Dark Chat

miércoles, 12 de mayo de 2010

Mi Corazon En Tus Manos

CAPITULO 9


Emmett caminó lentamente hacia la cocina mientras masajeaba su dolorido hombro. Cuando Peter, que estaba sentado a la mesa, lo vio entrar no pudo contener el sonreír con mofa. Le hizo una seña para que se sentara a su lado mientras Charlotte, una de las doncellas, les servía el desayuno.


-Gracias a Dios que el Rey Carlisle te revisó las heridas -le dijo Peter -Si la reina no hubiera insistido para que te trataran esos golpes hoy no te podrías mover -se rió. Emmett lo miró haciendo una mueca.


-Aún no me explico que fuerza imperiosa te obligó a actuar así -se maravilló el capitán.


-Yo tampoco me lo explico -susurró Emmett para el cuello de su camisa.


-Pero disfruté cuando le pateaste el trasero a ese sangre azul -le palmeó en la espalda haciendo que Emmett emitiera un gruñido de dolor.


-Oh, lo siento, Emmett -se disculpó Peter. -Creo que hoy no deberías acudir a la instrucción -le sugirió. -Los muchachos soportarán que por un día no sigas adentrándolos en el oscuro mundo de la intriga y el espionaje.


-¿Desapruebas mis métodos? -le cuestionó Emmett mientras llenaba su jarra de vino dulce.


-Sabes que no y menos después de lo que me has contado -le aseguró.


-Entonces ¿has hecho lo que te pedí? -le preguntó el guardia.


-Sí, Benjamin partió de madrugada -le confirmó Peter.


Emmett asintió antes de vaciar el contenido de su jarra.


-Aunque como te dije ayer, creo que deberías poner al rey al corriente -le advirtió el capitán.


-No es necesario alarmar a nadie por una ligera sospecha -le contradijo.


-Sí pero...


-Y te rogaría que no lo comentases con nadie -le interrumpió. -En caso de que fuera cierto sería una complicación si llegase a oídos inadecuados.


Peter concordó con un movimiento de cabeza.


-Por ahora con estar prevenidos será más que suficiente -concluyó Emmett mientras se levantaba y se dirigía a la puerta. -Te espero en el Patio de Armas.


-Muy bien. Creo que les pediré a los chicos que lleven una vasija con linimento de laurel para el entrenamiento -se rió Peter al ver su gesto dolorido al caminar. Emmett le dedicó un mohín mientras salía de la cocina.


-Me consideráis demasiado ingenio si pretendéis hacerme creer que ese es el único motivo por el que queréis quedaros -la voz de Jacob resonó en la antesala.


-¿Queréis hacer el favor de bajar la voz? -le reprendió Bella.


-¿Tenéis miedo de que me escuche vuestro Príncipe Edward? -le inquirió lleno de sarcasmo.


-Ya os he dicho que no hay tal cosa -le aseguró Bella -Y sí, no quiero que nadie escuche nuestra absurda discusión, Alteza. Os recuerdo que somos invitados en este castillo.


-Sí, comportémonos. O sus padres pensaran que una princesa tan poco recatada no es digna de su hijito adorado -añadió él con tono hiriente.


-¡Jacob!, ya es suficiente -le instó Bella. -Estáis sobrestimando el concepto que tengo de nuestra amistad, además de sobrepasar el límite aprovechando que os tengo estima y que no quiero ser descortés con vos -le reprochó.


-¿Descortés en qué sentido? -quiso saber él. -¡Decídmelo! -insistió en vista de su silencio.


-Le he dado las explicaciones pertinentes a mi padre, como es mi deber -dijo Bella al fin. -Y os las estoy dando a vos sin necesidad de hacerlo pues no hay ningún tipo de vínculo entre nosotros que me obligue a ello, excepto el de nuestra amistad. Si vos pensáis que si lo hay, me veré en la obligación de aclararos que no es así y de pediros encarecidamente que os abstengáis de hacerme reproches que no os corresponden.


-Sí, tenéis razón al afirmar que no tengo derecho alguno para reprocharos nada -dijo entre dientes -pero, tan cierto como que por mis venas corre la sangre de los Antiguos Reyes de Dagmar, que haré todo lo que esté en mi mano para que eso cambie.


Dicho esto, giró sobre sus talones y comenzó a bajar la escalinata hacia el patio exterior. Bella permaneció estática mientras lo observaba salir, sin terminar de explicarse a que se debía ese cambio tan brusco en el joven. Jacob siempre se había mostrado afable y respetuoso y no entendía el porqué de su comportamiento tan tosco de esos últimos días. Bella escuchó pasos acercándose a ella y volvió su rostro para comprobar que era su padre.


-¿Has visto a Jacob? -le preguntó desde lejos.


-Te espera fuera, padre -le indicó.


-Muy bien. -Charles se detuvo ante ella.


-Gracias por permitirme permanecer un tiempo más aquí -sonrió Bella.


-No creas, no estoy del todo convencido -dudó Charles.


-Padre -quiso replicar Bella.


-De acuerdo, dejaré que te encargues de esa escuela tuya -concordó reticente -He de reconocer que ha estado funcionando bastante bien en Breslau.


-Y en Asbath -añadió con aire triunfal. Charles resopló.


-Aún así, en cuanto lo organices todo quiero que vuelvas a Breslau -le ordenó.


-¿Por qué la urgencia, padre? -preguntó ante tal seriedad.


-Hay otro asunto del que debes hacerte cargo -le informó.


-¿A qué te refieres? -se extrañó Bella.


-A tu matrimonio.


Bella sintió que todo el aire de sus pulmones la había abandonado de súbito. No podía creer que eso estuviera pasando.


-Pero creí -titubeó. -¿Me has concertado un matrimonio? -Bella hizo un gran esfuerzo por contener las lágrimas que inundaban sus ojos.


-No, hija -la contradijo rápidamente. -En su día te otorgué cierta libertad para ello y no pienso retirar mi palabra ahora -le aclaró -aunque bien sabes cual es mi preferencia.


-El Príncipe Jacob -susurró Bella bajando el rostro.


-Como te dije en su día, estoy dispuesto a escuchar tu propuesta pues sé que te guiará tu buen juicio pero, no puedo esperar eternamente, Bella -objetó Charles.


-¿Me estás dando un ultimátum? -le reprochó.


-No es eso y lo sabes. Pero tienes que aceptar que tienes edad más que suficiente para casarte -añadió. -Sólo quiero que empieces a tomarte ese asunto con la debida responsabilidad. Al fin y al cabo, en un futuro, mi reino pasará a manos del que sea tu esposo.


Bella no pudo discutir tal alegato, por mucho que le doliera, su padre tenía razón. Era su deber como princesa heredera el unirse en matrimonio con alguien apropiado. Y visto así parecía un simple negocio, una simple transacción.


Era ese el motivo por el que se mostraba siempre tan estricta con Alice y sus sueños de princesita romántica enamorada del príncipe azul. Eso estaba prohibido, no les estaba permitido. Eran ilusiones efímeras y tan frágiles como una burbuja de jabón y era insensato dejarse llevar por ellas, resultaba mucho más doloroso al tener que enfrentar la verdadera realidad.


-Está bien. En cuanto organice la escuela regresaré a Breslau, completamente predispuesta a complacerte -aceptó al fin con resignación. -Pero tienes que prometerme que no aceptarás ningún compromiso en mi nombre -le pidió.


Charles afirmó con la cabeza y se aproximó para abrazar a su hija.


-Te voy a extrañar -le dijo.


-Cuidate mucho, padre. Hasta pronto.


Charles besó a su hija en la frente y se separó de ella para marcharse. Bella lo vio dirigirse hacia Jacob, que lo esperaba al pié del carruaje. Bella se preguntó si habría sido preferible enfrentar de una vez su destino, en vez de dilatarlo al querer permanecer por más tiempo en aquel castillo.


Alice respiró profundamente antes de llamar a la puerta. Hubiera preferido no encontrarse en semejante situación, pero no podía negarle nada a Bella. Además, sabía que esa idea repentina de formar la escuela había sido la primera excusa plausible que le había venido a la mente al tratar de justificar frente a su padre sus deseos alargar su estadía en Los Lagos.


La voz de Jasper sonó desde el interior del escritorio instándole a entrar.


-¿A qué debo tan grata visita? -preguntó levantándose con una sonrisa dibujada en sus labios.


-Quisiera discutir algo con vos -respondió.


-Decidme, mi señora -Jasper le indicó que se sentará.


-En realidad, vengo a solicitar vuestro permiso, mi señor -rectificó dudando.


-¿Permiso? -preguntó extrañado -¿Para qué?


-Para formar una escuela -dijo quedamente. -Os aseguro mi señor que Bella sabe lo que hace -se apresuró a aclarar. -De hecho, sería la tercera escuela que formaría. En Asbath, los aldeanos están muy contentos pues es una forma de que sus hijos más pequeños que aún no están en edad de trabajar estén atendidos y sean educados. Bella está muy entusiasmada, como siga así va a escolarizar cada reino sobre la faz de la tierra. Le tengo dicho que...


Jasper alzó su mano pidiéndole que detuviese tan atropellado discurso. Alice guardó silencio bajando su rostro, al darse cuenta de que, de nuevo, se había excedido en su proceder.


-No lo creo necesario -le informó.


-¿Entonces no lo aprobáis? -le preguntó Alice con una clara nota de decepción en su voz.


-Quiero decir que no es necesario que pidáis mi consentimiento para tomar ese tipo de decisiones. Sois soberana de estas tierras y tenéis el justo derecho de decidir -le aclaró.


-Pero soy inexperta, mi señor y me aterra el errar en mi decisión y llegar así a perjudicar el futuro de nuestro pueblo -admitió resignada.


-No creo que una escuela sea algo que pueda perjudicar a nuestro pueblo, más bien todo lo contrario -la contradijo sonriendo.


-Sabéis a lo que me refiero -quiso reprocharle. -No podéis negar que conlleva una gran responsabilidad.


-Disculpadme -le dijo -y sí, claro que os entiendo. Muchas veces me he encontrado en ese tipo de situaciones, el hallarte en una encrucijada de esa índole sin una mano amiga que se tienda ante ti indicándote el camino a seguir.


Alice asintió y fijó sus ojos en sus manos que descansaban sobre su regazo, pensativa.


-¿Sucede algo, mi señora? -se preocupó Jasper al ver su expresión. Alice vaciló antes de continuar.


-Pensaba que, además de soberanos, somos esposos y como tales deberíamos apoyarnos -dijo sin levantar su mirada. Jasper no pudo ocultar su asombro ante tal afirmación.


-Ya sé que yo necesito vuestro consejo más que vos el mío -reconoció Alice. -Sólo puedo ofreceros una visión diferente a la vuestra que tal vez os diera algo de claridad en momentos de indecisión -concluyó tímidamente.


-¿Compartiríais conmigo vuestras inquietudes e ideas? -preguntó Jasper con cierta expectación en su voz.


-Si vos quisierais escucharlas -titubeó.


-Estaría encantado, mi señora -sonrió Jasper. Alice le devolvió la sonrisa. -No dudaré en llamaros cuando algún asunto de estado me aflija.


-Espero no induciros a enemistaros con todos los Reinos colindantes y provocar una guerra entre ellos -alegó con preocupación. Jasper no pudo evitar reír con su ocurrencia.


-Aunque dudo que se diera el caso, tengamos un poco de confianza en nuestro juicio -dijo aún riendo. Alice rió también en respuesta.


-¿Entonces aprobáis la idea de la escuela?


Jasper la miró disconforme.


-Creo que es un buen momento para poner en práctica el pequeño acuerdo que acabamos de establecer.


Alice sonrió tímidamente mientras asentía.


-¿Apoyáis mi decisión, mi señor? -reformuló la pregunta.


-Por supuesto, mi señora -afirmó Jasper con satisfacción. -Es más, os aconsejo que ocupéis la sala cercana al dispensario. Tiene muy buena luz y está en desuso actualmente.


-Muchas gracias -le sonrió Alice mientras se levantaba. -Si no necesitáis de mi "visión" me retiro -añadió con gracia.


Jasper sonrió ampliamente. Sin duda aquel ángel de ojos grises había llegado a su vida para alegrar sus días y llenar de calor su corazón.


-Por desgracia la tarea que me ocupa es bastante tediosa, pero cuando me halle ante un asunto más interesante os lo haré saber -le dijo mientras se acercaba para tomar su mano y acompañarla a la puerta.


-Os veré en la comida -dijo mientras besaba su mano.


-Hasta entonces -se despidió ella antes de cerrar la puerta.


Jasper volvió a su mesa con el corazón palpitante ante esa nueva esperanza que se abría paso ante él. Puede que no fuera más que un pequeño acercamiento en su relación, un pequeño lazo que unía un poco más sus almas, pero era más que suficiente para alimentar su anhelo por conseguir el amor de Alice, que era lo que más deseaba en el mundo.


-No puedo creer que no lo hayáis escuchado -dijo Tanya mientras ojeaba con gesto aburrido uno de los tomos que había sobre la mesa. -Siento curiosidad por saber a que se han debido tales reproches.


Edward guardó silencio mientras continuaba con su lectura, mostrando así su indiferencia ante el monólogo de Tanya. Sin embargo, ella no tenía intención alguna de darse por aludida.


-Y os aconsejo que no esperéis que la princesa acuda a vuestra "cita" -insinuó continuando con su malintencionado discurso. -Ha de estar francamente afligida después de conocer la noticia.


Para su satisfacción, su malicia tuvo efecto, haciendo que Edward, al fin, apartase la vista de su libro.


-¿Y que noticia podría ser para que, según vos, esté tan afligida? -la inquirió.


-En cuanto vuelva a Breslau deberá contraer matrimonio -dijo de modo premeditado y sin ninguna dilación, observándolo detenidamente, estudiando sus reacciones. Le complació ver como se tensaba su mandíbula y como emblanquecían sus nudillos mientras apretaba sus dedos contra el libro. Su intención era provocarlo y lo había conseguido.


-Imagino que el Príncipe Jacob será el afortunado, pero no podría asegurarlo -añadió la princesa con suspicacia.


-¡Pero Alteza! -exclamó Edward con fingido asombro -Realmente no puedo creer que hayáis fallado en vuestra autoimpuesta misión como alcahueta. -le recriminó con sorna haciendo que Tanya palideciera ante una acusación tan certera.


-Deberíais agradecerme que os ponga sobre aviso -trató de defenderse -Como amiga vuestra me afecta veros perder el tiempo con la princesa o peor aún, veros hacer el ridículo.


-Alteza, en cuanto a lo que al ridículo se refiere, no miréis la paja en el ojo ajeno, sino mirad primero la viga en vuestro propio ojo -sentenció Edward.


-¿Qué queréis decir? -preguntó haciéndose la ofendida.


-Perdonadme, Alteza, si vos no veis reprochable vuestro comportamiento, yo no soy quien para hacerlo -se disculpó. Por mucho que la actitud de la princesa fuese reprobable no tenía derecho a desquitarse con ella, a pesar de que ella misma lo provocase con sus insinuaciones con respecto a Bella.


-Podríais serlo si quisierais -dijo de modo insinuante mientras se acercaba a él. -Creo que os he dado clara muestra de mi interés por vos y me atrevería a decir que yo no os soy del todo indiferente -sugirió Tanya mientras se aproximaba más y más a él.


-Por favor, no continuéis -le pidió apartándose bruscamente de ella. -No puedo permitir que prosigáis en vista de que, definitivamente, habéis malinterpretado mis atenciones para con vos.


Tanya lo miró confusa.


-El único interés que tengo en vos es el de vuestra agradable compañía, nada más -sentenció Edward.


-No os entiendo -balbuceó.


-Creo que habéis confundido mi caballerosidad con otro tipo de muestra de afecto o galantería -le aclaró.


Tanya palideció al sentirse ciertamente rechazada. No era tan ingenua como trataba de aparentar. Por estar cerca de él había hecho caso omiso a su indiferencia, indiferencia que casi se había tornado en frialdad y desdén en esos últimos días. Y estaba completamente segura de cual era el motivo.


-Seguro que la Princesa Bella tiene algo que ver con este cambio en vuestra actitud -la culpó mientras apretaba los puños contra su cuerpo que temblaba de forma incontrolada por la ira y la rabia que la invadían.


-Alteza, como sería eso posible si vos misma me habéis informado de que va a casarse en cuanto se vaya -la contradijo.


-Ya pero...


-Os lo ruego, Alteza, no quiero parecer grosero con vos -le pidió. -No tengo intención alguna de censurar vuestro comportamiento, al contrario, disculpadme por no haberos comprendido antes y así sacaros de vuestro error.


Tanya aflojó sus puños al sentirse derrotada. Era absurdo seguir negando lo evidente, Edward no la amaba, no lo había hecho nunca y era estúpido querer forzar la situación intentando provocar algo que nunca ocurriría. Al contrario, si continuaba por ese camino lo más probable sería que finalmente perdería su amistad que sí parecía ser sincera. A pesar de su propósito claro de querer molestarlo hablándole de Bella de ese modo, él se mostraba cortés y respetuoso y, aunque la estaba rechazando, trataba de hacerlo del modo más suave posible.


-Sabéis, de repente estoy empezando a sentir una gran nostalgia de mi hogar -sonrió ella con tristeza. -Creo que trataré de convencer a mi familia para que nos vayamos hoy mismo.


-Alteza...


-De hecho este es un buen momento para despedirnos ¿no creéis? -le cortó mientras alargaba su mano. -Confío en que volveremos a encontrarnos -le dijo sin ninguna sombra de rencor en su voz.


-Por supuesto -respondió tras besar su mano.


Y sin más abandonó la biblioteca. Edward sintió que un sabor agridulce acudía a su garganta y una mezcla de sentimientos difíciles de ignorar. No podía evitar sentir pena por Tanya al haber roto sus ilusiones y casi se sentía culpable al haber pensado en ella como un estorbo en su relación con Bella. Fue ahí cuando ese sabor en su garganta se tornó amargo, recordando lo que Tanya le había revelado. ¿Sería cierto que Bella debía casarse? y nada menos que con Jacob. Si tal y como había dicho la princesa, ella estaba tan afligida sería porque estaba en desacuerdo con esa unión pues, de lo contrario, se habría marchado con su padre, ya que su matrimonio sería un asunto más importante que su idea de formar la escuela. ¿Le daba eso alguna posibilidad?


Miles de ideas acudían a su mente y ninguna de ellas le ayudaban a explicar su incertidumbre. Deseaba que Bella llegara cuanto antes y poder disipar sus dudas. Verdaderamente se estaba retrasando, quizás Tanya tenía razón después de todo al afirmar que no acudiría a su cita.


Edward había empezado a perder las esperanzas cuando escuchó que se habría la puerta. Su corazón comenzó a palpitar con fuerza en su pecho al verla por fin.


-Temí que ya no vinierais -respiró con alivio.


-Disculpadme, Alteza. Me he entretenido dándole indicaciones a las muchachas para que acondicionen correctamente la sala que vamos a utilizar para la escuela -le explicó.


-Ya veo -sonrió Edward -Dejadme que os felicite por tan brillante idea.


-Gracias -sonrió Bella. Pero era una sonrisa tan apagada. Edward contempló esa mirada carente ahora de su usual brillo y su semblante mucho más pálido de lo habitual. Por un momento pensó que no estaba afligida, si no, enferma.


-Alteza, ¿os encontráis bien? -quiso saber Edward -Estáis pálida. Si queréis puedo hablar con mi padre.


-No os preocupéis, os lo ruego. Quizás me ha afectado un poco la despedida con mi padre -mintió Bella y, a pesar de su esfuerzo, no pudo impedir que Edward se diera cuenta de ello. Sin embargo, él no quiso contradecirla.


-En cualquier caso podemos dejar la lectura para otro día si os sentís indispuesta -insistió Edward.


Bella negó rápidamente con la cabeza y se dirigió hacia un estante para tomar un libro, tratando de evitar por todos los medios la mirada de Edward. Pero en cuanto empezó a leer, su mente se abstrajo y comenzó a recordar la conversación que había tenido con su padre.


-Podría asegurar que no sois capaz de recordar ni una sola palabra de lo que acabáis de leer -la interrumpió al cabo de un momento Edward sonriendo.


-Lo siento, Alteza -se disculpó Bella. -Creo que hoy no soy una buena compañía para nadie -suspiró dejando el libro sobre la mesa.


-Tengo una idea -dijo tendiendo su mano -Acompañadme.


Bella, sin saber que se proponía, tomó su mano y le siguió. Edward abrió lentamente la puerta de la biblioteca y se asomó.


-No hay nadie -susurró -seguidme.


-¿Adónde vamos? -quiso saber. Edward hizo un gesto para que guardase silencio y la instó a seguirle. Recorrieron con sigilo los corredores del castillo, siempre deteniéndose en cada esquina para cerciorarse de que no había nadie. Cuando Bella se quiso dar cuenta, estaban frente a la recámara de Edward. Quiso protestar pero Edward la hizo entrar.


-Alteza, me habéis traído a vuestra habitación -exclamó.


-¿Acaso teméis...?


-Claro que no -le espetó Bella -pero no es correcto.


-Alteza, llevamos varios días reuniéndonos a solas en la biblioteca y no os ha parecido mal -puntualizó Edward.


-Sí pero no es lo mismo -titubeó ella.


-Puedo llenar toda la estancia de libros si así os sentís más cómoda -bromeó él. Bella sonrió tímidamente.


-¿Entonces por qué habéis procurado que nadie nos vea? -le insinuó.


-Porque hay algo que quiero enseñaros... sólo a vos -sonrió.


-¿Qué es? -preguntó con curiosidad.


Edward se acercó hacia un pequeño mueble de madera, que se hallaba bajo uno de los ventanales y que tenía una pequeña banqueta a sus pies. Le indicó a Bella que se acercará y levantó la tapa superior que lo cubría.


-¡Es un clavicordio! -exclamó Bella alargando inconscientemente su mano para tocar las teclas de aquel extraordinario instrumento.


-¿Lo conocéis?


-Bueno, he leído sobre ellos pero nunca había visto ninguno -le dijo.


-Mi padre me lo trajo cuando viajó a Salerno -le explicó.


-¿Y lo tenéis aquí y no en vuestro castillo? -preguntó extrañada.


-Bueno, en realidad me trajo dos -admitió haciendo una pequeña mueca.


-Muy inteligente por parte de vuestro padre -concordó Bella sonriendo.


-Eso parece -afirmó Edward.


-¿Y sabéis tocar?


Edward asintió con la cabeza.


-¿Tocaríais para mí? -le pidió emocionada.


-En realidad no me gusta hacerlo en público -respondió viendo como la decepción apagaba más su ya sombría mirada -pero haré una excepción por vos, ojalá consiga animaros un poco y vuelva el brillo a vuestros ojos -susurró. Edward tomó una silla y la colocó cerca de la banqueta.


-Sentaos a mi lado, por favor -le señaló Edward. Bella asintió obedeciéndole.


Edward posicionó sus manos sobre el teclado y comenzó a presionar las teclas con destreza, arrancando de ellas la más dulce de las melodías, la música que escapaba de aquel instrumento llenaban la habitación de magia de una forma casi irreal. Pero lo que más sobrecogió a Bella no fueron aquellas notas que inundaban sus oídos sino aquella voz aterciopelada que ahora sonaba embargando por completo todos sus sentidos. Bella quedó instantáneamente cautivada, hechizada por aquella voz que acariciaba con su timbre la más bella canción que jamás hubiera escuchado.


Me muero por suplicarte que no te vayas mi vida


me muero por escucharte decir las cosas que nunca dirás


mas me callo y te marchas


aún tengo la esperanza de ser capaz algún día


de no esconder la heridas que me duelen al pensar que te voy queriendo cada día un poco más


cuánto tiempo vamos a esperar.


Me muero por abrazarte y que me abraces tan fuerte


me muero por divertirte y que me beses cuando despierte


acomodado en tu pecho hasta que el sol aparezca


me voy perdiendo en tu aroma


me voy perdiendo en tus labios que se acercan susurrando palabras que llegan


a este pobre corazón


voy sintiendo el fuego en mi interior.


Me muero por conocerte saber qué es lo que piensas


abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas


que nos quieran abatir, centrar en tus ojos mi mirada


cantar contigo al alba


besarnos hasta desgastarnos nuestros labios


y ver en tu rostro cada día crecer esa semilla


crear, soñar, dejar todo surgir aparcando el miedo a sufrir.


Me muero por explicarte lo que pasa por mi mente


me muero por intrigarte


y seguir siendo capaz de sorprenderte


sentir cada día ese flechazo al verte, que más dará lo que digan


que más dará lo que piensen si estoy loco es cosa mía


y ahora vuelvo a mirar el mundo a mi favor


vuelvo a ver brillar la luz del sol.


Me muero por conocerte saber qué es lo que piensas


abrir todas tus puertas y vencer esas tormentas


que nos quieran abatir, centrar en tus ojos mi mirada


cantar contigo al alba


besarnos hasta desgastarnos nuestros labios


y ver en tu rostro cada día crecer esa semilla


crear, soñar, dejar todo surgir aparcando el miedo a sufrir.


Con la última nota que aún resonaba en el aire, una pequeña lágrima escapó de los ojos de Bella surcando su mejilla. Supo entonces la respuesta a la pregunta que la había estado persiguiendo durante todo el día. Fue cuando se arrepintió de no haberse marchado aquella mañana con su padre y así abandonar de una vez por todas ese castillo, aquel reino y a aquella tortura a la que ella misma se estaba sometiendo al quedarse allí por más tiempo. Estaba completamente segura de que su amor por Edward era mucho más profundo, más fuerte de que lo ella jamás hubiera imaginado, nunca pensó que su corazón fuera capaz de sentir con tanta intensidad. Y al quedarse, lo único que iba a conseguir era que ese amor creciera con más y más vigor ¿cómo iba a enfrentarse después a una vida sin él, casada con alguien a quien no amase? ¿cómo iba a arrancarse ese amor que cada vez se aferraba más a su esencia y a su ser?


Edward se giró para mirarla tratando de averiguar por su expresión si había sido de su agrado, para ver con sorpresa como la humedad de sus lágrimas recorrían su rostro.


-Alteza ¿qué os sucede? -le preguntó alarmado.


-Nada -negó ella apartando su rostro de él.


Edward tomó su barbilla y la obligó a mirarle.


-Os lo ruego, decidme que os hace sufrir de esa manera -le pidió en un susurro.


Bella se levantó con la intención de alejarse de él, pero Edward la siguió y se lo impidió sujetando su brazo con suavidad.


-Os lo suplico -insistió.


Bella se soltó lentamente del tacto de esos dedos que amenazaban con incendiar su piel pero se mantuvo de espaldas a él. Cerró los ojos en un suspiro tratando de sosegarse.


-¿Nunca habéis querido escapar de esta jaula de oro con la que está disfrazada nuestra vida? -le dijo por fin -Huir de ese destino que quedó escrito, impuesto desde nuestra cuna.


Edward se mantuvo en silencio, dejándola continuar y rezaba por que lo hiciera. Deseaba con todas sus fuerzas saber el porqué de aquella tristeza infinita que le hacían a su corazón encogerse, que le hacían anhelar el tomarla entre sus brazos y dejarla llorar sobre su pecho hasta que no le quedasen lágrimas por derramar.


-Sabéis, quizás lo desaprobéis pero envidio la vida sencilla y libre de los campesinos, en verdad los admiro -continuó, con las lágrimas brotando de sus ojos sin cesar. -A pesar de tener que trabajar duro de sol a sol o de deberse a su señor feudal son libres de vivir como prefieran, de amar a quien quieran, de unir sus vidas con quien elijan.


En ese momento Edward tuvo la absoluta certeza de que todo lo que le había Tanya era verdad; Bella tenía que casarse. Sintió que aún sin tenerla, se le estaba escapando de las manos, como humo que se diluía entre sus dedos.


-¿Qué haríais, Alteza? -le preguntó Bella de repente, girándose para mirarlo, con su llanto surcando sus mejillas. Edward no alcanzaba a comprender. -Imaginaos que por algún misterioso hechizo, os aseguran que, hicierais lo que hicierais, no dañaríais a vuestros seres queridos, no tendría consecuencia alguna en vuestro mundo, la vida continuaría como si nunca hubiera pasado ¿qué es lo más desearíais hacer en el mundo? ¿qué haríais? -le retó.


A Edward no le hizo falta alguna el pensarlo, sólo dejó que su cuerpo se dejara guiar por ese deseo, como si fuera un impulso nervioso al que todas las células de su ser obedecieran de forma inconsciente. La tomó entre sus brazos y la besó. Sabía que en cualquier momento ella se apartaría de él, que lo rechazaría, por lo que trató de memorizar la forma y el sabor de esos labios que, aún mezclándose con la sal de sus lágrimas, eran deliciosos y embriagadores, como ambrosía de los dioses, y la apretó más contra su pecho como si así pudiera dejar grabado en su piel el calor de su cuerpo. Quizás sólo pasarían un par de segundos antes de que ella lo abofeteara por su osadía pero, aún siendo fugaz, esculpiría ese momento en su mente para conservarlo como el más preciado tesoro.


Sin embargo, esa bofetada no llegó nunca, ni tampoco esa lucha por apartarlo que él esperaba con tanto temor. Cuanto más insistentes eran los labios de Edward más se aferraba ella a su abrazo, sintiéndola temblar entre sus manos, sintiendo el latido de su corazón casi dentro de su propio pecho. Edward trató de alargar ese beso lo más que pudo, por el miedo a que todo fuera un sueño o sólo ese misterioso embrujo del que ella había hablado, por miedo a que esa felicidad se la llevara el viento como a las hojas el otoño.


Cuando al fin su aliento entrecortado les hizo separar sus labios, miró en sus ojos oscuros tratando de encontrar cualquier atisbo de arrepentimiento, culpabilidad o desaprobación. Pero, por el contrario, los encontró más bellos y más brillantes que nunca. Pudo leer claramente la esperanza, la ilusión, el anhelo en ellos, lo que hizo que Edward no dudara ni un segundo más.


-Os amo, Bella, ardientemente -le confesó. -Decidme que también me amáis, decidme que no es tarde para nosotros.


Bella no pudo contestar, simplemente se lanzó a sus brazos, hundiendo su rostro en su pecho, temiendo morir de tanta felicidad.


-Bella. -Edward contuvo el aliento.


-Sí, Edward, os amo, con todo mi corazón.


Edward suspiró con alivio y la abrazó con fuerza, dando gracias por ser tan afortunado.


-¿Es cierto que debéis casaros con el Príncipe Jacob? -le preguntó con temor.


-¿Cómo ...?


-¿Es cierto? ¿Estáis comprometida? -insistió tomando su rostro, obligándola a mirarle.


-Es cierto que mi padre desea de que me case con Jacob pero, ya os dije que me escucharía antes de decidirlo -le respondió.


-Entonces -Edward se arrodilló ante ella y tomó sus manos -¿me otorgaríais la dicha de aceptarme como vuestro esposo?


Bella se arrodilló frente a él y lo besó con pasión mientras lo abrazaba, hundiendo sus dedos en su cabello cobrizo.


-Lo tomaré como un sí -bromeó él sobre sus labios.


-¡Edward! -se quejó Bella levantándose para alejarse de él.


-No, Alteza -rió yendo tras ella. Tomó su mano deteniéndola y la rodeó con sus brazos. -Estáis loca si pensáis que vais a escapar de mí tan fácilmente.


-¿Y qué haréis para evitarlo? -dijo con sonrisa traviesa.


Edward no contestó, cubrió su boca con la suya como respuesta, la mejor que podía darle.



lunes, 10 de mayo de 2010

Noches de Italia

Capitulo 7. Desaparecido

Edward tomó mi rostro entre sus manos y me besó, eso me hizo olvidar por un momento mi preocupación por Mike. Cuando estaba con Edward todo parecía estar bien.


-No es por molestar, pero Bella recuerda que tienes que llegar temprano a tu siguiente clase –escuché la voz de Alice-. Sino el profesor no va a dejar entrar de nuevo.


Me separé de Edward. Fruncí el ceño al ver a Alice abrazada de Jasper. Ellos ya habían empezado a salir, aunque según ella, estaba segura que era su pareja eterna y por la forma en que Jasper la miraba era evidente que el también pensaba lo mismo. En cuanto a mí, me gustaba Edward, pero no creía que existiera la posibilidad entre nosotros.


-¿Y tú? –le pregunté-. ¿No tienes clase?


-Si –respondió. Luego levantó la vista a Jasper-. ¿Nos vamos?


-Cuando quieras.


Hice una mueca, había olvidado que les tocaba juntos. Edward sonrió y me besó en la mejilla.


-No te preocupes no veremos pronto –prometió.


Terminó la clase, y auque estuve sentada en la fila central, mi mente estaba muy lejos de allí. No había visto a Mike y quería hablar con él. El día anterior se había enojado conmigo y el problema era que no sabía porque. Era mi mejor amigo y me sentía mal al pelear con él. Aún era temprano, tal vez si me apuraba lograba interceptarlo en el pasillo que daba al salón de Literatura Internacional… pero no lo encontré, así que entré en el salón.


-Disculpa… ¿No ha llegado Mike? –le pregunté a una chica de corto cabello castaño.


Negó con la cabeza.


-El también comparte clase de Sociología conmigo –me dijo-. Y tampoco lo vi ahí.


-Gracias


¿A dónde había ido Mike? Pero no me iba a quedar así. ¡El tenía que hablar conmigo! Marqué a su celular, no me contestó.


-¡Maldición Mike, no me ignores! –exclamé. Marqué a su departamento, nada. Si no quería contestar entonces iría yo misma a su departamento.


-¡Mike! –grité poco después, en frente de la puerta de mi amigo-. ¡Abre!


Tal vez esa no era la mejor forma de arreglar los problemas. Suspiré. Pegué mi cabeza a la puerta.


-Escucha Mike, sólo quiero hablar contigo –le dije a la puerta-. Por favor, quiero saber que te pasa porque me importas…


La puerta permaneció cerrada.


-¡Mike! –exclamé enojada-. Sino me abres…


-El no está –escuché una voz a mis espaldas.


Me di la vuelta, para encontrarme con una mujer de mediana edad.


-¿Disculpe?


-No ha regresado desde ayer –informó la mujer.


-¿Está segura? –le pregunté desesperada-. ¿Qué tal si llegó mientras usted dormía? O tal vez…


-Mi departamento está en frente del suyo –interrumpió la mujer-. Ayer tuve insomnio por eso me di cuenta.


-¿Cuándo lo vio por última vez? –la cuestioné.


-Me topé con el cuando iba saliendo –dijo ella-. Creo que eran las cinco…


Había llegado a mi casa a las seis, a las ocho había salido… ¿Y desde entonces no había regresado a su departamento?


-¿Está segura que no volvió? –insistí.


La mujer frunció el ceño.


-Yo no entiendo a las chicas de hoy –dijo-. ¡Hace unos minutos lo querías matar!


-¡Eso no quiere decir que no me preocupe por él! –exclamé.


-Pues deja de hacerlo, seguramente… anoche tuvo una fiesta y se le pasaron las copas –dijo la mujer-. Tal vez está con otra. ¿Por qué sigues con él si te hace sufrir tanto?


-No es mi novio –dije-. Es mi amigo.


-Pues yo sólo quería decirte que dejaras de hacer escándalo, aquí habemos otras personas que no queremos alboroto –la mujer se alejó.


-¡Espere! –grité antes que ella se metiera en su departamento-. ¿No sabe de alguien que tenga copia de la llave de este departamento?


-El dueño del edificio –contestó-. Vive en la planta baja, el primer departamento.


Bajé las escaleras a toda prisa.


-¿Qué quieres? –un hombre regordete abrió la puerta después de unos minutos, me había encargado de golpear la puerta con mucha insistencia.


-Necesito la llave del departamento 21 –dije.


-¿Para que la quieres? –el señor frunció el ceño, no parecía confiar en mí.


-Mi amigo vive ahí, he tocado a su puerta muchas veces y no me abre, su vecina me dijo que no ha llegado desde ayer –las palabras salían con demasiada rapidez-. Por favor estoy preocupada, necesito estar segura que no está ahí.


-Esta bien –aceptó el hombre-. Espérame aquí.


Salió poco después con una llave en la mano, la tomé inmediatamente. Corrí escaleras arriba, me hubiera tomado menos tiempo destrozar la puerta con mis manos, pero con tantos humanos era imposible no ponerme en evidencia.


Entré en el departamento y lo llamé mientras recorría el lugar, no lo encontré, las sábanas no estaban desacomodadas, no había llegado a dormir. La desesperación se apoderó de mí. ¿Por qué no había llegado? ¿Por qué no respondía mis llamadas?


-Por favor –llamé al departamento de enfrente.


-¿Qué pasa? ¿Conseguiste la llave? –me preguntó la mujer al abrir la puerta.


-Sí, pero él no estaba –musité.


-Te digo muchachita, debe de estar en la casa de alguno de sus amigos –dijo la mujer-. Así son los jóvenes de hoy, se ponen a tomar y amanecen en otro lugar…


-Por favor, si llega… ¿puede llamarme a este teléfono? –le pedí.


-Esta bien –dijo después de un rato-. Sólo porque me recuerdas a una sobrina…


-¡Gracias!


Llegué a mi casa, Alice me estaba esperando.


-Te vi –dijo-. En el departamento de Mike… no te preocupes Bella, debe de estar con alguien, no te…


-¿Puedes verlo? –exigí-. Dime donde estará… ¿esta bien?


Alice se frotó las sienes.


-No es tan fácil Bella –contestó-. Los humanos son más difíciles de ver.


-¿No lo has visto? –insistí.


-No, pero lo he intentado –respondió.


Alice hizo una mueca, debía estar costándole mucho trabajo.


-¿Te duele? –pregunté.


-La cabeza –asintió-. Un poco.


-Déjalo, no sigas, no quiero que te desgastes –dije-. Lo buscaré…


-¿Tienes idea donde está?


-No, pero sospecho de alguien que puede saberlo… Alice ¿Me acompañarías al GOA?


**********************************************************************************************







Capitulo 8. Preocupación

Llegamos a la discoteca, pero esta vez los guardias nos impidieron el paso.


-¿Por qué no podemos pasar? –pregunté, haciendo un gran esfuerzo por conservar la calma no estaba de humor para nada.


-Ese no era tu teléfono Melissa –me dijo uno de los guardias.


¿Melissa? ¿Por qué me llamaba así? Lo miré fijamente y lo recordé, era el guardia que había pedido mi teléfono la primera vez que había venido al GOA.


Le escribí mi número en la palma de su mano.


-¿Cómo se que este si es real? –preguntó.


Sonreí, tenía que calmarme si quería entrar.


-Prueba –dije. Y lo hizo. A los pocos minutos sonó mi celular-. ¿Lo ves? Ahora… ¿Podemos pasar?


El guardia parecía no estar muy convencido. Lo besé en la mejilla, tenía que entrar.


-¿Sí? –puse mi mejor cara de súplica.


-Lo que quieras –accedió, parecía algo aturdido.


-No te vayas a reír Alice –le advertí mientras pasábamos entre la gente.


-Creí que yo era la única que veía el futuro –dijo entre risas, pero luego cambió su expresión-. Bella no vayas a perder el control estamos entre humanos.


-Lo sé –rechiné mis dientes al ver a mi objetivo. Avancé rápidamente hasta el. Estaba sentado con otros tres vampiros, entre ellos una hembra, que parecía suplicar por un poco de atención pero el estaba más interesado en una conversación que tenía con otro vampiro-. ¡Julian!


El muy maldito vampiro rubio sonrió. La hembra me fulminó con la mirada, no parecía agradarle mi presencia.


-¡Bella! –exclamó cuando llegué hasta la barra-. Así que decidiste…


No pudo terminar porque lo tomé de la camisa y lo levanté. Los otros vampiros parecían disfrutar del espectáculo.


-¡Chica agresiva! –exclamó uno-. Me gusta


-Bella tranquila –escuché la voz de Alice-. Recuerda lo que te dije…


Con un movimiento rápido, Julian me tomó de las muñecas sin hacerme daño, pero con la suficiente fuerza para que no pudiera liberarme, él era un vampiro más fuerte que yo.


-Antes de la sentencia –dijo-. ¿Podrías decirme de que se me acusa?


-¡Ya lo sabes! –exclamé-. ¿Dónde está?


-No se de que me hablas


-¡No me mientas! –intenté zafarme de su agarre, pero no logré moverme-. ¡Tú tienes a Mike!


Me acercó a él, sus ojos azules estaban muy cerca de los míos.


-No se donde está tu amigo humano –dijo con firmeza, no vi ningún titubeo en sus ojos. Le creí. Y tal vez fue peor, porque ahora no tenía idea de que había sucedido con mi mejor amigo, estaba como al principio-. Está bien… ya puedes soltarme, ya no voy a gritarte…


Una sonrisa pícara apareció en los labios de Julian. Eso era una mala señal.


-Ya suéltame –repetí.


El vampiro rubio negó con la cabeza.


-Por fin te atrapé –dijo con sus labios sobre los míos y me besó. Sus manos soltaron mis muñecas y pasaron a ser como hierro sobre mi cintura.


Puse mis manos sobre su pecho y lo empujé lejos.


-¡Nunca vuelvas a hacer eso! –exclamé frunciendo el ceño.


-No puedo prometer eso –contestó sonriendo-. Además te gustó.


-¡No es cierto! –cada vez estaba más enojada-. ¡Hay que salir de aquí Alice!


-Espera –dijo Julian, quiso tomar mi mano, pero esta vez yo estaba preparada y lo esquivé-. ¿Estás segura que un vampiro se llevó a tu humano?


-Sí –no sabía porqué pero lo estaba.


-Te ayudaré a buscarlo


Arqueé las cejas, a él no le agradaban mucho los humanos.


-¿Lo dices en serio? –pregunté sorprendida.


-¿Por qué lo dudas? –frunció el ceño-. ¿En verdad me crees tan malo?


No contesté.


Hizo una mueca parecía algo herido.


-Te buscaré mañana en la Universidad –fue todo lo que dijo.


-Gracias –dije antes de irme.


-Sabes Bella creo que él…


Pero Alice no terminó la frase, las dos clavamos la vista en el volvo plateado que estaba estacionado a fuera de nuestra casa. Cuando entramos vimos a Edward y a Jasper esperando en la sala.


-Están preocupadas –afirmó Jasper.


-¿Cómo lo sabes? –pregunté.


Alice parecía igual de confundida que yo. Edward la vio detenidamente y luego una expresión de furia cruzó por su rostro.


-¿Julian te besó? –preguntó Edward entre dientes.


¿Cómo pudo saber eso?


-Ed, relájate –le dijo Jasper y como si hubiera sido una orden mi novio se tranquilizó. Yo misma me sentía más calmada sin saber porqué.


-¿Qué está pasando aquí? –exigió Alice.


-Puedo controlar las emociones –respondió Jasper-. Edward puede leer el pensamiento.


¿Podía leer mi mente? Eso no era bueno.


-¿Leíste mi mente? –le pregunté.


-¿Estabas pensando en eso? –tenía una expresión curiosa en la cara, pero no supe descifrar bien que era.


En realidad estaba pensando en que era mejor que no se enterara del beso, pero exactamente en lo que pasó. Sacudí la cabeza, todo se estaba poniendo muy confuso.


-No puedo leer tu mente –me dijo Edward después de un rato-. Es la única que no puedo.


-Quizás eso se deba a que Bella tiene la habilidad de crear un escudo –sugirió Alice.


-Ahora entiendo –dijo Edward sonriendo.


-¿Y tu Alice? –le preguntó Jasper.


-Yo puedo ver le futuro.


Mike seguía muy presente en mi mente. ¿Dónde estaría? Tenía que encontrarlo, haría lo que fuera para hacerlo.


-Siento que estás angustiada –me dijo Jasper.


Edward vio a Alice y luego a mí, seguramente ya sabía el motivo de mis preocupaciones gracias a los pensamientos de ella.


-Lo encontraremos –me abrazó.


Eso esperaba.


Comentarios por fiss !!!




domingo, 9 de mayo de 2010

Light in the Darkness

Cap.7.-Historia

-¿Por qué tanto alboroto? –preguntó Lila al día siguiente en la Universidad. Un grupo de chicas estaban platicando bastante entusiasmadas.

-No sé –contesté observando hacia donde veía mi amiga-. No te preocupes, no debe ser nada importante.

El grupo pasó cerca de nosotras y vi que se dirigían al edificio de la Universidad, distinguí entre ellas a Danna una compañera que iba conmigo en clase de historia.

-Bella, Lila –nos saludó sonriente-. ¿No van a entrar a Historia?

-¡Pero todavía falta mucho! –exclamó Lila.

-Sí –concedí. Hice una mueca-. Además es muy aburrido estar ahí.

-¿Es que todavía no saben? –preguntó Danna abriendo los ojos de par en par.

-¿Tiene algo que ver con el escándalo que estaban haciendo? –dijo Lila-. Pues no y queremos saber.

-¡El Sr. Monroe renunció y ya tenemos nuevo profesor! –exclamó radiante-. Ya lo vi, es bastante joven, debe ser unos cuantos años mayor que nosotras y lo mejor de todo es que está ¡guapísimo!

Otras chicas apoyaron tal afirmación con un profundo suspiro.

-Además tengo una amiga que ya tuvo su primera clase con él y dijo que habla de la historia con tal exactitud que parece que él mismo la vivió –continuó Danna con un suspiro-. ¡Guapo e inteligente! Yo quiero un novio así, no, mejor dicho lo quiero a él.

Puse los ojos en blanco, así que eso era todo.

-¡Pues yo lo vi primero! –exclamó otra chica y las demás comenzaron a protestar.

-Me voy al aula porque quiero ganar un lugar al frente –dijo Danna-. Quiero verlo de cerca –iba a dar media vuelta, pero se detuvo y nos vio-. ¿No vienen?

-No –contesté inmediatamente, la verdad no me importaba.

-Ustedes se lo pierden –dicho esto se fue.

Lila se rió.

-Así que eso era por lo que estaban tan emocionadas –dijo-. Bueno yo antes tendría curiosidad, pero después de conocer a Will, todo es distinto.

Arqueé las cejas.

-¿Quién es Will? –pregunté-. ¿Y por que no me habías dicho nada?

-Apenas lo conocí ayer –se excusó Lila y sonrió-. Es un vampiro estupendo y lo mejor es que se vinculó de mí –suspiró-. Y pronto me vincularé yo de él y nos convertiremos en compañeros.

Fruncí el ceño.

-Que fácil es para ti –comenté.

-Y también lo será para ti –me animó-. Sólo tienes que ser paciente, toma en cuenta que tu caso es fuera de lo común.

Asentí.

-Será mejor que ya nos vayamos a la clase –observó su reloj-. No sabemos que tan estricto será el nuevo profesor.

Llegamos unos minutos antes de que empezara la clase, el profesor todavía no llegaba.

-Todavía quedan las dos sillas de atrás –señaló Lila y nos dirigimos a ellos. En el salón se veía un extraño acomodo, las mujeres adelante y los hombres atrás, las únicas que desentonábamos éramos nosotras.

-Espero que la clase no sea igual de aburrida que con el Sr. Monroe –comenté a Lila y me puse a hacer unos garabatos en mi cuaderno.

-Por lo menos para ellas no lo será –contestó.

De pronto, las voces se apagaron y escuché unos cuantos suspiros, seguramente el profesor ya había llegado, pero no me importó y continué con mis dibujos.

-Como algunos seguramente ya saben su profesor el Sr. Monroe ha renunciado, así que de ahora en adelante yo les impartiré la clase de Historia Internacional

La voz me era muy conocida, levanté la vista de súbito y me quedé petrificada al ver al profesor.

-Me llamo Andrew Lennox –dijo él. Llevaba un traje negro, que lo hacía verse muy elegante, eso aumentaba de forma abrumadora su atractivo, ahora comprendía la reacción de las chicas.

-¿Podemos decirle Andrew? –preguntó Danna.

-En la Universidad se pueden dirigir a mí como Profesor Lennox –contestó él educadamente-. Pero si tengo la fortuna de encontrarlos en algún otro lugar pueden llamarme Andrew.

Danna asintió vigorosamente, emocionada por la respuesta.

Momentos después hice una seña a Lila para captar su atención.

-¿Qué pasa? –murmuró.

-¿Recuerdas el problema que tengo? –le dije, la vi asentir y añadí:- El es… él…

-Ya entendí –Lila me interrumpió-. Por eso no para de voltear para acá.

-Yo…

-Señorita Swan –los ojos verdes de Andrew se encontraron con los míos-. Veo que está más interesada en su plática que en mi clase. Creo que lo mejor será que se cambie de lugar, para vigilarla de cerca –señaló el lugar donde estaba Danna-. ¿Señorita podría cambiarle su lugar a ella?

Danna casi se derrite en la silla, pero logró articular un "Si" y acto seguido, se levantó de y se dirigió a mí.

Lila se cubrió la boca para evitar reírse y yo, después de tomar mis libros, la fulminé con la mirada. Me senté en mi nuevo lugar y me crucé de brazos. Andrew me dedicó una sonrisa deslumbrante y continuó con la clase.

-¿Señorita Swan podría quedarse un momento? –preguntó Andrew cuando finalizó la clase. Escuché varios murmullos de las chicas, de las cuales la mayoría quería estar en mi lugar.

-Con que vigilarla de cerca ¿eh? –dije cuando me aseguré que no había nadie más en el salón.

El sonrió.

-Estabas muy alejada de mí –contestó-. Tenía que hacer algo, sin levantar sospechas.

No pude evitar devolverle la sonrisa.

-¿Entonces darás clases aquí todo el día? –pregunté.

-No, sólo medio turno –me miró-. Estoy disponible por las tardes, pero si quieres puedo sacrificar mi tiempo libre y darte clases particulares –guiñó un ojo.

-No gracias –contesté-. Ahora si no tienes nada más que decir, me voy, no quiero llegar tarde a mi siguiente clase.

-Estaré cerca si me necesitas –dijo.

Asentí y salí rápidamente.

En la noche, después de asegurarme que Lena estuviera dormida, me dispuse a salir. Quería un paseo por Londres. Caminé lentamente, apreciando cada construcción que pasaba frente a mis ojos.

El tiempo pasó deprisa, llegué a un callejón desabitado y sin salida, quise cambiar de rumbo, pero tres hombres, mejor dicho, tres vampiros, se interpusieron en mi camino.

Un escalofrío recorrió mi espalda, algo andaba mal.

Un vampiro rubio de ojos grises me mostró sus colmillos.

-Creo que nos alimentaremos esta noche –dijo dirigiéndose a los demás.

-Perfecto –dijo otro pasándose la lengua por los labios.

Vi la sed en los tres pares de ojos, querían alimentarse de mí y estaba segura que lo harían hasta dejarme seca. No podía defenderme contra los tres, mi única opción era encontrar la manera de escapar. Busqué con la mirada algún hueco hacia el que pudiera huir.

-No hay escapatoria –dijo el vampiro rubio como si hubiera adivinado mis intenciones.

Ahora era mi turno de enseñar mis colmillos.

-Me gusta cuando la comida opone resistencia –comentó divertido.

Comenzaron su avance hacia mí y cuando lo creía todo perdido, escuché una especie de impacto y Andrew apareció a mi lado. Un rugido tan amenazador salió de su pecho, que me estremecí involuntariamente, extendió sus colmillos y se colocó en frente de mí, de manera que su cuerpo cubría el mío.

Los tres vampiros retrocedieron, intimidados por su presencia.

-No se atrevan a tocarla –gruñó Andrew, la ira teñía su voz.

-Un gusto volver a encontrarnos Andrew –dijo el vampiro rubio en un tono que daba a entender todo lo contrario.

-Maximilian ¿Acaso sigues bajo las órdenes de Talon?

-Sí, acabamos de llegar a Londres –contestó Maximilian manteniendo su rígida postura.

-Entonces hazle saber, que si él o alguno de ustedes le hace daño a Bella, me encargaré de destruirlo con mis propias manos.

Los vampiros retrocedieron aún más y una sobra de temor cruzó por sus rostros, incluso por el de Maximilian, que momentos después ocultó.

-Lo sabrá –prometió Maximilian y los tres vampiros desaparecieron de la vista momentos después.

Andrew me abrazó y sentí otra vez esa sensación de mareo, cuando me di cuenta ya estábamos en la enorme sala de su casa.

-¿Estas bien? –me preguntó ansioso y comenzó a evaluarme con la mirada en busca de algún daño.

-Sí –contesté. Aunque seguía asustada-. Gracias

-Lo que sea por ti.

-¿Quiénes eran ellos? –le cuestioné.

Frunció el ceño.

-Un grupo de vampiros que gozan de la crueldad y la violencia –respondió-. Hace tiempo tuve problemas con su líder, Talon, desde entonces evita encontrarse conmigo, ninguno soporta la presencia del otro.

Un temblor me recorrió de pies a cabeza.

-No te preocupes Bella –me rodeó con sus brazos-. No te harán daño, nunca lo permitiría.

Sus palabras lograron reconfortarme. Le sonreí. Sus ojos de color verde intenso, no se apartaban de mi rostro, vi un brillo en su mirada, cargada de una emoción que no supe reconocer. Sus manos descendieron hasta mi cintura y me atrajo más hacia él.

-Andrew yo…

Pero mis palabras fueron silenciadas cuando se inclinó y unió sus labios con los míos. Me besó como si estuviera sediento y mis labios fueran el agua que él tanto necesitaba. Después de un rato, él se apartó lentamente y me sonrió.

-Andrew aún no… no me he vinculado de ninguno de ustedes –le dije.

-Lo sé –acarició mi cabello-. Pero no pude resistirme. Eres tan hermosa –me miró-. Te he estado buscando durante mil doscientos años, lo supe cuando te vi por primera vez.

Me quedé sin palabras, no sabía que responderle.

-Creo que es hora de que regrese a casa –dije-. ¿Podrías llevarme?

-Pero si ya estás en casa –señaló a su alrededor.

-Esta no es mi casa –contesté, seguramente estaría bromeando.

-Pero lo será –murmuró. Me aprisionó entre sus brazos y poco después aparecimos afuera del departamento de Lena.

-Hasta pronto –besó mi mano y se fue.

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Cap.8.-Talento

-¿No quieres ir a un bar esta noche? –me preguntó Lila.

-No –respondí, no tenía ganas de nada.

-Will me invitó –continuó ella-. Dice que es fantástico y que…

-No, gracias

Lila frunció el ceño, conociéndola estaba pensando una forma de convencerme para ir, lástima que no lo iba a conseguir.

-También me dijo que los Licántropos…

-¿Licántropos? –pregunté-. Quieres decir ¿Hombres lobo? ¿Existen?

-¡Claro que sí! –dijo como si fuera algo obvio. Una sonrisa atravesó su rostro-. Ahí van muchos Licántropos, el mismo dueño es uno de ellos. Entonces ¿irás?

Me mordí el labio, tenía mucha curiosidad por conocer a un licántropo.

-Está bien –acepté al fin.

La sonrisa de Lila se hizo más amplia.

-¿Cómo son ellos? –cuestioné sin poder contenerme.

-Lucen igual que los humanos –contestó ella-. Sólo que se ven más altos y fuertes, supongo que es debido a su transformación.

-¿Luna llena?

Lila se rió.

-Debes de dejar de ver tantas películas Bella –contestó-. No, se transforman a voluntad.

-¿Cómo los reconoceré? –pregunté.

-Fácil –Lila tocó la punta de su nariz con el dedo.

-¿Por su olor? ¿A que huelen?

Lila negó con la cabeza.

-Todo lo contrario

-¿No tienen olor? –parpadeé.

-No exactamente –respondió Lila-. Para nosotros no huelen a nada, pero eso no quiere decir que no tengan olor, creo que los humanos si perciben su esencia. En caso contrario es lo mismo, tampoco pueden olernos, y ya que ellos dan mucha importancia al olfato por eso no confían en nosotros.

La miré.

-Pero eso no quiere decir que…

-No Bella –me interrumpió-. Hace muchos siglos que convivimos en paz, hay algunos licántropos que son bastante agradables con nosotros, pero ninguna raza pasa mucho rato con la otra –dijo-. En el bar habrá muchos vampiros y licántropos, pero casi nunca los verás juntos, cada uno se irá con los suyos.

-¿Alguna vez has visto a uno transformado? –le pregunté.

-No –contestó. Noté que se estremecía-. Y creo que es mejor así, porque dicen que se transforman en lobos tan grandes, que alcanzan el tamaño de un oso y es más fácil que pierdan el control.

Los ojos de Lila se fijaron en mi y luego sonrió.

-¿Por qué no invitas a alguien? –me sugirió.

Pensé en Edward, pero no estaba segura que fuera una buena idea. Me encogí de hombros.

-¿A que hora vamos por ti? –preguntó al ver que no decía nada.

-A las diez –respondí. Como Lena llegaba muy cansada, normalmente caía dormida a esas horas.

Eran las nueve y media y Lena ya estaba completamente inconsciente, yo observaba el teléfono fijamente. Me mordí el labio, quería hablarle a Edward, pero no sólo era para invitarlo, sino porque necesitaba verlo o tan sólo escuchar su voz. Descolgué el teléfono, pero cuando estaba a punto de marcar, tocaron la puerta.

-Edward –dije sorprendida al verlo en el umbral.

-Te necesito Bella

La frase no cobró sentido para mí, hasta que noté dos sombras oscuras alrededor de sus ojos. Llevé mi muñeca hasta mi boca, pero él me detuvo gentilmente y se acercó a mí.

Edward comenzó a besar mi cuello, yo me estremecí.

-Por favor Bella –lo escuché decir.

Pensé un momento en lo que me había dicho Alice, pero no sirvió de nada, no tardé mucho en rendirme.

-Sí –contesté casi en un suspiro y sentí como sus colmillos se hundían en mi garganta. No hubo dolor ni siquiera malestar mientras el bebía, todo lo contrario.

Se retiró poco después, y noté el cambio en su semblante, las sombras oscuras debajo de sus ojos habían desaparecido, una sonrisa deslumbrante cruzó por su rostro momentos antes de rodearme con sus brazos.

-¿Quieres ir a un bar conmigo esta noche? –le pregunté.

-A donde quieras –contestó.

Escuché un golpe en la puerta momentos después.

Lila entró, junto a ella estaba un vampiro alto de cabello castaño y ojos cafés, ese debía ser Will. Ella vio de Edward a mí y sonrió.

-¡Que bien, entonces seremos cuatro! –exclamó. Escuché que mi hermana se removía en su habitación.

-Lila –la regañé-. No hables tan fuerte, Lena está dormida.

-Lo siento

Lo primero que hice al llegar fue voltear en todas direcciones para ver si reconocía a algún licántropo, pero el lugar era tan grande y estaba tan lleno que no tuve éxito. Edward que estaba atento a mí, me cuestionó sobre mi reacción y yo le conté lo que me había dicho Lila en la mañana.

-Los licántropos son inestables –frunció el ceño-. No creo que sea buena idea que te acerques a uno.

-Sólo quería conocer a uno –repliqué.

-¿Por qué no vamos a bailar? –preguntó. Señalando la pista de baile.

Acepté, pero sabía perfectamente que quería distraerme. Tomó mi mano y me condujo allá, Lila y Will nos siguieron.

No pasó mucho tiempo, cuando noté un olor a bosque, pino y corteza de árbol, olía muy bien, algo que no había olido antes en ningún humano o vampiro, localicé a cinco hombres lejos de nosotros, parecían estar discutiendo, no podía equivocarme de ahí venía el olor. Lo supe con certeza, eran licántropos. Fruncí el ceño. Lila me había dicho que no olían a nada. ¿Por qué yo si podía olerlos?

Centré mi atención en los cinco licántropos, se veían jóvenes, calculaba entre veinte y veintitrés años. Ahora que me fijaba mejor, me había dado cuenta que los hombres no discutían, prácticamente estaban peleando, cuatro de ellos se veían furiosos con uno, y a pesar de todo, éste último no parecía intimidado.

-¿Qué te pasa Bella? –Edward me preguntó al ver que me detenía bruscamente.

-Edward tenemos que… -en ese momento, uno de ellos se había lanzado a los golpes con otro, y poco después, al ver que el primero no tenía oportunidad los otros tres había acudido en su ayuda. ¡Cuatro contra uno! ¡Lo más injusto que había visto!-. ¡No! –grité y corrí hacia allá.

-¡Bella! –escuché a Edward llamarme.

El bar se convirtió en caos.

Los otros licántropos llegaron antes que yo, y lograron detener a cuatro de ellos, el quinto estaba en el suelo, con una herida profunda en el pecho. Sin saber cómo, llegué hasta él y me arrodillé a su lado. Su piel era de un tono rojizo y su cabello era corto y negro, su cara estaba contorsionada en una mueca de dolor, pero aún así pude ver que tenía facciones bonitas.

Podía ver la sangre que salía de la herida, pero no produjo ningún efecto en mí, toda mi mente se concentraba en como hacer que se detuviera antes de que muriera desangrado.

¿Los licántropos no podían cerrar sus heridas como nosotros?

-No, es muy profunda, va a tardar para que pueda sanar solo –escuché una voz entre la multitud que nos rodeaba-. ¡Y no creo que resista mucho!

-¿Quién eres tú? –escuché la débil voz y me volteé hacia el licántropo.

-Bella –contesté-. Y no se cómo pero te ayudaré.

Las comisuras de su boca se curvaron hacia arriba, formando una sonrisa.

-Bella –repitió-. Soy Jacob.

Fue lo último que dijo antes de gemir de dolor. Me incliné y puse mis manos sobre su herida, haciendo presión para detener la hemorragia.

-¡Quítate! –escuché que alguien me gritaba-. ¡No haces más que estorbar! ¡Nosotros lo ayudaremos!

Pero no hice caso, si quitaba las manos, aunque sea unos segundos, volvería a salir la sangre. "Por favor no te mueras" pensé. Entonces sentí que mi energía se comenzó a reunir en mis manos, una luz blanca las iluminó y la herida comenzó a cerrarse. Cuando la sangre en el suelo y en mis manos desapareció y la herida se curó por completo, Jacob se levantó como si nada y me ayudó a ponerme de pie. Vi caras sorprendidas que me observaban fijamente.

-¡Váyanse de aquí! –escuché que alguien exclamaba. La multitud se empezó a dispersar.

Mis piernas no podían aguantar mucho más lo sabía, sentía como si la energía me hubiera abandonado. Todo comenzó a girar.

-¡Bella! –escuché la voz de Edward cerca de mí. Otras dos voces me llamaron, pero yo ya no podía más. Alguien me sostuvo antes de caer al suelo.

Mi conciencia regresó poco después.

-¿Ella es un vampiro? –escuché una voz masculina que preguntaba.

-Sí –respondió Lila.

-Pero ella si tiene olor –dijo otra voz-. Huele bien.

-Había escuchado que los vampiros tenían talentos, pero nunca había visto a uno mostrarlo –escuché una voz más gruesa, sonaba autoritaria.

-Está claro que ella es diferente –dijo otro.

Abrí los ojos, harta de no poder ver a los que hablaban. Fruncí el ceño. ¿Diferente? Eso me sonaba a sinónimo de raro. ¿Por qué yo siempre terminaba siendo la rara?

-¿Cómo te sientes Bella? –preguntó Edward. Me tenía abrazada, ahora ya recordaba quien me había sostenido antes de caer. Me puso de pie.

-Mejor –admití. Eché un vistazo a mi alrededor, estábamos en un cuarto que parecía oficina, la música se escuchaba muy cerca, todavía debíamos estar en el bar.

Vi a varios licántropos reunidos, y reconocí a Jacob, me miraba con profunda curiosidad, pero cuando notó que lo veía me sonrió.

-Gracias –dijo.

También vi a Lila y a Will, no se veían muy cómodos, seguramente porque nos rodeaban muchos licántropos.

-Bella –habló una voz, uno de ellos estaba sentado detrás del escritorio-. Soy Sam Uley líder de esta manada, y quiero agradecerte en nombre de todos que hayas salvado a Jacob.

Yo sonreí y me encogí de hombros.

-Ella me cae bien –escuché una vocecita, y rápidamente busqué a su dueña. Era una niña pequeña de pelo negro como el azabache y ojos oscuros almendrados, era el vivo retrato de su madre que la sostenía de la mano, claro que la mujer tenía una cicatriz en el rostro, tras la cual se perdía su belleza.

-A mi también –respondió su madre y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa con gusto.

A Sam se le iluminó el rostro al ver a la mujer y a la niña, luego se volteó hacia mí.

-Mi esposa Emily y mi hija Molly –dijo.

-Creo que ya es hora de irnos –escuché a Edward, parecía estar incómodo, seguramente eso es de lo que hablaba Lila cuando decía que los licántropos y los vampiros no podían estar mucho rato juntos. Pero para ser sincera, yo me sentía bastante bien.

Sam asintió.

-Sólo algo más –se dirigió a mi-. Cualquier cosa que necesites Bella, no dudes en pedir nuestra ayuda, te has ganado nuestra confianza.

Lila y Will se dirigieron a la salida, Edward hizo lo mismo antes de tomarme del brazo y arrastrarme con él.

-Adiós Bella –escuché la voz de Jacob.

-Adiós –respondí.

-Parece que descubriste tu talento –dijo Edward una vez que salimos de ahí-. Pero tienes que practicar para que no consuma tu energía como esta vez.

Asentí, no quería volver a experimentar esa sensación de vacío.

-¿Segura que estás bien? –me preguntó.

-Sí

Me rodeó con sus brazos.

-Estaba muy preocupado –admitió.

Sonreí, mientras me abrazaba me embriagó una sensación de bienestar y seguridad que no había experimentado antes.

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Cap.9.-Culpabilidad

Alice me sonrió en cuanto abrió la puerta de su departamento. Era algo reconfortante no tener que hacer una llamada para visitarla, o avisar previamente que iría, ella siempre lo sabía.

-¿Así que ya has descubierto tu talento? –preguntó haciéndose a un lado para dejarme pasar.

-Sí –respondí, luego la miré con curiosidad-. ¿Qué no lo habías visto tú?

Suspiró. Su expresión se tornó frustrada.

-No, me enteré por Edward.

-Pero…

-No puedo ver a los lobos Bella –me explicó-. Si estás cerca de ellos, te pierdo, ya no puedo ver lo que pasa contigo.

Oh, eso era algo nuevo.

-Son agradables –comenté.

Frunció el ceño.

-Siendo sincera, espero que no pases mucho tiempo con ellos –caminó hacia mí, con la misma elegancia de siempre-. Me siento extraña cuando no puedo ver.

Me dirigí al sillón y me senté, no por cansancio, tan sólo simple costumbre que se me había quedado.

-Ahora hay algo importante que tengo que decirte –Alice me siguió hasta el sillón-. No te lo dije antes porque es algo no muy agradable de escuchar y también porque no lo sumamente necesario en el momento, ya que tú estás demasiado protegida.

Alcé la vista, no sabía a que se refería con eso.

-Hay una forma de destruirnos –dijo, tal vez no era consiente de lo que hacía, pero noté como el volumen de su voz bajaba considerablemente-. Atravesando nuestro corazón con un objeto hecho de hierro –hizo una mueca-. Aunque también los comillos de un licántropo harían una buena función en ese caso.

-Pero ellos no lo harían –repliqué inmediatamente, no sabía si lo que quería era defender a los licántropos o negar el hecho de que los vampiros estuviéramos en peligro por ellos.

-No, los dos bandos tienen un trato de paz desde hace muchos siglos –informó Alice-. Pero no está demás que lo sepas.

Puse una mano en mi corazón, uno que ya no latía, como si eso pudiera protegerme de algún futuro ataque.

Alice acercó otro mueble, una silla de madera y la colocó de manera que quedara frente a mí, su mirada se posó en mis ojos.

-Cuando sucede eso, no hay marcha atrás Bella –me veía como si quisiera hacerle comprender a un niño pequeño que es capaz de cometer una tontería en cualquier momento-. Tu poder de curación es asombroso, pero tiene sus límites –advirtió-. Si alguna vez intentas reparar una herida de esa magnitud, lo único que conseguirás es agotar tus energías y puede que provoques tu propia destrucción…

Genial, para mi había otra manera de dejar de existir y era gracias al uso excesivo de mi talento.

-No te preocupes –la tranquilicé-. No haré algo como eso –claro, porque nadie está muriendo en estos momentos. Pero… ¿Y si a alguien le ocurría algo? No podría desperdiciar mi habilidad, tal vez si aprendía a controlar la energía que escapaba de mi cuerpo… podría…

-Pon atención Bella –ella llamó mi atención-. No hay manera de curar una herida como esa ¿Me escuchaste?

Era como si hubiera adivinado mis pensamientos.

-¿Solo puedes ver el futuro cierto? –pregunté.

Ella se rió

-Es tu cara la que te delata Bella –respondió-. No puedo escuchar los pensamientos como lo hace mi hermano.

Fruncí el ceño. ¿Por qué tendrían que traicionarme mis propias expresiones?

-Bueno –dijo ella-. Estás aquí para que te ayude con tu habilidad ¿no?

Asentí.

-Entonces –su cabeza giró en distintas direcciones-. Tenemos que buscar algo con lo que comenzar a practicar.

-¿Practicar?

-Si –contestó-. ¿Cómo quieres desarrollar tu poder si no lo haces?

-De acuerdo

Salimos al parque, no tardamos en encontrar algo con lo que hacer una prueba, un pequeño gato de color marrón, se desplazaba lentamente debajo de un árbol, hasta que Alice lo atrapó.

Tenía una de sus patas rota.

-Vamos –me alentó ella, minutos después que estuvimos de regreso en su departamento.

Lo tenía aprisionado entre sus manos, noté el temor en los ojos ambarinos del gato, el animal no tenía idea que todo esto era para curarlo.

Cerré los ojos y coloqué mi mano en la extremidad dañada, me concentré. Una ligera calidez comenzó a recorrer mi brazo hasta quedarse en mi palma, cuando la sensación terminó, vi al gato, y para mi sorpresa estaba completamente bien.

-Estuvo bien –apremió Alice, se dirigió a la ventana y liberó a la criatura-. Pero toma en cuenta que el animal era pequeño por eso no gastaste mucha energía, en los humanos u hombres lobo, es un caso distinto.

Claro, esto no se comparaba con lo que había sentido cuando curé a Jacob.

-Alice…

No logré decir más. Su mirada se había vuelto hacia un punto muy lejos de mí, en ese momento no me oía, no me veía, su atención no era para mí. Extendió su mano hacia mí, como una invitación a tomarla. No lo hice. Tenía una sensación que algo andaba mal, Alice aún era consiente de lo que hacía.

-¿Estás bien? –musité con la esperanza de hacerla reaccionar.

Giró su cabeza hacia mí, sus ojos en blanco completamente, su mano se acercó varios centímetros más a mi, la palma estaba abierta… Tal vez si la tomaba ella volvería a reaccionar. Extendí mi brazo y cerré mi mano en torno a la de ella, como si fuera un saludo meramente cordial

Pero fue un error.

-¡Ah! –gemí cuando la oscuridad me envolvió. Me hundí en la marea negra, sin poder respirar, gritar o moverme.

Muchas imágenes cruzaron ante mí como relámpagos, no las podía apreciar concretamente, sólo destellos de ellas. Escuché una voz furiosa, una de hombre, pero no distinguí su contenido, vi colmillos, escuché gruñidos salvajes, los que avisan la venida de una pelea.

Entonces la voz de Alice se hizo presente, como narradora de las aterradoras imágenes.

-Se acerca una lucha –dijo sin emoción alguna, vacía.

El espacio negro se hizo presente de nuevo, nublando todo lo demás.

-Y tras ella siempre viene la muerte –finalizó la voz de Alice.

Distinguí un rostro, era el mío, estaba descompuesto en una mueca de sufrimiento, no estaba bien definido pero pude verlo.

-Lo siento –escuché a mi propia voz susurrar-. Es mi culpa.

Y tan pronto como entre, salí de las sombras, mi mano aferrada como acero alrededor de la de Alice se soltó al instante. Escuché el sonido de la puerta abrirse y al segundo siguiente logré ver a Jasper parado junto a ella.

-¿Estás bien? –le preguntó.

-Sí –contestó ella. El la abrazó, como si Alice fuera la vida entera.

Yo veía y escuchaba sin poder moverme, aún no lograba reaccionar.

-Pero ella no lo estará –sentenció Alice segundos después-. Bella lo que vimos…

-¿Así se ven tus visiones? –la interrumpí, sin siquiera moverme.

Negó con la cabeza.

-Las mías son claras –afirmó-. Es la primera vez que me pasa algo así, nunca había compartido una visión.

-¿Por qué dijiste todo eso?

-No quería hacerlo, pero las palabras salieron de mi boca y yo no podía detenerlas –admitió.

-¿Compartiste una visión con Bella? –escuché a Jasper preguntar.

-Muerte –dije-. Mi culpa –esas palabras colocadas en una misma oración no podían significar otra cosa que… la pelea de Edward y Andrew.

-Bella escucha no podemos confiar en lo que vimos –comenzó Alice-. Además no sabemos que es lo que significa así que…

-¡Claro que lo sabemos! –estallé-. Ellos se destruirán y todo por mí ¿No entiendes? ¡Todo esto es mi culpa!

-No Bella

-Debe haber algo que pueda hacer –me llevé las manos a la cabeza y la sostuve como si se fuera a caer en cualquier momento-. ¡Tengo que evitarlo!

-Jasper –escuché la voz de Alice angustiada.

Me estaba ahogando en mi culpa. ¿Cómo podía yo ser la causa de semejante atrocidad? Ojalá ninguno de los dos me hubiera conocido… ¿Por qué no pude quedarme en Forks? Por lo menos ahí no hubiera causado problemas…

Unas manos se posaron sobre mis hombros, estuve a punto de hacerlas a un lado, cuando sentí que algo luchaba contra mi culpa, una ola cálida me atravesó y en contra de mi voluntad me relajé.

Alice se acercó a mi con cautela.

-Bella no va a pasar nada, tengo más experiencia en esto, las cosas pueden cambiar –aseguró.

-Tengo que evitarlo –musité-. No quiero que peleen

-No lo harán –dijo Alice-. Ellos lo prometieron.

-¿Y si no pueden controlarse? –cuestioné.

-Tienen que hacerlo

-Me dijiste que si yo elegía esto podría terminar –le recordé.

-Eso es lo que creo –respondió-. Pero no se que pueda pasar en ese caso, recuerda que la otra vez –vio mi expresión-. No resultó bien, y no se que ocurrirá ahora, con las vinculaciones tampoco puedo ver.

-Pero existe la posibilidad de que acabe ¿no?

Frunció el ceño.

-No puedes elegir aún

-¿Por qué no? –pregunté exasperada, Jasper apretó ligeramente mis hombros y me volví a relajar.

-Aún no estás lista

-¿Cómo lo sabes?

-Por que se nota, tú aún no estás vinculada.

-No quiero que pase nada malo –dije asustada, sentía como Jasper intentaba relajarme.

-Todo va a estar bien…

-No lo sabes –la interrumpí.

Me miró fijamente, y me ofreció una sonrisa, era una máscara para ocultar sus verdaderos sentimientos, pero era demasiado tarde porque logré ver el destello de miedo atravesar los ojos de Alice.

-Tienes razón –admitió-. Por primera vez, lo ignoro por completo.

Cerré los ojos, esto no iba nada bien.

viernes, 7 de mayo de 2010

Light in the Darkness

Cap.4.-Vampiro

El dolor era tan intenso que no prestaba atención a lo que ocurría a mi alrededor. De pronto estaba siendo depositada en el piso, no estaba segura de mantenerme de pie, me sentía muy débil, y al parecer Edward tampoco lo creía porque sus brazos seguían aferrados a mi cintura, soportando la mayor parte de mi peso. Intenté concentrarme, y me di cuenta que estábamos en otro lugar, parecía una habitación, una que yo nunca había visto.

-Bella –Edward tenía el rostro contorsionado de la preocupación-. Bella por favor no cierres los ojos, ahora no.

-¿Dónde… estoy? –mi propia voz sonaba inestable, luego solté un gemido de dolor, mi boca ardía, mis dientes… mis caninos estaban. ¿Creciendo?

Con una de sus manos Edward me tomó del pelo y condujo delicadamente mi cabeza hacia su cuello.

-Muerde –ordenó.

Yo intenté retroceder, pero sus brazos me retenían firmemente. ¿Qué demonios? ¿Acaso Edward había perdido la cabeza? ¿Por qué no me había llevado a un hospital? El dolor se hacía más intenso y para mi sorpresa me sentí tentada a hacer lo que pedía… ¿Qué? ¡No!

-No –musité.

-Bella por favor, tienes que hacerlo –sonaba desesperado-. Tus energías se acaban sino bebes –se puso tenso-. Morirás… y si tu mueres, yo no podré soportarlo… yo no puedo vivir sin ti, Bella…

Sus palabras sonaron tan sinceras y con tanto sufrimiento… yo no podía pensar, estaba confundida, por el cansancio, la agonía… el miedo… ¿Lo que él decía era cierto? ¿Yo iba a morir? No, no quería morir… Tal vez todo era un sueño, sí, eso debía ser, pero entonces ¿Por qué parecía tan real?

-Bella por favor –suplicó, inclinando mi cabeza un poco más hacia él.

Yo tenía la boca pegada a su cuello y olía tan bien… no lo soporté más, mis colmillos se hundieron en su piel y comencé a beber. Lo sentí estremecerse, por un momento pensé que lo había lastimado y que me apartaría, pero hizo todo lo contrario, me estrechó más contra él. Cuando sentí que era suficiente me aparté y vi como la pequeña herida que le había provocado se curaba rápidamente.

-Ahora tienes que descansar –me dijo Edward, quien para mi tranquilidad se veía bien. Suspiré, tenía miedo de haber tomado demasiado.

Entonces me di cuenta que el dolor estaba disminuyendo, pero mis párpados me pesaban cada vez más, tenía tanto sueño. Edward me levantó y me depositó con cuidado en una cama, luego se acostó a mi lado y rodeó mi cintura con su brazo.

-Duerme mi amor –dijo-. Pues ésta será la última vez que lo hagas.

No hice mucho caso a lo que dijo, el cansancio ya me había vencido…

Abrí los ojos. Que sueño más extraño había tenido, quise levantarme de la cama cuando me di cuenta que había alguien a mi lado.

-Bella –susurró Edward.

Salté de la cama con una agilidad impresionante, parpadeé sorprendida. Era de noche, lo sabía y sin embargo veía todo con una claridad asombrosa… ¿Qué estaba sucediendo?

Edward estuvo junto a mí en un segundo y me abrazó.

-¿Dónde estoy? –pregunté observando la habitación.

-En mi departamento –contestó sonriendo.

Comencé a frotarme las sienes, intentando recordar que había sucedido antes de quedarme dormida… unas imágenes llegaron a mi mente, no podía verlas claramente pero logré distinguir unos colmillos, mis colmillos, yo estaba… Oh no.

-¿Te lastimé? –le cuestioné frenetica-. ¿Te hice daño verdad?

-No Bella –contestó-. Todo esta bien, tranquila, es muy confuso al principio pero…

-¿Al principio? –lo interrumpí y me aparté. Toqué mis dientes, mis colmillos estaban ahí, pero no estaban extendidos, me estremecí-. ¿Qué está pasando conmigo?

-Eres un vampiro Bella

Una risa nerviosa salió de mis labios. Esto no podía estar pasando.

-¿Esto es un sueño no? Si, eso es –dije-. En cualquier momento me despertaré.

Edward suspiró, me tocó la mejilla.

-Esta es la realidad

-No –repliqué, pero una parte de mí estaba de acuerdo con él.

Escuché golpes, alguien estaba tocando la puerta.

Edward salió de la habitación, yo lo seguí, pasamos por una pequeña sala, frunció el ceño y abrió la puerta.

-¿A que debo su inesperada visita? –preguntó un poco irritado. Vi a Jasper y Alice cruzar la sala.

-Seguramente ya escuchaste mis pensamientos –contestó Alice-. Así que ya sabes a lo que vinimos.

¿Edward podía leer la mente? Este sueño cada vez se volvía más confuso.

-Yo puedo explicarle todo a Bella –dijo Edward-. No tienes que venir tú…

-Es mejor que eso me lo dejes a mí –replicó Alice, se volvió hacia mí y me sonrió.

-¿Tu también eres un… -no logré terminar la frase, me senté en un sillón, necesitaba algo en lo que apoyarme.

Alice asintió. Jasper se sentó a mi lado y puso una mano en mi hombro.

-Tranquilízate Bella –me dijo. Y yo como niña obediente asentí, e inmediatamente comencé a relajarme.

-Edward sal de aquí –habló Alice.

-No –él gruñó-. Quiero estar con Bella.

-Pero tienes que irte –replicó Alice-. No quiero verte de mal humor cuando le hable a Bella sobre su alimentación.

Edward apretó los puños.

-Hazle caso a Alice –intervino Jasper-. Puedo sentir tus emociones desde aquí.

-Esta bien –cedió-. Pero no puedo alejarme mucho…

-Lo sé –lo interrumpió Alice-. Eso es lo que pasa cuando estas vinculado.

-Yo nunca imaginé que se sintiera así –Edward se fijó en mi y sonrió-. Nunca pensé que fuera algo tan fuerte.

-No es lo mismo verlo en otros que experimentarlo por ti mismo –Alice se fijó en Jasper y a ambos se les iluminó el rostro. Ella volvió a fijarse en su hermano-. Edward es mejor que ya te vayas.

Edward asintió, pero sus ojos no se apartaban de mí.

-Volveré pronto Bella –dijo antes de salir.

-Quiero que pongas atención –habló Alice-. Es importante que sepas que todo lo que te pasó fue real, tú eres un vampiro Bella, como nosotros…

Negué con la cabeza y fruncí el ceño. Jasper presionó ligeramente mi hombro.

-Nosotros nacemos siendo humanos, pero llega un momento, al llegar a cierta edad en la que nos transformamos –continuó ella-. La edad varía de un vampiro a otro, pero tan sólo por unos cuantos años… ¿Cuántos años tienes?

-Diecinueve –contesté.

Alice asintió.

-Yo me transformé a los veintidós –comentó-. Edward a los veiticinco, tú eres bastante joven para haber cambiado, pero supongo que eso se debió a la vinculación que mi hermano tiene contigo…

-¿Vinculación? –pregunté confundida-. ¿Qué es eso?

Ella hizo una mueca.

-Creo que eso te lo explicaré después, es… creo que aún no estar lista

-¿Qué tiene que ver Edward? –la interrumpí y luego me lleve una mano a la frente-. ¿Es porque tomé de su sangre verdad? Por eso me convertí en…

-No –dijo Alice-. Tú ya estabas destinada a esto, la sangre de Edward sólo te ayudó a sobrevivir –Ella suspiró-. Verás cuando uno de nosotros está pasando por la transición necesita sangre de otro vampiro, esa es la única manera de completar el cambio.

Me quedé quieta, comenzaba a comprender, todo era real.

-Entonces Edward me salvó

Alice sonrió.

-Sí, él daría su vida por ti

La observé durante un rato, ella parecía tan segura de lo que acababa de decir. ¿Cómo podía importarle tanto a alguien que apenas me conocía? Sacudí mi cabeza, éste no era el momento de pensar en eso.

-¿Y mi hermana? –pregunté-. Ella es...

-No, ella es humana completamente, ella no se transformará –me contestó.

-¿Por qué?

Alice se puso tensa, parecía pensar sobre lo que diría a continuación.

-Es complicado Bella, creo que no es el momento –dijo después de un rato-. No puedo agobiarte con tanta información en un solo día.

No insistí más, pero no esperaría mucho tiempo para volver a preguntar.

-Ahora tienes que saber algo más importante, nosotros no nos alimentamos de sangre humana.

Arqueé las cejas.

-Sí podemos… pero como los humanos son muy débiles y pueden quedar mal heridos con una mordida o hasta morir, la mayoría de nosotros optamos por alimentarnos de los de nuestra propia raza –explicó-. Esa sangre nos proporciona más energía que la humana…

-¿A que te refieres con algunos? –la interrumpí.

Alice se encogió de hombros.

-Hay vampiros que piensan que los humanos son inferiores y no les importa hacerles daño.

Resoplé enojada.

-Pero como ya te dije Bella, la mayoría no les causamos daño –dijo Alice.

Yo en momento estaba enojada y al siguiente me sentí completamente relajada.

-Jasper creo que ya no es necesario –Alice vio al vampiro rubio y éste retiró su mano de mi hombro y se colocó a un lado de ella.

Me sentía tan confundida, aunque aceptaba mi situación, aún era difícil pensar que todo era real.

-Como tienes poco siendo vampiro –dijo Alice-. Tendrás que alimentarte con más frecuencia que el resto de nosotros… cuando pasen nueve o diez años podrás resistir hasta dos semanas.

-¿Cada cuanto? –pregunté.

-Dos o tres días –contestó ella-. Puedes alimentarte de cualquier vampiro del sexo opuesto, claro cualquiera que no tenga compañera, porque los compañeros sólo se alimentan entre ellos.

-¿Cualquiera? –me froté las sienes, esto era tan complicado.

-Sí, a ellos no les molestará que tomes de su sangre, todos los vampiros sin compañero, saben que tienen que ayudar a otro que necesite alimentarse –continuó ella-. Y cuando un macho tenga que alimentarse y pida tu ayuda tu tienes que dársela, es algo así como una regla que tenemos nosotros.

Me estremecí.

-¿Tendré que dejar que me muerdan? –pregunté un poco nerviosa.

-No Bella, te explicaré –Alice me mostró su muñeca, me miró y sonrió pero esta vez fue diferente, porque vi sus colmillos extenderse, se inclinó y perforó su muñeca. Yo solté un grito ahogado, todo era demasiado nuevo para mí, aún no lograba acostumbrarme.

Alice retiró su boca de la herida, después de unos minutos comenzó a sanar.

-Después de que te hagas el corte –continuó como si yo nunca hubiera gritado-. Tienes que ofrecerle la sangre al vampiro, él sólo puede beber, pero no puede morderte, sólo los compañeros pueden hacerlo. Es lo mismo en caso de que tú seas la que se alimenta, el otro vampiro te ofrecerá su muñeca, con la herida ya hecha, pero tú no puedes morderlo, sería como una falta de educación.

Una imagen vino a mi mente y me quedé rígida por un momento.

-¡Pero yo mordí a Edward! –exclamé intentando recordar, pero todo era muy borroso.

Alice frunció el ceño.

-Tengo que hablar seriamente con él –dijo cruzándose de brazos, su expresión se volvió más dulce cuando su mirada se posó en mi-. No te preocupes Bella, tu no sabías, además estoy segura que mi hermano estuvo demasiado de acuerdo con eso, tú no hiciste nada malo.

-¿Qué significa eso de los compañeros? –pregunté de pronto.

Alice sonrió.

-Dos vampiros del sexo opuesto se pueden hacer compañeros cuando los dos beben directamente del cuello de su pareja –explicó-. Es como el matrimonio para nosotros, bueno es un lazo más fuerte, porque no hay nada que lo destruya –Alice se rió-. Es decir que no hay divorcio…

-¿Jasper es tu compañero? –pregunté.

Ella lo vio y ambos sonrieron, Jasper la abrazó. Me sentí incomoda, por un momento pensé que se habían olvidado de que yo seguía ahí.

-Sí –Alice suspiró y recargó su cabeza en el pecho de su compañero.

La puerta se abrió de pronto, Andrew entró, atravesó la sala y se arrodilló a los pies del sillón en frente de mí. Carlisle entró poco después y cuando me vio parpadeó sorprendido.

-El tenía razón –murmuró para si mismo.

-Bella ¿Estas bien? -Andrew tomó mi mano, sus ojos verdes sólo me veían a mí-. Fue hace tantos siglos que ya no recuerdo que se siente en la transformación… ¿Te dolió mucho?

Asentí, demasiado confundida por su reacción como para hablar.

-Debí estar contigo en el momento de tu transición, yo debí estar ahí para cuidarte –Andrew acarició mi mejilla-. ¿Cómo te sientes?

-Bien –admití-. Sólo que aún no logro adaptarme…

-Eso es normal al principió –me sonrió.

-¿Cómo llegaron aquí? –preguntó Alice-. No los vi venir…

-Fue Andrew, el dijo que sentía a Bella, sintió que ya se había trasformado –contestó Carlisle-. Estaba desesperado por encontrarla, nunca yo nunca había visto a un vampiro en ese estado…

La atención de Alice y Jasper se posó en Andrew, pero el no lo notó, estaba más ocupado observándome a mí.

-¿El es el amigo que dijiste que vendría? –preguntó Jasper.

Carlisle asintió.

Andrew se sentó a mi lado, pero esta vez se dirigió a los demás.

-Me llamo Andrew Lennox –se presentó.

-Soy Alice Cullen –dijo ella.

-Y yo Jasper Hale

Los ojos verdes volvieron a mí, pero me miraban confundidos, Andrew parecía no poder explicarse algo.

-No logro entender –me dijo-. Lo mucho que me cuesta estar lejos de ti, eres como un imán para mí –me guiñó un ojo y volvió a tomar mi mano, yo no hice ademán de apartarla, pero me sentía muy extraña con su actitud, me sentía nerviosa.

Carlisle miraba de Andrew a mí.

-No puedo creerlo creo amigo mío –dijo hablando para Andrew-. Creo que estás… creo que te vinculaste de Bella.

Andrew miró a Carlisle, estaba completamente perplejo.

-Después de tanto tiempo, yo creía que nunca… -no terminó su mirada otra vez estaba en mí, pero esta vez vi un extraño brillo en sus ojos verde intenso-. Parece que por fin te encontré –añadió sonriendo.

Carlisle, Jasper y Alice veían en nuestra dirección, pero ellos no parecían tan entusiasmados con la idea como él, estaban completamente tensos. En cuanto a mí, como era de esperarse no tenía la menor idea de lo que sucedía.

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Cap.5.-Doble Vinculación.

Alice se frotaba las sienes, caminaba de un lado a otro, eso me inquietó. Me levanté y me dirigí a ella, quería saber que estaba mal.

-¿Qué pasa? –le pregunté.

Pero ella sólo me ignoró, sus ojos se clavaron en Carlisle.

-Eso sólo ha pasado una vez… bueno eso es lo que he escuchado –le dijo-. Dime que pasó. ¿Tú recuerdas algo de eso?

Carlisle negó con la cabeza.

-Se lo mismo que tú Alice, eso pasó hace casi quinientos años, yo sólo tengo trescientos, son dos siglos de diferencia, es bastante tiempo…

Abrí los ojos de par en par. ¿Carlisle tenía tres siglos? ¡Pero si se veía mucho más joven que mi padre!

-Pero conozco a otro vampiro mucho más viejo que yo –dijo sonriendo un poco. Tres pares de ojos se posaron detrás de mí, por acto reflejo volteé en la misma dirección, todos veían a Andrew.

Tragué. ¿Pues cuantos años tendría Andrew? Lo vi fruncir el ceño, no era la única que se había perdido con la conversación.

-¿Has escuchado algo sobre la doble vinculación? –preguntó Alice-. Dicen que sucedió una vez en Francia… otros dicen que sólo fue un invento, una leyenda que se extendió en los de nuestra especie.

Andrew me miró a mí y luego a Alice.

-Fue completamente cierto –contestó-. Yo lo presencié –una leve nota de tristeza tiñó su voz.

-¿Qué pasó? –preguntó Jasper.

-Primero necesito saber porque es tan importante para ustedes –dijo de manera que dejaba claro que no aceptaba réplicas.

-Creo que está pasando otra vez –respondió Alice con la mirada fija en mí.

Esa respuesta no me aclaró nada, pero Andrew pareció comprender, porque de pronto se tensó.

-¿Qué pasó? –Alice repitió la pregunta de Jasper.

-Todo terminó de la peor manera –contestó, su mandíbula se tensó y añadió:- ¿Quién es él?

-Pero la historia no tiene porque repetirse –esta vez habló Carlisle-. Eso pasó hace mucho tiempo, los vampiros se dejaban llevar por sus instintos más salvajes. Tú no lo harás… te conozco has cambiado mucho amigo mío…

-No, no lo haría –respondió Andrew aún tenso-. Pero supongo que en cuanto lo vea, no lo soportaré. ¿Quién es?

-Es Edward –contestó Carlisle-. Es mi hijo, no lo olvides.

Andrew se sorprendió con la respuesta.

-Tenemos problemas –dijo Alice-. Edward regresará en cualquier momento –ella cruzó la habitación elegantemente y se puso a mi lado.

-¿Qué pasa? –la miré confundida-. No entiendo nada.

-Ahora no Bella –me contestó tocando mi hombro-. No es momento de respuestas.

La puerta se abrió y vi a Edward en el umbral, me sonrió no parecía notar la repentina tensión en la habitación, sólo me veía a mí. Caminó hacia donde estaba, pero Alice hizo un movimiento con la mano indicándole que se detuviera.

-Edward…

-No me importa que no hayas acabado de explicarle Alice –la interrumpió irritado-. Ya no puedo soportar más estar lejos de ella –dio un paso más hacia nosotras.

Un gruñido detuvo su avance.

-Cuidado –advirtió Jasper, su mirada estaba fija en Andrew. El vampiro de ojos verdes tenía el ceño fruncido y sus labios fuertemente apretados, entonces comprendí que el gruñido había salido de él.

-¿Quién eres tú? –preguntó Edward.

-Es amigo mío –le respondió Carlisle-. Se llama Andrew Lennox, ya les había hablado de él.

Edward asintió, pero no parecía estar muy contento con la presencia del otro vampiro.

-¿Qué haces aquí? –preguntó sin ninguna cortesía.

-Estoy aquí porque quiero estar cerca de Bella –le contestó Andrew.

Yo di un respingo y Edward frunció el ceño.

-Escucha hermanito –la voz de Alice era calculadora-. El también está vinculado de Bella…

Edward rugió, y al mismo tiempo los dos vampiros dejaron al descubierto sus colmillos. Jasper se colocó junto a su hermano, Carlisle se colocó junto a Andrew.

En ese momento tuve el presentimiento que todo el alboroto había sido culpa mía, suspiré, yo siempre arruinaba las cosas. Por lo menos, después de ver esto, ya tenía una idea aproximada de lo que era vinculación…

-¿Podrían comportarse? –Alice casi gritó y fue suficiente para captar la atención de los demás-. Esa historia no se repetirá… ¿Me escucharon? Los dos se van a controlar…

Jasper sonrió al escuchar el tono autoritario de Alice. Debía admitir que para ser muy pequeña sabía intimidar…

Los dos vampiros dejaron de gruñir, pero ninguno de los dos se relajó.

-Creo que todo mejoraría si Bella escogiera compañero –dijo Carlisle, parecía ansioso por que todo volviera a estar más tranquilo.

Edward y Andrew me voltearon a ver al mismo tiempo y yo me encogí. No podía tener un compañero… no estaba lista, sabía por Alice que ese era una unión muy fuerte… hice una mueca, a mi siempre me habían aterrado los compromisos, definitivamente no estaba lista para eso, no aún. Ni siquiera estaba segura sentir algo por alguno de aquellos vampiros que no apartaban sus ojos de mí, no podía elegir entre ellos.

-¡Ya basta! –Alice gruñó hacia ellos y me abrazó-. Bella no puede tomar una decisión, está muy confundida, apenas tiene pocas horas como uno de nosotros… no voy a dejar que la presionen –frunció el ceño-. Además ambos saben que no es lo mismo con las hembras, nosotras no nos vinculamos a primera vista como los machos, ella necesita tiempo…

No sabía si los vampiros podían marearse, pero lo cierto es que yo lo estaba. Sentí que se acercaba el amanecer… ¡Oh no! ¡Tenía que regresar con Lena! No tardaría en llegar y si no me encontraba…

-Mi hermana –musité-. Tengo que ir con ella…

Alice asintió.

-Te sentirás cansada de día, pero eso es normal –distinguió la preocupación en mi expresión porque añadió-. No Bella, el sol no nos quema. Puedes correr hasta tu casa, descubrirás que llegarás más rápido que en carro –me guiñó un ojo-. Y recuerda que deberás alimentarte pronto… puedes alimentarte de cualquier macho…

Andrew y Edward gruñeron al unísono.

Alice me acompañó hasta la puerta.

-Y una cosa más Bella –me dijo-. Debes tener cuidado, tu hermana es doctora y notará el cambio en tu temperatura y tu falta de pulso, así que mejor evita tener contacto con ella.

Asentí, me despedí y salí corriendo. Fue una sensación increíble, de libertad absoluta, las calles y casas pasaban a una velocidad increíble frente a mis ojos. Llegué al departamento en unos minutos.

Las luces estaban apagadas, todavía el sol no aprecía, perfecto eso significaba que Lena aún no llegaba.

Me acosté en mi cama, intenté dormir, pero no pude… y comprendí, nunca iba a dormir otra vez, suspiré, iba a ser difícil adaptarme a esto. Escuché la puerta, cerré los ojos y comencé a respirar tranquilamente, por lo menos podía fingir ante Lena.

-¡Hey dormilona! –exclamó-. ¡Ya deberías estar desayunando! –la escuché entrar al cuarto.

Me removí, fingiendo estar molesta por haberme despertado. Cuando la vi, noté las sombras azules bajo sus ojos y fruncí el ceño.

-¡Y tú deberías ir a descansar! –la regañé.

Bostezó y se dirigió a su habitación sin protestar.

Preparé el desayuno, jugo de naranja, pan tostado y huevo, todo para ella, porque yo apenas podría soportar el olor, ese era el fin a la alimentación humana. Entré en su habitación y dejé la comida en su tocador. Ella estaba buscando ropa en el closet y se giró para verme.

-Gracias Bella –me sonrió-. Pero no deberías cuidarme tanto, se supone que yo soy la mayor.

Puse los ojos en blanco. Ahora que yo era un vampiro, las cosas iban a cambiar.

Cuando llegué a la Universidad, me encontré con otra sorpresa. Vi a Lila caminar hacia mí, tenía el ceño fruncido, estaba muy enojada, pero eso no fue lo que llamó mi atención, sino el hecho de que no escuché su corazón latir, me fijé en su piel, tan pálida como la mía… ¡Ella también era un vampiro!

-¡Tú! –exclamamos al unísono.

-¡Me prometiste avisarme cuando volvieras a sentirte mal! –hizo una mueca-. ¡Pudo haberte pasado algo durante la transformación!

-¡Lo sabías! –la acusé-. ¿Por qué no me advertiste? ¿Por qué no me dijiste que tu también eras un… diferente?

-Porque no podía decírtelo, es una regla, no hasta que se completara el cambio –se calmó-. Estaba preocupada, yo pude traerte a un vampiro para que te diera su sangre… lo bueno es que encontraste a alguien para que te ayudara…

-Más bien él me encontró a mí –admití.

Lila asintió y luego sonrió.

-Ahora podemos hablar sin problemas –dijo-. Debes tener muchas dudas, y para tu suerte yo responderé a todas las que quieras.

Le devolví la sonrisa. Sí, eso quería, respuestas.

-¿Qué es la vinculación? –le pregunté. Tenía alguna idea, pero necesitaba saber con exactitud.

Ella arqueó una ceja.

-Apenas te acabas de convertir y ya me preguntas eso…

-¿Está mal que lo pregunté? –cuestioné encogiéndome de hombros.

-No, es sólo que… es extraño, normalmente esa pregunta se hace cuando ya has escuchado de ello o cuando ya alguien se ha vinculado de ti –contestó-. Lo cual no creo que te haya ocurrido porque normalmente pasan varios años antes de que alguien se vincule de ti…

Hice una mueca. ¿Por qué siempre tenía que haber algo raro en mí?

-La vinculación es algo muy fuerte –me miró-. Podría decirse que es a lo que los humanos llaman amor, los machos se vinculan a primera vista… después de eso, no pueden permanecer mucho tiempo alejados de la hembra a la que se vincularon…

¿Amor? Me estremecí, me costaba creer que dos vampiros estuvieran enamorados de mí.

-Y ya no pueden ni desean alimentarse de otra hembra que no sea de la que están vinculados…

-¿Qué? –balbucí.

-Sólo se alimentarán de una –repitió Lila-. Ninguna otra sangre será igual para ellos, ninguna esencia los atraerá con la misma fuerza.

Inconscientemente comencé a frotar mi muñeca.

-¿Y que sabes sobre la doble vinculación?

Lila se sorprendió ante mi pregunta.

-Sabes Bella, haces unas preguntas muy raras –dijo-. Eso sucedió hace mucho tiempo… creo que en París, dos machos se vincularon de la misma hembra –su voz fue perdiendo volumen.

-¿Qué pasó? –le pregunté.

-Ella aún no tenía compañero, aún no había escogido –continuó ella-. Ninguno los dos

vampiros no se soportaban, ninguno estaba dispuesto a cederla… se destrozaron entre ellos…

¡No! Esto no me podía estar pasando a mí. Esa historia no se iba a volver a repetir… no podía volver a pasar…

-Dicen que ella no lo soportó y encontró la manera de acabar con su propia vida –un escalofrió recorrió a Lila, luego sacudió la cabeza, como si quisiera quitarse esa imagen de la cabeza-. ¿Por qué tanta curiosidad por eso?

-Es que se vincularon a mí –contesté

-¡Tienes que contarme todo! –exclamó ella sonriendo, pero su expresión cambió muy pronto-. Espera… dijiste ¿vincularon?

Asentí.

-Oh –Lila parpadeó-. Creo que tienes un pequeño problema amiga.

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Cap.6.-Sangre.

-¿Crees que puede haber una forma de evitar una tragedia? –le pregunté esperanzada.

-Bueno –dijo Lila-. Supongo que si tu eliges a uno y te conviertes en su compañera…

Suspiré, lo mismo había dicho Carlisle.

-Entonces tengo que elegir pronto –me llevé las manos a la cabeza. Todo esto era tan complicado y yo apenas estaba asimilando que era un vampiro.

-¡No Bella! –exclamó Lila-. No puedes forzarte, eso tiene que ser natural, espera hasta que te hayas vinculado… si eliges antes, puedes cometer un error y ligarte a alguien que no amas, sufrirás mucho si lo haces…

Hice una mueca.

-¡Entonces no puedo hacer nada! –exclamé frustrada.

-Bella, no creo que la historia se repita –me tranquilizó Lila-. Ahora es diferente, nuestra raza no es tan impulsiva como antes, debes de darles un poco de crédito, no creo que lleguen a matarse entre los dos.

-Tienes razón –concedí-. Debo confiar en ellos.

Al día siguiente en la tarde decidí hacer una visita al hospital, necesitaba un consejo desesperadamente y la persona que más confiaba se encontraba en el departamento de cardiología.

-¿Por qué la visita? –preguntó Lena al verme entrar en la pequeña oficina.

-Necesito hablar –musité. No pensaba decirle que me había convertido en un vampiro, pero si una verdad parcial de lo que me ocurría.

-¿Qué ocurre? –Lena se preocupó al ver mi expresión.

-Es… yo sólo…

-¿Tiene algo que ver con el hijo del doctor Cullen? –Lena arqueó las cejas.

-Algo así –concedí-. El y alguien más…

Lena asintió.

-Dos chicos, los dos se interesan en ti y no sabes por cual decidirte…

Puse los ojos en blanco, en estos casos pensaba que mi hermana era una adivina o algo parecido.

-Sí

-¿No pierdes el tiempo verdad hermanita? –bromeó Lena, parecía sumamente divertida con la situación.

Le saqué la lengua. Si ella supiera todos los problemas que tenía, no estaría tan sonriente.

-No te enojes Bella –dijo Lena-. Sólo debes ser paciente, lo sabrás… tarde o temprano. Además esas cosas ocurren todo el tiempo, no se porque estás tan nerviosa, no es como si fuera algo de vida o muerte ¿o si?

Mi hermana se acercaba bastante a la verdad de lo que ella creía. A pesar que una parte de mí quería confiar en ellos, había otra que tenía un mal presentimiento y eso no me dejaba estar tranquila. Sentí un ardor en la garganta pero decidí ignorarlo, había cosas más importantes que una simple molestia.

Cuando llegó la noche y escuché la lenta respiración de mi hermana, decidí salir del departamento. Ahora que no podía dormir, los días se volvían muy largos.

Me sorprendí al ver a Alice esperándome afuera.

-Hola –me saludó alegremente.

-¿Qué haces aquí? –le pregunté.

-Esperando a que salieras –me contestó-. Aún quedan cosas que tengo que contarte.

-¿Pero como supiste que iba a salir? –le pregunté. Ella comenzó a caminar y yo la seguí.

-Porque puedo ver el futuro –contestó-. Después de que pasa cierto tiempo de que nos trasformamos, normalmente son algunos años, algunos de nosotros presentamos ciertas habilidades… Edward puede escuchar el pensamiento de los demás…

Me quedé petrificada.

-¿Eso quiere decir que él sabe lo que pienso?

Alice sonrió.

-No Bella, tú eres la única excepción –contestó.

-¿La única? –pregunté-. ¿Por qué?

La vi encogerse de hombros

-No lo sé –respondió-. Nadie lo sabe.

Entonces se me ocurrió una idea.

-Si puedes ver el futuro, podrías decirme quien será mi compañero…

Alice negó con la cabeza.

-Aunque no me gusta admitirlo –dijo haciendo una mueca-. Mi visión tiene fallos y en cuanto a la vinculación se refiere son tan ciega como cualquiera.

Suspiré, nada iba a ser sencillo.

Alice sonrió de pronto y sus ojos hicieron contacto con los míos.

-Pronto tendremos compañía –dijo.

Y tan sólo unos minutos después Edward se reunió con nosotros trayendo una ráfaga de viento consigo, la cual despeinó mi cabello.

-Bella –dijo mi nombre como si fuera la palabra más hermosa que se pudiera pronunciar.

-Lo viste en mi mente –lo acusó Alice.

-Sí –admitió el vampiro sonriendo-. Sabía que ibas a ver a Bella y no pude resistirme, tenía que verla también.

Alice puso los ojos en blanco.

-Bella –dijo-. Te dejo en buena compañía –prácticamente desapareció de lo rápido que corría.

-Vamos a dar un paseo –Edward me sonrió y me pasó un brazo por los hombros.

Llegamos a un parque y nos sentamos en el césped, observando como la Luna cubría con destellos plateados el hermoso lugar. Me sentí más tranquila, no era tan malo tener insomnio.

El día siguiente fue un poco más aprisa, las clases pasaron casi sin sentirlas, todo parecía ir mejor, hasta que iba de camino al departamento. Mi garganta comenzó a quemar, era un dolor terrible, casi insoportable, tenía sed. Había cometido un error al ignorar el ardor que me había dado el día anterior… ahora no podía controlarlo.

-¿Señorita se siente bien? –un hombre de mediana edad se acercó a mí. Podía escuchar su corazón latir, escuchar como la sangre corría por sus venas…

-Sí –logré decir con mi garganta seca-. Aléjese de mí, no lo necesito.

Por fortuna me hizo caso, si hubiera permanecido cerca un segundo más, habría saltado sobre él, me estremecí ante ese pensamiento. Tenía que encontrar a un vampiro y rápido.

Sólo que en está ocasión no contada con toda la velocidad de la que era capaz, ya que era de día y el sol, aunque estuviera oculto tras las nubes, me debilitaba.

-Bella te encontré –escuché una voz detrás de mí-. Sentí que algo malo te pasaba… ¿Qué te ocurre?

Me di la vuelta y agradecí ver a Andrew, aunque lo primero que vi fue su cuello, sentí mis colmillos crecer detrás de mis labios.

-Ayúdame –le pedí.

El me abrazó y sentí que girábamos, cerré los ojos ante esa sensación de mareo y cuando los abrí, vi que estábamos en una enorme sala.

-¿Dónde estamos? –musité.

Me ofreció su cuello.

-Primero debes alimentarte –dijo.

Estuve a punto de morderlo, cuando recordé las normas que me había explicado Alice.

-Debe ser de la muñeca –le recordé.

Andrew sonrió y vi un brillo pícaro en sus ojos verdes.

-A mi no me molesta que te alimentes de mi cuello –comentó.

-Pero a mí si –le dije-. Yo respeto las reglas.

-Si eso es lo que quieres –extendió sus colmillos y se hizo una herida en la muñeca.

Cuando extendió su brazo hacia mí, no lo pensé dos veces y bebí de él. El alivio llegó a mí en cuanto el líquido recorrió mi garganta y me relajé. Sentí que Andrew acariciaba mi cabello, fue un gesto tierno de su parte.

Después de un rato me retiré, su herida sanó poco después de que mis labios se separaran de él.

-Gracias –le dije.

Andrew me rodeó con sus brazos y depositó un beso en mi frente.

-Un placer –contestó.

-¿Dónde estamos? –repetí al ver el lugar.

-En mi casa

Arquee las cejas, eso no era una casa, era una mansión. Comencé a recorrer el lugar, me encantó la decoración, parecía un estilo antiguo, sonreí, viniendo de un vampiro con tantos años no debería sorprenderme.

-¿Te gusta? –me preguntó al percatarse de mi expresión.

Le sonreí.

-Sí

-La compre al llegar aquí, hace unas cuantas semanas –continuó-. Al principio no estaba seguro de quedarme mucho tiempo, pero no pude resistirme y veo que no me equivoqué en hacerlo…

Estaba caminando por la sala, cuando recordé algo y me detuve.

-¿Cómo llegamos tan rápido? –le pregunté. Sabía que los vampiros tenían una velocidad sorprendente, pero ni siquiera me había dado cuenta cuando entramos en la mansión.

-Nos transporté aquí –contestó.

Parpadeé. Así que esa era su habilidad. ¿Qué nunca iban a terminar las sorpresas?