Dark Chat

miércoles, 6 de octubre de 2010

Te Presento A Mi Amante

Capitulo 7: ¡Feliz Cumpleaños!

Edward POV

—Puedes quedarte quieta dos segundos —la desesperación comenzaba a terminar conmigo. Mi hermana llevaba toda la tarde subiendo y bajando las escaleras, hablando por teléfono y pidiendo infinidad de bebidas.

Alice me ignoro y siguió con sus llamadas, desde aquella vez que le pedí que no se metiera en mi vida no me hablaba.

— ¿Cuándo me vas a hablar de nuevo? —Alice se sentó en el sofá con la agenda de mi padre ignorándome— ¡Alice!

—Hasta que tu le hables de nuevo a Bella.

Marco un número y pregunto por algunas bebidas.

—No… solo cerveza… ¿edad legal para beber? Si tengo 18… ¿21? No sabia —levanto la vista y me miro— espere un segundo… haga el pedido a nombre de Edward Cullen… bien... si… gracias.

—Ni lo pienses, no me hablas, no ayudare.

—Edward por favor, mañana es el cumpleaños de Bella y le haré una fiesta, ¿no se la vas a arruinar también verdad?

— ¿Bella cumple años mañana? —pregunte, Alice rodó los ojos.

— ¿Qué parte de 'mañana es el cumpleaños de Bella' no entendiste? Deberías levantar tu trasero de ahí y comprarle un regalo, oh no muy caro no le gustan, deja de portarte como un estúpido, lo que paso tarde o temprano iba a suceder, ustedes están hechos el uno para el otro, solo lo veo, no preguntes por que pero lo se.

Alice se levanto y me dio un beso en la mejilla.

—Estas perdonado —me sonrió— mañana antes de que vayas a la escuela vendrán a dejar la cerveza, la recibes tu.

Le devolví la sonrisa, adoraba a ese duende que hacia llamarse mi hermana, pero sonreía también por que mañana hablaría con Bella de una vez por todas.

Bella POV

Me despertó la luz del sol, los rayos luminosos entraban por mi ventana dando de lleno en mi rostro. Me levante algo animada, muy pocas veces salía el sol en Forks y había que disfrutarlo. La ultima vez, un mes atrás, había sido el mejor día soleado de mi vida. Suspire intentado, en vano, alejar ese pensamiento de mi cabeza. Me concentre en el día de hoy, era mi cumpleaños y eso era malo. No me gustaba festejar mis cumpleaños, no me gustaban las fiestas, ni las sorpresas, mucho menos que alguien gastara dinero en comprarme un regalo.

Me levante de la cama y mire por la ventana, el cielo estaba completamente despejado, no había una sola nube y la temperatura era agradable. Baje la mirada del cielo y me quede sin aire al ver el Volvo de Edward estacionado frente a mi casa, tuvo que llegar en el momento en que mi vista estaba puesta en el cielo azul, entonces mi corazón volvió a latir con normalidad cuando vi a Alice bajar del auto sola. Mire el reloj y vi que aun quedaba una hora para la escuela.

—Buenos días Emmett —escuche la musical voz de Alice— ¿esta Bella?

Obvio. ¿Donde estaría yo a las 7 de la mañana en viernes?

—Si, esta en su cuarto, subiendo la ter…

—Lo se, gracias.

Escuche tres golpes en mi puerta, quería esconderme de la pequeña Alice pero no tenia otra opción más que saltar por la ventana con muchas posibilidades de terminar con un brazo y una pierna rora y por que no… una contusión cerebral.

—Adelante —dije con un suspiro de resignación.

— ¡Feliz cumpleaños! —Alice salto dentro de mi habitación abrazándome con una fuerza increíble para su tamaño— hoy será un gran día. Oh Bella, una no cumple 19 años todos los días.

—Gracias Alice, pero hoy será un día como cualquier otro, por cierto… ¿Qué haces aquí?

—Vine por ti, y además quise ayudarte con tu ropa.

— ¿Ayudarme a que?

Alice se acerco a mi closet y saco uno de los pantalones que habíamos comprado aquella vez y una blusa azul sin mangas y con un escote discreto.

—Ponte eso —me aventó la ropa— no pierdas tiempo, aun tengo que trabajar con tu cabello

— Alice no le harás nada a mi cabello, ya te lo dije es un día como cual…

—Bella —sus ojos parecían de un color verde oscuro— podemos hacerlo por las buenas o por las malas y yo te recomiendo la primera opción.

Como si fuera yo un robot obedeciendo órdenes, me levante de la cama y entre al baño para cambiarme. Al salir Alice me esperaba con un cepillo y una plancha para el cabello, lo alacio más de lo que ya era, me puso un poco de maquillaje, rimel natural en las pestañas y un poco de brillo labial. Una vez lista bajamos a la cocina, donde Emmett se encontraba desayunando.

—Hermosa —dijo mi hermano al verme, podía decir que esta vez su voz no llevaba ninguna nota de burla— feliz cumpleaños.

—Gracias.

—Em, yo llevare a Bella a la escuela, también la traeré a casa de regreso, y por la noche iremos a cenar.

Yo la mire con una ceja levantada. Esta chica tenía todo el día planeado y yo no sabia nada.

—Perfecto —dijo Emmett dándole un trago a su jugo.

—Pero Alice… es que pensaba pasarlo con mi hermano y mi papá, tu sabes es mi cumpleaños y…

—Bella no te entiendo, dijiste que no te gustaba celebrar —dijo Alice mirándome como si tuviera tres ojos— así que Rosalie, tu y yo nos iremos esta noche a cenar, adiós Em.

Suspire resignada, mi vida parecía estar planeada por Alice y yo no podía hacer nada, más que decirle que si a todo. Salimos de la casa y subimos al volvo, no quise preguntar por que lo manejaba ella y no su hermano, no quise parecer interesada en Edward. El interior del auto tenia impregnado el aroma de el, así que camino a la universidad me dedique a inhalar esa esencia embriagadora.

Llegamos a la escuela en menos de diez minutos, fuimos juntas a clase de español, donde Jasper me felicito discretamente, el sabia que no me gustaban las felicitaciones muy ostentosas. La hora de la comida llego y Rosalie intento convencerme de nuevo de ser porrista, le prometí ir el lunes a su clase de deportes con mi hermano para ver si me animaba, algo que yo sabia jamás haría.

Mi última clase del día era literatura, quería saltarme la clase e ir a mi casa, pero también quería verlo antes de pasar dos días sin ver su maravilloso rostro. Entre al salón y me quede sin aliento, el corazón empezó a latirme desenfrenadamente. Sobre el escritorio había un oso de peluche pequeño color blanco con un globo rojo que decía 'Feliz cumpleaños' amarrado a una de sus patas. También había confeti sobre el escritorio y varias flores. Además todo el salón estaba decorado con globos

Entonces mis ilusiones se rompieron cuando Mike Newton apareció frente a mí.

— ¿Te gusto? —su sonrisa lucia esperanzadora.

—Si, es muy lindo —confesé. Y es que si me había gustado, pero pensé que era obra de otra persona, no de Mike.

—Espero que te gusten los peluches, no sabia que más regalarte.

Que tal la colección de libros de Beethoven, pensé.

—Si, gracias Mike.

Sentí unos pasos detrás de mi, que aun estaba de pie en el marco de la puerta, entonces la seductora voz aterciopelada confirmo mis sospechas.

—Con permiso señorita Swan —camine unos pasos hacia el frente, el paso a mi lado y arqueo una ceja el llegar a su escritorio— señor Newton ¿podría retirar su decoración de mi escritorio y tomar asiento?

Mike lo miro con cara de pocos amigos y quito el oso, dándomelo junto con el globo, sentí mi cara arder al caminar hasta mi asiento con semejante globo que parecía decir 'mírame'. Al pasar junto al escritorio, también pase junto a Edward quien esperaba que Mike terminara de quitar el confeti.

—Por cierto Swan —temblé de felicidad al escuchar que después de muchos días por fin me hablar de nuevo— felicidades.

Me decido esa sonrisa torcida que tanto me gustaba y me quede viéndolo a los ojos, solo asentí y seguí mi camino hasta mi lugar. Una vez que Mike termino, Edward se paro frente al salón con ese porte que solo el podía tener.

—Saquen una hoja y un lápiz, bajen todo lo demás —sonrió con malicia, y aun así se miraba hermoso— tenemos examen sorpresa.

Escuche quejarse a todos mis compañeros, yo obedientemente hice lo que pidió, a estas alturas esta de más decir que aunque me había ignorado por casi un mes, yo haría lo que el quisiera. Oh Dios, eso sonó muy atrevido. Me sonroje ante mi pensamiento y gire para ver a Mike cuando escuche que me nombraba.

—Pero profesor, es el cumpleaños de Bella —dijo, supongo queriendo retrasar el examen con motivo de mi nacimiento hace 19 años, como si fuera tan importante.

—Bien, señorita Swan, gracias el joven Newton, usted esta exenta, agréguelo como un regalo más de su parte —esta ultima frase me pareció llevaba un toque de enojo, pero no podía darme el lujo de pensar esas cosas.

Todos se quejaron y lanzaron bolas de papel hacia el asiento de Mike.

—No, gracias, con el oso es suficiente, prefiero hacerlo —respondí.

—Como usted guste.

Dicto un total de diez preguntas, las cuales, conteste de inmediato. Y salí de la clase antes que nadie para llevar mi vergüenza hasta el estacionamiento donde le saque el helio al globo y lo doble, quería tirarlo, pero si Mike se daba cuenta, me sentiría mal por eso, ya lo haría cuando llegara a mi casa.

Pero estaba en un gran error si pensé que iría a mi casa. Alice me llevo a la suya donde me dio un sencillo vestido azul, para mi gusto algo corto, también unos zapatos con poco tacón y cargo un poco más mi maquillaje, dio una nueva pasada con la plancha a mi cabello y lo acomodo en una media cola con algunos mechones sueltos.

—Alice si solo iremos a cenar no necesito ir así.

—No vayas a salir —me dijo Alice ignorando mi comentario— me voy a bañar, Rose no tarda en llegar.

— ¿Hablaban de mi? —la cabellera rubia de mi amiga apareció por la puerta vistiendo un sexy vestido rojo y zapatos a juego, con el cabello totalmente suelto y un poco rizado.

—Wow ¿A dónde iremos? —pregunte al ver que yo no era la única que iba demasiado arreglada a una cena.

No obtuve respuesta, Alice se baño y se arreglo con un vestido rosa que le llegaba a la mitad del muslo y unas zapatillas, peino cu cabello, pero al parecer era igual de rebelde que el de su hermano por que quedo igual con las puntas viendo en diferentes direcciones.

—Alice todo esta listo —dijo Rosalie una vez que regreso al cuarto.

—Bien —comenzó a dar saltitos— Bella, por favor, no te enojes, te quiero y por eso lo hice.

— ¿Qué hiciste Alice? —creo que ya tenia la respuesta.

Alice abrió la puerta de su cuarto donde me había tenido cautiva las ultimas horas, Rosalie salio tras ella y yo al final, al llegar a las escaleras confirme mis sospechas. La sala completa había desaparecido, convirtiéndose en una pista de baile. Globos en diferentes colores adornaban las paredes y el piso, al final había dos mesas, una tenia regalos y un pastel en tonos azules, y la otra estaba llena de bebidas. Cuando comencé a bajar las escaleras todos los presentes gritaron 'Felicidades' yo, obviamente me sonroje y sonreí tímidamente.

Al llegar al final de las escaleras reconocí a varios de mis amigos y compañeros que se acercaron a darme un abrazo, incluidos Angela y Ben que ya lo habían hecho por la mañana.

—Alice, te dije que no quería nada.

—Si, lo dijiste, pero no me importo —se encogió de hombros— además estoy segura que luego me lo agradecerás.

Me guiño un ojo y salio disparada por Jasper para luego irse a bailar. Vi a Rosalie bailando con un chico, al parecer era el capitán del equipo de fútbol. También vi a Mike, Jessica, Tyler y Lauren. Esta ultima no sabia que hacia aquí, desde que había llegado a Forks jamás me había dirigido la palabra, solo miradas de desprecio. Seguí buscando con la mirada lo que tanto me tenia nerviosa. Edward. No sabia si iba a aparecer por aquí, era su casa, pero si me había estado evitando tanto tiempo bien podía irse esta noche o llegar hasta que la fiesta terminara. Tampoco estaba Emmett.

—Ya llego —grito Alice en mi oído— corrió hasta la puerta y ahí en el marco apareció Jacob. Camine hasta ellos y recibí un gran abrazo.

—Jacob, ¡bájame! —grite sonriendo.

—Perdón, ¿Cómo te la estas pasando? —pregunto con esa sonrisa que tanto me gustaba.

—Mentiría si dijera que bien, tu sabes que esto de las fiestas y ser el centro de atención no es lo mío —suspire— pero no se lo digas a Alice, me torturara, pero pasa.

—Te traje un regalo.

—Jake ¿Por qué lo hiciste? Sabes que…

—No me interesa, lo vi e inmediatamente pensé en ti —me miro fijamente y un gruñido vino de atrás de mi, gire un poco y vi a Edward llegando con Emmett, supuse que el gruñido había venido de mi hermano, nunca le había gustado Jacob para mi.

— ¿Y que esperas para dármelo? —sonreí. Jake me extendió un paquete, lo abrí con cuidado de no amputarme un dedo con el papel y vi la última edición especial de Romeo y Julieta. Salte a sus brazos de nuevo—. ¡Me encanta! Gracias Jake.

Escuche otro gruñido y baje de los brazos de Jake, al voltear solo vi a Edward parado detrás de mi, Emmett ya no estaba, pero… era imposible que se hubiera molestado. Si el me iba a ignorar, yo también podía.

—Vamos a tomar algo Jake —tome de la mano a mi amigo y lo lleve a la mesa de bebidas.

Me pase casi toda la fiesta con el. Platicando de todo lo que no habíamos hablado en los últimos meses.

— ¿Y quien te invito?

—La niña de cabello oscuro, ¿es tu primita?

—No —reí— es una amiga.

—No pensé que tuvieras amigas tan pequeñas —sonrió— es muy agradable, me dijo que si venia le ayudaría bastante, pero no se que se refiere por que no me ha pedido nada.

— ¡Alice! —Escuche esa aterciopelada voz a mi lado— ya no tomes.

Vi pasar un borrón color rosa frente a mí y después la vi en los brazos de Jasper riendo tontamente. Edward suspiro frustrado. Si Alice sobria era hiperactiva, borracha no quería imaginármelo. Entonces sucedió lo que nunca me espere.

—Felicidades de nuevo Bella —me sonrió de la misma forma que esta mañana y sentí que mi corazón se detenía por un breve segundo.

—Gracias —respondí.

—Jacob —Edward hablo y mi amigo se puso serio— siento mucho lo que paso cuando nos conocimos, nunca fue mi intención faltarte al respeto.

—Disculpas aceptadas —Jake tardo más de dos minutos en responder, pero Edward sonaba tan sincero que se trajo su orgullo.

—Los dejo para que sigan platicando, por cierto… la cumpleañera me debe un baile —me guiño un ojo y se dio la media vuelta, me puse de mil colores y muy nerviosa.

Pasada la media noche los invitados comenzaron a irse, entre ellos Jacob, cerca de la una de la mañana estábamos solo nosotros seis.

— ¿Y tus papás Alice? —pregunto Rosalie.

—Se fueron a su noche de pasión mensual —Alice rió fuertemente— cada mes se van y nos dejan solos.

—Uy, entonces los años no pasan por Carlisle —mi hermano empezó a reírse por su comentario.

—Emmett cállate —lo regañe— oye ¿y mi papá?

—Me dijo que te dijera que la pasaras bien, que no te preocuparas por dejarlo solo, que seguro te hubieras aburrido con el, lo invite pero dijo que no estaba para estas cosas, yo le dije que no importaba que aquí estaría Edward que es igual o más serio y sin chiste que el pero no quiso.

—Gracias por todo tu discurso Em —rodé los ojos.

—Vamos a bailar —Alice se puso de pie y cambio la música poniendo Flightless Bird, American Mouth de Iron & Wine, tomo a Jasper y empezaron a bailar.

—Emmett ¿me ayudas a sacar otra caja de cerveza? —pregunto Rosalie.

—Claro —mi hermano camino hasta a cocina y Rosalie me guiño un ojo antes de hacer lo mismo.

— ¿Bailamos? —Edward me extendió una mano.

—Si quieres ahorrarte unos cuantos pisotones, seria mejor que no… yo no bailo.

—Uhmm… todo depende de quien te lleve al bailar —Edward tomo mis manos y las puso detrás de su cuello, me tomo por la cintura y me acerco a el, justo como aquella vez que me beso.

Empezó a moverse por la 'pista' improvisada con una elegancia que yo jamás lograría igualar. Nos movimos al compás de la música y lo sorprendente es que nunca lo pise. La música seguía sonando y nosotros moviéndonos cuando me di cuenta de que Alice y Jasper ya no estaban bailando, de hecho ya no estaban a la vista.

—Bella… —empezó Edward titubeando— quiero pedirte disculpas.

— ¿Por qué? —pregunte alzando una ceja.

—Por muchas cosas… primero por no haberte dicho que esta noche estas extremadamente hermosa —mi corazón empezó a latir fuertemente al escuchar esas palabras— segundo por haberte ignorado estos últimos días, lo hice por que pensé que seria una manera más fácil de mantenerme alejado de ti, pero ya no puedo, creo que ni yéndome del planeta lograría dejar de desear estar junto a ti.

Dejamos de movernos con la música, pero a mi me parecía que todo alrededor volaba, sus manos nunca abandonaron mi cintura, mi estomago se lleno de mariposas, el continuo…

—Tercero… por aquel beso, por haber dicho que fue un error cuando es lo más hermoso que me ha pasado, pero Bella… no puedo sentir esto —sentí que me desmayaba, me estaba confesando sus sentimientos— si te lo estoy diciendo no es por que espere nada a cambio de ti, yo se que no tengo derecho, yo no soy libre, y me arrepiento de haberme casado con Tanya sin antes conocerte a ti.

—Edward yo… soy muy egoísta y quizás también deseo que no te hubieras casado sin antes conocerte —las lagrimas empezaron a llenar mis ojos— pero… ¿Qué hago con esto? Yo también siento algo por ti y… esta mal.

—No esta mal… al contrario es maravilloso solo que…

—Prohibido —complete yo.

—Si, además imposible, mi condición no me permite ponerte a ti en esta situación y…

— ¿Y por que no me dejas decidir a mi? —no se de donde saque la fuerza para decir eso, y sobre todo para alzarme sobre la punta de mis pies para alcanzar sus labios, el simple roce me mando una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. El me acerco más a el y se inclino un poco para que sin esfuerzo alguno alcanzara mejor sus labios. Fue un beso tierno, sus labios de movían perfectamente con los míos, rozo su lengua como aquella primera vez para entrar a mi boca y se lo permití. Me deje llevar por el delicioso sabor de su boca, su lengua jugaba con la mía y en esta ocasión me permití hacer lo mismo olvidándome de todo. Nada más existía además de el y yo. Me transporte a una burbuja donde no había nadie, ni mi hermano, ni Tanya.

El corazón estaba a punto de salir volando de mi cuerpo, y sentí lo mismo con el de Edward al poner una mano sobre su pecho. Nos separamos para tomar aire, puso su frente contra la mi, traspasándome con esos ojos verdes, podía leer en ellos la sinceridad de sus palabras, me miraba como si no quisiera dejarme ir nunca y yo lo veía igual, si el aceptaba a mi no me importaría nada con tal de estar con el.

Quito sus manos de mi cintura y extrañe el contacto, saco de su chamarra una cajita negra y me la extendió.

—Oficialmente ya no es tu cumpleaños, pero más vale tarde que nunca —me sonrió y tome la cajita, la abrí y me encontré con un brazalete plateado con un corazón rosa colgando, brillaba demasiado y era hermoso.

—Oh —susurre— es… precioso —Edward tomo la cajita y lo puso en mi muñeca izquierda— ¿Cuánto gastaste? Si fue mucho, miénteme.

Se rió de una manera tan musical que la guarde en mi memoria con seguro. —No gaste nada, era de mi abuela, tengo muchas cosas que ella nos dejo a Alice y a mi cuando falleció, lo vi y pensé en ti, sobre todo por que por ahí me dijeron que no te gustan los regalos y menos si son caros.

—Al menos tu si me hiciste caso, gracias…

—Y Bella sobre nosotros…

La risa de Alice quien bajaba corriendo las escaleras nos impidió continuar, el pequeño borrón rosa tropezó y Edward la tomo en sus brazos para que no cayera, detrás de Alice venia Jasper también corriendo.

—Para la próxima tenemos que asegurarnos que lo más fuerte que tome sea agua de limón —dijo Edward y deposito a su hermana en brazos de Jasper.

—Me acosas Rosalie —Emmett apareció por el pasillo que daba a la cocina— me siento violado.

—No exageres, solo dije que me gustan tus ojos —Rosalie se detuvo y puso una mano en su cintura— ni en tus más locos sueños me veras a mi intentando algo contigo.

Con la otra mano hecho su cabello hacia atrás y camino hacia la puerta que daba el baño.

—Cierra la boca Em —se burlo Edward.

Entonces un ruido provino de la puerta y todos volteamos.

—No sabia que hoy festejáramos algo —una chica rubia estaba de pie en la puerta con una maleta a su lado— oh, amor ¿acaso esto es para recibirme?

La chica se acerco a Edward y le dio un beso en los labios que el no rechazo. Las lágrimas regresaron a mis ojos y comprendí todo. Lo único que hice fue salir corriendo de la casa.

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Phonography

Hello mis angeles hermosos!! sorry por dejarlas sin vicio pero mi pc se enfermo y por poco me quedo sin compu , en fin aqui les dejo los cap atrasados mil besitos y gracias por sus comentarios
Angel of the dark
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Cap.3 Juego Perverso


Recordar lo que había pasado entre él y yo hace exactamente media hora me hacía temblar y es que jamás en mi vida me había plantado el tema de engañar a mi novio, el remordimiento me consumió y aún sentía sus caricias en mi cuerpo. Pero luego de escuchar por meses "ustedes tiene mucha química juntos" la curiosidad me había picado luego que me había enterado que él era mi telefonista misterioso. Junto con saciar mi curiosidad había comprobado de primera mano que era un excelente amante. Cuando escuchaba lo de la química me dije: entonces ¿Por qué desperdiciarla?, pensé riéndome de las locuras que ese hombre lograba que hiciera. Sin embargo no pude evitar pensar en como iba a mirarlo a los ojos después de haber tenido ese encuentro tan… intimo. ¿Cómo lograría terminar el rodaje de la película sin que nadie se diera cuenta que entre nosotros algo estaba pasando?, y no nos ayudaba el hecho que las escenas que faltaban eran justamente las más fogosas entre Anthony y Marie.


Entré a la ducha para acallar el sentimiento de culpa, sus caricias y todo su aroma que aún lo tenía impregnado en mi cuerpo como una marca de fuego. Mientras me sacaba la ropa me percaté que mi blusa no tenía botones, un recuerdo fugaz de sus manos rasgando la tela inundo mi mente lujuriosa y no pude evitar contraer mi cuerpo ante ese recuerdo, mis mejillas automáticamente se tiñeron de un bermellón intenso cuando deje caer al suelo la evidencia de una noche envuelta en llamas, llamas de pasión.


Dí el agua de la regadera y me metí. Estaba tibia, me fascinaba sentir esa sensación calida recorrer mi cuerpo desnudo. ¿Qué estará haciendo él ahora?, me pregunté de repente y era extraña la sensación de imaginarme a Edward desnudo. Recordar lo bien tonificado de su abdomen, sus brazos perfectamente delineados, la manera en que te sostenía al hacerte suya, cerré mis ojos pensando en él, en su fogosas caricias. Metí mi cabeza bajo el agua y deje que golpeara contra mi cara, tenía que acallar este deseo que había logrando despertar en toda su magnificencia mi coestrella de reparto.


— ¡Dormilona hora de despertarse… tenemos un largo día y te quedan cinco minutos para desayunar!


Sentí exclamar a Rose a lo lejos y como odiaba que sobornara al recepcionista para que le diera la llave extra de mi habitación. Suspiré poniendo mi almohada sobre mi cabeza pero ella se sentó en el borde de la cama y me la quito.


— Anoche te perdiste


Comenzó a decirme y tenía razón anoche había perdido la cabeza, la razón, escasamente sabía o tenía noción de como volver y si no hubiera sido por Edward que me trajo jamás hubiera llegado al hotel, era un hecho irrefutable estaba completamente perdida en Edward Cullen.


— Me fui antes, me dolía la cabeza —contesté y mi inquisidora y suspicaz amiga enarcó una ceja incrédula.


— Sabias que Edward estaba en ese bar también anoche —comentó como que no quiere la cosa y me quede de una pieza pensando en que ella tal vez había visto algo.


Por medio segundo estuve a punto de delatarme pero luego recobre la cordura, era imposible que alguien nos hubiera visto, habíamos estado todo el tiempo en aquel callejón que era bastante oscuro, todo había transcurrido lejos de la puerta y cuando nos habíamos ido lo habíamos hecho con cuidado procurando justamente que nadie nos viera. La observe fijamente a los ojos.


— ¿En serio? Ni siquiera lo vi —mentí y me sentí ridícula, claro que lo había visto, sentido y tenido en toda la extensión de la palabra.


Ahora no había nada que yo no supiera acerca de él o que Edward no supiera de mí. Tenía claro que nuestra relación profesional-amistad, había sufrido un cambio rotundo después de anoche.


Me vestí y baje a desayunar como si nada claro que mi estomago estaba apretado, sentía mariposas revolotear de puro nervio de tenerlo frente a mí ¿Qué nos diríamos? No se si para mala suerte o buena, él estaba sentado como si nada, entre el resto del reparto desayunando distraído, con el periódico en la mano sentado a un costado de Emmett. Me detuve justo antes de entrar al comedor del hotel. ¿Cómo tenía que saludarlo?, me pregunté frenética en los escasos pasos que faltaban para que todos me vieran, di la pisada cada vez más corta, demorando el encuentro hasta que llegue a la vendita mesa. La voz danzarina de Alice se sintió.


— Bella, que bueno que estas aquí quiero mostrarte unas fotografías que aparecieron publicadas, son de ayer en el Bar —exclamó y yo quede estática mirándola sin articular palabra, lo mismo hizo Edward que junto con alzar la mirada y dirigirla directo a mí de manera penetrante y poco discreta bajo el periódico, su vista se desvió de la mía y se quedo mirando al vacío – perfecto descubiertos al fin – fue lo que me grito mi yo interior, los latidos de mi corazón aumentaron arrebatadamente.


Una angustia sin control se apodero de mí pero fue de solo pensar en que circunstancias nos habían tomado esas fotografías – Jacob – susurré mentalmente y el peso de la culpa me embargó, quería que la tierra me comiera en forma literal. Mi expresión cambió y tenía claro que mi rostro se había desfigurado en cuestión de segundos, anhelaba con todo mi ser poder desaparecer, de pronto estaba a punto de caer desmayada de la impresión cuando la sonrisa de Alice me hizo pensar que tal vez no era lo que yo me imaginaba.


Camine temblorosa con pasos cortos y poco precisos lo que evidentemente no era aconsejable dada mi torpeza innata pero hoy no me apuraba en lo absoluto llegar hasta su lado. Suspiré con alivio al ver que eran fotografías de cuando habíamos llegado al dichoso establecimiento. Todas las fotografías que aparecían en el periódico estaban tomadas en la calle, donde el "nosotros" no existía. En ese preciso momento sufrí un flash de imágenes y recordé a los paparazzi que nos habían seguido desde el hotel, solté la respiración de manera pausada cuando también recordé que no les habían permitido entrar los de seguridad y como agradecí ese hecho.


Claro que, mi alivio se vio reducido en cuestión de segundos, por confabulación divina el único puesto disponible en la mesa era frente a él, para ser más exacta entre Alice que permanecía ensimismada en el periódico que tenía en sus manos y Esme que permanecía en silencio mientras tomaba café seguramente pensando en algo o tal vez en alguien. Un tanto resignada a encararlo por primera vez, desde anoche, camine hasta la silla procurando calmar el sonrojo inicial que seguro ya estaba dando al sentir su mirada verde furtiva e insistente, iba a sentarme cuando otra vez una ola de preguntas se disparó en mi subconsciente, se presentaron varias interrogantes en mi mente, titilaban como pancartas de neón y ninguna parecía tener una respuesta coherente, mi conciencia estaba en pleno proceso de hacerme responsable de lo irresponsable que me había portado anoche: ¿Debía mirarlo?, ¿sonreír tal vez decirle algo?, y claro estaba que ninguna tendría una buena respuesta, al menos no una correcta — Vamos Bella eres una mujer comprometida —me dije mientras retiraba la silla y acomodaba mi cuerpo para finalmente sentarme a desayunar. No alcance a mirarlo ni siquiera a acomodarme en la silla cuando el productor ejecutivo del estudio nos interrumpió, dirigió su mirada a mí y me habló con voz firme.


— Bella querida —me llamó con dulzura — te importaría conceder una entrevista a esta hermosa periodista ¿de que revista eres cariños? —inquirió mientras la miraba clavando sus ojos en su cuerpo de manera poco disimulada. Y si la chica era realmente hermosa pero tampoco era despampanante.


— Teen Vogue —respondió está con voz chillona pero muy segura y como odiaba eso en los periodistas tenían la capacidad de intimidarte.


La muchacha de estatura mediana, casi de mi porte, de cabello café claro tal vez un rubio oscuro, largo cuyo color de ojos hacía juego con su pelo y con una sonrisa un tanto fingida me miró entusiasta y divertida — Salvada por la campana —pensé también yo entusiasmada por salir de una situación sin siquiera abrir la boca. No esperé a que me lo pidiera dos veces y acto seguido me levanté de un respingo, le extendí la mano para saludarla.


— Mucho gusto mi nombre es Jessica —se presentó la periodista y yo le sonreí aliviada.


— El gusto es mío —saludé con voz monocorde.


Nos sentamos a una mesa de distancia de donde estaban todos. De vez en cuando mientras ella me hacía la entrevista nuestras miradas se encontraban, Edward pretendía que estaba leyendo el diario pero ni siquiera lo cambiaba de hoja, sus miradas disimuladas estaban haciéndose cada vez más evidentes. No podía negar que se veía realmente divino, con su pelo broncíneo despeinado, como siempre, y esa polera blanca de cuello redondo ceñida a su cuerpo le daba un aire causalmente sexy. Sus jeans azules desgastados eran el complemente perfecto a esa apariencia de símbolo sexual que traía a medio país de cabeza. Distraje mi vista, un tanto incómoda de la suya, para enfocarla en la de la periodista frente a mí.


— Con este son casi dos meses que estas aquí en Canadá ¿Echas de menos a alguien en especial? ¿Me imagino que es duro estar tanto tiempo lejos de tus seres queridos? —cuestionó un tanto suspicaz y solo contesté la última de las preguntas.


Ella tenía razón era duro, bastante, considerando que estas en otro país lejos de tu familia pensé mientras tomaba aire para hablar.


— Uno se acostumbra así es este negocio además, no es tanto tiempo estamos por terminar de grabar la película, pronto volveré a casa —le contesté tratando de cambiar el tema pero algo de los periodistas es que jamás olvidan.


— ¿Hechas de menos a tu novio? ¿Me imagino que hablan a diario?


Fueron las siguientes preguntas inquisidoras y me quede helada. ¿Lo echaba de menos? me cuestioné introspectivamente y sin poder evitarlo mis ojos se movieron directo sobre él: Edward. Noté como esté apretó su mandíbula pero no alzo la vista para encontrarla conmigo, al contrario, por primera vez en todo el transcurso del desayuno cambió la página del diario. Esa actitud que tuvo fue la que me hizo darme cuenta de lo muy evidente pero que para mí no lo había sido, Edward había estado escuchándonos sin perder detalle.


¿Qué le diría ahora a la periodista?, ¿Era posible que yo le gustará? ¿Acaso había un "nosotros"?. Como odiaba cuando mi vocecilla interior tomaba control completo de mis pensamientos y comenzaba a interrogarme descontroladamente. Quería acallar todos esos pensamientos, traté de concentrarme pero fue imposible, mi mente divagaba por todas las alternativas, por los recuerdos de la noche anterior, fueron sólo segundos pero a cada uno que pasaba las cosas se complicaban más. Saque mi vista de él y la posé en esos penetrante y exhaustivos ojos periodísticos frente a mí, Jessica me miraba atenta y tenía una sonrisa en el rostro de victoria, esperaba pacientemente por mi respuesta pero yo dudé. Estaba claro que ella esperaba que le diera algún indicio sobre algún rumor que pudiera utilizar como titular, no caería en su juego.


— Claro que lo hecho de menos —contesté saliendo del paso — Normalmente no estamos tanto tiempo separados, Jacob regularmente me visita en las locaciones pero ahora ha tenido otros pendientes, de todas formas no veo las horas de volver a casa para encontrarme con él —concluí.


Apenas lo hice y de manera abrupta se sintió el rechinar de una silla contra el suelo, Edward se había levantado de su sitio atrayendo la atención del resto. Todos lo quedaron mirando unos más extrañados que otros incluida yo. El latir de mi corazón se me disparó, y un impulso de querer detenerlo, de explicarle mis palabras me embargó — espera un momento —reflexioné — ¿Qué vas a explicar? ¿Por qué tienes que detenerlo? ¿Vamos solo fue saciar curiosidad o había sido otra cosa? —me cuestionó la vocecilla de la conciencia y otra vez me traicionó la moral, mis nervios se dispararon pero tomé aire tratando de acallarlos. De pronto quise fulminar a todo quien tuviera enfrente, quería terminar con la dichosa entrevista en ese preciso momento pero una vez más la cordura se vino a mí: tenía que fingir, después de todo era actriz. Mientras escuchaba el resto de preguntas no pude evitar concluir que ese día iba a ser demasiado largo, más cuando recordé que todo el día estaría junto a él.


Estaba tendida en la cama de utilería para hacer la dichosa escena acerca de las "bondades de una cama" y como odie al libretista en ese momento. Qué no podía simplemente haber ignorado aquella parte como habían ignorado otras tantas escenas a mi juicio interesante y crucial. Acaso era necesario exacerbar justamente está pero claro cuando uno más desea las cosas menos suceden. Me enterré de manera literalmente en aquella cama de utilería, me recosté de costado dando la espalda a la cámara que estaban preparando para filmar. Mi corazón latía a mil de solo pensar que Edward llegaría en cualquier minuto y cómo iba a reaccionar, en estricto rigor no habíamos hablando desde la noche anterior, y no era que hubiéramos hablado demasiado pero aunque ganas por hablarle no me faltaba, me sentía un tanto cohibida respecto a que decirle – Ey la pase bien, gracias – no era el comentario esperado para después de lo que había ocurrido entre nosotros dos o ¿Sí?, me pregunté mientras sentía los pasos de alguien detrás de mí.


Apreté mis ojos, mis manos temblaban esperando sentí aquella conocida y aterciopelada voz, que a este punto, me estaba trastornando. Aún no me explicaba como antes no lo había notado. Apreté la colcha con mi mano cuando sentí que rodeo la cama para tomar su lugar dentro de la escena romántica: Edward debía ponerse a un costado de mi posición, justo frente a mi rostro.


— Perfecto llego la hora de la verdad —exclamó el director con una risita en los labios y sentí el peso de su cuerpo sobre la cama, apagaron las luces dejando solo la necesaria que oficiaba de luna, en un intento que el plano no quedara completamente oscuro.


El guión era bastante descriptivo en esta parte de la historia y al contemplar esos ojos verdes y la facción de sus cejas enarcadas de manera picante y suspicaz comprobé que Edward no iba a obviar ningún detalle de esas indicaciones. Tenía esa risa maldita dibujada en su níveo y perfecto rostro, una que le era imposible ocultar, recargó su cuerpo de lado, alzo la mano hacia mi rostro. Me quede tiesa sin poder hacer o decir nada, supuestamente yo tenía que estar durmiendo pero la curiosidad mato al gato dicen por allí y contrario a toda regla tenía mis ojos entreabiertos para espiar. Cuando sentí su palma tibia acariciar mi rostro con un sutil y delicado movimiento no pude aplacar la sonrisa que se dibujo involuntaria y de una manera totalmente vergonzosa. Aunque traté de relajar mi expresión para evitar ser tan evidente no pude – esto es perverso —me dije para mi misma mientras sentía como su mano bajaba por mi cuello acariciándome de una manera demasiado poco profesional.


— No fue mi intención despertarte —susurro con esa voz algodonosa característica del personaje.


Para cuando abrí mis ojos él estaba frente a frente, nariz con nariz, sus labios torcidos en esa sonrisa pervertidamente sexy estaban seduciéndome sin escrúpulos y con muchos testigos. Apreté los labios y era mi turno dentro del parlamento, extendí mis manos que se encontraron con las suyas, él me acerco a su pecho acunándome contra él y lejos de ser frío y duro, como decía la descripción del personaje, era tibio y blando, como lo sentido la noche anterior.


Se suponía que debía buscar a tientas sus labios pero era increíblemente fácil llegar hasta ellos, primero no estaba realmente oscuro y segundo eran como dos imanes que me atraían sin tregua, completamente innecesario fue el recorrido de su cuello y lo hice bastante más corto de lo que todos hubieran querido pero yo quería sentir la tibieza de su boca y la humedad de su lengua contra la mía así que no demoré algo que era demasiado imperioso, nos besamos con urgencia a pesar que el guión decía claramente que el beso debía ser dulce y delicado, el nuestro fue fogoso y lujurioso.


De hecho ahí comprobé que los besos para la pantalla se habían acabado y como lo agradecía, Edward estaba besándome de una manera muy pero muy real, atrás había quedado la ficción, no besaba solo mis labios sino que besaba mi boca, acariciaba mi lengua con la propia de una manera exquisita. De hecho nos pasamos por alto varias líneas porque nos seguimos besando hasta que recordé que había más gente a nuestro alrededor, otra vez la cordura y prudencia me embargaron, gracias a dios.


— Bienvenido a casa —articule con la voz ahogada producto de la excitación mientras me separaba de su rostro, Edward me beso el cuello en respuesta y el suspiro fue inevitablemente vergonzoso.


— Esto es estupendo —añadió devuelta y cerré mis ojos mientras apretaba su cuello contra mis brazos haciendo que nuestros cuerpos se acercaran.


Lo siguiente era complemente necesario para la escena pero como desee estar a solas en ese momento. Cuando sentí sus manos recorrer por segunda vez mi cuerpo reconocí lo que hasta la mañana estaba negando, este hombre me atraía y demasiado enserio. Había perdido la cabeza completamente por él. Edward lograba algo que jamás pensé que alguien logrará hacer, yo lo deseaba de una manera enfermiza. Era como si de pronto me hubiera convertido en Marie y estuviera perdidamente enamorada de Anthony, cuando llego al hueco de mi clavícula regrese a la realidad.


— No es por atraer tu cólera antes de tiempo – murmuro mojando mi piel con sus labios – pero ¿te importaría decirme que tiene de malo esta cama para que la rechaces? —me preguntó y si hubiéramos estado solos la respuesta hubiera sido completamente pecaminosa pero había que controlarse.


Además estábamos actuando, no estaba hablando conmigo realmente, estaba hablando con Marie, y él hablaba como Anthony no como Edward. ¿Por qué mi vida se torno tan complicada de repente?, pensé mientras sentía como hacia que me sentara a horcajadas sobre él y recorría con sus labios toda la extensión de mi cuello, se supone que Marie debía respirar agitadamente pero me salio de manera natural sin esfuerzo alguno, realmente estaba más que agitada a este punto. No pude pasar por alto otra cosa, al sentarme en su regazo, Edward se encargó que me diera cuenta que no solo era yo la que estaba haciendo realidad la ficción sino que él también.


— Que le pasa a la cama – siguió y no podía concentrarme en las líneas, no sintiendo como su cuerpo estaba reaccionando – me parece estupenda —agrego divertido tomando mis caderas y aprisionándome contra su cuerpo.


Concéntrate Bella tienes que hablar, es tu turno me dije entre dificultosos deseos que recorrían mi mente osada. Es que me lo estaba imaginando todo sin necesidad de las manzanitas.


— Es… innecesaria —articulé por fin mientras sentía como me giraba para quedar cernido sobre mí.


Mis piernas se acomodaron perfectas una a cada lado de su cuerpo y debía apostar que en ese set la temperatura era demasiado alta.


— Eso es una cuestión discutible – discrepo conteniendo la risa – sería difícil hacer esto en un sofá —explicó y no entendía como demonios podía recordar cada línea, cada cosa y aún así ser él.


Por que no era Anthony quien me estaba hablando, tenía frente a mí al actor, el de carne y hueso no la ficción. Para mi gusto prefería cien por cien al hombre y no al personaje. Me hizo temblar de verdad cuando paso su lengua por el borde mis labios.


— ¿Has cambiado de idea? —inquirí recordando mis líneas en un jadeo demasiado real y espero que me creyeran buena actriz sino moriría de vergüenza. En ese minuto con mis ojos abiertos como platos esperando la siguiente línea sentí la voz del directo.


— ¡Corten! —gritó el director y me asusté — ¡ha quedado magnifico! —agregó acercándose hasta nosotros — pero tomaremos un receso, creo que hay demasiado calor humano por aquí —comento divertido mientras miraba la pantalla entre sus manos seguramente retrocediendo y repitiendo la escena que habíamos hecho recién.


Edward estaba hincado en la cama y yo aún permanecía tratando de controlar la respiración tendida de espaldas. Me miro bastante divertido y me extendió una mano para ayudarme, la tomé sin preámbulo alguno y me levante, cuando estuvimos frente a frente habló.


— Si tu quisieras podría mostrarte otras bondades que tienen las camas —murmuró en mi oído, sus ojos topacios por los lentes de contacto eran hipnotizadores tanto como su perfume. No pude acallar la sonrisa de mi rostro.


Agua, agua con harto hielo me dije a mi misma tratando de controlar la respiración. Sin duda que era mucho más entretenido ir a trabajar con semejante aliciente por detrás y es que si hubiera sabido que sería así de apasionante tal vez hubiera caído en la curiosidad dos películas atrás. Estaba ensimismada contemplando mi reflejo en el espejo frente a mi, tenía apoyada ambas manos una a cada costado sobre la mesa de maquillaje en mi camerino cuando sentí mi teléfono celular vibrar – Jacob llamando – titilaba en la pantalla por unos segundos dude en contestar pero finalmente lo hice.


— Hola mi amor ¿cómo estas? —pregunté atropelladamente antes que él siquiera hablará.


— Bien – contestó medio confundido por mi entusiasta saludo – extrañándote —agrego y estaba segura que tenía esa cara de perrito apenado que tanto me fascinaba, podía incluso imaginarme el puchero que había hecho cuando lo había dicho. Comencé a hablar con él mientras jugaba con unos frascos que estaban sobre el mostrador.


— ¿Cuándo me extrañas? —le pregunté y era demasiado morboso estar teniendo esta conversación justo cinco minutos después que había estado en brazos de otro.


— Mucho, extraño tu sonrisa, tus labios, tus besos, tus gemidos, tus cuerpo tibio entre mis brazos, extraño acariciarte —respondió con la voz apasionada Jacob y cerré mis ojos pensando en las tantas veces que habíamos hecho el amor en casa, porque con Jacob era con el único hombre que había hecho el amor hasta ahora, realmente yo lo amaba. Su llamada había sido oportuna para regresarme del país de las maravillas a la realidad.


Estaba absorta en sus palabras, deslizando mis dedos por un brasco que había tomado de la mesa mientras mi novio hablaba cuando sentí unos labios tibios en mi cuello que me hicieron regresar abruptamente a realidad, bueno a otra realidad, una donde mi príncipe azul estaba montado en el caballo blanco.


Abrí mis ojos asustada e iba a gritar cuando sentí la palma de su mano en mi boca ahogando el grito antes que saliera de mi garganta. Miré el espejo aterrada por la osadía que no hubiera creído jamás sería capaz de hacer y ahí estaba Edward detrás de mi observándome de manera acuciosa, tenía su otra mano en mi cintura, cuando estuvo seguro que no iba a gritar bajo lentamente su mano desde mi boca, recorriendo mi cuello hasta llegar a mis pechos trazando un camino de caricias hasta mi estomago donde apretó su palma con una furia inexplicable recogiendo la ropa entres sus dedos lo que provoco que mi cuerpo se recargara contra el suyo.


Pasé saliva nerviosa por su mirada, en realidad estaba impactada mirando su reflejo, sus ojos verdes estaban intenso, su mandíbula rígida y sus labios fruncidos. Sin quitarme la vista puso su boca a la altura de mi oído y exhalo su aliento tibio dentro de él para luego morder mi lóbulo.


— Extraño deslizar mis manos por tú torso desnudo y acariciar tus pechos, extraño deslizar lentamente mis dedos hasta el botón de tu pantalón —eran las palabras de Jacob al teléfono y que escuchaba por el otro lado de la línea.


Edward estaba haciendo realidad aquello, tenía sus dedos jugando contra mi piel desnuda, trazaba líneas por mi estomago enterrando su cabeza contra mi cuello sin perderme de vista, comenzó a succionar con pequeños besos la piel sensible de esa área, ahogue el jadeo abriendo mi boca. No pude evitar morderme el labio inferior ante lo exquisito de la sensación, el contacto tibio de su halito contra mi piel me provocaba una corriente eléctrica que hizo que cada partícula de piel se erizara.


— Quiero hacerte el amor Bella, quiero tenerte entre mis brazos, quiero sentir como gimes, como me tocas —agrego con un hilo de voz mi amado novio y la mano de Edward que estaba en mi cintura, de manera certera y precisa se metió bajo la polera. El frío contacto de su palma con mi piel tibia me hizo exclamar un pequeño jadeo audible lo que alentó aún más a Michael.


— Quiero sentir tus pechos desnudos contra mi piel, quiero que sientas mi cuerpo contra el tuyo —concluyó Jake.


Yo aún con la mirada perdida en los ojos verdes de mi amante sentí como esté comenzó a acariciar mi cuerpo, primero lo hizo sobre mi corpiño hasta que sus dedos subieron a la altura de mis hombros, lentamente, deslizo el bretel hacia un costado. Estaba mordiendo la base de mi cuello humedeciéndolo levemente cuando, sin poder detenerlo, sus dedos abrieron el botón de mi pantalón y bajo el cierre de estos. Me separé de su cuerpo de manera innata apoye una mano en la mesa aun con el teléfono en la otra y sin tener la suficiente fuerza para responder nada coherente mi intención era tratar de huir de aquel sentimiento de placer que estaba comenzando a aflorar a consecuencias sus caricias. Podía sentir mis mejillas arder con furia, sin embargo y aunque la lógica me decía a gritos que me fuera yo solo podía permanecer allí escuchando la voz de Jake y sintiendo las caricias de Edward. Sus manos viajaron hacia mi espalda y soltaron mi brazier con una agilidad envidiable atrayéndome hacia su cuerpo nuevamente como una esclava de las sensaciones. Sus manos comenzaron a tocarme de una manera exquisita, una estaba en mis pechos desnudos y la otra viajaba peligrosamente hacia mi entrepierna, metiéndose hábilmente bajo mi pantalón.


— Quiero sentir el fuego de tu piel, quiero sentir como arde entre mis caricias —siguió Jake alentado por mis gemidos y esto era perverso, demasiado para estar haciéndolo.


— Corta —exigió en un susurró Edward y ladee mi cabeza cuando sus dedos llegaron a es parte tan intima de mi ser. No dudé ni un segundo.


— Mi amor tengo que irme, te llamaré luego —dije tratando de parecer cuerda y tiré el teléfono al suelo, me voltee a besarlo fervientemente.


Descontrolada por las hormonas sujete su polera para atraerlo a mi rostro, no quería que se separará, lo necesitaba, necesitaba tenerlo dentro de mi otra vez.


Nuestras lenguas jugaban como en un ritual, saboree cada parte de su cavidad y era exquisita la sensación de placer que podía sentir con solo sus caricias. Mis manos tomaron su rostro para acercarlo aún más, lo que era casi imposible, pero quería que sus besos fueran más profundos, con mayor intensidad. Ahora en este preciso momento no me importaba nadie, perdí completamente la perspectiva de la realidad, para mi solo existía Edward y este deseo que estaba consumiéndome.


Sentí la urgencia de su cuerpo como la había sentido minutos atrás en el set, sin mucho preámbulo rompí el beso para quitarle la polera, tomé el genero entre mis dedos y la saque sobre sus hombros, su pelo se volvió a despeinar y como me gustaba su apariencia despreocupada. Tenía frente a mí nuevamente ese torso desnudo, bien definido y realmente perfecto, bese su barbilla acariciando su cuello y baje con besos cortos y húmedos hasta la base sin dejar de contemplarlo. Deslice mi boca entre abierta, quería que sintiera el roce de mis dientes por la piel desnuda de su hombro y bese el final de este.


Bese su pecho pétreo mientras sentía como su respiración se agitaba volviéndose poco profunda y errática. Ser yo la causante de aquello me fascinaba. De reojo noté como cerró sus ojos cuando sintió que desabotone su pantalón y metí mis manos deslizando mis palmas por sus nalgas para acariciarlo. Nos volvimos a besar y nuestras lenguas otra vez danzaban al unísono pero esta vez fue distinto, la noche pasada fue con desesperación ahora era acompasado, estábamos disfrutando del encuentro sin prisa alguna. No me di cuenta cuando me quitó la polera que aún traía puesto y de la misma manera me quitó el corpiño tirando ambas prendas al suelo. Su mirada se quedo fija en mi cuerpo desnudo, lo que me causo una timidez inaplicable, no sabía si era posible pero juré que me había sonrojado aún más de lo que ya de por sí estaba, advertí como lentamente inclinó su rostro para besar mis pechos desnudos, cuando sentí la tibieza de sus boca en ellos enterré mis manos entre sus delgados cabellos que eran tan delicado como una pluma. Apreté su rostro contra mi piel desnuda cada vez que sentía su húmedo y tibio contacto.


Comencé a jadear sin proponérmelo pero el aroma de su piel era asfixiante, me tenía completamente desesperada por concretar nuestro encuentro y sentirlo una vez más de esa manera tan exquisitamente prohibida. Sus manos viajaron habilidosamente hasta mi pantalón los que quito con premura. No tuvo siquiera que pedirlo pero en un acto reflejo un tanto premeditado separe mis piernas para darle la cabida necesaria a su cuerpo, se acerco aprisionando mi espalda contra el espejo que estaba detrás de nosotros y me volvió a besar en los labios por unos minutos para luego hacer lo propio en el cuello bajando hasta mi abdomen. Cuando sentí sus labios en el vientre sentí también como me liberaba de la última prenda que quedaba y que hacía la diferencia entre estar semidesnuda a desnuda completa.


Sentada aún sobre la mesa de maquillaje me observo recorriendo con su mano por última vez mi piel completamente desnuda, no espere que él lo hiciera, lo acerque a mi cuerpo y baje su pantalón con una desesperación impresionante. Solo fue lo necesario para revelar esa parte de su cuerpo que tan bien utilizaba. Tomó entre sus grandes y firmes manos mis caderas, con un movimiento experto me acerco al borde y quedamos en la posición perfecta para concretar el encuentro. Alce mi vista y nos besamos mientras sentía la tibieza de su cuerpo entre mis piernas, Edward acababa de poniendo la pieza que faltaba para armar el puzzle de forma perfecta, nos hicimos uno.


Su mano firme puesta en mi espalda me dio la seguridad necesaria para apegarme a su pecho, mientras sentía como acrecentaba sus movimientos. Jugué con sus cabellos de miel mientras lo sentía hacerme suya otra vez. En un minuto baje mis manos recorriendo su espalda hasta llegar a sus nalgas y las apreté contra mi cuerpo más fuerte para sentirlo mejor. De sus labios se escaparon un par de gemidos exquisitos y para nada actuados. Fue mi turno, comencé a moverme a su compás para hacer la sensación más placentera para ambos. Arquee mi espalda y deslice mi cabeza hacia atrás sosteniendo mis manos en sus hombros mientras sentía como sus labios y su lengua se deslizaban por la base de mi cuello trazando pequeñas líneas imaginarias.


Sus jadeos aumentaron al igual que los míos, sabía que faltaba solo un movimiento más para que Edward llegara al orgasmo fue entonces cuando sentimos la puerta. Sin aminorar su ritmo, con su rostro completamente desfigurado y rojo producto de la excitación miró hacia atrás un tanto preocupado sin embargo tomé entre mis manos su rostro, desviando su mirada hacía mí, lo bese moviéndome más rápido para hacer que terminara.


— Mi turno ¡Dilo! —le exigí en un murmullo mientras hacia los movimientos más profundos, su respiración era irregular y pesada, lo que me fascinó, apretó sus ojos sin contestarme — ¡Dilo! —insistí y torcí la cadera, fue el movimiento justo para hacer que su cuerpo se estremeciera, alzó su vista enfrentando la mía mientras lo sentía desembocar en mi interior.


— Te amo —contestó seguro y mis ojos se abrieron como platos.



domingo, 3 de octubre de 2010

Esposa de un Jeque

Capítulo 3

Edward pov

Edward llevó a Bella a su restaurante favo rito. El ambiente era tranquilo y elegante. Ideal para proponerle matrimonio. Bella le sonrió. Llevaba un vestido negro, enta llado, de manga larga y con amplio escote. Edward apoyó su mano en la piel desnuda de sus hombros que el escote dejaba al descubierto y ella se estremeció. Él se alegró de poder cumplir pronto con su cometido. Se sentaron a la mesa.

—No creo que un contacto tan leve sea la causa de tanta incomodidad...—dijo él.

Bella se alisó el pelo recogido. Aunque le gus taba cómo le quedaba la nuca al descubierto, pronto se lo soltaría, pensó Edward.

—No me siento incómoda. No exactamente—sus pe zones duros se le notaban debajo de la tela y revelaban el motivo de su sonrojo.

Edward se excitó. Al parecer no llevaba sujetador.

—¿Cómo te sientes exactamente?—le preguntó él, dudando que admitiera la verdad.

—Estúpida.

Edward negó con la cabeza.

—Alhaja de mi corazón, no debes decir esas cosas.

Bella bajó la mirada.

—No deberías llamarme de ese modo. Sé que lo di ces simplemente porque es un modo de hablar, pero...

—No es sólo eso. ¿Me has oído llamarle eso a otras mujeres?

—No—susurró ella con labios temblorosos.

Deseaba besarlos.

—Son palabras que te dedico a ti solamente.

Bella se quedó inmóvil, petrificada. Luego bajó la mirada, respiró profundamente y tosió.

Él le dio un vaso de agua para aliviarla.

—Gracias.

—Tienes un bonito cuello.

El vaso se tambaleó en su mano y sólo el movi miento rápido de un camarero evitó que se volcase y le mojase el vestido.

Al ver su nerviosismo, Edward decidió esperar a que pasara la cena para su proposición.

Cuando Edward aparcó su coche en el garaje del apartamento de Bella, ésta estaba nerviosísima.


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Edward abrió la puerta de su casa. La hizo entrar ro deándole la cintura.

El corazón de Bella parecía a punto de salírsele del pecho.

La acompañó al salón. Ella se estaba derritiendo.

Llegaron al sofá amarillo, lleno de cojines.

Edward se sentó a su lado, muy cerca.

—Quiero hablar contigo—le dijo él.

—¡Oh!

Edward posó una mano en su pierna y la rodeó con su cuerpo.

¿Qué haría si él hacía lo que ella deseaba tanto? ¿Le acariciaría el pelo sedoso y lo besaría apasionada mente? Bella entrelazó sus dedos en su regazo para reprimirse cualquier impulso.

Hubo un silencio y luego él empezó a dibujar con un dedo círculos en su muslo.

Ella no se podía mover. El no decía nada.

—¿ Edward?

Cuando ya no pudo aguantar más la deliciosa tor tura de sus caricias, levantó la cabeza y lo miró.

—¿Has disfrutado de mi presencia en estas semanas, no es así?—le preguntó él.

—Sí.

—¿Soy un tonto si creo que te gustaría que siguiéra mos juntos?

—No. Jamás podrías ser un tonto.

—Entonces, ¿sería descabellado pensar que tal vez te gustase profundizar nuestra relación?

—¿Quieres profundizar tu relación conmigo?

—Quiero... profundizar nuestra relación.

¿La besaría ahora? La sola idea la mareaba.

—Quiero que te cases conmigo.

¿Estaba soñando despierta?

—Si ni siquiera me has besado.

—No he tenido ese derecho.

—¿Qué quieres decir? ¿Est... Estabas con otra per sona?

—No, no es eso. Pero no estaba contigo, como has dicho tú. No habría estado bien que te besara si antes no te hubiera declarado mis intenciones formales.

¿Había dicho declaración de amor? No. Había di cho declaración formal.

—¿Quieres decir que en tu país tienes que haberte declarado formalmente para besar a una chica?

Edward le acarició la mejilla.

—Para besar a una virgen, sí.

¿Era tan evidente su falta de experiencia?

—Pero no estamos en Jawhar.

—Da igual. Te trataré con el mismo respeto.

Le gustaron sus palabras.

—Si te digo que me casaré contigo, ¿me besarás?

Aquél era el sueño más extraño de todos los que ha bía soñado despierta en su vida.

—Sí—respondió él con un brillo depredador en los ojos.

—Sí—repitió ella.

—¿Quieres casarte conmigo?

—Sí.

No debía hablar en serio, pero con tal de experi mentar un beso suyo, hubiera hecho cualquier cosa.

—Ahora puedes besarme.

—¿Puedo?

—Sí—al ver que él no la besaba, agregó—: Por favor.

Su beso fue tan suave y sensual como el de una mariposa de flor en flor.

Aquella fragancia masculina que sólo podía ser de él la embriagaba. Quería que fuese suyo aquel hombre.

—¿Quieres atormentarme?—preguntó ella. ¿Por qué no la habría besado otra vez más profun damente?

—Me estoy atormentando a mí mismo.

Aquella admisión le provocó un cosquilleo en el es tómago.

Su confesión había sido el disparador de su control sobre sí misma. Decir eso significaba que la deseaba, y eso la excitaba tanto como tener su cuerpo tan cerca que podía oír los latidos de su corazón.

Ella no pudo más y lo besó sin experiencia pero con deseo.

A él no pareció importarle. La apretó más contra su cuerpo. Y entonces la besó más profundamente, acari ciando sus labios con su lengua, hasta penetrar su boca.

Ella se había imaginado muchas veces besando a alguien. Pero aquello era mucho mejor.

Era maravilloso.

Sabía al tiramisú que había pedido de postre en el restaurante. También sabía a Edward, un sabor del que no se saciaría nunca.

Edward la apretó más y ella se encontró encima del regazo de él, con los pechos apretados contra su torso viril.

Ella quería tocarlo, tenía que hacerlo.

Primero deslizó sus dedos por entre su pelo. Era suave, como la seda. Acarició su cabeza. Era tan mas culino Edward, que hasta la forma de su cabeza lo de mostraba.

De pronto sintió que probablemente no tendría otra oportunidad de tocar su cuerpo y acarició su cara. Luego rodeó su cuello y bajó hasta sus hom bros. Quiso sentir su contorno, aprendérselo de me moria.

Deslizó las manos por la camisa de algodón, debajo de su chaqueta. Sintió sus músculos, tan cerca de sus pechos.

Él se estremeció y a ella le gustó. Sintió sus manos agarrando su trasero y una dureza apretando su pelvis.

Estaba excitado, y eso la estaba haciendo perder el control.

Como si la liberación de los sentimientos de ella desatasen su ardor, la pasión de Edward fue en au mento. Y el beso se hizo más profundo.

La lengua de Edward penetró su boca, buscando ha cerla suya. Mientras la besaba, ella desabrochó los bo tones de su camisa y deslizó la mano, tocando su pe cho desnudo. Fue entonces cuando se dio cuenta realmente de que no era un sueño en la vigilia. Ninguna fantasía podía ser tan maravillosa como aquello. Y por eso era más intenso.

Bella tomó aliento. El mundo parecía dar vuel tas a su alrededor en un calidoscopio de sensaciones que jamás había experimentado, pero que reconocía. Lo deseaba. Desesperadamente.

—¿La gente que se compromete puede hacer el amor?—se oyó decir con sinceridad.

—No.

—¿Porque soy virgen?—preguntó. Se sentía frustrada y con ganas de llorar. Segura mente Edward se daría cuenta de la locura que había cometido y se apartaría de ella rápidamente. La vida era muy injusta.

—Es cierto. En parte es por eso.

—Pero yo no quiero ser virgen—se quejó ella.

—Debemos esperar—sonrió Edward. La besó leve mente.

—No puedo.

Él gruñó y la volvió a besar. Acarició un pecho con una mano, tocando su erecto pezón. Ella se arqueó de deseo. ¡Lo amaba tanto! ¡Y le gustaba tanto lo que estaba haciendo! Por primera vez en su vida, Bella se alegró de no haber estado con otro hombre. Quería que Edward fuera el primero.

Edward le besó el cuello hacia abajo y llegó hasta las pulsaciones de su corazón. Ella se sintió derretir y dejó escapar un gemido de placer, abrumada ante aquella sensación.

Sintió la boca de Edward en el escote, su lengua aca riciando su piel de un modo inesperado. Se quedó in móvil cuando sintió que él tiraba hacia abajo de su es cote y dejaba sus pechos al descubierto.

Él dejó de moverse y se apartó para mirarla. Era un cuerpo muy femenino. Ella se puso colorada. Sintió las manos morenas sobre la piel rosada y gimió de goce, y se estremeció.

—Eres tan hermosa. Tan perfecta—dijo con la misma sensualidad que la tocaba.

—Soy...—iba a decir algo así como que no era exac tamente una modelo, pero él la acalló poniendo un dedo en sus labios.

—Exquisita. Eres exquisita.

En ese momento bajó la cabeza y tocó sus pechos con sus labios. Ella perdió la noción del tiempo y del espacio. Él la saboreó centímetro a centímetro, cu briendo las curvas de su cuerpo con exquisitas cari cias. Cuando tomó uno de sus pezones con la boca, ella tembló con lágrimas en los ojos.

El placer era insoportable. Era demasiado.

—¡ Edward, querido, por favor!

Ella no sabía qué le estaba rogando que hiciera, pero él deslizó una mano por debajo de su falda. Acari ció su pierna por encima de las medias, lentamente fue subiendo.

Aquella tortura, junto con las caricias de su boca en sus pechos, la iban a volver loca. Entonces sintió la mano de Edward en la cintura de sus medias, internán dose hacia el centro de su feminidad. Sus dedos acari ciaron su sexo a través de la seda de sus braguitas. Una sensación de placer la invadió, creyendo que explota ría.

Gimió, y le pareció oír a Edward maldecir, pero no estaba segura. No sentía más que la agonía de su cuerpo excitado.

Edward deslizó su mano por dentro de sus bragui tas y ella gritó al sentirla. Nunca había sentido algo similar. Jamás la había tocado un hombre tan íntima mente.

Se quedó rígida, y luego se movió convulsiva mente. Sus músculos se tensaron.

Edward siguió su tormento, hasta que su cuerpo en tero se tensó y luego liberó su excitación.

Él la apretó contra su pecho, envolviéndola con sus brazos. Las lágrimas que habían amenazado tímida mente con salir al exterior, rodaron libremente, y ella sollozó con abandono, al entregarse a la cima del pla cer.

Él la consoló, susurrando palabras en un idioma que ella no conocía. Daba igual, lo que importaba era el tono que empleaba.

—Ha sido demasiado.

—Ha sido más bonito que el desierto cuando ama nece.

—Te amo—le confesó Bella. Estaba perdidamente enamorada de aquel hombre que podía tener a cualquier mujer que quisiera y sin embargo estaba con ella. Y eso la asustaba. El reconocerlo no cambiaba las cosas. Edward acarició su espalda y ella tembló con otra convulsión. Si no había sido un terremoto, poco le ha bía faltado, pensó ella.

Edward la alzó en brazos y la llevó hasta el dormito rio. Encendió la lámpara de la mesilla y la dejó en la cama.

—Por favor, no te vayas—le dijo ella, aferrándose a su cuello.

Él se puso tenso.

—Por favor—le rogó Bella.

—No niegues. Si quieres que me quede, me quedaré.

Ella soltó su cuello. Él se irguió al lado de la cama.

—Prepárate para acostarte. Luego volveré para abra zarte.

—¿No vamos a hacer el amor?—preguntó Bella, dudando que pudiera soportar otra sesión de placer como aquélla.

—Hasta que no estemos casados, no.

—Pero...

—Esperaremos—respondió Edward, agitando la ca beza.

Edward estaba muy excitado. Se le notaba a través del pantalón. Ella no podría soportar que la abrazara toda la noche estando en esas condiciones.

Ella seguía sin creer que terminarían casándose.

—Yo podría...—se puso colorada sin terminar la frase.

Sabía que él era suficientemente inteligente para completarla.

—Me daré una ducha—dijo él.

—¿Vas a darte una ducha fría?

La idea de un hombre tan atractivo como Edward dándose una ducha fría por ella le resultaba muy exci tante.

Él sonrió.

—Prepárate para dormir. Yo volveré en un momento.

Ella asintió y lo vio alejarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su pecho estaba desnudo aún. Sus pezones estaban aún húmedos por sus besos. Se quedó petrificada al verlos. ¡Oh! Tuvo que reunir fuerzas para ponerse el camisón y meterse en la cama.

Edward se duchó con agua tibia. Le dolía el cuerpo de tanta pasión. Estaba satisfecho, sin embargo. Había sido un éxito su plan.

Casarse con Bella no sería un sacrificio.

Debajo de su apariencia tímida, era apasionada, y deliciosamente sensual. Había sido difícil reprimir las ganas de hacer el amor con ella.

Aún estaba excitado. Y al parecer, no lograría fácil mente enfriar su deseo.

No podía olvidar la imagen de Bella con el ves tido bajado, sus pechos grandes, su cuerpo estreme ciéndose de deseo. Y el modo en que había explo tado... Su cuerpo convulsionándose. Gruñó al sentir que su sexo se tensaba al recordarla.

Quizás una ducha fría no estuviera mal. Giró el grifo hacia la derecha y enseguida sintió el frío. Reso pló, practicando una autodisciplina aprendida con la guardia de élite en el palacio, junto a su tío.

Bella se tendría que casarse con él muy pronto. Seguramente ella no pondría reparos a una sencilla boda civil. Estaba muy contenta de casarse con él. Lo amaba.

Aunque no era necesario, eso lo complacía. Satisfa cía su orgullo el que su futura esposa lo amase.

Su sorpresa ante su proposición subrayaba la reali dad de que a sus veinticuatro años no había tenido una relación seria. Al menos era lo que había dicho su pa dre, y Edward no tenía motivos para no creerlo.

El hecho de que fuera virgen había sido importante para el tío de Edward. Según éste, ningún príncipe de Jawhar podía casarse con una mujer de moral dudosa. Edward sentía una cierta satisfacción primitiva en la in maculada condición de Bella. Pero no le daba la misma importancia que su tío.

Después de todo, había estado a punto de casarse una vez, y la mujer no había sido virgen. Indudable mente, su tío no habría aprobado aquella relación.

Y ahora, que deseaba tanto internarse en la sedosa humedad del cuerpo de Bella, su inocencia le re sultaba más una barrera para el placer que una ventaja.

Volvió a entrar en la habitación y encontró a Bella sentada en la cama, vestida con un virginal cami són blanco, casi Victoriano, con el pelo recogido en una trenza sobre su hombro.

Edward sonrió ante aquella inocencia.

Pero cuando se acercó, se le borró la sonrisa. Por que el camisón dejaba traslucir la areola de sus pezo nes, al igual que el contorno de sus pechos. Deseó ha berse dejado puestos los pantalones, puesto que el efecto de la ducha fría había desaparecido y en su lu gar la seda de sus calzoncillos dejaba ver una abultada erección.

Bella no parecía darse cuenta. Sus ojos chocolates no se fijaron en ello. Miraba algo en su hombro dere cho. Sus labios se entreabrieron, y pudo ver el interior rosado de su boca.

Cuando él se subió a la cama, ella saltó, sobresal tada.

—¡ Edward!

—¿No me esperabas?

Ella se puso colorada y se metió en la cama, con las mantas hasta el cuello.

—Estaba pensando en algo.

—¿Y era yo ese algo?

Como Edward esperaba una respuesta afirmativa, cuando Bella negó con la cabeza, se sorprendió.

—¿En qué estabas pensando?

—Simplemente... En una historia.

—¿Una historia?

—A veces me gusta pensar en historias románticas.

—¿El haberte hecho el amor no ha sido suficiente para mantener tu mente ocupada?

El hecho de que su inocente prometida fuera capaz de olvidar lo ocurrido cuando él no había podido ha cerlo lo irritaba.

—No he querido pensar en ello.

—¿Por qué?—preguntó, ofendido, y con actitud inti midante.

—Dijiste que no podíamos hacer el amor hasta que estemos casados.

—Sí, es verdad.

—Bueno, entonces, ¿qué sentido tiene excitarme si no va a pasar nada?

Era una buena pregunta. Su sexo estaba erecto. Sólo lo disimulaban las mantas que lo cubrían.

Le molestaba que su habitual control lo hubiera abandonado. Al parecer, ella tenía más control que él sobre sus deseos. A él no le gustaba sentirse débil, ni siquiera en el terreno puramente sexual.

—¿Así que imaginabas una historia en tu cabeza?

¿Qué tipo de historia habría podido borrar el juego sexual que habían compartido?

—Sí.

—Y no se trataba de mí—dijo, algo enfadado.

—Se supone que si fuera así, la historia no cumpliría su objetivo. ¿No crees?

—Creí que querías que me quedase contigo esta no che.

Bella lo miró, seria.

—¿Acaso vas a marcharte porque esté soñando des pierta?

—Me he comprometido a quedarme—respondió él—. Y me quedaré.

Bella se mordió el labio inferior, aún rojo por los besos.

—¿Siempre cumples tus promesas?

Ella no lo conocía bien, pensó Edward.

—Siempre—contestó, pensando en que le había dado su palabra de que no harían el amor hasta después de la boda.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Lagrimas de Amor

Capitulo 7

Señor, ya es hora de bajar.

Aquella voz desconcentro a Edward, que estaba mirando las vistas que se observaban desde la torre más alta.

Gracias, Jasper –murmuró, apartándose de la ventana y asintiendo con la cabeza ante su mayordomo- Supongo que todo esta preparado, ¿verdad?

-Si, los invitados ya están en la capilla.

-¿Y la señorita Swan?

-Ella esta esperando en el salón. Yo la acompañare a la capilla, tal y como habíamos acordado.

Esta bien –dijo Edward, bebiéndose de un trago el vaso de whisky que tenía en las manos- Dima, Jasper, ¿Qué aspecto tiene la señorita Swan?

¿Qué aspecto tiene, señor? –dijo el mayordomo, sin poder evitar su desconcierto.

Si, ¿parece… feliz? –preguntó Edward, mirando impaciente al otro hombre.

Desde luego… en breve se va a convertir en la nueva duquesa; naturalmente está extasiada. Y, si me permite añadirlo, está muy guapa –dijo el mayordomo, sonriendo.

Hasta la llegada de Bella al Palacio del León, Edward ni siquiera sabía que Jasper podía sonreír. El castillo siempre había sido un lugar bastante sombrío… así como su personal. Pero de alguna manera, durante las tres semanas, todo había cambiado, gracias a la influencia de una delicada flor inglesa, cuya tímida sonrisa parecía haber invadido la austeridad de aquella fortaleza árabe.

Pero Edward tuvo que admitir que a él no le había sonreído. Con el personal ella era agradable y amigable, aunque con el era fría y distante; pero no iba a reconocer que deseaba romper aquella barrera y recibir una de las agradables sonrisas de ella.

-Señor, ¿hay algo que pueda hacer por usted?

Jasper sabía hacer muy bien su trabajo y no mostraba su impaciencia, pero Edward sabía que estaba preocupado por si los invitados comenzaban a impacientarse.

Le asustó un poco darse cuenta de que no había pensado en el Banco de Masen durante días, ya que era la razón por la que había forzado a Bella a aquel matrimonio. Recordó la forma en la que ella se había despedido de su padre tras su corta visita a Inglaterra. Se le habían llenado sus grandes ojos chocolatosos de lagrimas y se le había quebrado la voz al haberle dicho que lo quería. Ella haría cualquier cosa por su padre…

-¿Señor?

-Si, está bien. Ya voy.

Mientras se dirigía a la capilla recordó que, al haber visto a Charlie durante su visita a Eastbourne, se había dado cuenta de que este no era como se lo había esperado. El padre de Bella daba pena, y a el le había impresionado su obvia fragilidad mental. Parecía un hombre roto que se había forzado a recurrir a su hermana para que le dejara vivir en su hostal.

Su creencia de que Bella era una niña mimada, dispuesta a aprovecharse de su padre, había cambiado durante las últimas semanas. No podía quitársela de la cabeza y hasta soñaba con ella. Su delicada belleza le hacía desearla como nunca había deseado a otra mujer.

Y aquella noche por fin ella sería suya…

Estaba casada. Bella, nerviosa, jugueteó con el anillo de oro de su dedo. Hacía unas horas Edward se lo había puesto en el dedo. Estaba ruborizada debido a la copa de champán que había bebido en el banquete de bodas.

Había sido un día muy largo y no podía esperar a que terminara, pero el brillo y la expectativa que reflejaban los ojos de Edward prometían que la noche iba a ser incluso más traumática que el día. Se le revolvió el estómago y miró a su alrededor. Como el banquete había concluido, la mayoría de los invitados estaban bailando y bebiendo. Edward hablaba con un grupo de personas que ella sospechaba serían socios de negocios.

Su ya marido le había presentado a algunos miembros de su familia, entre los cuales estaba Emmett Masen, el hombre que hubiese ocupado el puesto de Edward a la cabeza del banco si este no hubiese encontrado esposa.

Mirando a Edward, pensó que era un hombre complicado. Cuando lo había visto esperando en el altar, frío y distante, pero aun así increíblemente guapo, se había sentido agobiada por su potente magnetismo sexual. Había sentido como si se le derritiesen las piernas y se había tenido que apoyar en Jasper para llegar al altar.

La ceremonia había sido muy conmovedora, mucho más de lo que ella había esperado. Había llorado al haber dicho sus votos. Siempre había soñado. Con haberse casado con un hombre que fuese su alma gemela, pero en vez de eso se había casado con un hombre que ni siquiera la amaba, un hombre al que su personal frecuentemente se refería como "el León de Masen"

-Trata de no parecer tan triste querida, o no se que irán a pensar nuestros invitados.

La voz de Edward sobresaltó a Bella.

¿Qué ocurre? –exigió saber el, apartando una silla y sentándose junto a ella.

Nada… simplemente estaba pensando en mi padre. Desearía que el estuviera aquí –contestó ella, mordiéndose el labio inferior- Nunca me imaginé que estaría sola el día de mi boda… sin mis padres.

Hay cuatrocientos invitados… no se puede decir que estés sola –dijo Edward con aspereza.

Pero yo no conozco a ninguno. No son mis amigos… aunque tengo curiosidad por saber si son tuyos o si nuestra boda es una excelente oportunidad para tus socios de negocios –dijo cínicamente.

Bueno, no vas a tener que sufrir su presencia durante mucho más tiempo, querida –dijo el con frialdad-. La fiesta se terminará dentro de poco y nadie se atreverá a quedarse más tiempo. Deben de saber lo impaciente que estoy por llevar a mi esposa a la cama… pero por si tienen alguna duda… -dijo, capturando la boca de ella en un beso.

Bella se quedó si aliento y pensó que debía resistirse a el. Entonces le puso una mano en el pecho para apartarlo. Mientras se había celebrado el banquete, había estado pensando en la mejor manera de decirle que ella no tenía intención de consumar aquel matrimonio. Sería sincera con su corazón… se negaba a entregarle su cuerpo a un hombre que no amaba.

Debería decírselo en aquel momento, en vez de permitirle pensar que iban a compartir una noche de pasión. Pero era difícil pensar con claridad mientras el estaba saboreando sus labios con erotismo, exigiendo acceso dentro de su boca.

La había besado en la capilla cuando el cura les había declarado marido y mujer; sus labios habían sido delicados y tan dulcemente cautivadores, que había obtenido una respuesta de ella. Pero en aquel momento la estaba besando apasionadamente, provocando que el calor le recorriera las venas.

Con un leve murmullo, Bella se apoyó en el, y apartó sus labios, estremeciéndose al oír el gemido de aprobación de el, que introdujo la lengua en la boca de ella, explorándola con una meticulosidad que la dejo temblando. Nunca antes se había sentido de aquella manera, nunca había experimentado una necesidad tan salvaje y devoradora, que hacía que un cosquilleo le recorriese los pechos…

Cuando Edward dejó de besarla, la miró, con un feroz brillo reflejado en los ojos al percatarse de la confusión que reflejaban los de ella. Quizá el no le gustase a su rosa inglesa, pero estaba atrapada por la primitiva química sexual que también le esclavizaba a el.

-Le diré a Jasper que haga el último brindis por los novios. Ya es hora de que nuestros invitados se vayan a casa.

-No puedes simplemente echarlos. ¿Qué irán a pensar?

No me importa –dijo el con una gran arrogancia- Tengo tantas ganas de ti, querida, que estoy a punto de tomarte aquí, en la mesa del banquete y al demonio con el decoro social.

Edward…-Bella respiró profundamente- yo…no quiero acostarme contigo.

Yo tampoco quiero acostarme contigo; pretendo satisfacerme con otras actividades mucho más placenteras durante las largas horas nocturnas –dijo, mirándola de arriba abajo- Tu actuación de virgen inocente me excita muchísimo, querida, y ya sabes como estoy. Pero no tienes por que seguir fingiendo. Prefiero a las mujeres que tienen confianza en su sexualidad y creo que tú debes ser una tigresa bajo las sábanas.

Yo no apostaría por ello –contestó ella misteriosamente.

En ese momento una joven se acercó a la mesa, mirando a Edward fijamente.

Te he estado buscando por todas partes –dijo la chica, un poco enfurruñada- Me prometiste que bailarías conmigo.

Así lo hice, pero como puedes ver estoy hablando con mi esposa –contestó Edward serenamente- ¿Por qué no le pides a uno de tus muchos admiradores que baile contigo?

Yo solo quiero bailar contigo –contestó la joven.

Bella, a quien le había dado un vuelco el estómago al oír que el se refería a ella como "mi esposa", analizó a la joven, la cual estaba mirando a Edward con admiración. Esperó que el hiciera uno de sus sarcásticos comentarios que irían a destrozar a la muchacha, pero en vez de eso sonrío cálidamente.

-Lo siento; te debo un baile en otra ocasión. Mira creo que tu padre está a punto de marcharse.

Ni siquiera es medianoche. ¡Papá es tan aburrido! –dijo la joven, apartándose sus rubios rizos de los ojos provocativamente- Entonces hasta la próxima vez, Edward –murmuró, lanzándole un beso antes de marcharse.

Eleazar va a tener problemas con esa chica –señaló Edward.

Es muy joven. ¿Quién es? –preguntó Bella, sintiendo algo parecido a los celos.

Tanya Denali…su padre, Eleazar, era el mejor amigo de mi abuelo. Eleazar tenía casi sesenta años cuando nació ella y creo que la ha mimado demasiado –dijo Edward con afecto- Mi abuelo esperaba que yo me casara con ella para fusionar nuestras familias de banqueros.

¿Y por que no lo hiciste? –espetó Bella- Cualquiera puede ver que ella esta perdidamente enamorada de ti.

Edward no lo negó, pero se le borro la sonrisa de la cara.

Tanya está enamorada de una ilusión infantil, pero pronto descubrirá que yo no soy su príncipe azul. Ella exigiría más de lo que yo estoy dispuesto a darle a cualquier mujer.

Bella se percató de que Edward se estaba refiriendo al amor. Se preguntó por que se sintió tan vacía por dentro.

¿Nunca te sientes solo en tu torre de marfil? –quiso saber ella- Seguro que todos necesitan amor, de una forma u otra… incluyéndote a ti.

El se quedo mirándola de manera especulativa durante unos segundos.

¿Por qué empañar las cosas con ese sentimiento tan absurdo? En mi experiencia, el amor raramente se entrega gratuitamente y sin condiciones. Más que elevarte el espíritu, te deja dedil y destrozado y yo no tengo necesidad de ello –dijo, esbozando una cínica sonrisa-. Quizá tú te hayas visto seducida por lo romántico de la situación, querida, pero no busques cosas que no pueden existir. La única emoción que existe entre nosotros es la lujuria, pura y simple….la alquimia sexual que te hace temblar de deseo cuando te beso.

Realmente crees que eres un regalo de Dios ¿no es así? –espetó Bella, aforrándose a su enfado para enmascarar la reacción que había tenido su cuerpo.

El hecho de que el supiera el efecto que tenía sobre ella era humillante. Pero por su honor y orgullo no podía dejar llevarse por la lujuria.

Necesito aire fresco –dijo entre dientes, levantándose- Creo que tu primo quiere hablar contigo –añadió, desesperada al ver que el iba a seguirla-. Será mejor que vayas a ver que quiere.

Entonces ella se dirigió entre los invitados hacia las escaleras que llevaban a la planta de arriba. Al abrir la puerta de su habitación se quedó impresionada al ver que la cama no tenía sábanas. Emitiendo un leve grito, se acercó al armario para encontrarlo vacío.

Se dio la vuelta al sentir movimiento en la puerta.

Alice, ¿Dónde están mis cosas? –le preguntó al ama de llaves.

En la habitación del señor –contestó la joven, sonriendo- El duque me pidió que las llevara allí.

Sintiéndose enferma, Bella se dirigió a la habitación de Edward. Allí vio su camisón, cuidadosamente colocado sobre el cubrecama.

Durante las últimas semanas había recibido multitud de paquetes con ropa, zapatos y demás accesorios que obviamente Edward consideraba necesario que ella tuviera en su nuevo papel de duquesa.

¿Le ayudo a quitarse la tiara? –pregunto Alice- Es tan bonita, pero debe de pesarle mucho.

Y es muy cara –concedió Bella- Tenía tanto miedo de que se me cayera, que la sujete tanto como pude.

Trató de camuflar su impaciencia mientras Alice le quitaba quitarse la tiara y su pelo le caía sobre sus hombros.

Jasper me ha dicho que todas las novias Masen han llevado esta tiara –explicó la joven- Se dice que les da felicidad y… -la muchacha emitió una tímida risita- muchos bebes.

¿De verdad? –dijo Bella secamente- Bueno pues si yo fuera tú, no tendría tantas esperanzas –suspiró, y deseó que Alice se marchara.

Le caía muy bien la muchacha, pero Edward no iba a estar toda la noche hablando con sus invitados y ella estaba decidida a encontrar uno de sus camisones antiguos y a regresar a su habitación antes de que el subiera a exigir sus derechos conyugales.

Con solo pensarlo se sentía débil, y emitió un grito ahogado cuando lo oyó hablando desde la puerta.

Gracias, Alice, ya te puedes marchar –le dijo el al ama de llaves, pero sin dejar de mirar a Bella.

Ella tragó saliva ante la pasión que reflejaban los ojos de el. Pensó que ya era demasiado tarde.

No esperaba que fueras a dejar a tus invitados para seguirme –dijo.

Los he dejado para que se las arreglen solos –contestó el, cerrando la puerta con llave una vez que la muchacha se hubo marchado y metiéndose la llave en el bolsillo-. No te preocupes; Jasper se asegurará de que nadie nos moleste –añadió-. Disfrutaremos de una total privacidad durante el resto de la noche, querida.

¿Y que pasa con mi privacidad? –exigió saber Bella, echándose para atrás al acercarse el.

Quiero dormir en mi propia habitación –dijo claramente-. Estoy cansada… y me duele la cabeza.

Pobre pequeña –dijo Edward, acercándose a ella y arrinconándola contra el tocador.

Alguien había colocado las rosas que habían compuesto su ramo de novia en un jarrón y su exquisita fragancia estaba impregnando la habitación.

¿Te han gustado las flores? –preguntó el.

Son preciosas –susurró ella- Las rosas son mis flores favoritas.

Lo se –dijo el, sonriendo levemente.

Ella supo que el se estaba acordando de la primera vez que se habían conocido, cuando ella había robado una rosa de su jardín.

Me recordaban a ti; delicadamente bellas y perfectamente formadas… pero con espinas que pueden causar mucho daño.

Bella le miró la mano de el; ya se había fijado en el pequeño vendaje que tenía y frunció al ver que lo tenía manchado de sangre.

¿Qué te ha pasado en la mano?

No es nada –contestó el, encogiéndose de hombros y acariciándole el pelo.

Bella sabía que debía apartarse, pero parecía que se le habían pegado los pies al suelo. Cuando el le tomó la barbilla y le levantó la cara, no pudo evitar balancearse hacía el.

La beso con tanta meticulosidad, que ella sintió como si la hubiese drogado. Desmanteló sus barreras con una facilidad aterradora, provocando que ella se preguntara como podía resistirse a el cuando su corazón estaba latiendo tan aceleradamente, que apenas podía respirar. Pensó que el era su marido… pero ambos sabían que su matrimonio era una farsa y además ella no lo amaba.

Edward comenzó a besarle el cuello y su aroma a hombre, así como el calor que emanaba de su cuerpo, hizo que las ansias con que lo deseaba ella alcanzaran niveles peligrosos. Gritó de placer cuando el le mordisqueó el lóbulo de la oreja antes de volver a tomar posesión de su boca con un apasionado beso que revelaba su impaciencia por llevarla a la cama.

Edward… no –dijo ella.

Entonces sintió como el comenzaba a desabrochar los pequeños botones de su vestido y sacando fuerzas de donde no sabía, lo empujo.

Lo que te dije lo dije en serio. No me voy a acostar contigo –dijo respirando profundamente y mirándolo con furia- No te deseo.

No digas tonterías –dijo el con mucha arrogancia-. No estoy ciego, querida; esta claro que te excito –añadió, mirando los endurecidos pezones de ella-. Tienes tanta hambre de mí como yo de ti… ¿para que negar la pasión que tu cuerpo tan claramente ansía?

Quizá mi cuerpo reaccione ante tu indudable pericia sexual, pero mí corazón y mi mente te rechazan… y eso es lo que cuenta –dijo ella con fiereza.

Pero eres mi esposa –dijo, amarrándola y dándole la vuelta para seguir desabrochándole los botones. Pero perdió la paciencia y le desgarró el vestido.

¡No! – gritando, Bella sujetó el corpiño sobre sus pechos-. Mi precioso vestido… lo has destrozado. ¡Eres un… bárbaro! ¿Te extraña que no te pueda soportar?

-Supongo que no debería sorprenderme. ¿Cuál es el verdadero asunto, Bella? ¿Has decidido aprovecharte de mi obvio deseo por ti? Ya he pagado una fortuna por ti, pero ese dinero fue destinado a pagar las deudas de tu padre. Me da la impresión de que ahora quieres un incentivo económico a cambio de sexo, ¿verdad?

La bofetada que ella le dio resonó por toda la habitación. Le siguió un momento de completo silencio, pero entonces ella gritó al agarrarle él el vestido y quitárselo, dejando sus pálidos pechos expuestos.

Edward… no… no voy a hacer esto –dijo tratando de taparse con las manos.

Pero al abrazarla el, ella le dio con los puños en los brazos, quedándose sin aliento cuando la tumbó en la cama y se puso sobre ella, atrapándola bajo su fuerte y excitado cuerpo.

Ya se han acabado los juegos, querida –dijo el sujetándole las manos sobre la cabeza.

Bella se estremeció, sintiéndose invadida por la agonía, ya que no quería que aquello ocurriese, mezclada con un impresionante deseo que se apoderó de ella cuando el tomó uno de sus pezones en su boca. Las caricias que el le estaba regalando con su lengua la estaban volviendo loca, eran una exquisita tortura sobre su pezón. Se sentía agobiada por las nuevas y malvadas sensaciones que el provocaba en ella, y no pudo evitar emitir un sollozo de alivio cuando el comenzó a chupar su otro pezón con un efecto devastador.

Cuando por fin el dejo de jugar con sus pechos, ella tenía la respiración agitada y se quedó mirándolo. El se apartó y se bajo de la cama, quedándose de pie al lado de está.

Hoy, en la capilla, has prometido ser mi esposa, Bella –dijo con dureza- Y ahora es el momento de hacer honor a esa promesa.

¿Qué sabrás tú de honor? –dijo ella al recuperar la cordura.

Observó, paralizada cómo el se quitaba los pantalones y la camisa. Su piel brillaba como el alabastro y su marcado pecho lampiño dejaba ver un torso duro y musculoso.

Entonces el, deliberadamente despacio, se quitó los calzoncillos, dejando al descubierto su potente erección.

¡Oh Dios! –aterrorizada, Bella se alejó de el-. Edward, no puedo hacer esto. Por favor, no me obligues.

Había visto hombres desnudos con anterioridad, en revistas, incluso en un arriesgado anuncio televisivo. Pero aquella era la primera vez que veía a uno desnudo en carne y hueso, y le impresiono muchísimo.

-Esto se esta poniendo un poco aburrido, querida, ¿Por qué insistes en actuar como una virgen aterrorizada?

Por que soy una virgen aterrorizada –susurró ella con urgencia.

Desde luego que lo eres –comentó con sarcasmo, enmascarando su creciente impaciencia.

Bella gritó cuando la agarró de los tobillos y la atrajo hacía el.

¡Madre de Dios! Por lo menos ten la decencia de mirarme mientras mientes.

Te lo juro, nunca he… estado en la cama con un hombre –aseguró ella apresuradamente.

¡Pero estuviste comprometida! Con un hombre que en Londres tenía la reputación de ser un adicto al sexo –añadió el furioso.

Cuando lo conocí, yo no sabía de la reputación de Jacob –dijo Bella, ruborizada- Pensé que era encantador y un caballero al no tratar de llevarme a la cama.

Pero al final descubriste que no era así –adivinó Edward - ¿Qué ocurrió?

Nos conocimos poco después de que yo me hubiese mudado a Londres, y yo me enamoré perdidamente de el –admitió ella- fue poco después de la muerte de mi madre. Yo me sentía deprimida y supongo que estaba sola y vulnerable. Jacob me hizo reír, y hacía mucho que yo no lo hacía. Cuando me pidió que me casar con el me puse muy contenta y creí que su insistencia en que esperáramos a después de casarnos para practicar sexo se debía que realmente me amaba.

Al recordar todo aquello Bella suspiró; hubiese preferido olvidarlo todo.

Unas semanas antes de la boda me acerqué a su departamento… era una visita sorpresa. Le iba a decir que le amaba tanto, que no podía esperar durante más tiempo. Sabía y que íbamos a pasar juntos el resto de nuestras vidas y quería que fuésemos amantes. Pero en vez de eso, la sorpresa me la lleve yo –dijo amargamente-. Yo tenía mi propia llave y entre… encontrándomelo en la cama con su ama de llaves.

¿Entonces rompiste vuestro compromiso? –preguntó Edward.

Claro que lo hice. Yo creo que el matrimonio debe ser un compromiso de por vida, como, lo fue el matrimonio de mis padres –dijo, mordiéndose el labio inferior al recordar los votos que le había hecho a Edward-. Pensé que el amor que compartía con Jacob duraría para siempre, pero fue todo una farsa, al igual que nuestro matrimonio. Jacob sólo quería casarse conmigo por que mi patético encaprichamiento de el aumento su ego. Yo debí de haber sido las respuesta a sus plegarías; estaba tan perdidamente enamorada de el, que nuca cuestioné las veces que se tenía que quedar trabajando hasta tarde o que desaparecía durante días para "asistir a una conferencia de negocios".

Respiró profundamente y miró a Edward.

A pesar de todo el daño que me hizo Edward, todavía creo en el amor… un amor profundo e imperecedero como el que compartieron mis padres. Esperó conocer un día a un hombre al que ame para siempre y que me ame. El es el hombre al que quiero honrar con mi cuerpo.

Edward se quedó mirándola con la frustración reflejada en los verdes ojos.

¡Dios! –espetó, bajándose de la cama y poniéndose sus calzoncillos-. Hay que tener mala suerte para encontrarse atado a una esposa que tiene lengua viperina (1), la cara y el cuerpo de una sirena y la inocencia de una sacerdotisa –dijo, lanzándole el camisón a ella-. Será mejor que te pongas esto antes de que yo regrese.

¿A dónde vas? –preguntó Bella, cubriéndose los pechos.

-A darme una larga y fría ducha.

Dormiré en mi antigua habitación –se apresuró a decir ella-. Si hicieras el favor de abrir la puerta de tu habitación.

Esta es nuestra habitación y de ahora en adelante dormiremos aquí –espetó el imperiosamente-. Ya te lo dije; no quiero que nadie, ni siquiera los empleados, sospeche que nuestro matrimonio se ha celebrado por otra razón aparte de por el amor que compartimos.

-Pero yo no puedo quedarme aquí. Nunca me dormiría.

-Bueno, pues te sugiero que lo intentes con todas tus fuerzas, querida, porque si sigues despierta cuando vuelva a la cama, no te puedo prometer que no te someta a mis instintos masculinos, ésos que tú encuentras tan ofensivos.

(1) Lengua viperina Persona malintencionada a la que le gusta criticar a las demás.