jueves, 3 de diciembre de 2009
Fotos de Rob en VANITY FAIR
Publicado por Angel of the dark en 15:04 1 comentarios
Etiquetas: foto de Rob
TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE
Cap.4 ¿Pablo?
“¿Qué haces aquí?” – no quería seguir ilusionándome con esa idea completamente descabellada pero ¿Cómo no hacerlo? Era una completa sensación de Deja vu lo que estaba viviendo, esas mismas palabras me había dicho Edward en varias ocasiones al encontrarme en el pasado casi en la misma situación, con el detalle de que, en ese entonces, solo me había fracturado un tobillo; mi corazón y alma estaban completamente bien y radiaban en felicidad…
“Sabía que vendrías” - dije presionando mi rostro con su mano que aun posaba en él
“¿Hiciste todo esto para…?”
“Para verte de nuevo” – completé la frase
“¿por qué?” – entre mas miraba su rostro y mas escuchaba su voz, mas cerca estaba de creer en mi nada lógica hipótesis, me recordaba tanto a mi fallecido novio, era difícil de explicar, ni yo misma podía en ese momento decir exactamente que los hacia tan iguales y tan diferentes a la vez
“No se…” - admití – “solo quería verte”
“Tienes fiebre…” – no me había dado cuenta de eso, estaba tan concentrada en aquel rostro que me parecía milagroso, que bien podía estar ardiendo en llamas y no lo hubiera notado –“… te llevare a casa” – me levantó en sus brazos y al igual que antes me sostenía lo mas lejos que podía de su rostro.
Cuando llegamos, me sorprendió que entráramos por la puerta principal, por un momento pensé que brincaría para entrar por la ventana como lo había hecho días antes. Me depositó con cuidado sobre mi cama y su mirada se fijo por varios segundos sobre mí, poniéndome nerviosa
“Gracias” – dije en un susurro y con las mejillas encendidas. Tenía más de un año que la sangre no llegaba hasta mi rostro y la sensación se sentía bien
“Deberías cambiarte de ropa y tomar algo para que la fiebre baje” – mi agitación se descompaso cuando vi que ponía su mano sobre la manija de la puerta y la abría, él se giro y su mirada se torno calida, como si hubiera podido descifrar mi angustia en los latidos de mi corazón – “si no te molesta, estaré esperando en la sala”
“No…” - una leve sonrisa curvo sus labios, estaba segura que hacia eso para calmarme – “¿en realidad estarás ahí?” – necesitaba que me lo asegurara para estar tranquila, él asintió y algo en mí supo que no mentía
Cuando baje vi al chico sentado en la mesa con una taza de la cual salía vapor. Suspiré aliviada al ver que en realidad se había quedado
“Espero no te moleste que haya usado tu cocina… prepare un té” – esto me resultó extraño, ¿tenía justamente que acertar al preparar té, mi bebida preferida, habiendo tantas bebidas calientes posibles de hacer? Podía ser una gran coincidencia así que no saque el comentario
“No hay problema… gracias” – me senté frente a él. Era extraño y poco sensato el sentirme tan segura junto a un desconocido el cual de normal tenía poco – “¿no quieres?” – pregunté al ver que solo había servido una taza
“No. No me gusta el té” – ¡esa sonrisa! Mis ojos se ensancharon y casi se salían de orbita al verla… ¿me estaba volviendo acaso loca?
“¿Pasa algo?” – preguntó el chico volviendo a su expresión seria
“No me has dicho tu nombre…” - observé como se envaraba en la silla y apartaba su vista lo mas que podía de mis ojos
“Pablo…” - respondió tras unos segundos aun sin mirarme – “Pablo Cisneros” – no le creí. Esto estaba muy extraño, ¿Cómo podía alguien parecerse a otra persona de tal forma? Físicamente habían algunas diferencias, pero emocionalmente… emocionalmente no había ninguna. Esa forma de mirar, de hablar, de tensarse, hasta de mentir… conocí a Edward muy bien, todos esos gestos tan suyos me habían enganchado, gestos que nunca jamás había visto en otra persona, hasta que conocí a este chico. Decidí ponerlo a prueba, aunque, la idea seguía siendo descabellada y el desmentirme iba a suponer un dolor insoportable pero, ¿acaso no ya estaba muy bien acostumbrada a ese sentimiento? El dolor ya no me causaba tanto miedo…
“Pablo…” – dije arrastrando el nombre, espere unos segundos… - “¡oh!” – gemí
“¿Estas bien?!” - sonreí en mi fuero interno ya que se había tragado mi pésima actuación
“Me duele… me duele la herida” – continúe poniendo mi mano en la parte en donde me habían herido hacia días
“¿La herida?... ¿Aun no te sana?” - esa preocupación tan exagerada de Edward estaba presente en aquella voz. Una cosa mas y estaba a punto de descubrir la verdad
“Creo que se infecto ahora que estuve en el bosque…” – mentí. Rezando por que mi actuación fuera lo suficientemente convincente –“… En aquella gaveta” – dije señalando la alacena – “hay un caja de antibióticos ¿podrías…?”
“¿Antibióticos?!” – preguntó un poco exasperado – “Bella, eres alérgica a los antibióticos ¿recuerdas?...” – la actuación terminó en el momento que pronunció esas palabras, ahora no había duda. ERA ÉL. Él también se dio cuenta de que había cometido un error, ya que sus ojos mostraban una preocupación muy diferente a la que antes había, era una preocupación fusionada con tensión y miedo… como si ese error le fuera a costar muy caro
“Eres tu…” - dije en un susurro por que cuando la respuesta llego mas clara a mi mente la nublo… era él, no había duda pero ¿Cómo? ¿Por qué si estaba vivo me hizo creer lo contrario? Un nudo apretó fuertemente mi garganta – “Eres… eres Edward” – la expresión de mi compañero era un reflejo de la mía: con los labios ligeramente abiertos por el hecho de querer articular palabras que no salían; los ojos mas abiertos de lo normal con un brillo de perplejidad en ellos; con nuestros hombros moviéndose descompasadamente por lo irregular de nuestras respiraciones debido a la tensión
“No” – dijo tras un largo silencio y se levantó de la silla sacándome de mi trance
“Claro que si” – discutí poniéndome frente a él, obstruyéndole el camino para que no siguiera avanzando hacia la puerta – “no soy tonta… un año no ha sido suficiente para olvidarme de cada detalle tuyo…” - la voz se me quebró y la mandíbula me tembló por que ya no podía contener mi llanto ¿Por qué no quería decirme la verdad? ¿Acaso ya no quería estar a mi lado?
“No soy el que piensas, muchacha”
“Entonces… ¿me puedes explicar cómo sabes que soy alérgica a los analgésicos?” – tenía mis manos empuñadas temblando por el coraje y la impotencia
“Es algo que no te puedo decir…”
“¿Por qué?” – insistí mientras luchaba por no llorar
“Me tengo que ir… tu padre ya viene en camino, por favor, te lo pido de nuevo: no digas nada sobre esto” – dijo mientras una de sus manos se volvía a posar tiernamente sobre mi mejilla
“No te vayas” – ya no pude contener mis lagrimas. Ahora que sabia que en realidad era él, ya que de nada le servia negarlo, la idea de que se fuera se hacia mas que insoportable, se hacia mortal
“Tengo que…” - dijo en un susurro con voz dolida – “las cosas han cambiado Bella…” - comprendí que implícitamente se había dado por vencido y había aceptado la idea de que yo supiera quien era en realidad
“No…” – me lance a sus brazos ahogándome en llanto por las palabras que me había dicho
“Bella…” – su voz también sonaba cortada mientras me rodeaba con sus brazos, pero no levanté mi rostro de su pecho… en el cual no había sonido alguno… - “no hagas esto mas difícil…”
“Tu corazón…” - dije mientras ponía mi mano en el lado izquierdo de su pecho - … “no late…”
“Adiós Bella…” – susurró quitando mi mano de donde estaba
“¿¡Adiós!?” – exclamé “no… no ahora…” – las lagrimas caían como cascada sonando en el suelo, mi cara estaba inundada de ellas y me impedían ver su rostro con claridad… - “por favor Edward… te he extrañado mucho” – dije casi sin aliento. Su rostro estaba descompuesto en una mueca de dolor, sus ojos se veían vidriosos como si estuvieran bañados en lagrimas… pero nunca se derramo ninguna
“Bella...” – sus brazos envolvieron otra vez mi cuerpo y me depositó un tierno beso en mi cabello y suspiró como si hubiese encontrado una gran paz en ese momento. Yo igual me sentí de la misma forma… reconfortada. Completamente curada de cualquier herida que tuviera en mi alma. – “tengo que irme Bella…”
“Por favor…” – supliqué, aferrando mis manos a su espalda – “no te vayas… no me dejes otra vez”
“Charlie no puede verme y no es correcto que…” - puse un dedo en sus labios y clave mi mirada en sus dorados ojos
“Merezco una explicación…” - pasamos varios segundos con nuestras miradas entrelazadas, yo aguardando una respuesta, y él debatiéndose entre si aceptar o no… hasta que asintió levemente con su cabeza y después se desvaneció dejando su fresco perfume en la sala.
Cuando llego Charlie, que fue segundos mas tarde de que Edward se fuera, estaba ida, completamente ida, no sabia precisamente que sentir, no me hallaba a mí misma, en mi ser había una mezcla de todo tipo de emociones... Después de servirle la cena a mi padre y evadirlo con la excusa de tener mucha tarea, subí a mi recamara… sabia que él no llegaría en ese momento, y pensándolo bien, no sabia si llegaría esa noche… ¿Y si me había mentido? No. Edward nunca me mintió “hasta esta noche”, pensé…
¿Cuánto contraste habría entre este Edward y el Edward de hace un año? Le daba vueltas al asunto y no encontraba una explicación aceptable para la acción tan injusta que había cometido conmigo. Nada podía tener un por qué suficientemente fuerte para justificar todo el dolor que me había causado con su mentira…
Me senté en la cama justo del lado de la ventana, con el cuaderno que Edward me había regalado, lo abrí y empecé a ojearlo sin poner en realidad mucha atención, una hoja tras otra, hasta que una nívea mano se poso sobre ellas, levanté mi vista y ahí estaba él de nuevo.
“hola”
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
Taylor no tolera infidelidades
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El actor Taylor Lautner, el intérprete de Jacob Black, de Luna Nueva, no tolera infidelidades.
Aunque es joven, sabe la importancia de manterse fiel en una relación: "Honestidad encima de todo".
En entrevista a la revista Rolling Stone, Lautner comentó: "Soy completamente a favor del compromiso. Lealtad es muy importante para mí"
grax a TWILIGHT SAGA
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Robert limita entrevistas

ROBERT PATTINSON ha manifestado por qué es la estrella de cine de Twilight que hace la menor cantidad de entrevistas.
EL galán Robert Pattinson de "Saga Crepúsculo: Luna Nueva" ha calificado las entrevistas "de riesgo", diciendo que prefiere simplemente seguir con trabajos actorales.
Con sus 23 años de edad, dijo: "Creo que es algo tan arriesgado hacer entrevistas. Trato de limitar la cantidad de entrevistas que hago, porque nadie es tan interesante, sobre todo cuando en realidad no estás diciendo nada."
Yo no quiero tener particularmente cierto tipo de carácter en la sociedad o lo que sea. Así que supongo que lo único que puedes hacer, es hacer trabajos y ver si la gente responde a eso".
Cuando se le preguntó si él se ve como autocrítico, Robert le dijo a MTV: "Estoy completamente ignorante de eso [cómo me ven los demás]. Nunca he luchado con todo lo que me a pasado hasta hace poco.
"Tengo que dejar de ser tan auto-despreciacionista, porque la gente está empezando a creer. Son como:" Sí, ese tipo es un idiota. "Así que he tratado de dejar de hacer eso".
grax a Twilight Saga
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GHOTIKA
Momentos vividos contigo, inmortalizados en mi alma
Carne de mi carne, sangre de mi estirpe, agua de mis mares
La noche no te detuvo ante el futuro que te arrebató de mí...
Uaral – Eterno en mí
Cap.31Vacío, parte II.
Alice fue retirada de Bella al poco tiempo para no correr riesgos. Jalada gentilmente del brazo por Damián, volvió a cerrar los labios y bajar la mirada hacia el suelo, con resignación. Sabía a donde se dirigían.
El enorme vampiro ya le esperaba. Damián se sentó a su lado y mantuvo su mano atada a la suya, mientras Coátl enterraba sus dientes en el mismo lugar de su brazo, filtrando su dolorosa ponzoña que, cada vez, le lastimaba más a nuestra pequeña inmortal. Alice tensó la barbilla en cuanto sintió el veneno causar sus punzantes efectos, pues, pasará lo que pasará, jamás permitiría que le vieran ni la más mínima emoción de sufrimiento en su rostro. No lo permitiría...
La mascara inexpresiva permaneció hasta que Damián la llevó de vuelta a su habitación. Silencio, siempre en silencio. Con su mente bañada en el recuerdo de aquel de la que había sido separada. De sus rubios cabellos y su dorada mirada... de su voz tan gentil a la hora de hablarle y de la sonrisa pequeña que siempre le dedicaba al verla. De su música, las melodías tan hermosas que había conocido a su lado, del movimiento de sus masculinas manos al agitar el arco para que su violín cantara... De las noches que había pasado sentada a su lado, con su cabeza recostada en su frío hombro.
Le extrañaba demasiado... Y, aunque pensar en él le perjudicaba, era mejor el sufrir a olvidarle, a no tenerle presente en sus recuerdos. Ese era su único consuelo: la imagen de aquel al que tanto quería. No importaba cuánto doliera, no habría condena que valiera la pena su olvido. No pudo evitar cerrar en un puño su mano, cuando sintió que Damián comenzaba a pasear sus labios sobre ella
–Me pregunto, ¿Cuánto tiempo más me rechazarás? – Preguntó él, desistiendo de su caricia, pero sin liberarle de su agarre – ¿Cuánto tengo que esperar para que me aceptes?
–Espera lo que quieras – se atrevió a contestar Alice – Me temo que ese día jamás llegará.
–Podría apostar a que cambias de opinión tarde o temprano – sonrió juguetonamente Damián, contento de obtener, aunque fuera en forma de reproche, una respuesta
–Yo que tú no lo haría. ¿Cómo esperas que llegue a sentir por ti algo más que rencor, cuando has sido tú quien me ha arrancado de lo que más quiero?
–Eso puede cambiar, si tú lo deseas. Yo puedo ocupar su lugar
–No sabes nada de lo que dices – soltó la pequeña, sorprendiéndose ella misma de lo relativamente sencillo que era el discutir con el posible asesino de Jasper – ¿Acaso no lo entiendes?
–Intento hacerlo – aseguró él – Sé que, por razones obvias, ahora me guardas rencor; pero, sin algo me ayuda el decírtelo, debes saber que no fui yo quien lo mató. Tú misma fuiste testigo de que no le dañé realmente, pues estabas ahí presente. Te sonará extraño, y tal vez un tanto ilógico, pero quiero hacerte feliz.
–Fracasaste desde el primer momento, entonces – informó ella, con melancolía...
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Las melodías tristes, pausadas e hirientes, se elevaban por el aire como un canto eterno de llanto. El arco, en conjunto con las cuerdas, parecía también lamentarse por la pérdida de ella. El viento agitaba con zozobra los rubios cabellos del vampiro que, con los ojos cerrados, ocultaba su mirada dolida y apesadumbrada, mientras sus manos no paraban de hacer tocar el instrumento que se desgañitaba en lamentos. Esas afligidas notas, eran apenas un vago reflejo de la congoja que se había instalado en su corazón, pues, su suplicio era incontable, imposible de representar. Ni el agua de los mares hubiera bastado para poder describir el llanto que derramaba interiormente. Jasper no podía vivir sin ella y, a pesar de ser él quien decía al resto de sus hermanos que todo saldría bien, ya comenzaba a dudar de sus palabras.
Había pasado cerca de un mes desde que Alice no estaba a su lado. Un mes desde que los Vulturi habían hecho un mandado al resto de los vampiros para conseguir aliados, pero, tal y como se había predicho, pese a que varios estaban ahí, dispuestos a ayudar; otros se habían ido al lado de los Rumanos, exigiendo su “libertad”; y muchos más hicieron caso omiso y decidieron no actuar en ninguna de las dos partes. Hasta la fecha, el aquelarre estaba constituido por 57 vampiros y desconocían con cuántos hombres contaba el enemigo... Los entrenamientos eran diarios y los planes de ataque aún no se llevaban a cabo. La desesperación comenzaba a cubrirle, aunque intentaba apaciguarla, dudaba tener más fuerzas para ello. Se estaba volviendo loco.
¡Y él, que pensaba, que sólo habían dos maneras de estar muerto!... ¿Podría un demonio maldito desgarrarse en llanto? Casi pudo jurar que sintió una lágrima bajar por su mejilla, pero fue sólo la brisa fresca que le acarició.
Alice...
El violín pronuncio su nombre con lamento infinito. ¿Cómo estaría ella? Si tan solo sus maestros no le impidieran el salir de ahí más que en compañía de Emmett, Felix o Demetri, quienes jamás le permitirían ir a aquel castillo para irla a buscar, tal vez su sufrimiento tuviera un poco de sosiego. Se conformaría con verla, comprobar que estaba bien... Sólo pedía eso: su felicidad... aunque... ¿Se podría conocer la dicha al no estar juntos? El tiempo, a pesar de ser, él, un inmortal, desfilaba tortuosamente lento y simbolizaba demasiado. El paso de un segundo jamás laceró tanto los pechos de unos vampiros como aquella vez.
–Basta – susurró Violeta, apretando su rostro al pecho de Edward y enterrando sus deditos en la camisa de éste – Dile que pare, por favor. Ya no quiero seguir escuchando un llanto tan fúnebre
El vampiro cerró los ojos y suspiró profundamente.
–Si sientes dolor y tristeza es la prueba más clara de que estas vivo – susurró – ¿No crees que es irónico? Nuestro cuerpo no cambia y es duro y frío como un cadáver, pero reacciona de manera intensa ante los sentimientos cuando éstos se despiertan. ¿Significa eso que al amar nos convertimos en mortales, de una u otra manera?
Violeta expulsó un sollozo ahogado, sintiendo como sus cabellos eran acariciados por las manos del melancólico vampiro que, al igual que ella, era golpeado por cada nota que el violín de Jasper despedía.
Edward apretó los dientes cuando ya no pudo soportar más aquel masoquismo. La impotencia de no poder hacer nada se le sumaba a su desesperación por no tenerla a su lado. Se puso de pie, alejando a Violeta con delicadeza, y se encaminó hacia la salida del castillo.
–¿A dónde vas? – le preguntó la chiquilla
No contestó, no tenía una respuesta. Solo quería salir... dejar de estar escondido. Ir por ella...
–Lo siento, Edward. No podemos abrirte la puerta – intentó razonar Demetri, sin moverse de la entrada que vigilaba
–Hazte a un lado, por favor – la voz del vampiro fue amenazante, bañada en irritación contenida - ¡Que te hagas a un lado!
–Hermano. Entendemos la desesperación que estas pasando – intentó persuadir Emmett, tomándole por el hombro – Pero si no te controlas puedes hacer locuras que...
–¡Me vale una mierda lo que me pase! – Interrumpió Edward, bramando en furia chorreante y acaudalada, aventando a Emmett a un lado y tomando a Demetri por las ropas, amenazándole con hacerle lo mismo si no accedía a darle paso – Soy yo el que se expone si sale. A ustedes no les importa, ustedes no tienen ni la más maldita idea de lo que Jasper, Violeta y yo estamos sintiendo. ¡No entienden!...
Un poderoso impacto, dado directamente hacia su estomago, fue lo que le dejó sin habla, tirándolo al suelo y sintiendo como la fuerte presión de la planta de un pie apretaba su pecho.
–Actúas como un demente – le acuso Aro, viéndole desde arriba – Como un animal irracional. Si a ti no te interesa lo que pase con tu vida, a nosotros si nos importa la seguridad de nuestro aquelarre. ¿Es que no lo entiendes? Si te capturan pueden saber dónde nos escondemos. ¡Nos arriesgarías a ser atacados, por sorpresa, una segunda ocasión! Si sigues con ese comportamiento tan osado, ordenaré a que te encadenen – advirtió, retirándose.
Emmett llegó para ayudarle a levantarle, no físicamente, si no de manera moral. Si bien lo que Edward decía era cierto, y él no podía más que intentar imaginarse por todo lo que se siente al no tener a la persona querida a tu lado, no eran necesarias muchas explicaciones para ver que su hermano se estaba deshaciendo en dolor.
–Edward – llamó la voz de Carlisle, quien apareció, con su gentil semblante, a pocos metros de ellos – Acompáñame, hijo.
El muchacho asintió, despidiéndose de Emmett con una mirada que le agradecía y le pedía perdón al mismo tiempo. Caminó detrás de Carlisle, hasta llegar a lo que era una pequeña estancia oscura.
–Se burla de las llagas el que nunca recibió una herida – dijo el rubio vampiro, citando las líneas de la obra de Shakespeare, mientras fijaba su mirada hacia la ventaba que le mostraba la lúgubre noche sin estrellas ni luna – Yo, tal vez este haciendo lo mismo de manera inconsciente; pero, al menos, puedo tener una idea más certera de lo que sientes. Lo viví cuando aprecié la mirada de Stefan fijarse en Esme con deseo. Es una emoción lacerante que te quema el cuerpo... Que te enferma. Para mi fortuna, ella está ahora conmigo. Así que solo fue una ligera demostración de lo que ahora te carcome, pero fue suficiente para sentir que la piel se me desgarraba lentamente – se giró entonces para quedar frente a él y posó una de sus manos sobre su hombro derecho, sonriéndole de manera consolante – Estoy orgulloso de ti, Edward. No sé si yo hubiera sido capaz de soportar tanto. El tiempo para nosotros, los vampiros, es quimérico y sin sentido cuando no tenemos por quién existir; sin embargo, cuando hay algún sentimiento humano habitando en nuestros pechos, el tiempo se vuelve valioso, adquiere significado y cada segundo cuenta como un siglo vivido... Sé que no debería de hacer esto – agregó – mañana si gustas, puedes acompañarme a cazar, saldré en la caída del crepúsculo y, estando afuera, dejaré que hagas lo que desees en ese momento...
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–¿Qué pasa? ¿Acaso no te gustó el vestido que te compré? – preguntó Azael al entrar y ver a Bella con la misma ropa – Es negro – apuntó, tomando la prenda entre sus manos – ¿Cuál es el problema?
–No lo quiero – sentenció la muchacha, con voz fría, sin si quiera verle.
El vampiro se aproximó y, con fuerza, tomó su rostro entre sus manos, pero ella se zafó rápidamente y con facilidad.
–Veo que tu escudo se está fortaleciendo – sonrió Azael con suficiencia – Mi contacto ya no te debilita como antes. Su poder crece así como tu soberbia... Pero – añadió, volviéndole a tomar por los hombros, con muchísima más energía, contra la cual Bella ya no pudo luchar – Creo que ya es tiempo de que comiences a ser más complaciente.
Bella tembló al sentir el rostro del vampiro acercarse al suyo para que sus labios se posaran sobre los de ella. No era la primera vez que lo hacía, pero el repudio que éstos le causaban, por muy bellos que fueran, era indomable. Ella solo anhelada el sabor del que se encontraba lejos...
Su temor se acrecentó cuando se percató que Azael no se alejaba, como siempre solía pasar al percibir su rechazo, si no que, por el contrario, la recostaba sobre la cama, ignorando los forcejeos que ella hacía para impedirlo. Si bien Bella era una neófita, la fuerza de aquel inmortal era como un cumulo de todas las energías que robaba a los que tocaba. No por algo había logrando vencer a Edward. La chica comenzó a enterrar las uñas en los brazos de él, pero su piel era impenetrable.
–Hagas lo que hagas. No impedirás que esta vez seas mía – le dijo Azael, cuando, al jalarle de los cabellos, había logrado que le dejara de besar por un momento.
Bella nada pudo hacer al respecto contra las fuertes manos que le propinaban, con cada caricia dada, una fuerte punzada de dolor. Los dedos masculinos la comenzaron a desvestir. Pensó la muchacha que no había infierno más terrible del que había vivido todas esas semanas sin Edward, pero qué equivocada se encontraba. Lo supo cuando su cuerpo fue obligado a entregarse a otro que no era él... cuando ese maldito vampiro se adentró en ella, ignorando todo lo que hizo para evitarlo. Y es que, ¿Cuántas veces no había deseado ella que ese momento llegara en compañía de Edward, que fuera él, y solo él, su dueño en todos los sentidos; que fueran sus manos la que le desnudasen de manera lenta y fueran sus labios quienes le robaran su inocencia?
Pero, como tantas veces pensó en un pasado: Ese tipo de situaciones maravillosas sólo son producto de fantasías creadas por la imaginación soñadora de personas con mentes volátiles. Bien comprobado lo tuvo cuando Azael, susurrándole al oído, le dijo:
–Me perteneces, Bella. ¿Te queda duda alguna de ello ahora?
En cuanto él se fue, ella se apresuró a tomar sus ropas y vestirse, intentando ser fuerte y no lamentarse. No iba cambiar lo sucedido con sentarse a sollozar y a repetir el nombre de Edward todo el tiempo. Inspiró profundamente, tomando del aire la frialdad para mantenerse de pie; solo sus puños apretados a sus costados y la apagada luz de su mirada le delataron ante a Alice cuando ésta entró, para hacerle su acostumbrada visita.
La pequeña no necesitó explicaciones. Lo supo nada más al tomar la mano de su amiga y sentir el involuntario temblor de éstas, hablando por ella.
–Bella – le abrazó, muy fuerte, sin decir más. Sabía que ni mil palabras podría borrarle todo ese dolor que ella no se atrevía, siquiera, a imaginarse.
Cuánto deseaba la castaña poder quedarse dormida en los brazos de su hermana, para olvidar, al menos, un momento. ¿Quién se imaginaría que la manera más burda de descubrir los defectos de la inmortalidad se le presentarían de esa manera?
El silencio las sumergió durante varios minutos. Mostrando un tipo de consuelo extraño, pero mucho más sincero y efectivo que los acostumbrados. Ni una sollozaba, ni la otra hablaba, exigiendo un “desahogue”. Simplemente, Bella cerró los ojos y recargó su cabeza en el pecho pequeño de Alice, que se limitó a acunarla...
¿Cuánto más tendrían que soportar? ¿Acaso la espera sería eterna? ¿Era posible que, realmente, ellos estuvieran muertos y su retorno no era más que ilusorias esperanzas?... Sin darse cuenta, movida por la necesidad de creer todo lo contrario, el canto que hacía todas las noches en su interior, comenzó a salir de sus labios, dando notas suaves y apenas audibles para el oído de un humano.
Kiss me sweet (Bésamesuavemente)
I’m sleeping in silence (Estoy durmiendo en silencio)
All alone, in ice and snow (Completamente sola, en el hielo y en la nieve)
In my dream I´m calling your name (En mis sueños, llamo tu nombre)
You are my love (tú eres mi amor)
Kiss me sweet (Bésame, suavemente)
I´m sleeping in sorrow (Estoy durmiendo en el dolor)
All alone (Completamente sola)
To see you tomorrow (para verte mañana)
In my dream I´m calling your name (en mis sueños, llamo tu nombre)
You are my love (Tú eres mi amor)…
Damián, quien a pocos metros se encontraba de ahí, recargó su espalda en la pared, mientras suspiraba profundamente y se llevaba los dedos al puente de la nariz. ¿Qué más tenía que hacer para que Alice pudiera ser feliz? se preguntaba, cuando Mâred llegó a su lado
–¿Quieres verlas? – ofreció la pequeña
–No – contestó el vampiro de cabellos plateados, enderezando su cuerpo y volviendo a caminar en dirección a su recamara.
La niña le vio alejarse y una sombría expresión le recorrió su hermoso rostro al ver a su hermano sufrir. Caminó después hacia su habitación, encontrándose al entrar con la imagen de Darío, parado, viendo hacia la ventana. Completamente inmóvil, como una estatua que solo se movía en contadas ocasiones.
–Han traído alimento – anunció, acercándose y entrelazando sus bracitos alrededor de él – Bajemos.
No obtuvo respuesta. Darío sólo se limitó a dar media vuelta y, a pesar de tenerla enfrente, no se molestó en dirigir su mirada hacia ella.
–¿Quieres que te traiga la comida a la recamara? – ofreció Mâred, que fuera de sentirse ofendida, como en un principio pasaba, se entristeció por la indiferencia afilada de aquella mirada gris.
Darío volvió a responder con su silencio, dando media vuelta para mirar nuevamente hacia la ventana, por la cual, había gastado todas sus noches antes de conocer a Violeta... La situación, podría decirse que era la misma: otra vez solo con aquel inanimado objeto que le regalaba la noche como compañía y consuelo; pero no era así. La situación se había tornado mucho más desoladora, mucho más trágica. En su pasado, él estaba resignado a pasar toda su eternidad en soledad y sombras. Sin atreverse, ni al menos, a imaginarse la compañía de alguien más, que no fuera la de sus hermanos... ni creyendo de lejos que ella aparecería...
No. Definitivamente, nada sería lo mismo nunca. ¿Cómo olvidarla? ¿Cómo sacar de sus entrañas su sonrisa tan divina que le había prendado desde el primer momento que le vio? Violeta había sido su rayo de luz personal. La pequeña – pero sustancial – parte que le faltaba. La razón por la que tanto había esperado para su existencia... Violeta era ese todo por el cual vivir. Y ahora, ya no estaba con él... volviendo su presente en una cuchillada despiadada que se incrustaba sobre su pecho con cada segundo que el reloj daba.
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–Señor, tenemos visitas – anunció Mâred, mostrándole a Vladimir, Stefan, Azael y Damián, la imagen de Edward justo fuera de las puertas del castillo, peleando contra los guardias que le impedían el paso.
–Está loco – se mofó Vladimir – Viene a buscar su muerte.
Azael estiró una sonrisa burlona y malvada al verle.
–No, padre. Viene a buscar algo más – aclaró, dando media vuelta y caminando hacia la salida
–¿A dónde vas? – preguntó Damián
–A platicar un rato – contestó, saliendo al encuentro de su enemigo y ordenando a los vampiros que le atacaban que se retirasen
El cuerpo de Edward se tensó en cuanto le tuvo frente a frente y un gruñido se le escapó por lo bajo, al mismo tiempo que su dorada mirada se tornaba negra como las enfurecidas y coléricas sombras que amenazaba exterminar todo a su paso.
–Creo que tú y yo tenemos asuntos de qué platicar, antes de que te mate – anunció Azael, sin dejar de lado esa sonrisa sardónica que pintaba sus labios
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Etiquetas: Ghotika
martes, 1 de diciembre de 2009
TE AMO AUN DESPUES DE LA MUERTE
buen dia mis angeles aqui les dejo otro cap mas de esta hermosa historia de amor!!!!!
mil besitos
Angel of the dark
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Cap.3 MI ANGEL GUARDIAN
Ahora podía estar segura que no estaba delirando con aquel chico tan parecido a Edward… ya que no era él, independientemente de que Edward no podía estar vivo, lo recordaba perfectamente y podía jurar: no tenía ese aspecto tan pálido… nuestras miradas seguían entrelazadas, parpadeé y cuando abrí mis ojos lo tenía frente a mí, me tragué el grito por la impresión, estaba colgado de la rendija de mi ventana, con su rostro tan cerca del mío…
Un nudo se hizo en mi garganta al verlo ya que realmente el parecido era grandioso, alcé mi mano para tocar su rostro, pero me detuve en el momento… ¿Qué hacia este muchacho aquí?
“¿Quién eres?” – pregunté en un susurro sin apartar los ojos de los suyos… la respiración se me corto cuando pude ver aquel brillo tan hipnotizante que solo Edward tenía… ese brillo con el que mi novio me miraba con sus ojos color esmeralda, tan idéntico, que si este joven no hubiera tenido los ojos color dorados, no me cabría duda de que era él… El chico no contestó tras un largo minuto en silencio
“No digas nada de esto a nadie, por favor…” – respingué al oír de nuevo esa voz, suave y aterciopelada. El notó mi sobresalto y vi como su mano se dirigía hacia mi rostro, pero la detuvo automáticamente – “… cuídate mucho” – esas palabras me sonaron a despedida, y sabía que era un locura, pero no quería que se fuera, la angustia se volvió a apoderar de mí
“¿te vas?” – mi voz sonó mas desconsolada de lo que me hubiera gustado
“Si…” - respondió – no pensé en mi acto: estiré mi mano para alcanzar su brazo, para sostenerlo, estaba tan duro, y se sentía fresco pese a que traía una camisa de manga larga
“No…” - le supliqué – “no te vayas… dime quien eres…” - sabía que esta angustia era patética y enfermiza… y mas enfermizo y preocupante era el que mi mente aun siguiera cavilando la posibilidad de que él fuera Edward– “por favor… me recuerdas mucho a una persona muy especial…” – los ojos del chico se abrieron como platos al oír eso, se quedo inmóvil unos cuantos segundos
“Me tengo que ir…esto no esta bien” – fue lo único que respondió antes de saltar por la ventana y desaparecer en aquel bosque.
Me llevé las manos al pecho, como siempre, había dolor; los ojos no pudieron contener las lagrimas, intente tranquilizarme, pero fue inútil… Edward esta muerto… Edward esta muerto… pensar abiertamente en ello me hacia mucho daño, pero necesitaba repetirlo para desterrar de mi mente la loca idea de que Edward estaba vivo y peor aun: que era él aquel chico de ojos color miel y piel extremadamente pálida y fría…
No era él, al menos que fuera un fantasma pero, lo había podido tocar, los fantasmas no tienen un cuerpo sólido ¿o si?, además… si en todo caso era él ¿Qué le había sucedido? ¿Por qué sus ojos ya no eran verdes? ¿Y de donde tan fuerte?, si bien Edward tenia un cuerpo ejercitado, la fuerza con la que había remitido este chico a los dos hombres en la tarde no era natural, ni posible… Pero… ¿Qué tenia que hacer un desconocido merodeando por mi casa? ¿Qué lo había impulsado por salvarme? ¿Cómo sabia mi nombre?...
De un momento a otro, la duda se convirtió en miedo, recordé exactamente como aquel chico había aparecido de la nada para salvarme, y había destrozado, él solo, a dos hombres de aspecto mas fornido y armados en cuestión de segundos…¿Qué era ese chico? ¿Qué era ese Edward encarnado?... alguien con tales características no podía ser un humano normal
Desde esa noche me inclinaba sobre mi ventana con la esperanza de volver a ver a ese chico tan pálido, ya que el verlo era como verlo a él: a mi Edward, aunque con algunas diferencias, pero la forma en que habló y me miró aquella noche hizo que, por un momento, sintiera que había tenido una pesadilla y que había despertado justo cuando él tocaba mi ventana para que le dejara entrar… Pasaron varios días y no volvió a aparecer…aun así, seguía viendo aquella sombra fugaz blanca a donde quiera que fuera, lo que me hizo pensar que tal vez no estaba tan lejos como yo pensaba… la sola idea de que ese chico extraño tuviera alguna relación con Edward me hizo pensar en varias ideas para volver atraerlo hacia mí… el había aparecido cuando estuve en peligro, tal vez si planeaba algo peligroso contra mí, aparecería de nuevo…
Era tanta mi necesidad por saber quien era, (y para ser sincera, lo que mas me movía a actuar de esa manera era la idea ilusa de que podría ser Edward) que el domingo, aproveché que Charlie se había ido a pescar con el viejo Billy para salir de la casa e internarme en el bosque… otro recuerdo…:
- “Bella, ¿Cuantas veces te he dicho que no tienes nada que hacer en el bosque? – la voz de Edward, aunque estuviera molesto siempre era suave.
A él le molestaba, más bien, le preocupaba, que yo me internara en el bosque ya que estaba muy conciente de mi poca habilidad para caminar sin tropezarme, y las enormes raíces y el suelo traicionero del bosque no lo consolaban mucho. Ese día, Charlie había llamado a su casa para preguntar por mí ya que no había llegado de la escuela, lo que no sabia era que, en mi afán por preparar una fogata para Edward, esa tarde me había encaminado hacia el bosque para recoger trocitos de ramas y me había fracturado el tobillo al tropezarme con una raíz… Edward se apresuro a buscarme como loco dentro del bosque, hallándome tirada y sollozando debajo de un enorme árbol…”
… Al igual que todos mis recuerdos, este dolió provocándome caer de rodillas a mitad del camino, enterrando mis uñas en la tierra mojada por las frecuentes lluvias… ¡Que tonta era!, de verdad que ya estaba sobrepasándome, ir en busca de un Edward ficticio, reí con ironía, quise levantarme pero de nuevo, el dolor me lo impedía, así que opté por arrastrarme hacia la orilla de aquel sendero para acurrucarme y esperar a que el dolor se hiciera soportable… no me había dado cuenta que estaba empapada debido a la lluvia que se había desatado, hasta que fui conciente de que estaba temblando de frío… mis dientes castañeaban y tenía todo el cuerpo entumido por lo helado que estaba… aun así, todo eso no se comparaba al dolor que sentí en el momento en el que la realidad me invadió con fuerza sin tenerme un poco de compasión: EDWARD ESTA MUERTO, cerré mis ojos cuando el dolor en mi pecho se sintió como si un tremendo martillazo hubiera caído directo en él, y las lagrimas no pararon de rodar… “Edward” volví a susurrar… cuanto me dolía el darme cuenta que todo había sido una fantasía… mantuve mis ojos cerrados y mi respiración se volvió ahogada…
Un contacto gélido sobre mi mejilla hizo que abriera los ojos, y al verlo el dolor desapareció instantáneamente haciendo que mis labios se curvaran en una sonrisa… ahí estaba: MI ANGEL GUARDIAN…
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lunes, 30 de noviembre de 2009
GHOTIKA
Necesito saber de ti cada día y cada hora;
Por que en un minuto hay muchos días.
Romeo y Julieta – W. Shakespeare.
Capítulo 30: Vacío.
– Por favor, aléjalo –
No importaba las veces que se lo pidiera, él no accedía a retirar aquella masa que se convulsionaba frente a sus ojos, con la sangre brotando como una cascada carmín desde el cuello, cayendo al suelo, y llamándole con aquel apetitoso y dulce olor.
Sus manos se encontraban tan apretadas a su rostro que amenazaban con hacerlo explotar de un momento a otro. Tratando, inútilmente, cubrirse la boca y nariz para no seguir recibiendo aquella descarga de esencia exquisita que prometía, fervientemente, calmar el ardor de su garganta y el dolor de su estomago.
Pero no. Bella no quería hacerlo. Llevaba varios minutos luchando contra sus feroces instintos – los mismos minutos que la furia de Azael iba en ascenso, siendo manifestada en el fuerte agarre de sus uñas con la piel mortal –. No quería convertirse en un monstruo. No quería ser el reflejo vivo de aquellos miserables que les habían arrancado a sus padres. Cuánto hubiera deseado haber estado sorda en ese momento, para no escuchar los últimos lamentos de aquel hombre que se revolvía, de manera ineficaz, entre los extremos de Azael. Cuánto hubiera anhelado estar ciega, para no ver aquella escena que le resultaba cruel y magnifica al mismo tiempo. Su cuerpo no podía encontrarse más rígido de lo que ya estaba. Sus dedos se habían enterrado hasta el fondo del colchón, como si el relleno suave le fuera a impedir lo que su bestial naturaleza le exigía.
Pero, a pesar de todo su esfuerzo, su voluntad comenzaba a flaquear. Los ojos ennegrecidos habían comenzado a recorrer la habitación, en busca del dulce objetivo. Y, cuando se centraron en la masa cálida y chorreante, destellaron con la sed de sangre más vivaz que alguien pudiera tener. Aquel joven ya no representaba un humano, si no la presa que le esperaba, inofensiva y dispuesta. El recuerdo de sus padres se había extinto, siendo suplantado por el deseo voraz de saciar su hambre. Sólo la borrosa imagen de Edward se quedó apenas instalada, cuando su cuerpo se abalanzó sobre Azael, que, con una sonrisa de suficiencia, dejó caer la masa humana para que Bella la cogiera.
Éxtasis tan más sublime. Calidez abrumadora y destellante. Bella no recordaba haber experimentando tal sensación de delicioso frenesí jamás antes en su vida. La sangre ingresando a su cuerpo, a través de su garganta, que se había abierto paso como puertas de un rojo castillo para que sus soldados penetraran a él e entibiaran cada una de sus torres.
– ¿Me quieres matar?
– Si...
Aquel recuerdo fue lo que la trajo a la terrible realidad, haciendo que sus labios se fueran separando, lentamente, de aquel cuerpo inerte y seco.
Tembló al presenciar el dibujo de sus sentidos no humanos y cerró los ojos, girando el rostro hacia otro lado, con repulsión, como si con semejante gesto fuera a calmar su culpa. Escuchó la voz de Azael detrás de ella y se puso de pie, de manera inmediata. Sus miradas se encontraron y, aunque ella estuviera completamente despedazada, mantuvo sus pupilas fijamente clavadas en las de él.
–¿Verdad que no es tan difícil como parece? – preguntó, intentado, una vez más, acariciar al pálido rostro que tenía al frente, y volviendo a ser rechazado, de manera mucho más burda que antes.
–¡Te dije que no lo quería! – siseó Bella, con agresividad nata que le hizo destellar los ojos con un aire endemoniado que Azael, fuera de encontrar ofensivo, le resultó completamente excitante.
–Ay, mi Bella – murmuró éste, tomándola entre sus brazos sin que ella lo pudiera evitar – No tienes idea de cuánto me enajena esta rebeldía tuya. Pero no abuses, querida mía – agregó, con sus labios acariciando el aire que ingresaba a sus oídos – Mi paciencia no es tan grande. Y, aunque te quiera, no estoy dispuesto a soportar todo el tiempo tus desplantes.
La soltó entonces, con movimientos delicados, pero ligeramente bañados de brusquedad, para después tomar los cabellos del cadáver, que aún yacía sobre el suelo, y arrastrarlo fuera de la habitación. Antes de que la masa inmóvil desapareciera de su vista, Bella pudo contemplar como la carne muerta ya comenzaba, de manera casi imperceptible, adquirir cierta característica putrefacta en las orillas de la piel. Se acomodó en la cama, abrazando sus rodillas con los brazos y hundiendo el rostro en ellas, cuando quedó sola. Hasta ese momento fue cuando se sintió libre de lamentarse. De recordar. De preguntarse...
¿Sería cierto que Edward, junto al resto de su familia y amigos, estaba muerto? ¿Quién le aseguraba que no era una cruel farsa creada por el mismo Azael? Bella no era tonta y se negaba a creer lo que no había sido probado frente a sus sentidos. Pues, si aquel endemoniado ser era capaz de ver morir a un humano, sin el menor atisbo de piedad cubriendo a sus ojos, ¿Quién le quitaba la cualidad de ser un maravilloso mentiroso?
Quería pensar, más bien deseaba, que su escepticismo fuera certero. Que Edward si estuviera vivo. Eso bastaba para que ella estuviera bien también. Aún en la distancia, aún en su ausencia, ella podía soportar todo si sabía que él existía en algún lugar. Pues, estaba consiente de que, si Edward vivía, él la seguiría amando y, tarde o temprano, vendría para que pudieran estar juntos. Sólo era cuestión de esperar... Y ella tenía toda la eternidad para hacerlo.
Pero, si por el contrario, las palabras de Azael eran ciertas... ¿Qué era lo que pasaba? ¿Qué era lo que había después de ello? Nada, más que soledad, tristeza, amargura, desamor, odio, rencor, desconsuelo, lágrimas, dolor, angustia, desesperación... Oscuridad... Una oscuridad aterradora, una oscuridad que no ofrecía paz, si no pesadillas que se irían convirtiendo en realidad.
Sintió cómo el pecho se comprimía nada más el imaginárselo, nada más el pensarlo por un segundo. Y, para tal cuestionamiento, no era necesario el especular mucho en una respuesta, pues sólo había una palabra que resolvía toda su congoja y la ecuación de un mundo sin él...
... La Muerte.
Oh, maravillosa salida de los cobardes. ¡Pero qué le importaba a Bella si era una de ellos! ¿Quién podría juzgar a aquel que ha decido ir al lado del ser amado, del ser que le ha salvado de una y mil maneras; que le ha iluminado sus noches y ha plasmado la negra esencia de su amor en cada poro de su piel? ¿Quién podría juzgarle, cuando era Edward lo más valioso que le restaba en la existencia, cuando era él su vida?
Sintió como los ojos le ardían ante el llanto que ya no podría derramar. Hundió aún más su rostro en las rodillas y su cuerpo se agitó ante el impulso que emitió el pesado sollozo que salió de su garganta. ¿En qué momento había empezado su vida a atormentarse con giros tan drásticos? No había pasado ni un año desde que había tenido la dicha de conocer a Edward, desde que sus padres habían muerto, desde que se había enterado que los vampiros si existían – y su novio era uno de ellos... –, que había dejado de ser humana y... ahora, esto... Apretó fuertemente los labios para reprimir un jadeo. No recordaba época más difícil, pero aún así, no se permitiría el mostrar su debilidad y ansiedad a través del seco llanto.
La puerta se abrió, tras pasar varios minutos más y, al ver la figura masculina que tan bien conocía ya, envaró su cuerpo a la defensiva. Eleazar le sonrió desde su lugar, mirándole de arriba hacia abajo, con lasciva mirada penetrante.
–¿Estas menos molesta? – Preguntó, obteniendo como respuesta la colérica mirada de la gótica – Lo suponía – suspiró, pesadamente – Supongo que es normal el que sientas algo de remordimiento, pues se trató de tu primera caza; pero no te angusties, con el tiempo, verás a los humanos como lo que realmente son para nosotros: simple alimento.
–Dices eso por que eres una bestia
–Lo sé. Y estoy orgulloso de ello.
–¿Orgulloso de ser un asesino?
–Matamos por necesidad, por alimento
–Podrías alimentarte de animales...
–Eso es propio de tus queridos difuntos – interrumpió, con aire despectivo, golpeando fuerte e invisiblemente el pecho de la muchacha – No nos compares. Ellos son débiles, seres auto-reprimidos, que poco saben de los placeres que la inmortalidad te brinda
Bajó la mirada y no pudo evitar el llenar toda su mente de aquel ser que demostraba que todo lo que Azael decía era mentira. Edward... ¿Era acaso él un ser débil? Para nada... ¿Sabía poco de la belleza relacionada con la inmortalidad? No lo creía posible. ¿Cómo podía un ser de alma tan bella no conocer las sublimidades que los ojos del vampiro era capaz de presenciar?
–Pronto compartirás mi visión – prosiguió Azael, acercándose y sentándose frente a ella – Pues eres mía y estarás a mi lado durante toda la eternidad. Tal vez me comporté demasiado exigente contigo, hace unos momentos – agregó, volviéndose a poner de pie – Pero debes acostumbrarte a que tendrás que matar para sobrevivir. Aún así, supongo que no fue la manera más ortodoxa que te pude haber brindado. Lo siento. Y, para compensarte, te tengo una sorpresa.
El rostro de Bella no representó ni una sola emoción hasta que Azael le mostró una pequeña bola de pelaje negro que saltó hacia ella.
–Niebla – musitó, sin poder ocultar la emoción y felicidad que le daba tener a ese animalito entre sus manos.
–La dejaste abandonada cuando mis hombres las iban cazando en el bosque.
–Gracias... – susurró, casi de manera inaudible. Sin comprender el por qué de aquella actitud tan gentil; sin imaginar que aquel gesto tendría un precio, que Azael estaba dispuesto a cobrar en ese instante.
Bella no pudo esquivar a tiempo las manos que capturaron su rostro, dejándole inmóvil y a merced del obsesionado vampiro que tenía sus labios a escasos centímetros de los suyos.
–Me encantas – confesó, con su aliento fresco rozando los parpados de la chica – Desde la primera vez que te vi con él, me hechizó todo de ti. Tu actitud tan callada y enigmática. Tus movimientos tan pausados y concientizados. Desde la noche en que te encontré, te quise para mí. Quise ser tu dueño. Y ahora lo soy. Ahora te tengo a mi lado y eso no cambiará jamás.
–No puedo pertenecerte – dijo Bella, hablando en murmullos ante el temor que sentía por la enfermiza declaración
–Claro que puedes – discutió Azael – Lo harás. Yo me encargaré de que me adores y me mires como tu único señor.
–¿Cómo piensas lograrlo? ¿Cómo lo crees posible, cuando dices haber matado a...?
–¡No digas su nombre! – Interrumpió, con rabia – Ni si quiera te atreves a pensar en él, por que está muerto, hecho cenizas. Destrozado por estas manos que ahora te acarician el rostro y las cuales, dentro de poco, suplicaras recorran cada centímetro de tu piel.
Acabado de decir esto, Azael acercó sus labios a los de Bella y comenzó a besarla con una furia pasional que sólo él fue capaz de sentir; pues Bella, solo se dedicó a revolverse entre sus brazos, para intentar liberarse de aquella boca que amenazaba con borrar la dulce esencia que los besos de Edward habían dibujado sobre ésta.
¡Cuánta diferencia había entre esta experiencia y las otras pasadas! Cuánta complacencia le podía llegar a provocar una y cuánta estigma la otra.
–Dentro de poco, seré yo tu único dueño – prometió Azael, al liberarla de sus labios – Dentro de poco, no podrás imaginarte una vida sin mi; pues yo seré tu mundo entero.
Bella se quedó inmóvil y permaneció de esta forma hasta minutos después de que aquel despiadado ser saliera de la habitación y la dejara hundida en aquella oscuridad visible. Su mano se paseó por el pelaje negro de la gatita que maullaba tristemente, haciendo eco de la fúnebre música que en su mente resonaba una y otra vez.
“Mira cómo sangro y cómo lloro por ti...”
... Qué equivocado se encontraba aquel Rumano tan detestable, pues, ella, ya tenía a sin quien no poder vivir. Ella, ya le pertenecía a él... y él, era más que su mundo. Era su universo, su día, su noche, su luz y su oscuridad. Jamás podría llegar a querer a otro, pues todo su amor había sido absorbido por la dulce presión de sus labios... que tanta falta le hacían ya.
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–¡Ey, para, para! – exclamó Emmett, aprisionado por el suelo y los puños de Edward que, hasta ese momento, había cesado de golpearlo – ¡Pensé que ya me habías disculpado!
–Lo siento – se excusó el vampiro, poniéndose de pie y caminando hacia el extremo opuesto del improvisado lugar de entrenamiento, para después dejarse caer, sentado sobre el suelo, y hundir el rostro entre sus manos que se aferraban fieramente a sus desordenados cabellos para jalarlos con fiereza, como si quisiera decapitase por si mismo. Era tanta la frustración y la angustia que le bañaba el alma, que amenazaban con hacerle perder el juicio.
¿Habría existido, alguna vez, en algún extraño lugar, por alguna cruel situación, un vampiro enloquecido de dolor, o serían él y Jasper los primeros?
La cascada de desolación se instaló en el centro de su pecho como un martillo atormentador y punzocortante al ser consiente del tiempo que había transcurrido: Cerca de una semana. Cerca de siete días desde que los Rumanos habían atacado al castillo. Desde que Darío, Bella y Alice, al igual que varios más, ya no se encontraban junto a ellos. Desde que sus sentidos no se deleitaban al contemplarla.
Cerró los ojos y se imaginó la forma de sus facciones formadas sobre su nueva piel pálida. El vibrante sonido de su voz, la frescura de su nuevo olor. El destellante carmín de sus ojos... Se golpeó con fuerza y rencor las rodillas, al mismo tiempo que gruñía ferozmente y se maldecía por no haber sido capaz de defenderla.
–Comprendo cómo te sientes – sintió la mano de Emmett posarse sobre su hombro, mientras tomaba asiento a su lado.
Él negó con la cabeza
–No, no lo haces – discutió – Tú tienes a Rose a tu lado. Ella es lo más importante para ti, y sabes que, de una manera u otra, está bien. En cambio yo... No sé cómo se encuentra, ni por lo que está pasando... Ni si quiera soy capaz de asegurar que sigue con vida...
–No ganas nada con lamentarte en los rincones
–Lo sé – admitió – Pero dile a la angustia que se vaya, para que me libere los pies. Estoy atado, Emmett. Cadenas invisibles me ciñen y desangran interiormente, lastimando las heridas frescas y carcomiendo mi carne hasta taladrar mis huesos. Es una máquina aniquiladora que no tiene fin, y que tampoco pretende matarme. Sólo quiere mortificarme, hacerme gritar del dolor. Está jugando de manera cruel... Me ha hecho su presa y sólo ella puede redimirme de este calvario en el que estoy cayendo...
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–¿Cuánto tiempo piensas seguir así, sin hablar ni hacer nada? – le preguntó Damián y ella no contestó.
Su mirada seguía perdida en la ofuscación, en la frecuencia de imágenes que se negaban a arribar, que le cegaban y no le permitían comprobar que la noticia sobre la muerte de Jasper, y el resto, era cierta. Sintió la mano de Damián asir la suya; pero no hizo movimiento alguno de rechazo. Al final de cuentas, de nada servía. De poco ayudaba.
–¿Cómo es posible que la angustia tenga una representación tan gloriosamente perfecta? – Se preguntó Damián, susurrando, mientras veía la mordida que Coátl dejaba, a cada poco, en el delicado antebrazo de la vidente, para inhibirla de sus poderes - ¿Cómo es posible que me puedas llegar a confundir tanto? Quiero darte todo para verte feliz, pero a la vez, sé qué es lo que me pedirías y, entonces, es cuando no quiero darte nada... Lo que quieres es lo que no puedo darte. Tu felicidad implica mi infelicidad y, afortunadamente, aún no te amo tanto como para poner a la primera por encima de la segunda. Perdóname por eso...
Dicho esto, Damián acercó a sus labios a la mano de Alice y depositó un libero beso sobre ella.
–Me gustaría que al menos, me vieras por un segundo, para poder reflejarme en tu mirada.
La melancolía de esa voz fue lo que la impulsó a levantar el rostro y así, de algún modo, acceder a aquella suplica. Damián sonrió al tener su mirada fijamente puesta en la de Alice y, alcanzando su mejilla con la punta de sus dedos.
–Si hubiera algo que yo pudiera hacer para verte sonreír. Algo que no implicara el nombre de aquel al que aún amas, lo haría gustoso...
–¿En realidad? – Interrumpió ella, de manera inesperada para el vampiro, que dilató sus ojos al sentir que su mano era tomada por las de ella - ¿En realidad accederías a lo que te pidiera... si... si no tiene nada que ver con... con...?
–No es necesario que digas su nombre – calmó Damián, tratando de ocultar la felicidad que le daba que, tras varios días, pudiera entablar, aunque fuera muy breve y conveniente, una conversación con Alice – Y si, si lo que tú me pides no guarda relación alguna con él, te complacería lo más pronto posible.
–Bella, mi amiga, ¿Está aquí, no es así? Quiero verla...
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–¿Es eso seguro? – preguntó Azael, cuando Damián le expuso lo que Alice le había pedido
–La ponzoña de Coátl le impide ver el futuro. No sabe que le hemos mentido y, al igual que Bella, piensa que el resto de los Vulturis están muertos. Así que no hay riesgo de que estén juntas por un momento
–De acuerdo – accedió Azael, para después ver como su hermano regresaba por la vidente.
Cuando la puerta se abrió, los ojos de ambas muchachas brillaron al verse mutuamente y esperaron a que Damián y Azael las dejaran solas, para acercarse.
–¡Bella!
–¡Alice!
Exclamaron al unísono, tomándose de las manos, sin poder evitar deleitarse con la extrema belleza de la otra, pues era la primera vez, después de tantos días, que se veían, y, el encontrarse de nuevo, era como volverse a conocer de una manera especial. Como una reencarnación que las había vuelto a unir.
Sin hablar, pues para su amistad no hacía falta las palabras, se atrajeron para fundirse en un abrazo que, sabían bien, ambas necesitaban para calmar un poco aquella apesadumbres que les invadía.
– Alice – susurró Bella, al paso de varios minutos juntas – ¿sabes qué pasó con ellos?
–No – negó la pequeña, con tristeza. Quedando callada ante el recuerdo de Jasper gritando su nombre, mientras era alejado de ella. El contacto de la mano de su amiga sobre la suya la trajo a la realidad
–Alice, dime la verdad. ¿Están... ellos... muertos?
La vidente bajó el rostro, sin poder contestarle. Más fue ese gesto mucho más sincero que cualquier otra palabra. Bella lo entendió. Podía leer, claramente, el sentimiento de perdida en la mirada de su amiga... El estremecimiento desolador, calcinador, estrujador, que ambas sentían, al no saber la verdad...
–Están vivos... tienen que estarlo... no pudieron habernos dejado de esta manera.
–Yo también quiero pensar eso, pero...
– ¿Pero qué, Alice? ¿Por qué callas de repente?
–¡Bella! – Exclamó ésta, volviendo a abrazar fuertemente a su amiga – No sabes el miedo que tengo de no volverlo a ver...
La castaña se limitó a dejar caer su rostro en el hueco del hombro de Alice y a abrazarla fuertemente. ¿Qué podía decirle? No encontraba palabras para consolarla, pues, ella también se encontraba destrozada. Más que destrozada, se encontraba vacía... completamente sin vida...
–Alice, tranquila, verás que todo saldrá... bien
–Al menos, estamos juntas, ¿no es así?
–Si – asintió Bella, paseando las manos por el negro cabello – Estamos juntas...
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