Capítulo 15: Más allá del Pasado
“¿Qué has dicho?” – pregunté, completamente confundido.
La muchacha me sonrió de manera cálida y un sonoro jadeo se escapó de mis labios al prestarle más atención y ver, en sus ojos, la viva imagen de aquel par de castañas pupilas a las que tanto amaba.
¡No!
Aquello era imposible. Tenía que serlo
Seguramente había escuchado mal. Tal vez, sin darme cuenta, me había sumergido en un pesado letargo y me encontraba soñando. (Sabía, de ante mano, que todo ello era imposible, pues era un vampiro, pero más improbable me resultaba aceptar lo que, tenía pocos segundos, acababa de escuchar y lo que estaba viendo)…
…¿Esa niña de cabellos rizados y cobrizos me había llamado…?
“¿Quién eres?” – le preguntó Emmett
“Mi nombre es Reneesme”
“Reneesme” – repitió Alice – “Qué nombre tan más extraño”
“Lo es” – acordó la muchachita, sin dejar de mirarme ni un solo momento – “Pero mis padres fueron quienes lo decidieron, ¿Verdad?"
No contesté. A pesar de ser un ser inmortal, me sentía demasiado anonadado.
“¿Quieres decir que Edward es tu padre?”
“Y la mujer que en sus brazos se encuentra, mi madre” – agregó.
Los rostros estupefactos de mi familia se volvieron en mi dirección, con un movimiento completamente inconciente y sincronizado.
“N-no” – balbuceé, ante las inquisitivas miradas – “Ustedes saben perfectamente que Bella y yo no… Esto tiene que ser un mal entendido”
“Pues no lo parece” – puntualizó Alice – “Se parece mucho a ti y, no puedes negar que sus ojos son la viva reencarnación de Bella”
Mi hermana tenía razón, definitivamente, no había forma de negar aquella afirmación; pero... Aquello no podía ser real. Yo no podía ser padre. ¡Era ilógico, inverosímil! Bella y yo habíamos hecho el amor tenía poco y no había mostrado ningún signo de embarazo… ¿Cómo, cuándo, dónde, había nacido esa niña que se hacía llamar por nuestra hija?
“Me imagino que no entiendes lo que pasa” – dijo, mientras se me acercaba, para inclinarse frente a mí. Fue algo extraño; pero, a pesar de ser la primera vez que le veía, no sentí esa necesidad de proteger a Bella de su proximidad. Era como si una voz interior me dijera que no había peligro alguno, que podía confiar en ella – “Siento mucho aparecerme de esta manera; pero ya no podía esperar más. He pasado siglos extrañándolos”
“¿Siglos?” – repetí
“¿En realidad no me recuerdas?” – inquirió, con voz suave, al mismo tiempo en que una de sus manos alcanzaba la mejilla de Bella, quien había vuelto a caer inconciente, para pasar los últimos minutos que le restaban a su transformación – “Este es el momento definitivo” – susurró
“¿A qué te refieres?”
Su mano se levantó, en dirección hacia mi rostro.
“Déjame contarte todo” – pidió, mientras su piel tocaba mi mejilla y una serie de imágenes acudían a mi mente.
Yo era un vampiro. Ella una humana. Forks no era lo que conocía hoy, o hace un siglo. Era un Forks ubicado en el año de 1720. Vagaba solo por el mundo, cuando la vi, con su vestido largo y adornado con listones de color azul. Me resultó la criatura más hermosa y frágil desde el primer momento; con sus mejillas siempre sonrojadas y sus ojos chocolate, se convirtió en mi delirio, en mi razón de vivir.
Cubierto por las sombras, no había momento en que no la siguiera. Vigilaba cada paso que daba, contemplaba cada suspiro que emitía, me enamoraba más, con cada segundo que transcurría. El destino se apiado de mí y fui correspondido de la misma ferviente manera. La amé, me amó, y fue ese enloquecido sentimiento por lo que se entregó a mí. Un vampiro y una humana unidos, en cuerpo y alma, por toda la eternidad; Poco tiempo transcurrió, después de esa noche. Constantes mareos y terribles contracciones comenzaron a enfermarla, su vientre comenzó a crecer, con la llegada de un nuevo ser, fruto de nuestro amor.
Su nacimiento fue complicado; pero fue la fuerza y voluntad de Bella fue lo que nos hizo ganar esa ardua batalla. Tuvimos a nuestra hija (mitad humano y mitad vampiro) en nuestros brazos una madrugada de septiembre. Yo me vi en la obligación de convertir a Bella, pues la pérdida de sangre la había dejado demasiado débil.
Habíamos formado, los tres, una familia. Nos encontrábamos felices, viviendo en el bosque, cuando ellos llegaron: Los Vulturi… Un aquelarre de vampiros que decían cuidar y hacer valer nuestras leyes como inmortales, condenaron, sin esperar a una explicación o prueba a nuestro favor, el haber creado a una especie nueva, que, según ellos, podía poner en peligro el secreto de nuestra existencia.
“Tienes que correr y no parar hasta que estés segura que no te podrán encontrar” – le había dicho Bella, con voz ahogada, mientras acariciaba su cabello rizado.
“No quiero separarme de ustedes”
“Pronto estaremos juntos” – prometí, con mis brazos envolviendo a ambas mujeres que representaban toda mi felicidad – “Esta separación será momentánea. Es necesaria. No te queremos perder. Mientras tú existas, nosotros también lo haremos. No dudes que, pase lo que pase, un día volveremos a reunirnos”
Nuestra hija había dado media vuelta y empezado a correr, tal y como le habíamos indicado, con lágrimas violentas derramándose por sus ojos. Los Vulturi llegaron a los pocos segundos y, al ver a los más de veinte vampiros que nos encaraban, Bella y yo supimos que ese instante sería el último de nuestra vida. Tomé su mano, fuertemente, contra la mía, para apaciguar mi propio miedo.
“Te amo” – susurró, regalándome una esperanzadora sonrisa – “Pase lo que pase, dime que la promesa que le hiciste a nuestra hija será cierta”
“Lo será” – afirmé – “Te amaré para toda la eternidad y si hoy tenemos que separarnos, no dudes que te buscaré en mi siguiente vida. Y si en esa vida también te tengo que dejar, haré lo mismo en la próxima y en la próxima, hasta que nada pueda ya separarnos”
Esas fueron las últimas palabras que le dije a Bella. Ese fue, realmente, nuestro primer adiós. El tiempo pasó, hasta que ella y yo renacimos, ambos como humanos… Nuestra hija supo de ello, pero no quiso interferir ya que, sabía, aún no era el momento para presentarse ante nuestros ojos. Después, yo había sido convertido en vampiro y se desarrolló la historia que todos ustedes ya conocen y que les ha sido narrada, hasta este entonces.
Abrí mis ojos y los fijé en la mirada castaña que se encontraba frente a mí. Sentí un ardor en mis pupilas, ante las lágrimas que no podía derramar; Me resultaba hermosamente increíble el saber que mi historia con Bella iba más allá de lo que yo pensaba. Dolorosamente irreal que hubiera más dolor que sumarle a nuestra historia. Inexplicablemente emocionante el volverme a reencontrar con ese sentimiento paternal que había permanecido cuidadosamente guardado.
“¿Me recuerdas ahora?” – preguntó, a lo cual yo respondí enrollando su cuerpo con mis brazos y atrayéndola hacia mi pecho.
“Si…” – susurré – “Claro que te recuerdo…”
Sentí sus lágrimas mojar mi camisa
“No sabes cuánto los he extrañado”
Quedamos en silencio por un momento, sumergidos el uno con el otro y yo… me sentí en paz. Completo… Feliz…
Reneesme y yo nos separamos y llevamos nuestros ojos hacia abajo, en donde Bella aún seguía tendida sobre el suelo, su cuerpo comenzó a convulsionarse, ante el impetuoso infierno que la devoraba. Faltaba poco. El olor a sangre humana se había extinguido y la palidez de su piel era notoria. El corazón latía fuertemente, de manera frenética, anunciando que llegaba a su fin.
Pum, pum, pum, pum, pum…. Silencio…
Me incliné para tomar su rostro entre mis manos y poder ponerlo sobre mis piernas, acaricié su mejilla – ahora pálida, dura y fría – con la yema de mis dedos y sus ojos comenzaron a moverse, rápidamente, conforme sus ojos iban dejándose al descubierto
“Bella” – susurré, cuando mis ojos se encontraban con el rojo de los suyos.
“Edward…” – musitó, con la mirada confundida y desorientada. Era lógico. Sus sentidos se habían desarrollado, podía ver, oír, oler, sentir cosas que como humana no. Me acerqué, lentamente, para no asustarla, y besé su frente. Ella inspiró y un sonido lastimero salió de su garganta: Tenía sed.
Sus movimientos fueron demasiado rápidos que se presentaron invisibles hasta para nosotros. Cuando pude darme cuenta, ella ya se encontraba agazapada frente a nuestra hija, con la mirada hambrienta y deseosa.
“Qué… deliciosa” – ronroneó, con voz hermosa, acariciando sus labios con su propia lengua y… me esperaba todo, TODO, menos lo que en realidad sucedió:
Antes de que mi mente llegara a convencerse de que Bella resultaba peligrosa para nuestra hija y que debía de impedir que le hiciera daño, Reneesme ya se encontraba cubierta por el cuerpo de Jacob, que miraba a Bella de una manera diferente... No era amor, mucho menos desprecio… Era un brillo de afecto, de amistad, pero que dejaba claro que no le iba a permitir acercarse a la muchacha que se encontraba tras de él…
¿En qué momento había cambiado tanto su mirada melancólica y dolida?
Ella no. No me importa lo que me pase, ella no puede resultar herida…
“¡Hazte a un lado, Jacob!” – bramó Bella, extrayéndome de la mente del muchacho.
El chico no respondió ni se movió ni un solo milímetro. El gruñido de Bella se elevó por los aires y fue entonces cuando me apresure a enrollar mis brazos a su alrededor
“Bella, tranquilízate” – pedí y lo único que gané fue un fuerte golpe directamente dado en mis costillas que me estampó contra la dura piedra de la cueva.
Jasper y Emmett, al ver que no iba a poder lograr controlar yo solo la situación, aparecieron detrás de Bella y la arraigaron fuertemente con ambas manos.
“Bella…” – llamó Jasper, usando su don para tranquilizarla. Me volví acercar a ella y, conforme el poder de mi hermano causaba efecto, un brillo de reconocimiento se fue asomando a sus pupilas.
“Edward…” – su voz se quebró al pronunciar mi nombre, mientras su cuerpo se abalanzaba hacia el mío y sus brazos me enrollaban la cintura – “Lo siento… Yo… No quise…”
“No pasó nada” – calmé
Quedamos abrazados durante varios segundos, con su rostro hundido en mi pecho y sus uñas sumergiéndose en mi espalda – como si el enterrarme sus dedos en mi piel fuera a calmar el lacerante ardor de su garganta – No me moví ni un solo centímetro, aunque realmente sentí un poco de dolor. No importaba. Me podía arrancar la cabeza si eso le hacía sentir mejor. Dejaría que me descuartizara cada parte de mi cuerpo si ello prometiera que la sed ya no le iba a torturar de esa manera. Poco a poco, Bella fue soltando mi piel, hasta que la liberó por completo, quedado la yema de sus dedos acariciando las heridas que tenía poco me había causado.
“Dios… ¿Qué me pasa?” – sollozó
“Lo siento tanto…”
“¿Por qué te disculpas?” – inquirió molesta, con su delicada voz cantarina, mientras apretaba más el agarre de sus brazos a mi cintura – “¿Por qué lo haces si soy yo la que te está hiriendo?”
No pude evitar soltar un pequeño gemido… Estaba seguro que, de haber necesitado realmente el aire para respirar, hubiera muerto asfixiado en sus brazos… y, realmente, no me hubiera importado. Hubiera sido una muerte deliciosa. Sin embargo, ella se alejó de mí con un sobresalto y los ojos inundados de miedo. No era necesario el leer su mente, sabía lo que estaba pensando. Podía llegar a comprender toda la confusión que sentía. Di un paso hacia el frente y, sin decir más, fui yo quien la abrazo
“No te separes de mí, por favor” – dije – “Abrázame y no temas, Estoy aquí…”
“Edward…”
“Todo está bien…”
Otro momento de completo silencio y quietud. Jasper y Emmett seguían a mi lado; Rose, Alice y Esme se encontraban atentas a todo y… mi hija, seguía detrás de Jacob.
Creo que no ha sido buen momento para venir…
“No digas eso” – solté, logrando que mi compañera dirigiera su atención a Reneesme. Pude sentir la tensión que se creó en el licántropo al verse traspasado por las rojas pupilas e, instintivamente, todos dejamos de respirar.
Bella clavó fijamente sus ojos en Reneesme, su mano nunca abandonó la mía y fue gracias a ello que pude estar seguro que, fuera de exasperarse como lo había hecho minutos antes, se iba relajando…
“¿Quién eres?” – fue lo que preguntó, hablando con voz bajita, tranquila y pausada
“Ella es Reneesme” – me adelanté a contestar, acercándome para hablar a su oído – “¿No la recuerdas?”
“Re…neesme…” – repitió, con voz ausente… Nuestra hija dio un paso hacia al frente y fue bloqueada por Jacob. Su mano se posó en el hombro moreno y el muchacho giró el rostro para verla
Entonces… fue cuando comprendí el por qué tanta preocupación por parte de él. Sus miradas se encontraron y ambos pensamientos se perdieron en un sinfín de emociones y sentimientos, que me serían difíciles e imposibles de describir…
“Ella no me hará daño”
El muchacho vaciló un poco antes de acceder… y es que le era tan excesivamente difícil el dejarla ir, sabiendo que podía estar en peligro. Reneesme caminó hacia nosotros y, cuando estuvo frente a Bella, alargó su mano para poder tocar su rostro. Bella no se negó, era como si, de alguna manera, supiera que aquello era necesario… Y las imágenes de nuestro pasado comenzaron a bañar su memoria.
“¡Oh!” – jadeó, cuando nuestra hija dejó caer su mano
“Bella…”
“Mamá…”
Dijimos al unísono, alarmados ante su mirada atónita. Reneesme se hizo a un lado, dándome paso para acercarme a Bella y así poder tomar sus manos entres las mías.
“Bella…” – repetí su nombre y, poco a poco, su gesto se fue recuperando del asombro
“Esto… ¿es un sueño? ¿Acaso estoy muerta?”
“No. No es un sueño y, gracias al cielo, tampoco estas muerta”
“Es que esto es…”
“¿Imposible?” – completé. Ella no contestó, entonces, tomé su rostro entre mis manos – “No lo es Bella. Nuestra hija te ha mostrado toda la verdad… Ahora te resulta difícil recordarlo, acabas de despertar como vampiro y tus recuerdos se encuentran desordenados; pero…”
“Pero no hace falta todo eso” – murmuró, alzando la mirada – “No es necesario… yo… yo no necesito de eso para saber que tú eres mi hija”
Reneesme se lanzó a los brazos que la recibieron como si hubieran estado esperando siempre para ello…
BELLA POV
Era increíble lo que esa extraña conocida despertaba en mí. La sed, el amargo ardor de la garganta y el estrujador dolor del estomago que me ocasionaba, habían sido olvidados – o, por lo menos, compensados – ante su cercanía. El palpitar de su corazón, haciendo eco y sustituyendo el lugar del mío, que había callado para siempre, calentaba mi ahora fría y dura piel. El olor que anteriormente me había tentado, ahora me resultaba una esencia conocida, purificante. Mis brazos parecían haber sido diseñados exclusivamente para abrazarla, y mis dedos para acariciar sus cabellos rizados y cobrizos.
Reneesme, mi hija…
No había necesidad de tenerlo todo claro para recordarlo, cuando en sus brazos tenía la noción de que Edward y yo nos amábamos. Si. Eso era lo importante. Podía sentir en su piel, en su olor, aquella perfecta fusión que nuestros cuerpos tuvieron en el momento en que la procreamos. Nuestra hija, nuestra carne, nuestra sangre…
“¡No!” – la voz de Alice nos separó de un salto, haciéndome recordar que en esa cueva no estábamos solamente Edward, nuestra hija y yo… Trayéndome a la realidad de que la paz, en realidad no existía, pues allá afuera, nos querían a nosotros.
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Ya solo nos quedan dos cap mas para el final asi que chicas dejen sus comentarios
Mil besitos
Angel of the dark
jueves, 4 de febrero de 2010
Renacer
Publicado por Angel of the dark en 7:59 1 comentarios
Etiquetas: Renacer
martes, 2 de febrero de 2010
Renacer
Hello mis angeles hermosos como estan?? espero que muy bien
bueno aqui les traigo un cap mas de este hermoso fic, por fiss mis angeles dejen suss comentarios y tambien les aviso que ya nos quedan pocos cap , para el final.
mil besitos
Angel of the dark
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Capítulo 14: Ángel
“¿Edward?”
“¿Edward?”
Llamaba una y otra vez con mi mente
“Edward… ven…”
Nada. Nadie contestaba. Qué horror… Tenía miedo. No por la oscuridad, ni por que me encontraba sola. No era eso. Estaba aterrada al no escuchar la respuesta que quería; de no escucharlo a él, a su voz, pausada y suave.
“Edward…”
Musité, por última vez y resignándome mientras lo hacía.
Era claro que él no estaría ahí esa noche. No tenía por qué. A pesar de que yo le amaba, él solo me miraba como su amiga, como su pequeña hermana… Aunque, entonces, había una posibilidad ¿no? Como hermano, podría sentir algún instinto de protegerme. Tal vez viniera. Realmente así lo esperaba… Pero, estaba más que segura que eso no sucedería. ¿Quién se atrevería a salir con esta lluvia que amenazaba con inundar a Forks?
Abracé fuertemente mis piernas y hundí mi rostro en ellas. Supongo que era enfermizo el no desear otra compañía que no fuera la de él en ese momento. Aunque Charlie no se hubiera encontrado trabajando en la comisaría y estuviera a mi lado, podía afirmar que el miedo que oprimía mi pecho seguiría siendo el mismo.
La luz se había ido y los rayos que centellaban en el cielo parecían atacar mi pequeña casa con fuerza impetuosa. Apreté mis labios para no gritar y me sentí cobarde. Tal vez, de algo sirva mencionar que, para ese entonces, tenía trece años. No era muy pequeña, lo sé, pero si lo suficientemente frágil de mente como para no olvidar lo que, ayer por la noche, me había atrevido a ver junto a Edward: Películas de terror. ¡Qué tonta había sido al aceptar e intentar hacerme la valiente! Ahora estaba pagando las consecuencias de mi fingida intrepidez, pues las imágenes de los monstruos asesinos estaban siendo perfectamente creadas por mi imaginación, dándole forma a todas las cosas que adornaban mi casa.
Plot, plot, plot… El sonido de unos pasos, dados contra la madera del suelo….
Crac, crac… El sonido de la puerta de mi casa abriéndose sin previo aviso.
Plot, plot, plot… más pasos aproximándose y parando, justo frente a mí.
Encogí mi cuerpo y me abracé fuertemente, apretando mis labios para reprimir el histérico chillido que amenazaba con expulsarse de mi garganta. Mi cuerpo temblaba y no era precisamente por el frío. Una lágrima temerosa se escurrió por mi mejilla y yo me negué a abrir los ojos. No quería ver a la bestia que se encontraba frente a mí. Seguramente estaba deforme, con la piel desbaratada y garras podridas en la punta de sus dedos. Probablemente, si le veía, antes de matarme, me regalaría una sonrisa macabra con dientes putrefactos y afilados. No. Mejor me concentré en pensar en el muchacho a quién amaba en secreto. En su angulado y pálido rostro, en sus ojos verdes y sus espesas y negras pestañas. En sus labios perfectos y sus blancos dientes. En su voz amable y tierna…
“Bella” - ¡Oh! Me sorprendí mucho al escucharle. Definitivamente mi mente estaba realizando su trabajo de manera eficaz – “Bella”
Sentí una mano posarse sobre mi cabello y, al contrario de lo que imaginé, el contacto prometía ser delicado y para nada agresivo. Fue entonces cuando me atreví a levantar la mirada y, de esa manera, encontrarme con mi ángel, completamente empapado y con su rostro preocupado a pocos centímetros del míos. ¿Acaso estaba soñando? ¿O es que el monstruo, que había entrado a mi casa, ya me había matado y me encontraba en el cielo?
“Bella, ¿Te encuentras bien?” – pidió saber, mientras yo me deleitaba con la belleza de su rostro, adornado por las gotas cristalinas que de su cabello color cobre escurrían, lo cual, me hizo comprender que no era un sueño. Estaba claro que mi imaginación era incapaz de dibujar algo tan sublime.
¿Si me encontraba bien? Ahora, con él, junto a mí… por supuesto que si
“Bella” – insistió, ante mi mutismo, el cual fue rotó por mis sollozos.
Sus brazos me envolvieron y me trajeron hacia él, consolándome en silencio y posando sus labios sobre mi cabello. No me importo, ni un solo poco, que su ropa empapara la mía. Con mi rostro hundido en su pecho, el frío no existía.
“Tranquila, no tengas más miedo. Estoy aquí” – susurró, mientras me acunaba tiernamente.
Si, el estaba ahí, como siempre desde que lo había conocido: protegiéndome, cuidándome, procurándome… amándome. Siendo siempre mi ángel, levantándome cuando me caía, secando mis lágrimas cuando las derramaba, ingeniándoselas para nunca abandonarme, luchando contra lo que se interpusiera en su camino, con tal de llegar hacia mí.
Él estaba ahí, lo estaría por siempre, y era eso lo único que importaba…
Aquella secuencia de imágenes llegó a mi memoria mientras sentía como cada milímetro de mi piel se calcinaba de manera violenta y agitada. Era algo reconfortante saber que, a pesar de todo el tiempo transcurrido, Edward seguía estando a mi lado, con su mano fuertemente apretada a la mía para infundirme valor y apoyo.
“Estoy aquí…”
Esas palabras mágicas fueron lo que me llevaron a reprimir los gritos que estaba dispuesta a levantar. Por el contrario, me sentí dichosa y me pregunté qué era lo que había hecho para que un hombre como él me fuera otorgado, no una, ni dos, ni tres, ni cuatro veces… Estaba segura que Edward y yo llevábamos juntos mucho más tiempo del que nosotros imaginábamos. ¿Cuántas veces habremos separado y reencontrado, realmente? ¿Cuántas épocas no han visto nuestros ojos? ¿Cuántas ocasiones nuestras manos no se han visto unidas? ¿Cuántas veces él no ha estado ahí, a mi lado, mientras yo agonizaba, o viceversa? ¿Cuántas lágrimas no han derramado nuestros ojos? ¿Cuántas veces nuestro amor se ha visto inconcluso? Nunca sabremos la respuesta… Pues el destino, a pesar de que nos une siempre, se empeña en separarnos.
“Te quiero…” – escuché que me susurraba, mientras el ligero roce de sus dedos acariciaba mis mejillas.
Ah… tal vez nunca obtendría una respuesta, pero si una motivación para nunca dejarme caer… y era precisamente eso: el saber que él me amaba de la misma manera irrevocable y eterna que yo. Una lágrima se derramó por mis mejillas, al sentirme plena y feliz.
Esa fue la última gota salada que Edward secaría con sus dedos.
EDWARD POV
Mis pupilas siguieron el rumbo de la pequeña lágrima que se paseaba, lentamente, por sus mejillas. Un nudo se formó en mi garganta, mientras me maldecía por hacerle pasar por tanto sufrimiento. Mi familia se encontraba a pocos metros de mí, con sus mentes completamente en silencio.
Inspiré profundamente, mientras cerraba mis ojos y recordaba…
“Y bien… ¿Qué era lo que me querías decir?”
Era la tercera vez, durante toda la tarde, que Bella volvía a insistir con la misma pregunta. Yo, por mi parte, no era capaz de alzar mi mirada hacia ella. Fue una de las veces en que más rápido latió mi corazón. Recuerdo que las manos me temblaban y sudaban, mientras que las mejillas se encontraban casi hinchadas por el rubor que las pintaba.
“¿Edward? ¿Te encuentras bien?” – inquirió, ante mi silencio.
“Estoy bien” – logré soltar, con voz cortada. Bella inclinó su rostro, intentando buscar el mío con su mirada.
“No lo parece” – indicó. No se imaginaba, ni de lejos, lo que tanto deseaba decirle. Había callado este sentimiento durante más de un año y ya mi alma no podía seguir reprimiéndolo. Necesitaba ser liberado, aún si eso significaba que ella pudiera no llegar a corresponderme.
Y es que Bella era especial. Era única. Su carácter maduro, su mirada profunda y transparente, sus mejillas que se sonrojaban con suma facilidad, y su sonrisa tímida, demasiado discreta, la habían convertido en el ser más preciado que pudiera llegar a tener en esa y en todas las vidas. Recuerdo que tomé una bocanada de aire, para intentar liberar mi lengua y poder soltar así las palabras que, durante meses, había intentado, una y otra vez, decir y que, todo el tiempo, se negaban a salir.
“Bella” – logré articular, mientras los latidos de mi corazón se aceleraban. Pum, pum, pum… - “Bella” – volví a repetir y, me vi interrumpido por otra voz ajena y masculina
“¡Isabella!” – exclamó un joven, de nombre Tayler – “Hola”
“Hola” – contestó la aludida. El chico se había acercado, ignorando mi presencia, y le había tomado las manos entre las suyas. Aún puedo sentir el sabor amargo que en mi boca se produjo ante el torrente de rabiosas emociones que me acudieron. Esa tarde fue cuando conocí lo que eran los celos: un cruel sentimiento ardiente y torturante – “¿Se te ofrece algo, Tayler?”
“Bueno, Salí a caminar un poco y decidí pasar a tu casa, para visitarte e invitarte a salir”
Me sentí sorprendido, molesto, irritado, violento, triste… Empuñé mis manos sobre mis rodillas y apreté la mandíbula, al mismo tiempo que los dientes me crujían.
“¿Qué dices, Bella?” – también sentí miedo por escuchar la respuesta que saldría de sus labios. ¿Y si aceptaba? ¿Significaba eso que ella también se sentía atraída por ese muchacho de cabello?
“N-no… no creo que eso sea posible, Tayler” – casi me puse a aplaudir en ese momento y vi, con gran satisfacción, como el pretendiente se largaba con la cabeza inclinada hacia abajo.
Bella suspiró pesadamente, mientras su mirada se concentraba en el chico que caminaba, ya, a varios metros de distancia. Otra duda, otro temor mucho más intenso me llenó. ¿Y si solamente lo había rechazo por simple timidez?... ¿Y si ella realmente si quería salir con él?
“Hubieras aceptado” – dije, sin pensarlo, impulsado por los celos desgarrantes – “Pareces triste por no haberlo hecho”
“¿Por qué me hablas así?” – inquirió ella, mientras me fruncía el ceño
“¿Así cómo?” – reté, endureciendo mi voz
“Así, como si estuvieras enojado conmigo” – explicó
“¿Yo enojado? ¿Por qué debería de estarlo?”
“No lo sé. Dímelo tú”
“Tal vez sea todo lo contrario. Tal vez tu eres la que esta irritada por no salir con tu amiguito Tayler”
“¿Y qué te hace pensar eso? ¿Qué tiene que ver Tayler aquí?”
“¿Te gusta?” – exigí saber, mientras acercaba mi rostro, de manera inconciente, al suyo.
“¿Qué?”
“¿Que si te gusta?”
“¿Qué estupidez es la que preguntas?”
“Responde” – pedí, tratando de controlar mi desalentadora impaciencia.
Bella me miró endurecidamente. Fue algo muy curioso por que, después de meses tras conocernos y ser los mejores amigos, esa era la primera discusión que estábamos teniendo. ¡Y yo que pensaba declararle lo que sentía por ella!
“¿Y qué hay si me gusta?” – contestó, haciendo todavía frente a la guerra de ceños fruncidos que teníamos. Su respuesta me aniquiló. Me destrozó. Y fue aquella furia melancólica la que me hizo actuar de forma impulsiva, llevando mis labios a los suyos, para rozarlos por un breve, pero intenso, momento.
Aún conservo, claramente, la imagen de su rostro al separar nuestras bocas; la mirada que me dedicó, mientras sus mejillas se presentaban completamente sonrojadas…
“¿Por qué has hecho esto?” – reprochó, con un susurro
“Por que te quiero” – contesté, y me alegró mucho de que mi voz hubiera sonado firme y segura – “Te quiero, Bella” – volví a decir, con mis pupilas fundidas en las suyas
“No bromees de esa manera. No es divertido”
“¡No estoy bromeando!” – aclaré, claramente frustrado por su incredibilidad
“Edward, en serio, si no quieres que me enoje contigo…”
“¿Por qué deberías de hacerlo?”
“¡Por que ya te dije que esto no es gracioso!”
“¡Pero, Bella, te estoy diciendo la verdad: Te quiero!” – dije, por tercera vez y, tomándola por los hombros, agregué – “¿Por qué no me quieres creer? ¿Es acaso por que no me puedes corresponder?”
“No es eso” – admitió, huyendo de mi mirada – “Es todo lo contrario”
“¿A qué te refieres con eso?”
“A que…” – calló, por un momento
“Bella, no te sientas mal por mí” – dije, ante su silencio, resignándome a no poder ser dueño de su cariño – “Si te confesé mis sentimientos, no fue por otra cosa, si no por la simpleza de ya no poder mantenerlos en secreto. No creas que espero a más. Sé perfectamente que tu solo me miras como un amigo y yo…”
“Yo también te quiero” – interrumpió, dejándome mudo de felicidad – “Lo que tu sientes por mí es correspondido de manera ferviente… No dudes de ello, pues esto que siento es eterno e irrevocable. Sé que es pronto para decirlo, pero dudo mucho que algún día me llegue a retractar de estas palabras”
… Los últimos años mortales que estuve con Bella fueron como vivir en un edén. Mi mundo era, es y será siempre ella. Podrá haber miles de mujeres a mi lado. Podrá rodearme todo la humanidad mortal e inmortal; pero el centro de todo será Isabella Swan. Mi mujer, mi amiga, mi amante, mi señora en esta y en todas las vidas pasadas y futuras…
Un sonido, casi sordo, me hizo abrir los ojos.
“Jacob” – susurré, al encontrarme con la dolida mirada del licántropo, quien me mantenía, estrictamente, privado de su mente.
“Me largo de aquí” – informó – “Ya no tengo nada más que hacer”
“No puedes salir. Te pueden atrapar” – recordé
“como si me importara” – logré leer su mente, en aquel pequeño lapso de descuido. Él gruñó fuertemente, al sentirse descubierto
“Jacob, falta poco para que despierte. Estoy seguro que ella se alegrara mucho de verte.”
“Tal vez” – contestó, con desdén – “Pero el problema aquí es: si yo voy a sentir lo mismo al verla convertida en uno de ustedes”
“Esto no tiene por que ser así…” – callé cuando logré escuchar unos pasos cerca de nuestro escondite.
Mi familia, al igual que Jacob, tensaron sus cuerpos y, al igual que yo, agudizaron todos sus sentidos para identificar cada movimiento dado en el exterior.
“No son humanos” – pensó Alice, con frustración – “No puedo ver de quién o quienes se trata”
“¿Serán Elizabeth y los demás?” – dije en voz alta
“No” – negó Carlisle – “Ellos no dejarían la cueva por nada del mundo. Mucho menos para seguirnos”
“Tal vez son licántropos” – aventuró Esme
“No lo son” – masculló Jacob, mientras olfateaba – “Ese aroma es diferente. No es un vampiro, no es un humano… no es un licántropo. ¡Maldición! – exclamó – “Ha logrado entrar a la cueva ”
“¡¿Quién eres?!” – pregunté y, como respuesta, una silueta fina y delgada fue tomando forma, hasta llegar hacia nosotros.
“Padre” – susurró la hermosa muchacha, con la mirada puesta sobre mí, al mismo tiempo en que la mano de Bella apretaba, con fuerza, la mía y sus ojos se abrían, de par en par.
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sábado, 30 de enero de 2010
El Reinado de la Luna
Capitulo 7. Muerte
El viento sopla, rodeándome en soledad y dolor. Se siente frío, el único calor que recibo es el de mis lágrimas bajo mis ojos, caen una a una trazando un camino por mis mejillas descendiendo, hasta desaparecer en el escote de mi vestido. Otra vez mi blanco vestido.
La melodía trágica llega hasta mis oídos, pero no comprendo su significado, algo que desesperadamente me quiere decir.
Mis rodillas están en el suelo, puedo sentir la hierba bajo mi piel.
Otra vez el miedo. La luna vuelve a llorar, roja y cruel su luz me rodea.
Alguien me necesita. No puedo abandonarlo, aún cuando el precio, sea renunciar a todo.
Un lobo se lamenta a lo lejos, puedo ver su figura, puedo sentir su sufrimiento como parte del mío.
La tela que suavemente me envuelve, convertida en un tacto áspero se tiñe de rojo.
Un grito desesperado en la oscuridad, lo escucho lejano, aún cuando se que escapó de mis labios.
Mis ojos se abrieron. La oscuridad seguía rodeándome, pero logré reconocer mi cuarto entre tantas sombras.
Anthony apareció en el umbral de mi puerta y se acercó a mí. Sólo hasta que sus brazos me rodearon noté que estaba temblando.
-Todo está bien –dijo suavemente, acariciando mi cabello.
Por encima de su hombro, distinguí la figura de Adam caminando hacia nosotros.
-¿Qué tienes? –me preguntó el licántropo, preocupado.
-Sólo fue una pesadilla –musité con dificultad.
Pero ni mis propias palabras lograban tranquilizarme, otro estremecimiento me recorrió.
-No te va a pasar nada –murmuró Anthony-, yo estaré contigo.
Sólo una pesadilla… eso era todo.
-Creo deberíamos dejarla descansar –dijo Adam entre dientes, apretando un hombro del vampiro y tirando de él.
Por un momento pensé que se negaría a soltarme, pero lentamente me liberó. Se alejó rápidamente de mí y cuando habló lo hizo mirando en otra dirección.
-Estaré cerca, por si me necesitas –dijo.
-Yo también, pequeña mía –Adam acarició mi mejilla.
Ambos desaparecieron en la oscuridad.
Todo mi esfuerzo por convencer a Anthony fue en vano, entró en el Luna Llena, sin escuchar mis advertencias.
Observe a mí alrededor, distinguiendo la hostilidad y el desprecio en los ojos lobunos siguiendo al vampiro.
-Sólo espera afuera –insistí.
El se recargó en la pared y me miró.
-No puedo alejarme de ti –contestó.
-¡Olvídate de mí!
-No puedo –dijo. Observó mis ojos detenidamente y después de un rato añadió precipitadamente:- Es mí deber ¿recuerdas?
Resoplé.
Adam me tomó del brazo obligándome a mirarlo directamente.
-Ellos no le harán nada –dijo-, no después de ver que tú no quieres que lo lastimen.
-Pero…
-Ellos te consideran muy importante desde que el rey te eligió.
Me relajé un poco.
Pero mientras avanzaba la noche no paré de lanzar miradas nerviosas en su dirección, intenté concentrarme en las bebidas que tenía que entregar, pero mi atención siempre regresaba al vampiro, que solitario se rezagaba en el rincón.
-Bella –Lissa me tomó del brazo y me giró en dirección contraria a donde caminaba.
-¿Qué? –pregunté.
-Ya les serviste a ellos –me dijo señalando a la mesa que me dirigía-, esas bebidas que llevas son para la del centro.
-Gracias –contesté al darme cuenta que tenía razón y me apresuré a los cuatro licántropos que esperaban impacientes.
Esperé algunos gritos por mi tardanza, pero ninguno de ellos se mostró grosero, al contrario me trataron con demasiada amabilidad.
-Un poco distraída ¿eh? –observó Lissa.
-Es sólo…
-Ni siquiera intentes poner excusas –dijo mi amiga-, lo sé, es tu amiguito el vampiro adicto a las peleas.
Asentí.
Lissa me miró fijamente por un momento y frunció el ceño.
-¿Hay algo más verdad? –preguntó-. Sí, puedo verlo en tus ojos.
Me estremecí, después de todo, mi amiga si sabía descifrarme.
-Tal vez –musité.
-¿Qué ocurre? –cuestionó.
Apreté mis labios, mis manos se cerraron convirtiéndose en puños.
-Bueno –dijo al ver que no contestaba-, cuando estés lista para decirlo, aquí estaré.
Por un tentador momento quise decirle, y muy probablemente lo hubiera hecho, si Jacob no hubiera entrado al bar.
El rey licántropo se sentó en una mesa, que a su llegada, quedó vacía.
Con la sensación de que algo iba mal, me dirigí hacia el lentamente.
-Bella –saludó e hizo un ademán hacia el asiento en frente de él.
Me senté.
Una sonrisa, cansada y triste se trazó en sus labios. Sus dedos comenzaron a trazar un camino por mi mejilla, hasta que, con un suspiro dejó caer su mano en la mía y la apretó ligeramente.
Algo, que si yo no tuviera tantos años en conocerlo no sabría cómo interpretar, pero cómo si era así pude saber que sus acciones gritaban: te necesito.
-¿Qué ocurre? –pregunté.
-No he podido encontrar al culpable –contestó con voz plana, carente de emoción, o al menos eso era lo que quería aparentar-. No he podido vengar la muerte de mis amigos.
Entrelacé mis dedos con los suyos, y como si nuestras palmas fueran un puente de conexión, pude sentir su dolor y soledad cómo si fueran míos.
Sus hermanas estaban en el extranjero, y su padre, hacía tiempo que había muerto, sus amigos y yo éramos lo único que le quedaba.
-Me estoy quedando sólo –dijo, como hubiera escuchado mis pensamientos.
-No te voy a dejar –afirmé.
-¿Qué va a pasar si lo eliges a él? –cuestionó-. Si te conviertes en uno de ellos… ¿Qué va a pasar con nosotros?
Lo miré directamente a los ojos, pensando seriamente en sus palabras. Un vampiro y un licántropo nunca se llevan bien…
-Te amo, Bella –suspiró después de un rato, al no recibir ninguna respuesta mía-, y no quiero perderte a ti también.
Un aullido de dolor interrumpió nuestra conversación, al igual que la de todos en el bar. El lamento fue seguido de un estruendo y después… de un mortal silencio.
Jacob fue el primero en salir, seguido de todos los licántropos presentes.
Adam y Anthony rápidamente se situaron a mis costados, me puse de pie y corrí hacia la salida.
-Puede ser peligroso –el licántropo me tomó del brazo.
-¡No me voy a quedar aquí! –repliqué.
En el exterior, la luna iluminó las calles, que estaban, ahora llenas de licántropos.
-¡Comiencen a buscar! –escuché a Jacob.
Vi cómo cuatro hombres se transformaban en lobos y se separaron en distintas direcciones.
La búsqueda no duró mucho tiempo, pues de entre las sombras regresó uno de ellos, con figura humana, cargando entre sus brazos a un lobo inerte. Lo depositó en el suelo con cuidado, el lobo tenía la garganta y él cuerpo desgarrados con múltiples rasguños, la sangre derramándose por un pelaje que poco a poco iba desapareciendo.
Me cubrí la boca, evitando que un grito escapara de mi garganta.
Jacob se acercó al cuerpo que iba regresando a forma humana, se quitó la camisa y lo cubrió con ella.
El rey licántropo ordenó a otros que siguieran buscando hasta encontrar al culpable, su tono se volvió feroz mientras repetía el mandato.
Se acercó a mí, y mi pecho ardió en respuesta al sufrimiento que vi en sus ojos.
Acarició mi cabello.
-Llévensela a casa –dijo dirigiéndose al vampiro y licántropo que estaban detrás de mí-. No la dejen sola, y cuídenla mucho.
-Por supuesto –contestó Adam sin dudar.
El vampiro asintió, aún cuando no era él no era su rey, en esta ocasión parecía completamente de acuerdo con la orden que Jacob había dado.
-Espero verte pronto –dijo Jacob, desapareciendo entre la multitud de licántropos que esperaban más de sus instrucciones.
Una vez más, tras seguirlo con la mirada, me di cuenta, de que el licántropo que había sido mi mejor amigo durante tantos años, se sentía completamente solo.
-Vamos, pequeña mía –Adam me empujó cariñosamente de los hombros para que comenzara a avanzar.
Dejé que mis pies se movieran, dejándome guiar por el vampiro y él licántropo que me acompañaban, mientras mi mente y mis pensamientos viajaban lejos, buscando un camino que los guiara a las respuestas que tanto me hacían falta.
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Capitulo 8 . Renuncia
En la oscuridad, esperaba intranquila, a que el sueño me venciera. Pero mi mente se aferró a la realidad con fuerza, mis pensamientos y emociones se mezclaron, no tuvieron misericordia con mis cansados ojos, que imploraban por cerrarse.
No podía dejar de pensar en Jacob, en lo desolado que se veía. Sabía dentro de mí lo mucho que me necesitaba, no podía abandonarlo.
Retiré las sábanas de mi cuerpo, sintiéndome repentinamente sofocada, no por el clima, que era bastante frío en esos días, sino por mí, por todo lo que estaba pasando.
A pocas horas de que se acecinase la noche, al día siguiente, me senté en el sillón, cansada por la falta de descanso y tener que estar toda la mañana intermediando en las peleas de mis protectores. Levanté mis piernas y las abracé contra mi pecho, descansando mi cabeza entre mis rodillas.
Ni siquiera tenía ganas de encender el televisor.
Adam, como su costumbre lo ameritaba, se encontraba en la cocina, gruñendo y vociferando cada vez que una verdura aparecía en su camino.
El vampiro, por su parte se encontraba apoyado contra la pared a mis espaldas, sin hablar y sin moverse. Por lo menos ya no estaban discutiendo.
Ni siquiera me di cuenta cuando se acercó a mí y se sentó cerca.
-Encontrarán al asesino y le harán pagar por todo lo que ha hecho –dijo de pronto de forma tranquilizadora-, nunca dejaría que te hiciera daño ¿lo sabes verdad?
Sonreí ligeramente, al ver sus intenciones de borrar mi tristeza y preocupación. Anthony no sabía que no era sólo eso lo que me aquejaba.
-Gracias –dije-. Sé que me cuidas mucho.
Anthony tomó un mechó de mi cabello que caía sobre mi cara y lo acomodó detrás de mi oreja. Sus ojos, fueron repentinamente consientes de la parte de mi cuello que había quedado expuesta, los vi oscurecerse. Se inclinó hacia mí, de pronto el espacio entre nosotros se había reducido notablemente.
-Anthony –musité nerviosa.
La mención de su nombre lo hizo reaccionar, se alejó de mí.
-Lo siento –dijo levantándose y dándome la espalda-, creo que necesito salir a alimentarme. Pero no quiero dejarte.
-No hay problema –lo animé, entendiendo su reacción, el vampiro debía de tener tiempo sin beber sangre.
Anthony asomó su cabeza hacia la cocina.
-Tengo que irme por un rato –anunció-, más vale que la cuides bien.
Escuché una especie de gruñido.
-Siempre lo hago, chupasangre.
-Volveré pronto, Bella –dijo, sin voltear a verme.
Adam salió de la cocina, casi en el momento en que la puerta transmitió un leve sonido al cerrarse.
-Por fin solos, pequeña mía –dijo Adam sonriendo ampliamente, se acercó peligrosamente.
-¡Ni lo sueñes! –exclamé alejándome.
-No duermo, aunque quisiera, no puedo soñarlo –replicó-, pero puedo imaginarlo.
Puse los ojos en blanco y lo ignoré. Me dejé sumergir en mis pensamientos.
La determinación llegó a mi justo cuando faltaba muy poco para ir al trabajo. Tomé el teléfono y marqué el celular de Lissa.
Me contestó al primer timbrazo.
-Quiero que me cubras hoy –dije con mi voz temblando, inestable.
-Claro –contestó inmediatamente-. Pero ¿Qué te pasa?
-Nada, sólo… luego hablamos ¿sí? –dije.
-De acuerdo –la escuché musitar.
Colgué.
Enterré mi cara entre mis manos, esperando a que Anthony regresara.
Me estremecí. Había tomado una decisión, y estaba bien, era lo mejor, lo que creía lo correcto.
¿Entonces porque dolía?
-Llévame con Edward –le pedí al vampiro en cuanto lo vi entrar.
Se quedó de pie, en el umbral mirándome fijamente.
-Necesito hablar con él –las palabras me sabían pesadas en mi boca, fue difícil poder pronunciarlas.
Tardé un poco en convencer a Adam de que se quedara en el departamento, pero después de unos cuantos quejidos por mi parte y gruñidos por la suya, logré hacerlo.
Volví a ver la mansión que tantos malos recuerdos me traía, no logré entrar sin un estremecimiento.
Para mi sorpresa, quien me abrió fue Rosalie.
-Bella –noté en su tono la culpabilidad que todavía sentía por haberme entregado al anterior rey vampiro.
-Quiero ver a Edward –dije al entrar.
Ni siquiera había terminado de pronunciar su nombre, cuando apareció en frente de mí. Una sonrisa se extendió en su rostro, sus ojos brillaron al encontrarse con los míos. Reaccioné a su presencia, mi corazón se aceleró y mis piernas comenzaron a avanzar hacia él.
Pero recordé lo que venía a decirle y me detuve en seco a mitad del camino.
-Necesito hablar contigo –dije moldeando mi voz hasta hacerla lo bastante indiferente posible.
Rosalie desapareció de pronto.
Anthony me miró inseguro de lo que debía hacer.
-Espérame afuera –le indiqué.
El vampiro me miró fijamente, pero me hizo caso.
Edward caminó hacia mí, queriendo acortar la distancia que había quedado entre nosotros.
Negué con la cabeza, indicándole que no lo hiciera. Porque sabía que si me tocaba, si me abrazaba, si me besaba, lo haría más doloroso de lo que ya era.
-¿Qué te ocurre? –preguntó preocupado.
-Nada –tomé aire, quería decirlo rápido, pensando así que el sufrimiento sería menor-. Sólo he venido a decirte que he decidido estar con Jacob. Ya no tienes que desperdiciar tu tiempo conmigo –añadí, sintiendo que cada palabra me desgarraba la garganta.
Una expresión de dolor atravesó su rostro y al verlo sentí que algo dentro de mí amenazaba con romperse.
-Nunca he pensado, ni pensaré, que el tiempo junto a ti es un desperdicio –dijo después de un rato-. Espero que hayas escogido lo que en verdad quieres. Mis sentimientos hacia ti son los mismos.
-Olvídame –dije apretando mis puños, mis uñas se clavaron en mi piel provocando cierto dolor, pero ni aún esas heridas físicas podían superar a las que se estaban formando dentro de mí.
El sonrió, pero sus ojos me decían todo lo contrario a su gesto.
-Te amo, y siempre te amaré –contestó-, es algo que supe desde el primer momento en que te vi. No puedo cambiarlo, ni quiero hacerlo.
Me sentí débil, frágil, a muy poco de romperme en pedazos.
-Adiós Edward –me di la vuelta y me dirigí a la puerta.
-Espero que seas feliz –lo escuché decir detrás de mí.
Era lo mejor.
Jacob me necesitaba y no podía dejarlo.
Debía verme tan deplorable como me sentía porque Anthony no habló en todo el camino de regreso, y sabía que había escuchado todo, pero agradecí su silencio.
-Adam ¿puedes decirle a Jacob que si puede ir al Luna Llena mañana? –le pregunté poco después de llegar.
-¿Quieres que se lo diga ahora? –arqueó las cejas.
Asentí, así podría estar un poco más sola en el departamento, aunque fuera por un momento. Por lo menos no tendría que escuchar las peleas de mis protectores.
-¿Importante?
-Muy importante –dije.
Mi expresión debió convencerlo porque no tardó mucho en irse.
Sin decir otra palabra, dejé a Anthony en la sala y me encerré en mi habitación.
Fue entonces cuando todo mi mundo se rompió.
Los sollozos escaparon de mis labios y las lágrimas se desbordaron, saliendo de mis ojos y mojándome las mejillas.
Me senté en mi cama, enterrando mi cara entre mis manos y seguí llorando.
Alguien se acercó a mí y me rodeó con sus brazos.
-Ya no es necesario que me cuides –dije entre sollozos-, después de todo ahora voy a estar con él y creo que…
-El rey de los vampiros aún se interesa por tu seguridad –me interrumpió-, no creo que sea de su agrado que te deje desprotegida. Pero, aunque me lo prohibiera, no te voy a dejar.
Apoyé mi cara en su pecho y me aferré a su camisa.
-¿Es esto lo que en verdad deseas?
-Sí –musité, con mis lágrimas contradiciendo mi respuesta.
-No te creo –dijo-. ¿Por qué lo haces?
-A veces –dije sin pensar lo que decía-, tienes que renunciar a lo que amas.
Las palabras espontáneas que salieron de mis labios me hicieron darme cuenta de la verdad: lo amaba. Pero no podía estar con él.
-En eso, tienes razón –coincidió Anthony acercándome más a él.
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Capitulo 9 . Blanco
La mañana me trajo más tranquilidad, mi dolor no había desaparecido, a pesar de haber derramado buena parte de él en la noche, pero logró calmarlo y mantenerlo donde debería estar enterrado dentro de mí.
-¿Lo viste? –le pregunté a Adam al salir de mi habitación.
-Si
-¿Qué te dijo? –cuestioné-. ¿Va a ir al Luna Llena?
Puso los ojos en blanco.
-Por supuesto, ya que se lo pediste tú –dijo-, pero parecía preocupado.
-¿Qué le dijiste?
-Que querías hablar con él y que era importante –contestó.
-¡Pero debiste añadir que estaba bien! –exclamé.
Se encogió de hombros.
-Además yo también estoy preocupado por ti, pequeña mía –continuó-. ¿Qué es lo que te ocurre? ¿Por qué quieres ver al rey?
-Lo sabrás, pero no ahora –respondí.
Mis ojos encontraron la figura de Anthony, que aunque parecía imposible, se veía más tenso y serio que antes. Intenté sonreírle, y él me correspondió, pero sus ojos se veían apagados, me pregunté si era porque también estaba preocupado por mí.
El teléfono me sacó de mis pensamientos, sabía quién era, hasta llegaba a pensar aunque fuera una locura, que el aparato sonaba más frenético cuando se trataba de ella.
-Escúpelo todo –dijo sin darme tiempo a saludar.
-Buenos días Lissa –repliqué-, de vez en cuando deberías acordarte de esa frase, eso se llama tener educación.
Casi podía imaginármela poniendo los ojos en blanco del otro lado de la línea.
-¡Hemos sido amigas por mucho tiempo como para seguir con las formalidades! –exclamó-. Ahora deja de evitarlo y dilo, lo que sea que te estés guardando necesito saberlo.
-Esto… -dirigí una mirada alrededor, mis protectores estaban muy cerca, y aunque sabía que Anthony tenía una idea aproximada de lo que iba a hablar con el rey licántropo no quería que lo escucharan, por lo menos hasta que se lo dijera a Jacob-… hablaré contigo en el bar.
-¡No, no! –se quejó, como niña pequeña haciendo una rabieta por no poder obtener su juguete favorito-. ¿Por qué no ahora?
-No es el momento Lissa.
Después de quejarse un rato más, finalmente cedió no sin antes hacerme unas cuantas advertencias y amenazas.
-Pero ni creas Bella, que cuando llegues al bar te vas a escapar –dijo.
No me sorprendió encontrar a Lissa, de pie, cerca de la barra siguiéndome con la mirada.
Adam se separó de mí y se fue a la mesa que tenía la mejor vista, para poderme vigilar.
-Espera –Anthony me detuvo de la muñeca.
-¿Qué pasa? –le pregunté, sabiendo que mi amiga se ponía cada vez más ansiosa.
-Aún es tiempo de cambiar de parecer –dijo.
Eso le trajo una sacudida de dolor a mi corazón y un segundo de duda.
-Ya tomé mi decisión –respondí.
-Tú debes de ser feliz –dijo de pronto.
-La mayoría no lo es –repliqué-. ¿Por qué yo debería serlo?
-Tú eres especial –dijo con seguridad-, yo creo que tú naciste para ser feliz.
Le sonreí, agradecida por sus palabras.
-Deja de sufrir por mí, estaré bien.
Suspiró, uno de sus brazos se dirigió hacia mí, su mano comenzó a acariciar mi cabello lentamente enterrando sus dedos entre los mechones que caían por mi cara. Una extraña mezcla de emociones surgió en su rostro, como si el tocarme le provocara anhelo y dolor a la vez.
Pero tal vez sólo me lo había imaginado y lo que veía era su profunda preocupación por mí.
-Tengo que irme –musité.
El dejó caer su brazo y asintió.
Me di la vuelta y me dirigí al inminente interrogatorio.
-¡Confiesa! –exigió Lissa.
Por su expresión, supe que si tuviera la suficiente fuerza para levantarme de los hombros y sacudirme, lo hubiera hecho.
-Hace poco Jacob… me… -mordí mi labio-… él me propuso matrimonio.
Lissa dejó escapar un gemido.
-¿Y qué le dijiste? –preguntó ansiosa.
-En ese momento no respondí nada, pero hoy le diré que acepto.
Mi amiga se había estado reprimiendo, pero cuando de mis labios salió la palabra “acepto” un chillido de emoción resonó en su garganta.
Me abrazó con fuerza.
-¡Te acompañare a comprar tu vestido! –prácticamente gritó.
Me reí.
-Sí –concedí-, después de todo eres mi mejor amiga.
Estaba dando saltitos de alegría, pero se detuvo de pronto, mirando por encima de mi hombro.
Me dirigió una sonrisa de complicidad y con una inclinación me indicó que volteara.
No necesitaba dar la vuelta para saber de quién se trataba, pero aún así lo hice.
Jacob había entrado al bar.
Sentí las palmas de Lissa empujarme.
-Ve –la escuché decir.
Caminé hacia él, pero me interceptó a mitad del trayecto.
Sus manos se apoyaron en mis hombros y fueron subiendo hasta mi cara, su cara mostraba ansiedad y preocupación.
-Adam me dijo que necesitabas verme –dijo.
-Sí –tomé una de sus manos, para tranquilizarlo-. Pero estoy bien.
Se relajó y me dedicó una sonrisa.
-¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme? –preguntó.
Los nervios resurgieron en mí, apreté mis manos, una contra la otra y clavé mis uñas en mi piel.
-Yo…
Muchas cosas pasaron en mi mente al tiempo que pronunciaba esa palabra, una punzada de dolor volvió, pero la ignoré.
-Te estás haciendo daño –observó Jacob. Liberó una de mis manos y la besó.
-Acepto –balbucí.
El licántropo arqueó las cejas sin comprender a lo que me refería.
-Acepto casarme contigo –completé.
Una sonrisa se extendió por los labios de Jacob, iluminando su rostro.
-Te amo –dijo tomando mi cintura y acercándome a él.
Me besó profundamente.
-Quiero que la ceremonia sea mañana por la noche –dijo separando su rostro del mío unos centímetros.
¿Tan pronto?
-Pero…
-Lo siento –me interrumpió-, es que estoy muy desesperado porque seas mi reina. Pero puedes decidir la fecha que quieras.
Pensé en la alegría que lo llenaba y en todo lo que me necesitaba en estos momentos, y también pensé, con un estremecimiento, que si esperaba más tiempo mi cabeza no dejaría de pensar en Edward y sería una tortura.
-Mañana está bien.
Lissa llegó a mi casa muy temprano la mañana siguiente.
-¿Qué esperabas? –dijo al entrar-. ¡Tenemos tan poco tiempo para escoger tu vestido!
Esperaba que Adam se quejara por acompañarnos de compras, pero se veía extrañamente abatido. Mis dos protectores parecían sombras grises de tristeza siguiéndonos por las calles, me pregunté que los pondría de ese estado de ánimo.
-Entiendo que el licántropo nos siga –dijo Lissa-, pero no entiendo porque el vampiro hace lo mismo.
-Es un amigo –contesté sin dar más explicación.
-Pero…
Afortunadamente la tienda ya se extendía ante nosotras a todo su esplendor y Lissa interrumpió su réplica.
-¡Llegamos! –gritó y me tomó del brazo.
-Bienvenidas otra vez –reconocí los hermosos rizos de Gemma en cuanto los vi.
-Gracias –dije sonriendo.
La chica-lobo inclinó su cabeza en mi dirección en señal de respeto.
-Me alegra que vayas a ser nuestra reina.
-Que rápido corren las noticias –comenté.
Ella se rió.
-¿Crees que algún licántropo va a pasar por alto la ceremonia de unión de su propio rey?
-Sungo que no –le sonreí.
Gemma nos condujo a la sección de vestidos, no sin lanzar de vez en cuando miradas de incomodidad hacia Anthony, que nos seguía de cerca, pude distinguir el disgusto en el rostro de la chica-lobo, pero no hizo ningún comentario al respecto.
-Puedes escoger el vestido que quieras, y el color que quieras –dijo Gemma-, en nuestras ceremonias no importa el color o lo sencillo que sea el vestido. Pero respetando las costumbres humanas creo que tengo el vestido perfecto para ti.
Quedé asombrada cuando lo vi. Aunque era sencillo, se veía deslumbrante, la tela parecía deshacerse en los dedos, parecía tener brillo propio. Pero algo me hizo estremecerme, era blanco, y su color me hizo recordar mi sueño.
-¡Póntelo! –exclamó mi amiga.
Sacudí mi cabeza, recordándome que sólo había sido un sueño y no debía preocuparme por ello.
Tomé el vestido con cuidado, sintiendo su suavidad en mis manos, y me dirigí a los probadores.
-¡Queremos verte! –escuché el grito de Lissa después de unos minutos.
Me vi en el espejo y lo que vi en el me hizo dudar que él reflejo y yo fuéramos la misma persona. El vestido parecía estar hecho para mí.
Después del segundo grito impaciente de mi amiga salí.
-¡Te ves tan bonita! –exclamó mi amiga.
Gemma asintió.
Anthony y Adam, que estaban observando toda la tienda, buscando algún signo de peligro, se giraron para verme. Sus ojos se agrandaron cuando se posaron en mí.
-Hermosa –dijo Adam.
El vampiro no pronunció palabra, pero por el brillo en sus ojos, parecía que por primera vez estaba de acuerdo en algo que decía el licántropo.
Volví a entrar al probador para cambiarme.
Gemma se vio horrorizada cuando le pregunté por el precio del vestido.
-No le voy a cobrar a mi reina –dijo.
-Pero…
-No –enfatizó, no parecía dispuesta a cambiar su respuesta.
-Muchas gracias –dije después de un rato.
-Te veré en la noche –contestó Gemma dirigiéndome una amplia sonrisa.
Suspiré, ya quedaba tan poco tiempo para eso.
Publicado por Angel of the dark en 14:21 0 comentarios
Etiquetas: El Reinado De La Luna