mis queridos angeles hermosos ,hoy como les dije estamos de fiesta , y por que no de estreno tambien
Hoy tengo para ustedes un nuevo fic , una historia de amor , este fic ami en lo personal me encanto , y tengo la dicha de conocer a la escritora , ella me ha dado su permiso para subir el fic en el blog , por eso me siento muy feliz .
muchas gracias de antemano de parte de todo el staff del blog por permitir subir tu hermosa historia.
asi se me olvidava lo mero bueno el nombre de tan brillante escritora es JEANETTE YUNNUEN, mil gracias yunnuen
te mando mil besitos
Angel of the dark
(la historia no me pertenece , solo cuento con la autorisacion para subirla en el blog , aclarado esto aqui les dejo el primer cap )
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Sumary: Bella tiene dos problemas, uno es que el rey de los Licántropos quiere convertirla en su reina, el otro es que el rey de los vampiros también quiere lo mismo... ¿que puede hacer? Aunque tal vez... se presente otra opción...
Cap.1 Luna Llena
Caminé hasta llegar a la mesa de Jacob, le decía así porque siempre se sentaba ahí, nunca entendí como era que ese lugar estaba disponible cada vez que el entraba al bar.
-¿Y bien? –pregunté alegremente. Siempre me animaba ver a mi mejor amigo-. ¿A que se debe la agradable visita?
-Vine a ver a mi camarera favorita –contestó sonriendo.
Fruncí el ceño y me crucé de brazos.
-¿Quién es? –fingí estar molesta-. ¿Con quien me estas engañando Jacob?
El se rió, me tomó del brazo y me obligó a sentarme junto a él.
-Como si no lo supieras Bella –el acarició mi mejilla-. Eres la única para mí.
-Y tú eres mi licántropo favorito –me levanté-. Así que… ¿Qué quieres para hoy?
-Noche desierta
Fui a la barra y le pedí a Jason la bebida, solo transcurrieron unos minutos para que la trajeran en mis manos.
-¡Jason eres el mejor barman de todo Nueva York! –exclamé.
Mi rubio amigo puso los ojos en blanco.
-¿Es para Jacob? –preguntó
-Si –contesté-. ¿Cómo sabes?
-Siempre te pones de buen humor cuando está él –comentó.
Porque es mi mejor amigo, porque me siento más segura estando con él, porque no me siento sola a su lado… son cosas que están presentes en mi mente, pero que nunca comparto con nadie.
-A ti también te quiero Jason –dije en cambio-. No te pongas celoso.
Jason sonrió.
-Vete antes de que me propongas matrimonio
-¿Me rechazarías? –bromeé.
-Sabes que no –se rió-. Ahora vete antes de que tu lobo se impaciente.
-Listo –puse la bebida en la mesa de Jacob.
-Gracias, ahora siéntate conmigo –indicó el asiento a su lado. Por lo menos esta vez no me había empujado.
-No puedo Jacob –dije girando mi cabeza en todas direcciones, siempre que estaba con él tenía la sensación de ser observada por los demás clientes-. Rod se enojará conmigo y no quiero una disminución en mi sueldo.
-¿Roderick está aquí? –preguntó volteando a la puerta, que conducía a la oficina de mi jefe.
-No, pero siempre se entera –dije-. Además si los clientes se quejan de mí, el me mata.
A mi jefe lo que más le importaba era conservar el prestigio del Luna Llena, que hasta ahora era el mejor bar para Licántropos en todo Nueva York. En realidad esa era una de las cosas que más le importaban.
-No creo que a los demás les moleste que pases tiempo conmigo –replicó Jacob.
-Mis compañeras no podrán con todos –vi a Lissa pasar y mirarme de manera suplicante.
Jacob suspiró.
-Si te vas ellas vendrán
-Oh –volteé a mí alrededor y vi a varias chicas lobo mirar a mi amigo como si fuera un helado de chocolate. Siempre que venía al bar sucedía eso, entendía el porqué, ya que mi amigo a sus 23 años era bastante atractivo pero aún así eso rayaba en el acoso-. ¿No puedes hacer algo para que ya no te sigan? ¿O como funciona con los Licántropos?
-Para eso, tengo que tener una pareja –contestó Jacob.
-¡Entonces hazlo! –exclamé aunque un poco insegura de lo que decía-. ¿No tienes nadie que te interese?
-Sí
-¿A si? –no esperaba esa respuesta-. ¿Por qué nunca la traes al bar? ¿Cómo se llama?
Jacob me miró fijamente.
-Creo que tu amiga necesita ayuda –su mirada se fijó en la pobre de Lissa, que me llamaba con desesperación.
-Un día la traes al bar –le dije mientras caminaba en dirección a Lissa-. Quiero conocerla –aunque de esto último no estaba muy segura.
Escuché la risa de Jacob, no sabía que le causaba tanta gracia.
-Atiende esa mesa –Lissa me señaló la mesa del fondo.
Me dirigí rápidamente, eran cuatro licántropos machos. Tres de ellos ya los había visto por aquí, el cuarto, un hombre alto de cabello castaño y ojos cafés, era nuevo en el bar.
-¿Qué desean? –pregunté sonriendo. Rod siempre decía que se tratara bien a los clientes.
El de ojos cafés, me recorrió de arriba abajo y supe que había hecho la pregunta equivocada.
-A ti –contestó-. ¿A que hora sales de trabajar?
-No te importa –dije intentando no sonar molesta.
-Vamos, no me rechaces –insistió sin apartar los ojos de mi, mejor dicho de mi cuerpo.
¿Que tenía que hacer una chica de 20 años para evitar escenas como esta? Intente tranquilizarme por lo menos no se había acercado a mí, y si se atrevía a hacerlo, no dudaría en sacar mi daga de plata.
-Adam no seas idiota –intervino otro, su cabello era oscuro y sus ojos grises-. Con ella no puedes practicar tus juegos.
-¿Desde cuando me prohíbes cosas? –cuestionó Adam.
-Te buscarás grandes problemas si no la dejas en paz –eso fue dicho casi con un gruñido, la expresión del licántropo se suavizó cuando me miró-. Señorita le pido disculpas a nombre de mi amigo.
-Aceptadas –contesté, aunque todo esto me había dejado muy confundida.
Roderick llegó casi cuando el bar estaba por cerrarse, y antes de encerrarse en su oficina como siempre lo hacía, me llamó para que lo siguiera. El debía tener cerca de los cuarenta años, su cabello tenía zonas grises y al fruncir el ceño se revelaban algunas arrugas en su rostro.
-¿Qué pasa? –pregunté al entrar en la oficina.
-Una de mis chicas renunció –fue lo primero que dijo antes de sentarse. Se veía bastante agitado-. Y quiero que la reemplaces.
-¡No! –chillé, sabía que se refería al otro bar-. ¡No pondré un pie en el Noche Eterna!
La otra cosa más importante para mi jefe, era el bar Noche Eterna, al igual que el Luna Llena era el mejor bar en Nueva York, solo que éste era para vampiros.
-Solo será por una semana
-¡No! –yo odiaba a los vampiros.
-Te pagaré el doble esa semana y te prometo que sólo atenderás a los clientes, no tienes que hacer lo que las otras chicas, solo es provisional Bella mientras encuentro a alguien más.
-¿Y si aún así no quiero?
-Te despido
Perfecto, yo en verdad necesitaba el dinero, no podía permitirme el lujo de quedarme sin trabajo.
-Está bien –dije, mi mano se aferró al costado del pantalón donde estaba escondida mi daga, no me separaría de ella nunca-. Pero no pienso… no haré…
-Lo sé Bella –me interrumpió Roderick-. Tú solo vas a su mesa y les tomas la orden es todo, de lo demás se encargan las otras chicas.
-Sólo una semana –dije
-Una semana –prometió-. Y volverás al Luna Llena.
Cerré mis ojos, deseando que ese semana pasara lo más pronto posible.
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aqui esta mis angeles , por fiss dejen sus comentarios al final no sean malitas = D
sábado, 5 de diciembre de 2009
Sangre Real
Publicado por Angel of the dark en 13:48 0 comentarios
Etiquetas: Sangre Real
Bienvenida siss !!!!
HOLA mis angeles hermosos muy buen dia !!! hoy estamos de fiesta en el blog , hoy se une a nuestro staff una chica muy especial , hermosa por dentro y por fuera , que les puedo decir la quiero mucho , ella forma parte de mi vida y tiene un lugar especial en mi corazon , siss anita bievenida a la familia
muchas gracias por formar parte de mis angeles hermosos
sientete como en tu casa
te mando mil besitos y abrazos a nombre de todo el staff y las chicas hermosas que nos visitan dia a dia
Angel of the dark
y aqui te dejo un regalito solo para ti
Publicado por Angel of the dark en 10:27 0 comentarios
Etiquetas: bienvenida anita
jueves, 3 de diciembre de 2009
Fotos de Rob en VANITY FAIR
Publicado por Angel of the dark en 15:04 1 comentarios
Etiquetas: foto de Rob
TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE
Cap.4 ¿Pablo?
“¿Qué haces aquí?” – no quería seguir ilusionándome con esa idea completamente descabellada pero ¿Cómo no hacerlo? Era una completa sensación de Deja vu lo que estaba viviendo, esas mismas palabras me había dicho Edward en varias ocasiones al encontrarme en el pasado casi en la misma situación, con el detalle de que, en ese entonces, solo me había fracturado un tobillo; mi corazón y alma estaban completamente bien y radiaban en felicidad…
“Sabía que vendrías” - dije presionando mi rostro con su mano que aun posaba en él
“¿Hiciste todo esto para…?”
“Para verte de nuevo” – completé la frase
“¿por qué?” – entre mas miraba su rostro y mas escuchaba su voz, mas cerca estaba de creer en mi nada lógica hipótesis, me recordaba tanto a mi fallecido novio, era difícil de explicar, ni yo misma podía en ese momento decir exactamente que los hacia tan iguales y tan diferentes a la vez
“No se…” - admití – “solo quería verte”
“Tienes fiebre…” – no me había dado cuenta de eso, estaba tan concentrada en aquel rostro que me parecía milagroso, que bien podía estar ardiendo en llamas y no lo hubiera notado –“… te llevare a casa” – me levantó en sus brazos y al igual que antes me sostenía lo mas lejos que podía de su rostro.
Cuando llegamos, me sorprendió que entráramos por la puerta principal, por un momento pensé que brincaría para entrar por la ventana como lo había hecho días antes. Me depositó con cuidado sobre mi cama y su mirada se fijo por varios segundos sobre mí, poniéndome nerviosa
“Gracias” – dije en un susurro y con las mejillas encendidas. Tenía más de un año que la sangre no llegaba hasta mi rostro y la sensación se sentía bien
“Deberías cambiarte de ropa y tomar algo para que la fiebre baje” – mi agitación se descompaso cuando vi que ponía su mano sobre la manija de la puerta y la abría, él se giro y su mirada se torno calida, como si hubiera podido descifrar mi angustia en los latidos de mi corazón – “si no te molesta, estaré esperando en la sala”
“No…” - una leve sonrisa curvo sus labios, estaba segura que hacia eso para calmarme – “¿en realidad estarás ahí?” – necesitaba que me lo asegurara para estar tranquila, él asintió y algo en mí supo que no mentía
Cuando baje vi al chico sentado en la mesa con una taza de la cual salía vapor. Suspiré aliviada al ver que en realidad se había quedado
“Espero no te moleste que haya usado tu cocina… prepare un té” – esto me resultó extraño, ¿tenía justamente que acertar al preparar té, mi bebida preferida, habiendo tantas bebidas calientes posibles de hacer? Podía ser una gran coincidencia así que no saque el comentario
“No hay problema… gracias” – me senté frente a él. Era extraño y poco sensato el sentirme tan segura junto a un desconocido el cual de normal tenía poco – “¿no quieres?” – pregunté al ver que solo había servido una taza
“No. No me gusta el té” – ¡esa sonrisa! Mis ojos se ensancharon y casi se salían de orbita al verla… ¿me estaba volviendo acaso loca?
“¿Pasa algo?” – preguntó el chico volviendo a su expresión seria
“No me has dicho tu nombre…” - observé como se envaraba en la silla y apartaba su vista lo mas que podía de mis ojos
“Pablo…” - respondió tras unos segundos aun sin mirarme – “Pablo Cisneros” – no le creí. Esto estaba muy extraño, ¿Cómo podía alguien parecerse a otra persona de tal forma? Físicamente habían algunas diferencias, pero emocionalmente… emocionalmente no había ninguna. Esa forma de mirar, de hablar, de tensarse, hasta de mentir… conocí a Edward muy bien, todos esos gestos tan suyos me habían enganchado, gestos que nunca jamás había visto en otra persona, hasta que conocí a este chico. Decidí ponerlo a prueba, aunque, la idea seguía siendo descabellada y el desmentirme iba a suponer un dolor insoportable pero, ¿acaso no ya estaba muy bien acostumbrada a ese sentimiento? El dolor ya no me causaba tanto miedo…
“Pablo…” – dije arrastrando el nombre, espere unos segundos… - “¡oh!” – gemí
“¿Estas bien?!” - sonreí en mi fuero interno ya que se había tragado mi pésima actuación
“Me duele… me duele la herida” – continúe poniendo mi mano en la parte en donde me habían herido hacia días
“¿La herida?... ¿Aun no te sana?” - esa preocupación tan exagerada de Edward estaba presente en aquella voz. Una cosa mas y estaba a punto de descubrir la verdad
“Creo que se infecto ahora que estuve en el bosque…” – mentí. Rezando por que mi actuación fuera lo suficientemente convincente –“… En aquella gaveta” – dije señalando la alacena – “hay un caja de antibióticos ¿podrías…?”
“¿Antibióticos?!” – preguntó un poco exasperado – “Bella, eres alérgica a los antibióticos ¿recuerdas?...” – la actuación terminó en el momento que pronunció esas palabras, ahora no había duda. ERA ÉL. Él también se dio cuenta de que había cometido un error, ya que sus ojos mostraban una preocupación muy diferente a la que antes había, era una preocupación fusionada con tensión y miedo… como si ese error le fuera a costar muy caro
“Eres tu…” - dije en un susurro por que cuando la respuesta llego mas clara a mi mente la nublo… era él, no había duda pero ¿Cómo? ¿Por qué si estaba vivo me hizo creer lo contrario? Un nudo apretó fuertemente mi garganta – “Eres… eres Edward” – la expresión de mi compañero era un reflejo de la mía: con los labios ligeramente abiertos por el hecho de querer articular palabras que no salían; los ojos mas abiertos de lo normal con un brillo de perplejidad en ellos; con nuestros hombros moviéndose descompasadamente por lo irregular de nuestras respiraciones debido a la tensión
“No” – dijo tras un largo silencio y se levantó de la silla sacándome de mi trance
“Claro que si” – discutí poniéndome frente a él, obstruyéndole el camino para que no siguiera avanzando hacia la puerta – “no soy tonta… un año no ha sido suficiente para olvidarme de cada detalle tuyo…” - la voz se me quebró y la mandíbula me tembló por que ya no podía contener mi llanto ¿Por qué no quería decirme la verdad? ¿Acaso ya no quería estar a mi lado?
“No soy el que piensas, muchacha”
“Entonces… ¿me puedes explicar cómo sabes que soy alérgica a los analgésicos?” – tenía mis manos empuñadas temblando por el coraje y la impotencia
“Es algo que no te puedo decir…”
“¿Por qué?” – insistí mientras luchaba por no llorar
“Me tengo que ir… tu padre ya viene en camino, por favor, te lo pido de nuevo: no digas nada sobre esto” – dijo mientras una de sus manos se volvía a posar tiernamente sobre mi mejilla
“No te vayas” – ya no pude contener mis lagrimas. Ahora que sabia que en realidad era él, ya que de nada le servia negarlo, la idea de que se fuera se hacia mas que insoportable, se hacia mortal
“Tengo que…” - dijo en un susurro con voz dolida – “las cosas han cambiado Bella…” - comprendí que implícitamente se había dado por vencido y había aceptado la idea de que yo supiera quien era en realidad
“No…” – me lance a sus brazos ahogándome en llanto por las palabras que me había dicho
“Bella…” – su voz también sonaba cortada mientras me rodeaba con sus brazos, pero no levanté mi rostro de su pecho… en el cual no había sonido alguno… - “no hagas esto mas difícil…”
“Tu corazón…” - dije mientras ponía mi mano en el lado izquierdo de su pecho - … “no late…”
“Adiós Bella…” – susurró quitando mi mano de donde estaba
“¿¡Adiós!?” – exclamé “no… no ahora…” – las lagrimas caían como cascada sonando en el suelo, mi cara estaba inundada de ellas y me impedían ver su rostro con claridad… - “por favor Edward… te he extrañado mucho” – dije casi sin aliento. Su rostro estaba descompuesto en una mueca de dolor, sus ojos se veían vidriosos como si estuvieran bañados en lagrimas… pero nunca se derramo ninguna
“Bella...” – sus brazos envolvieron otra vez mi cuerpo y me depositó un tierno beso en mi cabello y suspiró como si hubiese encontrado una gran paz en ese momento. Yo igual me sentí de la misma forma… reconfortada. Completamente curada de cualquier herida que tuviera en mi alma. – “tengo que irme Bella…”
“Por favor…” – supliqué, aferrando mis manos a su espalda – “no te vayas… no me dejes otra vez”
“Charlie no puede verme y no es correcto que…” - puse un dedo en sus labios y clave mi mirada en sus dorados ojos
“Merezco una explicación…” - pasamos varios segundos con nuestras miradas entrelazadas, yo aguardando una respuesta, y él debatiéndose entre si aceptar o no… hasta que asintió levemente con su cabeza y después se desvaneció dejando su fresco perfume en la sala.
Cuando llego Charlie, que fue segundos mas tarde de que Edward se fuera, estaba ida, completamente ida, no sabia precisamente que sentir, no me hallaba a mí misma, en mi ser había una mezcla de todo tipo de emociones... Después de servirle la cena a mi padre y evadirlo con la excusa de tener mucha tarea, subí a mi recamara… sabia que él no llegaría en ese momento, y pensándolo bien, no sabia si llegaría esa noche… ¿Y si me había mentido? No. Edward nunca me mintió “hasta esta noche”, pensé…
¿Cuánto contraste habría entre este Edward y el Edward de hace un año? Le daba vueltas al asunto y no encontraba una explicación aceptable para la acción tan injusta que había cometido conmigo. Nada podía tener un por qué suficientemente fuerte para justificar todo el dolor que me había causado con su mentira…
Me senté en la cama justo del lado de la ventana, con el cuaderno que Edward me había regalado, lo abrí y empecé a ojearlo sin poner en realidad mucha atención, una hoja tras otra, hasta que una nívea mano se poso sobre ellas, levanté mi vista y ahí estaba él de nuevo.
“hola”
Publicado por Angel of the dark en 10:32 0 comentarios
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
Taylor no tolera infidelidades
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El actor Taylor Lautner, el intérprete de Jacob Black, de Luna Nueva, no tolera infidelidades.
Aunque es joven, sabe la importancia de manterse fiel en una relación: "Honestidad encima de todo".
En entrevista a la revista Rolling Stone, Lautner comentó: "Soy completamente a favor del compromiso. Lealtad es muy importante para mí"
grax a TWILIGHT SAGA
Publicado por mEli en 15:57 0 comentarios
Etiquetas: Taylor
Robert limita entrevistas

ROBERT PATTINSON ha manifestado por qué es la estrella de cine de Twilight que hace la menor cantidad de entrevistas.
EL galán Robert Pattinson de "Saga Crepúsculo: Luna Nueva" ha calificado las entrevistas "de riesgo", diciendo que prefiere simplemente seguir con trabajos actorales.
Con sus 23 años de edad, dijo: "Creo que es algo tan arriesgado hacer entrevistas. Trato de limitar la cantidad de entrevistas que hago, porque nadie es tan interesante, sobre todo cuando en realidad no estás diciendo nada."
Yo no quiero tener particularmente cierto tipo de carácter en la sociedad o lo que sea. Así que supongo que lo único que puedes hacer, es hacer trabajos y ver si la gente responde a eso".
Cuando se le preguntó si él se ve como autocrítico, Robert le dijo a MTV: "Estoy completamente ignorante de eso [cómo me ven los demás]. Nunca he luchado con todo lo que me a pasado hasta hace poco.
"Tengo que dejar de ser tan auto-despreciacionista, porque la gente está empezando a creer. Son como:" Sí, ese tipo es un idiota. "Así que he tratado de dejar de hacer eso".
grax a Twilight Saga
Publicado por mEli en 15:36 0 comentarios
Etiquetas: Robert
GHOTIKA
Momentos vividos contigo, inmortalizados en mi alma
Carne de mi carne, sangre de mi estirpe, agua de mis mares
La noche no te detuvo ante el futuro que te arrebató de mí...
Uaral – Eterno en mí
Cap.31Vacío, parte II.
Alice fue retirada de Bella al poco tiempo para no correr riesgos. Jalada gentilmente del brazo por Damián, volvió a cerrar los labios y bajar la mirada hacia el suelo, con resignación. Sabía a donde se dirigían.
El enorme vampiro ya le esperaba. Damián se sentó a su lado y mantuvo su mano atada a la suya, mientras Coátl enterraba sus dientes en el mismo lugar de su brazo, filtrando su dolorosa ponzoña que, cada vez, le lastimaba más a nuestra pequeña inmortal. Alice tensó la barbilla en cuanto sintió el veneno causar sus punzantes efectos, pues, pasará lo que pasará, jamás permitiría que le vieran ni la más mínima emoción de sufrimiento en su rostro. No lo permitiría...
La mascara inexpresiva permaneció hasta que Damián la llevó de vuelta a su habitación. Silencio, siempre en silencio. Con su mente bañada en el recuerdo de aquel de la que había sido separada. De sus rubios cabellos y su dorada mirada... de su voz tan gentil a la hora de hablarle y de la sonrisa pequeña que siempre le dedicaba al verla. De su música, las melodías tan hermosas que había conocido a su lado, del movimiento de sus masculinas manos al agitar el arco para que su violín cantara... De las noches que había pasado sentada a su lado, con su cabeza recostada en su frío hombro.
Le extrañaba demasiado... Y, aunque pensar en él le perjudicaba, era mejor el sufrir a olvidarle, a no tenerle presente en sus recuerdos. Ese era su único consuelo: la imagen de aquel al que tanto quería. No importaba cuánto doliera, no habría condena que valiera la pena su olvido. No pudo evitar cerrar en un puño su mano, cuando sintió que Damián comenzaba a pasear sus labios sobre ella
–Me pregunto, ¿Cuánto tiempo más me rechazarás? – Preguntó él, desistiendo de su caricia, pero sin liberarle de su agarre – ¿Cuánto tengo que esperar para que me aceptes?
–Espera lo que quieras – se atrevió a contestar Alice – Me temo que ese día jamás llegará.
–Podría apostar a que cambias de opinión tarde o temprano – sonrió juguetonamente Damián, contento de obtener, aunque fuera en forma de reproche, una respuesta
–Yo que tú no lo haría. ¿Cómo esperas que llegue a sentir por ti algo más que rencor, cuando has sido tú quien me ha arrancado de lo que más quiero?
–Eso puede cambiar, si tú lo deseas. Yo puedo ocupar su lugar
–No sabes nada de lo que dices – soltó la pequeña, sorprendiéndose ella misma de lo relativamente sencillo que era el discutir con el posible asesino de Jasper – ¿Acaso no lo entiendes?
–Intento hacerlo – aseguró él – Sé que, por razones obvias, ahora me guardas rencor; pero, sin algo me ayuda el decírtelo, debes saber que no fui yo quien lo mató. Tú misma fuiste testigo de que no le dañé realmente, pues estabas ahí presente. Te sonará extraño, y tal vez un tanto ilógico, pero quiero hacerte feliz.
–Fracasaste desde el primer momento, entonces – informó ella, con melancolía...
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Las melodías tristes, pausadas e hirientes, se elevaban por el aire como un canto eterno de llanto. El arco, en conjunto con las cuerdas, parecía también lamentarse por la pérdida de ella. El viento agitaba con zozobra los rubios cabellos del vampiro que, con los ojos cerrados, ocultaba su mirada dolida y apesadumbrada, mientras sus manos no paraban de hacer tocar el instrumento que se desgañitaba en lamentos. Esas afligidas notas, eran apenas un vago reflejo de la congoja que se había instalado en su corazón, pues, su suplicio era incontable, imposible de representar. Ni el agua de los mares hubiera bastado para poder describir el llanto que derramaba interiormente. Jasper no podía vivir sin ella y, a pesar de ser él quien decía al resto de sus hermanos que todo saldría bien, ya comenzaba a dudar de sus palabras.
Había pasado cerca de un mes desde que Alice no estaba a su lado. Un mes desde que los Vulturi habían hecho un mandado al resto de los vampiros para conseguir aliados, pero, tal y como se había predicho, pese a que varios estaban ahí, dispuestos a ayudar; otros se habían ido al lado de los Rumanos, exigiendo su “libertad”; y muchos más hicieron caso omiso y decidieron no actuar en ninguna de las dos partes. Hasta la fecha, el aquelarre estaba constituido por 57 vampiros y desconocían con cuántos hombres contaba el enemigo... Los entrenamientos eran diarios y los planes de ataque aún no se llevaban a cabo. La desesperación comenzaba a cubrirle, aunque intentaba apaciguarla, dudaba tener más fuerzas para ello. Se estaba volviendo loco.
¡Y él, que pensaba, que sólo habían dos maneras de estar muerto!... ¿Podría un demonio maldito desgarrarse en llanto? Casi pudo jurar que sintió una lágrima bajar por su mejilla, pero fue sólo la brisa fresca que le acarició.
Alice...
El violín pronuncio su nombre con lamento infinito. ¿Cómo estaría ella? Si tan solo sus maestros no le impidieran el salir de ahí más que en compañía de Emmett, Felix o Demetri, quienes jamás le permitirían ir a aquel castillo para irla a buscar, tal vez su sufrimiento tuviera un poco de sosiego. Se conformaría con verla, comprobar que estaba bien... Sólo pedía eso: su felicidad... aunque... ¿Se podría conocer la dicha al no estar juntos? El tiempo, a pesar de ser, él, un inmortal, desfilaba tortuosamente lento y simbolizaba demasiado. El paso de un segundo jamás laceró tanto los pechos de unos vampiros como aquella vez.
–Basta – susurró Violeta, apretando su rostro al pecho de Edward y enterrando sus deditos en la camisa de éste – Dile que pare, por favor. Ya no quiero seguir escuchando un llanto tan fúnebre
El vampiro cerró los ojos y suspiró profundamente.
–Si sientes dolor y tristeza es la prueba más clara de que estas vivo – susurró – ¿No crees que es irónico? Nuestro cuerpo no cambia y es duro y frío como un cadáver, pero reacciona de manera intensa ante los sentimientos cuando éstos se despiertan. ¿Significa eso que al amar nos convertimos en mortales, de una u otra manera?
Violeta expulsó un sollozo ahogado, sintiendo como sus cabellos eran acariciados por las manos del melancólico vampiro que, al igual que ella, era golpeado por cada nota que el violín de Jasper despedía.
Edward apretó los dientes cuando ya no pudo soportar más aquel masoquismo. La impotencia de no poder hacer nada se le sumaba a su desesperación por no tenerla a su lado. Se puso de pie, alejando a Violeta con delicadeza, y se encaminó hacia la salida del castillo.
–¿A dónde vas? – le preguntó la chiquilla
No contestó, no tenía una respuesta. Solo quería salir... dejar de estar escondido. Ir por ella...
–Lo siento, Edward. No podemos abrirte la puerta – intentó razonar Demetri, sin moverse de la entrada que vigilaba
–Hazte a un lado, por favor – la voz del vampiro fue amenazante, bañada en irritación contenida - ¡Que te hagas a un lado!
–Hermano. Entendemos la desesperación que estas pasando – intentó persuadir Emmett, tomándole por el hombro – Pero si no te controlas puedes hacer locuras que...
–¡Me vale una mierda lo que me pase! – Interrumpió Edward, bramando en furia chorreante y acaudalada, aventando a Emmett a un lado y tomando a Demetri por las ropas, amenazándole con hacerle lo mismo si no accedía a darle paso – Soy yo el que se expone si sale. A ustedes no les importa, ustedes no tienen ni la más maldita idea de lo que Jasper, Violeta y yo estamos sintiendo. ¡No entienden!...
Un poderoso impacto, dado directamente hacia su estomago, fue lo que le dejó sin habla, tirándolo al suelo y sintiendo como la fuerte presión de la planta de un pie apretaba su pecho.
–Actúas como un demente – le acuso Aro, viéndole desde arriba – Como un animal irracional. Si a ti no te interesa lo que pase con tu vida, a nosotros si nos importa la seguridad de nuestro aquelarre. ¿Es que no lo entiendes? Si te capturan pueden saber dónde nos escondemos. ¡Nos arriesgarías a ser atacados, por sorpresa, una segunda ocasión! Si sigues con ese comportamiento tan osado, ordenaré a que te encadenen – advirtió, retirándose.
Emmett llegó para ayudarle a levantarle, no físicamente, si no de manera moral. Si bien lo que Edward decía era cierto, y él no podía más que intentar imaginarse por todo lo que se siente al no tener a la persona querida a tu lado, no eran necesarias muchas explicaciones para ver que su hermano se estaba deshaciendo en dolor.
–Edward – llamó la voz de Carlisle, quien apareció, con su gentil semblante, a pocos metros de ellos – Acompáñame, hijo.
El muchacho asintió, despidiéndose de Emmett con una mirada que le agradecía y le pedía perdón al mismo tiempo. Caminó detrás de Carlisle, hasta llegar a lo que era una pequeña estancia oscura.
–Se burla de las llagas el que nunca recibió una herida – dijo el rubio vampiro, citando las líneas de la obra de Shakespeare, mientras fijaba su mirada hacia la ventaba que le mostraba la lúgubre noche sin estrellas ni luna – Yo, tal vez este haciendo lo mismo de manera inconsciente; pero, al menos, puedo tener una idea más certera de lo que sientes. Lo viví cuando aprecié la mirada de Stefan fijarse en Esme con deseo. Es una emoción lacerante que te quema el cuerpo... Que te enferma. Para mi fortuna, ella está ahora conmigo. Así que solo fue una ligera demostración de lo que ahora te carcome, pero fue suficiente para sentir que la piel se me desgarraba lentamente – se giró entonces para quedar frente a él y posó una de sus manos sobre su hombro derecho, sonriéndole de manera consolante – Estoy orgulloso de ti, Edward. No sé si yo hubiera sido capaz de soportar tanto. El tiempo para nosotros, los vampiros, es quimérico y sin sentido cuando no tenemos por quién existir; sin embargo, cuando hay algún sentimiento humano habitando en nuestros pechos, el tiempo se vuelve valioso, adquiere significado y cada segundo cuenta como un siglo vivido... Sé que no debería de hacer esto – agregó – mañana si gustas, puedes acompañarme a cazar, saldré en la caída del crepúsculo y, estando afuera, dejaré que hagas lo que desees en ese momento...
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–¿Qué pasa? ¿Acaso no te gustó el vestido que te compré? – preguntó Azael al entrar y ver a Bella con la misma ropa – Es negro – apuntó, tomando la prenda entre sus manos – ¿Cuál es el problema?
–No lo quiero – sentenció la muchacha, con voz fría, sin si quiera verle.
El vampiro se aproximó y, con fuerza, tomó su rostro entre sus manos, pero ella se zafó rápidamente y con facilidad.
–Veo que tu escudo se está fortaleciendo – sonrió Azael con suficiencia – Mi contacto ya no te debilita como antes. Su poder crece así como tu soberbia... Pero – añadió, volviéndole a tomar por los hombros, con muchísima más energía, contra la cual Bella ya no pudo luchar – Creo que ya es tiempo de que comiences a ser más complaciente.
Bella tembló al sentir el rostro del vampiro acercarse al suyo para que sus labios se posaran sobre los de ella. No era la primera vez que lo hacía, pero el repudio que éstos le causaban, por muy bellos que fueran, era indomable. Ella solo anhelada el sabor del que se encontraba lejos...
Su temor se acrecentó cuando se percató que Azael no se alejaba, como siempre solía pasar al percibir su rechazo, si no que, por el contrario, la recostaba sobre la cama, ignorando los forcejeos que ella hacía para impedirlo. Si bien Bella era una neófita, la fuerza de aquel inmortal era como un cumulo de todas las energías que robaba a los que tocaba. No por algo había logrando vencer a Edward. La chica comenzó a enterrar las uñas en los brazos de él, pero su piel era impenetrable.
–Hagas lo que hagas. No impedirás que esta vez seas mía – le dijo Azael, cuando, al jalarle de los cabellos, había logrado que le dejara de besar por un momento.
Bella nada pudo hacer al respecto contra las fuertes manos que le propinaban, con cada caricia dada, una fuerte punzada de dolor. Los dedos masculinos la comenzaron a desvestir. Pensó la muchacha que no había infierno más terrible del que había vivido todas esas semanas sin Edward, pero qué equivocada se encontraba. Lo supo cuando su cuerpo fue obligado a entregarse a otro que no era él... cuando ese maldito vampiro se adentró en ella, ignorando todo lo que hizo para evitarlo. Y es que, ¿Cuántas veces no había deseado ella que ese momento llegara en compañía de Edward, que fuera él, y solo él, su dueño en todos los sentidos; que fueran sus manos la que le desnudasen de manera lenta y fueran sus labios quienes le robaran su inocencia?
Pero, como tantas veces pensó en un pasado: Ese tipo de situaciones maravillosas sólo son producto de fantasías creadas por la imaginación soñadora de personas con mentes volátiles. Bien comprobado lo tuvo cuando Azael, susurrándole al oído, le dijo:
–Me perteneces, Bella. ¿Te queda duda alguna de ello ahora?
En cuanto él se fue, ella se apresuró a tomar sus ropas y vestirse, intentando ser fuerte y no lamentarse. No iba cambiar lo sucedido con sentarse a sollozar y a repetir el nombre de Edward todo el tiempo. Inspiró profundamente, tomando del aire la frialdad para mantenerse de pie; solo sus puños apretados a sus costados y la apagada luz de su mirada le delataron ante a Alice cuando ésta entró, para hacerle su acostumbrada visita.
La pequeña no necesitó explicaciones. Lo supo nada más al tomar la mano de su amiga y sentir el involuntario temblor de éstas, hablando por ella.
–Bella – le abrazó, muy fuerte, sin decir más. Sabía que ni mil palabras podría borrarle todo ese dolor que ella no se atrevía, siquiera, a imaginarse.
Cuánto deseaba la castaña poder quedarse dormida en los brazos de su hermana, para olvidar, al menos, un momento. ¿Quién se imaginaría que la manera más burda de descubrir los defectos de la inmortalidad se le presentarían de esa manera?
El silencio las sumergió durante varios minutos. Mostrando un tipo de consuelo extraño, pero mucho más sincero y efectivo que los acostumbrados. Ni una sollozaba, ni la otra hablaba, exigiendo un “desahogue”. Simplemente, Bella cerró los ojos y recargó su cabeza en el pecho pequeño de Alice, que se limitó a acunarla...
¿Cuánto más tendrían que soportar? ¿Acaso la espera sería eterna? ¿Era posible que, realmente, ellos estuvieran muertos y su retorno no era más que ilusorias esperanzas?... Sin darse cuenta, movida por la necesidad de creer todo lo contrario, el canto que hacía todas las noches en su interior, comenzó a salir de sus labios, dando notas suaves y apenas audibles para el oído de un humano.
Kiss me sweet (Bésamesuavemente)
I’m sleeping in silence (Estoy durmiendo en silencio)
All alone, in ice and snow (Completamente sola, en el hielo y en la nieve)
In my dream I´m calling your name (En mis sueños, llamo tu nombre)
You are my love (tú eres mi amor)
Kiss me sweet (Bésame, suavemente)
I´m sleeping in sorrow (Estoy durmiendo en el dolor)
All alone (Completamente sola)
To see you tomorrow (para verte mañana)
In my dream I´m calling your name (en mis sueños, llamo tu nombre)
You are my love (Tú eres mi amor)…
Damián, quien a pocos metros se encontraba de ahí, recargó su espalda en la pared, mientras suspiraba profundamente y se llevaba los dedos al puente de la nariz. ¿Qué más tenía que hacer para que Alice pudiera ser feliz? se preguntaba, cuando Mâred llegó a su lado
–¿Quieres verlas? – ofreció la pequeña
–No – contestó el vampiro de cabellos plateados, enderezando su cuerpo y volviendo a caminar en dirección a su recamara.
La niña le vio alejarse y una sombría expresión le recorrió su hermoso rostro al ver a su hermano sufrir. Caminó después hacia su habitación, encontrándose al entrar con la imagen de Darío, parado, viendo hacia la ventana. Completamente inmóvil, como una estatua que solo se movía en contadas ocasiones.
–Han traído alimento – anunció, acercándose y entrelazando sus bracitos alrededor de él – Bajemos.
No obtuvo respuesta. Darío sólo se limitó a dar media vuelta y, a pesar de tenerla enfrente, no se molestó en dirigir su mirada hacia ella.
–¿Quieres que te traiga la comida a la recamara? – ofreció Mâred, que fuera de sentirse ofendida, como en un principio pasaba, se entristeció por la indiferencia afilada de aquella mirada gris.
Darío volvió a responder con su silencio, dando media vuelta para mirar nuevamente hacia la ventana, por la cual, había gastado todas sus noches antes de conocer a Violeta... La situación, podría decirse que era la misma: otra vez solo con aquel inanimado objeto que le regalaba la noche como compañía y consuelo; pero no era así. La situación se había tornado mucho más desoladora, mucho más trágica. En su pasado, él estaba resignado a pasar toda su eternidad en soledad y sombras. Sin atreverse, ni al menos, a imaginarse la compañía de alguien más, que no fuera la de sus hermanos... ni creyendo de lejos que ella aparecería...
No. Definitivamente, nada sería lo mismo nunca. ¿Cómo olvidarla? ¿Cómo sacar de sus entrañas su sonrisa tan divina que le había prendado desde el primer momento que le vio? Violeta había sido su rayo de luz personal. La pequeña – pero sustancial – parte que le faltaba. La razón por la que tanto había esperado para su existencia... Violeta era ese todo por el cual vivir. Y ahora, ya no estaba con él... volviendo su presente en una cuchillada despiadada que se incrustaba sobre su pecho con cada segundo que el reloj daba.
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–Señor, tenemos visitas – anunció Mâred, mostrándole a Vladimir, Stefan, Azael y Damián, la imagen de Edward justo fuera de las puertas del castillo, peleando contra los guardias que le impedían el paso.
–Está loco – se mofó Vladimir – Viene a buscar su muerte.
Azael estiró una sonrisa burlona y malvada al verle.
–No, padre. Viene a buscar algo más – aclaró, dando media vuelta y caminando hacia la salida
–¿A dónde vas? – preguntó Damián
–A platicar un rato – contestó, saliendo al encuentro de su enemigo y ordenando a los vampiros que le atacaban que se retirasen
El cuerpo de Edward se tensó en cuanto le tuvo frente a frente y un gruñido se le escapó por lo bajo, al mismo tiempo que su dorada mirada se tornaba negra como las enfurecidas y coléricas sombras que amenazaba exterminar todo a su paso.
–Creo que tú y yo tenemos asuntos de qué platicar, antes de que te mate – anunció Azael, sin dejar de lado esa sonrisa sardónica que pintaba sus labios
Publicado por Angel of the dark en 8:47 0 comentarios
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