Dark Chat

jueves, 1 de abril de 2010

Marca de Eternidad

Hello mis angeles hermosos!!! aqui les dejo sus cap  y un extra del cap 5 . por fiss dejen sus comentarios al final o me pondre muy triste T_T sean buenas conmigo por fisss
Les mando mil besitos
Angel of the dark
************************************************************************************************************

Extra Capítulo 5. Mientras dormías

Emmett

El vampiro de pie, a mitad del comedor, observaba fijamente a la humana que descansaba, hecha un ovillo en una de las sillas de madera. Pero su fijación hacia la mortal, sólo se debía a su hermano, Edward, y el extraño comportamiento que parecía tener cuando ella estaba a su alrededor.


Como en este momento. A Emmett le estaba costando suprimir una risa, pues Edward, a pesar de que estaba platicando con Carlisle y Esme, sus ojos no parecían perder de vista cada respiración de la humana, Bella.


Bella se veía tan indefensa, y lo era, pero en esa casa era el lugar más seguro para ella, lo que al parecer Edward no parecía querer entender. Porque la veía como si algo le fuera a ocurrir en cualquier momento.


Ahora que lo veía bien, la silla parecía terriblemente incómoda, así que Emmett se acercó a Bella para llevarla hasta el sillón.


-Yo lo haré –Emmett se giró para encontrarse con un no muy contento Edward.


-Tranquilo, Ed, sabes que yo no le haría daño –le dijo, y a pesar de que su hermano asintió, siguió teniendo esa mirada de hostilidad hacia él. Pero no sólo en ese momento, Emmett lo había notado desde antes de irse al centro nocturno, no entendía que podía haber hecho él para hacerlo enfadar.


La humana se estremeció y Edward se quitó su chamarra para cubrirla, luego con mucho cuidado, casi con adoración la tomó entre sus brazos. La joven suspiró inconscientemente y sonrió, como si por fin se sintiera segura.


Entonces Emmett vio algo que lo dejó sorprendido, su hermano correspondió a esa sonrisa. Esa humana, incluso estando dormida, había logrado lo que ninguno en esa casa, hacer sonreír a Ed. Porque su hermano era serio, casi no mostraba alegría. Y esa humana, con tan poco tiempo de conocerlo ya le había arrancado un gesto de felicidad. Bella había hecho un milagro y era completamente inconsciente de ello.


Vio como Edward se dirigía al sillón, con su preciosa carga, pero a pocos pasos de él se detuvo.


-¿No vas a dejarla ahí? –le preguntó Emmett, porque no entendía el porque del cambio de opinión de su hermano.


-Ella nunca me deja tocarla –respondió Ed-, ésta es la única manera en que puedo hacerlo, no pienses que desperdiciaré la oportunidad.


Su hermano definitivamente se había vuelto loco, y por una humana. Podía entender que le gustara, porque la humana era muy hermosa, claro no tanto como su Rose, pero el cabello castaño oscuro y el rostro en forma de corazón eran dignos de apreciar. Lo que no lograba comprender, era cómo su hermano podía observarla con tal adoración si apenas la conocía. Su caso por ejemplo había sido completamente distinto, con Rosalie había necesitado tiempo para descubrir su amor por ella.


Edward se inclinó sobre el rostro de Bella, y unió sus labios con los de ella, en un beso silencioso y sencillo.


Emmett puso los ojos en blanco, estaba siendo testigo como la cordura de su hermano se desmoronaba poco a poco.


Pasos detrás de él llegaron en forma de sonido hasta sus oídos, se giró para encontrarse con Alice. Por fin, alguien que pudiera explicarle algo. La tomó del brazo y la condujo lejos de Edward, quien por supuesto no se había dado cuenta de nada, porque estaba completamente concentrado en la humana.


-¿Qué pasa? –preguntó ella con diversión, como si ya supiera de que se trataba todo.


-¿No has notado que Ed se ha comportado extraño conmigo? –le preguntó.


Alice hizo un gesto con la mano, como si dijera que no tenía importancia.


-Sólo se puso un poco celoso –dijo.


-¿Celoso? –no parecía tener sentido eso-. ¿Por qué?


-Porque la hiciste reír –contestó ella simplemente.


Emmett siguió sin comprender.


Alice puso los ojos en blanco.


-¡Hombres! –exclamó como si fuera algún tipo de grosería, lo cual no le agradó a Emmett-. Edward esta enamorado.


-Pero apenas la conoce –replicó Emmett.


-Por eso lo llaman amor a primera vista –siguió ella, como si le estuviera explicando el abecedario a un niño pequeño-. Te prestaré una de las novelas que tengo para que aprendas un poco…


Emmett resopló, Alice era una romántica, pero que ni creyera que por una simple curiosidad él se volvería como ella. ¿Leer novelas? ¡Bah! Nunca.


Alice caminó hacia la sala, y él la siguió. Edward por fin había dejado a Bella en el sofá y estaba arrodillado en el suelo, acariciando su cabello. Entonces ella hizo un movimiento, y despertó. Pero Edward, que se movía a la velocidad de un vampiro, ya estaba de pie a varios metros de ella, como si nunca la hubiera tocado.


Emmett vio a su hermano, quien tenía una sonrisa divertida en el rostro, probablemente por el beso que le había robado a Bella mientras dormía. Luego su mirada fue hacia ella, quien los observaba desconcertada, ajena a todo lo que había pasado. Y a pesar de que él mismo no entendía mucho de aquella situación, no pudo evitar pensar, que ellos dos serían buenos compañeros y que le agradaría tener a Bella como cuñada.
**************************************************************************



Capítulo 7. La comunidad

Bella salió de su habitación asegurándose de hacer el menor ruido posible, no quería despertar a ninguna de las otras dos mujeres que dormían en esa casa. Después de lo que le pareció una eternidad logró llegar hasta la puerta y salir a la fría noche.


Estaba tan nerviosa, que se había olvidado ponerse algo más abrigador encima, traía solamente su bata, que ahora que lo veía bien, estaba demasiado corta y delgada para su gusto, a penas se había acordado de ponerse sandalias.


El murmullo del viento hacía de la noche más misteriosa, pero no le quitaba su hermosura, pues la luna brillaba como nunca. Bella desechó esos pensamientos y se concentró en buscar al vampiro que era dueño de su libertad.


-Lamento si te desperté


Bella casi saltó al escuchar la voz detrás de ella, se giró inmediatamente y puso distancia entre ellos.


-No importa –dijo, su cuerpo estaba comenzando a sentir los estragos de las caricias heladas que le hacía el viento.


-¿Tienes frío? –Edward se acercó a ella y la observó atentamente de pies a cabeza.


Bella se ruborizó, sus mejillas ardían en comparación con el resto de su cuerpo.


-No –mintió.


Edward extendió los brazos hacia ella, y la reacción de la joven fue encogerse y alejarse.


-Bella, no puedes sacrificar tu bienestar sólo porque me tienes miedo –él frunció el ceño-, va a llegar un momento en que tengas que tocarme por más repulsivo que te parezca.


La joven lo observó atentamente, sorprendida por las notas amargas que tiñeron su voz, pero no podía creerlo, tenía que ser otra cosa lo que lo hacía verse tan… triste.


-Además tengo que protegerte, aunque sea del frío simplemente –algo de humor pareció regresar a sus ojos tras esa frase-. Los vampiros no somos tan fríos como tú piensas.


A Bella le pareció que había un mensaje escondido detrás de esas palabras.


Entonces, sin darle oportunidad a otra réplica, Edward la rodeo con sus brazos. Bella sintió nuevamente esa corriente eléctrica que recorría todo su cuerpo, y se sintió cálida y extrañamente segura, tomando en cuenta que quien la abrazaba era un vampiro.


-¿A qué viniste? –le preguntó sin verlo a los ojos.


-A verte.


Bella se estremeció, y esta vez no era por el frío. Pero Edward pareció creer que si era por eso porque la estrechó más contra él.


-Sí, pero ¿Para qué? –le cuestiono teniendo cuidado no verlo directamente.


-Para decirte que… vendré por ti mañana, cuando salgas del café.


No, esa no era la verdad, pero Bella ignoró sus instintos, y se conformó con esa respuesta. Su tranquilidad desapareció cuando se dio cuenta que mañana en la noche tenía que ir a casa de Stein.


-¡No! –exclamó de pronto, luego al darse cuenta que de su reacción se corrigió:- Es decir, no puedo, mi madre y mi tía no me dejarán salir otro día, pero… podemos vernos aquí otra vez, afuera de la casa, a las once.


-Entonces vendré por ti a las once –dijo él y pasó una mano por su cabello.


Eso fue suficiente para Bella, no podía confiar de esa forma en un vampiro, así que se alejó de él.


Edward la observó fijamente, y un suspiro cargado de tristeza escapó de sus labios.


-Nos vemos mañana.


Bella no contestó, el frío había regresado a ella, y más fuerte que antes de ser abrazada por Edward, una parte de ella quería que él lo hiciera de nuevo, pero sacudió su cabeza y corrió a su casa. No miró afuera cuando cerró la puerta.


-Te ves cansada –comentó Yadhira cuando se acercaba la hora de cerrar.


No sólo se veía, se sentía completamente exhausta. Después de su visita había permanecido la mayor parte de la noche deseando que la reunión en casa de Stein durara poco, sino tendría que inventar una excusa para llegar a tiempo a su casa para ver a Edward.


Todo se estaba volviendo demasiado complicado.


-No dormiste en toda la noche –adivinó su amiga-, porque te la pasaste pensando en los dos chicos que andan tras de ti.


De alguna forma, estaba en lo correcto, pero no por lo que ella suponía, pensó Bella.


-Ninguno anda tras de mí, Yadhira –le dijo.


Su amiga puso los ojos en blanco.


-Claro que sí –la contradijo.


Bella resopló, tenía ganas de decirle que Edward sólo la veía como un objeto, ya que era un vampiro, y que Stein sólo era amable porque era como ella, un humano que podía distinguir a los inmortales, pero por supuesto, nada de eso podía salir de sus labios.


-Entonces… ¿Cuál te gusta más? –le preguntó Yadhira.


-Ninguno.


-¡No me salgas con eso, Bella! –exclamó la morena-. Los dos están como para comerse, no estoy ciega, así que no me digas que ninguno de ellos te gusta.


-Escucha entre Edward y yo no va a pasar nada –le aclaró. Para Bella era sencillo entender eso, ya que él era un vampiro y nunca la vería de esa forma, ella tampoco ya que nunca podría confiar en uno de ellos.


-¿Y qué tal Stein?


-Ni con él –dijo.


-¿Por qué no? ¿Por qué te niegas a una oportunidad con alguno?


Simplemente por el hecho de que no existían tales oportunidad. Eso estaba bastante claro para Bella, y no encontraba forma de hacérselo saber a su amiga.


-Dejemos ese tema ¿De acuerdo? –sugirió Bella.


-Bien, pero no me rendiré así de fácil amiga, puedo llegar a ser muy insistente.


Yadhira no tenía que haber dicho eso, Bella la conocía perfectamente.


Bella regresó a su casa, no podía pensar en otra cosa que en salir rápido de la reunión con Stein, pero no tenía idea como hacerlo.


-¡Sube rápido a arreglarte, no queremos llegar tarde! –Megan ni siquiera la saludó, simplemente la mandó a su habitación.


-No puedo creer que después de tanto tiempo veremos a otras personas como nosotras.


Bella alcanzó a escuchar la voz entusiasmada de su madre mientras subía las escaleras, las dos mujeres parecían muy contentas con la idea de la reunión.


El espejo no le devolvía buena imagen, y como no sabía qué clase de reunión se trataba decidió que lo mejor era ponerse algo de maquillaje y cambiarse de ropa. Se asomó a su closet y después de andar buscando y removiendo en los cajones decidió ponerse un sencillo vestido azul, que hace tiempo no usaba.


No pasó mucho para que ella volviera a la sala, y se encontrara no con dos, sino con tres personas esperándola.


Tal vez si se había tardado más de lo que creía.


-Te ves hermosa –Stein se acercó a ella.


-Gracias –respondió algo confundida-. Lo siento, pero ¿Qué haces aquí? –añadió sin verlo a los ojos.


-Vine por ustedes para asegurarme que fueran a la reunión –respondió él divertido.


Ahora que lo observaba bien, Stein se veía diferente ese día, parecía haberse esmerado más en su apariencia y eso lo hacía lucir aún más apuesto que antes.


Su auto, era un último modelo negro, y sus asientos eran de piel, Bella supuso que se trataba de un vehículo muy caro. En él fue que llegaron hasta una hermosa casa, demasiado grande para lo que ella se había imaginado, pero suponía que para una reunión estaría perfecta.


Se preguntó cómo las recibirían las otras personas, o si alguna tendría una habilidad extra como ella y Stein.


Eran las ocho en punto.


La puerta de la casa se abrió, y Bella vio a un hombre tan parecido a Stein, solo que unos años más encima, que no dudó que estaba en frente de su padre.


El hombre le ofreció una amplia sonrisa.


-Supongo que tú eres Bella –dijo.


La aludida asintió.


-Mi hijo me ha hablado de ti con mucha insistencia –comentó-. ¿Así que tú puedes saber cuando alguien está mintiendo?


-Sí.


-Fascinante –aprobó el hombre.


Stein intervino en ese momento y presentó a Megan y Reneé. Entonces el hombre hizo una leve inclinación e invitó a pasar a las tres mujeres.


A Bella le encantó la decoración del interior, todo se veía tan elegante, aunque si tuviera que escoger entre casas, sería la de Edward.


La joven se detuvo. ¿A qué venía ese pensamiento?


Porque aquella casa era inhabitable ya que estaba llena de vampiros, un humano no podría vivir ahí, por lo menos no mucho tiempo.


-Ven conmigo, Bella –Stein la tomó de la mano-, te presentaré a alguien que creo que te agradará.


Bella fue conducida entre la gente, hasta llegar a una pareja y su pequeña hija, que no tendría más de diez años, y se preguntó quién era la persona que Stein tanto quería que conociera.


John y Mary resultaron ser dos personas muy agradables y la niña era una hermosa castaña, con unos ojos tan azules como el cielo.


-Kim, enséñale a mi amiga Bella lo que sabes hacer –dijo Stein.


La niña sonrió, y dos pequeños hoyuelos se formaron en sus sonrosadas mejillas.


-¿Es tu amiga o tu novia? –preguntó la niña observando las manos unidas de los dos.


-¡Kim! –la regañó su madre-. Te he dicho que no te metas en la vida privada de las personas.


La pequeña agachó la cabeza ligeramente, pero la sonrisa no se le borró del rostro.


-Lo siento.


Bella sintiéndose de pronto, un tanto incómoda soltó la mano de Stein.


-Bueno ya que le agradas mucho a Stein –siguió la niña-, te mostraré.


Kim cerró los ojos fuertemente, y durante un momento no ocurrió nada, hasta que sin que Bella lo esperara todas las luces se apagaron.


Hubo un jadeo de sorpresa colectivo.


Bella no podía ver nada.


-Ahora algo más divertido –escuchó que reía una vocecita cerca de ella.


En cuanto las palabras de Kim terminaron, las luces comenzaron a encenderse y apagarse a una velocidad sorprendente.


-Creo que es suficiente Kim, sino mi padre me matará por convencerte de hacer esto –la voz de Stein de pronto se escuchó mucho más cerca que antes.


-Oh, apenas se estaba poniendo interesante –se quejó la niña.


Cuando la luz volvió por completo, Bella se dio cuenta que Stein estaba a sólo unos centímetros de ella. Él le sonrió y se inclinó un poco hacia ella, pero Bella se giró para observar a Kim.


-Eso fue maravilloso –felicitó a la niña.


-Gracias –dijo Kim, viéndose muy satisfecha de sí misma-. ¿Y tú tienes alguna habilidad?


-Sí, pero no es tan divertida como la tuya –respondió Bella con una sonrisa en los labios-. Yo puedo saber cuando alguien miente, y cuando hago una pregunta mientras estoy viendo a alguien a los ojos siempre me tiene que responder con la verdad.


Kim abrió los ojos como platos.


-¿En serio?


Bella asintió.


-Creo tú habilidad es increíble, no tanto como la mía, pero sí está bien –comentó la niña.


Poco después pasaron al comedor, Stein se sentó junto a Bella, lo que, por las miradas que les dirigía el padre del joven, no había pasado desapercibido para él.


-Creo que Kim puede controlar la electricidad –le explicó Stein, cuando ella le preguntó sobre la niña-, pero como ahora es muy pequeña sólo puede hacerlo con las luces.


Bella observó la mesa, jamás se había imaginado estar con tantas personas que pudieran distinguir a los vampiros, se sintió menos sola que antes. Les dirigió una mirada a Reneé y Megan, y supo que ellas también compartían esa misma emoción.


La conversación en el lugar se veía animada, el padre de Stein parecía muy entusiasmado hablando con otro hombre, al parecer sobre… vampiros, pero Bella no les prestaba mucha atención hasta que surgió una palabra que la hizo girarse para escucharlos mejor.


-Te digo que últimamente muchos humanos hacen tratos con los vampiros, Ryan –dijo el hombre.


-Pero me parece imposible alguien como nosotros acceda a eso –replicó el padre de Stein algo preocupado.


-Pues es lamentablemente cierto, por eso hay que tener mucho cuidado con las personas que entran a esta comunidad –siguió el hombre-, puede haber traidores.


-Estoy seguro que ninguno de los aquí presentes a cometido la estupidez le aliarse con uno de esas criaturas infernales –dijo firmemente Ryan.


Bella se removió incomoda en la silla.


-De cualquier forma hay que tener mucho cuidado –insistió el hombre-, no queremos que alguien revele que nos reunimos, no por ahora, por lo menos. Sería nuestro fin, los vampiros se irían sobre nosotros en cuanto lo supieran, y no sobreviviríamos.


No, ella nunca le diría nada de esto a Edward, no los traicionaría.


-Tendré cuidado –le aseguró Ryan, después se volvió hacia ella y le sonrió añadiendo:- además ahora si sospecho que alguien pueda estarnos traicionando tengo un arma secreta para sacarle toda la verdad. ¿Nos ayudarías verdad, Bella?


-Sí, por supuesto –musitó Bella en respuesta.


Stein le tomó la mano y se inclinó hacia ella.


-Le agradas a mi padre –murmuró en su oído.


Si él y su padre se enteraran de la verdad, no sólo no les dejaría de agradar, sino que la odiarían.


Se hicieron las diez de la noche.


Bella casi salta de su silla cuando ve el reloj, pero no lo hizo simplemente se levantó y se dirigió hacia donde se encontraban su tía y su madre.


-Me siento algo cansada –les dijo-. ¿Nos podemos ir?


-Sí –coincidió Reneé-, yo también me siento cansada.


Stein se ofreció a llevarlas, y Bella aceptó, era la forma más rápida de llegar.


El recorrido de regreso se le hizo más lento a Bella, quizás porque tenía que estar lista a las once, y no sabía cómo reaccionaría el vampiro si no la veía ahí.


Cuando llegaron, un gran suspiro escapó de los labios de la joven.


-Nosotras vamos a subir a dormir –le dijo Megan-, tú despide a Stein y agradécele por todo.


¿Era su idea, o su tía quería que se quedara a solas con él? Pero pronto se le borró eso de la mente cuando le echó otro vistazo a las manecillas, y vio que sólo faltaban diez minutos, esperaba que Stein se fuera pronto.


El rubio le sonrió y la tomó entre sus brazos.


-Pasaré mañana por la cafetería –dijo él guiñándole un ojo y le dio un rápido beso en la mejilla.


-De acuerdo –respondió sin prestar mucha atención, ya que estaba viendo a su alrededor en busca de algún indicio que le indicara que el vampiro había llegado.


No logró relajarse hasta que Stein se despidió de ella y lo vio alejarse en su auto.


Escudriñó la oscuridad y al asegurarse que no había nadie, se volvió, tenía que cambiarse de ropa antes de bajar… entonces escuchó pasos detrás de ella.


Se giró, y encontró a Edward, de pie ante ella, se veía mucho más serio que antes.


-¿A qué se debe ese atuendo? –le preguntó recorriéndola con la mirada. Sus ojos parecían debatirse entre el enojo y la fascinación.


Bella abrió la boca para responder, pero fue interrumpida.


-O mejor preguntaré ¿Quién era él? –cuestionó frunciendo el ceño-. ¿Y a donde fuiste?


Tenía que pensar en alguna excusa buena, sino él lo descubriría todo.
**********************************************************************************************

Capítulo 8 . Revelación


Mientras el frío comenzaba a afectar a Bella hasta los huesos, y Edward tuviera una expresión no muy contenta en el rostro, ella se ponía a pensar en una respuesta creíble, pero falsa.


No podía decirle que estaba en una reunión de personas con la misma capacidad que ella, con seguridad los mataría a todos, porque así eran los vampiros, sólo esperaban cualquier excusa para derramar sangre.


Así que la verdad estaba descartada. Entonces se le ocurrió algo, que pensaba salvaría a Stein de cualquier sospecha por parte de Edward. Simple, ella había tenido una cita con él, sí, eso haría que el vampiro no hiciera más preguntas. No creía que a Edward le interesara en lo más mínimo su vida personal, no, por supuesto que no.


-Me invitó a salir –soltó rápido. Esas palabras le dejaron un sabor agrio en la boca, como si algo dentro de ella le dijera que esa era una respuesta equivocada.


El rostro de Edward se convirtió en piedra, ninguna emoción se podía leer en él, y esto, más que nada asustó a Bella. Porque de pequeña, mediante mucho sufrimiento había aprendido algo muy importante: podías anticipar la furia de un vampiro con sólo ver su expresión, pero uno que a la vista carecía de emociones, podía esconder la verdadera ira detrás de esa máscara de indiferencia.


Bella retrocedió.


Edward notó esto, y su rostro por fin reveló algo: dolor. Entonces, algo dentro de Bella se rompió, y sintió como si ella fuera la causante de ese sufrimiento. Pero era una tontería. ¿Cómo podía un simple humano herir a un vampiro?


-Sabes que es cierto cuando digo que no me gusta tener que usar nuestro trato para obligarte a hacer algo, pero en esta ocasión no puedo evitarlo –dijo Edward.


Todo eso era verdad, supo Bella en cuanto las palabras llegaron a sus oídos.


-No quiero que lo veas más.


-¿Por qué? –a pesar de que ansiaba la respuesta a esa pregunta, no lo miró a los ojos.


Pero él no respondió, simplemente acortó la distancia que había entre los dos, tan rápido que Bella ni siquiera se dio cuenta hasta que el rostro de Edward estuvo a escasos centímetros de ella.


Entonces él pasó una mano por su cabello, y a Bella se le olvidó que había abierto la boca para hacer una pregunta. Ella se estremeció.


-Por favor, Bella, aunque sea en este momento no te alejes de mí como siempre lo haces –le pidió.


Bella sentía que su corazón se quería salir de su pecho, pero en esta ocasión no pudo distinguir si eso era causado por miedo, o por otra emoción.


-Escucha –le dijo despacio, mientras su otra mano, la que no estaba ocupada con su cabello, la envolvía por la espalda y la acercaba más a él-, yo preferiría morir antes que hacerte daño.


Bella sabía que eso era verdad, estaba segura de ello, su don jamás fallaba, pero no lograba entender porqué Edward decía ese tipo de cosas… como si se preocupara por ella.


No, no podía creer en eso, los vampiros no sienten nada por los humanos.


Así que en lugar de seguir imaginando cosas, se concentró en lo que más importaba en ese momento. Porque tenía que hacer que Edward accediera a dejarla ver a Stein, después de todo, no creía que esa reunión fuera la última, y ella estaba tan emocionada por conocer a personas con ella, de saber que no estaba sola.


Aunque justo en esos momentos, no se sentía para nada sola. Sacudió su cabeza para borrar ese último pensamiento, que ni siquiera sabía de donde había venido.


-Pero –comenzó-, Stein no es peligroso ¿Por qué no puedo seguir viéndolo?


Edward no respondió inmediatamente, sólo se limitó a abrazarla con más fuerza, como si no quisiera soltarla nunca. Bella no lograba entender bien porque él no quería que viera a Stein. ¿O acaso su mentira no había funcionado y Edward sabía sobre el don de Stein?


-¿En verdad quieres saberlo? –cuestionó.


-Sí –musitó.


-¿Entonces porque no simplemente me miras a los ojos y lo preguntas? –continuó-. Tú don te permitiría saber tantas cosas sobre mí, sólo tienes que usarlo.


-Creí… -hiso ademán de alejarse de él, pero sus brazos seguían aferrados a ella, sin darle opción a liberarla- Creí que a ti te molestaría si lo usaba en ti…


Edward dejó escapar un suspiro cansado, y se inclinó más hacia ella.


-Y pensaste que me enfurecería –dijo, no era una pregunta-. Bella, no sé como hacerte entender que nunca te lastimaría, aunque… aunque tu me traicionaras…


Bella se quedó sin palabras, petrificada. ¿Por qué un vampiro decía cosas como ésa? O para ser más exactos: ¿Por qué Edward decía eso y la confundía tanto?


Comenzaba a dudar de las palabras de su madre y su tía, que los vampiros son malos, que no les importan los humanos, que…


-Te permitiré hacerme las preguntas que quieras, puedes usar tu habilidad, Bella. Tal vez de esa forma logres entender muchas cosas…


Edward tomó su barbilla, y la obligó a verlo a los ojos.


-Que comience el interrogatorio –bromeó el vampiro.


Ahí estaba, su oportunidad, las preguntas que ella quisiera… y había tantas cosas para las que quería una respuesta… Y Bella… no se atrevió, no podía porque una parte de ella le tenía miedo a la respuesta.


Sus párpados se cerraron y negó con la cabeza.


-¿No? –entonces lo sintió acercarse más, y lo escuchó murmurar en su oído-. De todas formas te lo diré. No quiero que él se te acerque, no quiero que te toque, ni siquiera quiero que te mire. Tuve que reunir todas mis fuerzas para permanecer oculto esta noche, mientras él te abrazaba, pero hubo un momento en que creí que saltaría sobre él.


Bella no quería abrir los ojos, porque si lo hacía y se encontraba con el brillo dorado de los de él, temía descubrir muchas cosas en ellos.


-Porque siento que los celos me consumen por dentro,


¿Celos? ¡Celos! ¿El le estaba diciendo que estaba celoso? Pero él no podía… porque eso significaba que… que él la quería.


Era demasiado para ella, porque siempre había sabido que los vampiros… los vampiros… ¡Ellos no tenían sentimientos! ¿Todo lo que creía saber era un error?


Bella se sacudió para alejarse, pero esta vez no era por miedo, sólo estaba impresionada, no sabía que pensar, no sabía que hacer.


Pero Edward lo entendió todo mal.


-Aunque tú me desprecies, es así como me siento.


Tal vez si no estuviera tratando de analizar todo lo que le había dicho, le hubiera sacado de su error, y dicho que no lo despreciaba. No, Bella no podía odiar a alguien que se preocupaba tanto por ella.


-Tenemos que irnos –Edward cambió tan rápido de tema, que a Bella le desconcertó-. Y lamento decirte que iré corriendo, así que tendré que tocarte para llevarte.


Otra vez esas palabras llenas de amargo dolor, en esta ocasión la lastimaron tanto que hizo algo que ninguno de los dos se esperaba. Bella se acercó a él y extendió los brazos, dando a entender que le permitía de buena gana que la abrazara.


-Vamos –dijo Bella. Sabía que lo hacía porque estaba demasiado aturdida por todo, porque aún había una parte de ella que le decía que tuviera cuidado con los vampiros.


Edward le regaló una sonrisa, y no le dio tiempo a que se arrepintiera, la tomó entre sus brazos suavemente, como si fuera algo muy valioso.


Ambos desaparecieron en la oscuridad.


Llegaron a un lugar, que Bella pensó que parecía un callejón muerto, no había nadie en las calles. Era muy tarde, sí, pero normalmente en la ciudad la gente a esas horas todavía seguía despierta.


Bella se estremeció.


-Tranquila –le dijo Edward-, no permitiré que te pase nada, sólo vengo a ver a otro vampiro, necesito hacerle unas preguntas.


La joven asintió, pero no podía evitar que sus ojos observaran en todas direcciones ni de que su imaginación le dijera que alguien la atacaría en cualquier momento.


Caminaron un poco hasta llegar a un edificio que parecía abandonado, pero ese aspecto probablemente se lo daba la pintura corroída, y algunos vidrios rotos que se alcanzaban a ver en las ventanas de los últimos pisos.


Ni siquiera tuvieron que entrar en él, ya que un vampiro los esperaba afuera. Era un poco más bajo que Edward, y su cabello era oscuro, pero parecía más bien opaco, sus ojos, estaban ocultos tras unas gafas negras, aún cuando la oscuridad los rodeaba.


-¿A que se debe la visita, Edward? –cuestionó el vampiro, en un tono que daba a entender que no era bienvenido.


-Anker me dijo que tú podrías conocer al culpable de las muertes de las mujeres humanas, sabes que tenemos prohibido matar, Heller –dijo Edward con brusquedad.


Heller mostró los colmillos.


-Ese estúpido vampiro sólo te dijo eso, porque me odia –escupió-, yo no he tenido nada que ver con eso.


Edward se giró hacia Bella.


-Dice la verdad –respondió ella. Cuando había visto en la televisión la noticia de la desaparición de mujeres en toda la ciudad, supo que tenía algo que ver con los vampiros, y ahora lo había comprobado.


-¿Quién es tú hermosa y apetecible compañía? –el vampiro ahora tenía su atención en ella.


Edward se puso entre los dos, bloqueándole la visión de ella al vampiro.


-Olvídate de ella, Heller –le gruñó-. Ahora responde ¿Qué sabes sobre los asesinatos?


-¡Nada! –gritó-. ¡Ya te dije que yo no fui, y no se quien lo hizo!


-Es la verdad –dijo Bella detrás de Edward.


-¿Eres un detector de mentiras acaso? –le preguntó el vampiro exasperado.


Edward le mostró los colmillos.


-Después de todo, no conseguí averiguar nada esta noche –dijo-. Bella, te llevaré a tu casa.


-Deberías dejar de preocuparte tanto por las humanas que están siendo asesinadas –dijo Heller-, y cuidar más el bonito cuello de la tuya. Ya que ella puede distinguirnos, y eso no es muy apreciado por nosotros. O quizás si la descuidas, alguien la muerda antes que tú…


Edward lo golpeó tan fuerte, que el vampiro salió volando varios metros lejos de él, y cayó al suelo ocasionando un ruido fuerte al impactar contra el pavimento.


Edward la tomó entre sus brazos, y en pocos minutos estuvieron en la puerta de su casa. A pesar de que Bella creía que la bajaría de inmediato no fue así, la abrazó con fuerza y posó sus labios en su frente.


-Buenas noches –dijo a modo de despedida, antes de desaparecer.


Dejándola fría, sola y confundida.

miércoles, 31 de marzo de 2010

A Walk to Remember

Capítulo 9: La Cita


El sonido del timbre aceleró su corazón. Se puso de pie y trató de controlar los temblores que le volvían mucho más torpes sus pasos. Abrió la puerta y Edward estaba ahí, frente a ella. Definitivamente, aquella mirada gentil y brillante le hacía lucir más guapo. Bajó la mirada, no quería desacomodar sus ideas tan rápido.


"¿Estas lista?" –


Ella asintió, aún viendo sus pies


"Señor Cullen" – apareció Charlie, a sus espaldas


"Buenas noches, Señor Swan" – se apresuro a decir el aludido


"Isabella no puede venir muy noche ¿Entendido?"


"Si, señor"


Charlie apretó fuertemente la mandíbula. De un momento a otro se había arrepentido de haber dado su consentimiento. Su hija se giró para depositar un beso sobre su mejilla


"Vengo pronto" – prometió y, con esto, salió de la casa, en compañía de aquel joven.


________________________________________


"¿A dónde iremos?" – preguntó Bella, viendo el paisaje que se levantaba a través de la ventanilla del carro


"Es una sorpresa" – contestó el muchacho, con una gran sonrisa en su rostro y sin despegar la mirada de la carretera.


De modo literal, no había podido dormir tras pensar en esa noche. Había pasado todas las horas en vela planeando a qué lugares llevarla. Quería que la ocasión fuera especial, sabía que esa era la oportunidad que tanto estaba esperando para demostrarle que podía ser alguien mejor – alguien digno de ella – Había recordado cada palabra dicha por la jovencita, cada plática sostenida en las últimas semanas y decidió por algo sencillo, pero significativo. Sus ojos brillaron en la oscuridad y su sonrisa se ensanchó


"Edward" – llamó Bella, atrayendo su atención – "¿Podrías… bajar la velocidad, por favor?"


"Oh, claro" – contestó y su pie dejó de apretar violentamente el acelerador.


"No sabía que te gustaba la música clásica" – señaló la muchacha, al escuchar las suaves notas que salían de la radio


"Solamente algunas" – se sinceró, mientras se encogía de hombros


"Claro de luna es una bonita canción"


"Vaya que lo es"


El resto del camino lo hicieron en un completo – y acogedor – silencio. Era algo que a Edward le encantaba: el poder estar al lado de Bella sin necesidad de estar hablando todo el tiempo. Con ella, el sigilo resultaba ser algo tan cómodo, pacifico e irreal…


Simplemente, a su lado, el mundo se le pintaba de una manera muy diferente a la que él antes creía.


________________________________________


"Hemos llegado" – anunció, mientras estacionaba su coche.


Bella comenzó a caminar y no protestó al notar que Edward le tomaba de la mano.


"Aún no puedo creer que te hayas atrevido a pedirle permiso a mi padre" - comentó, mientras tomaba asiento frente a una elegante mesa de mantel blanco y velas adornando su centro.


"Realmente, se puso difícil. Se mostró muy accesible"


Un mesero llegó a los pocos minutos, dispuesto a tomar la orden.


"¿Pasa algo?" – preguntó Edward, al ver como el rostro de Bella se ensombrecía


"Es un lugar muy lujoso. Estas seguro que no hay problema?"


"Por supuesto que no" – contestó, con una enorme sonrisa en el rostro. Debería de haber supuesto que, a diferencia de todas las chicas a las que él había invitado a salir, ella sería la única que se preocuparía por aquel detalle – "Pide lo que quieras"


________________________________________


Al terminar de cenar, Bella levantó la mirada y se encontró con los verdes ojos del muchacho que tenía al frete. Bajó el rostro, pues sus mejillas comenzaban a colorearse. Jugueteó con sus dedos, debajo del mantel. Le ponía demasiado nerviosa aquel latido desbocado de su corazón. Intentó pensar rápidamente en algo que decir para distraerse. Entonces, viajó su mirada hacia alrededor y vio la pequeña tarima, a pocos metros de ellos. La música que inundaba el ambiente era relajante y vio como unas cuantas parejas se balanceaban sobre sus pies, moviéndose al pausado ritmo de ésta. Suspiró profundamente


"¿Quieres bailar?" – le preguntó, sin pensarlo mucho


El muchacho dilató sus ojos y entreabrió su boca ligeramente. No sabía que a Bella le gustara bailar… no contaba con ello.


"Eh… no… yo no bailo" – balbuceó – "No sé bailar" – se sinceró


"Todo mundo sabe bailar" – discutió la muchacha


"Créeme que yo no. Soy un desastre para ello"


"Oh, vamos, no puedes ser tan malo" – insistió y Edward se perdió en la magnificencia de aquellos ojos marrones que le miraban, ilusionados por que aceptara – "Hagamos el intento, uno pequeño. Si, en realidad resultas ser muy malo, ya no insistiré más" – prometió y, con un suspiro el muchacho accedió.


¿Qué tanto estaría él dispuesto a hacer por Bella? Le comenzaba a preocupar el que no pudiera negarse a nada de lo que ella le pidiese. No sabía con exactitud a cuantas chicas había rechazado ante una invitación similar, pero si estaba seguro de que habían sido demasiadas. Sin embargo ella… ella ni si quiera había tenido que exigir demasiado tiempo.


Subieron a la tarima.


Cuando Bella se acercó para estar cerca de él, la idea ya no le parecía tan mala. Sus manos se movieron hacia su cintura y dejó que la chica le guiara en los pasos. Tal y como era de esperarse, no se hizo esperar para mostrar lo pésimo que era en esa actividad y, al primer movimiento que dio, sus pies fueron a caer sobre los de su compañera.


"Ay…" –


"Lo siento, lo siento" – se disculpó – "Te dije que era malo"


Bella sonrió… Edward resultaba tan cautivante cuando mostraba aquel gesto tan sencillo. Se obligó a huir de su mirada. La cercanía de sus cuerpos no iba a ayudar mucho si se dejaba perder en el mar esmeralda de sus ojos. Edward también se encontraba nervioso, temía que Bella pudiera llegar a escuchar el fuerte palpitar de su corazón, sería algo vergonzoso…


"¿Te puedo hacer una pregunta?" – inquirió, al pasar un par de segundos. Bella esperó en silencio – "¿Me podrías decir cuál es el objetivo número uno de tu lista?"


Era algo que él, realmente, quería saber... Una intriga demasiado grande, la cual se había pasado intentado descubrir en las últimas semanas.


"No" – contestó Bella, con una gran sonrisa


Edward intentó disfrazar su desilusión con una mueca extraña.


"¿La sabré algún día?"


"Nadie, más que yo, lo sabe. Es mi secreto personal"


"¿Pero si tengo una pequeña posibilidad?"


"Puede que si… pero sería una demasiado pequeña"


"Entonces, seré paciente" – prometió – "El objetivo número uno de mi lista es irme de Forks" – confesó


"Eso no es un problema. Tú puedes hacer lo que desees"


La música cesó y ellos se quedaron un momento en completa inmovilidad. Ninguno quería separarse del calor del otro. Edward ya se había olvidado del lugar en el que se hallaban. Hasta que una voz interior le recordó que aún quedaban un par de cosas por hacer.


"¿Me acompañas a un lugar?" – preguntó y su repentino entusiasmo sobresaltó a Bella


"¿A qué lugar?"


"Es otra sorpresa" – el chico se mordió los labios, en un intento de reprimir la enorme sonrisa que se quería asomar – "¿Qué dices?"


Bella se limitó a asentir y, al segundo después, se encontraba ya en el carro de Cullen.


"¿Me podrías decir a dónde vamos con tanta prisa?" – exigió saber, cuando vio como el carro volaba por una carretera, la cual no conocía


"Espera dos minutos y lo sabrás" – prometió y, tal como había dicho, al poco tiempo estacionó el carro en la orilla, se bajó del auto y fue por su invitada – "¡Ven!" – pidió, mientras la jalaba de la mano y le hacía correr unos cuantos metros.


"Edward, ¿Acaso te has vuelto loco?" – preguntó la castaña, con una enorme sonrisa en el rostro, pues aquella actitud de su compañero se le hacía muy graciosa y su entusiasmo era demasiado contagiadle – "¿Qué hacemos parados a mitad del bosque?"


"No es la mitad del bosque" – aclaró – "Mira a tu alrededor"


La castaña obedeció y sus ojos se deleitaron al ver aquel hermoso prado que se levantaba frente a ella. Era esplendido, aún con la oscuridad bañándolo casi por completo. Parecía un pequeño lugar, sacado de un cuento de hadas. El pasto se veía demasiado cuidado y su superficie circular simulaba haber sido trazada a propósito, como si alguien hubiera llegado y hubiera arrancado las suficientes hierbas y árboles para poder dibujar una esfera natural.


"Es bellísimo" – murmuró, aún perdida en aquel escenario. Sintió la mano de Edward tomar la suya y ambos comenzaron a caminar.


Llegaron y se sentaron debajo de un árbol. El viento soplaba, con una brisa perfecta. Era como si la noche y el clima se hubieran puesto de su parte para hacer de esa noche algo ideal. Algo único. Bella pensó que no podía pedir más: Se encontraba al lado de aquel muchacho al que tanto quería – ya no lo podía negar más – en un lugar hermoso, que nunca imaginó poder ver, bajo la luz de la luna y con el aroma a pino inundando su nariz. Suspiró profundamente y sonrió.


"Tengo planeado algo más" – murmuró Edward – "Aquel día, me dijiste que en tu lista de objetivos esta tener un tatuaje ¿Era verdad?"


"Si" – asintió. Los ojos del muchacho brillaron de manera sorprendente


"Hoy es una buena noche para ello" – dijo, mostrando varias tiritas de tatuajes temporales.


La sonrisa de Bella se ensanchó aún más


"¿Qué dices? ¿Quieres tener un tatuaje esta noche?" – la castaña volvió a asentir – "¿Te parece bien si es una mariposa?"


"Me parece bien" – acordó


Edward extrajo una pequeña botellita de agua y un pedazo de algodón. Preparó todo mientras Bella le observaba, sin poder borrar el gesto que curvaba sus labios hacia arriba. Mojó el pedazo de algodón con el agua, lo acomodó en una de sus piernas y comenzó a destapar el paquete de tatuajes


"¿En dónde lo quieres?" – preguntó


Bella lo meditó por un momento y, tras pasar un par de segundos, comenzó a bajarse la manga de su blusa, dejando al descubierto uno de sus hombros. Edward no pudo evitar tragar saliva ruidosamente al ver la suave piel que quedaba al aire.


"Aquí" – indicó Bella, señalando con la punta de su dedo una parte de su espalda


"Bien"– murmuró y comenzó a mojar la estampita con el algodón, hasta que estuvo seguro de que ésta se había adherido bien en su lugar.


Separó el resto de la tira y la pequeña mariposa quedó pintaba, de manera perfecta, sobre aquella blanca y lisa superficie. Se veía tan suave, tan tentadora. No pudo evitarlo y acercó sus labios hacia ella, quedando a pocos milímetros de poder tocarla. Se detuvo. Sabía que Bella podría sentirse incomoda con tan impulsivo gesto… pero el deseo era mucho mayor y sus manos comenzaron a arderle. No pudo calmar aquel desenfreno que llevó a sus dedos hacia el hombro que permanecía desnudo.


Sus yemas se pasearon lentamente sobre la suavidad de aquella piel que le pareció tan delicada, que apenas y la tocó. Nunca antes se había maravillado con tanta fragilidad. Nunca antes el deseo tuvo un sabor tan inocente y dulce… Inspiró profundamente y se alejó de ella.


Bella tenía las mejillas completamente enrojecidas. Aún podía sentir el cosquilleo que aquellas gentiles caricias le habían dejado. Se volvió a cubrir el hombro y su mirada se junto con la de Edward. Ambos permanecieron en silencio por un momento. Un silencio muy acogedor que les provocaba un mariposeo en el estomago. El chico tomó sus manos entre las suyas y ella no se negó. Se sentía muy bien como ambos calores su fusionaban en un solo.


Bella dirigió su vista hacia el oscuro manto estrellado. Jamás antes había visto una noche como esa. Tan llena de vida que las estrellas parecían cambiar de color…


"¿Cómo puedes ver lugares como este, vivir momentos como este, y no tener fe?" – preguntó


"Tienes suerte de estar tan segura"


"Es como el viento. No puedo verlo, pero si puedo sentirlo"


"¿Qué es lo que sientes?"


"Siento admiración, belleza, alegría, amor… Esos sentimientos, son el centro de todo" – finalizó, bajando la mirada del cielo y centrándola en el chico


"Me gustaría besarte" – murmuró Edward, acercando su rostro, movido por aquel deseo infrenable que le carcomía cada uno de sus sentidos


"Podría no hacerlo bien" – contestó, incapaz de retroceder la distancia acortada, y sintiéndose mareada ante el dulce aliento que comenzaba a rozar sus parpados.


"Eso sería imposible" – discutió él, llevando una de sus manos hacia sus mejillas. Su boca acarició suavemente la suya y un cosquilleo se expandió por todas sus venas.


Ella cerró los ojos y disfrutó de aquel dulce sabor que le inundó sus labios por un breve momento. Rompió el beso, con un movimiento delicado, al recordar que todo ello estaba mal. Edward tomó sus manos y ella giró el rostro hacia otro lado, huyendo de aquellas pupilas que tanto le costaba abandonar. Estaba mal… Estaba mal… y ella no hacía nada por remediar todo ese error.


"Bella" – llamó Edward y ella no pudo evitar volver el rostro para verle. Era como una voz que le hechizaba. Sus mirada se volvieron a encontrar y el corazón de él se enloqueció completamente al sumergirse en aquel mar cristalino de color marrón – "Te amo" – susurró, por primera vez en su vida. Haciendo eco a lo que su alma gritaba desde hacía mucho tiempo… Resumiendo, con esas dos palabras, todo lo que ella significaba para él.


Esperó por un momento, pero solo veía como Bella le miraba fijamente a los ojos, con un gesto, pintandose en sus facciones, que no supo desifrar.


"Creo que ahora es buen momento para decir algo"


"Te dije que no te enamoraras de mí" – contestó la castaña, con los ojos inundados en lagrimas.


El chico no supo muy bien qué había significado aquella repuesta. Pero tuvo claro que no había sido rechazado. Podía leer el amor que Bella también le tenía en aquella mirada y en el temblor de sus manos. Sin pedir más explicaciones, volvió a inclinar su rostro y sus labios rozaron aquellos tiernos labios con devoción…


Bella aceptó, y llevó una de sus manos hacia las mejillas anguladas y pálidas de Edward, olvidándose, por un momento, del error que estaba cometiendo…


************************************************************************************************


Capítulo 10: Confesión


Había pasado cerca de un mes tras haberle pedido a Bella que fuera mi novia. Estábamos juntos y yo me encontraba muy feliz – más que nunca antes en toda mi vida – pese a que todos mis amigos (A excepción de Rose y Emmett) habían optado por ignorarme completamente. Jamás antes estuve conciente de su crueldad hasta que no la viví en carne y hueso. El escuchar sus risas y burlas en el momento en que caminaba por los pasillos, con la mano de mi novia atada a la mía, resultaba ser algo realmente incomodo – y no era precisamente por que me hirieran con ello – me mortificaba saber que no tenía derecho de juzgarlos ya que, un par de meses atrás, yo jugaba aquel mismo papel con la misma desalmada eficacia.


Pero, como había dicho antes, todo ello carecía de valor al estar a su lado. El estar con Bella era algo fascinante. Todos los días aprendía algo nuevo con su compañía. Me encantaba tomar sus delicadas manos entre las mías y sentarnos en una parte del jardín para platicar, comer o hacer nuestras labores escolares. El mundo simplemente desaparecía estando cerca de ella. Todo adquiría un sabor diferente al verme perdido en el chocolate de sus ojos. Si me lo hubieran dicho antes, nunca hubiera podido concebir la idea de amar a alguien de la manera en que yo lo hacía.


Aún me llegaba a sorprender la extraña sensación que me daba al rozar sus labios con los míos. La delicadeza – jamás antes habida en mí – con la que mis manos se movían para tocar sus mejillas. La rapidez con que el tiempo pasaba al encontrarme con ella y lo mucho que mi vida comenzaba a depender de su existencia.


"¿Qué haremos mañana?" – pregunté, mientras terminaba de resolver el último ejercicio de matemáticas que habían dejado de tarea


"Tenemos que estudiar para los exámenes finales. Serán la próxima semana" – recordó, pues sabía que mi pregunta conllevaba a una segunda intención.


Fruncí los labios para no reír. Me resultaba divertido el como, aunque lo intentaba, no podía verme rescatado de aquella susceptibilidad


"Quería que fuéramos al prado" – reconocí – "Escuché en las noticias que mañana habrá un cielo despejado. Me gustaría ver las estrellas, con ayuda de tu telescopio"


"Bien" – contestó ella, levantando su mirada del cuaderno – "Te lo prestaré"


Solté una risita y, al segundo siguiente, ella no pudo permanecer con el rostro serio, que había logrado sostener el último minuto, y terminó por corresponder el gesto de la misma manera.


"Supongo que quiere que vaya contigo"


"Supones bien" – aseguré


"¿Y qué hay de los exámenes finales?"


"Te prometo que al día siguiente iré a tu casa y repasaremos todos los temas"


________________________________________


El sábado había llegado. Bella y yo habíamos acordado el vernos a unas cuantas cuadras de su casa (el señor Swan se pondría como histérico si se enteraba que su hija iba a pasar la noche en mi compañía, fuera de su casa). Llegué minutos antes de la hora acordada – sabía que ella era demasiado puntual y no me gustaba hacerla esperar – Sonreí, al sentirme completo, nada más el verla caminar a lo lejos.


"Hola" – saludó al llegar. Me incliné para depositar un beso sobre sus labios


"Hola" – respondí – "¿Todo bien?"


"Si" – asintió


Subimos al carro y manejé hacia el prado, tratando de ocultar lo mejor posible mi impaciencia por llegar ahí.


"¿Qué fue lo que le dijiste a tu padre?" – pregunté, mientras le ayudaba a armar el telescopio


"La verdad. Solamente que no le mencione sobre un prado, oculto en medio del bosque, y tampoco le dije que vendría contigo"


"¿A eso no se le considera una mentira?"


"No. Es solamente información censurada" – contestó, con una sonrisa traviesa en sus labios. Después, se inclinó para echar un vistazo por el telescopio - "¿Quieres ver algo en especial?"


"Si" – confesé – "Me gustaría ver Plutón"


"Pero, Plutón aparece poco antes que el Sol"


"Lo sé" – admití, con una sonrisa de suficiencia, mientras me descolgaba la mochila de los hombros – "Por ello he traído un termo con café caliente y una cobija, para que podamos sentarnos y esperar cómodamente"


Desplegué la suave tela por el verde pasto del lugar y me senté sobre ella, aún sin poder borrar la sonrisa de mis labios. Bella me dedicó una mirada escéptica, desde arriba.


"¿Lo tenías planeado?"


"Realmente lo deseaba" – confesé, mirándole a los ojos, desde donde me encontraba.


"¿Acaso estas tratando de seducirme?" – inquirió, con gesto forzadamente serio e indignado.


"¿Por qué?" – inquirí, batallándome por no reír y sacar una voz persuasiva, para seguirle el juego – "¿Acaso eres alguien seducible?"


Negó con la cabeza, de manera divertida, pero rotunda.


"Eso pensé" – dije entonces, y volví a abrir mi mochila – "Por ello, he traído una cobija más. Una para ti y una para mí"


"Gracias" – aprobó, mientras me veía acomodar la otra tela a un lado de mí.


Levanté mi mirada hacia ella y ninguno de los dos pudo contener más la risa. Me puse de pie y caminé hacia su lado. Enrollé mis brazos por su cintura y deposité un beso sobre su mejilla. Ella suspiró de manera pausada y tranquila. Me alejé un poco, solamente para poder sacar un papel que guardaba en mis bolsillos.


"¿Podrías encontrar esta estrella?" – pregunté, tendiendo mi mano para mostrarle el plano


"Claro" – contestó y, mientras viajaba su mirada hacia el cielo, para adquirir una mejor referencia, regresé hacia mi mochila, y extraje de ella un pequeño oficio, enrollado y sostenido con un pequeño listón color rojo – "¿Se podría saber por qué estoy buscándola?"


"Por que la he nombrado con tu nombre" – respondí.


Mi novia se irguió, dejando de mirar por el telescopio, y contemplé como sus ojos se dilataban ligeramente, ante la noticia.


"Es oficial" – agregué, mientras le mostraba el papel – "Es del Registro Internacional de las Estrellas"


Bella se quedó pasmada por un momento y, tras pasar un par de segundos, una sonrisa fue estirando, poco a poco, sus labios. Caminó hacia mí, con los ojos brillando de la emoción. Tomé sus manos entre las mías y acomodé, en ellas, el oficio que demostraba la validez de lo que había dicho.


"Es maravilloso" – murmuró, mientras leía las letras impresas en él.


Su felicidad me sabía deliciosa. Me sentía absurdamente emocionado de que el detalle, realmente, le gustara de esa manera. Haría lo que fuera por verla, siempre, así de radiante. Bella se quedó un momento en silencio y, lentamente, fue alzando su rostro, hasta situar su mirada fijamente en la mía.


"Te amo" –


Es indescriptible todo lo que sentí al escuchar aquellas dos palabras.


Era la primera vez que lo decía, la primera vez que lo escuchaba de sus labios, y el sonido me pareció la música más hermosa que pudiera llegar a existir para mis oídos. No había dudado de su amor por mí – sabía que si había aceptado estar conmigo, se debía a que sentía lo mismo que yo por ella –, pero era algo realmente hermoso, único, el poder conjugar su mirada y aquellas palabras en una sola nota…


Di un paso hacia el frente y rocé su boca con la mía. Me encontraba demasiado emocionado por todo lo que sentía. Era un exceso de felicidad, dicha y amor que me volvieron ansioso y, por un momento, no logré controlar mis impulsos y la comencé a besar con más entusiasmo del que había demostrado anteriormente. Llevé mis manos hacia sus majillas y enrollé mis dedos en sus cabellos. Ella suspiró profundamente contra mi boca y su dulce aliento llegó hacia mi garganta. Una de mis manos viajó hacia su cintura y la apreté contra mí.


Sentí como su cuerpo se estremecía bajó mis brazos y como su boca comenzaba a mostrarse un tanto temerosa. Fue entonces cuando logré aclarar un poco mis ideas: Yo no quería que Bella pensara que solamente buscaba una oportunidad para aprovecharme de su inocencia. Independientemente de ello, tampoco quería que las cosas fueran así. Yo la amaba y, por ello, la quería tratar como la valiosa persona que era.


Ella se merecía mucho más que un arranque mío.


Me fui separando lentamente de sus labios


"Lo siento, lo siento" – susurré – "Me detendré" – prometí, mientras llevaba mis manos hacia las suyas.


Ella sonrió, agradeciendo en silencio mi autodominio, con sus mejillas completamente sonrojadas (lo cual, no ayudó mucho, pues, se veía adorable)


Nos dejamos caer sobre las mantas y ella acomodó su cabeza sobre mi pecho. Rodeé si cintura con mis brazos y hundí mi rostro en sus espesos caballos. Inspiré su dulce aroma.


"¿Me dirás algún día cuál es el objetivo número uno de tu lista?" – intenté averiguar, una vez más


Sentí como sus hombros se agitaban, ante la pequeña risita que ella soltaba. Tardó dos segundos antes de contestar


"Casarme en la iglesia en donde creció mi madre" – contestó, con voz baja – "Donde se casaron mis padres, en donde siempre me he criado"


Me quedé meditabundo un par de segundos, analizando sus palabras. Debo admitir que lo último que llegué a imaginar era eso. Definitivamente, Bella era alguien completamente impredecible para mí…


Casarse, un deseo muy sencillo, si en boca de otra mujer lo hubiera escuchado, pero sus labios le daban a aquella unión de letras un significado diferente. Un significado que me parecía atrayente, deseado.


Casarse… ¿Sería yo el hombre dichoso que podría llegarle a cumplir ese deseo? ¡Cuánto lo deseé realmente! Como ni en mis más alocados sueños llegué a imaginarlo. Pero, éramos jóvenes, demasiado, y no quería asustarla con un comentario demasiado entusiasta. Decidí guardar silencio y ella mantuvo su cabeza inclinado sobre mi pecho, durante casi una hora.


"¿En qué piensas?" – quise saber


"En el bien y en el mal" – respondió y, en ese momento, justifiqué lo apesadumbrada de su voz por el sueño – "¿Tu crees que, cuando se ama, las mentiras puedan llegar a ser justificación por ese amor que dices proferir? ¿Acaso tu amor no es sincero cuando le mientes a la personada que te acompaña?"


"¿Por qué dices eso?"


"Tú… ¿Me odiarías si yo te estuviera mintiendo en estos instantes?"


Fruncí el ceño, completamente confundido. Sabía que no se trataba de ninguna broma, pero, no lograba entender a dónde es que quería llegar. Ella también se giró para mirarme a los ojos y me estremecí al ver una sombra cubriendo el marrón de sus pupilas. Tomé su rostro entre mis manos


"Yo nunca podría odiarte" – susurré – "Además, me has dicho tu mayor secreto, ¿No es así? ¿Qué otra cosa podría ser más confidencial que el objetivo que encabeza tu lista de sueños?"


No contestó.


Sentí una terrible punzada cuando, ella, solamente dio media vuelta, y volvió a dejar caer su cabeza sobre mi pecho, como si nada hubiera pasado. No quise insistir. Sabía que si había algo que tenía que decirme, lo haría cuando ella lo creyera conveniente. Además, el mundo no se iba a acabar por un pequeño secreto…


¿Verdad?...


________________________________________


Al día siguiente.


Bajé las escaleras de mi casa, arrastrando los pies. Tenía pocas horas que había llegado del prado y el desvelo me estaba empezando a cobrar sus intereses. Bostecé fuertemente, cubriéndome la boca con una de mis manos, al llegar a la cocina, en donde Esme estaba friendo unos huevos.


"Buenos días" – saludé, mientras le depositaba un beso sobre su mejilla


"Buenos días" – contestó. Tomé asiento, frente a la mesa y, de manera completamente desganada, dejé caer mi rostro sobre ésta. Volví a bostezar


"¿Alguna fiesta?" – preguntó mi madre, intentado adivinar el por qué de mis ojeras marcadas en el rostro


"No" – contesté, sonriendo al instante al recordar a mi novia – "Estuve con Bella"


Los ojos de Esme se dilataron hasta ya no más poder. Instantáneamente, supe lo que estaba pensando.


"Edward, ten cuidado, es la hija del reverendo…"


"Mamá" – interrumpí, demasiado divertido por el sermón que estaba a punto de soltar – "Con ella es diferente"


"¿Con ella es diferente?" – repitió, con voz y mirada completamente escépticas.


"Si" – afirmé, perdiendo todo posible atisbo de humor, y mostrándome lo más sincero posible. Eso pareció convencerla


"Espero que en verdad sea así"


"Mamá, Bella tiene fe en mi" – confesé, con una pequeña sonrisa surcando las comisuras de mis labios – "No podría fallarle de esa manera… ¿Sabes? Ella me hace querer ser diferente, alguien mejor"


________________________________________


"Bella" – llamé, al ver que su rostro lucía mucho más pálido de lo normal – "¿No quieres que nos tomemos un descanso?" – propuse, pues supuse que las cinco horas que llevábamos estudiando, más el desvelo de haber pasado toda la noche en vela, le tenían agotada


Ella asintió, sin mencionar palabra alguna


"Hemos estudiado muy bien" – continúe – "¿Qué te parece si vamos a caminar un poco?"


Volvió a asentir.


Traté de no tomarle mucha importancia a su interminable silencio, que se extendió por todo nuestro paseo, pero fue imposible. Notaba algo extraño en ella, algo diferente y perturbador. Durante todo el camino, había sentido que su mano se encontraba demasiado fría y temblorosa. Además de que, por primera vez, aquel mutismo no me pareció algo reconfortante. Podía percatarme de una extraña y pesada atmósfera girando alrededor de ella. Se encontraba seria, distante, demasiado ausente de todas mis palabras…


"¿Estas preocupada por los exámenes finales?" – inquirí, tratando por enésima vez, de terminar con aquella afasia.


"No. De todos modos, no ingresaré a la universidad" – por un momento (solo por un momento) me sentí tranquilo al lograr obtener la respuesta más larga de toda la noche.


"Pero dijiste que ibas a ingresar…"


"No" – interrumpió, con su voz baja y pausada – "Tu lo diste por hecho. Yo no te aseguré nada"


"¿Irás al Cuerpo de Paz?"


"No"


"Ey" – susurré, dejando de caminar y jalándola, delicadamente, de la mano para que hiciera lo mismo. Aquel juego de monosílabos ya no me parecía gracioso – "¿Qué pasa?"


Levantó su rostro – por primera vez desde que habíamos estado juntos en ese día – y buscó mi mirada


"Estoy enferma"


"Oh, lo hubieras dicho desde un principio. Te llevaré a casa para que te sientas mejor y…"


"No, ¡Edward!" – interrumpió, con voz delicadamente frustrada por mi tan apresurada respuesta. Guardé silencio y esperé – "Estoy enferma" – volvió a repetir – "Tengo leucemia







Angeles hermosos !!!!!!
ya les deje el calendario de publicacion de los fics , asi ya estaran informadas de cuando actualizaremos los fics
les mando mil besitos
Angel of the Dark