Dark Chat

lunes, 7 de diciembre de 2009

GHOTIKA

Buen dia mis angeles hermosos!!! ya se acerca el final del fic este es el penultimo cap , llorare ,bueno aqui se  los dejo , por fiss dejen suss comentariios si sean buenas.
les mando mil besitos
Angel of the dark
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Ocurra lo que ocurra, aún en el día más borrascoso las horas y el tiempo pasan

W. Shakespeare

Capítulo 32: Tiempo

–Nunca había conocido a un vampiro tan más estúpido – se mofó Azael, mientras caminaba hacia él, dando pasos desinteresados y burlescos, haciendo perfecto juego con su mordaz mirada y sarcástica sonrisa – Mira que venir solo a la boca del lobo no es digno de alguien con buen raciocino


–¿Dónde está Bella? – gruñó, desplazando su cuerpo al son de los movimientos de su enemigo. Preparado para cualquier ataque.


–Ella ni si quiera sabe que estas aquí; pero, para que veas que aprecio el valor que has tenido al venir a enfrentarte, solo, contra mi familia, por el simple hecho de salvarla (algo que no pasará), tendré la bondad de que la veas a través de mis pensamientos.


Edward clavó su negra mirada en él, sabiendo perfectamente que detrás de todas esas palabras había algo oculto, algo que, seguramente, no sería nada bueno. Pero el deseo de verla, de comprobar que estaba viva, pudo más que cualquier otra razón. Así que, cuando Azael se acercó tres pasos más hacia el frente, Edward penetró en sus pasamientos a través de su mirada enrojecida.


El vampiro de cabellos cobrizos gimió ante la lluvia de imágenes que se le presentaron y, cuando quiso desviar la vista hacia otro lado para deshacerse de ellas, Azael lo tomó por los hombros, sonriendo despiadadamente, pues su plan había salido a la perfección.


–¿Tan pronto te aburriste de ver a tu amada? – preguntó, recordando, con detalle, cada una de las veces que había visto a Bella.


Demasiado tarde era ya. Edward no pudo evitar seguir mirando en la mente de aquel maldito ser que, con exagerada precisión, pintaba en su memoria el rostro de Bella, el cual, tal vez, para muchos podría pasar como el semblante de una persona seria y no encontraría nada más. Pero Edward, él que tan bien le conocía, se sumergió en el sufrimiento que esas pupilas rojizas intentaban esconder. ¡Cuánto hubiera, en ese momento, deseado el no haber aprendido a descifrar el brillo inmortal de esa mirada! Al menos, así, aquella zozobra tan enfermiza y descuartizadora no se hubiera sembrando tan profundamente en su alma.


–Espera, espera, espera – le dijo Azael, quien gozaba enormemente el daño que hacía, alejando las manos de su cuerpo para no seguir desvaneciéndolo – Aún no es momento para que te debilites, amigo mío. Lo mejor está por venir – advirtió, esbozando una sonrisa maligna justo en el momento que recordaba, de manera lasciva, cada movimiento que había dado dentro de Bella.


Edward jadeó fuertemente, manifestando de esta manera cuán enérgicamente le había castigado aquel recuerdo. Y no era el orgullo lastimado de un hombre que no ha podido disfrutar, primero que nadie, el sabor de su amada, lo que le aniquiló toda el alma.


No...


Que Bella se entregara a cuantos tantos quisiera. Eso no le importaba si ella era feliz; pero era su rostro, la forma en que sus labios se habían fruncido, plañendo en silencio, el forcejeo que su cuerpo hizo para intentar impedir lo que estaba sucediendo y la forma en que su ceño se arrugó cada vez que ese animal osó en acariciarle y besarle, lo que le laceró cada milímetro de su piel. Fue ese lamento silencioso que sus ojos mostraron cuando Azael terminó y se alejó de ella, ese pequeño estiramiento de sus labios hacia abajo, ese maldito dolor que sólo él podía descodificar, lo que le encogió de pena.


Si Edward se pudo mantener de pie, fue solo por el deseo enardecedor de matar a ese protervo rufián que tenía enfrente, deleitándose ante lo que su maldad había creado.


–Te ves mal – apuntó Azael, con burla – pensé que verla te alegraría


–Te voy a matar – siseó Edward, con los puños acomodados a su costado – Te voy a matar como el animal que eres.


–Inténtalo – tentó el otro vampiro, estando perfectamente consiente de que casi todas las fuerzas de su enemigo habían sido absorbidas por él - ¡Vamos! ¡Hazlo! ¡Atácame!


Y Edward, movido por la bestial cólera, se lanzó a él, con tanta velocidad que se volvió borroso e impredecible ante los ojos del contrincante, dándole a éste un fuerte impacto que le arremetió contra las paredes que se levantaban sobre el castillo. Azael sonrió de manera socarrona, intentando ocultar la humillación le daba el tener que reconocer que aquel enfurecido inmortal podría llegar a ser más fuerte que él, de no tener la ventaja de debilitarle con sus manos.


–Aún si me matarás, ella ya fue mía – le recordó, propinándole a Edward una enérgica patada directa en el estomago que lo tiró al suelo – Nada puedes hacer para cambiar esa realidad – agregó, pisándole una de sus piernas, logrando que el chasquido de sus huesos al romperse se alzara por el viento, llegando hasta los sentidos de Bella que, al escucharle, respingó y caminó hacia la ventana, movida por el certero presentimiento de que ese ser, al que tanto amaba, podría estar cerca.


–¿Tuya?


La duda se disipó al momento de agudizar sus oídos y reconocer aquel sonido suave y angustiado


– Ella jamás será tuya. El alma no se compra ni se vende; pero es imposible que lo entiendas


–Y no me interesa entenderlo. Me importan poco esos conceptos tan inútiles de la paciencia, la bondad y el sacrificio que, según, van ligados al absurdo sentimiento que se hace llamar “amor”. Todo eso son sólo creencias de mentes débiles, humanas.


Bella corrió fuera de la habitación, arrojando lejos a los que se interpusieran en su camino. Ignorando la posibilidad de la muerte tan segura que se avecinaba. Lo única necesidad que tenía en ese preciso momento era de comprobar que, efectivamente, Edward estaba vivo. Podía morir plena, si su última visión era la de su glorioso rostro pintado en mármol. Corrió por los pasillos que, pese a su naturaleza de vampiro, le resultaron largos e interminables.


–Déjenla que se acerque – ordenó Azael al escucharle venir. Los vampiros que pretendían capturarle, se hicieron a un lado, obedeciendo las órdenes de su señor.


Bella salió disparada hacia aquel oscuro callejón y su mirada buscó, desesperadamente, aquel par de ojos dorados por los cuales vivía. Los encontró ahí, a pocos metros de distancia, pues Azael la capturó entre sus brazos antes de que pudiera dar un paso más.


–Bella


–Edward


Susurraron ambos al reencontrarse. Con las miradas unidas en la distancia y con una serie de emociones que se colisionaban entre sí. Volviendo el momento hermoso, trágico, terrible, doloroso, reconfortante... Evocando cada segundo, pasado en las semanas, que fueron hijas de los meses en los que estuvieron separados. El verse, el contemplarse de nuevo, era como cerrar una herida que se abría cada vez más en su muerto corazón. Qué hermosa era ella para los ojos de él. Aún con la roja mirada destilando aquella amarga pesadumbre, aún con los cabellos alborotados y la actitud frágil, parecía una diosa oscura que no le era permitida tocar.


–Edward – repitió Bella, intentando dar un paso hacia él y siendo retenida, de manera violenta, al instante.


El vampiro gruñó fuertemente, recordando que esas manos, que ahora le sostenían, habían osado en hacerle daño de la peor manera.


–¡Suéltala! – bramó, sacando de la garganta de Azael una risa socarrona.


–¿Por qué habría de hacerlo? – contestó éste, acercando sus labios al cuello de la morena y apretando sus manos a su pequeña cintura – Si se siente tan bien estar así... ¿No lo crees, Bella?


La vampira respondió con una aguda expresión de repulsión y un fuerte codazo dado en el estomago de aquel sucio ser, el cual pareció no verse nada alterado por la agresión.


–¡Vengan por ella! – dijo y, al instante, varios vampiros estuvieron a su lado, tomándola y arrastrándola hacia adentro.


Edward intentó impedirlo, pero Azael arremetió contra él con furia brutal. No lo iba a aceptar, pero le ardía la sangre de envida ante lo evidente que era el amor que Bella tenía hacia él. Un amor que jamás sería suyo.


–¡Ella es mía! – Bramó, apretando sus manos al cuello del muchacho que, incansablemente, llamaba a la mujer que, en es momento, estaba siendo encadenada - ¡¿Quieres que te lo muestre otra vez?! – preguntó, sin esperar respuesta, volviendo a transmitir sus lúbricos recuerdos que se formaban como llamas de infierno para el lector de mentes que suplicaba interiormente por no ver más.


Edward recibió golpe tras golpe cuando el cobarde enemigo se hizo de dos aliados más. Quedó tendido sobre el suelo, casi sin poder moverse. La inmortalidad nunca antes se le hizo tan irónica, ¿Le habían dicho alguna vez que era invencible? Estaba seguro que más derrotado no se podía encontrar en ese momento. Estaba completamente aniquilado. Destrozado interiormente. Sintiendo dolor por todas partes...


–Esperen – frenó Azael, cuando sus otros acompañantes tomaban al chico de las extremidades, dispuestos a desmembrarlo en ese preciso momento – Déjenlo. Aún no es tiempo para que muera.


Los monstruos asintieron a regañadientes, y se retiraron, obedeciendo a la orden dada por su “amo”.


Edward sintió, en medio de su turbación, que su cuerpo era jalado hacia arriba, a través de sus cabellos, y después arremetido contra la pared, formando varias grietas en ésta a causa del impacto.


–No, aún no puedes morir – volvió a repetir Azael, enterrando las uñas en su cuello. Edward apretó los puños para reprimir el sonido de desgarrador dolor que su garganta quería expulsar e intentó defenderse con una patada, la cual, debido a lo débil que se encontraba, fue esquivada con suma facilidad. Otro impacto contra la pared fue lo que recibió como compensación – Sé que estas sufriendo – agregó el despiadado vampiro – Sé que el no tenerla cerca, el saber que se encuentra a mi lado y que la puedo tener cuando quiera, te lastima más a que te arrancara, pedazo tras pedazo, toda tu piel. Si te mato ahora, lo más posible es que te haga un favor. Y yo no le hago favores a nadie, mucho menos a mediocres que, por creer estar enamorados, vienen a sacrificar su insolente vida. Si te dejo vivir un poco más, si permito que sea tu mente la que te atormente y te aniquile con el recuerdo de las imágenes que te he creado, esa sería mi mejor venganza y mi mejor forma de ganar.


Lo arrojó varios metros lejos de él y entonces rió.


–¡Ve y conoce el infierno, amigo mío! – exclamó, con amargo deleite – ¡Que las llamas de su ausencia te consuman hasta volverte cenizas!


Y dicho esto, él se internó en el castillo. Dejando a Edward encogido de dolor en un solo y oscuro callejón...


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Después de esto, pasaron alrededor de tres semanas más. Edward fue encadenado, tal y como Aro le había prometido. Carlisle no pudo hacer nada para impedirlo y la desesperación y zozobra que su hijo destilaba, llegó a Jasper, atormentándolo más, hasta el punto que sintió enloquecer cierta tarde en que, queriendo hacer lo mismo que su hermano e ir en busca de Alice (sabiendo las nulas probabilidades que había de tener éxito) atacó a los que cuidaban en la entrada.


Al rubio le había sido estrictamente prohibido el visitar a Edward o estar cerca de él. Sabía que su domino de emociones no les ayudaría en nada más que para empeorar la situación y así, teniendo como único consuelo y compañía a su violín, pasaba, después del entrenamiento, justo cuando la hora del crepúsculo caía, tocando infinitamente la misma melancólica pieza que lloraba junto con él, ignorando que Violeta siempre estaba ahí, con sus piernitas pegadas a su pecho y su carita hundida en sus rodillas, sollozando en silencio ante lo insoportable que era ver llegar un anochecer tras otro y no tener a su amado Darío junto a ella.


El tiempo para Alice tampoco transcurría de manera fácil. Ante lo sucedido, (de lo cual ella nada supo) Azael había prohibido cualquier visita a Bella y, como hasta el momento ambas seguían ignorando que Darío se encontraba en el mismo lugar, el sentimiento de soledad se apoderaba de ella con cada segundo que pasaba...


Damián penetró por la habitación, encontrándole con la mirada pérdida en la nada. Su rostro se inclinó hacia abajo al contemplarla así, tan ausente en la hora del crepúsculo que parecía que, justamente en ese momento, su alma abandonaba su cuerpo para huir al lado de él, su enemigo al que tanto odiaba por impedir que ella correspondiera su amor.


Se acercó a la pequeña y tomó su mano entre las suyas. Habían pasado ya tantos meses y no había logrado nada más que verla sufrir cada día un poco más.


–Hola – saludó, con voz suave, logrando que Alice volteara el rostro para verle. El hallarse reflejado en el mar oscuro de sus ojos le llenó de varias emociones encontradas, en las cuales se podía definir la paz, el amor, el sosiego, la inquietud... la culpa – Todos los días, a la misma hora, vienes y te sientas aquí – continuó, aprovechado la oportunidad que le había sido brindada ya que, pocas eran las veces en que ella reaccionara ante el sonido de su voz – ¿Por qué?


–Me hacer recordar – contestó la muchacha, con un hilo de voz.


–¿Qué recuerdas?


–Es muy probable que no lo quieras saber


–Ahora no importa lo que yo quiera o no saber – discutió él, dulcemente, apretando su agarre contra la pequeña manita – si no lo que te haga sentir mejor. ¿Sabes? – preguntó, sin esperar una respuesta – Cada vez se me resulta más insoportable tu angustia. Es como si, con cada día que pasa, se fusionara más con mi cuerpo... Creo que estoy en peligro – sonrió tristemente – Dudo que me convenga el familiarizarme tanto con tu pesar. Temo que un día de estos, también yo lloraré su recuerdo.


Todas esas palabras Alice, aunque no lo diera a saber, las escuchaba de manera atenta. Siempre eran tan cariñosas y amables, que cada vez le costaba menos el convencerse de que el hermoso vampiro de cabellos platinados no era del todo malo.


–¿En realidad está muerto? – se atrevió a preguntar, temerosa por la posible reacción de su acompañante que, para sorpresa suya, sonrió sin diversión y besó su mano.


–Si te respondo, estaré traicionándome a mi mismo – confesó – Aunque, sigue así, mi pequeña, y pronto sacarás de mis labios la verdad.


Damián esperaba que con eso hubiera sido suficiente para disipar las dudas de Alice sobre la muerte de Jasper. ¡Traicionarse! Desde hacía tanto que él había dejado de ser dueño de su persona... Ahora solo esperaba a que aconteciera lo que tuviera que suceder...


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–Oh, mi amor – dijo Mâred, acomodándose sobre las piernas de Darío y recostando su cabeza sobre su pecho, no recibiendo, ni la más mínima señal de aceptación por parte de él, que se encontraba envarado y ojeroso, como una vieja estatua de un pequeño ángel dormido – Otra vez estas pensando en ella, ¿no es así?


Si. Así era. ¿Había algo más que él pudiera hacer, aparte de perderse en el resplandor del rostro de Violeta?


–Mi adorado – continuó la niña, paseando sus manitas por su rostro pálido e inexpresivo y echando hacia atrás algunos negros mechones de cabello que caían sobre su frente – No sabes cuánto me duele verte sufrir por ella; pero dime, contéstame, por favor, ¿Qué es lo que ella tiene para que la ames tanto y no la puedas olvidar? ¿Es acaso más bella que yo? Me puedo pintar el cabello de negro – resolvió, con tono enfermizo y desesperado, mientras se cepilla las hebras doradas con la punta de sus dedos – ¿O es su nombre? ¡Renuncio al mío entonces! Puedes llamarme Violeta, si deseas...


...¿O es acaso el color de sus ojos? ¡Me los arrancaría y me pondría otros iguales solo por ti! – Prosiguió – ¿Es la forma en que te habla? ¿Acaso no soy yo lo suficientemente cariñosa contigo? ¿La forma en que sus labios rozaban los tuyos? – Se acercó para besarle ligeramente – ¿Acaso los míos no trabajan igual de bien? ¡Enséñame cómo hacerlo y veras que no tendrás quejas de mí! Dime, explícame, cómo era ella contigo y yo actuaré de la misma manera para que me ames.


Darío sonrió tristemente, mientras bajaba el rostro para que su mirada grisácea se centrara en el rostro angustiado de Mâred y, al verla ahí, temblando entre sus brazos, se conmovió. Pasó entonces la mano por los rubios cabellos y la dejó reposar ahí, sobre ellos.


–No es que seas, o no, más bella que ella. Mi amor por ella va mucho más allá que una atracción física – respondió, hablando con un hilo de voz – No es el color de su pelo lo que me hace quererla, si no la forma en que estos se movían hacia mí y el pequeño cosquilleo que me daban al topar sus puntas con mi rostro – explicó, perdiéndose en el recuerdo de su pequeña amada – Tampoco son las letras que conforman su nombre, si no la inconsciente devoción con la que mis labios lo pronuncian y lo aclaman...


...Mucho menos es el color de sus ojos, si no el brillo que les caracteriza, esa luz cálida que se funde en mis venas. Tú eres muy cariñosa, Mâred – agregó, sonriéndole de manera amable a la niña que escuchaba atenta cada palabra – Pero ella es... tierna, inocente... buena... es esa parte de bondad que me hacía falta y que ilumino mis noches. Los besos que me da están bañados de dulce ingenuidad, la cual nunca se perderá... Mâred, Violeta es mi vida. La razón que tanto busqué al porqué de ser inmortal la encontré en ella, en la forma de su sonrisa y su alma pura. Tú eres especial, pero hagas lo que hagas, nunca serás como ella y, aún si lo lograras, debes de saber que amaría sólo un reflejo de su imagen y no a ti. Perdóname – pidió, con un doliente suspiró – Yo no podría jamás amarte. Mi corazón esperó, en silencio, décadas enteras por ella, sólo por ella, por Violeta...


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–Sólo un poco – murmuró cierta noche Heidi, mientras se acercaba a Edward para aproximarle el tazón que contenía un poco de sangre – Bebe, o se enfriará – advirtió, con voz cariñosa; más el muchacho no reaccionaba. Era como si todo él estuviera sumergido en un pesado estado de sopor del cual se negaba a salir. Y así era. En su mente solo habitaba aquel tormentoso recuerdo de Bella suplicando por él, mientras las manos de Azael la recorrían...


–Edward – insistió la hermosa vampira – Tiene semanas que no te has alimentado.


¿Semanas? ¿Acaso el tiempo transitaba de manera tan lenta? Él sentía como si hubieran pasado milenios... se sentía viejo, pese a que su cuerpo siempre tendría la apariencia de un joven de diecinueve años. Sentía el alma carcomida, ignorando la cuestión de si, realmente, poseía una o no. El corazón hecho pedazos, aunque éste no palpitara desde hacía décadas.


–Debes alimentarte o nuestros maestros no permitirán que vayas a la batalla – agregó ella, con voz baja y tomando su rostro entre sus manos, para que sus miradas se encontraran.


Fue entonces cuando el rostro de Edward se deshizo de la máscara de inexpresividad para demostrar, en sus negros ojos, un pequeño brillo que no se supo descifrar muy bien.


–Escuché a Aro decirle a Carlisle que mañana te liberarán – le siguió informando mentalmente la muchacha – Atacaran en un par de días... Debes estar preparado para salvarla...

sábado, 5 de diciembre de 2009

UN HERMOSO REGALO



gracias a R& K

HOLA NIÑAS

Primero que nadaa siss muchisimas gracias por la invitacion para formar parte de este padrisimo blog y segundo gracias por la bienvenidaa:)
Mi nombre es Ana Karen pero pueden decirme anita, me da muchisimo gusto ser parte de este blog y de antemano les digo que pueden contar conmigo para lo que sea, cualquier cosaa haganmela saber pliss
P.D. siss graciaas por el regalitoo i anochee me hizoo compañiaa mi amorsotee edward(L) jjajajaj

Besitoos y saludoss a todas niñas lindaas:)

Anita Cullen:)

Sangre Real

mis queridos angeles hermosos ,hoy como les dije estamos de fiesta , y por que no de estreno tambien
Hoy tengo para ustedes un nuevo fic , una historia de amor , este fic ami en lo personal me encanto , y tengo la dicha de conocer a la escritora , ella me  ha dado su permiso para subir el fic en el blog , por eso me siento muy feliz .
muchas gracias de antemano de parte de todo el staff del blog por permitir subir tu hermosa historia.
asi se me olvidava lo mero bueno el nombre de tan brillante escritora es JEANETTE YUNNUEN, mil gracias yunnuen
te mando mil besitos
Angel of the dark
(la historia no me pertenece , solo cuento con la autorisacion para subirla en el blog , aclarado esto aqui les dejo el primer cap )
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Sumary: Bella tiene dos problemas, uno es que el rey de los Licántropos quiere convertirla en su reina, el otro es que el rey de los vampiros también quiere lo mismo... ¿que puede hacer? Aunque tal vez... se presente otra opción...

Cap.1 Luna Llena

Caminé hasta llegar a la mesa de Jacob, le decía así porque siempre se sentaba ahí, nunca entendí como era que ese lugar estaba disponible cada vez que el entraba al bar.



-¿Y bien? –pregunté alegremente. Siempre me animaba ver a mi mejor amigo-. ¿A que se debe la agradable visita?


-Vine a ver a mi camarera favorita –contestó sonriendo.


Fruncí el ceño y me crucé de brazos.


-¿Quién es? –fingí estar molesta-. ¿Con quien me estas engañando Jacob?


El se rió, me tomó del brazo y me obligó a sentarme junto a él.


-Como si no lo supieras Bella –el acarició mi mejilla-. Eres la única para mí.


-Y tú eres mi licántropo favorito –me levanté-. Así que… ¿Qué quieres para hoy?


-Noche desierta


Fui a la barra y le pedí a Jason la bebida, solo transcurrieron unos minutos para que la trajeran en mis manos.


-¡Jason eres el mejor barman de todo Nueva York! –exclamé.


Mi rubio amigo puso los ojos en blanco.


-¿Es para Jacob? –preguntó


-Si –contesté-. ¿Cómo sabes?


-Siempre te pones de buen humor cuando está él –comentó.


Porque es mi mejor amigo, porque me siento más segura estando con él, porque no me siento sola a su lado… son cosas que están presentes en mi mente, pero que nunca comparto con nadie.


-A ti también te quiero Jason –dije en cambio-. No te pongas celoso.


Jason sonrió.


-Vete antes de que me propongas matrimonio


-¿Me rechazarías? –bromeé.


-Sabes que no –se rió-. Ahora vete antes de que tu lobo se impaciente.


-Listo –puse la bebida en la mesa de Jacob.


-Gracias, ahora siéntate conmigo –indicó el asiento a su lado. Por lo menos esta vez no me había empujado.


-No puedo Jacob –dije girando mi cabeza en todas direcciones, siempre que estaba con él tenía la sensación de ser observada por los demás clientes-. Rod se enojará conmigo y no quiero una disminución en mi sueldo.


-¿Roderick está aquí? –preguntó volteando a la puerta, que conducía a la oficina de mi jefe.


-No, pero siempre se entera –dije-. Además si los clientes se quejan de mí, el me mata.


A mi jefe lo que más le importaba era conservar el prestigio del Luna Llena, que hasta ahora era el mejor bar para Licántropos en todo Nueva York. En realidad esa era una de las cosas que más le importaban.


-No creo que a los demás les moleste que pases tiempo conmigo –replicó Jacob.


-Mis compañeras no podrán con todos –vi a Lissa pasar y mirarme de manera suplicante.


Jacob suspiró.


-Si te vas ellas vendrán


-Oh –volteé a mí alrededor y vi a varias chicas lobo mirar a mi amigo como si fuera un helado de chocolate. Siempre que venía al bar sucedía eso, entendía el porqué, ya que mi amigo a sus 23 años era bastante atractivo pero aún así eso rayaba en el acoso-. ¿No puedes hacer algo para que ya no te sigan? ¿O como funciona con los Licántropos?


-Para eso, tengo que tener una pareja –contestó Jacob.


-¡Entonces hazlo! –exclamé aunque un poco insegura de lo que decía-. ¿No tienes nadie que te interese?


-Sí


-¿A si? –no esperaba esa respuesta-. ¿Por qué nunca la traes al bar? ¿Cómo se llama?


Jacob me miró fijamente.


-Creo que tu amiga necesita ayuda –su mirada se fijó en la pobre de Lissa, que me llamaba con desesperación.


-Un día la traes al bar –le dije mientras caminaba en dirección a Lissa-. Quiero conocerla –aunque de esto último no estaba muy segura.


Escuché la risa de Jacob, no sabía que le causaba tanta gracia.


-Atiende esa mesa –Lissa me señaló la mesa del fondo.


Me dirigí rápidamente, eran cuatro licántropos machos. Tres de ellos ya los había visto por aquí, el cuarto, un hombre alto de cabello castaño y ojos cafés, era nuevo en el bar.


-¿Qué desean? –pregunté sonriendo. Rod siempre decía que se tratara bien a los clientes.


El de ojos cafés, me recorrió de arriba abajo y supe que había hecho la pregunta equivocada.


-A ti –contestó-. ¿A que hora sales de trabajar?


-No te importa –dije intentando no sonar molesta.


-Vamos, no me rechaces –insistió sin apartar los ojos de mi, mejor dicho de mi cuerpo.


¿Que tenía que hacer una chica de 20 años para evitar escenas como esta? Intente tranquilizarme por lo menos no se había acercado a mí, y si se atrevía a hacerlo, no dudaría en sacar mi daga de plata.


-Adam no seas idiota –intervino otro, su cabello era oscuro y sus ojos grises-. Con ella no puedes practicar tus juegos.


-¿Desde cuando me prohíbes cosas? –cuestionó Adam.


-Te buscarás grandes problemas si no la dejas en paz –eso fue dicho casi con un gruñido, la expresión del licántropo se suavizó cuando me miró-. Señorita le pido disculpas a nombre de mi amigo.


-Aceptadas –contesté, aunque todo esto me había dejado muy confundida.


Roderick llegó casi cuando el bar estaba por cerrarse, y antes de encerrarse en su oficina como siempre lo hacía, me llamó para que lo siguiera. El debía tener cerca de los cuarenta años, su cabello tenía zonas grises y al fruncir el ceño se revelaban algunas arrugas en su rostro.


-¿Qué pasa? –pregunté al entrar en la oficina.


-Una de mis chicas renunció –fue lo primero que dijo antes de sentarse. Se veía bastante agitado-. Y quiero que la reemplaces.


-¡No! –chillé, sabía que se refería al otro bar-. ¡No pondré un pie en el Noche Eterna!


La otra cosa más importante para mi jefe, era el bar Noche Eterna, al igual que el Luna Llena era el mejor bar en Nueva York, solo que éste era para vampiros.


-Solo será por una semana


-¡No! –yo odiaba a los vampiros.


-Te pagaré el doble esa semana y te prometo que sólo atenderás a los clientes, no tienes que hacer lo que las otras chicas, solo es provisional Bella mientras encuentro a alguien más.


-¿Y si aún así no quiero?


-Te despido


Perfecto, yo en verdad necesitaba el dinero, no podía permitirme el lujo de quedarme sin trabajo.


-Está bien –dije, mi mano se aferró al costado del pantalón donde estaba escondida mi daga, no me separaría de ella nunca-. Pero no pienso… no haré…


-Lo sé Bella –me interrumpió Roderick-. Tú solo vas a su mesa y les tomas la orden es todo, de lo demás se encargan las otras chicas.


-Sólo una semana –dije


-Una semana –prometió-. Y volverás al Luna Llena.


Cerré mis ojos, deseando que ese semana pasara lo más pronto posible.

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aqui esta mis angeles , por fiss dejen sus comentarios al final no sean malitas = D

Bienvenida siss !!!!

HOLA mis angeles hermosos muy buen dia !!! hoy estamos de fiesta en el blog ,  hoy se une a nuestro staff una chica muy especial , hermosa por dentro y por fuera , que les puedo decir la quiero mucho , ella forma parte de mi vida y tiene un lugar especial en mi corazon , siss anita bievenida a la familia
muchas gracias por formar parte de mis angeles hermosos
sientete como en tu casa
te mando mil besitos y abrazos a nombre de todo el staff y las chicas hermosas que nos visitan dia a dia
Angel of the dark
y aqui te dejo un regalito solo para ti





es para que tengas compañia en la noche siss =D

jueves, 3 de diciembre de 2009

Fotos de Rob en VANITY FAIR





















TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE

Cap.4 ¿Pablo?

“¿Qué haces aquí?” – no quería seguir ilusionándome con esa idea completamente descabellada pero ¿Cómo no hacerlo? Era una completa sensación de Deja vu lo que estaba viviendo, esas mismas palabras me había dicho Edward en varias ocasiones al encontrarme en el pasado casi en la misma situación, con el detalle de que, en ese entonces, solo me había fracturado un tobillo; mi corazón y alma estaban completamente bien y radiaban en felicidad…



“Sabía que vendrías” - dije presionando mi rostro con su mano que aun posaba en él


“¿Hiciste todo esto para…?”


“Para verte de nuevo” – completé la frase


“¿por qué?” – entre mas miraba su rostro y mas escuchaba su voz, mas cerca estaba de creer en mi nada lógica hipótesis, me recordaba tanto a mi fallecido novio, era difícil de explicar, ni yo misma podía en ese momento decir exactamente que los hacia tan iguales y tan diferentes a la vez


“No se…” - admití – “solo quería verte”


“Tienes fiebre…” – no me había dado cuenta de eso, estaba tan concentrada en aquel rostro que me parecía milagroso, que bien podía estar ardiendo en llamas y no lo hubiera notado –“… te llevare a casa” – me levantó en sus brazos y al igual que antes me sostenía lo mas lejos que podía de su rostro.


Cuando llegamos, me sorprendió que entráramos por la puerta principal, por un momento pensé que brincaría para entrar por la ventana como lo había hecho días antes. Me depositó con cuidado sobre mi cama y su mirada se fijo por varios segundos sobre mí, poniéndome nerviosa


“Gracias” – dije en un susurro y con las mejillas encendidas. Tenía más de un año que la sangre no llegaba hasta mi rostro y la sensación se sentía bien


“Deberías cambiarte de ropa y tomar algo para que la fiebre baje” – mi agitación se descompaso cuando vi que ponía su mano sobre la manija de la puerta y la abría, él se giro y su mirada se torno calida, como si hubiera podido descifrar mi angustia en los latidos de mi corazón – “si no te molesta, estaré esperando en la sala”


“No…” - una leve sonrisa curvo sus labios, estaba segura que hacia eso para calmarme – “¿en realidad estarás ahí?” – necesitaba que me lo asegurara para estar tranquila, él asintió y algo en mí supo que no mentía


Cuando baje vi al chico sentado en la mesa con una taza de la cual salía vapor. Suspiré aliviada al ver que en realidad se había quedado


“Espero no te moleste que haya usado tu cocina… prepare un té” – esto me resultó extraño, ¿tenía justamente que acertar al preparar té, mi bebida preferida, habiendo tantas bebidas calientes posibles de hacer? Podía ser una gran coincidencia así que no saque el comentario


“No hay problema… gracias” – me senté frente a él. Era extraño y poco sensato el sentirme tan segura junto a un desconocido el cual de normal tenía poco – “¿no quieres?” – pregunté al ver que solo había servido una taza


“No. No me gusta el té” – ¡esa sonrisa! Mis ojos se ensancharon y casi se salían de orbita al verla… ¿me estaba volviendo acaso loca?


“¿Pasa algo?” – preguntó el chico volviendo a su expresión seria


“No me has dicho tu nombre…” - observé como se envaraba en la silla y apartaba su vista lo mas que podía de mis ojos


“Pablo…” - respondió tras unos segundos aun sin mirarme – “Pablo Cisneros” – no le creí. Esto estaba muy extraño, ¿Cómo podía alguien parecerse a otra persona de tal forma? Físicamente habían algunas diferencias, pero emocionalmente… emocionalmente no había ninguna. Esa forma de mirar, de hablar, de tensarse, hasta de mentir… conocí a Edward muy bien, todos esos gestos tan suyos me habían enganchado, gestos que nunca jamás había visto en otra persona, hasta que conocí a este chico. Decidí ponerlo a prueba, aunque, la idea seguía siendo descabellada y el desmentirme iba a suponer un dolor insoportable pero, ¿acaso no ya estaba muy bien acostumbrada a ese sentimiento? El dolor ya no me causaba tanto miedo…


“Pablo…” – dije arrastrando el nombre, espere unos segundos… - “¡oh!” – gemí


“¿Estas bien?!” - sonreí en mi fuero interno ya que se había tragado mi pésima actuación


“Me duele… me duele la herida” – continúe poniendo mi mano en la parte en donde me habían herido hacia días


“¿La herida?... ¿Aun no te sana?” - esa preocupación tan exagerada de Edward estaba presente en aquella voz. Una cosa mas y estaba a punto de descubrir la verdad


“Creo que se infecto ahora que estuve en el bosque…” – mentí. Rezando por que mi actuación fuera lo suficientemente convincente –“… En aquella gaveta” – dije señalando la alacena – “hay un caja de antibióticos ¿podrías…?”


“¿Antibióticos?!” – preguntó un poco exasperado – “Bella, eres alérgica a los antibióticos ¿recuerdas?...” – la actuación terminó en el momento que pronunció esas palabras, ahora no había duda. ERA ÉL. Él también se dio cuenta de que había cometido un error, ya que sus ojos mostraban una preocupación muy diferente a la que antes había, era una preocupación fusionada con tensión y miedo… como si ese error le fuera a costar muy caro


“Eres tu…” - dije en un susurro por que cuando la respuesta llego mas clara a mi mente la nublo… era él, no había duda pero ¿Cómo? ¿Por qué si estaba vivo me hizo creer lo contrario? Un nudo apretó fuertemente mi garganta – “Eres… eres Edward” – la expresión de mi compañero era un reflejo de la mía: con los labios ligeramente abiertos por el hecho de querer articular palabras que no salían; los ojos mas abiertos de lo normal con un brillo de perplejidad en ellos; con nuestros hombros moviéndose descompasadamente por lo irregular de nuestras respiraciones debido a la tensión


“No” – dijo tras un largo silencio y se levantó de la silla sacándome de mi trance


“Claro que si” – discutí poniéndome frente a él, obstruyéndole el camino para que no siguiera avanzando hacia la puerta – “no soy tonta… un año no ha sido suficiente para olvidarme de cada detalle tuyo…” - la voz se me quebró y la mandíbula me tembló por que ya no podía contener mi llanto ¿Por qué no quería decirme la verdad? ¿Acaso ya no quería estar a mi lado?


“No soy el que piensas, muchacha”


“Entonces… ¿me puedes explicar cómo sabes que soy alérgica a los analgésicos?” – tenía mis manos empuñadas temblando por el coraje y la impotencia


“Es algo que no te puedo decir…”


“¿Por qué?” – insistí mientras luchaba por no llorar


“Me tengo que ir… tu padre ya viene en camino, por favor, te lo pido de nuevo: no digas nada sobre esto” – dijo mientras una de sus manos se volvía a posar tiernamente sobre mi mejilla


“No te vayas” – ya no pude contener mis lagrimas. Ahora que sabia que en realidad era él, ya que de nada le servia negarlo, la idea de que se fuera se hacia mas que insoportable, se hacia mortal


“Tengo que…” - dijo en un susurro con voz dolida – “las cosas han cambiado Bella…” - comprendí que implícitamente se había dado por vencido y había aceptado la idea de que yo supiera quien era en realidad


“No…” – me lance a sus brazos ahogándome en llanto por las palabras que me había dicho


“Bella…” – su voz también sonaba cortada mientras me rodeaba con sus brazos, pero no levanté mi rostro de su pecho… en el cual no había sonido alguno… - “no hagas esto mas difícil…”


“Tu corazón…” - dije mientras ponía mi mano en el lado izquierdo de su pecho - … “no late…”


“Adiós Bella…” – susurró quitando mi mano de donde estaba


“¿¡Adiós!?” – exclamé “no… no ahora…” – las lagrimas caían como cascada sonando en el suelo, mi cara estaba inundada de ellas y me impedían ver su rostro con claridad… - “por favor Edward… te he extrañado mucho” – dije casi sin aliento. Su rostro estaba descompuesto en una mueca de dolor, sus ojos se veían vidriosos como si estuvieran bañados en lagrimas… pero nunca se derramo ninguna


“Bella...” – sus brazos envolvieron otra vez mi cuerpo y me depositó un tierno beso en mi cabello y suspiró como si hubiese encontrado una gran paz en ese momento. Yo igual me sentí de la misma forma… reconfortada. Completamente curada de cualquier herida que tuviera en mi alma. – “tengo que irme Bella…”


“Por favor…” – supliqué, aferrando mis manos a su espalda – “no te vayas… no me dejes otra vez”


“Charlie no puede verme y no es correcto que…” - puse un dedo en sus labios y clave mi mirada en sus dorados ojos


“Merezco una explicación…” - pasamos varios segundos con nuestras miradas entrelazadas, yo aguardando una respuesta, y él debatiéndose entre si aceptar o no… hasta que asintió levemente con su cabeza y después se desvaneció dejando su fresco perfume en la sala.


Cuando llego Charlie, que fue segundos mas tarde de que Edward se fuera, estaba ida, completamente ida, no sabia precisamente que sentir, no me hallaba a mí misma, en mi ser había una mezcla de todo tipo de emociones... Después de servirle la cena a mi padre y evadirlo con la excusa de tener mucha tarea, subí a mi recamara… sabia que él no llegaría en ese momento, y pensándolo bien, no sabia si llegaría esa noche… ¿Y si me había mentido? No. Edward nunca me mintió “hasta esta noche”, pensé…


¿Cuánto contraste habría entre este Edward y el Edward de hace un año? Le daba vueltas al asunto y no encontraba una explicación aceptable para la acción tan injusta que había cometido conmigo. Nada podía tener un por qué suficientemente fuerte para justificar todo el dolor que me había causado con su mentira…


Me senté en la cama justo del lado de la ventana, con el cuaderno que Edward me había regalado, lo abrí y empecé a ojearlo sin poner en realidad mucha atención, una hoja tras otra, hasta que una nívea mano se poso sobre ellas, levanté mi vista y ahí estaba él de nuevo.


“hola”