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Capitulo 9. Culpabilidad
Alice me sonrió en cuanto abrió la puerta de su departamento. Era algo reconfortante no tener que hacer una llamada para visitarla, o avisar previamente que iría, ella siempre lo sabía.
-¿Así que ya has descubierto tu talento? –preguntó haciéndose a un lado para dejarme pasar.
-Sí –respondí, luego la miré con curiosidad-. ¿Qué no lo habías visto tú?
Suspiró. Su expresión se tornó frustrada.
-No, me enteré por Edward.
-Pero…
-No puedo ver a los lobos Bella –me explicó-. Si estás cerca de ellos, te pierdo, ya no puedo ver lo que pasa contigo.
Oh, eso era algo nuevo.
-Son agradables –comenté.
Frunció el ceño.
-Siendo sincera, espero que no pases mucho tiempo con ellos –caminó hacia mí, con la misma elegancia de siempre-. Me siento extraña cuando no puedo ver.
Me dirigí al sillón y me senté, no por cansancio, tan sólo simple costumbre que se me había quedado.
-Ahora hay algo importante que tengo que decirte –Alice me siguió hasta el sillón-. No te lo dije antes porque es algo no muy agradable de escuchar y también porque no lo sumamente necesario en el momento, ya que tú estás demasiado protegida.
Alcé la vista, no sabía a que se refería con eso.
-Hay una forma de destruirnos –dijo, tal vez no era consiente de lo que hacía, pero noté como el volumen de su voz bajaba considerablemente-. Atravesando nuestro corazón con un objeto hecho de hierro –hizo una mueca-. Aunque también los comillos de un licántropo harían una buena función en ese caso.
-Pero ellos no lo harían –repliqué inmediatamente, no sabía si lo que quería era defender a los licántropos o negar el hecho de que los vampiros estuviéramos en peligro por ellos.
-No, los dos bandos tienen un trato de paz desde hace muchos siglos –informó Alice-. Pero no está demás que lo sepas.
Puse una mano en mi corazón, uno que ya no latía, como si eso pudiera protegerme de algún futuro ataque.
Alice acercó otro mueble, una silla de madera y la colocó de manera que quedara frente a mí, su mirada se posó en mis ojos.
-Cuando sucede eso, no hay marcha atrás Bella –me veía como si quisiera hacerle comprender a un niño pequeño que es capaz de cometer una tontería en cualquier momento-. Tu poder de curación es asombroso, pero tiene sus límites –advirtió-. Si alguna vez intentas reparar una herida de esa magnitud, lo único que conseguirás es agotar tus energías y puede que provoques tu propia destrucción…
Genial, para mi había otra manera de dejar de existir y era gracias al uso excesivo de mi talento.
-No te preocupes –la tranquilicé-. No haré algo como eso –claro, porque nadie está muriendo en estos momentos. Pero… ¿Y si a alguien le ocurría algo? No podría desperdiciar mi habilidad, tal vez si aprendía a controlar la energía que escapaba de mi cuerpo… podría…
-Pon atención Bella –ella llamó mi atención-. No hay manera de curar una herida como esa ¿Me escuchaste?
Era como si hubiera adivinado mis pensamientos.
-¿Solo puedes ver el futuro cierto? –pregunté.
Ella se rió
-Es tu cara la que te delata Bella –respondió-. No puedo escuchar los pensamientos como lo hace mi hermano.
Fruncí el ceño. ¿Por qué tendrían que traicionarme mis propias expresiones?
-Bueno –dijo ella-. Estás aquí para que te ayude con tu habilidad ¿no?
Asentí.
-Entonces –su cabeza giró en distintas direcciones-. Tenemos que buscar algo con lo que comenzar a practicar.
-¿Practicar?
-Si –contestó-. ¿Cómo quieres desarrollar tu poder si no lo haces?
-De acuerdo
Salimos al parque, no tardamos en encontrar algo con lo que hacer una prueba, un pequeño gato de color marrón, se desplazaba lentamente debajo de un árbol, hasta que Alice lo atrapó.
Tenía una de sus patas rota.
-Vamos –me alentó ella, minutos después que estuvimos de regreso en su departamento.
Lo tenía aprisionado entre sus manos, noté el temor en los ojos ambarinos del gato, el animal no tenía idea que todo esto era para curarlo.
Cerré los ojos y coloqué mi mano en la extremidad dañada, me concentré. Una ligera calidez comenzó a recorrer mi brazo hasta quedarse en mi palma, cuando la sensación terminó, vi al gato, y para mi sorpresa estaba completamente bien.
-Estuvo bien –apremió Alice, se dirigió a la ventana y liberó a la criatura-. Pero toma en cuenta que el animal era pequeño por eso no gastaste mucha energía, en los humanos u hombres lobo, es un caso distinto.
Claro, esto no se comparaba con lo que había sentido cuando curé a Jacob.
-Alice…
No logré decir más. Su mirada se había vuelto hacia un punto muy lejos de mí, en ese momento no me oía, no me veía, su atención no era para mí. Extendió su mano hacia mí, como una invitación a tomarla. No lo hice. Tenía una sensación que algo andaba mal, Alice aún era consiente de lo que hacía.
-¿Estás bien? –musité con la esperanza de hacerla reaccionar.
Giró su cabeza hacia mí, sus ojos en blanco completamente, su mano se acercó varios centímetros más a mi, la palma estaba abierta… Tal vez si la tomaba ella volvería a reaccionar. Extendí mi brazo y cerré mi mano en torno a la de ella, como si fuera un saludo meramente cordial
Pero fue un error.
-¡Ah! –gemí cuando la oscuridad me envolvió. Me hundí en la marea negra, sin poder respirar, gritar o moverme.
Muchas imágenes cruzaron ante mí como relámpagos, no las podía apreciar concretamente, sólo destellos de ellas. Escuché una voz furiosa, una de hombre, pero no distinguí su contenido, vi colmillos, escuché gruñidos salvajes, los que avisan la venida de una pelea.
Entonces la voz de Alice se hizo presente, como narradora de las aterradoras imágenes.
-Se acerca una lucha –dijo sin emoción alguna, vacía.
El espacio negro se hizo presente de nuevo, nublando todo lo demás.
-Y tras ella siempre viene la muerte –finalizó la voz de Alice.
Distinguí un rostro, era el mío, estaba descompuesto en una mueca de sufrimiento, no estaba bien definido pero pude verlo.
-Lo siento –escuché a mi propia voz susurrar-. Es mi culpa.
Y tan pronto como entre, salí de las sombras, mi mano aferrada como acero alrededor de la de Alice se soltó al instante. Escuché el sonido de la puerta abrirse y al segundo siguiente logré ver a Jasper parado junto a ella.
-¿Estás bien? –le preguntó.
-Sí –contestó ella. El la abrazó, como si Alice fuera la vida entera.
Yo veía y escuchaba sin poder moverme, aún no lograba reaccionar.
-Pero ella no lo estará –sentenció Alice segundos después-. Bella lo que vimos…
-¿Así se ven tus visiones? –la interrumpí, sin siquiera moverme.
Negó con la cabeza.
-Las mías son claras –afirmó-. Es la primera vez que me pasa algo así, nunca había compartido una visión.
-¿Por qué dijiste todo eso?
-No quería hacerlo, pero las palabras salieron de mi boca y yo no podía detenerlas –admitió.
-¿Compartiste una visión con Bella? –escuché a Jasper preguntar.
-Muerte –dije-. Mi culpa –esas palabras colocadas en una misma oración no podían significar otra cosa que… la pelea de Edward y Andrew.
-Bella escucha no podemos confiar en lo que vimos –comenzó Alice-. Además no sabemos que es lo que significa así que…
-¡Claro que lo sabemos! –estallé-. Ellos se destruirán y todo por mí ¿No entiendes? ¡Todo esto es mi culpa!
-No Bella
-Debe haber algo que pueda hacer –me llevé las manos a la cabeza y la sostuve como si se fuera a caer en cualquier momento-. ¡Tengo que evitarlo!
-Jasper –escuché la voz de Alice angustiada.
Me estaba ahogando en mi culpa. ¿Cómo podía yo ser la causa de semejante atrocidad? Ojalá ninguno de los dos me hubiera conocido… ¿Por qué no pude quedarme en Forks? Por lo menos ahí no hubiera causado problemas…
Unas manos se posaron sobre mis hombros, estuve a punto de hacerlas a un lado, cuando sentí que algo luchaba contra mi culpa, una ola cálida me atravesó y en contra de mi voluntad me relajé.
Alice se acercó a mi con cautela.
-Bella no va a pasar nada, tengo más experiencia en esto, las cosas pueden cambiar –aseguró.
-Tengo que evitarlo –musité-. No quiero que peleen
-No lo harán –dijo Alice-. Ellos lo prometieron.
-¿Y si no pueden controlarse? –cuestioné.
-Tienen que hacerlo
-Me dijiste que si yo elegía esto podría terminar –le recordé.
-Eso es lo que creo –respondió-. Pero no se que pueda pasar en ese caso, recuerda que la otra vez –vio mi expresión-. No resultó bien, y no se que ocurrirá ahora, con las vinculaciones tampoco puedo ver.
-Pero existe la posibilidad de que acabe ¿no?
Frunció el ceño.
-No puedes elegir aún
-¿Por qué no? –pregunté exasperada, Jasper apretó ligeramente mis hombros y me volví a relajar.
-Aún no estás lista
-¿Cómo lo sabes?
-Por que se nota, tú aún no estás vinculada.
-No quiero que pase nada malo –dije asustada, sentía como Jasper intentaba relajarme.
-Todo va a estar bien…
-No lo sabes –la interrumpí.
Me miró fijamente, y me ofreció una sonrisa, era una máscara para ocultar sus verdaderos sentimientos, pero era demasiado tarde porque logré ver el destello de miedo atravesar los ojos de Alice.
-Tienes razón –admitió-. Por primera vez, lo ignoro por completo.
Cerré los ojos, esto no iba nada bien.
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Capitulo 10. Sospecha
-¿Qué puedo hacer? –le pregunté a Lila, en verdad estaba desesperada.
-Esperar
-¿Esperar? –casi grité-. ¿A que? ¿Qué se maten entre ellos?
Lila me miró fijamente, su expresión era de completa seriedad.
-Lo que quiero decir Bella –dijo con clama-. Es que no puedes hacer nada, no puedes forzarte por querer salvarlos…
-Pero la visión… fue algo aterrador –me estremecí.
-El futuro cambia constantemente
-Hablas como Alice –comenté.
-Pues eso es cierto –dijo-. Ya Bella, preocuparte no te hará ningún bien… me gustaría traer a –Lila hizo una mueca, al parecer quería recordar algo-. ¿Cómo dices que se llama el compañero de Alice?
-Jasper
-Me gustaría traerlo, para que pudieras estar tranquila
Suspiré.
-El ya ha hecho demasiado por mí –le dije.
Tiempo después, cuando la clase de Historia salía del salón, Andrew me llamó y me pidió que me quedara un rato más.
-¿Qué te pasa Bella? –preguntó-. Estuviste inquieta toda la clase.
-Que observador –dije.
Andrew sonrió.
-Tal vez no lo entiendas ahora, pero no puedo no fijarme en ti Bella –se acercó más a mí.
-¿Si te pido algo lo cumplirías? –le pregunté.
Sus ojos verdes no se despegaron de mi en ningún momento.
-Sí
-¿Lo que sea?
-Lo que sea –prometió.
-Pase lo que pase –musité-. No vayas a pelear con Edward.
-¿Eso es lo que tanto te preocupa?
-Por favor, sólo di que no lo harás, no quiero que ninguno salga herido…
Andrew me abrazó.
-Lo prometo Bella, pero ya no quiero verte sufrir así –besó mi frente-. No lo soporto.
-¿Algo te preocupa Bella? –Lena me preguntó esa noche.
-Nada –le sonreí.
Lena hizo una mueca, por supuesto que no podía engañarla.
-No te creo –se sentó junto a mí en el sillón, su mano rozó una de las mías, yo estaba tan concentrada en mis problemas que no hice intento por apartarla-. ¡Bella estás helada!
Me levanté del sillón y puse una distancia considerable entre nosotras.
-No te preocupes Lena, sólo tengo que cobijarme y entraré en calor –dije.
Mi hermana frunció el ceño.
-Déjame tomar tu temperatura –Lena se levantó-. Creo que tengo un termómetro en mi cuarto…
-No –la interrumpí antes de que siguiera avanzando-. Es decir… no es nada, me siento bien…
-¿Segura? –los ojos no se despegaban de mi rostro, sabía que me estaba dando un chequeo completo.
Asentí.
-Pero te veo algo pálida…
-Tengo sueño iré a dormir –la interrumpí, era mejor escapar antes que decidiera tomarme el pulso.
-Buenas noches
Esperé hasta escuchar que la respiración de Lena se regularizaba, sólo hasta entonces salí del departamento. Justo después de cerrar la puerta fui aprisionada por unos fuertes brazos.
-Bella ¿Estas bien? –reconocí la voz, era Edward-. Yo escuché los pensamientos de Alice… estaba recordando la visión que tuvieron…
Me di la vuelta para poder ver su rostro.
-Estoy preocupada –admití.
Edward colocó su mano en mi mejilla.
-Todo va a estar bien Bella –prometió.
-Eso espero
-¿Para que querías que viniera al hospital? –le pregunté a Lena la tarde siguiente-. ¿Necesitas que te traiga algo?
Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de mi hermana, ese tipo de sonrisas era a las que más les temía.
-Te voy a hacer un chequeo completo –dijo Lena.
-No es necesario… -debí saber que mi hermana no se daría por vencida tan fácilmente.
-Bella, no te vas a ir hasta que te revise…
-¡Dra. Swan! –una enfermera entró en la oficina-. ¡Código azul en el cuarto 208!
Lena se levantó de la silla y se dirigió a la puerta.
-¡No te atrevas a irte Bella! –escuché que me gritaba.
¿Qué iba a hacer? Sino accedía a lo que Lena quería, no me dejaría en paz…
Minutos después tocaba la puerta del consultorio de Carlisle.
-¿Qué pasa Bella?
-Necesito tu ayuda –dije al entrar-. Quiero que le finjas haberme revisado y le digas a mi hermana que tengo una salud perfecta.
-¿Sospecha algo?
-No, sólo cree que estoy enferma –contesté.
-Debes tener cuidado Bella, tu hermana no puede saber la verdad de tu condición –me advirtió-. No sabemos como reaccionaría.
-Tendré cuidado –prometí. Si mi hermana descubría mi secreto, corría el riesgo de perderla.
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Capitulo 11. Captura
-¿Tu hermana te creyó?
-No a mi, pero la vi más convencida cuando Carlisle le explicó que todo lo que tenía era cansancio –le contesté a Lila.
-No vuelvas a dejar que tu hermana se acerque mucho a ti –me aconsejó Lila-. No creo que se conforme con la opinión de otro médico si piensa que estás enferma.
-Tienes razón –concedí-. Puede ser muy terca si se lo propone.
Llegué al departamento cuando faltaba poco para el anochecer, Lena debería llegar en cualquier momento, me aseguraría que se durmiera y después saldría a recorrer la ciudad.
Cuando el reloj se acercó a las nueve… Lena aún no llegaba, quizás tendría problemas con alguno de los pacientes, tal vez a penas estaría saliendo del hospital… Me senté en el sillón a esperarla, de pronto, una sensación horrible se apoderó de mí, algo había salido mal. Lo sentía, estaba segura de ello…
Salí del departamento con rapidez, la sensación iba aumentando conforme caminaba por las calles, casi me ahogaba en la angustia cuando llegué a un callejón desabitado y la olí antes de verla, sangre… la de mi hermana. Yacía rodeada en el suelo, envuelta en un charco escarlata…
-¡Lena! –grité. Me arrodillé junto a ella, podía escuchar el esfuerzo de su corazón por seguir latiendo, su cuello tenía una herida… alguien había bebido de ella y luego la había abandonado para que se desangrara-. ¡No! ¡Tú no vas a morir!
Coloqué ambas manos sobre su herida, cerré los ojos. Este era el momento de usar mi don. La energía viajó más rápido que la última vez, tal vez por la rabia, el miedo y la angustia que sentía.
La herida comenzó a cerrarse, pero se estaba llevando toda mi energía para eso, no me importaba, mientras ella estuviera bien. Cuando se cerró por completo, caí junto a ella, estaba exhausta.
-¿Bella? –Lena abrió los ojos. Aún se veía un poco débil, pero parecía que iba a recuperarse. De pronto el miedo llenó sus ojos-. ¡Bella! ¡Tenemos que irnos de aquí!
-¿Que ocurre? –musité. La vi intentar ponerse de pie, sin éxito alguno.
-Ellos, los que me atacaron –su voz se tiñó de verdadero pánico. Su mano tocó su cuello-. Pero ¿Cómo?... Bella lo que te voy a decir es completamente cierto, unos vampiros me atacaron… y creo que siguen aquí cerca. ¡Debemos de irnos!
Estaba completamente fuera de sí, tenía que calmarla y llevarla al departamento. Pese a que todo mi cuerpo se quejó de dolor intenso logré levantarme. La tomé de sus manos y la ayudé a incorporarse.
-¡Rápido Bella! –estaba desesperada. Ella pasó una mano encima de mis hombros-. No puedo caminar bien… tienes que ayudarme el resto del camino…
-Tranquila –le dije, haciendo un esfuerzo por no caerme junto con ella-. Todo va a estar bien… no hay nadie aquí…
-En eso se equivoca señorita
Vi a Maximilian y a los otros vampiros que habían intentado atacarme, Lena gritó, supuse que sus atacantes habían sido ellos. Malditos fueran. Dejé a mi hermana en el suelo.
-¿Qué haces? –cuestionó-. ¡Debemos de huir!
No serviría de nada, ellos eran tres, más fuertes y más rápidos que nosotras.
-Lamento que tengas que ver esto hermana –le dije.
-¿Bella?
-No se acerquen a ella –cada palabra fue acompañada con un gruñido. Sentí como Lena se estremecía junto a mí. Dejé al descubierto mis colmillos.
-¿Por qué siempre tienen que ser las cosas de esta forma entre nosotros? –preguntó Maximilian con una sonrisa en los labios.
Me coloqué un paso adelante, cubriendo a Lena con mi cuerpo, ya casi no me quedaban fuerzas para seguir.
-No te preocupes, no es a ella a quien queremos –contestó Maximilian-. Pero creí que si la lastimaba tú vendrías hasta aquí.
Uno de los vampiros saltó sobre mí, no fui suficientemente rápida para esquivarlo. Lo golpeé con todas las fuerzas que fui capaz de reunir y el vampiro salió volando varios metros lejos de mí. Intenté levantarme, pero otro vampiro me atacó, me tomó de los hombros y me estrelló contra el suelo, escuché como el pavimento se quebraba debajo de mi cabeza. Levanté una de mis rodillas y golpeé al vampiro en el estomago, me soltó. De un salto, logré ponerme de pie, y para mi horror, los dos vampiros estaban listo para pelear de nuevo. Les gruñí, estaba lista para recibirlos. Fue cuando escuché el grito de Lena.
-Yo te tú dejaba de oponer resistencia –Maximilian tenía abrazada a mi hermana, los colmillos del vampiro estaban sobre su cuello, pero aún no atravesaban la piel-. O ella lo pasará muy mal.
Lena tenía los ojos desorbitados por el horror, yo ya no pude más. Caí de rodillas en frente de los vampiros.
-Por favor, no la lastimes –supliqué. Mi cuerpo quedó sin fuerzas y descendió hasta llegar al suelo de un golpe.
-Bella –los ojos de mi hermana ya no me veían igual que antes. Lena había descubierto que yo era igual que los que habían intentado matarla.
-Lo siento –musité.
-Mucho mejor –aprobó Maximilian-. Ya no te necesito –le susurró en el oído a mi hermana, vi como ella se estremecía.
Intenté levantarme, pero no logré mover ni siquiera un dedo. Vi como Maximilian tomaba a Lena del brazo y la aventaba lejos de si, mi hermana cayó al suelo, y ya no se movió, sabía que no estaba muerta, porque podía escuchar su corazón latir, pero no sabía si el daño había sido serio.
-¡Maldito! –por lo menos tenía fuerza para gritar.
-Levántala –escuché que Maximilian le decía a otro de los vampiros-. Tenemos que irnos.
Quise resistirme, pero mi cuerpo no parecía ayudarme, el vampiro me levantó del suelo y me puso de pie, tuvo que agarrarme de la cintura para que no cayera de nuevo.
-Vas a tener que llevarla cargando –le indicó Maximilian.
-Por favor ¡Tenemos que llevarla al hospital! –exclamé viendo a mi hermana.
-La encontrarán algún día –dijo Maximilian-. Además ya no debe de importante, de cualquier forma ya no la volverás a ver.
El otro vampiro me tomó entre sus brazos y me levantó del suelo. No pude hacer nada para evitarlo…
-Conocerás a Talon –me dijo Maximilian-. Nuestro jefe.
Lo único que me importaba era que alguien encontrara a Lena y la llevara a un hospital, de lo demás, me preocuparía después.
Capítulo 8: Licántropos
BELLA POV
.
La música resonaba por todo el salón, provocando que, con sus alegres melodías, los humanos bailaran acorde a ellas. Yo, por mi parte, me encontraba al lado de mi madre, quien aplaudía delicadamente con sus manos al son que agitaba su cabeza, de un lado hacia otro, mientras sus pupilas no se cansaban de ver aquel mortal espectáculo.
La llegada de los licántropos había sido el motivo para que, inmediatamente, mis padres iniciaran los preparativos de una fiesta que duraría toda la noche. Los hombres lobos – como también se les solía llamar – era una especie inmortal casi extinta y, al igual que nosotros, eran respetados por los mortales al ser considerados como seres poderosos y buenos, protectores y cazadores de vampiros…
Me encontraba absorta en mis pensamientos nada coherentes cuando sentí que alguien me miraba. Instintivamente, volví mi rostro hacia la izquierda y me encontré con la negra y profunda mirada del joven Jacob, quien, al saberse acreedor de mi atención, me dedicó una pequeña sonrisa. Bajé mi rostro y me sentí ruborizada. Movida por el nervio, comencé a jugar con la falda de mi vestido y, aunque sentí que se acercaba, intenté simular el no haberme dado cuenta.
"Majestad" – llamó, cuando estuvo frente a mí – "¿Me permite esta pieza?"
Cuando elevé mi vista a la altura de la suya, me arrepentí, pues su blanca sonrisa, en perfecto contraste con su piel cobriza y cabellos azabaches, cayendo sobre sus hombros de manera rebelde, lograron desconcentrarme.
"Lo siento, señor, no bailo" – contesté, lo más claramente posible, para lo que él, sonriendo, se inclinó ante mí.
"Para ser sincero, yo tampoco" – confesó y, a mi lado, escuché la pequeña risita de mi madre y de Alice, así como las miradas de mi padre, de mi hermano y de mi primo. Las mejillas adquirieron un color carmín realmente absurdo. Después, con movimientos elegantes y fluidos, tomó mi mano y depositó un beso sobre ellas, para que, al segundo siguiente, se pusiera de pie y caminara hacia donde sus hombres le esperaban
"¿Por qué lo rechazaste?" – reprochó Alice
"No lo hice" – me defendí – "Solo… le dije la verdad"
"¡Bella! ¿Acaso no te has dado cuenta que, desde que pisó el castillo, no ha hecho otra cosa más que mirarte?"
"En realidad no" – mentí, pues realmente, la intensidad de aquel par de pupilas era demasiada como para poder ignorarse.
"Bella…"
"Alice" – interrumpió Emmett, con voz divertida – "Deja a Bella en paz. Ya bastante bien sabido es que su humor no es muy animoso cuando se encuentra en fiestas, ¿Por qué no mejor le concedes a tu primo un baile?"
Mi pequeña hermana se puso de pie y, al poco tiempo, se encontraba danzando, con la gracia de un hada, al lado de Emmett.
"Esposa mía" – la voz de James llamó mi atención – "¿Me permites esta pieza?"
Victoria sonrió amorosamente, mientras alargaba su mano para entregársela a mi hermano. No tuvo que pasar mucho tiempo para que me quedara sola en el lugar y aquel lacerante e injustificable sentimiento de desierto y apesadumbres acudirían a mi pecho. Mis ojos se viajaron, por última vez, por la alegre e iluminada sala. Emmett no había exagerado al decir que las fiestas no eran de mi agrado; pero esa noche… había algo más…
Decidí salir de ahí, para tomar un poco de aire fresco. Una pequeña llovizna caía sobre Forks y mojó mis atuendos. Inspiré profundamente, pero ni la esencia más pura lograba curar aquel pesar.
"Alteza" – me sentí fatalmente molesta cuando mi cuerpo se giró, de manera automática, al reconocer aquella suave voz…
Tampoco estaba dispuesta a reconocer que cierto placer me comenzaba a inundar cada vez que le veía.
"¿Qué haces aquí?" – pregunté, para intentar disimular mi turbación
"Disfruto de la fiesta" – contestó, con su imborrable sonrisa irónica e, internándose hacia la espesura del jardín, añadió: - "Así que… tenemos como honorables visitas a los licántropos"
"Mi primo ha vivido en alianza con ellos, desde hace una década, aproximadamente"
"Y ahora vienen acá, para acabar con nosotros"
"Si quisieras, podrías intentar hablar con mi padre para crear un tratado de paz…"
"No" – interrumpió
"¡¿Por qué eres tan obstinado?" – reproché – "¡Podrías evitar muchas muertes!"
"Princesa" – se volvió, para verme – "Le pido, por favor, que no hable como si lo supiera todo en este mundo, por que ya le dije que no es así. ¿Acaso cree que si me presento frente a su padre, su hermano, su primo y, ahora, sus aliados, seré bienvenido? Me arrancarían la cabeza antes de permitirme decir la más mínima palabra. Si accedo a sus peticiones, lo único que conseguiría sería catalizar la guerra que se aproxima"
"Entonces… ¿Tú no quieres luchar?" – inquirí, sin poder ocultar la maldita esperanza…
¿Qué me importaba lo que él quisiera o no? Su gesto se suavizó, regalándome una pequeña sonrisa e inclinándose, para depositar un beso sobre mi mano. Sus labios tocaron, exactamente, el mismo lugar que, anteriormente, había sido acariciado por la boca del joven licántropo; sin embargo, lo que sentí, el choque eléctrico que se desbordó por mi piel, no tuvo comparación alguna.
"No quiero luchar contra usted" – aclaro, irguiéndose de nuevo. Le miré a los ojos y me sentí perdida en aquel mar oscuro que se reflejaba en ellos – "Princesa" – susurró, con voz dulce – "Permítame el atrevimiento de decirle que luce hermosa"
Me quedé sin palabras, hechizada ante la poesía que resultaban ser las sencillas y simples palabras expulsadas de su boca. Su cuerpo se fue inclinando, poco a poco, y una vaga parte de mi conciencia sabía lo que probablemente estaba a punto de suceder… Aún así, no fui capaz de girar el rostro o dar un paso hacia atrás. No. Me quedé estática frente a él, con mis labios entreabiertos en una clara invitación a los suyos, mareándome con la gentil caricia de su aliento que ya podía sentir sobre mis pómulos y deleitándome con la cálida descarga eléctrica que sus manos, sobre mi cintura, propinaban.
Bésame…
Como si hubiera deseado todo lo contrario, justo cuando nuestras bocas se encontraban a pocos centímetros, se alejó.
"Alguien viene" – musitó, mientras nuestras miradas se volvían a encontrar – "Tengo que irme"
"Si" – asentí, dando media vuelta para darle la espalda y ocultarle la desilusión pintada en mis pupilas.
Detrás, un aliento helado rozo la piel de mi cuello
"Hasta pronto..."
Cuando lo quise encarar, ya no estaba. Me llevé las manos a mi pecho, en donde el agujero desolador amenazaba con volverse a abrir.
"¡Alteza!" – una voz ronca se escuchó a detrás de mí – "¿Se encuentra bien?"
"Lo estoy" – afirmé, tratando de ocultar mi nerviosismo – "¿Acaso pasa algo?"
"En el viento está impregnado el olor de un vampiro" – informó, mientras viajaba la mirada de un lado a otro – "No debería de salir sola, y mucho menos a estas horas. Es peligroso"
"Me encontraba aburrida allá dentro" – confesé
"¿Y ha encontrado algo con qué distraerse?" - cuestionó, dejando el tema del vampiro por un lado.
Si, pero ya se fue…
"No"
"Entonces, ¿Sería mucho atrevimiento de mi parte si pido su consentimiento para acompañarla?"
"Por supuesto que no" – contesté, respondiendo a la cálida sonrisa que él me otorgaba.
El joven muchacho y yo nos encaminamos hacia una banca de piedra, ubicada a pocos metros de nosotros, y tomamos asiento
"¿Hace cuánto conoce, usted, a mi primo?"
"Tiene cerca de una década" – informó – "En realidad, es mi padre el que ha tenido más contacto con él. Cuando formaron las alianzas, yo me encontraba en otro reino"
"Le agradezco que haya aceptado ofrecernos su ayuda"
"Si en realidad está agradecida, ¿Podría pedirle un favor?" – esperé en silencio a que prosiguiera – "¿Podría dejar las formalidades a un lado? Me daría mucho gusto si de sus labios saliera el sonido de las simples palabras que forman mi nombre"
"De acuerdo" – asentí, huyendo su mirada
EDWARD POV
Sus labios…
Sus ojos…
Me resultaban tan… familiares…
"Edward" – la voz de Rosalie me llamó. Bajé de la elevada rama en la que me encontraba, para hallarme frente a ella – "¿Lograste conseguir alguna información?
"Es cierto. Aparte del Rey Emmett, han venido licántropos" – informé
"¡Maldita sea!" – exclamó la rubia muchacha, con la furia embargando sus facciones. La tomé entre mis brazos, para intentar tranquilizarla
"No supondrán ningún problema" – prometí – "Aún así vengan miles de enemigos más, la princesa Isabella no podrá librarse de mí"
"Yo no me siento tan segura como tú" – acusó – "¿Por qué no la matas ya?"
"Ya te conté lo que tengo planeado" – recordé – "¿Acaso no quieres ver como el príncipe James y el Rey Charlie se retuercen de dolor al ver que su hija ha muerto tras haber sido traicionada por el vampiro que tanto amaba? Eso es mucho mejor que una sola y simple muerte…
"Tienes razón" – acordó, con los ojos brillantes de crueldad. Tomó con violencia mi rostro entre sus manos y, con su boca casi rozando la mía, ordenó – "Ese es el motivo de tu existencia, recuérdalo: Tienes que hundir a la Realeza… Tienes que tomar venganza por todo lo que han hecho…"
"¿Por qué habría de olvidarlo?" – contesté, y nuestras bocas se unieron de manera desesperada y violenta.
JASPER POV
Baila, danza, vuela…
Desde mi lugar, mis ojos no podían parar de contemplarla...
Era tan hermosa…
No.
¡Qué vulgar!… Esa palabra no le hacía justicia. Ninguna lo haría… Jamás. ¿Acaso se podía describir la perfección de un ángel sin alas?...
Gira, sonríe, vuelve a girar…
Repentinamente, me sentí celoso de las manos que la tocaban. ¡Vaya tontería desear ser yo aquel joven! ¡Vaya osadía si quiera el imaginarlo! Alguien como yo nunca tendría el derecho de rozar su piel. Es más, ni si quiera debería serme permitido el poder contemplarla; pero lo estaba haciendo. Desde la puerta del castillo, junto a mis compañeros de la guardia, seguía cada paso que daba, cada movimiento de su falda, de sus pies… cada sonrisa de sus labios y cada exquisito brillo de sus ojos y el meneo de su suave y negro cabello cayendo por sus hombros.
Bella… eternamente divina… eternamente prohibida e inalcanzable…
"Jasper" – la voz de Peter llamó mi atención – "¿Qué tienes, hombre? Te he estado hablando desde hace varios minutos y no contestas"
"Me encontraba soñando" – contesté, sinceramente.
"¿Con una linda mujer?"
"Con una hermosa dama" – corregí
"¿Se puede saber quién ha logrado invadir los pensamientos de mi amigo?"
"No"
"¿Por qué no? Tu desconfianza me ofende"
"Por que ella es un sueño…" – respondí, con una triste sonrisa.
BELLA POV
"Es muy temprano para salir" – recordó Alice, sentada sobre su cama y con su mirada puesta fijamente en mí
"En un lindo día" – mi pequeña hermana alzó una de sus delicadas cejas mientras su atención se dirigía hacia la ventana que mostraba el oscuro cielo que comenzaba a mojar la tierra – "Para mí lo es" – aclaré
"Bella… ¿Por qué siento que me estás ocultando algo?" –
"¿Qué podría ocultarle a mi hermana?" – pregunté, esforzándome por esconder el nerviosismo que me invadían
"No lo sé" – admitió, inclinado su rostro hacia abajo – "Sigo sin poder ver tu futuro… Eso me aterra. No sabría qué hacer si algo malo te pasa…"
"Alice" – dije, mientras me acercaba a ella – "Nada me pasará. Todo está bien, ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?"
"¿Irás sola?" – inquirió, con sus facciones más relajadas. Asentí – "¿Por qué no le pides al joven Jacob que te acompañe?" – ofreció, de manera sinuosa – "Estoy segura que él estaría encantado de hacerlo"
"Alice…" – reprendí, intentando ocultar una estúpida sonrisita.
Mi hermana se mordió los labios, al mismo tiempo que me miraba de forma significativa
"Ayer te vi platicando con él" – acusó, mientras meneaba su cuerpo de un lado a otro, en una improvisada danza – "Y parecías sentirte muy cómoda a su lado. Y ni qué decir de él, ¡Sus ojos brillaban, literalmente!"
"Creo que mejor me voy" – decidí huir de ella y apresurándome hacia la puerta – "Nos vemos más tarde" – dije, ignorando las risitas que soltaba a mis espaldas.
Llegué hacia el establo aún con las mejillas sonrojadas y las manos un tanto temblorosas. ¡Mi hermana no tenía remedio! Cuando llegué a aquella parte del bosque, mi pequeño nerviosismo, creado por la imagen de Jacob, fue suplantado por uno mucho mayor…
Él no está…
¿Quién? - pregunté, mentalmente.
Él: Edward…
¡¿Y quién ha dicho que he venido a buscarle?
Vamos, Bella… no lo niegues, ¿A qué más has venido, entonces, a este lugar?
¿Acaso no puedo salir a dar un paseo?
Si, claro. Y habiendo tantos lugares que recorrer, vienes justamente aquí…
Resoplé fuertemente, intentando ignorar a mi molesta voz interior, y viajé mi mirada a alrededor
Ya te dije que él no vendrá… Deja de buscarlo
"¡No lo estoy buscando!" – gruñí, exasperándome conmigo mismo… ¡Genial! ¿Qué persona coherente se pelea con su propia conciencia?... Solamente faltaba que me estuviera volviendo loca.
Ante la frustración (y dado que, estaba segura, nadie me veía) decidí desahogarme propinándole una patada enérgica a un grueso árbol. Cuando sentí el punzante dolor llegar a la punta de mis dedos, supe que había sido una muy mala idea.
Comencé a lloriquear, mientras me sentaba debajo del mismo árbol y me alcazaba el pie herido para poderlo sobar. Fue entonces cuando escuché una pequeña risita, justo arriba de mí. Alcé la mirada y el dolor se me olvidó al verlo ahí… con la burla incrustada en su mirada y en sus labios.
Sentí como mi rostro se endurecía y los dientes me rechinaban cuando él se apareció frente a frente.
"¿Le duele mucho, Majestad?"
"No es de tu incumbencia" – contesté, disfrazando lo mejor posible el dolor
Él soltó otra pequeña risita, por lo cual le miré de manera envenenada
"Lo siento" – se disculpó – "Pero se hubiera visto. Parecía una pequeña niña caprichosa"
"¿A ti qué más te da? – inquirí, mientras giraba mi rostro hacia otro lado, de manera indignada, y me abrazaba las piernas, para posar mi quijada en mis rodillas.
Sabía de ante mano que mi actitud era completamente infantil, pero no encontraba algo mejor con lo cuál defenderme…
Estúpido vampiro…
Me abstuve a volver la mirada hacia el frente, así que me sorprendió mucho lo que pasó en ese momento. Mientras, enfurruñada, miraba sin ver el paisaje que se mostraba a mi costado, un aliento fresco llegó a mi mejilla derecha y después… el tacto de unos suaves y fríos labios se posaron sobre ella.
"No tienes idea de cuán adorable te miras cuando te enojas, Bella…"
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Capítulo 9: Rechazo
EDWARD POV
…
¿Qué estaba haciendo?
Separé mis labios de esa piel sonrojada, suave y delicada…
Debo admitir que eso no estaba en mis planes. Movido por un extraño e incontrolable impulso, la había besado.
Escuché el latido de su corazón acelerarse…
Bueno, tal vez no estaba tan mal después de todo. Si ella había reaccionado de esa manera, se podía deber a solamente dos cosas: O le había causado miedo o… se había emocionado…
Si la segunda opción era la acertada, mi batalla estaba ya casi ganada. Tenía que averiguarlo rápidamente. No había tiempo que perder. Entre más rápido cayera ella en mis redes, entre más rápido pudiera cobrar mi venganza, mucho mejor. Me ahorraría la pena de tener que estar a su lado. Aproveché su inmovilidad y me acerqué otra vez… lenta, pausadamente,… mis labios se entreabrieron, aproximándose, acortando la distancia que cada vez se hacía más extinta. Llevé mis manos a ambos lados de sus brazos y la sentí temblar bajó mi fría piel…
Perfecto… Sólo un poco más…
– ¿Pero qué crees que haces? –
Los papeles cambiaron y, esa vez, fui yo quien se quedó absolutamente quieto ante su inesperado rechazo que vino acompañado de una bofetada – que fuera de lastimarme físicamente, me hirió hasta lo más profundo de mi orgullo – ¿Qué había pasado? ¿Cómo…? Estaba completamente seguro de tenerla a mi merced… yo…
– ¿Qué pensabas hacer? – exigió una explicación que yo no tenía preparada.
Debo admitirlo (y aunque se escuche estúpido, recordando que yo soy un vampiro), me encontraba atónito, ¿Es qué acaso no iba a poder conquistar a esta insignificante muchachita? Mi mirada se encontraba pegada a la suya, expectante, con el chocolate congelado. Era extraño, pero ese gesto endurecido me lastimaba en cierta parte del alma que no lograba descifrar.
– Lo siento – si, lo sé; no encontré nada mejor que decir.
– ¿Me ibas a besar? –
– No – su mirada escéptica me dejó claro que mi mentira no había sido convincente, así que ideé otra manera de liberarme. Al final de cuentas, la persuasión era algo que se me daba fácil (o al menos, eso creía) – ¿Acaso quería que la besara?
– De ninguna manera – contestó, suplantando la frialdad de su rostro por un gesto arrogante y ofendido
– Pues parecía – discutí, con una sonrisa descarada – No se movió ni un solo centímetro, ni hizo nada por rechazarme, hasta el último momento.
– Ahora me hablas de usted – señaló, aceptando mi juego. Lo supe por la mirada que me dedicó – Hace un par de minutos me llamaste por mi nombre y no solo eso, me llamaste Bella. Te estas tomando demasiadas confianzas, ¿no crees?
Tardé más de lo debido en contestar, pues, de nuevo, me había dejado sin palabras. Si, era cierto, me había atrevido a nombrarle… Y eso si que no había sido parte del plan. Simplemente había salido disparado de mis labios con una familiaridad insulsa, pueril…
– Le ofrezco mis disculpas si es que la ofendí con mi atrevimiento – dije – Sé que no es justificación suficiente lo que le voy a decir, pero espero logre comprender que, en su compañía, me es fácil olvidar quién soy.
Intenté tomar su mano entre las mías, para depositar un beso sobre ellas, más sin embargo, ella no tardó en rechazarme.
– No es necesario que me lo dijeras – dijo, poniéndose de pie con la barbilla en alto y alisando la falda de su vestido. Al parecer, aún seguía molesta por que me había burlado de ella. Y es absurdo lo que pasaba conmigo, pero me encontraba fascinado ante su actitud tan orgullosa. Tanto que, cuando ella me dio la espalda y caminó, alejándose, la seguí, a cada paso que dio – Eso está más claro que el agua. Siempre te burlas de mí, ante la más mínima oportunidad que se te dé. No sabes lo que significa la palabra respeto. No existe en tu vocabulario.
– La he hecho enojar – me disculpé, luchando por no soltar la risa que se asomaba a mi garganta – ¿Qué puedo hacer para que su Majestad perdone mi osadía?
– Desaparecer de mi vista – contestó, de manera rápida y volviéndome a encarar, para afirmar con su mirada lo que sus labios habían dicho.
Me dolió.
Si… Así de sencillo…
Esas palabras habían ocasionado que mi pecho se contrajera por la lacerante punzada que sintió recibir e, instintivamente, me pidió buscar un remedio, una cura… La cual, una voz interior me dijo, sólo podía ser ella: la misma que había sembrado ese mal.
Di dos pasos hacia el frente, los mismos que nos separaban, y, sin pensarlo o estar conciente de lo que estaba haciendo, tomé sus brazos entre mis manos y la jalé hacia mí. Fue maravillosa la forma en que mi boca buscó su camino hacia la suya; como si lo supiera de memoria, como si, anteriormente, lo hubiera recorrido una y miles de veces más. Apreté mis dedos sobre su piel al percatarme del pequeño forcejeo con el que pretendía separarnos. No se lo permití. No la iba a dejar ir… Por el contrario, aproveché el pequeño suspiró que emitió para adentrarme más en aquella cueva de dulzura. Mis manos bajaron hacia su cintura cuando su tenacidad se vio doblegada y sus brazos cayeron a sus costados y fue entonces cuando, inquietado por la incertidumbre de saber si se había rendido por resignación o por gusto, la liberé.
Cuando abrí mis ojos, los de ella estaban aún cerrados y tardaron un par de segundos en hacer lo mismo. Nuestras miradas se encontraron y me vi en la obligación de desviar mi atención del tentador rubor de sus mejillas que comenzaba a perturbarme.
En ese instante fue cuando estuve seguro de una cosa: Isabella era peligrosa… demasiado. Sonreí en mis adentros. Jamás imaginé tener como enemigo principal a alguien tan difícil como ella; pero que ni creyera que me iba a rendir tan fácilmente…
– ¿Ve como si quería que la besara? – pregunté, haciendo a un lado a la traicionera voz que me había tentado a actuar de esa manera tan reprobable hacia pocos segundos.
Vi como su quijada se tensaba, al mismo tiempo que su mirada se cristalizaba. Después, sin que yo me lo esperara, me apuntó con un filoso puñal, que traía empuñado en la faja de su vestido. Sentí la afilada punta de acero tocar mi piel…
Qué lastima que no se atrevió a matarme, hubiera sido una oportunidad esplendida, de esas que no se repiten en siglos.
– La próxima vez que te atrevas a besarme, ten por seguro que por muy vampiro que seas, vas a morir.
Me quedé, bastante tiempo, plantado en el mismo lugar después de que ella se fue. Con una serie de imágenes invisibles nadando en mi cabeza, trayendo con ellas demasiada confusión…
EMMETT POV
– Te ves aburrido, primo – señaló James, entrando por la sala y mirándome con gesto divertido
– Lo estoy – admití, con un suspiro pesado y hundiéndome más en el sillón – debo confesarte que esperaba que la cacería de vampiros empezaría rápido.
– No podemos irnos tan deprisa y sin tomar precauciones – dijo, tomando asiento frente a mí y entrelazando sus dedos, con gesto preocupado – La vida de muchos humanos está en juego.
– Lo sé, lo sé – acordé – disculpa. No es que no me importe el bienestar de la gente de tu reino; es sólo que suelo ser demasiado impaciente.
– Eso ya lo sabemos – dijo, con una sonrisa extendiéndose en sus labios – aún no me logro explicar cómo es que tu reino no se ha venido abajo con lo intrépido que eres.
– Es que he aprendido a controlarme
– Pues no lo parece – señaló, poniéndose de pie y pegándome un puñetazo amistoso al pasar a mi lado – Lamento que tengas que esperar más días para que comience la cacería de vampiros – se disculpó – Escuché que Alice quería dar un paseo por el pueblo. Estoy seguro que estaría encantada de que fueras con ella
– No, gracias – me negué con rapidez – A pesar de que han pasado décadas de aquel día, aún puedo recordar con precisión cuando acepté ir con ella a un paseo. Ha sido lo más tortuoso que he pasado en mi vida.
James soltó una carcajada
– Entonces, si gustas, mañana podemos salir a cabalgar – ofreció – Hoy me es imposible. Quedé con Victoria de ir a dar un paseo por los jardines…
– No te preocupes – calmé – Sé lidiar muy bien con el aburrimiento yo sólo…
Permanecí un poco más de tiempo en aquella estancia después de que mi primo se fuera y, tras caminar hacia la ventana y contemplar en nublado paisaje que se pintaba frente a mis ojos, decidí por ir a explorar esas tierras que me invitaban, con sus grandes y frondosos pinos, a sus aposentos.
– Mi Señor – dijo uno de mis hombres, al ver la rapidez y entusiasmo con que montaba mi caballo – ¿Quiere que le acompañe?
– No, gracias – respondí, mientras dominaba las cuerdas que se ataban al hocico del animal – Sólo iré a dar un paseo.
Salí disparado del castillo, en cuanto sus puertas se abrieron, y sonreí al sentir cómo el viento y la brisa fresca alborotaban mis cabellos, al mismo tiempo que unas pequeñas gotas de lluvia mojaban mi ropa…
Libertad, aventura, poder…
Esas tres cosas eran lo más preciado en mi existencia y no me imaginaba, ni si quiera de lejos, que ese paseo traería consigo al único motivo que suplantaría todos mis antiguos anhelos por uno mucho más preciado…
JASPER POV
– Muchacho – llamó el Rey Charles, al entrar a la cocina y ser el primero que sus ojos encontraran
– Me paré de mi asiento rápidamente, para recibirle
– ¿Se le ofrece algo, Mi Señor?
– Mi hija quiere ir al pueblo – informó – Ve y dile al cochero que aliste el carruaje
– Lo siento, Mi Señor, pero eso será imposible – interrumpió Charlotte, entrando con una cazuela entre sus manos – La persona de la que usted requiere no ha venido a trabajar, su mujer ha venido hoy, muy de mañana, y ha hablado con Mi Señora, para informarle que su esposo se encuentra enfermo.
– Qué pena – se lamentó el Rey, suspirando resignadamente – Mándale, con uno de los criados, una canasta con leche y pan – ordenó a la cocinera – Iré a decirle a mi hija que, por hoy, no podré complacerla…
Justo en ese instante, la Princesa Alice apareció, trayendo consigo un delicioso perfume que me envolvía con su dulce fragancia y me desconectaba del mundo entero.
– Padre, ¿Ya está listo el carruaje?
– No, mi querida niña – contestó el Rey, pasando amorosamente su mano por la pálida mejilla – Lamento decirte que no podré complacerte esta vez. El chofer se encuentra enfermo y no ha venido a trabajar
– La Princesa hizo una pequeña mueca de disgusto, la cual se borró al viajar su mirada alrededor y fijarla en mí.
– Jasper – me sorprendió demasiado que recordara y me llamara por mi nombre - ¿Sabes manejar un carruaje?
– S-si – asentí
– ¿Te molestaría si te pidiera que me lleves al pueblo?
¿Quién podría molestarse en servir a un ángel?
– En absoluto, su Majestad – contesté
– Pero jovencita – terció su padre - ¿Cómo se te ocurre que permitiría yo el que fueras solamente en compañía de este joven guerrero? Es arriesgar tu seguridad solo por un capricho.
– ¿Por qué no? – discutió Alice, amablemente – Iba a ir con el cochero, resulta prácticamente lo mismo. Es más, Jasper sabe dominar a la perfección las riendas de los caballos, ¿no es así?
– Hago lo mejor que puedo – balbuceé
– No es de su poca capacidad para dominar a los caballos de lo que no me fío – volvió a interferir el Rey – si no de la intrepidez que semejante cualidad les otorga. Mucho más si se trata de espíritus jóvenes como el suyo
– Alteza, yo jamás arriesgaría a la Princesa con semejante acción – me defendí, hablando sin pensar, pues el sólo hecho de imaginarla herida, me aterraba.
– ¿Ves padre? – apoyó la pequeña y hermosa muchacha – No hay por qué temer. Jasper es de confianza, lo demostró justo el día en que obedeció las órdenes de mi hermana y me trajo a salvo al castillo.
El Rey Charlie quedó en silencio por un momento más, con la preocupada mirada viajando entre su hija y yo.
– Papá... Por favor… – insistió ella, con un gesto tan tierno y peligrosamente suplicante que, sin necesidad de mucho esfuerzo o inteligencia, supe cuál iba a ser la respuesta.
– Te encargo mucho a mi hija – soltó el Rey, con voz cansada y resignada – Cuídala con tu vida
– Si, Señor – prometí, rápida y automáticamente. Aunque él bien pudo tomarlo como una muestra de compromiso y respeto.
Me adelanté hacia donde el carruaje se encontraba, le até las riendas de los caballos – exagerando en los cuidados – y me quedé inmóvil, sintiendo como los latidos de mi corazón estaban completamente acelerados.
– ¿Nos vamos? – la suavidad de su voz me hizo pegar un brinco – Disculpa, ¿Te asuste? – preguntó, con una sonrisa en sus labios
– No – contesté, mientras le ofrecía mi ayuda para que pudiera subir – Solo me tomó desprevenido.
– El soñar despierto te inhibe del resto de los sentidos y eso, para un guardia, no es bueno – bromeó
Me obligué a retirar mi vista de la forma de sus labios… No podía permitirle a mi mente ir más allá. Tomé las riendas de los caballos y les hice cabalgar hacia el pueblo. El camino transcurrió en completo silencio y eso, de alguna manera, estaba bien… No debía permitir que su belleza me cautivara más de lo que ya lo había hecho. Ella era prohibida, Mi Princesa… y yo… yo sólo era un humano más que se estaba enamorando…
– ¿Siempre eres así de callado? – inquirió, parando de caminar por el mercado en el cual, a cada paso que daba, la saludaban y reverenciaban.
Frené mis pasos y permanecí con mi distancia de un metro, atrás de ella.
– Vamos, acércate – pidió, con gesto entre divertido y consternado – No muerdo. Puedes caminar a mi lado
– No creo que sea lo apropiado, Alteza – dije, con voz baja, para que las personas que se encontraban atentas a la escena no me alcanzaran a escuchar – Mi deber es ir vigilando sus pasos y prevenirla de cualquier peligro que pueda llegar atentar contra usted. Eso no me sería posible si voy a su par.
La Princesa no discutió más al respecto; pero fui conciente de la mirada que me dio, una mirada la cual no supe descifrar. Continuó con su paseo, saludando amablemente a las personas que se le acercaban. Y fui testigo de cómo su rostro se mostraba incomodo por las muestras de respeto que se le rendían.
Volvimos al carruaje con un silencio mucho más penetrante, el cual se hacía más incomodo con la oscuridad que la caída de la noche comenzaba a traer. Tiré más fuerte de las cuerdas para hacer que los caballos aceleraran sus pasos, había algo extraño en el viento que me enchinaba la piel. Giré mi cabeza, solo para ver si la princesa iba igual de inquieta que yo, pero solo fui capaz de comprobar que se encontraba viendo fijamente el paisaje que se materializaba a su costado derecho sin ningún tipo de emoción en su rostro.
– ¡Corran! – grité a los animales, quienes con un relinche accedieron a mi orden.
Me sentí desperado al no visualizar el castillo. Era extraña la facilidad con la que obedecía a aquella voz interior, llena de aflicción, que me gritaba que tenía que apresurarme por que ella podía estar en peligro…
– ¡Jasper, ten cuidado! – su voz llegó al mismo tiempo que sus brazos, los cuales me jalaron hacia adentro del carruaje, el cual perdió el control y se fue a estrellar a una pared de tierra que se despidió de unos pequeños trozos de piedra ante el impacto.
– ¡Princesa! – exclamé, incorporándome rápidamente, para verificar si no había sufrido algún daño – ¿Se encuentra usted bien?
– Silencio – susurró – Estoy bien, no te preocupes
– ¿Qué pasa? ¿Por qué hizo eso? Fue demasiado peli…
– Estás sangrando – señaló, con los ojos bañados de preocupación. Me llevé la mano hacia la parte izquierda de mi frente, en donde pude palpar un cálido y espeso líquido que pintó mis dedos.
– No es nada – calmé, y justo al segundo después, un movimiento salvaje revolvió a la carroza, haciéndonos perder el equilibrio a ambos.
– Son ladrones
Y era cierto, lo dijo como un anuncio ante su llegada, pues los hombres sucios y malolientes aparecieron frente a nosotros al instante.
– ¿Qué es lo que quieren? - exigí saber – No traemos nada de valor, largo de aquí
Sus risas escandalosas se levantaron por el aire
– ¿Qué no traes nada de valor, dices?" – preguntó uno de ellos, clavando su fiera mirada en la mujer que detrás de mí se encontraba – ¿Y ella, Tu Princesa, qué es entonces?
– Nos han estado siguiendo – aventuré, pues se veían demasiado confiados en lo que hacían. Tensé la espalda frente a ellos, cuando se atrevieron a dar un paso hacia el frente, para acercarse.
– Vamos, muchacho. No hagas esto más difícil – trató de persuadir el hombre que había hablado antes – Coopera con nosotros y hasta te puede ir bien. ¿Cuánto crees que estén dispuestos a dar el Rey Charlie y el príncipe James por ella?
– Si son estúpidos – me burlé, sin dejar de estar atento a cada uno de sus movimientos – ¿Acaso creen que ellos se doblegan ante nosotros, unos simples humanos? ¿Se les olvida lo que son, el por qué son venerados y respetados? Son inmortales. Lo único que están ocasionado en este momento es su muerte en la hoguera
– Te equivocas – discutió otro de ellos, uno mucho más joven y de aspecto rebelde – "Los únicos inmortales aquí son los vampiros. Ella – señaló a Alice con un movimiento de cabeza – Puede morir tan fácilmente, como nosotros, si no se le es retirada a tiempo. Lo única diferencia entre los mortales y La Realeza es que ellos jamás envejecerán
– Sus heridas también se curan rápido, cosa que nuestro cuerpo no es capaz de hacer
– ¡Ba! – exclamó, en defensa – Para herir a un vampiro se necesitan armas especiales, exclusivamente diseñadas con un filo capaz de penetrar su piel. En cambio ella, al igual que los licántropos, basta con tener al alcance de la mano una daga común y corriente para desangrarlos. El hecho de nunca envejecer – repitió, con exasperación – es solamente esa característica la que les quita el título de humanos. Sin ella, ahora mismo estuvieran postrados ante los pies de quienes, en realidad, deberían ser nuestros Reyes: Los vampiros
– Así que se trata de eso – descifré – Están aquí, recibiendo ordenes por parte de ellos, de los chupasangre
La forma en que sus labios se estiraron y el brillo malévolo de sus ojos me dieron la respuesta.
– Y díganme, si tan fuertes son tus señores, ¿Por qué no vinieron ellos mismos a realizar la tarea que les han demandado?
– ¡Y quién eres tú para pedir explicaciones! – se alteró el primer hombre que se presentó, sacando un puñal y apuntándome con él – ¡Hazte a un lado y coopera con nosotros, si no quieres morir!
El único movimiento que hice fue el de empuñar lo mejor posible la espada para poder defenderla. No sabía cómo lograrlo, pero en mi cabeza sólo había cosa en claro: Bajo ninguna circunstancia dejaría que le hicieran daño. Recibí el primer ataqué justo al segundo siguiente, lo esquivé, sin ninguna complicación, hasta que más danzas punzo cortantes se elevaron por el aire, amenazando con tocar mi piel.