Dark Chat

domingo, 26 de septiembre de 2010

Esposa de un Jeque

Capitulo 2

Bella entró en la sala de reuniones de un lujoso hotel de Seattle. A pesar de ser temprano, la mitad de los asientos estaban ocupados. Miró la sala en busca de Edward con una sensación de mari posas revoloteando en el estómago. ¿Estaría allí?

¿Realmente la estaría buscando? Era difícil de creer. Y más difícil reconocer las sen saciones que se apoderaban de ella ante la sola idea de verlo.

Una cara con cicatrices y el consecuente trata miento con láser habían hecho que no saliera con chi cos durante la escuela secundaria y la universidad. Su timidez había sido tan extrema entonces, que sus pa dres habían perdido las esperanzas de que se casara. Con el tiempo se había conformado con la idea de que moriría soltera, la tía soltera de la familia, como era tradicional, con cabello cano y casas llenas de recuer dos de otra gente. Era demasiado tímida para ir en busca de hombres y demasiado común para que fueran en busca de ella. Sin embargo, había algo en Edward que la hacía sentirse diferente.

Y eso la asustaba.

Un hombre como aquél era imposible que le corres pondiese.

—Bella. Has llegado.

Bella reconoció aquella voz profunda aun sin darse la vuelta.

—Buenas noches, Edward.

—¿Quieres sentarte conmigo?

Ella asintió, incapaz de responder con su voz. Él la acompañó a una silla en medio del salón, más cerca de la parte de delante de lo que acostumbraba a estar ella.

Edward la ayudó a sentarse tomando su brazo, un gesto tan cautivador como alarmante. Alarmante por que eso significaba que sentiría su tacto. Sus cálidos dedos en su brazo eran suficientes para que perdiera el equilibrio.

Varias personas se dieron la vuelta para mirarlos. Evidentemente, despertaban la curiosidad de los luga reños. Una mujer le sonrió. La recordaba de la biblio teca; una persona agradable pero un poco cotilla.

Bella miró al ponente de aquel día, que estaba hablando con el presidente de la asociación.

El ponente era una autoridad en telescopios de George Lee e Hijos. Se suponía que llevaría un ejemplar de su colección. Bella estaba impaciente por verlo y pensó que el bulto cubierto de seda roja debía de ser el preciado objeto.

Cuarenta minutos más tarde tuvo la confirmación de su sospecha.

El ponente invitó a la audiencia a acercarse y mirarlo.

—¿Quieres verlo?—le preguntó Edward.

Ella se encogió de hombros.

—¿Qué quiere decir ese gesto?

Bella lo miró. Fue como una bomba que explo tase en su cerebro, y casi dejó escapar un suspiro, pero se lo reprimió.

Sonrió.

—El gesto significa que probablemente me prive de ese placer.

—Te acompañaré.

¿Para protegerla?, se preguntó Bella.

—No es eso—mintió—. Prefiero no esperar en la cola. Ya hay mucha gente formándola.

Edward miró.

—¿Estás segura de que prefieres no verlo?

—Sí.

Edward le interesaba más que el telescopio.

—Entonces, quizás puedas cenar conmigo esta no che y conversar acerca de mi nuevo hobby. Me da la impresión de que conoces bien el tema.

—¿Cenar?

—¿Te da aprensión cenar con un extraño?

Lo que pasaba era que nunca había estado con un jeque, ni jamás había experimentado una mezcla tal de sensaciones físicas como estando cerca de él.

—No—dijo ella, sorprendida.

—Entonces, déjame que te invite a cenar esta noche.

—No sé...

—Por favor—el tono pareció más de orden que de ruego.

Pero a ella le afectó igualmente.

—Supongo que puedo seguirte al restaurante con mi coche.

—Muy bien. ¿Te gusta el marisco?

—Me encanta.

—Hay un bonito restaurante a menos de cien metros de aquí. Podemos ir andando.

—Creo que ha empezado a llover—dijo ella.

Edward sonrió sardónicamente.

—Si es así, te dejaré mi gabardina.

Bella se rió al imaginar el aspecto que tendría con una prenda varias tallas más grandes.

—No hará falta. Sólo que he pensado que no te gus taría mojarte.

—No te lo habría sugerido, en ese caso.

—Por supuesto.

Fue un paseo corto. Y aunque había nubes negras, no llovió.

Se pasaron la cena hablando de su hobby favorito. Bella se sorprendió de lo que sabía Edward y se lo comentó.

—He leído los libros que me has recomendado esta tarde.

—¿Ya?

—Casi todos.

—¡Guau! Supongo que no has tenido que volver al trabajo.

—Todos tenemos nuestras obligaciones—dijo él con una sonrisa.

—No lo malinterpretes. Jamás te hubiera imaginado como alguien que antepone sus hobbys a su trabajo.

—Hay veces en que aparece algo inesperado en nuestras vidas y hay que ponerlo en primer lugar.

Bella hubiera preguntado por aquella afirma ción tan misteriosa, pero no lo conocía lo suficiente como para preguntarle.

Ninguno de los dos tomó postre, y él la acompañó al coche. Agarró las llaves de Bella y lo abrió.

Le hizo señas de que entrase.

—Gracias por la cena—dijo ella antes de sentarse frente al volante.

—Ha sido un placer, Bella.

Dos días más tarde, Edward la invitó a ver un espec táculo el sábado. Se trataba de una especie de recorrido por las estrellas. Requería que estuvieran todo el día juntos y un viaje de tres horas a Portland. La pers pectiva de pasar todo ese tiempo juntos en el espacio cerrado del coche la había tenido nerviosa todo el tiempo.

Y saltó cuando sonó el telefonillo de su piso anun ciando su llegada.

Bella apretó el botón.

—Enseguida bajo—contestó.

—Te espero—respondió él con aquella voz sensual.

Todavía no podía creer que aquel hombre tan atrac tivo estuviera interesado en ella.

Cuando Bellabajó, lo encontró esperando en la entrada.

—Buenos días, Bella . ¿Estás lista para irnos?

Ella asintió mientras lo devoraba con la mirada. Llevaba un suéter y un pantalón que realzaban sus for mas musculosas. A Bellase le secó la boca de de seo. Se lamió los labios y tragó saliva.

—Sí.

—Entonces, vamos— Edward le tomó el brazo y la acompañó afuera, donde los esperaba una limusina ne gra.

—Creí que conducirías tú.

—He querido prestarte toda mi atención exclusiva mente. Hay un cristal que nos da privacidad. Podemos estar todo lo solos que queramos.

Lo dijo de un modo que despertó fantasías en la mente de Bella. Fue una sensación tan sorpren dente, que ella casi dejó escapar un suspiro.

—¿Estás bien?

—B... Bien—balbuceó, casi zambulléndose en el asiento.

Bella lamentó no poder disimular su actitud.

Seguramente las mujeres que salieran con él se desen volverían mejor que ella y no se sentirían turbadas ante su proximidad, reflexionó.

Claro que su sonrisa era letal, pensó Bella cuándo él se sentó frente a ella.

—¿Quieres algo de beber?— Edward abrió una pe queña nevera que había en la limusina.

—Un zumo, por favor.

—Entonces, ¿son los telescopios antiguos tu único hobby?

—¡Oh, no! Soy una lectora voraz. Supongo que por eso trabajo en una biblioteca.

—Lo supuse.

—Sí, pero también me gusta hacer excursiones por zonas naturales—sonrió ella.

Edward alzó las cejas.

—Tal vez debí decir pasear por los bosques.

—¡Ah! ¿Y no sueñas despierta a veces?

Bellase sorprendió de que él hubiera adivinado aquello tan íntimo.

—Sí. Estar lejos de la gente y al aire libre es algo un poco mágico.

—A mí también me gusta estar al aire libre, pero pre fiero el desierto a los bosques.

—Por favor, cuéntame cosas del desierto.

Y lo hizo. Y se pasaron el viaje hablando de cosas que ella no solía hablar con nadie. Edward pareció comprender su timidez. No parecía molestarlo, lo que la ayudaba a poder ser abierta con él.

Tampoco despreció sus opiniones como solía hacer su padre. Y Bella se sintió cautivada por su perso nalidad.

La llevó a almorzar a un restaurante que daba al río Willamette. La comida estaba deliciosa, la vista del río, impresionante, y su compañía, abrumadora para su corazón y sus sentidos. Empezó a temer que se estu viera enamorando de un hombre inalcanzable.

Cuando se sentaron en las butacas del teatro, Edward rodeó los hombros de Bella con su brazo.

Ella no estaba acostumbrada al tacto de un hombre, pero su cuerpo pareció despertarse sexualmente ante aquel contacto.

Edward intuía que Bella se sentía atraída por él, algo que jugaba a su favor, facilitándole la seducción y el cumplimiento del deber.

Gracias a un entrenamiento especializado se había librado de un reciente asesinato, pero sus padres no ha bían tenido la misma suerte. Él no había podido salvar los y eso aún lo obsesionaba.

El hecho de que entonces tuviera diez años de edad no había mitigado su necesidad de proteger a su fami lia en aquel momento, a cualquier precio.

Aún recordaba el sonido del grito de su madre al ver que habían disparado a su esposo delante de ella. Un grito que había sido interrumpido por otro disparo. Su hermana pequeña había sollozado a su lado. Edward le había tomado la mano y la había llevado por un pa saje secreto para sacarla del palacio, un pasadizo cono cido sólo por los miembros de la familia real y sus más fieles sirvientes.

Habían sido días de terrible calor en el desierto. Edward había utilizado las enseñanzas de su abuelo be duino, y había buscado refugio en el desierto para él y su hermana. Había encontrado a la tribu de su abuelo. Y habían sobrevivido. Pero Edward jamás olvidaría el precio.

Un gemido de Bella lo devolvió al presente. Se dio cuenta de que había estado acariciando su cuello con el pulgar. Los ojos de Bella estaban fijos en la pantalla, pero su cuerpo estaba excitado.

Un cortejo y una seducción de un mes antes del ma trimonio podría ser demoledor.

Bella se deleitó en brazos de Edward. Era natu ral que bailase con ella. Después de todo, él era su acompañante y todos estaban bailando.

El baile se hacía para recaudar fondos para el hospi tal de niños de St. Jude. Bella había invitado a Edward para que la acompañase, pensando que le diría que no. Pero no lo había hecho. Había aceptado acompa ñarla e incluso cenar con la familia de ella antes.

Su madre se había sentido seducida por su exótico encanto y su enigmática presencia. Aunque llevaba un traje normal, aquel hombre exudaba un aire de jeque.

—Tu hermana es muy amable.

Bella se acercó unos centímetros a él y se repri mió las ganas de apoyar la cabeza en su hombro y as pirar su fragancia.

—Sí. Mi hermana y yo estamos muy unidas.

—Eso es bueno.

—Eso pienso yo—sonrióBella.

—La familia es muy importante.

—Sí.

Bella no sabía adonde quería llegar él.

—El tener hijos y dejar la herencia de generación en generación también es importante—agregó él.

—Estoy de acuerdo. No puedo imaginarme una pa reja casada que no quiera tener hijos.

Edward sonrió.

—Supongo que la gente tendrá sus razones, pero tú no serás nunca uno de ellos.

Ella soñó por un momento con una boda y una fa milia, sobre todo con aquel hombre.

—No, yo no seré nunca uno de ellos—sonrió.

Sería difícil que se casara, pensó Bella. Pero, ¿para qué pensar ahora en cosas deprimentes?

El pulgar de Edward empezó a acariciar su espalda y ella olvidó sus pensamientos, incluso los deprimentes.

Cerró los ojos, y se permitió apoyar su mejilla en la de él.

Probablemente no la invitaría más a bailar, pero no pudo reprimirse.

En lugar de parecer ofendido, Edward se apretó más contra ella, y bailaron hasta que dejaron de poner mú sica lenta y empezó la movida.

No volvió a invitarla a bailar esa noche, pero no la descuidó en absoluto. Cada vez que se acercaba alguna mujer a coquetear con él, Edward usaba todo su encanto para alejarla y volver a centrar su atención en ella.

Bella abandonó su lucha interna.

Estaba enamorada. Completamente. Irremediable mente.

Bella quitó la tarjeta que venía con las flores. Ponía: Para una mujer cuya belleza interior florece más que la de una rosa.

Se le llenaron los ojos de lágrimas. Edward y ella habían pasado la noche anterior en un concierto de be neficencia. Bella había hablado a favor de los ni ños, de sus sueños y esperanzas. Había estado muy nerviosa, pero había querido hacer un llamamiento a favor de la fundación.

Más tarde, Edward le había dicho que su amor por los niños y su compasión había sido evidente a pesar de sus nervios. Se había sentido halagada con aquel cumplido. Pero las rosas rojas la habían impresionado.

Puso las flores en un jarrón sobre su escritorio, a la vista de todos los visitantes de la biblioteca.

Edward la hacía sentir especial, aun siendo sólo ami gos. A veces ella fantaseaba con que fueran algo más. Pero, ¿qué otra cosa podía ser si ni siquiera la había besado?

Pasaban mucho tiempo juntos y la atracción de Bella por él aumentaba día a día. Pero Edward parecía poco atraído por ella físicamente.

No le sorprendía. No era el tipo de mujer que inspi raba lujuria, pensó desanimada.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos al ver a Edward entrar en la biblioteca.

Se acercó a ella con arrogancia inconsciente, algo que a ella le pareció incluso simpático.

Entonces se dio cuenta de que tenía unos papeles en la mano, y los dejó a un lado cuando lo vio acercarse a su escritorio.

Edward se detuvo delante de su escritorio cuando ella estaba intentando colocar unos papeles.

—Bella...

Bella levantó la cabeza y sus ojos chocolates se fi jaron en él.

—Lo siento. He recordado que tenía que archivar es tos papeles...—agitó levemente unos folios que tenía en la mano—... cuando te he visto.

—¿Y no podías saludarme antes?—preguntó él, di vertido.

—Podría haberme olvidado de los papeles fácil mente.

¿Se daría cuenta ella de lo que estaba revelando con aquella afirmación? Él estaba acostumbrado a tener cierto impacto en las mujeres, pero una mujer más so fisticada jamás lo habría admitido.

—Entonces tendré que contentarme con conversar con la coronilla de tu cabeza hasta que termines.

—A veces, suenas tan formal... ¿Se debe a que el árabe lo es, o el inglés es tu segunda lengua y te resulta más difícil hablar con naturalidad?

No era la primera vez que el repentino cambio de tema de Bella lo dejaba desorientado.

—El francés es mi segunda lengua—respondió—. No he aprendido inglés hasta después de dominar el fran cés.

—¡Oh! Siempre he pensado que el francés es un bo nito idioma. Yo aprendí alemán y español en la es cuela, pero debo admitir que no tengo facilidad para el francés.

—No he venido a hablar sobre la fluidez en otros idiomas.

—Claro. ¿A qué has venido?

—A ver a mí amiga.

Un brillo rápido había atravesado la mirada de Bella cuando él había pronunciado la palabra «amiga», pero había sido muy fugaz como para inter pretarlo.

—¡Oh! ¿Quiero saber cuántos?

—¿Cuántos qué, pequeña?

Bella se puso colorada al oír aquel apelativo cariñoso. Aquel trato era normal en su cultura, entre un hombre y una mujer que tienen intención de casarse, pero a ella pareció ponerla incómoda.

—¿Cuántos idiomas hablas fluidamente?—preguntó ella, casi sin aliento.

Y él sintió terribles deseos de quitarle el aliento con un beso.

No podía hacerlo, por supuesto. No era el momento ni el lugar adecuados, pero no tardaría mucho. Edward sonrió en anticipación, y los ojos de Bella se agrandaron.

—Hablo fluidamente francés, inglés, árabe y todos los dialectos de mi gente, pequeña—repitió.

Ella tomó aliento y contestó.

—No tan pequeña.

Aunque Bella era un poco más alta que la me dia de las mujeres, a menudo hacía comentarios en los que parecía sentirse enorme. Edward se acercó a ella y deslizó un dedo por su cuello.

—Para mí, eres pequeña.

Ella tembló, y él sonrió.

Pronto sería suya.

—Supongo que sí—contestó Bella, mirándolo.

Él deseaba besarla. Tenía que hacer un gran es fuerzo para reprimirse, algo en lo que se había entre nado en la guardia de élite: a dar un paso atrás y bajar la mano.

—He venido a preguntarte si querías cenar conmigo esta noche.

Bella abrió la boca pero no dijo nada. Se cono cían desde hacía tres semanas y habían compartido muchas comidas, y asistido a varias funciones. Sin em bargo, ella parecía sorprendida cada vez que la invi taba a salir.

—Venga, no creo que sea una sorpresa. Comimos juntos ayer incluso.

Ella sonrió.

—Por eso estoy sorprendida. Creí que querrías pasar tiempo con...—se interrumpió.

Pero sus ojos dijeron lo que iba a decir: «otras mu jeres». No se valoraba a sí misma. Y eso no le gustaba a él.

—No quiero pasar tiempo con ninguna otra mujer—respondió.

Ahora era el momento. Sus ojos estaban llenos de felicidad. No había duda. Ella estaba lista. Ya la había cortejado suficientemente.

—Me encantaría cenar contigo.

—Entonces, te veré esta noche.

— Edward

Él se detuvo.

—Podrías haber llamado. Te habrías ahorrado un viaje de una hora hasta aquí desde Seattle.

—En ese caso no habría tenido el placer de verte.

Edward la vio a punto de derretirse y entonces son rió antes de marcharse. Cumpliría con su deber muy pronto, pensó.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Destellos de Oscuridad

Capítulo 5
Advertencia

Las manos del vampiro se cerraron, formando puños firmemente apretados, los cuales sólo podían mostrar parte de la ira que él sentía en esos momentos. Edward caminaba de un lado al otro en su sala, no podía creer que ella quisiera culparse por su herida. ¿Le tenía tanto miedo a su agresor que no se atrevía a nombrarlo? O quizás lo protegía… Pero ¿Por qué?


Edward sacudió la cabeza, eso era ridículo. Estaba casi seguro que su agresor había sido Dominic, y que él la tenía amenazada para no decirlo.


Ese maldito… tenía que hablar con él. Aunque destrozarlo era una mejor manera de definir lo que planeaba hacer con ese vampiro. ¿Cómo se atrevía a hacerle daño a su compañera?


Salió de su casa pensando en lo mucho que quería ver sufrir a ese vampiro.


La luz del sol había desaparecido, en su camino, sólo quedaba la oscuridad… Cuando llegó a la casa de Dominic golpeó la puerta, y ésta cedió fácilmente produciendo un sonido fuerte cuando se abrió.


Dominic no parecía nada sorprendido por su llegada, pero tampoco parecía muy contento.


-Ya te habías tardado en venir –dijo el vampiro-. Después de que mi hermosa asesina te hiciera una visita esperaba verte aquí al día siguiente.


Edward intentó calmarse, todavía no era tiempo de hacerle pagar.


-Estuve completamente seguro que eras tu quien la había enviado –dijo él-. ¿Quién más desearía mi desaparición?


Dominic sonrió, mostrando sus colmillos.


-Por supuesto, pero te recuerdo que tú iniciaste todo esto, metiéndote en mi camino siempre –soltó entre dientes-. Si renunciaras a entrometerte en mis asuntos entonces yo dejaría de intentar asesinarte.


-No puedes matar humanos sólo por placer –replicó Edward en un gruñido-. El poder no es para utilizarlo como lo haces.


-Te equivocas –dijo Dominic-, el poder se utiliza para controlar. ¿Por qué te importan tanto los mortales? Son inferiores a nosotros, sin contar con los licántropos que se han declarado sus defensores. Ya tengo suficientes problemas con esos perros como para que uno como yo me diga que tengo que hacer.


-No me pondré de tu lado.


-Como quieras, Edward –soltó Dominic-. Yo te di una oportunidad y la despreciaste, ahora atente a las consecuencias.


-Eres un cobarde, si quieres acabar conmigo no debes enviar a otros en tu nombre –gruñó Edward.


-Yo no lo llamaría cobardía –protestó Dominic-, es simple inteligencia. Ambos sabemos que un enfrentamiento entre los dos terminará en nuestra destrucción, y no pienso arriesgarme a ello. Encontraré una forma de deshacerme de ti, sin tener que mancharme con tu sangre.


Edward le mostró los colmillos.


-Pero deberías estar alegre –continuó él-, ya que mi vampiresa falló en la tarea que le encomendé. Sólo hay algo que me ha perturbado todos estos días… y quisiera preguntártelo. ¿Por qué no la mataste?


La pregunta sorprendió al vampiro, quien bajó la guardia por unos instantes. ¿Cómo la iba a matar? Si ella era todo para él.


-No es algo que te concierna –escupió Edward al ver la expresión del vampiro.


-Tal vez no –admitió Dominic-, pero me parecer bastante interesante. Al parecer, mi Bella tiene más trucos de los que yo conocía.


Edward no pudo evitar enfurecerse al escuchar "mi Bella" salir de los labios de otro vampiro.


-No debiste herirla, ni siquiera debiste tocarla –rugió Edward de pronto.


Dominic pareció sorprendido por su ferocidad, pero pronto recuperó su expresión de indiferencia.


-Yo no la he lastimado –dijo el vampiro-. Creí que ese habías sido tú.


Edward le mostró los colmillos.


-Pero Bella lo negó y me dijo que había sido ella misma.


Eso le había dicho a él, también. Pero Edward no podía creer en Dominic, y estaba tan furioso que ni siquiera pudo controlarse.


Edward gruñó y se lanzó sobre el otro vampiro. Lo golpeó en la cara y él vampiro se estrelló contra un mueble lleno de libros. Todos cayeron sobre él.


Pero Dominic se levantó casi inmediatamente y rugió, estaba completamente furioso.


Corrió hacia él, y antes que pudiera reaccionar lo tomó del brazo y lo lanzó del otro lado. Edward cayó al suelo, pero antes que pudiera levantarse y volver a atacar Dominic habló.


-Ella vendrá en cualquier momento –entonces Dominic le sonrió con malicia, cerró los ojos y respiró el aire, como si lo saboreara-. Está cerca, reconozco su delicioso aroma donde sea.


Edward se levantó, estuvo a muy poco de volver a lanzarse sobre él, sino fuera porque ese aroma también llegó hasta donde se encontraba. Desde que la había conocido había olido su esencia, nunca se había sentido tan tentando a beber sangre, como lo tentaba la suya.


-Dominic –ella entró en la casa, y se quedó petrificada al ver la escena. Su cabello largo caía sobre sus hombros, y sus ojos oscuros estaban abiertos, alertas a cualquier peligro.


Bella se veía tan hermosa. Edward sacudió su cabeza, y desvió su mirada, cerca de Dominic no podía permitirse distracciones, y ella era una distracción.


-Bella, que oportuna –dijo Dominic-. Justo en este momento estábamos discutiendo sobre ti. Me gustaría que le explicaras a mi invitado, que yo no te he hecho daño alguno.


-Edward…


El no pudo evitar volver la vista hacia ella, si Bella decía su nombre no podía resistirse…


-Ya te había dicho la otra noche que él no me hizo daño… es… fue mi culpa, yo me provoqué esa herida.


No parecía querer encubrir a Dominic, pero aún así no podía entender porque ella se habría hecho daño.


-¿La otra noche? –Dominic arqueó las cejas hacia él-. Así que has estado viendo a mi asesina desde ese día que intentó acabar contigo…


Bella le dirigió una mirada de desprecio.


-No soy tu asesina –dijo ella.


Dominic le sonrió.


Edward intentó escuchar los pensamientos del vampiro, ya que desde que había llegado había sido como un muro para él. Pero cuando intentó concentrarse en él, todo lo que escuchó fue un claro y no muy feliz "Sal de mi mente".


Al parecer sabía cómo protegerse contra su habilidad.


-Entonces lo dejaremos en mi Bella, simplemente –dijo Dominic. Ni siquiera se había inmutado, sus ojos seguían en ella.


Con Bella era diferente, de ella nunca había escuchado ni un solo pensamiento, y eso lo frustraba…


La vio abrir la boca para decir algo, parecía molesta, sus ojos observaban con ira a Dominic, pero él la interrumpió.


-Déjanos, Bella.


Los ojos de ella lo observaron, y a Edward le pareció ver un destello de preocupación en ellos. ¿Estaría ella preocupada por él? ¿O era sólo su imaginación que jugaba con él?


De cualquier forma, Edward se sintió esperanzado por ello.


Bella asintió hacia Dominic, y se dirigió a la puerta.


-Vuelve mañana en la noche, necesito hablar contigo –dijo él antes de verla marchar.


Edward apretó la mandíbula al escuchar esas palabras, no quería que ella estuviera sola con él.


-¿Qué es lo que quieres de ella? –le cuestionó Dominic.


Edward le gruñó.


-Ya te dije, eso no es tu asunto.


-Entonces –siguió él-, supongo que no has cambiado de parecer en lo que hablamos…


Edward le sonrió, de forma retadora.


-No permitiré que utilices el poder para dañar a otros.


Dominic le mostró los colmillos.


-Y yo no te permitiré que te metas en ninguno de mis asuntos. No te acerques a nada que sea mío.


-No recibo tus órdenes.


-Veo que has decidido retarme, sólo espero que aceptes las consecuencias.


-Qué así sea –lo retó Edward.


-Qué así sea –repitió Dominic.


Edward no podía estar tranquilo, tan sólo había visto unos minutos a Bella, y ni siquiera había podido hablar con ella.


Tenía que ir a verla.


No tuvo que avanzar mucho para encontrarla, al parecer ella lo estaba esperando.


-Yo… cuando te dije su nombre no me imaginé que vendrías a buscarlo… -soltó-. ¿Por qué lo atacaste?


-Creí que él te había hecho daño –admitió.


La expresión de Bella se cubrió de incredulidad y desconfianza.


-El no me hizo daño, fui yo.


Edward se acercó a ella, observando su rostro atentamente. Las palabras de Bella parecían sinceras, pero él sabía que había algo más detrás de ello, algo que ella ocultaba.


-¿Por qué te harías daño?


Un destello de dolor cruzó por los ojos de Bella, y Edward lamentó haber hecho esa pregunta.


-Mis razones, las guardo para mí –respondió ella, al recuperarse, su expresión ahora había pasado a una de enojo.


Pero Edward sabía que sólo era para defenderse, Bella ocultaba algo que era importante para ella.


Olvidando todos los consejos de Alice, él se acercó más y acarició su mejilla.


-¿Por qué trabajas para Dominic? –cuestionó-. Bella, yo puedo ayudarte a liberarte de él…


Por un momento, a Edward le pareció que ella aceptaría su ayuda… entonces ella sacudió la cabeza y se alejó de él.


-Me las he arreglado bien sola –dijo-. Y también debo decirte que él es peligroso, así que deberías pensarlo bien antes de ir en su contra.


-Yo puedo protegerte –él insistió.


-No necesito protección.


Entonces Bella se alejó. Edward reprimió su deseo de ir tras ella, Alice tenía razón tenía que ganarse su confianza primero. No podía imaginarse como reaccionaría Bella si le decía la verdad, que ella era su compañera destinada.


Al parecer, tendría que esperar un poco más.



viernes, 24 de septiembre de 2010

Phonography

hello mis angeles hermosos !!! buen fin de semana para todas y aqui les traigo el segundo cap , de este maravilloso fic. chicas tengan a la mano un ventilador o de perdis un vaso con agua helada para bajarse los calores. les mando mil besitos
Angel of the dark
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Cap. 2 : Encuentros Cercanos


Aún no podía creer que ella fuera la chica con la cual había compartido todas esas llamadas telefónicas, era extraño pensar en Bella como la voz detrás de la línea y ahora estaba más convencido que el mundo es un pañuelo. ¿Cómo era posible que de tantas mujeres en el planeta yo tuviera que toparme justo con mi co estrella en ese dichoso chat? reflexioné sentado en la barra de aquel bar.

Había ido a quitarme de la mente su voz y sus palabras, es que no podía verla con esos ojos. Simplemente me negaba a pensar que ella había estado conmigo todas esas largas noches de soledad. Suspiré mirando a mí alrededor y necesitaba desesperadamente cambiar su voz por otra, necesitaba salir con alguien esa noche de ese bar, me giré en el asiento para pedir otra cerveza, mientras esperaba me dedique a observar el lugar. Preste atención alrededor en busca de alguien que pudiera tomar el lugar de mi ya no tan misteriosa "Marie", y no entiendo la razón por cual no busque a alguien real del comienzo, estaba claro que jamás debí siquiera pensar en tener ese tipo de conversaciones con una completa extraña, las cosas jamás son seguras a menos que vea de frente a la persona.

— ¿Quieres bailar?

Me preguntó una muchacha como de mi edad, tenía un cuerpo bastante bien dotado y estaba vestida condenadamente sexy, sus ojos brillaban deseo aún en la oscuridad del lugar. No me importó que supiera quién era yo en realidad, ni siquiera me detuve a pensar en las implicaciones de mis acciones, simplemente deje el vaso en la barra y le tendí la mano.

— Claro —Contesté tratando de acallar los recuerdos y por dios que necesitaba aplacarlos, esas semanas habían sido macabras.

La chica frente a mi sabía perfectamente como moverse, me tenía completamente embelesado en sus movimientos hasta que al girarme por unos breves segundos de la posición en la que estábamos unos ojos demasiados familiares para mí me distrajeron he hicieron que perdiera el compás de la música. Aunque seguí bailando con la muchacha frente a mí, mi atención estaba puesta en la mitad de la pista de baile, la figura pequeña y bien definida de Bella se dejaba entrever por todos los cuerpos que nos separaban, su pelo largo y suelto jugaba a la medida de sus movimientos. Mantuve la posición que tenía para observarla desde lejos, me pregunté con quién estaba y cuando una pareja salio de la pista de baile mi visión mejoro. Enarque una ceja sorprendido cuando noté quién era el compañero de baile de Bella, me sonreí al pensar que lo que estaba presenciando era la fantasía cumplida de varios hombres en el planeta.

A unos cuantos pasos y cuerpos de distancia, estaban ellas: Rosalie y Bella bailaban condenadamente sensuales. ¿De todos los lugares tenía que venir ella aquí? pensé para mí mientras la miraba ensimismado. Y es que el movimiento de sus caderas al ritmo de la música era una escena digna para retrocederla una y otra vez eternamente. Empecé a fantasear como sería tener esas caderas moviéndose en otro lugar de mi anatomía. Para cuando se percató de mi mirada insistente esos movimientos que había estado haciendo, inocentemente minutos atrás, se intensificaron de una manera mucho más sensual y si ya de por sí verla bailar de esa manera era suficiente para quitarme el aliento, verla juntar su cuerpo al de su compañera de baile y rozar provocativamente sus manos por la figura de su amiga era mi fantasía cumplida en toda la expresión de la palabra.

Cómo Rosalie era más alta, Bella estaba delante de ella, recargaba su cuerpo contra el pecho de la primera, reclinándose levemente mientras su compañera la sujetaba por las caderas, que se meneaban al compás frenético de la música, sin quitarme la vista de encima se acercaba cada vez más haciendo la distancia entre ellas inexistente. Bella puso una de sus manos en la cintura de Rosalie y se giró quedando frente a frente, se acerco peligrosamente hasta el cuello de está y mi respiración se congeló en ese preciso momento en que Bella deslizo sus manos por el cuerpo de Rosalie sin tocarla dibujando el contorno de ese cuerpo vanaglorioso. Sin acordarme siquiera como era mi nombre y con la imaginación por el cielo las seguí observando, y tenía claro que para Rosalie era completamente inocente el juego que estaba haciendo pero Bella estaba haciéndolo apropósito, había una diabólica intención detrás de semejante espectáculo.

Ella quería excitarme y lo había logrado, mi cuerpo entero estaba reaccionando, mi respiración se había disparado al igual que mi temperatura corporal, se me había secado la boca y deseaba con todas mis fuerzas tocar ese cuerpo maldito, sentir su tibieza, su humedad. Me quede observando retraído como Bella movía sus manos en el aire y luego las dejaba bajar como si estuviera acariciándolo, se mordía el labio inferior provocativamente y fue entonces cuando no aguante más. ¿Qué esta mujer no entiende que funcionamos distinto? pensé mientras me quedaba completamente estático en mi posición, congelado con los ojos abiertos como platos, por un segundo pensé en ir a hablar con ella ¿Pero que le diría? ¡Estúpido, concéntrate en otra cosa, estas en un lugar público! me dije a mi mismo quitando la vista de ellas pero era imposible mantenerla lejos, o distraerla en algo más.

Danzarinamente mi vista se desviaba a cada medio segundo hacía donde estaban ellas y su espectáculo, no podía evitar observar su anatomía detalladamente, recorría cada rincón de su cuerpo imaginándome cuan sudoroso debía estar producto del baile y las ansias por tenerla entre mis brazos estaban carcomiendo mi alma por dentro, esa mujer tenía que ser mía resolví al borde de perder la razón.

En un momento de distracción la chica frente a mi cruzo sus manos en mi cuello aprisionando su cuerpo contra el mío y volví a la realidad, me giró haciéndome quedar de espaldas a mi fantasía personal, su rostro estaba a escasos centímetros de los míos y en cualquier circunstancia eso hubiera sido perfecto, pero esta noche yo quería otros labios frente a los míos.

— ¿Qué tal si nos vamos?

Me preguntó con un tono lleno de picardía pero la miré desconcertado, la verdad quería irme pero no precisamente con ella. Suspiré y puse mi mejor cara de disculpas. Tomé con mis manos sus brazos y me liberé de su prisión.

— Lo siento pero esta noche no

Le contesté y probablemente rompí su corazón y su orgullo, pero ella lo superaría. Con el corazón literalmente en la boca y con la razón perdida busque con la vista entre la muchedumbre a mis dos coestrellas pero no había rastros de ninguna. A pesar que la música estaba a todo volumen, no podía escuchar otra cosa que los latidos frenéticos de mi corazón de forma ensordecedora, las imágenes que había visto hace segundos atrás se venían a mi mente como la mejor de las películas. Tenía que encontrarla, esta noche no se iba a escapar, mal que mal teníamos una conversación pendiente pensé.

Camine hasta el centro de la pista de baile decidido a jugármela el todo por el todo pero al llegar hasta el lugar donde las había visto bailar, solo me encontré con más gente pero ninguna de ellas estaba allí. En un momento de lucidez aventuré que tal vez estaba con ellas con Emmett, saque mi celular dispuesto a llamarlo y estaba por apretar el botón cuando me percaté que iba a ser demasiado evidente preguntar. Tomé aire y busque con la mirada examinando el resto del territorio solo para darme cuenta que Bella ya no estaba allí.

Un poco decepcionado y justo cuando me iba a dar por vencido, su cabellera castaña larga y sus ojos de un marrón oscurecido se encontraron con los míos. Estaba frente a mí, nos separaban unos cuantos metros, ella estaba parada en una especie de tarima, la sonrisa estaba dibujada en su rostro y tenía entre sus manos un vaso, tal vez un trago, jugaba con una bombilla larga entre sus labios perfectos de un carmesí intenso. Me miró y comenzó a deslizar sus labios provocadoramente por ese pequeño instrumento de succión, me quede contemplándola extasiado hasta que deslizo la punta de su lengua por sus labios y me quede sin aliento al ver la escena. Esa incitación fue la última que necesitaba para que mis piernas comenzaran a moverse en su dirección estaba a punto de llegar donde ella cuando unas personas se cruzaron entre nosotros.

Quise dispararme en ese mismo instante, luche fieramente por deshacerme de esos cuerpos que parecían confabulados por impedir que me acercará pero una vez que pude llegar hasta su posición me percaté que ella había caminado hasta la barra, a un costado había una entrada que daba hacía lo que parecía un corredor y no tenía idea de a donde nos iba a llevar pero caminé hasta allá, no había escapatoria.

La seguí por el pasillo y ella parecía bastante divertida con mi desesperación por encontrarla. Para cuando salí por la puerta de servicio un frío embargo el ambiente, estaba oscuro y era un callejón cerrado, miré a todos lados pero no había señales de Bella iba a entrar cuando sentí su tibio cuerpo detrás del mío y su susurró en mi oído.

– Te debo una conversación donde solo hablaré yo pero que tal si esa conversación es en tiempo real

Trague saliva mientras me giraba lentamente en mi posición y ahí la tenía frente a mí, sus ojos brillaban y se veían de un chocolate intenso. Sus labios se estrellaron contra los míos y sin mucha explicación me empujo contra la muralla que estaba a unos cortos pasos de distancia tras nosotros. Nos besamos desesperados y rodamos unos cuantos metros más allá de la puerta de servicio, adentrándonos en el callejón.

Mis labios lucharon fieramente por separar los suyos y su tibio hálito inundo mi boca, nuestras lenguas se masajearon como un compás perfecto y era increíble que hubiera besado esa boca en varias otras ocasiones pero nunca antes como estábamos haciéndolo ahora. Sus tersos y delicados labios eran como un deseo prohibido, tomé su cuerpo y lo apreté contra la fría pared mientras rompía el beso para respirar, baje lentamente por su cuello trazando con la punta de mi lengua un camino hasta la base de esté. En este punto su respiración era bastante errática tanto como la mía.

— Creí que hablarías

Murmuré contra la base de su cuello, bese presionando mi lengua en el hueco de la clavícula y levanté mi rostro separándome lo necesario para exhalar a una corta distancia de su oído, sentí como su cuerpo se contrajo. No pude evitar sonreírme al pensar como sonaría su voz si tuviera que hablar en este preciso momento y francamente la curiosidad me picaba, quería escucharla hablar, quería escuchar esa voz distorsionada por lo que estaba sucediendo.

— A este punto las palabras sobran

Me respondió de vuelta abriendo sus ojos, sus pequeñas y frágiles manos sujetaron mi camisa a la altura del pecho atrayendo mi rostro de vuelta al suyo, nos volvimos a besar más apasionadamente y mis manos recorrieron su espalda, baje hasta sus caderas y las atraje juntándolas con las mías. En ese momento sentí como ejerció una pequeña presión obligándome a ser yo, esta vez, él que estuviera recargado contra la pared.

Me sorprendió su iniciativa, esa brusquedad empleada me trastornaba pero sin duda lo que me desconectaba de una manera fascinante era su mirada, esa inocencia mezclada con el deseo me hacían darme cuenta que estaba completamente excitada y lo mejor de todo estaba completamente sobria, por lo que no estaba haciendo nada de lo que no se acordaría después.

Tomó entre sus manos mi barbilla y la beso mordiendo levemente la pera para luego bajar hasta mi cuello, deslizo entre sus dedos los botones de mi camisa y sin darme cuenta la tenía completamente desabotonada mientras trazaba un camino con sus labios besando mi dorso desnudo. Bajo hasta mi estomago y en ese minuto sentí sus manos en mi cinturón.

— Espera

Le dije tomando sus manos y tratando de regularizar mi respiración ¿Lo íbamos hacer ahí en el callejón? recapacité preocupado por qué si alguien nos veía eso sería nuestra perdición, debía reconocer que era más para ella que para mí, es decir de los dos ella tenía un novio oficial al cual todo mundo conocía. Además había un punto pendiente, ella me había ignorado por casi tres semanas y de pronto de la nada quería acostarse conmigo, sin duda había algo raro.

— Se que lo deseas tanto o más que yo

Me incitó susurrando en mi oído, acto seguido mordió el lóbulo de mi oreja al sentir el contacto tibio de sus labios húmedos sobre mi piel se me olvido: el decoro y su novio.

Sentí sus manos viajar por mi torso desnudo deteniéndose en el borde del pantalón, deslizo dos de sus dedos por mi cintura dibujando un contorno y su contacto era como choques eléctricos demasiado estimulantes para no dejarse llevar.

— ¿Sin arrepentimientos?

Le pregunté de vuelta con un hilo de voz tomando entre mis manos sus manos, las levante y las puse sobre su cabeza, su cuerpo estaba contra la pared, me separé un poco, la miré serio.

— Esta noche soy completamente tuya

Respondió besando y mordiendo mi labio inferior, deslice una de mis manos por su brazo, dibuje sobre su blusa el contorno de su pecho y llegue hasta la cintura. Con la otra mano aún sostenía sus manos aprisionadas contra la pared y recordé una de las tantas conversaciones que habíamos tenido, esa noche se la haría realidad.

Baje mis manos por sus caderas apretando sobre la ropa sus nalgas, cuando llegue al borde de su falta, metí mi mano bajo la tela y la levanté completamente sobre sus muslos, mis dedos toparon con la tibia y tersa piel de su entrepierna, enrosque mis dedos en su ropa interior y la baje de un tirón hasta las rodillas. Con mi pierna hice que separa las suyas propias y con mi pie tiré la ropa interior hasta el suelo, sacándola.

Cuando alce mi vista del suelo acerco su rostro al mío y me besó, sentí la presión de sus manos luchando por soltarse de mi prisión y la solté, cruzo sus manos en mi cuello y enterró sus dedos en mis cabellos, jugando con ellos mientras me besaba, mordió mis labios, y yo los de ella, succioné el lóbulo de su oreja y en respuesta ella enterró su rostro con mi cuello. Mis manos estaban acariciando sus muslos, una de sus manos saco mi camisa revelando mis hombros y deslizo su lengua por ellos, mis manos viajaron ávidas por debajo de su blusa para tocar lo que tantas noches fantaseé y que ella había descrito de forma imperfecta en sus conversaciones. En persona su piel era mucho más suave de lo que pudiera haber imaginado y su figura era perfectamente delicada, su perfume era sutil pero provocador y su piel estaba completamente empapada de ese aroma, ¿Cómo no había notado tantas cosas si antes habíamos estado cerca? recapacité.

Con cada roce de mis manos su cuerpo temblaba, baje rápidamente mi mano hasta la parte interior de su rodilla y subí lentamente por su entrepierna hasta llegar a su parte más intima. Ella alzo la pierna cruzándola a la altura de mi cintura, lo que me permitió tener mayor espacio para acariciarla, esta vez sí tendría alguien que lo hiciera por ella. Recorrí el largo completo de su pierna acariciándola hasta llegar a sus nalgas, me separé y sólo me faltaba desabotonar la maldita blusa que traía puesta, pero era perder demasiado tiempo así que tomé el género entre mis dedos y la abrí reventando los cinco infames botones, su pecho fundado en un corpiño rojo quedo al descubierto, el conjunto hacía juego con su piel blanca, estos se movían al unísono de su respiración.

En ese minuto sentí como ella metió su mano por la parte posterior mi pantalón atrayendo mi cuerpo hacía el de ella, lo que me excito sobre manera, y de seguro ella ya estaba sintiendo mi cuerpo reaccionar.

Introduje mi lengua en su boca saboreando cada parte de su tibieza. Nuestros labios se acariciaban y al final de beso ella succionaba levemente mi labio inferior antes de separarse. Era realmente hermosa así con el pelo desordenado, sus labios rozados por la fricción del beso, su pecho moviéndose furioso al compás de su respiración y esa mirada de deseo y lujuria que era impagable. Baje mi vista hasta sus pechos y me percaté que su sostén se abría por delante. Me sonreí al pensar que todo su atuendo estaba pensando para una situación así. Ella enarcó una ceja cuando finalmente lo abrí y comprobé que ella lo había planeado, la delató la risita que profirieron sus labios. Deslice mi palma por su piel expuesta acariciándolos y ella cerro sus ojos ante mi contacto.

Me estremecí al sentir sus manos bajar mis pantalones, con ropa interior incluida, dejando al descubierto la necesidad que sentía mi cuerpo de concretar lo que habíamos fantaseado por tantas noches. Sin duda y con una rapidez abismante mis manos viajaron a sus nalgas para alzarla a la altura que ameritaba la situación, en el mismo minuto que sus piernas se enrollaron en mi cintura nuestros cuerpos se fundieron en uno, un gemido exquisito se escapó de sus labios cuando la apreté contra la pared haciéndola mía.

Mis movimientos fueron lentos pero aumentaron a medida que sentía sus manos recorrer mi espalda haciendo dibujos en mi columna vertebral, cuando sus uñas se enterraban producto de los movimientos fuertes y consistentes de nuestros cuerpos mis ganas de hacerla gritar aumentaba, quería que dijera mi nombre, que lo susurrará una y otra vez.

Sentí como apretó sus piernas atrayendo mi cuerpo más profundamente en su interior y la sensación era maravillosa.

Me separé y deslice mi mano por su rostro, abrí mi palma para sujetar su cuello, ella cerro sus ojos ante el contacto, con mi otra mano baje hasta uno de sus pechos y los masaje por unos minutos, baje por su dorso, hasta su estomago dibujando su figura hasta llegar a su caderas y la atraje hacía mí. Los movimiento se hicieron más intensos y ella arqueo su espalda separándose levemente de la pared.

—¡Dilo! – articule casi sin voz - ¡dilo!

Insistí mientras mordía levemente su hombro y mi voz estaba completamente distorsionada por el placer que estaba sintiendo. Para no perder estabilidad puse una de mis mano contra la pared para hacer los movimientos más rápidos y profundos, nuestros cuerpos danzaban al unísono y sentía como su cuerpo se estremecía, iba a terminar le faltaban solo segundos pero antes quería escuchar de sus labios mi nombre.

— Edward —susurró entrecortado mientras su cuerpo se estremecía y colapsaba contra mi cuello.


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jueves, 23 de septiembre de 2010

Pecados Carnales

Capítulo 4 Maravillosas complicaciones


Hacía más de dos horas que debía haber aparecido por la oficina de mi representante pero en cambio estaba montándole la guardia a la hermana menor de Bella afuera de su propia casa. Mi teléfono no dejaba de vibrar y podía apostar que todas eran de él. Al quinto repique decidí contestar pero para mi sorpresa era Emmett.

- ¿Dónde estas?

Me preguntó un poco inquieto.

- En mi departamento. Mentí

- ¿Entonces por qué no me abres?

Me rebatió y ahí estaba descubierto por mi mejor amigo, después de todo no era tan buen actor como todo mundo pensaba. Me quede callado porque no sabía que decirle, todos estaban tan en contra de mi relación con Bella, que estaba acostumbrándome a mentir, para evitar que me condenaran las miradas.

- Soy tu amigo no tu madre ni la iglesia, no tienes que mentirme, ¿Dónde estas?

- Afuera de la casa de Bella – tomé aire para continuar - he tomado una decisión

Le conteste y era cierto, ayer luego de marcar incesantemente su teléfono y de conseguir únicamente escuchar la grabación de su voz en el buzón, me dí cuenta que para luchar por este amor, necesita que ella también lo quisiera, que era imposible luchar contra el mundo yo solo, por lo tanto, si su decisión seguía siendo la misma y la que tanto me repetía todo el mundo, la dejaría en paz. Dejaría que consagrará su vida a Dios y me retiraría, no puedo luchar contra alguien invisible y omnipotente pensé

Mi amigo guardo silencio unos minutos y después de un rato me sorprendió con su declaración.

- Quiero hacerte una pregunta personal, se que es algo privado y créeme que no me importaría si no hubiera sido por lo que descubrí por casualidad hoy -Se excusó nervioso.

- Dime, de que se trata -Dije intrigado.

- De Bella, quiero saber… cuando fue la última vez que te acostaste con ella -Reveló evidentemente incomodo.

- ¿Perdón? -Objeté descolocado

- Es en serio Edward… de eso dependerá si lo que supe es verdad o solo un alcance de apellidos -Insistió.

Guarde silencio buscando en mi memoria la fecha exacta, pero me encontré ridículo de estar siguiéndole el juego, qué se traía Emmett pensé.

- De que te enteraste, dímelo -Demandé saber.

- ¿Hace cuanto? -Volvió a preguntar.

- Hasta la semana pasada ¿por qué?. Conteste avergonzado y a la vez molesto.

- Encuéntrame en quince minutos en la puerta de urgencias del hospital.

Me indicó colgando el teléfono, y yo aún tenía la sensación que me había perdido demasiado, para qué quería Emmett que me encontrará con él en su trabajo. Me subí al auto mirando la casa de Bella y dudé en irme, tenía que hablar con ella para saber que hacer, pero algo en mi interior me decía que era realmente importante ese encuentro antes de verla. Estaba estacionando mi auto en el hospital cuando mi teléfono celular volvió a sonar. Era Emmett.

- ¿Dónde estas?

Me preguntó antes que yo pudiera indicarle que estaba a sólo metros de distancia. Estaba viéndolo parado en la puerta con un semblante que me inquieto y que nunca antes le había visto.

- Frente a ti

Le contesté levantando mi mano y cerrando el teléfono celular.

- ¿Y bien que sucede, que es lo tan importante?

Le pregunté cuando llegue hasta él, de su bolsillo sacó un sobre, me entrego un papel doblado, parecía una carta, la abrí y me descolocó, era un informe de exámenes, tenía el logo del hospital, escaneé torpemente las palabras y al principió no entendí para que me estaba haciendo leer un resultado de exámenes de sangre, pero cuando leí el resultado, al final de la hoja, subí mi vista rápidamente hasta el nombre de la paciente. En ese minuto la sangre se me congeló en el cuerpo, se escapo por mis labios hasta la ultima gota de aire y de pronto sentí que iba a caer con todo el peso del cuerpo al suelo. A tientas busque el banco de metal que estaba a un costado y me senté sin sacar mi vista de aquellas dilapidadoras palabras.

- ¿Cómo?

Pregunté sin sentido y él enarco una ceja incrédulo. Sacudí mi cabeza confundido.

- No me refiero a eso, ¿Cómo te enteraste?

Inquirí aún con la vista pegada en el papel. Emmett se sentó a mi lado y recargo su espalda contra el metal del asiento.

- Estaba buscando los resultados de una paciente y tope con su apellido. Me dije cuantas Swan existen en Londres, y al principio pensé que era un examen rutinario pero cuando leí el resultado me quede de una pieza. De Todas formas yo creo que lo hicieron de rutina, no creo que ella sepa o haya solicitado este examen intencionalmente.

Conjeturó, pero para mi sus palabras se oía desde lejos y vagas, apenas podía respirar y de pronto sentí que tenía toda la sangre amontonada en los pies, porque era muy difícil siquiera pensar en como coordinar las ideas. Recordé aquel día hacía una semana atrás.

- Vete por favor

Me gritó mientras se abalanzaba contra el baño, me acerque hasta ella y tome sus cabellos para quitárselos de la cara. Estaba vomitando y no era la primera vez que lo hacía, se estaba poniendo demasiado regular de un tiempo a esta parte los vómitos y los desmayos. Lo que me traía preocupado. Tenía la leve impresión que estaba volviéndose anoréxica con el tema del ayuno al que estaba siendo sometida por su noviciado.

- ¿Cuándo fue la última vez que comiste?

- Edward… por favor, déjame sola

Insistió y apenas separó del baño su rostro, volvió de inmediato a él me quede analizando la situación y de verdad necesita ir a un médico, llevaba más de una semana entre los mareos y los vómitos, era increíble que pudiera estar de pie si apenas lograba retener algo en su estomago pensé, y ese maldito ayuno impuesto estaba siendo nefasto para ella. Me levante de su lado y tomé una toalla, la moje y me agache nuevamente junto a ella. Se la pase por la nuca igual a como mi madre lo había hecho en un par de ocasiones cuando había estado enfermo de pequeño.

- ¿Mejor?

Le pregunté y ella asintió, la tome entre mis brazos y noté que estaba helada, sus manos estaban temblorosas, como odia a la iglesia y sus estúpidos designios, estaba logrando matarla, no entendía cual era el afán de ayunos tan prolongados.

- Tengo que irme, mi madre esta por llegar

Insistió pero yo tomé su cuerpo entre mis brazos y la acurruque de vuelta en mi cama, la tape lo suficiente y luego le puse mi mano en la frente.

- No te irás hasta que comas algo y habló en serio.

- Sabes que no puedo

- ¿Bueno tu quieres morirte?, muerta no le podrás servir ni a él ni a nadie. Comerás y punto, sino no te dejaré ir.

Agregue molesto parándome de la cama, tomé entre mis manos el teléfono inalámbrico y ordene comida. Cuando llego protesto lo suficiente diciéndome el significado tras el ayuno, pero la verdad me importaba poco, lo único que tenía claro era que a cada día la veía más flaca, débil y enferma. Para mí eso de la purificación y sacrificios no entraban cuando ponían en riesgo el bienestar de la persona. Dios jamás querría que la gente muriera de inanición. Así que la obligue a comer, y después de un par de discusiones accedió por fin, pero a pesar que lo hizo el resultado fue casi el mismo a los pocos minutos de haber digerido la comida. Vomitó hasta lo que no tenía

- Necesitas ir a un médico, esto no esta bien, prométeme que iras.

Insistí preocupado mientras la ayudaba a subirse a mi auto para irla a dejar a su casa.

- Mañana iré lo prometo, no es nada grave, ya verás.

Me respondió medio sonriendo y en cualquier otra circunstancia esa sonrisa me hubiera hecho brincar el corazón, pero verla pálida sin color aumento la ansiedad por sacarla de esa vida a la que tan obligadamente quería arrastrarla su madre.

- No entiendo como te hacen ayunar de esa manera.

Le había insistido una y otra vez aquel día pensando lo peor de esa situación, incluso había barajado la posibilidad de hablar con el dichoso curita Alfonso para lograr detener ese ayuno al que estaba siendo sometida, pero claro, había sido un imbécil, Bella no estaba enferma por el ayuno, sus mareos y vómitos eran los síntomas de otra cosa, de una cosa que crece, y en que yo tuve una participación directa. Ella estaba embarazada.

- ¿Alguien más lo sabe?

Le pregunté a Emmett y el negó con la cabeza pero luego habló.

- Lo saque antes que lo dejarán para ser retirado

Me contestó y miró asustado como me levantaba de la banca de metal, creo que mi semblante no era él mejor, y como odié a todo el mundo, esté debería haber sido el día más feliz y sin embargo era el día más triste, de solo pensar como reaccionaría Bella cuando se enterará hacía que mi corazón se contrajera y se partiera a la mitad.

- Edward… espera ¿dónde vas ahora?

Me Preguntó Emmett nervioso

- Necesito hablar con Bella, esto cambia las cosas

Me subí al automóvil aún adormecido por la noticia, no podía procesar que ella estuviera esperando un hijo mío, empecé a recordar todas esas noches y días juntos, todas aquellas veces que habíamos compartido, todo lo que habíamos conversado y también todo lo que habíamos discutido cuando finalmente yo había sabido la verdad por boca de su madre.

- Podemos irnos, juntos, lejos, donde nadie te conozca, no serás la primera que se arrepiente.

Le hice ver completamente desesperado.

- No es tan fácil Edward, es complicado

Me respondió cruzándose de brazos y evitando mirarme.

- ¿Por qué? ¿Por tu madre?

Le pregunté, y como odiaba a esa señora.

- Es más que eso, yo hice una elección

Me respondió, ¡Maldita iglesia! grite para mis adentros.

- Que puedes cambiar… siempre puedes arrepentirte tu misma lo dijiste.

Le corregí acordándome del comentario que me había hecho ella y me había confirmado el cura Alfonso cuando yo le había preguntado si había derecho a retractarse cuando se tienen dudas.

- No es tan simple

Rebatió y no entendía la obstinación de Bella por hacer la voluntad de su madre.

- ¿Por qué?

Le pregunté y era hora de que me explicará bien ese tema de no poder.

- No lo entenderías

Me esta tomando por estúpido pensé, acaso no era suficientemente adulto para entender una razón, pero claro seguro no había una buena, sino todas sin sentido. Y la principal, una manipulación de Renée con temita del infierno y los pecados eso podía apostarlo.

- Pruébame, explícamelo

Le incité tratando de parecer calmado. Pero estaba a punto de perder la paciencia.

- Es lo correcto, es lo que prometí hacer, es lo que quiero, punto.

Me grito de vuelta, y eso me comprobó solo una cosa, ella estaba siendo presionada, no era una decisión libre la que estaba tomando, libre había sido la decisión de amarme, pero no la de meterse a monja, en esa la persona que estaba detrás era su madre.

- Sí estas tan convencida entonces ¿Por qué estas aquí esta noche?

Le pregunté mordaz para que se diera cuenta de una vez que ella no quería ser monja.

- No lo sé

Confesó y creo que fue peor. Estaba confundida, esa no era la respuesta que yo quería escuchar.

- ¿Sí tú no lo sabes a quién le pregunto?

Le había gritado exasperado aquel día. Y como habían cambiado las cosas, estacione el auto y tomé un respiro. En ese minuto advertí a su madre salir de la casa lo que agradecí enormemente, al menos ahora estas de mi parte, dije mirando hacía arriba; baje del auto y camine cruzando la acera, jamás en mi vida había estado tan nervioso cómo estaba ahora, sentía mi corazón latir en la garganta. Toqué el timbre y me abrió su hermana Ángela.

- Ella no quiere verte, por favor, tú me caes súper bien, pero es mejor que la dejes en paz.

Dijo apenas se percató que quién llamaba a la puerta era yo.

- Necesito hablar con tu hermana, solo serán unos minutos, prometo que me iré luego de hacerlo.

Exclamé tratando de convencerla con ello para que me abriera la puerta.

- ¿Lo prometes en serio?

Inquirió no muy convencida.

- Sí

Le presioné y tenía claro que esa era una mentira, después de esté día para la buena suerte mía y para la desgracia de la madre de Bella, nadie ni nada podría sacarme de la vida de su hija.

- Esta bien… te dejaré pasar, pero por favor, no la alteres creo que ya tuvo suficiente con mi madre ayer.

Me dijo a regañadientes luego de haber meditado un par de minutos la decisión.

- ¿Tu madre le hizo algo?

Le pregunté preocupado casi al borde del pánico pensando que usualmente Renée no hablaba las cosas sino que golpeaba. Y eso sería nefasto para Bella y mi hijo.

- No, pero a veces las palabras son más fuerte que los golpes. Esta en su dormitorio, no tengo que decirte donde queda verdad

Indicó irónica las escaleras. Yo sólo me sonreí.

- Gracias.

Le susurré y subí las tan conocidas escaleras, camine por el pasillo hasta la última puerta que era su pieza, estaba en penumbras puesto que tenía los pórticos de las ventanas semijuntas, sólo una haz de luz se colaba iluminando tenuemente la habitación, a pesar que ya eran más de las once de la mañana Bella aún no se levantaba, lo que era raro, considerando que iba a misa siempre a las cinco de la madrugada. Me acerque lentamente hasta ella, y verla dormir tan placidamente me despertó un sentimiento hasta ahora desconocido, era como si ella irradiara una especie de brillo, sin poder evitarlo miré su vientre, claro no había indicio de lo que ahí estaba creciendo pero yo sabía que sí estaba ahí. Me sonreí y jamás pensé sentir este amor tan intenso por alguien que ni siquiera había visto, y de cuya existencia me había enterado hacía un par de minutos, era increíble pensar que algo tuyo podría estar creciendo en alguien más. Y pensar que había dicho en varias oportunidades que a mi no me gustaban los niños… jamás tendré un bebe. Habían sido mis palabras, como debía retractarme ahora que casi babeaba por uno que todavía ni siquiera nacía. Me acosté cuidadosamente a su lado y rosé su rostro con mis dedos, observe como lentamente ella abría sus ojos atontados.

- Edward

Susurró mi nombre con una sonrisa en los labios y eso se debía a que pensó que estaba soñando sino esa sonrisa no hubiera estado tan patente, y me lo confirmo la expresión que adopto su rostro sólo segundos después de que yo volviera a tocarle el rostro, esa hermosa y tranquila sonrisa se apago al instante que se dio cuenta que yo era real no producto de su imaginación. Se levantó asustada y me miró en pánico.

- ¿Qué haces aquí, cómo entraste?, ¡mi madre te matará!

- Tranquilízate – Le dije tomando sus manos entre las mías - ella se fue hace rato, tu hermana me dejo entrar y estoy aquí porque tengo que darte una noticia.

Le respondí lo más sereno posible, pero no pude evitar sentir un hueco en el estomago. Tenía miedo a contarle la verdad y que pusiera el grito en el cielo, pero más luego que tarde se daría cuenta.

- ¿Qué noticia?

Me preguntó escéptica tomando un almohadón entre sus manos, separándose de mi contacto. Tomé aire y pensé en entregarle el resultado de sus exámenes para que lo comprobará ella misma pero creí que era mejor que la noticia saliera de mis labios.

- Estas embarazada