Hola mis angeles hermosos , como les va ??? aqui les traigo el ultimo cap de este fic , y les pido una disculpa ya que con anterioridad les habia dicho q faltaban dos cap para el final.
tambien les anuncio que esta historia continua no termina aqui ............
les mando mil besitos y dejen sus comentarios.
Angel of the dark
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Capitulo 11 .Agonía
El frío, se sobrepuso a mi inconsciencia y logré abrir los ojos. Un dolor punzante en mi cabeza me impidió incorporarme inmediatamente. Logré sentarme, pero, para mi consternación, los árboles comenzaron a girar a mí alrededor y el suelo pareció repentinamente inestable.
Parpadeé hasta que mis pupilas volvieron a enfocar todo correctamente.
Estaba en el bosque, la oscuridad me envolvía y no sabía cómo había llegado ahí.
El dolor en mi cabeza se estaba intensificando y me impedía pensar… Pero, cuando mis ojos hicieron contacto con la blancura del vestido, lo recordé todo.
Me levanté de golpe, y gemí de dolor, mi cabeza palpitaba y me hacía sentirme mareada. Apretando mis labios comencé a caminar, buscando un camino o salida que me pudiera guiar.
-Es una lástima que hayas despertado –dijo el licántropo. Era alto, su torso moreno expuesto a los rayos lunares, sus ojos oscuros me miraban con aburrimiento-, porque te va a doler mucho.
-¿Por qué? –casi chillé.
-Porque eres la reina –contestó tranquilamente-, y Jacob te quiere.
Retrocedí un paso.
-Tú estúpido esposo le quitó la corona a mi padre –gruñó con rabia-, lo mató. Lo teníamos todo, pero por su intromisión me he quedado sin nada. ¡Ni siquiera tiene la menor idea de cómo guiar a la comunidad!
Comencé a correr.
Ahora ya no importaba si ésa era la ruta correcta, lo vital era alejarme de ese licántropo maníaco lo antes posible.
Escuché su carcajada antes de sentir un golpe en la espalda, volé varios metros y caí al suelo.
Grité de dolor.
-Uno de sus errores –continuó como si yo estuviera escuchando cortésmente, y no gimiendo en el suelo-, fue haber acordado la paz con los chupasangres. Esa raza debe ser eliminada.
Me tomó por el cuello y me levantó hasta que mis pies se despegaron del suelo.
-Pero su peor error –dijo presionando sus dedos alrededor de mi cuello-, fue hacerme jurarle lealtad, esa es una humillación que jamás le perdonaré.
Comencé a jadear, mis pulmones notaron la falta de aire y comenzaron a exigirlo.
-Es una pena que tú tengas que pagar por eso.
Con la fuerza que me quedaba encajé mis uñas en su mano, pero era un esfuerzo inútil, él no parecía sentir ningún dolor.
Mi energía se esfumó, mis brazos cayeron pesados, me preparé para morir.
Entonces él me soltó.
Caí sobre la tierra y con una exhalación mis pulmones reclamaron todo el aire perdido.
-No, si te asfixio no sufrirás tanto –dijo-, no será tan divertido como cuando maté a los otros licántropos, pero haré que te duela hasta el punto de la agonía.
Lo vi estremecerse de pies a cabeza, y levantar su cabeza hacía la Luna.
Se iba a transformar.
Aproveché su distracción y me arrastré hasta el árbol más cercano, estiré el brazo y aferrándome a su corteza logré ponerme de pie.
Volví a correr.
Las hojas secas, se resquebrajaban bajo mis pies, haciendo eco en el silencio de la noche. Sentí mis mejillas mojarse con el roce de mis cálidas lágrimas.
Estaba asustada, cansada y adolorida, mi cuerpo rogaba por un descanso.
Entonces escuché un bramido en la oscuridad.
La cacería había comenzado, y yo era la presa.
Obligué a mis piernas a seguir corriendo, sabiendo que si me detenía sería fatal.
Cómo si todo estuviera en contra mía, mi vestido se enredó en la rama de un arbusto. Giré la cabeza en todas direcciones, esperando verlo aparecer, cuando estuve segura de que no estaba tiré de la tela.
El vestido se rompió, liberándome.
Antes de dar un paso, escuché sus pisadas detrás de mí. No me dio tiempo de reaccionar, el lobo gruñó y saltó cayendo en frente de mí.
Grité.
Me mostró sus dientes, filosos como cuchillas, que fácilmente podrían destrozar mi carne hasta llegar a los huesos.
El lobo se abalanzó sobre mí, yo intenté esquivarlo, girando, pero era demasiado lenta. Sus garras se hundieron en la piel de mi costado.
Grité cuando un ardor insoportable me inundó. Bajé la vista y vi que mi vestido se teñía de rojo.
Sólo tres pasos fueron los que di, al último me tambaleé y caí al suelo.
Todo terminaría pronto.
Lo vi acercarse, sus ojos diciéndome que estaba listo para dar el golpe final.
Se agazapó.
-¡No! –escuché a alguien rugir.
Mis ojos transmitían imágenes borrosas a mi mente, así que lo único que pude distinguir fue una figura cayendo sobre el lobo.
El sonido de pelea llegó hasta mis oídos, ya no podía distinguir que gruñido o rugido le pertenecía a que contrincante, sólo podía pensar en que el dolor desapareciera.
No quería pensar en él, porque sabía que me dolería también el corazón, por no haberlo visto por última vez.
No quería y aún así lo hice. Pensé en Edward.
Lloré, rogando porque la muerte me llevara pronto y así no sentir, no volver a sufrir más.
Un aullido de agonía se elevó por el bosque, seguido de un silencio mortal, y supe que el licántropo había perdido la batalla.
-¿Bella?
El rostro de Edward apareció frente a mis ojos, al principio pensé que lo estaba soñando, pero el dolor que seguía extendiéndose en mí, me recordó que todo era real.
-Edward –logré pronunciar débilmente.
-Bella…
Extendió su mano hacia mí, cuidadosamente acarició mi mejilla. Jamás había visto tanto dolor en los ojos de alguien, estaba sufriendo y le aterraba la idea de perderme.
-Vas a estar bien –me aseguró-. No voy a permitir que te vayas.
Entonces escuché más voces, ya no estábamos solos.
-¡Bella! –alguien se arrodilló junto a mí.
Cuando giré la cabeza, me di cuenta que era Jacob.
El rey licántropo tomó mi mano entre la suya y me vio a los ojos.
-No puedes, Bella, no…
Su voz parecía distorsionada por la angustia.
-Ella no va a morir –dijo Edward.
Jacob lo miró fijamente por unos instantes.
-¿Hay una forma de salvarla? –le preguntó.
-Sí
El rey licántropo se quedó sin habla unos segundos.
-No me importa las consecuencias que tenga –dijo Edward entre dientes-, la convertiré quieras o no.
-Hazlo –dijo Jacob-, sólo quiero que viva, es lo único que me importa. Aún cuando para salvarla tengas que volverla tuya.
Edward asintió y se inclinó hacia mí.
Su boca gentilmente se posó en mi cuello, y momentos después sentí sus colmillos perforar mi piel. Mi sangre fluyó libremente hacia sus labios, me olvidé de todo el dolor que sentía, y no me importó nada más que sentirlo otra vez cerca de mí.
Pero cuando se separó, todo el sufrimiento se intensificó.
Edward mordió su muñeca, haciendo un corte, por el que su sangre salió y comenzó a derramarse por su brazo.
Puso su herida en mis labios.
Su sangre comenzó a oler maravillosa para mí, pero a pesar de que mi cuerpo ansiaba probarla, ya no me quedaban fuerzas para nada más.
Mis ojos comenzaron a cerrarse.
-Por favor Bella –rogó Edward.
Jacob apretó mi mano, que todavía estaba aprisionada entre las suyas.
-No me dejes –dijo el rey licántropo.
Mis labios se abrieron y dejaron paso a la sangre de Edward, que pasaba dulce y cálida por mi garganta. El líquido vital, entró en mí y me hizo sentir mejor, pero no pudo borrar el agotamiento dentro de mí.
Edward retiró su mano y me acunó entre sus brazos.
-Todo va a estar bien, mi amor.
Me estremecí.
-Tranquila –Edward me acercó más a él y besó mi frente.
Contra mi voluntad, mis ojos se cerraron.
Todo se volvió completa oscuridad a mi alrededor y supe que dejaría de ser humana para siempre.
lunes, 8 de febrero de 2010
El Reinado de la Luna
Publicado por Angel of the dark en 11:04 0 comentarios
Etiquetas: El Reinado De La Luna
viernes, 5 de febrero de 2010
Besos de Sangre ONE SHOT
Hola mis angeles hermosos aqui les traigo de nuevo este hermoso fic . escrito por mi idola Cunning Angel y por demanda se los cuelgo de nuevo .
gracias a Libi por la cancion es perfecta para la historia. y como lo prometido es deuda aqui de nuevo con todo y video musical
mil besitos
Angel of the dark
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Sus palabras fueron letales, crueles y carentes por completo de emoción, intenté deshacer nuestro abrazo, necesitaba alejarme de su cuerpo, pero el mantuvo sus manos en torno a mi cintura. Alcé el rostro y lo que vi me quitó toda fuerza, inclusive de llorar.
Dolía tanto, la situación, su presencia; tenerlo frente a mí a escasos metros, con su apariencia alicaída. Me destrozaba verlo así, desbarataba el casi inexistente autocontrol que poseía, las manchas violáceas alojadas bajo sus ojos, más impresas que nunca, recordándome lo que era.
Quise morir en ese instante, soportaría cualquier infierno antes de presenciar su muerte. Lo amaba tanto, tanto que no solo dolía, esto me mataba, no podría hacerlo.
“Mátame” gimió con sus afiladas facciones ahora estiradas en una desgarradora mueca de dolor. El aire abandonó por completo mis pulmones, mi cerebro colapsó y mis labios despertaron autómatas.
Preferiría mil veces perder la vida entre sus brazos, antes que arrebatar la suya.
“No” respondí tajante, con voz más dura de la que hubiese deseado, pero simulando a la perfección el terror por el que me veía sobrepasada.
No podía perderle, ya no. Sobre todo porque toda mi vida ahora carecía por completo de sentido.
Su agarre continuaba implacable entorno a mi cintura, retándome, sus ojos continuaban expectantes ante cualquier indicio de vacilación o debilidad.
Podría tacharme de cobarde, pero no cumpliría esa promesa. No asesinaría al hombre que amaba.
Temblé sin poder evitarlo, y la temperatura no era la causante de mis espasmos, aquella frialdad me calaba aún bajo la coraza de los huesos. Era pavor, el pánico de vivir una vida sin él.
La sola idea saberlo lejos laceraba mi interior a un nivel tan intenso que por un instante me pregunté si en verdad un drogadicto podría conseguir la rehabilitación en su totalidad, porque irrebatiblemente yo jamás conseguiría resistirme a mi dosis.
No era lo suficientemente fuerte para renunciar a él.
Posé mi mirada sobre su semblante, aún con la petulancia forjada en sus facciones él era divino, tan hermoso que me parecía la encarnación perfecta del ángel de la muerte. Un pobre ser al que le habían arrancado sus alas siendo un apenas un adolescente. Vislumbré el pequeño hilillo de elixir borgoña que surcaba el borde izquierdo de sus labios; y el simple hecho de que su exquisita boca aún contuviese vestigios de sangre mantenía mi piel erizada.
Llevé un dedo a mis labios y comprobé el origen de aquel líquido.
Un súbito rubor bañó mis mejillas al recordar la forma en que sus colmillos habían conseguido adentrarse en mi carne mientras me besaba horas atrás, cuando irrumpió en mi habitación a medianoche para traerme al sitio en donde todo había comenzado… el mismo donde se suponía debíamos darle término.
Incapaz de tener suficiente de él, observé su rostro una última vez, a sabiendas de que no se daría por vencido tan fácilmente con mi respuesta, continué con mi revisión: ojeroso y pálido; hermoso. Sus ojos ahora negros se mostraban como profundas fosas sin fondo, abismos de muerte.
Edward se negaba a desviar la vista, orgulloso y desafiante sostenía mi mirada con petulancia, finalmente cedí, a sabiendas que era inevitable, él siempre sería más fuerte.
Humillada fijé mi atención en el suelo, suave y tibio, sintiendo como pequeños granos de arena iban impregnándose entre los dedos de mis pies. Su gélido toque me trajo a la vida en sólo segundos, era tan injusto, con un solo roce me tenía en sus manos, mi vida; mi ser completo se encontraba a su servicio, a su disposición. No había derecho.
Jadeé cuando los tersos labios del vampiro se acercaron con descaro hasta mi oído, tentándome, aturdiéndome…Torturándome.
“Por favor ángel, sólo tu puedes salvarme” Sus voz impactó de llenó contra mi piel, acariciándome con la gélida brisa de un susurro, mientras sus largos y delgados dedos de pianista se entretenían con los rizos marrones que habitaban en los confines de mis cabellos, justo donde acababa mi cintura y comenzaba mi cadera. Edward adoraba esa zona.
Continuó con su otra mano ceñida a mi baja espalda como un tierno soporte. Yo lo sabía, en cuanto Edward liberase su agarre caería desfallecida sobre el piso. Ningún ser humano podría soportar tal intensidad de placer, no estaba permitido.
“Permíteme despertar, no soporto más esta prisión. Esto es un maldito túnel infernal sé que pertenezco a su encierro, al menos hasta que llegas tú… con tu calor, con tu luz” Los tersos labios continuaron musitando contra mi piel, sensuales, fríos y certeros. Expertos en el arte de amar, poseedores de una experiencia que sólo te otorgarían los siglos.
“Mátame” su lengua acarició mi cuello, tan fría y exquisita que mi boca despertó emitiendo un jadeo.
Aun narcotizada bajo el embrujo de sus besos fui capaz de negar, en parte conciente en parte no. Sólo había un pensamiento en mi interior… Le necesitaba.
“Entonces déjame ir” susurró esa voz: dulce y angelical, su trino sabía a miel y no pude más que asentir embobada ante la ternura y devoción que destilaba esa suplica, mas sin siquiera saberlo yo había renunciado a él.
Cuando abrí los ojos ya era tarde… Edward se había ido.
Publicado por Angel of the dark en 20:20 0 comentarios
Etiquetas: Besos de Sangre
El Reinado de la Luna
Hola mis angeles hermosos , buen fin de semana aqui les dejo este cap . y les aviso q ya solo quedan dos y termina . pero no se me pongan tristes falta otro fic para completar la trilogia .
mil besitos
Angel of the dark
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Capitulo 10 Luz Plata
Lissa terminó de maquillarme y casi brinca de alegría al ver su “obra” completa.
-¡Te ves como una verdadera reina! –exclamó.
Me estremecí a la mención de la palabra.
El sol, consumiéndose en el horizonte, dejó sus últimos rayos detrás de él, tiñendo el cielo de colores naranja y rosa.
Salimos de mi habitación y nos encontramos con un licántropo y un vampiro vestidos de traje.
-Anthony…
-Te acompañaré a donde vayas –me interrumpió.
Había intentado convencerlo de que desistiera de su idea de acompañarme a la ceremonia, pero su respuesta siempre había sido negativa. Estaba preocupada porque ahí iban a estar presentes una gran cantidad de licántropos y no creía que recibieran con gusto a Anthony.
-¡No seas estúpido chupasangre! –exclamó Adam.
-No te metas cachorro –amenazó el vampiro.
-Los dos –intervine-, basta.
-¿Es así todos los días? –preguntó Lissa.
-Mucho peor –contesté.
Cuando llegamos la recordé, la mansión era la misma en la que había sido la ceremonia de Gemma. La Luna se nos había adelantado, ya se encontraba en lo alto, iluminando la construcción en su totalidad.
Al entrar nos recibieron dos licántropos muy serios, los vi fruncir el ceño al percatarse de la presencia de Anthony.
-No puedes pasar –gruñó uno de ellos.
-El viene conmigo –intervine, justo antes de que el vampiro mostrara sus colmillos.
Los dos licántropos miraron de él a mí con cara de sorpresa.
-Pueden pasar –dijeron al unísono.
Caminamos hasta el lugar donde se iba llevar a cabo la ceremonia, los jardines y la fuente lucían un espectacular brillo en la noche. Estaba repleto de invitados lobunos y unos escasos humanos que se perdían entre la multitud.
Gemma, con su esposo Rorik del brazo, nos interceptó en el camino.
La chica-lobo me sonrió, intentando transmitirme tranquilidad.
Pero no funcionó mucho.
-Calma, todo va a estar bien, después de que pronuncies las palabras de unión –dijo volteando a ver a Rorik-. Vas a sentirte completa.
Anthony posó su mano en mi hombro, sabía que era su forma de decirme que no me dejaría.
Le sonreí.
-No la toques –la chica-lobo frunció el ceño.
-Gemma…
-El no me agrada –me interrumpió ella-, pero no me malinterpretes Bella, en está ocasión es por ayudarlo. A los demás licántropos no les va a gustar que un vampiro toque a nuestra futura reina.
Anthony hizo caso omiso de su advertencia y apretó ligeramente mi hombro.
-Ella tiene razón chupasangre –intervino Adam retirando el brazo de Anthony-, a mí ya me molesta tu posesividad.
-Me estás cansando cachorro –gruñó el vampiro.
-¡Por favor! –exclamé.
-¡Basta! –una voz imperiosa detuvo su discusión. Jacob se acercó a nosotros y les dirigió una mirada severa a mis protectores-. Están asustando a Bella y no la quiero ver así el día de su ceremonia, así que se calman o los saco de aquí.
Por un momento de tensión, pensé que iban a responderle algo al rey licántropo, pero cuando los ojos de ambos se posaron en mí, cambiaron de parecer y se tranquilizaron, o por lo menos hicieron un intento.
Jacob me sonrió y tomó mi mano, entrelazando sus dedos con los míos. El círculo de licántropos comenzó a formarse, Jacob me llevó hasta él, nos colocamos en el centro y él tomó mi otra mano. Vi a Gemma llegar poco después e integrarse en el círculo.
Como recordaba, los integrantes comenzaron a despojarse de sus ropas, antes de que pudiera pensarlo ellos ya habían tomado forma de lobos.
Después, todos se quedaron en silencio.
-Amo a esta mujer y quiero que sea parte de la manada –habló Jacob después de un rato, y se dirigió a los lobos a su alrededor-, como lo es ahora parte de mí.
Los espectadores aullaron en aprobación, pidiendo que continuara la ceremonia.
La reina de la noche, nos iluminaba directamente con su luz plata.
En lugar de sentir que iba a completarme, sentí que una parte de mí se perdería para siempre.
Jacob pronunció las palabras de unión despacio y sin perder contacto visual conmigo en ningún momento. Al terminar, esperó con una sonrisa a que yo las repitiera.
Sentí que algo comenzaba a reclamarme hacía él, y supe que esas palabras serían definitivas, no habría marcha atrás.
-Que mi fuerza y poder estén contigo –repetí-, así como mi corazón y mi alma.
Una corriente eléctrica paso de Jacob a mí y luego en sentido inverso.
Los lobos inclinaron sus cabezas hacia la Luna y aullaron desde el fondo de su alma.
La corriente se intensificó. No había recordado sentir algo así al estar cerca de Gemma y Rorik cuando hicieron sus votos.
-Es porque ahora eres mi reina, por eso lo sientes con más intensidad –me explicó Jacob al ver mi expresión confundida.
Se acercó a mí y me tomó entre sus brazos, sus labios buscaron los míos y la distancia entre nosotros se redujo a nada en segundos.
Me besó.
Aún cuando una parte de mí seguía sufriendo por Edward, no pude evitar que una corriente cálida pasara por mi cuerpo al sentir los labios de Jacob moverse contra los míos. Pero sabía que era por la ceremonia y las palabras de que había pronunciado para unirme a él.
La fiesta avanzó, los licántropos se querían acercar a nosotros para mostrar sus respetos a la nueva reina. Me sentí incómoda con cada inclinación de cabeza que recibía, y por la cantidad de invitados parecía que esto nunca iba a terminar.
Después de media noche, una terrible sensación me inundó. Me disculpé con Jacob, convenciéndolo que no me tardaba y me alejé de él.
-¿Qué tienes? –me preguntó Anthony siguiéndome.
-Quiero estar sola –contesté.
El pareció comprenderlo y detuvo su avance.
-Aquí estaré si me necesitas –dijo.
-Gracias –me di la vuelta y comencé a caminar en dirección a la mansión.
Como había imaginado el interior de la mansión estaba vacío, o casi vacía los licántropos que estaban vigilando la entrada deberían estar cerca.
Me senté en un sillón, disfrutando la comodidad de la solidad por unos instantes. El ventanal que se extendía cerca de mí, mostraba la parte trasera de la mansión.
Más allá del muro que la rodeaba, se asomaban las copas de unos pinos, anunciando la cercanía de un bosque. Pude ver desde donde me encontraba, que el viento jugaba con las ramas de los árboles, haciéndolas oscilar de un lado a otro.
De un momento a otro, las luces de todo el lugar se apagaron.
Me aferré al sillón momentáneamente asustada, esperando que mis pupilas se adaptaran a la falta de luz.
Logré levantarme después de un rato, agradeciendo que las ventanas permitieran entrar suficientes rayos lunares como para guiarme entre los objetos que se encontraban en mi camino.
Comencé a buscar a los dos licántropos hasta llegar al vestíbulo.
Cuando mi mirada llegó al suelo, pensé que hubiera sido una decisión más sabía quedarme afuera. Los dos licántropos estaban tendidos en su propio charco de sangre.
El grito que amenazaba con escapar por mi garganta, se ahogó cuando distinguí una figura entre las sombras. La misma silueta masculina que había visto por la ventana de mi departamento.
Sin dudarlo di media vuelta y comencé a correr, buscando la salida.
La oscuridad y los nervios me traicionaron, nublando ligeramente mi visión.
Me golpeé con algo duro y filoso, logró ralentizar mi paso por unos segundos, pero ignorando el dolor continué corriendo.
La puerta estaba tan cerca, mis esperanzas aumentaron cuando estire mi mano y sentí que estaba a unos pasos de alcanzar la perilla.
Sólo tenía que salir y pedir ayuda, sólo eso.
Pero la figura sin esfuerzo alguno, se interpuso entre mi libertad y yo.
En la cercanía pude distinguirlo mejor, y darme cuenta de que era un licántropo. Que a juzgar por el traje, había estado presente en la ceremonia.
Retrocedí.
-La verdad no me caes mal –dijo a modo de disculpa.
Comencé a caminar hacia atrás lentamente, buscando con mis manos en la espalda, un objeto con el que pudiera defenderme.
-Pero convertirse en la reina de los licántropos tiene sus riesgos, eso hasta tú debes saberlo –continuó con su sonrisa amenazadora.
-¡Jacob vendrá en cualquier momento! –exclamé, teniendo confianza en el vinculo que ahora nos unía-. ¡Él sabrá que estoy en peligro!
Acortó la distancia que nos separaba en unos segundos.
-Quiero que lo sepa –dijo el licántropo.
Entonces algo duro me golpeó en la cabeza y fui cayendo hacia la oscuridad.
Publicado por Angel of the dark en 18:24 0 comentarios
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