tristeza en ellos como nunca antes, cuando la tocaba y acariciaba me gustaba que me mirara a los ojos, solo con ella tenía esa característica, porque ellos parecían ser el lenguaje por el que ella verdaderamente se comunicaba, ellos eran turbulentos el día en que la conocí y la mayoría del tiempo, eran más oscuros aun cuando la tenía entre mis brazos, y ahora exudaban una sensación de pena y tristeza que casi me atravesaban, me acerque lo suficientemente como para ver que no me equivocaba - ¿lloras…por qué?- le pregunte en voz baja conociendo su estado de ánimo por sus ojos pero sin saber la causa de este.

- - ¿que…vas a decirme?- pregunto como un rayo como si fuera lo que menos hubiera querido preguntar en la vida, y caí en cuenta de el motivo de su tristeza, creía que iba a mandarle a freír espárragos. "Aun no, muñeca de porcelana", pensé para mis adentros

- -no sé cómo hacerlo…- confesé contra su boca, mentía, pero sabía que al menos con esta propuesta debía utilizar un poco de tacto - antes de decírtelo debes prometerme que me dirás que sí.

Ella me miro extrañada por esa propuesta, como si dudara un cien por ciento en dármela, podía ver que su cabeza bullía de pensamientos y no podía dar con ninguno de ellos. Esperaba que confiara en mi lo suficiente como para decir que sí.

- -yo…si…- dijo como la más crédula de las criaturas

Accione mi cerebro a pensar pero sabía demasiado bien que con esa boca invitadora demasiado cerca no daba mucho de mí a la hora de pensar, quería besarla tanto como quería como para hacerla más débil a mí y que pudiera decirme que si sin mucha coacción.

Sin esperar algo como un permiso me aventure a besarla dejándome llevar, en el momento en que hicimos contacto, por ese deseo loco que me llenaba y al que malditamente estaba comenzando a acostumbrarme. La acerque más a mi usando mis dos brazos y ella a su vez con los de ella, como estaba inclinado y el instintito me hacia querer hacerla participe de la pasión para que cayera rendida la levante contra mi apretando su suave y pequeño cuerpo contra el mío y levantando su frágil peso unos centímetros del suelo, para que quedara al mismo nivel.

No conté los minutos durante los que la bese, pero en cada uno que debía haber pasado ella seguía entregándome una pequeña parte de si, hasta que estuve seguro de que no podría decirme que no a nada, cabe en su carnosa boca llenándome y llenándola de ese húmedo y caliente beso. Luego me separa de ella sin soltarla del todo pero poniendo en juego todas mis cartas.

- - cásate conmigo – le pedí no muy seguro de cómo debía pedírselo, como nunca antes le había propuesto matrimonio a nadie, ni había pensando en hacerlo haya que supe lo de las acciones y las condiciones, no estaba muy seguro de cómo debía preguntarlo.

Pude ver por la repentina rigidez de su cuerpo y extremidades y el frio también repentino de sus ojos que se había quedado pasmada. Seguramente eso era lo que le pasaba a todas las mujeres que recibían una propuesta matrimonial inesperada y la solución a varios problemas, pero, por algo que me lo decía interiormente, sabía que la pastosidad de Isabela tenía más que ver con mi primer pensamiento.

- -me…- trago en seco- me…- volvió a decir, seguramente recuperándose del asombro- … ¿acabas…de pedirme que…me case contigo?-

Evidentemente esa no era la respuesta que estaba esperando a mi pregunta, había hablado claramente así que ella no podría haber confundido las palabras, seguramente el calibre de mi propuesta le había nublado el cerebro, sonreí pensando en que nunca había conocido una mujer que se pusiera en estado de trance ante una propuesta formulada por mi. Inconscientemente la apronte contra mi cuerpo sin poder creer en su inocencia. Sonreí ante el pensamiento y le dije, confirmando lo que su obnubilado cerebro parecía no entender

- - así es...- incline la cabeza para besarle la suave mejilla y seguir ejerciendo encanto erótico para terminar de convencerla, me acerque a su oído para susurrarle en el, algo que todas las mujeres encontraban ínfimamente - quiero que seas mi esposa… mi mujer –

La rigidez en su cuerpo no se iba y se estaba tomando su tiempo para responder, tanto así que dude de que en verdad hubiera ejercido mi, hasta ese momento, efectivo encanto con ella-

- - yo… "acepto" era la respuesta que esperaba, el silencio era exasperante…- no lo sé – continuo después dejándome de una sola pieza, intente darle entendimiento, al menos el mío, seguir susurrándole para ello.

- - no sabes… ¿si decirme que si o si decirme que no?- le pregunte comenzando a llenarme de dudas sobre ella.

- - no sé que responder – sentí sus fríos dedos en mi cuello mientras esa respuesta terminaba de penetrar en mi cerebro, aun no podía admitir que había fracasado cuando nunca antes había ocurrido. Trate de asimilar ese gran golpe a mi ego tan lentamente como me era posible para no ponerme a gritarla y hacerle firmal los papeles quitándole la mano.

Algo de mi estado de ánimo pareció forzarla a hablar

- -te amo – Un calor dulce y para nada conocido se estrello en mi pecho haciendo retroceder un poco el recelo. – Y lo sabes… - esa frase lo derrumbo todo, ahora venia la justificación que esperaba que fuera mucho mejor que su débil negativa - pero yo…debo pensar en esto…

Deje de apretarla contra mí, decepcionado de ella y de mi mismo, era como si me hubiera dado un bofetón y me hubiera dejado la piel extremadamente sensible. Así que se estaba negando… la liste razones para su negativa comenzó a plagar mi cerebro pero eso no hizo que me enfadara menos, seguir soltándola aunque aun así estuvo cerca de mí.

- -¡Por favor!- suspiro ella dolorosamente aferrándose a mi cuello con sus delgados - no estoy negándolo, no te estoy rechazando, es solo….- cuando dudaba eso podía interpretarlo como que si se estaba negando, tenía que ser si uno, blanco o negro, no "no lo sé" o gris. - solo dame un poco de tiempo.

Otra vez la palabra clave, el tiempo. No tengo tiempo, necesito que te desprendas de la millonaria cantidad de dinero que posees y me la des para financiar mi proyecto… Si claro, accedería inmediatamente. La intente presionar con mis ojos y trate de mostrarme devastado por el hecho de que me estuviera rechazando, ¿alguna vez una mujer había rechazado una oferta de matrimonio cuando era evidente que tenía todas las de ganar?, no podía ver que para mí no era un beneficio voluntario sino una necesidad financiera lo que me impulsaba a hacer todo eso.

- - dame tiempo para pensarlo – volvió a solicitarme aunque podía ver que se estaba oponiendo por una razón que iba mas allá de muchas, aun no había vencido todas sus barreras y eso me frustraba enormemente.

L a puse en el suelo y me aleje intentando pensar en algo más que pudiera servirme aparte de tener la desgracia de compartir con ella un matrimonio. Di unos pasos completamente enfermo de la ira cuando cada puerta se cerraba, es mas yo había cerrado todas las puertas imaginando que solo sería cuestión de tiempo que terminaría de conquistarla y ella me daría el sí sin pensar en nada más. Evidentemente me había equivocado al estar tan seguro y ahora ya no tenía tiempo para salvar nada de mi empresa, me estaba dando por vencido

Sentí el roce de su mano en mi brazo, no la podía ver de espaldas.

- -Edward…- la mire por encima de mi hombro odiándola por su inseguridad y por haberme hecho dar tantas cosas por sentado. - yo… no tengo nada para ti... – un momento…- no soy nada a tu lado…- acaso… ¿eso era lo que creía que era?..., sus ojos volvieron a ponerse irritados y temblaba profusamente–y aun así tu…yo…-

Finalmente entendí la razón de su negativa y el calor volvió a mi pecho como agua caliente en tetera. La inocente mentirosa si me quería y, curiosamente, sus pensamientos estaban dirigidos a las diferencias sociales entre nosotros.

El alivio fue tal que lo único que pude hacer fue volverla a tomar en mis brazos y alzarla al encuentro de mi boca y de mi cuerpo, si solamente era esa su negativa estaba convencido de poder sobrepasarla sin mucha dificultad y así me lo propuse en ese momento, derribar con pasión los muros absurdos que ella levantaba. Saboree la miel de su boca por otros largos minutos luego me obligue a separarme para hablarle

- -es la primera vez que le pido a una mujer que se case conmigo, quiero tenerte para mi, por eso quiero que nos casemos, así estaré seguro de que no desaparecerás en cualquier momento. Sabes, como yo sé que me amas, que te necesito, te has convertido en parte de mi vida y…-vaya discurso, pero no pude pensar en otras palabras sino esas para poder convencerla, además tenía otro poco de verdad y era en el hecho de que era la primera vez que le pedía a una mujer que se casara conmigo. El hecho de poner en mí toda la desesperación que me atenazaba por no poder conseguir el dinero que necesitaba debía servirme de algo. Antes de que pudiera pensar en más argumentos para seducirle ella hablo, ahorrándome así la diatriba que se formo en mi mente con una rapidez que me asombro incluso a mi mismo

- -me casare contigo- suspiro ella. Ya estaba dicho, finalmente. No estaba preparado para la ola de felicidad que sentí en ese momento, quise pensar en que todo se debía al dinero que iba a conseguir, no me atrevía siquiera a meditar acerca de que la felicidad tenia más que ver con eso que había en mi pecho y a lo que aun no le podía dar nombre. Sonreí inevitablemente contra la piel de su cara mientras sentía en mi oreja su respiración temblorosa. La apretad contra mi otra vez pensando en los pocos beneficios quien tendría mi matrimonio, pero en ese pequeño beneficio de usar su cuerpo podrían verse resarcidos los demás ausentes.

- - no puedo esperar para que seas completamente mía – le dije esperando que entendiera que a pesar de que en el fondo no era un matrimonio real al menos en la cama yo haría que lo fuera.

Volvió a estremecerse mientras yo pensaba en los últimos ajustes que haría a los documentos y en las cosas de las que tendría que poner a cargo a las otras personas. Mi boda.

No esperaba que resonara, pero siendo quien era no podía evitar hacer pública mi relación con ella, además la gente se divorciaba todos los días incluso con menos tiempo de casados de los tres meses que yo necesitaba. Hacerlo público terminaría de convencerla de que mi "amor" era real y cuando todo acabara yo llenaría una cuenta a su nombre para que hiciera lo que quisiera con su vida, el dinero que le daría no sobrepasaba ni un poco a todo el que ella me daría a mi firmando los documentos, pero una persona de gustos sencillos como ella seguramente no necesitaría tanto dinero, con lo que le daría seria más que suficiente.

- - debo irme ahora – con el objetivo cumplido, al menos por el momento, no necesitaba estar tan cerca de ella. Así que el deje en el suelo besándole la nívea frente. Sus ojos ahora, aunque aun inquietos, sufrían un cambio a soñadores que no me hubiese extrañado que saliera a volar en cualquier momento. Me du la vuelto con un gesto amable y camine hacia la casa de vuelta controlándome enormemente para no saltar y correr como un futbolista cuando encesta…o hace un gol. Lo que sea.

A partir de ese momento contaría los días que faltaban para que finalmente todo el imperio Cullen fuera mío. Totalmente.

Con la ayuda de James y de la siempre fiel madame René pude estar al pendiente de mis negocios sin preocuparme demasiado por cómo iba dándose lo de la boda. Tome la decisión de permanecer lejos de Bella en esos días que transcurrieron porque simplemente mi trabajo me obligo, fue particularmente pesado y no tenía tiempo nada más que para él, los créditos estaban llegando a su tiempo de vencimientos y me vi obligado a anexar solicitudes de prorroga mientras aseguraba que tendría el dinero muy pronto.

Como no vi a Isabela no pude darme cuenta de cómo se sentía acerca de todo esto, prácticamente me estaba haciendo cargo de todo y esto podía contribuir a su ya nombrada tendencia a menospreciarse. Sabía que debía hablar con ella. Esperaba tener el tiempo necesario para hacerlo y poder quitar de su cabeza cualquier duda que tuviera acerca de este matrimonio.

Sencillo.



lunes, 8 de noviembre de 2010

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 12: Tormenta

Edward POV

Tanya gateo por la cama hasta llegar a mí y me abrazo con fuerza, me queje en silencio.

—Lo siento, es que desde que regrese haz estado muy frío conmigo, parece que no te dio gusto que regresara.

—Claro que si —mentí y espere sonar convincente.

—Demuéstramelo —susurro en mi oído y sus labios se encontraron con los míos, se movían ardientes y deseosos, pero no despertó en mi ni la mínima parte de lo que lo había hecho Bella, sus manos intentaron sacarme la chamarra y yo lo evite alejándome de ella.

—Debo ayudarle a Alice con algebra.

—Bien, yo me daré un baño caliente, si quieres unirte… te espero —sus manos comenzaron a desabotonar la blusa— ¿sabes que estaba pensando?

— ¿Qué?

—Tener un hijo.

Juro que al escuchar la palabra 'hijo' la sangre abandono mi cuerpo y deje de respirar. Clave mis ojos en los suyos buscando un indicio de que esto fuera una broma pero no encontré nada, ni siquiera la alegría de una mujer deseosa de ser madre.

—No —fue la única palabra que mi cerebro proceso.

— ¿Por qué no? —alzo una ceja— ¿no quieres hijos?

—Claro que los quiero pero no ahora, tenemos unos meses de casados y pensé que eras tu la que no querías.

—Era… es que pensaba que soy muy joven, pero lo he pensado mejor… y quiero tener un hijo tuyo —su voz sonaba casi en un sexy susurro mientras se acercaba a mi e intentaba desabrocharse el sostén.

—Yo no quiero hijos aun —mi voz sonó tan firme como quise que fuera e intente mentirle lo más convincente posible— quiero disfrutar más mi matrimonio, ya luego vendrán los niños.

Salí del cuarto sin esperar una replica de su parte y me fui a sentarme frente al piano mientras empecé a tocar aquella melodía que ahora sabia había sido inspirada en Bella. Todos mis pensamientos viajaron hacia ella. Justo en este momento Tanya venia con la idea de que tuviéramos un hijo, ahora cuando estaba más seguro que nunca que no la quería, que mi mundo giraba en torno a Bella y que aunque yo quisiera que no fuera así, sabia que no podría ser de otra manera. A pesar de que decía amar a Tanya, hoy que conocía a Bella sabía con exactitud lo que es atracción física y lo que es amor. desde que conocí a Tanya me gusto, y hasta hoy no podía negarlo, era bonita, a cualquier hombre le gustaría, pero amaba a Bella y de eso no tenia dudas, sabia que pasara lo que pasara, conociera a la mujer que conociera, ninguna iba a despertar en mi el cariño, el amor y el deseo que siento por Bella. Y aunque Tanya intentara seducirme, y aunque haya regresado con la idea de ser la esposa linda y tierna dispuesta a darme un hijo, yo no estaba dispuesto a dejar a Bella y se lo iba a demostrar aunque tuviera que enfrentarme a Tanya, a mis padres y al suyo.

Bella POV

Había pasado ya un mes desde que Emmett se había enterado de lo mío con Edward. Al principio estaba un poco reacio, me parecía normal, pero al pasar de los días parecía que la actitud de Edward convencía a mi hermano de que en verdad me quería. Pasaba casi todas las tardes en mi casa, después de la escuela nos acompañaba, incluso muchas veces se nos unían Alice, Jasper y Rose y se iba unos minutos antes de que llegara Charlie y al llegar a casa le decía a Tanya que había salido con Emmett y Jasper a comer o a ver algún partido de béisbol en la televisión.

Sin embrago yo estaba preocupada, Tanya aun no se iba y parecía no tener planes de hacerlo. Según Alice entre un viaje y otro no habían pasado más de dos semanas y ahora después de un mes Tanya seguía en Forks. Tenia miedo que de alguna manera se hubiera enterado de lo mío con su marido, o tal vez era la actitud de Edward, este no la había recibido con los brazos abiertos como ella lo hubiera esperado, y el tiempo que pasaba con ella era muy poco, quizás esos pequeños detalles la habían hecho reaccionar y darse cuenta de que había tenido abandonado al hombre más perfecto sobre la tierra y quería de alguna forma enmendar su error. Y yo cada vez que me topaba con ella me sentía más mal, por más que buscaba en ella los defectos que Alice se encargaba de sacar a la luz yo no veía más que una mujer joven, bonita y simpática, estaba segura de que si la vida no nos hubiera puesto en esta situación quizás habríamos sido amigas.

Algunas noches mientras escribía o intentaba dormir me ponía a pensar en lo que Edward y yo le estábamos haciendo, me ponía en su lugar y recordaba lo que Rose me había dicho 'no hagas lo que no te gustaría que te hicieran' y a mi no me gustaría de ninguna manera que el hombre que amo me hiciera lo mismo. ¿Cuántas veces no había leído alguna novela donde el hombre le es infiel a su mujer e instintivamente me ponía del lado de la esposa? Por que ahí la victima era ella ¿no? La villana, la otra, la sinvergüenza se suponía era la amante, en este caso… yo.

Algunas lágrimas se escaparon de mis ojos aunque intente contenerlas. Llore como no lo había hecho desde que estaba con Edward y es que me sentía mal por ella, hasta ahora me había puesto a pensar en ella y en como se sentiría si supiera lo que le estábamos haciendo. Me concentre de nuevo en estudiar, estábamos a mitad de exámenes y necesitaba concentrarme en estos y dejar por un momento mis problemas de lado.

Desperté por el fuerte ruido de las gotas golpeando contra el techo, me levante de la cama y al mira por la ventana, el cielo parecía caerse y los fuertes truenos parecían darme la razón. Gemí molesta. Si había algo que odiara más que una tormenta, era una tormenta eléctrica. Me vestí lo más abrigada que pude y trate de acomodar mi cabello. Tras una pequeña discusión con mi hermano acerca de irme o no en mi pick up, accedí a irme con el en el jeep, los truenos me ponían nerviosa y además alego la inseguridad de estar yo frente al volante de una camioneta tan vieja y con este clima.

Al llegar a la universidad corrí inmediatamente a resguardarme en el calido edificio. Ahí me encontré con Angela y juntas caminamos a nuestra primer clase, la que más me gustaba, o digamos que la única que me gustaba.

— ¿Estudiaste? —pregunto mi amiga.

—Si, pero aun así no estoy segura de que mi mente logre darme las respuestas acertadas.

—Oh vamos, sabes que lo harás bien —se inclino un poco hacia mi y susurro— además estoy segura que el profesor estaría encantado de darte una segunda oportunidad.

Me sonroje. Había sido inevitable no contarle a Angela por que me entusiasmaba tanto la clase del profesor Cullen, además de lo obvio, así que un día decidí confesarle lo que pasaba entre nosotros y lo que hizo es digno de una gran amiga, me deseo que fuera feliz y cada que hablamos del tema procuraba no mencionar a Tanya, ella me había dicho que haría de cuenta que no existía y para no hacerme sentir 'la otra' procuraba no mencionarla. Aunque eso no me hacia olvidarme de ella.

Edward entro con ese paso firme y galante que lo distinguía y repartió los exámenes, teníamos una hora para terminarlo y cuando comencé a leer las preguntas automáticamente las respondía en mi cabeza. Me concentre en terminar el examen lo más pronto posible y salir a desayunar algo. Por los nervios no había podido probar bocado en la mañana y a estas alturas mi estomago exigía comida.

A veces levantaba la mirada solo para ver a Edward al frente del salón cuidando que nadie copiara las respuestas del de al lado, estaba serio mostrando la autoridad de un maestro, pero no por eso se veía menos sexy, paseaba la miradaza por todo el salón y de vez en cuando se topaba con la mía, ninguno sonreía, seria demasiado obvio ya que al menos en mi caso le sonreía como tonta, si como una tonta enamorada y me pondría en evidencia, sin embrago una mirada decía más que una sonrisa o incluso que las palabras.

Sentí un pequeño golpe en mi mano y concentre mi mirada en un pequeño papel el cual, pensando que era de Angela lo tome y desdoble, ahí estaban todas las respuestas al examen e inmediatamente lo arrugue ocultándolo en el puño de mi mano.

— ¡Profesor! Isabella tiene un acordeón.

Cuanto odiaba que me dijeran Isabella, y más que fuera una chismosa y mentirosa quien lo hacia. Mentirosa en cierta parte, si tenía un acordeón pero no lo estaba utilizando. Voltee a ver a la chica detrás de mi que me fulminaba con la mirada, quizás si se lo hubiera prestado no seria tan chismosa. Sentí la presencia de alguien a mi lado y como no… era Edward.

—N… no… yo no —tartamudeé.

—Lo tiene en la mano, yo vi cuando trato de esconderlo —abrí la mano y ahí estaba el cuerpo del delito, sentí mi rostro enrojecer de coraje y también de vergüenza.

—No es mío, alguien lo aventó y…

—Déme ese papel señorita Swan —la voz firme y fría de Edward me hizo enojar más, ¿Cómo podía pensar el que yo estaba haciendo trampa en su examen? Le di el papel y lo reviso por unos segundos— ahora déme su examen y salga de mi clase.

—Pero Ed… Ed… es injusto, eso no es mío, no es mi letra y… —me puse de pie haciendo señas con las manos exasperada.

—Pero estaba en sus manos, ahora salga del salón —Edward tomo el examen de mi mesa y camino hacia su escritorio.

— ¿Me va a reprobar? —lo seguí y me detuve frente a el, alzo la mirada y note en sus ojos cierta disculpa.

— ¿Qué quiere que haga entonces? —me estaba dando opción ¿en verdad?

—Déjeme demostrarle que no ocupo un acordeón para responder su examen, lo puedo hacer después cuando todos hayan terminado para que no despegue su mirada de mi y se de cuenta que no hago trampa.

Pareció pensarlo un momento y después respondió. —Esta bien Swan, mañana hará el examen en mi clase y les regalara la hora a sus compañeros, además también para mañana quiero un trabajo sobre la vida de Octavio Paz y diez de sus poemas traducidos.

Asentí molesta, regrese a mi lugar a tomar mis cosas y salí del salón directamente a la cafetería. Me molestaba que desconfiara de mi, aunque quien lo no haría si había encontrado ese papel en mi mano, pero el conocía mi letra y me conocía a mi, sabia que yo no era capaz de aprovecharme de nuestra relación para hacer trampa o pedirle una buena calificación si no me la merecía.

Pase casi todo el día en la biblioteca haciendo el maldito trabajo que me había pedido, solo salía a presentar mis exámenes y regresaba tan rápido como terminaba. La última hora tenia la practica con las porristas. Si, Rosalie había insistido en que lo hacia muy bien y me acepto aun cuando le recé a todos los santos que conocía por que no lo hiciera. Le conté mi trágica escena con el profesor Cullen y accedió a que faltara para que pudiera terminar mi trabajo.

Después de las clases la biblioteca seguía abierta, era en parte la biblioteca del pueblo y después de que Emmett vino a buscarme para irnos a casa, yo insistí en quedarme a terminar mi tarea en la biblioteca, sabia que si salía de ahí me toparía con Edward y la verdad hoy no tenia ganas de ver a ese estúpido profesor sexy y encantador que me tenia tan de malas.

Estaba tecleando con tanta fuerza que parecía a punto de quebrar el teclado pero no me importo. Todo lo que podía escuchar era el teclado y las gotas que seguían golpeando el techo del lugar, no había parado de llover desde la mañana y eso me ponía de peor humor. Sentí una mano sobre mi hombro y levante la vista, por encima del monitor vi el sitio vació, no había ni un estudiante más, solo la encargada quien estaba concentrada en su lectura. Entonces vi al dueño de esa mano cuando se sentó junto a mi, baje la mirada y seguí tecleando ignorando tanto como podía esos penetrantes ojos verdes.

— ¿Podrías detenerte? —me pidió en un susurro.

—No, aun tengo mucho por hacer y tengo que tenerlo listo para mañana.

—No tienes que…

—Si tengo… usted me lo pidió.

Entonces Word me pregunto si quería guardar el documento y después desapareció del monitor, vi la mano de Edward sobre el mouse, había cerrado mi documento borrando todo lo que tenia avanzado, que en verdad no era mucho.

— ¿Qué hiciste? —pregunte molesta.

—Te dije que no es necesario, yo se que no hiciste trampa en el examen.

—Pues hace unas horas parecías convenido y me pediste este estúpido trabajo y te lo voy a entregar.

— ¿Y que podía hacer Bella? Actué imaginando que eras una alumna más, te encontré con un acordeón con todas las respuestas del examen, no podía nada más ignorarlo, si yo lo hubiera visto no habría dicho nada, habría hablado contigo después, a solas, pero tu compañera lo vio y entonces tuve que actuar como lo que en ese momento éramos, un profesor y su alumna.

Medite sus palabras y me di cuenta que había exagerado en mi reacción, no tenia por que enojarme, no podía simplemente ignorar el hecho de haber encontrado ese papel en mis manos, hasta yo sospecharía si eso hubiera pasado con otro profesor y con otra alumna.

—Entonces…

—Entonces mañana haces el examen y listo, el trabajo no es necesario… puedes solo hacer la portada, una hoja introductoria y lo demás de chistes si así lo deseas —me sonrió de lado, y sentí mi corazón dispararse en una serie de latidos descontrolados— es imposible que tu hayas hecho ese acordeón.

—Lo se, no es por ser presuntuosa pero no me gusta hacer trampa, prefiero estudiar.

—No lo digo por eso.

— ¿Entonces?

—Esa letra era muy bonita, la tuya es digamos más… infantil —se rió entre dientes y yo fruncí el ceño.

—Muy gracioso profesor Cullen —me dedique a pagar la computadora mientras sentía la mirada de Edward sobre mí.

—Te ves adorable cuando estas enojada —sus adulaciones me hicieron sonrojar, pero no lo iba a perdonar tan pronto por faltarle el respeto a mi letra— Alice quiere verte, dice que en todo el día no pudo hablar contigo y quiere probarte varios vestidos para la fiesta.

Estábamos a dos semanas de la gran fiesta de disfraces de Alice y ya quería empezar a torturarme con sus diferentes diseños. Ni siquiera estaba segura de asistir vestida de una vampiriza sin chiste y torpe. Se suponía que un vampiro era hábil, fuerte y de belleza sobrehumana, y yo era todo lo contrario.

—No creo que…

—Estas bajo amenaza —sonrió y tomo mi mochila— sabes que si no vas hoy a ver a mi hermana tarde o temprano tendrás que hacerlo.

—Esta bien, llévame de una vez con la loca de tu hermana.

Edward POV

Aun era temprano pero parecía ser de noche, las nubes bajas y oscuras le daban a la tarde un toque casi nocturno, no paraba de llover y era un poco difícil manejar a mi manera, tuve que disminuir considerablemente la velocidad, sobre todo al salir del pueblo, la carretera que iba a mi casa estaba llena de curvas que hasta hoy no me había parecido peligrosas.

Sabía que a Bella no le gustaba la velocidad y tampoco la lluvia así que decidí no mezclar las dos cosas que más odiaba. Su vista iba clavada en la ventana, estaba muy pensativa y callada desde hacia unos días y deseé poder leerle el pensamiento y saber que era lo que la tenia así. Yo no había querido preocuparla con lo que Tanya me había pedido, no quería que se atormentara más de lo que ya estaba por la presencia de mi esposa.

Estaba tan absorto mirándola que no me di cuenta del camión que venia frente a mi, cuando clave la vista al frente lo vi muy cerca y lo único que hice fue dar un fuerte volantazo para no chocar con el. Me desvié hacia el bosque y chocamos contra un árbol. Inmediatamente me preocupe por Bella quien aparentemente se encontraba bien, solo su respiración era entrecortada y tenia las uñas clavadas en el asiento.

— ¿Estas bien?

—Si… ¿y tu?

—Si, lo siento, no lo vi, de repente apareció y no pude hacer nada más que esquivarlo así —me disculpe sabiendo por Emmett la forma en que su madre había fallecido.

—No te preocupes, lo bueno es que ambos estamos bien, será mejor que nos vayamos.

Asentí. Intente arrancar el auto pero no encendió, seguramente el golpe había provocado alguna falla mecánica y yo no sabia nada respecto a eso. Después de varios intentos más decidí dejarlo por la paz.

—Será mejor que llame a Rose —Bella saco su celular y marco el numero de su amiga, después corto la llamada— no tengo señal.

Saque mi celular y tampoco tenia señal. Bella abrió la puerta, estaba punto de bajarse del auto pero la detuve.

— ¿A dónde vas?

—Tenemos que irnos de aquí ¿o piensas que nos quedaremos aquí hasta que pare la lluvia?

— ¿Caminar hasta la casa? ¿Tienes una idea de lo lejos que estamos?

—Bien, dame otra solución genio —alzo una ceja retadoramente. Suspire derrotado, no tenia una mejor opción, pero caminar en medio de una tormenta por una carretera tan sola no se me hacia buena idea. Entonces sentí como si algo en mi cabeza hiciera clic.

Baje del auto y lo rodeé para tomar a Bella de la mano, el camino por el bosque no iba a ser fácil, y menos si la tierra estaba mojada.

—La carretera esta por el otra lado Edward.

—Lo se pero no vamos a irnos por la carretera.

— ¿Entonces?

— ¿Confías en mi?

—Absolutamente pero…

—Entonces camina lo más rápido que puedas y no me sueltes.

Apreté su mano contra la mía y la guié por el camino. A unos cuantos kilómetros de ahí estaba una pequeña cabaña que mi padre le compro a Esme, ahí venían cuando se querían escapar de mi hermana y de mi y rogaba a Dios que hoy no fuera uno de esos días. Después de caminar casi por media hora encontré en medio de la oscuridad la cabaña completamente oscura, señal de que no había nadie. Busque la llave que Esme había escondido en el alero y abrí la puerta, deja que Bella pasara y yo lo hice detrás de ella.

— ¿Dónde estamos? —pregunto Bella una vez dentro, mientras yo encendía las luces.

—Esta casa es de mi madre, digamos que Carlisle y Esme se escapan aquí solos de vez en cuando.

—Oh —fue todo lo que dijo, pero el rubor de sus mejillas me dio a entender que sabía a lo que me refería. Fui hasta el teléfono pero no había línea.

—Espérame aquí —fui a la habitación de mis padres y busque algo de ropa limpia de mi madre para darle a Bella y también algo para mí, también unas toallas para sacarnos. Regrese a la sala pero Bella no estaba ahí, las huellas de humedad en el piso de madre me señalaban la cocina. Al llegar ahí vi a Bella junto a la estufa calentando algo y buscando tazas en la alacena— ¿Qué haces?

—Ah, perdón es que hace frío y pensé preparar algo caliente.

—Esta bien, estas en tu casa —le extendí la toalla y comenzó a secarse el cabello— este ropa es de Esme, no creo que le moleste, ¿Por qué no te vas a cambiar mientras yo termino de preparar el chocolate?

Tomo la ropa de mi mano y se acerco a darme un beso en los labios, a pesar del frío estaban calidos y suaves y se amoldaron rápidamente a los míos. Termino el beso y desapareció por la puerta. Termine de hacer las dos tazas de chocolate y las lleva a la sala donde encendí la chimenea para entrar un poco más en calor. Entonces las luces se apagaron y maldije al servicio de luz eléctrica pero entonces la risita de Bella me hizo voltear, se encontraba junto al interruptor de la luz, llevaba puestos unos pantalones de mi madre que al parecer le quedaban algo grandes, y una suéter rosa que le quedaba perfecto.

—Siempre había querido una casa con chimenea y creo que se ve mejor sin luz ¿te molesta? —dijo mientras caminaba hacia mi mordiendo su labio inferior, sin zapatos, con el cabello mojado y desordenado, se veía condenadamente sexy y yo no podía despegar mi mirada de su cuerpo, sus labios y sus ojos.

—N… no —me sentí nervioso ante la idea de estar aquí solos, incomunicados y con ella luciendo tan tentadora— voy a… a cambiarme y ahí tienes tu chocolate.

Salto emocionada y me dio un beso en la mejilla para después acomodarse en el suelo frente a la chimenea y sorber un poco de chocolate. Sonreí por su inocencia, era tan sexy y ella ni siquiera hacia el intento por serlo, era tan natural su forma de ser y cada día me atraía más y entonces tuve miedo de nuevo. Estábamos solos, ante el recuerdo de aquella tarde en su casa, cuando Emmett nos descubrió me estremecí, yo sabia que de no haber llegado Emmett yo habría continuado, al menos hasta que Bella me pidiera lo contrario, y temía que hoy no fuera capaz de controlarme, si al besarla no podía detenerme.

Sacudí mi cabeza intentando alejar esos pensamientos, termine de cambiarme y saque algunas cobijas de la cama llevándolas conmigo a la sala. Bella seguía sentada entre algunos cojines en el suelo y sostenía su taza con ambas manos. Pase una cobija por sus hombros y otra la puse en sus piernas.

— ¿Cómo va lo del frío? —pregunte mientras me acomodaba a su lado.

—Mejor ahora que regresaste —sonrió y descansó su cabeza en mi hombro— intente llamar a mi hermano pero sigo sin señal ¿crees que dure mucho?

—No lo se, nunca había visto llover de esta manera —suspire— espero que termine pronto, no quiero que Emmett intente asesinarme por estar aquí solo contigo.

—No es tu culpa…

—No, no lo es pero eso a Emmett no le importara.

Sonrió si preocupación, acomode uno de mis brazos alrededor de su cintura y la acerque más a mi, inhale el aroma de su cabello, olía a fresas y a lluvia, hundí mi nariz en su pelo e inhale una vez más.

—No hagas eso —dio un golpe juguetón en mi pecho.

— ¿Por qué no?

—Mi cabello debe oler fatal.

—Huele a lluvia.

— ¿Pero bien o mal?

—De las dos formas —se alejo un poco de mi y enarco una ceja.

—Quiere decir que si huelo mal… lo sabía…

—Yo no dije eso…

—Pero… dijiste de las dos formas… —me miraba con el rostro confundido, pero como le explicaba que olía bien, pero también mal, mal por que me provocaba de una forma que no debería ser legal, y menos aquí, solos en medio del bosque.

Decidí besarla para acallar sus preguntas y dudas, puse mis labios lentamente sobre los de ella, sabían a chocolate y le abrí paso a mi lengua para disfrutar más el sabor ya de por si dulce de sus labios, su mano se poso sobre mi pecho y lo acaricio hasta llegar a mi cuello, sentí como se deshizo de las cobijas y se incorporo un poco para estar en una posición más cómoda, pero no pensé que fuera a poner sus piernas alrededor de mi cintura, me quede quieto ante su movimiento hasta que ella tomo mis manos con las suyas y las puso sobre sus caderas, rompí el beso para morder un poco su cuello, arqueo la espalda acercando su pecho al mío y sentí que mi cuerpo empezaba a reaccionar, sabia que esto estaba mal pero no quería romper el momento.

Mis dedos jugaban con la piel expuesta entre el pantalón y el suéter, mientras continuaba besando y mordiendo su cuello, los pequeños gemidos que soltaba me excitaban más y lo único que pensé en ese momento fue en quitarle la ropa y hacerla mía de todas las formas que se me ocurrieran. Ella pareció leer mis pensamientos ya que volvió a besar mis labios, tomo mis manos y las puso al borde el suéter, se separo un poco y me vio a los ojos, alzo ambos brazos mientras pronuncio las palabras que terminaron conmigo.

—Hazme el amor —pidió en un suave susurro y por más que una parte de mi me decía que me negara alcé el suéter observando cada centímetro de su cremosa piel mientras quedaba al descubierto, llegue al punto de ver el sostén azul y su pecho que subía y bajaba con cada respiración, termine de sacar el suéter y lentamente la recosté en el suelo.

—Bella… no… pídeme que me detenga —suplique.

—No quiero que te detengas —sus manos desabotonaron mi camisa y acaricio mi pecho con mucho cuidado, con timidez, una timidez que la hacia verse más sensual y que me hizo desearla más, pero también que me pedía que me detuviera, que no tenia derecho a hacerlo de esta forma, pero sus manos continuaron bajando el cierre de mi pantalón, haciendo que me olvidara de todo lo de más y que le hiciera caso.

En ese instante no hubo nadie más que ella y yo, volví a besar sus labios mientras la ayudaba a bajar mis pantalones, quede semidesnudo sobre ella y note como se sonrojaba pero eso no la detuvo, se incorporo un poco y yo la ayude sosteniéndola de la espalda y con sus manos abrió el broche del sostén y lentamente dejo caer la espalda contra el suelo.

Bese sus labios despacio; mis labios viajaron hasta su oreja y mordí el lóbulo de esta, mientras ella enredaba sus dedos en mi cabello, bese su cuello, deteniéndome unos segundos para morderlo y pasar mi lengua, saboreando la dulzura de su piel y me decidí a bajar por sus hombros, baje el tirante del sostén hasta deslizarlo por su brazo e hice lo mismo con el otro para quitarle la prenda por completo sin separar un segundo mis labios de su piel, pase mis labios por en medio de sus senos, despacio, lamiendo cada parte de su piel como respuesta Bella arqueo la espalda y lleve mis labios a uno de sus senos, lo acaricie con mis labios, lo bese y mordí despacio haciendo que Bella gimiera mi nombre, hice lo mismo con el otro seno y baje por su plano abdomen hasta toparme con su pantalón, esta vez sin pensarlo lo fui bajando mientras besaba su ombligo, quite por completo el pantalón y me arrodille admirando el cuerpo de Bella, su respiración era entrecortada y solo una prenda la cubría, puse mis manos sobre ella y la baje despacio, dejándome maravillar por cada centímetro que iba descubriendo hasta que la saque.

Bese sus piernas, subiendo lentamente hasta llegar a su entrepierna y delicadamente pose mis labios sobre su humedad, Bella gimió ante mi contacto y yo disfrute cada parte de su anatomía, bese, acaricie y saboree el aroma de Bella hasta que la sentí contraerse en mi boca, su cuerpo se tenso y un pequeño grito escapo de su boca haciéndola sentir su primer orgasmo.

Aproveche para quitar la ultima prenda de mi cuerpo y situarme entre ella, la bese en los labios y después la mire a los ojos.

—Aun puedes pedirme que no lo haga —susurre, aunque en el fondo yo deseaba lo contrario.

—No, quiero que me hagas tuya —sus ojos brillaron y lentamente comencé a entrar en ella.

—Te amo —susurre contra sus labios para después volver a besarla, sentí sus uñas clavarse en mi espalda, no rompí el beso, solo disminuí el ritmo y entre mas lento… dejando que su cuerpo se acoplara al mío, sentí como la presión de sus manos contra mi espalda disminuía y mientras ahogaba sus gemidos en mi boca comencé a aumentar el ritmo poco a poco para no lastimarla. Aunque estaba a punto de perder el control, estar haciéndole el amor a Bella simplemente me volvía loco, era la mejor sensación que había sentido en mi vida y era con la mujer que más amaba. Nuestros movimientos se acompasaron al grado de disfrutar ambos de nuestra entrega. De mis labios se escapaba su nombre y varios 'te amo' igual que de los de ella. Sentí su cuerpo tensarse una vez más y sus piernas rodearme para acercarme más a ella, si es que se podía, sentí su cuerpo temblar bajo el mío con su segundo orgasmo y entonces yo hice lo mismo.

Lentamente caí sobre ella besándola una vez más y a pesar del frío que hacia afuera, nuestros cuerpos estaban empapados en sudor, bese sus hombros y sus labios una vez más, antes de caer junto a ella y atraerla hacia mi, recostó su cabeza en mi pecho y cubrí nuestros cuerpos con una cobija.

—Te amo Edward.

—Lo se —ahora más que nunca lo sabia— y yo te amo a ti.



domingo, 7 de noviembre de 2010

Esposa de un Jeque

Capítulo 6

Edward salió del cuarto de baño después de darle tiempo a su flamante esposa de que se preparase.

Bella estaba sentada en medio de la cama, ro deada de cojines. Por primera vez tenía el cabello suelto, y la cascada de sus hebras chcoclates oscuras caían sobre sus hombros.

Tenía las piernas dobladas y rodeaba sus rodillas con sus brazos.

—No sabía si tenía que estar de pie o echada—dijo—. Así que he decidido sentarme.

—¿Te da pudor mostrarme tu cuerpo?

Bella agitó la cabeza y su pelo se onduló con el movimiento, produciendo una instantánea reacción en todo su cuerpo viril.

—Estás acurrucada como un gatito pequeño.

—¿Pequeño?—se rió ella—. Tal vez no te has dado cuenta, pero soy bastante más alta que la mayoría de las mujeres.

—No lo creo. Quizás seas un poco más alta que la media, pero para mí, eres bastante pequeña—le ex plicó, para que comprendiera que era absurdo referirse a sí misma como a un gigante.

—Sí, bueno, tú eres bastante alto, ¿no?—respondió Bella, con un tono que parecía traslucir estar com placida con el comentario.

Edward se encogió de hombros.

—Entre mi gente, me consideran alto.

No tenía ganas de hablar de la altura media de su gente, pero al parecer, eso la relajaba. Y él deseaba que estuviera cómoda.

—Los niños solían tomarme el pelo cuando era pe queña. Me llamaban Amazona, o cosas así.

Edward se sentó en la cama y puso una mano encima de las de ella.

—Es bueno que compartas estos recuerdos conmigo. Te ayudaré a borrarlos.

—Tú estás tan seguro de ti mismo...

—Soy un hombre...

Ella agitó la cabeza.

—Te lo aseguro—insistió él.

Ella se rió.

—No lo dudo.

Edward no pudo resistirlo más, y tomó un mechón de cabello entre sus dedos.

—Cuéntame...

—Cuando era pequeña, crecí varios centímetros du rante un verano. Y no dejé de crecer hasta que pasé a todos mis compañeros. Para entonces tenía trece años y algunos de los chicos empezaban a alcanzarme, pero seguí siendo más alta que la mayoría de ellos al menos durante otro año.

—Le ocurre a muchas chicas. No es tan malo.

—Lo era. Supongo que no es fácil de comprender para ti. Yo era tímida y me costaba hacer amigos, y los niños me tomaban el pelo diciéndome que era gigante, y las niñas sentían pena por mí. El haber crecido tan repentinamente empeoró más las cosas.

—Pero como dices tú, los niños crecieron y las ni ñas, muchas de ellas, pueden haberte alcanzado.

—No quiero seguir hablando de esto—Bella ce rró los ojos.

Había algo más. Algo que ella no quería compartir con nadie. Pero Edward quería saberlo todo acerca de aquella mujer con la que se había casado.

—Tu padre comentó algo acerca de un tratamiento de láser. ¿Para qué era?

—¿Cuándo te habló de eso?—preguntó, confusa e in cómoda.

Edward tenía que pensar bien la respuesta como para no revelar el secreto.

—Estábamos hablando de la boda—mintió.

Se trataba de una mentira piadosa.

—¡Oh!—respondió. Una expresión de tristeza inundó su rostro y entonces dijo—: Cuando tenía trece años tuve acné.

—Eso es bastante frecuente en la adolescencia.

—No, pero el mío era terrible. Los médicos me die ron antibióticos, me hicieron tratamientos para la piel... No había manera de quitármelo. Tuve la cara violeta de las marcas de los granos durante cinco años. A los dieciocho años finalmente me dejó de salir. Y empecé un tratamiento con láser para tratar las cicatri ces a los diecinueve años.

Edward le acarició la mejilla y le dijo:

—Eres hermosa.

—No lo creo. Pero al menos ya no soy un estorbo para mis padres y una persona que doy pena a la gente.

—Seguramente a tus padres no les preocupaba tanto tu aspecto— Edward se puso tenso al oírla decir aquello.

—No podían hacer nada. Así que, ignoraron el pro blema.

Edward sintió que había algo más. Se quedó callado para ver si ella lo compartía con él.

Bella lo miró a los ojos durante unos segundos. En ellos había un brillo de dolor.

—Para mis padres la única forma de solucionar el problema era evitarme lo más posible. No hicimos fo tos durante esos cinco años. Con frecuencia mis padres quedaban con sus amigos fuera de casa en lugar de arriesgarse a mostrar a su hija—sus ojos brillaron con lágrimas incipientes.

—A Alice fue a la única que no le importó. Me in vitaba a quedarme con ella y me ayudaba a salir de mi encierro.

—¿Qué sucedió después de los tratamientos de lá ser?

—Intentaron casarme por todos los medios. Creo que pensaron que el tener marido probaría que sus ge nes no estaban dañados.

—Tú te resististe.

Edward recordó que Charlie le había contado que Bella no había querido casarse con ninguno de los hombres que le había presentado.

—No quería salir con hombres por pena, ni el ca sarme como un medio para conseguir un suegro rico.

Edward se puso tenso.

—Yo no quiero la riqueza de tu padre—dijo.

—Lo sé—sonrió ella.

No podía contarle el plan de asociarse con la em presa de su padre. Jamás lo comprendería. Pero podía demostrarle que era una mujer deseable ahora, para que borrase los malos recuerdos del pasado.

Él se puso de pie al lado de la cama.

—Me has dicho que no te importaba mostrarme tu cuerpo.

—Y es así.

—Entonces, ven— Edward extendió la mano.

Bella le dio la mano.

Sintió las manos suaves de Edward envolviéndola, dibujando las curvas de su cuerpo.

Edward hizo un esfuerzo por moverse y fue a servir una copa de champán. Bebió un trago y tiró de ella ha cia él, de manera que la redondez del trasero de Bella presionase contra sus muslos viriles.

Le dio de beber.

—Compártelo conmigo—le dijo.

Bella bebió. La mano de Edward se deslizó desde el hombro hasta su pecho izquierdo. Ella dejó escapar un gemido de placer.

Entonces él volvió a darle de beber mientras seguía atormentándola con sus caricias. Su pezón se puso duro debajo de los dedos de Edward. Luego Edward cambió la copa de mano y le acarició el pecho dere cho. Volvió a repetir la operación y le ofreció cham pán. Ella se abandonó a la sensación de las burbujas en su garganta y al placer de sus caricias.

Finalmente la copa se vació, mientras ella gemía en voz alta. Él dejó caer la copa en la alfombra y le tomó ambos pechos. Jugó con sus pezones. Ella se arqueó ante la exquisita tortura de aquella sensa ción.

—Por favor, Edward... Por favor... Edward...

Pero él no iba a ceder a hacerle el amor aún. Quería darle más placer del que jamás hubiera imaginado. Y ni siquiera iba a abandonarse él mismo a lo que le pe día su cuerpo antes de volverla loca.

La cabeza de Bella se movía de lado a lado mientras él la inundaba de caricias.

—¡No puedo más, no puedo más!

—Sí puedes. Tu cuerpo es capaz de recibir mucho placer—le susurró él al oído.

Edward deslizó una mano por su muslo. El camisón tenía una abertura a los lados. Al sentir la suavidad de su piel Edward sintió una interna satisfacción. Luego se deleitó en jugar con los rizos de su pubis.

—¡Oh!—exclamó ella.

Bella se movió contra su mano, y él le acarició el sexo con su dedo, en el centro mismo de su femini dad. La acarició. Y ella se abrió para él, gimiendo de goce, hasta que su cuerpo se estremeció en el éxtasis de la cima del placer. Pero Edward la siguió acariciando hasta que ella se convulsionó por completo y se de rrumbó.

—¡Oh, Edward!—exclamó ella con voz sensual.

Edward la tenía abrazada, apretada contra su sexo erecto, pero la satisfacción de darle placer era tan pro funda, que no deseaba dejarla escapar.

Bella se dio la vuelta y le dio un beso en el cuello.

—Te amo—le susurró.

Y aquella caricia con su voz fue demasiado para Edward para poder seguir controlándose.

—Quiero hacerte mi esposa—dijo con voz profunda.

Ella, que estaba envuelta en la satisfacción del pla cer, apenas lo oyó.

Era increíble, pero la pasión de Edward volvió a dar vida al cuerpo de Bella. Volvieron a despertarse los puntos erógenos de su cuerpo. Sus pezones se pu sieron duros. Y sus labios se entreabrieron, esperando que la lengua de Edward la penetrase. Él no la de fraudó. Invadió su boca sensualmente, y ella sintió que se le debilitaban las piernas.

Edward la alzó en el aire y la apretó contra su pe cho. Luego la llevó a la cama de colcha de seda. Dejó de besarla y se puso encima de ella. La miró a los ojos.

—Eres mía.

—Sí—respondió ella con emoción.

Se besaron apasionadamente. Edward se quitó la bata de seda que llevaba puesta y se echó completa mente desnudo al lado de ella. Bella sintió la suave piel en su cuerpo. Empezó a temblar como si acabase de jugar en la nieve. Pero su reacción pare ció no importarle a él. La besó mientras tocaba la tela de su camisón. A ella le pareció que le faltaba el aire.

Bella se separó un momento y dijo:

— Edward —no podía decir nada más.

—Llegó la hora—respondió él, alzándose por encima de ella, con su cuerpo totalmente desnudo.

Le quitó el camisón. Bella se alegró de que la luz no fuera intensa, porque recordó sus imperfeccio nes físicas.

Él intuyó que pasaba algo.

—¿Qué ocurre?

De todos modos lo vería por sí mismo. Quizás si se lo dijera, no le provocase un shock tan fuerte.

—Tengo marcas—no podía decir la palabra «es trías»—. Del verano en que crecí tanto.

Edward le terminó de quitar el camisón. Y luego hizo algo que la tomó totalmente por sorpresa. Se le vantó. Puso un pie en el suelo y una rodilla en la cama. Luego encendió una luz que triplicó la que había en la habitación.

Fue como un cubo de agua helada para ella. Perdió todo deseo.

— Edward, por favor...

En aquel momento su mirada se dirigió al cuerpo desnudo de Edward. Estaba excitado y ella se olvidó de pensar en la reacción que podría tener él frente a sus estrías, y en cambio se concentró en la idea de que ha rían el amor por primera vez.

¿Era tan grande su sexo como le parecía o su apre ciación era debida a su falta de experiencia?

No se lo iba a preguntar.

—Es más grande de lo normal, ¿o son mis nervios?—se le escapó.

Edward la miró, sorprendido. En realidad, ella misma se había sorprendido.

Edward se señaló el sexo.

—No lo sé. No me he comparado con otros hombres—pareció molesto por aquella idea.

Por primera vez en su vida desde los diez años, ella se sintió pequeña. Y no era una sensación completa mente placentera. Edward la miraba como un lobo hambriento. No parecía haber perdido el deseo en ab soluto. Y ella volvió a temblar.

Pero cuando la tocó, lo hizo con mucha delicadeza. Le acarició suavemente las estrías que tenía en un cos tado.

—Creí que serían más grandes. Son muy pequeñas.

—Son horribles.

—No, no lo son.

¿Sería verdad que no le importaban las marcas?

—También las tengo a un lado de las rodillas—no usaba vestidos cortos por esa razón.

Pero él se desentendió de las marcas. Le acarició el pecho. Y ella gimió. Edward se agachó y lo tomó con su boca. La saboreó con increíble placer, y en un momento dado también deslizó la lengua por una de sus marcas. Ella se retorció de placer. La acarició con su lengua hasta que se apoderó de uno de sus pezones. Cerró los ojos para sentirlo más. Primero le aca rició un pecho; luego el otro. Sabía hacerlo muy bien. ¡Era una sensación erótica que jamás habría podido imaginar!

—¿Dices que tus rodillas tienen marcas también?

—¿Qué?

Edward inspeccionó la zona. Tocó las estrías y dijo:

—Realmente en este momento hay cosas más intere santes que tocar que estas pequeñas marcas...

Bella comprendió lo que decía cuando sintió su mano deslizarse por la parte interna de sus muslos. Y ella también se olvidó de sus cicatrices cuando empezó a sentir la caricia de su lengua en esa zona unos minu tos más tarde.

—¿ Edward?

—¿Mmm?—sus dedos estaban tocando la parte más sensible, la zona anterior a la unión de sus piernas.

—¿Puedes quitar un poco de luz?

—¿Es eso lo que quieres, realmente?

En ese momento, Edward le acarició la zona más ín tima. Estaba húmeda, preparada para él.

—¡Oh! ¡Dios!—exclamó ella al sentir que le introdu cía un dedo.

—Eres muy sensible—le dijo Edward.

Él la deleitaba, pero no pudo decírselo.

—Te deseo tanto... Pero tienes que estar preparada...

—Estoy preparada ya—respondió ella.

Pero él jugó con su dedo, entrando y saliendo, exci tándola.

—No, pero lo estarás. Ésa es mi responsabilidad, como esposo y amante.

Ella habría contestado, pero el pulgar de Edward en contró el lugar más dulce y sensible, y ella no fue ca paz más que de gemir.

—Hay una tradición en el pueblo de mi abuelo en que las mujeres preparan a la novia y le quitan el himen. Así no hay dolor en la noche de bodas. No obs tante, debo admitir que me gusta la idea de que me ha yas dejado ese privilegio a mí.

—No creo que lo rompas sólo con la mano.

—¡Ah! Pequeña gatita, eres tan inocente. Podría ha cerlo. Pero prefiero a hacerte mía totalmente.

—¿Vamos a...?

Entonces sintió que otro dedo se deslizaba dentro de ella. Hizo lo mismo con dos dedos. Ella sintió una tensión en su interior. Y el deseo de que la satisfi ciera.

En ese momento Edward hizo algo totalmente ines perado.

Buscó con la boca el centro de su feminidad. Ella instintivamente se quiso apartar. Pero él le sujetó fuer temente las caderas.

— Edward. ¡Oh, Edward! Por favor... Es demasiado. No pares, por favor, no pares.

Era algo indescriptible.

El placer fue en aumento, y aumentó la tensión. Movió las caderas, tensó el cuerpo, y deseó gritar con todas sus fuerzas. Pero no pudo articular sonido al guno. Se aferró a la colcha y estiró las piernas y los pies.

Pero la exquisita tortura continuaba. Fue creciendo hasta que ella dejó escapar un grito de goce y felici dad.

Fue entonces cuando él se puso encima de ella y la penetró. El placer era tan intenso que ella apenas sintió el dolor de la barrera que lo separaba.

Lo miró a los ojos. Ella tenía lágrimas en los suyos

y pronunció las palabras que sabía que Edward estaba pensando.

—Soy tuya.

—Sí.

—Tú eres mío también.

—¿Acaso lo dudas?

Y entonces él empezó a moverse y todo empezó otra vez. Aquella vez, cuando el cuerpo de ella se con vulsionó, él gritó de placer. Y ella gimió, y luego lloró de felicidad.

Edward no pareció sentirse más impresionado ahora de lo que se había sentido anteriormente. La abrazó fuertemente y susurró una mezcla de palabras árabes e inglesas. Pero cada una de ellas parecían ser palabras de halago y orgullo.

Ella por fin dejó de llorar, y él la llevó al cuarto de baño, donde la duchó. Bella quiso devolverle el favor. Y él gruñó de placer ante la perspectiva.

Y ella descubrió que una mano enjabonada y mucha curiosidad podía dar mucha satisfacción a un hombre.

Bella se sorprendió de su atrevimiento.

Cuando terminaron, él la secó con esmero.

—Puedo hacerlo yo, si quieres—le dijo ella.

—Pero me da más placer hacerlo que mirar—respon dió él.

—¿Me vas a dejar secarte?—preguntó ella con picar día.

Él se rió.

—¡Qué atrevida estás después de lo de la ducha, no?

—Es agradable saber que no eres tú sólo el que da el placer.

Edward se puso de pie y puso sus manos en los hom bros de ella.

—Me da mucha felicidad darte placer.

Tendría que acostumbrarse a esos cumplidos, pensó Bella. Al parecer, la pasión le hacía decir esas co sas tan halagadoras.

—Gracias.

Volvieron al dormitorio, y él la volvió loca de pla cer tres veces más en que volvieron a hacer el amor, hasta que se durmieron abrazados.